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Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 23 - 1ª parte)

Laura no podía controlar el fuego que le encendía el cuerpo tras aquel beso forzado. Ahora, en la oscuridad del descampado, solo le importa una cosa: que su marido la folla como a una puta, mientras él escucha cada insulto con vergüenza y placer.

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CAPÍTULO 23 (1ª parte)

Al día siguiente, el sábado, aprovechamos para disfrutar de un agradable encuentro familiar. Al igual que mis padres, los de Laura, viven fuera de la capital así que buscamos un punto de encuentro intermedio.

Reservamos mesa en el Mirador de Arcebo para comer tranquilos y tener un espacio en el que relajarnos con vistas al monte.

Nuestros familiares no sabían ni debían saber nada de nuestros “problemas” de cama, pero de lo que sí estaban al corriente era de nuestra escapada en Santo Domingo. Naturalmente nos acribillaron a preguntas y en algunos momentos fue bastante difícil coordinar las respuestas para no caer en incoherencias.

Aun así, fue una agradable reunión familiar y, todos, pudimos disfrutar de un día al aire libre. Además, el día acompañó con un sol radiante y una temperatura primaveral.

* * * * *

Antes de que anocheciera nos despedimos y retomamos la ruta de regreso a nuestra casa; por delante teníamos poco más de una hora de carretera y, en esa época del año, no se esperaban excesivos atascos. Pero supongo que debido a algún accidente nos vimos completamente varados. Teniendo en cuenta que, si no hacíamos nada al respecto nos esperaban por delante varias horas de tediosa autopista a la que vi una salida la tomé sin pensármelo.

–¿A dónde vas? – preguntó Laura.

–Ni idea. Buscaremos algún pueblo en el que tomar una cerveza y hacer tiempo hasta que el atasco se disuelva.

Tras circular durante unos diez minutos empecé a preocuparme.

–¿A dónde nos lleva esta carretera? – pregunté.

–Ni idea– respondió, –deja que lo consulte.

Accedió al navegador de su teléfono y rápidamente se situó.

–A unos cinco kilómetros hay un pequeño pueblo, no parece gran cosa, pero seguro que habrá algún bar o cafetería para ir al baño.

Tardamos poco en recorrer los cinco kilómetros y, al llegar al pueblo, pudimos comprobar que apenas era cuatro casas juntas. Empezaba a anochecer y, súbitamente, se encendieron las farolas.

–A la derecha indica que hay un pub… “Pub Medianoche”, y según Maps está abierto. – me informó Laura.

En efecto, al tomar la esquina pudimos ver un cartel luminoso; buscamos un rincón donde aparcar y nos dirigimos al local. La puerta era opaca de modo que al entrar no teníamos ninguna referencia de cómo sería el lugar.

Estaba oscuro; recordaba un poco a los típicos pubs ingleses con una barra de la que colgaban grandes jarras de cerveza y frente a ella varios taburetes altos; en la pared contraria cinco mesas, la mayoría vacías y en la esquina del fondo un billar en el que un grupo de jóvenes bebían y jugaban a partes iguales.

A parte de los jóvenes, en la última mesa había una pareja. La mujer aparentaba ser mayor de lo que realmente era y en los taburetes de la barra, dos hombres de facciones rudas, mal afeitados y con aspecto de haber trabajado en alguna obra, tomaban sendas jarras de cerveza.

Al entrar todas las miradas se dirigieron a nosotros; era obvio que la llegada de dos extraños era algo inusual en aquel lugar.

Tomamos asiento en la mesa más cercana y pronto el camarero se acercó.

–¿Qué tomaran?

–Cerveza.

–¿Jarra, tercio o caña? – preguntó.

–Dos tercios– respondí marcando el dos con los dedos.

Sin más intercambio de palabras, giró sobre sí mismo y preparó las bebidas; poco después teníamos sobre la mesa los dos tercios y una tapita de cacahuetes.

Ya más relajado aproveché para echar un vistazo a nuestro entorno; la primera impresión era correcta y, a pesar de que ya hacía un buen rato que estábamos en la mesa, aún éramos el centro de atención.

