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Amor filialJan 2026

Contenido erótico con mamá (4)

PerseoRelatos21K vistas9.5· 35 votos
<p>Martha soltó la mano de Nicolás y se levantó del sofá. La piel le ardía donde él la había tocado, pero mantuvo el rostro impasible. El espacio entre ellos se amplió con cada paso que dio hacia el baño, como si el aire mismo se espesara para mantenerlos separados. Nicolás permaneció sentado, observando cómo la puerta se cerraba tras ella, escuchando el agua comenzar a correr. Ninguno había dicho nada más allá de ese simple "ya está". No había nada más que decir.</p> <p>Nicolás esperó hasta que el sonido de la regadera se volviera constante antes de levantarse. Se miró las manos, todavía brillantes con los fluidos de Martha, de su madre, de la concha de su madre, y sintió un escalofrío recorrerle la espalda. La cámara seguía ahí. Se acercó y apagó la grabación, después le sacó la memoria.</p> <p>Martha dejó que el agua caliente le golpeara la nuca, el rostro, los pechos. Restregó el jabón con más fuerza de la necesaria, como si pudiera borrar no sólo el semen seco en su abdomen y el sudor de su piel, sino también la sensación persistente de los dedos de Nicolás dentro de ella. El vapor llenaba el baño, empañando el espejo, ocultando su rostro incluso a sí misma. Era mejor así. No quería ver qué expresión tendría ahora.</p> <p>Cuando salió del baño envuelta en su bata azul, Nicolás entró inmediatamente, sin mirarla.</p> <p>El baño de Nicolás fue más corto. El agua fría le aclaró la mente, le calmó el cuerpo.</p> <p>Minutos después ambos se sentaban a la mesa para cenar.</p> <p>—Voy a editar los videos —dijo Nicolás finalmente, por decir algo, por lanzarle una frase al vacío.</p> <p>Martha asintió, masticando despacio.</p> <p>—Está bien —respondió después de tragar—. Cuando termines, me los pasas y los envío.</p> <p>—Claro.</p> <p>Volvieron al silencio.</p> <p>La tarde avanzó. Martha lavó los platos mientras Nicolás trabajaba en su habitación, conectando la memoria de la cámara a su laptop. No quería ver el material, no quería revivir lo que había sucedido, pero tenía que hacerlo. Ajustó los niveles de audio, cortó las secciones menos fluidas, eliminó las partes donde se veían demasiado nerviosos, también todo lo que era el inicio y el final, donde parecían un par de niños asustados. Al final, tenía dos archivos pulcros y profesionales. Parecían producidos por personas que sabían exactamente lo que hacían. Y quizá ese era el problema.</p> <p>Quizá si Nico o Martha se detuvieran a mirar el producto de su trabajo, se darían cuenta de que los videos mostraban que ellos “sabían exactamente lo que hacían” y eso les daría una pista de que lo que pasaba por sus cabezas no era sólo su impresión sino algo real…</p> <p>Le envió los archivos a Martha. Ella recibió la notificación en su teléfono y abrió la laptop. Descargó los videos, los adjuntó a un correo para el instituto alemán, escribió un mensaje breve y formal que chat GPT tradujo al toque, copió, pegó y presionó enviar sin permitirse ver ni un segundo del material.</p> <p>Los días siguientes transcurrieron y listo. Martha llamó al banco el lunes para verificar el depósito, porque aunque se las arreglaba con la tecnología, quería que una voz humana le confirmara la realidad. Para su sorpresa, descubrió que al recibir una transferencia internacional siempre hay un retraso de varios días; eso le explicó la señorita al otro lado de la línea, cuando ella se mostró sorprendida pues el número en el sistema del banco no correspondía con las improvisadas cuentas de su libreta.</p> <p>—Así es, veo aquí que ha recibido una transferencia de… bueno, del extranjero — dijo la señorita que no atinaba a intuir de dónde podría venir ese extraño idioma que usaba palabras de 12 letras —, si le han hecho más, quizá tarde unos días en recibir el dinero, depende mucho de la plataforma, pero pueden ser de 5 a 8 días hábiles.</p> <p>Nicolás, por su parte, descubrió que le interesaba la fotografía. No como hobby pasajero, sino como algo más profundo. Pasaba horas en YouTube viendo tutoriales de iluminación, estudiando técnicas de composición, aprendiendo a manejar el software de edición. La cámara, que antes había sido simplemente una herramienta para una materia de la escuela, ahora ocupaba un lugar permanente en su escritorio. La miraba con una mezcla de respeto y fascinación, como si contuviera secretos que apenas comenzaba a entender.</p> <p>El lunes siguiente, mientras Martha preparaba café en la cocina, el correo llegó. La notificación hizo vibrar su teléfono, y ella lo miró con una mezcla de anticipación y nerviosismo.</p> <p>—Nico —llamó, sin levantar la voz pero con una urgencia que él reconoció de inmediato.</p> <p>Él apareció en la entrada de la cocina, todavía en pijama, con el pelo despeinado.</p> <p>—¿Contestaron?</p> <p>Martha asintió, levantando el teléfono.</p> <p>—Vamos a verlo en la compu.</p> <p>Se sentaron juntos en la mesa del comedor, con los hombros casi tocándose. Nicolás abrió el correo en la laptop y copió el texto alemán en ChatGPT para traducirlo.