Quiero que me haga daño
No pide palabras, solo silencio y castigo. Sabe que va a doler, que va a arder, y aun así, su cuerpo se rinde antes de tiempo. Esta noche no hay amor, solo la certeza de pertenecerle.
No lo pido con palabras. No quiero hacerlo.
Me basta con mirarlo desde abajo, con una mezcla de desafío y rendición que se que lo encenderá. Él entiende el idioma del silencio.
El castigo no llega de golpe. Primero llega la espera.
Ese segundo interminable en el que el aire se vuelve denso y mi cuerpo se tensa solo, suplica sin moverse, traidor, obediente antes de tiempo. Sé que va a doler. Sé que va a arder. Y aun así, lo deseo.
No me aparto cuando levanta la mano.
Al contrario, alzo el mentón, ofreciéndole mi rostro, sometida a su voluntad. El primer bofetón me hace gemir, no suena fuerte, pero deja huella. La piel me arde al instante, roja y caliente. Siento el latido expandirse en una ola de calor que no duele del todo… pero me calienta.
Es un recordatorio de que estoy aquí, temblando por él. El calor se queda, se expande, y algo en mi interior se ablanda, se abre y se rinde sin vergüenza a mí amo.
Me agarra del pelo con fuerza. Me obliga a quedarme. Sus dedos tensan, me dirigen y deciden por mí. Mi respiración cambia y mi cuerpo entiende que le pertenezco. Mete su polla en mi boca, la empuja hasta mi garganta y me sostiene así varios aegundos, hago una arcada y mis ojos se llenan de lágrimas, pero el aprieta mi cabeza más fuerte contra él.
Me aparta con brusquedad, me escupe en la cara y vuelve a darme un bofetón. Me ordena que abra la boca, que saque la lengua y me mantiene así unos instantes, hasta que la saliva empieza a gotear y caer sobre mis pechos. Pasa su lengua por la mía y vuelve a escupirme.
Me agarra del cuello, aprieta con fuerza y me guía con firmeza hasta poner mi cara en el suelo, la aprieta con su pie y me dice que soy una buena puta. Mi corazón se acelera, solo quiero ser su juguete favorito.
Me obliga a ponerme en cuatro, escucho como desabrocha su pantalón y mi piel se estremece. Estoy mojada, deseo que me penetre, que me dé hasta reventarme. El sonido del cinturón delizando llega a mis oídos y siento el primer latigazo, rebota directamente en mis nalgas, un gemido ahogado escapa de mis labios.
Otra vez, ahora arde más más, intento contenerme, pero el cinturón no para, lo siento contra mi carne que comienza a calentarse. Grito, no puedo evitarlo y sé que le gusta.
Me tiemblan las piernas y mis ojos se humedecen nuevamente. Él se acerca, me acaricia con fingida compasión, frota suavemente con la mano en donde me ha golpeado. Mi piel está sensible y su toque se siente casi como una tortura.
Deja caer su mano de forma pesada donde ya me ha azotado, gimo y grito de dolor, suplico que se detenga, pero no lo hace y eso me excita. Cada vez estoy más mojada, me da varias palmadas en el coño haciendo que mi cuerpo se sobresalte, me lo toca de manera brusca hasta mojar sus dedos, los mete en mi boca despacio, hasta mi garganta, yo los chupo, mirándole a los ojos y veo deseo animal reflejado en ellos.
Me abofetea nuevamente, casi con rabia. El cabello revuelto cae sobre mí rostro, me agarra con fuerza del mentón, aparta el pelo y vuelve a escupirme. Me tumba hacia atrás y rodea mi cuello con su mano, aprieta hasta que mi respiración se corta y sigue golpeandome. Mis mejillas están rojas, pero no sé detiene. Se sube sobre mí y comienza a penetrarme con fuertes embestida. No tengo aire, no puedo gritar, aprieto los ojos y dejo que la sensación me invada. Afloja el agarre en mi cuello y respiro agitada, casi ahogada. Muerde mis pezones y gimoteo.
Sale de mi y sigue bajando con su boca, muerde mi piel con fuerza, dejando sus dientes marcados por mi cuerpo, me quejo, pero me gusta, me gusta demasiado.
Me da la vuelta y me sujeta las manos a la espalda, me penetra duro nuevamente y me azota con fuerza. Grito sin parar, pero él sigue. Sus golpes y embestidas son cada vez más animales hasta que, con un gemido grave y profundo se corre dentro de mí coño, llenándome con su leche. Se aparta sin decirme nada. Se sube los pantalones y vuelve a ponerse el cinturón mientras yo lo miro. Paso mis dedos por mi coño, recogiendo su semen y los llevo a mí boca para saborearlo.
El solo sonríe con aire depredador, muerde mi boca con fuerza y se marcha.
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