La mujer de la mesa del fondo se levantó y se acercó a los dos hombres de la barra, les dijo algo al oído mientras acariciaba sus brazos, pero con un autoritario “No” le dijeron que se fuera. Luego, se acercó a los chicos, pero antes de alcanzarles, con un gesto despectivo le indicaron que no era bienvenida.

Luego regresó a su mesa donde, el hombre que la acompañaba, ya se había ido. Antes de sentarse nos lanzó una mirada gélida.

–Creo que es una puta– le dije a Laura en voz baja.

–Yo también lo creo– confirmó.

–Y tu llegada le ha alborotado los clientes.

–Pocos clientes va a tener…. ¿la has visto?

–Sí, no tiene muy buena pinta, pero en un sitio como este, no creo que haya alternativas mejores.

–Tengo que ir al baño, vigila las cosas– dijo Laura preocupada por nuestras pertenencias, aunque no creo que realmente alguien pudiera estar interesados en robarnos.

Cuando Laura se levantó todos se giraron, sobre todo los dos de la barra que la siguieron con la vista mientras Laura pasaba por su lado.

–¿De dónde ha salido esta jaca? – oí que le decía uno al otro.

Laura no tardó en regresar. A pesar de su ropa “decente” la noté incómoda.

–¿Te han dicho algo? – pregunté cuando se sentó a mi lado.

–No… pero es como me miran… me están desnudando con la mirada.

–Lógico– afirmé, –no están acostumbrados a visitas tan ilustres…. Toda una hembra alfa, alta, hermosa e inteligente.

Tras beber un par de tragos ahora era yo quien tenía que vaciar su vejiga.

–Ahora vuelvo– le dije a Laura, pero con la sensación de que no era prudente dejarla sola.

Oriné y salí del baño tan rápido como pude, pero nuestra mesa estaba vacía. Al girarme vi a Laura, de pie, pidiéndole algo al camarero mientras los dos hombres la flanqueaban uno a cada lado; me quedé de piedra. Con paso vacilante regresé a nuestra mesa y centré toda mi atención en Laura.

Laura se mantenía erguida, estiró la mano y agarró unas servilletas que le acercó el camarero, mientras, los otros dos empezaron a hablar con ella. Claramente estaba nerviosa, sus piernas temblaban ligeramente y vi como movía la cabeza negativamente.

Uno de los hombres, el más alto, con tatuajes en los brazos le puso la mano sobre el hombro y se le acercó para decirle algo al oído. Laura repetía sus negativas con la cabeza. El otro hombre, un poco más desaliñado imitó a su compañero y también puso una mano sobre el hombro de Laura.

Esta, viéndose acorralada, empezó a andar hacia atrás. Pero por cada paso atrás, el hombre de los tatuajes respondía con un paso adelante. Era alto, unos cinco centímetros más que Laura, con facciones muy marcadas, brazos fuertes, tatuados, y manos callosas.

Paso a paso, Laura se retiraba, y paso a paso el hombre la alcanzaba, mientras el otro se quedó en su sitio expectante.

Finalmente, la espalda de Laura chocó con una columna y quedó bloqueada. Sus brazos caídos palparon la columna para escanear su entorno sin tener que desviar la mirada. Frente a ella, el hombre levantó sus manos y las apoyo en la columna, uno a cada lado de la cara de Laura.

Acercó su cara a la de Laura, apenas les separaban unos centímetros, Laura respiraba agitadamente y continuaba negando con la cabeza, él le hablaba al oído mientras, todos los demás, yo incluido, nos manteníamos observando la escena.

Laura intentó escapar empujando el pecho del hombre, pero no logró moverlo ni un milímetro y, entonces, las fuertes manos de aquel tipo sujetaron por el hombro la chaquetilla de Laura y poco a poco, fue quitándosela.

Laura continuaba intentando alejarlo de ella, pero sin demasiada fuerza ni convicción. No tardó en quitarle la chaqueta y dejarla caer sobre el respaldo de la silla más cercana.

La respiración de Laura cada vez estaba más agitada, cubrió sus pechos con las manos; no para ocultarlos porque aún llevaba puesta una camisa sino para evitar que las manos de aquel hombre intentaran desabrochársela.

