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Choni y snowbunny (010) - Cartas sobre la mesa - C

Vane no busca solo sexo; busca la sumisión absoluta de Alex. Con un plan frío y calculado, lo lleva a la fiesta donde Kwame espera. La pregunta no es si lo verá, sino cuánto dolor estará dispuesto a tragar por amor.

Winterfell3.6K vistas9.7· 6 votos

Una vez tomada la decisión de dar el paso decisivo con Alex, Vane se dedicó a maquinar como lo llevaría a cabo, lo cual realmente no le llevó demasiado tiempo, creía que una acción rápida y decisiva sería lo mejor, pero tambien quería que la ocasión se plantease de forma presuntamente natural, espontánea, pero las circunstancias no se ponian de su parte a la hora de llevar a cabo el punto clave de su plan.

Pasaron varias semanas en las que Vane se sometió al teatrillo del sexo con Alex en un par de ocasiones, y ya pudo advertir como el universitario, tan interesado en el intercambio carnal cuando Vane le habia dado el visto bueno a la hora de pasar de las masturbaciones a algo mas sustancial, ahora se mostraba retraído y hasta algo reacio a la hora del sexo. La situación mostraba a Vane que su plan estaba funcionando en la parte de machacar la virilidad del cornudo, pero le preocupaba que este pudiera plantearse poner fin a la relación, no porque estuviese enamorada, sino porque un pagafantas como Alex no se encuentra fácilmente, y si iba a quedarse sin el, al menos que fuera sabiendo que no había posibilidad de educarle de la forma correcta para sus intereses.

Pero la fortuna vino a sonreír a Vane en forma de celebración universitaria. El equipo de fútbol universitario había ganado el campeonato regional de invierno y los jugadores habían organizado una fiesta en el colegio mayor donde residía la mayoría. Alex no era uno de los jugadores del equipo pero si amigo de un par de ellos, y por supuesto estaba invitado, y como era natural la invitación se extendía a su novia. De hecho mas de uno habría preferido invitar únicamente a Vane, pensando que tendría posibilidad de echar mano a las portentosas tetas de la choni.

Alex se lo comentó a Vane sin tener clara cual sería su respuesta.

- Sin duda que voy contigo, cari. Parece que será divertido y no voy a dejar que cualquier guarra se te acerque - dijo la choni resueltamente.

Alex sonrió con cierto orgullo, para el chico estaba claro que aunque fuera un bulto en materia de sexo, los sentimientos de su novia hacia el eran fuertes y claros, aunque no podía estar mas equivocado al respecto.

Vane apenas había necesitado un instante para pergeñar la situación que iba a provocar, y que pondría finalmente las cartas sobre la mesa. Lo que había visto hacia unos meses atras en la discoteca había dado a Vane una idea clara de la clase de relación que quería con Alex, y ya era hora de saber a ciencia cierta si era posible o no.

Cuando llegó el sábado Vane no hizo mas que acicalarse como de costumbre, ponerse un modelito de zorron que sus padres aceptaban a regañadientes pero aceptaban, no en vano iba con ese chico tan majo y de tan buena familia que tiene por novio....

Alex como de costumbre tuvo una pequeña erección al ver a su novia contonearse sobre los tacones que llevaba, con las piernas enfundadas en unas medias de rejilla, una minifalda negra, a juego con la cazadora bomber negra que apenas podía disimular las tetas turgentes de la chavala, y bajo la cual se vislumbraba una blusa "animal print". El atuendo unido al maquillaje no hacia nada por desmentir la etiqueta de choni que nuestra protagonista tenía bien merecida, pero sin duda iba a poner muchas pollitas blancas duras, y al menos una negra, y era esta en la que estaba interesada Vane, ya que era parte integrante del plan, por mas que su propietario lo desconociera.