Y entonces, el hombre volvió a acercarse a su cara, pero esta vez, en lugar de hablarle a la oreja, con un movimiento rápido, la besó. Laura echó la cabeza atrás, pero se golpeó con la columna y no pudo rechazar el beso.

Las miradas de todos los presentes se centraron sobre la inesperada pareja mientras yo me hundía en mi asiento.

Laura consiguió zafarse del beso y girar la cara, pero ahora, las manos del hombre estaban sobre su camisa y con facilidad le desabrochó el primer botón.

–¡Para! – interpreté que decía Laura con los labios. Pero tampoco hacía nada para impedir los avances. Con las dos manos, Laura, bloqueó el siguiente botón para que no pudiera ser desabrochado. Temblaba como una hoja y un escalofrío la sacudió cuando las manazas de aquel hombre con un rápido y efectivo movimiento le desabrocharon el botón del pantalón.

Rápidamente, bajó las manos y volvió a abotonarlo, pero al dejar libre la camisa el hombre le desabotonó otro botón dejando al descubierto parte del sujetador.

Entonces, Laura, protegió con una mano el pantalón y con la otra el pecho, pero, él, sujetó su cara con ambas manos y le propinó otro beso. Nada podía hacer Laura para escaparse, si desprotegía sus prendas acabaría perdiéndolas y si no lo hacía quedaba a merced de los besos de aquel hombre. Así que finalmente, sucumbió y aceptó el beso, abriendo los labios y permitiendo que sus lenguas se entrelazaran.

–Ummmm– suspiró mientras se besaban con desesperación.

A pesar de la tácita aceptación de Laura, el hombre apoyó una mano sobre la columna impidiendo que Laura escapara y con la otra la sujetó por la cintura.

Laura continuaba protegiendo la integridad de su ropa, pero ya estaba entregada a aquel beso húmedo. Y más cuando notó que la mano del hombre se colaba por debajo de su camisa, desataba hábilmente el sujetador y, sin quitarlo, le agarraba una teta.

Entonces, él le dijo algo al oído y de repente, de algún modo, Laura consiguió zafarse y salir disparada hacia mí, agarró su bolso y dijo:

–Vámonos…. Ya está pagado.

Salí corriendo detrás de ella, subimos al coche y sin darnos cuenta ya estábamos circulando por la carretera.

–Joder… que cabrón– dijo.

–¿Que ha pasado? Cuéntame.

–Que voy caliente como una perra, joder como me ha puesto este cabrón. ¡Para! Para donde sea… tengo que correrme.

¿Cómo? Laura estaba completamente fuera de sí. Paré en un pequeño descampado de arcilla; no había ninguna luz cercana y el entorno sólo estaba iluminado por los faros del coche. Laura se bajó los pantalones, se quitó las bragas y empezó a tocarse.

–Me ha confundido con una puta… AHHHHHH– jadeó

–¿Cómo?

–Quería follarme… AHHHH… me ha ofrecido 50€…. Ummmm!!!! –jadeaba mientras se masturbaba con frenesí.

–AHHHHHH!!! Necesito una polla… AHHHHHH

–¿Quieres que volvamos? – pregunté derrotado.

–No joder…. ¡¡¡No vuelvas a decirlo… AHHHHHH!!! ¡Ni se te ocurra!!!! O me follará allí mismo… entre las cajas de cerveza…. ¡AHHHHHH!!!!

La situación no podía ser más surrealista, detenidos en medio de la nada, casi a oscuras, con mi mujer desnuda de cintura para abajo masturbándose como si estuviera poseída mientras yo, oteaba a lado y lado con el temor de que un coche se acercara y aquel hombre se la follara allí mismo.

–Necesito una polla… AHHHH– gritó Laura, –góllame, fóllame tu Carlos, cornudito mío, fóllame.

–¿Cómo? ¿Con el cinturón? – Laura me miró aturdida pero pronto entendió el problema y sin dejar de masturbarse me dijo:

–Coje el mando, está en el bolso y teclea 7512. – lo hice y con un click mi polla quedó liberada.

–AHHHH!!! Venga, rápido… fóllame…. NECESITO UNA POLLA AHORA MISMO….

Cerré el contacto del coche quedando sólo iluminados por la tenue luz del asiento del conductor. Rodeé el coche, me desnudé y puse mi polla sobre el coño de Laura. A pesar de la poca luz podía ver perfectamente los reflejos de su humedad.

–Pero no te corras… por favor… AHHHH… aguanta…– dijo Laura entre sollozos y jadeos.

Metí mi polla, dura como una piedra en aquel encharcado coño sin apenas notar contacto con sus paredes vaginales y empecé a follarla a un ritmo lento; no debía correrme a las primeras de cambio.

–¡AHHHH SIIII!!!!... ¡Mierda!… no noto nada… vaya mierda de polla… ¡AHHHHHH!!!! En el culo… métela en culo a ver si la noto más.

¡En el culo! Nunca habíamos hecho sexo anal… era mi primera vez. Para Laura no, José le había metido su pollón en el culo, y luego los dos puteros el día de la graduación. Y claro, también Washington en la cabaña de José, aunque esta vez no fui testigo del acto. Y ahora, me tocaba a mí, sería el quinto hombre en follarla por el culo.

–¡AHHHH!! – continuaba jadeando Laura.

–50€, sólo me ofrecía 50€…. ¡AHHHH!!! Como una puta de carretera… AHHHH SIIII Métemela– dijo Laura cuando notó que mi polla se apoyaba sobre la entrada de su esfínter.

–En Santo Domingo pagaron 500$.... ¡AHHHH!!!! Y 1000$ por meterla en el culo…. ¡AHHHHHH!!!!

Hice fuerza, pero no logré introducirla. Con la mano la situé en la posición correcta y volví a empujar con un poco más de fuerza, la punta empezó a entrar y cuando finalmente superó el anillo anal todo el resto de la polla entró con facilidad.

–¡AHHHH! SIIII. Dímelo cornudo… dímelo– suplicaba Laura.

Ya con la polla completamente en su interior empecé a follarla, de nuevo a un ritmo lento. Sentía la presión de su culo en mi polla, sentía su calor, sentía su humedad y sentía que en cualquier momento me correría sin poder evitarlo.

–¿Qué quieres que te diga? – pregunté confundido.

–¿Qué soy cariño? ¿Soy tu puta?

–¡Sí!… eres una puta, ¡UNA PUTA BARATA! –respondí casi gritando a la vez que aumentaba la velocidad de la follada.

–¡AHHHH!!!! ¡SIIII!!!! No pares… fóllame… fóllame…

–Eres una zorra, una guarra… que se deja follar en bares de moteros… deja que se la follen por el culo… y lo hace cobrando poco… porque es una guarra.

–¡SIIII!!!! ¡AHHHH!!! – respondía mientras su mano se movía a toda velocidad buscando alcanzar el clímax.

–De echo creo que voy a regresar y les haré una oferta para que te follen todos los del bar.

–¡SIIII!!!! ¡AHHHH!!!

–Les cobraré 50€ a cada uno, y a ti sólo te daré 20€. Porque eres una puta.

–¡Así!, ¡así!, no pares… fóllame… fóllame…

Finalmente aceleré el ritmo y me corrí dentro del culo de Laura que decepcionada dijo:

–¿Ya?…. ¡Maldito cornudo impotente! ¿Ya te has corrido? – mientras ella continuaba masturbándose.

Y justo en aquel momento, los faros de un coche nos alumbraron. Me quedé congelado, completamente aterrorizado pensando que de aquel coche bajarían todos los del pub y se la follarían sin descanso. Y Laura debió pensar algo parecido porque se recompuso la ropa tan rápido como pudo.

Por suerte, el coche no aminoró y continuó con su recorrido. Probablemente no nos vieron ya que en caso contrario podríamos vernos en serios problemas. Laura quedó tendida sobre el asiento del copiloto, con la ropa desaliñada.

– Ummmm – suspiró.

–Tenemos que irnos – dije yo poco después, aún con el corazón acelerado por si el vehículo anterior regresaba o aparecía algún otro.

–¡La chaqueta! – exclamó de repente Laura, –Me he olvidado la chaqueta en el bar.

–¡Ostia puta! ¿Qué hacemos? No podemos volver allí.

–No, no, no. Es una chaqueta buena. Hay que regresar.