Durante el trayecto al colegio mayor donde seria la fiesta Alex no paró de parlotear sin lograr arrancar a Vane algo mas que algún breve comentario insustancial. La choni no paró de manipular su teléfono móvil, lo cual no resultó inusual a su novio, aunque de saber que estaba haciendo se habría contrariado muchísimo. Hacia meses que Vane se las habia ingeniado para colar en el móvil de su cornudo una app que servía para conocer su ubicación sin que el usuario del móvil advirtiese su funcionamiento, y asi Vane había podido continuar con sus correrías sin temor a un encuentro inesperado con Alex. Ahora la jovencita estaba alterando los parámetros de las alertas de la aplicación y comprobando su funcionamiento correcto, ya que para lo que tenía en mente le era muy conveniente tener un conocimiento exacto de la ubicación del universitario.

La fiesta era en la residencia de estudiantes más alejada del campus, una de esas que los de primero idealizan y los de tercero ya saben que son un puto caos glorioso: música trap a todo volumen rebotando en pasillos estrechos, vasos rojos de tubo por todas partes, olor a cerveza caliente mezclado con colonia barata y sudor adolescente. En el salón principal habían juntado dos mesas de ping pong para hacer beer pong, pero nadie jugaba ya en serio; solo servían de apoyo para que la gente se sentara a liarse o a vomitar discretamente. Arriba, en las habitaciones, las puertas entreabiertas dejaban ver camas deshechas, grupitos fumando, parejas desapareciendo al baño de dos en dos.

La parejita llegó a la residencia universitaria cuando la fiesta estaba tomando cuerpo, la mayoría de los participantes ya estaban allí, pero aun faltaba bastante tiempo hasta que la situación pudiera considerarse un desmadre pleno. La pareja rápidamente atrajo la atención de numerosos invitados, en parte por compartir campus con Alex y en otra parte por el aspecto despampanante de Vane.

—Qué guapa vas, joder… —le dijo al oído mientras subían las escaleras.

—Gracias, cielo. Tú también estás mono —respondió ella con esa voz melosa que usaba cuando quería que se sintiera especial un ratito antes de hundirlo.

Entraron al salón principal. La música retumbaba tan fuerte que casi no se podía hablar. Vane localizó enseguida a quien buscaba: Kwame, uno de los del equipo de fútbol de la uni. El jugador de origen camerunes era hijo de un antiguo político que había tenido que salir corriendo del pais cuando las sospechas de corrupción tomaron cuerpo y que se había reconvertido en España en hombre de negocios, no siempre claros. Kwame era alto, hombros de armario, sonrisa fácil y esa forma de moverse que hacía que las tías se giraran sin disimulo. Jugaba de extremo, corría como un demonio y tenía fama de no dejar a ninguna insatisfecha. Vane no habia hecho nunca nada con él para evitar levantar sospechas a Alex, pero era muy consciente de que el camerunes estaba deseando meterse entre sus piernas, que era lo que necesitaba esa noche para que su plan fuera adelante.

La pareja estuvo departiendo con unos y otros por espacio de una hora, en la cual Alex ya dio buena cuenta de un par de gin-tonics. Vane calculó que era el momento de pasar a mayores, ahora que Alex ya estaba bajo la influencia del alcohol y antes de que agarrase tal borrachera que pudiera quedarse dormido en cualquier esquina.

—Voy a por una copa, ¿vienes? —preguntó Vane.

—Voy contigo —dijo Alex, pegado a ella como un perrito.

En la improvisada barra Vane pidió dos gin-tonics. Mientras el que servía llenaba los vasos, ella se giró hacia Kwame, que estaba a tres metros charlando con dos colegas.

—Ey, guapo, ¿qué tal? —le soltó con naturalidad

Kwame la reconoció al instante, le dedicó una sonrisa lenta y le plantó dos besos en las mejillas, rozando peligrosamente la comisura de los labios.

—Vane, joder… qué buena estás siempre.

Alex se quedó quieto, con los dos vasos en la mano, sintiendo cómo la sangre le subía a la cara. No dijo nada. Solo observó, el alcohol nublando un poco su juicio, haciendo que el golpe doliera menos de inmediato.

Vane se rio, le puso una mano en el pecho a Kwame.

—Oye, ¿te apetece bailar un rato? - pregunto resueltamente Vane casi sin tomar en consideración la presencia de Alex.

- Cari, ¿verdad que no te enfadas? - pregunto con tono falsamente dulce Vane a su cornudo un instante antes de marchar con el camerunes.

Alex tragó saliva. Negó con la cabeza, forzó una sonrisa, el gin-tonic haciendo que su respuesta fuera más lenta, más resignada.

—Claro, ve… yo me quedo aquí un momento. Pero no tardes, ¿eh?

Vane le dio un beso rápido en los labios, apenas un roce, y se fue con Kwame hacia el centro del salón. Se pegó a él, restregando el culo contra su paquete sin ningún disimulo. Alex los veía desde la barra, con el gin-tonic en la mano, bebiendo más para calmar el nudo en el estómago. El alcohol lo achispaba, lo hacía sentir una mezcla de celos y entumecimiento, como si todo fuera un sueño borroso.

Pasaron diez minutos. Luego quince. Vane desapareció con Kwame por el pasillo que llevaba a las habitaciones. Alex sintió que le faltaba el aire, pero el alcohol lo impulsó a actuar en lugar de quedarse quieto. Se abrió paso entre la gente, subió las escaleras con las piernas temblando, el mundo girando un poco por los tragos. Oyó risas, gemidos amortiguados. En la tercera puerta intentó abrir: cerrada. Pero la de al lado estaba entreabierta.

Se asomó.

Allí estaba Vane. De rodillas. El vestido subido hasta la cintura, el tanga en un tobillo. Kwame de pie, con los pantalones por las rodillas, sujetándole la cabeza con una mano mientras se la metía hasta la garganta. Vane gemía alrededor de la polla, los ojos llorosos pero brillantes de excitación. No había condón. Solo carne negra entrando y saliendo de su boca con un ritmo brutal.

Alex se quedó paralizado en el marco de la puerta, oculto por esta, creyendo que Vane desconocía su presencia allí. No podía apartar la vista. Sentía rabia, humillación, y al mismo tiempo una erección dolorosa que le apretaba contra los vaqueros. El alcohol lo mantenía allí, embotando el impulso de huir de inmediato, haciendo que la escena se sintiera irreal, casi fascinante en su crudeza.

Vane siguio con la felación, con pleno conocimiento de que Alex se encontraba al otro lado de la puerta entornada gracias a la vibración delatora en su SmartWatch, activada por la aplicación instalada en el movil de Alex. Sonrió con la polla aún dentro y siguió chupando con más ganas, como si la presencia de Alex la pusiera aún más cachonda.

- No entiendo que coño haces siendo la chica de Alex, cuando está claro que a ti lo que te gusta es un macho como yo - dijo Kwame con chulería, y de manera providencial para los intereses de la jovencita.

- Sabes, quiero a mi novio, ¿eh? - dijo la chica deteniendo la mamada, con un volumen de voz que aseguraba que Alex oyese su parlamento - Alex es un amor, tan cariñoso, tan atento… Me mima mucho, me lleva a cenar, me escucha cuando hablo… Es tan mono cuando intenta ser hombre, aunque desafortunadamente no está a la altura.

Kwame ni se enteró; estaba demasiado ocupado agarrándole el pelo y gruñendo, pero Alex en cambio recibió cada palabra como un golpe a su maltrecha dignidad, pero sin capacidad de actuar en consecuencia.

Kwame levantó a Vane como si no pesara nada, la tiró sobre la cama deshecha y le abrió las piernas sin miramientos. Se colocó entre ellas y le clavó la polla en el coño de un solo empujón. Vane gritó de placer, arqueando la espalda. Kwame empezó a bombear con fuerza, sus caderas chocando contra las de ella en un ritmo salvaje que hacía rebotar las tetas de la choni bajo el vestido arrugado. Fue en ese momento, con el vestido arremangado y las luces de la habitación iluminando su piel, cuando Alex vio algo que lo dejó helado: sobre el pubis de Vane, justo encima del coño que Kwame estaba taladrando, un tatuaje colorido de un preservativo con un signo de prohibición encima. Y cuando Kwame la giró un poco para penetrarla más profundo, revelando su nalga derecha, allí estaba otro: la dama de picas, negra y provocativa, como una marca de propiedad. Alex no los había visto antes; en sus patéticos encuentros en el coche, en baños de discoteca, Vane siempre se había asegurado de que quedaran ocultos. Ahora, verlo allí, mientras un negro la follaba, era como un puñetazo extra en el estómago, amplificado por el alcohol que nublaba su mente y hacía que el dolor se mezclara con una resignación ebria.

—Joder, qué coño tan húmedo y caliente tienes, zorra —gruñó Kwame, sudando ya, con las manos estrujándole las tetas—. Este coñito blanco está hecho para polla negra, ¿eh? Mira cómo se abre para mí, como si supiera quién es el dueño.

Vane se rio entre gemidos, rodeándole la cintura con las piernas para que entrara más profundo.

—Siiií… fóllame duro, Kwame… Me encanta cómo me abres… Pero con todo sigo queriendo a Alex - reitero Vanesa.

Kwame soltó una carcajada ronca, sin aflojar el ritmo, metiéndosela hasta el fondo con cada embestida, el capullo golpeando contra el fondo de su vagina.

—¿Ese pringado flacucho que te espera abajo? Joder, Vane, eres increible. ¿Dices que lo quieres mientras te parto el coño con mi BBC? Apuesto a que no agunta ni un minuto cuando follas con el.

Vane jadeaba, clavándole las uñas en la espalda, los ojos entrecerrados de placer.

—Claro que sí… Lo quiero de verdad, Kwame. Es mi chico, mi pequeño cornudito… Me hace sentir segura, me da besitos tiernos… Pero luego necesito esto. Necesito que me folles como una puta barata, que me hagas gritar, que me llenes hasta que no pueda caminar. Alex no puede darme eso… Su polla es tan… insignificante. Pequeña, rápida, inútil. Solo sirve para que se corra en dos segundos y me deje con ganas, pero aun asi le quiero. Y aun le querría más si aceptara ser mi novio consentidor y me dejara ser quien soy.

Kwame aceleró aún más, el sonido de carne contra carne llenando la habitación.

—Dile que te quiero en mi polla cada fin de semana. Dile que su polla de mierda no sirve ni para mear

Vane gimió más alto, fingiendo que le costaba hablar entre las embestidas.

—Nooo… no le digas eso… Lo quiero, de verdad… Es mi novio… Solo que… ay, joder… solo que tú me haces sentir mujer de verdad… Me follas como si fuera tuya… Alex me quiere, me respeta… Pero yo necesito que me uses, que me rompas… Porque con él siento que estoy follando con un niño.

Entonces Kwame sacó la polla, brillante de jugos, y la colocó en el culo de Vane. Ella no protestó; al contrario, se mordió el labio y empujó hacia atrás.

—Dame por el culo, cabrón… Hazme gritar para que mi cornudito lo oiga desde abajo y se dé cuenta de lo patético que es.

Kwame escupió en su propia polla y empujó. Entró despacio al principio, pero pronto aceleró, sodomizándola con la misma rudeza. Vane berreaba de placer y dolor mezclado, sus tetas rebotando con cada arremetida.

—Joder, qué culito tragón… Tu noviecito no te toca esto ni en sueños, ¿verdad? Apuesto a que ni siquiera sabe que tienes un agujero aquí atrás. O si lo sabe, le da miedo meterla por si se le pierde dentro.

Vane, con la voz entrecortada por los golpes, seguía tejiendo su red, mezclando amor fingido con puñales verbales.

—No… Lo quiero tanto, Kwame… Es tan bueno conmigo… Me abraza por las noches, me dice que soy lo mejor que le ha pasado… Pero yo… yo necesito esto… Necesito que me sodomices como una perra… Que me hagas llorar de placer… Alex me quiere, pero tú me follas… Y yo lo necesito… Porque con él es como masturbarme con un dedo. Un dedo flaco y blando que no llega a ningún sitio. Ojala aceptase que esto es lo que necesito.

Alex, desde la puerta, no podía más. El alcohol lo había mantenido clavado allí más tiempo del que debería, absorbiendo cada palabra como un veneno que se filtraba en su mente ya debilitada por meses de dudas sobre su masculinidad. Se metió la mano en los vaqueros y empezó a meneársela despacio, la pollita dura pero patética comparada con el pollón de Kwame. Veía cómo el negro la taladraba por el culo, cómo Vane gemía y repetía que lo quería a él, que era dulce, que era su novio… pero intercalando que era un perdedor, un niño con una polla inútil. Cada frase era una manipulación maestra: lo elevaba con "amor" para hundirlo con humillación, atándolo emocionalmente mientras destruía su ego. Y esos tatuajes… la prohibición de condón, la dama de picas… Eran como una confirmación de todo: Vane era una puta de negros, marcada para ellos, y él nunca había estado a la altura.

Kwame gruñó, agarrándola por las caderas con más fuerza.

—Voy a llenarte el culo, puta. Y luego vas a bajar y le vas a dar un beso a tu cornudo con mi sabor todavía en la boca. A ver si se atreve a besarte después de oler a mi lefa.

Vane gimió más alto, empujando hacia atrás.

—Siiií… lléname… Pero no le digas nada malo de él, ¿eh? Es mi chico… Mi Alex… Solo que… ay, joder… solo que no me llena como tú… Su polla es tan ridícula que ni siquiera me mojo cuando me la mete. Necesito a un hombre de verdad para correrme, pero lo quiero. Espero que algún día entienda que es necesario para que nuestra relación sea perfecta.

Alex aceleró el ritmo de su paja, mordiéndose el labio para no gemir. El alcohol amplificaba todo: la excitación, la rabia, la resignación. Se corrió en los pantalones con un gemido ahogado, el semen pegajoso manchándole los calzoncillos, justo cuando Kwame rugía y empezaba a correrse dentro del culo de Vane, chorros calientes que la hacían temblar.

Pero el clímax lo sacó de su trance ebrio. No pudo quedarse más. Retrocedió. Bajó las escaleras tambaleándose. Se sentó en un sofá del salón, con la mirada perdida. La fiesta seguía a su alrededor: risas, vasos chocando, alguien vomitando en una esquina. Él solo podía reproducir la escena una y otra vez en su cabeza. La polla de Kwame era enorme. Mucho más grande que la suya. Y Vane la mamaba, se la follaba, se la metía por el culo… y todo el rato diciendo que lo quería a él, que era dulce, que era su novio… pero también que su polla era insignificante, ridícula, inútil. Como si eso lo hiciera menos humillante. Como si eso lo salvara. Y esos tatuajes… ¿Cuánto tiempo llevaba con ellos? ¿Cuántos negros habían visto esa dama de picas antes que él?

Pasó casi una hora. Vane apareció por fin. El pelo revuelto, los labios hinchados, un poco de rímel corrido. Se acercó a Alex con paso tranquilo, se sentó a su lado y le puso una mano en el muslo.

—¿Estás bien, cielo? —preguntó con esa voz dulce de siempre.

Alex la miró. Tenía los ojos vidriosos.

—Te… te lo has follado.

No era una pregunta.

Vane se encogió de hombros, como si hablara de algo sin importancia.

—Sip. Y me ha encantado. Es un toro. Me ha dejado el coño y el culo hechos polvo - dijo Vane con total seguridad. Alex ni siquiera cayó en la cuenta de que Vane no había manifestado sorpresa ni había tratado de negar su acusación. Lejos estaba de saber que la choni acababa de lanzar su órdago y ahora que estaban las cartas sobre la mesa era el momento en que esperaba que su mano fuera la ganadora.

Alex sintió que algo se rompía dentro. Pero no gritó. No se levantó. Solo bajó la mirada.

—¿Por qué?

—Porque tú no me llenas, Alex. Porque me aburro. Porque necesito polla de verdad. Y tú… bueno, tú eres un buen chico. Te quiero, cielo. De verdad. Por eso sigo contigo. Porque aunque tu polla sea una mierda diminuta que no sirve para nada, tú me quieres de verdad. Y eso es lo que me mantiene a tu lado, mi perdedor adorable.

Le acarició la mejilla. Alex no se apartó.

—¿Quieres que sigamos juntos? —preguntó ella, casi con ternura.

Alex tardó en responder. Se le escapó una lágrima, pero no la limpió.

—Sí… —susurró.

Vane sonrió de oreja a oreja.

—Bien. Pues entonces a partir de ahora las reglas cambian. Yo follo con quien me dé la gana. Tú miras, limpias si te lo pido, y te corres pensando en lo puta que soy. ¿Entendido? Y recuerda: tu polla no entra en mi coño nunca más. Solo para pajearte mirando cómo me follan de verdad, porque eso es lo que eres: un novio consentidor con una pollita que no vale nada.

Alex asintió despacio. La pollita le dolía de lo dura que estaba.

Vane se inclinó y le dio un beso en los labios. Sabía a semen.

—Vamos a algún sitio, cornudo. Quiero que me comas el coño y el culo llenos mientras me cuentas lo que has sentido al verme con Kwame… y mientras me dices que me quieres, que soy tu novia.

Alex se levantó. La siguió como un perrito fiel. La noche acababa de empezar. Y efectivamente la mano de Vane había resultado la ganadora.

Fue a la propia Vane la que se le ocurrió que podian ir a la casa de Alex. Durante el trayecto la choni no dejó de juguetear con el muslo de Alex mientras él conducía en silencio, con las manos temblorosas en el volante. El coche olía a fiesta: a sudor, alcohol y algo más crudo, algo que Alex sabía que provenía de ella. De Kwame. Vane tarareaba una canción trap que sonaba bajito en la radio, como si nada hubiera pasado, como si no acabara de destrozar su mundo y reconstruirlo a su antojo.

—Oye, cielo, ¿por qué tan calladito? —preguntó al fin, con esa voz de niña buena que usaba para desarmarlo—. ¿Estás enfadado conmigo? Venga, dímelo todo. Sabes que te quiero, ¿verdad? Eres mi chico favorito.

Alex tragó saliva, mirando la carretera. Sentía el semen seco en sus calzoncillos, un recordatorio pegajoso de lo que había hecho arriba, espiándolos. La polla le dolía aún, medio dura por el morbo enfermizo que no podía negar. Y esos tatuajes… No podía sacárselos de la cabeza. Prohibidos los condones. La dama de picas. ¿Cómo no los había visto antes? ¿Cuántas veces había follado con negros para tatuarse algo así? El alcohol aún le nublaba la mente, haciendo que las palabras de Vane se clavaran más profundo en su psique ya debilitada.

—No… no estoy enfadado —mintió, aunque su voz se quebró un poco—. Solo… no sé qué pensar. Y… esos tatuajes… Los he visto. El de "Condones prohibidos" y la dama de picas en tu culo. ¿Desde cuándo los tienes?

Vane se rio bajito, inclinándose para besarle la mejilla mientras paraban en un semáforo. Su aliento aún llevaba el rastro de Kwame, un olor salado y ajeno que hizo que Alex se removiera en el asiento.

—Ay, mi cornudito… Lo has visto todo, ¿no? Has visto cómo me folla un negro de verdad, cómo me abre el coño y el culo como tú nunca podrías con esa cosita tuya. Y te has pajoteado viéndolo. Eso significa que te pone, cielo. Que en el fondo lo quieres tanto como yo. Te quiero por eso, ¿sabes? Porque eres tan comprensivo, tan dulce… No como esos machitos que se ponen celosos y lo joden todo. Y los tatuajes… los tengo desde hace un tiempo, cielo. Son mi forma de ser honesta conmigo misma. Solo BBCs para mí, pero eso no cambia que te quiera a ti, mi chico blanco dulce con su polla minúscula e inútil, porque me haces sentir que soy la que mando.

Alex sintió un nudo en la garganta. Las palabras de Vane eran como veneno dulce: lo humillaban con detalles crueles sobre su inadequación, pero al mismo tiempo lo ataban con declaraciones de "amor" que lo hacían dudar de su propia rabia, manipulando su mente para que se sintiera afortunado por tenerla a pesar de todo.

Llegaron a casa de Alex, una casa adosada en las afueras donde vivía con sus padres. Era tarde, las luces apagadas; sus padres ya dormían, ajenos a todo. Entraron sigilosos por la puerta trasera, subiendo directamente a la habitación de Alex en el piso de arriba, una habitación de adolescente con posters de videojuegos en las paredes y una cama individual que crujía con cualquier movimiento.

Vane entró como si fuera su casa, quitándose los tacones y tirándolos al suelo. Se dejó caer en la cama, subiéndose el vestido sin pudor, mostrando el tanga empapado y el coño aún hinchado, con rastros de semen escapando por los bordes. El tatuaje de prohibición de condones brillaba bajo la luz tenue de la lámpara de noche, como una burla permanente.

—Ven aquí, cornudo —ordenó con una sonrisa juguetona, bajando la voz para no despertar a nadie—. Quiero que me limpies. Con la lengua. Y mientras lo haces, me cuentas lo que has sentido al verme con Kwame. Dime lo excitado que estabas, lo pequeño que te sentías… Y dime que me quieres, que soy tu novia perfecta. Ah, y no hagas ruido, que no queremos que tus papis se enteren de lo putita que es tu novia y lo inútil que es su hijo en la cama, con esa polla que no sirve ni para hacer cosquillas.

Alex se arrodilló frente a ella en el suelo, las rodillas hundiéndose en la moqueta. Olía fuerte: a sexo crudo, a macho negro, a traición. Pero obedeció. Bajó la cabeza y empezó a lamer, saboreando la mezcla amarga de jugos y semen ajeno. Vane gemía exageradamente pero en susurros, agarrándole el pelo para guiarlo.

—Mmm, sí, así… Limpia bien el coño que Kwame me ha reventado. ¿Sabes? Mientras me follaba, no paraba de pensar en ti. En lo mucho que te quiero, en cómo deseaba que seas el único que me entiende de verdad. Los tíos como Kwame solo sirven para follar, para darme lo que necesito físicamente. Pero tú… tú eres mi compañero, mi amorcito. Por eso te cuento todo, porque confío en ti. ¿Me quieres, Alex? Dímelo aunque sepas que tu polla no me llega ni a la mitad de lo que Kwame me mete, aunque seas un cornudo patético que se corre solo mirando.

Alex levantó la vista un segundo, con la boca brillante de fluidos. Sentía náuseas, excitación, un torbellino que lo mareaba. Su polla volvía a endurecerse, dolorosamente apretada en los vaqueros manchados. Sin pensarlo, se metió la mano libre en los pantalones y empezó a meneársela despacio, bombeando con vergüenza mientras lamía.

—Te… te quiero, Vane —susurró, antes de volver a hundir la lengua en ella, lamiendo el semen que goteaba de su coño usado.

Vane sonrió triunfante, aunque él no la viera. Notó el movimiento de su mano y se rio bajito, animándolo con más humillación verbal entretejida con manipulación.

—Ay, mira qué cornudito más cachondo… Sí, pajéate mientras me limpias, cielo. Te doy permiso. Fóllate ese puñito tuyo, que es lo único que sabes follar bien. Porque con un coño de verdad no puedes, ¿eh? Eres demasiado rápido, demasiado chiquitito… Tu polla es tan patética que ni siquiera me mojo cuando intentas metérmela. Pero aun asi te quiero, mi amor. Sigue, dale duro a esa pollita de mierda mientras tragas la lefa de Kwame. Me pone verte así, tan patético y tan mío. Un cornudo masturbándose con su puño porque su novia solo se corre con pollas negras, pero que me quiere tanto que no me deja por eso.

Alex aceleró el ritmo de su paja, gimiendo ahogado contra su coño, la humillación avivando su excitación mientras la manipulación lo convencía de que esto era "amor", que era afortunado por ser su "chico especial" a pesar de ser un "perdedor".

—Bien, cielo. Ahora el culo. Kwame me ha dejado llena ahí también. Lame bien, que quiero sentir tu lengua limpiando lo que él ha ensuciado. Y mientras, cuéntame: ¿te ha dolido verme gritar con su polla dentro? ¿Te has enfadado? ¿O te ha puesto cachondo saber que soy una puta de negros marcada con la dama de picas, pero que vuelvo contigo porque te quiero? Y no pares de pajearte, eh… Fóllate el puño como si fuera mi coño, que es lo más cerca que vas a estar nunca. Porque tu polla no entra más. Nunca. Solo para que te corras solo, pensando en cómo te cornean, pero sabiendo que te quiero por ser tan sumiso y patético.

Alex obedeció de nuevo, girándola un poco para acceder a su culo dilatado, aún rojo por el abuso, con la dama de picas tatuada como un sello de aprobación para machos negros. Lamió con resignación, saboreando el semen espeso que salía de allí, mientras su mano seguía bombeando en su pollita. Entre lametones, hablaba con voz entrecortada, como si recitara una confesión, la mente abatida por el alcohol y las palabras de Vane.

—Me… me ha dolido, Vane. Mucho. Verte con él… era como si me clavaran un cuchillo. Esos tatuajes… me han matado. Pero… pero también me he excitado. Me he meneado la polla viéndoos, como un perdedor. Y… y me enfado conmigo mismo, no contigo. Porque te quiero. Eres mi novia. No quiero perderte aunque mi polla sea una mierda comparada con la de él.

Vane fingió un gemido de placer, pero en realidad era de victoria. Lo tenía donde quería: aceptando los cuernos, justificándolos incluso, todo por unas palabras de amor manipuladas. Y masturbándose mientras la limpiaba, como un cornudo total.

—Ay, mi pobre cornudito… Eres tan patético y tan adorable a la vez. Por eso te quiero, Alex. Porque aceptas lo que soy: una choni que necesita BBCs para ser feliz. Pero contigo soy yo misma, sin presiones. Mañana te invito a desayunar, ¿vale? Como una parejita normal. Y quizás te deje pajearte mientras te cuento más detalles de Kwame. ¿Te apetece? Venga, córrete ya en tu puño, que no aguantas nada. Córrete pensando en lo pequeña e inútil que es tu polla, pero sabiendo que te quiero justo por eso.

Alex no tardó en obedecer, corriéndose de nuevo con un gemido sofocado, el semen manchando su mano mientras lamía más profundo, resignado pero excitado. La ira bullía en su interior, mezclada con una aceptación enfermiza. Vane lo sabía: cada humillación verbal lo ataba más, cada "te quiero" era una cadena invisible. Su plan no solo había empezado; estaba en plena marcha, moldeando a Alex en el cornudo perfecto, paso a paso, palabra a palabra.

Al final, exhausto, Alex se tumbó a su lado en la cama. Vane lo abrazó, besándole la frente como a un niño, susurrando para no despertar a los padres.

—Duerme, cielo. Mañana será un nuevo día. Y recuerda: te quiero. Solo a ti. Aunque seas un cornudo con una polla que no sirve para nada, eres mi cornudo especial