</p> <p>"Estimada señora Pérez," comenzaba la traducción, "estamos absolutamente impresionados con la calidad del material enviado. La química entre usted y su modelo es excepcional, y la autenticidad emocional es precisamente lo que buscamos para nuestro proyecto. El desarrollo técnico también cumple con nuestros estándares más altos. Hemos depositado los 700 euros restantes en su cuenta, como se acordó. Adjuntamos el comprobante. En dos semanas recibirá las instrucciones para el próximo proyecto. Estamos entusiasmados de continuar esta colaboración que promete ser muy fructífera."</p> <p>Martha y Nicolás leyeron el mensaje en silencio. Por primera vez desde aquella tarde en el sofá, sus ojos se encontraron sin vergüenza, sin culpa.</p> <p>Martha sonrió. Una sonrisa genuina que le iluminó los ojos.</p> <p>—Lo logramos —dijo en voz baja.</p> <p>—Sí —respondió Nicolás, devolviéndole la sonrisa—. Les gustó.</p> <p>Martha le apretó la mano sobre la mesa. El contacto fue breve pero significativo, como un pacto renovado.</p> <p>—Dos semanas de paz —dijo ella—. Y luego veremos qué sigue.</p> <p>Esta vez, para sorpresa de ambos, la espera no fue tortuosa, sino que realmente durante esos 15 días, ninguno de los dos hacía referencia a lo que había ocurrido, pero no debido a una supresión, sino simplemente porque no les cruzaba las cabezas, es como si su mente hubiera olvidado que Martha había masturbado a Nico y que este, a su vez, le había metido los dedos en la vagina hasta hacerla venirse.</p> <p>No no no, la convivencia entre ambos era de lo más normal. Además…</p> <p>El dinero había cambiado las cosas de maneras sutiles. El refrigerador estaba más lleno. Martha había comprado un par de zapatos nuevos, y Nicolás, un disco duro externo para sus fotos y videos. Pequeños lujos que antes parecían inaccesibles. La sensación de urgencia económica se había disuelto, reemplazada por algo más sostenible: seguridad.</p> <p>Una mañana, mientras preparaban café, Martha comentó casualmente:</p> <p>—¿Te das cuenta que ya pasó un mes desde que empezamos con esto?</p> <p>Nicolás levantó la vista de su celular.</p> <p>—Un mes —repitió, como probando el peso de las palabras—. Parece más.</p> <p>Se quedaron en silencio un momento, contemplando cómo algo tan extraordinario se había vuelto parte de su existencia cotidiana.</p> <p>—¿Qué habría sido de nosotros sin esto? —preguntó Nicolás, y no era realmente una pregunta.</p> <p>Martha no respondió. Por primera vez en días, un dejo de duda le acarició la nuca, así que simplemente agitó la cabeza, y depositó un beso en la frente de su hijo.</p> <p>El correo electrónico esperado llegó exactamente a las dos semanas, como habían prometido. Martha estaba revisando sus redes sociales cuando la notificación apareció en la parte superior de la pantalla. El remitente era familiar: ese nombre alemán imposible de pronunciar que ahora asociaban con dinero y con algo más que ninguno de los dos se atrevía a nombrar.</p> <p>—¡Nico —gritó hacia el pasillo.</p> <p>Nicolás salió de su recámara, casi corriendo.</p> <p>—¿Nos escribieron?</p> <p>—Sí.</p> <p>Se acercó a la mesa donde Martha estaba sentada y se inclinó sobre su hombro para ver la pantalla. El correo estaba en alemán, como siempre. Martha ya había abierto ChatGPT para traducirlo.</p> <p>—"Estimada señora Pérez, adjuntamos las instrucciones para su próximo proyecto, titulado 'Placer vocal'. Como siempre, valoramos la autenticidad y la conexión emocional que ha demostrado en sus entregas anteriores..." —leyó Martha en voz alta, y se detuvo—. Bueno, lo usual. Aunque está chistoso que diga vocal. ¿Será como hablar y demás?</p> <p>—¿Cuánto pagan? — preguntó Nico, deliberadamente ignorando el comentario de su madre, pues no quería preocuparse por los detalles de la entrega.</p> <p>—No dice, pero supongo que mantendremos la misma tarifa de la vez pasada. Antes pensábamos que 600 euros al mes serian suficientes, ahora estamos por más de mil…</p> <p>—Es cierto…</p> <p>Dejaron que esa cifra flotara entre ellos. Dinero real.</p> <p>—¿Quieres que lo hagamos hoy mismo? —preguntó Martha, sin mirarlo—. Para no darle tantas vueltas.</p> <p>Nicolás pensó un momento.</p> <p>—Sí, mejor.</p> <p>Martha abrió el archivo adjunto. Era un PDF de tres páginas, con el mismo formato que ya conocían: párrafos densos en alemán y algunas imágenes borrosas en blanco y negro que servían como referencia. Seleccionó todo el texto y lo copió en el traductor.</p> <p>Se sentaron juntos en la mesa de la cocina, con los hombros casi tocándose, y leyeron en silencio. El título aparecía destacado en la parte superior: "Sexo Oral: Técnicas Básicas y Avanzadas". Esta vez, la herramienta tuvo la precisión de no traducir “oral” por “vocal” y entonces todo tuvo sentido.</p> <p>Martha sintió que el calor le subía por el cuello hasta las mejillas mientras leía. No era pudor, exactamente. Era algo más complicado.</p> <p>—"El video mostrará una sesión completa del sexo oral, desde la estimulación preliminar hasta la culminación" —leyó Nicolás en voz baja, como si las palabras pudieran escaparse—. "La participante femenina deberá demostrar técnicas variadas, las cuales deberán ser capturadas a detalle por la grabación"</p> <p>Martha continuó leyendo por su cuenta. Las instrucciones se volvían cada vez más específicas. La temperatura en la habitación parecía haber subido varios grados.</p> <p>"Fase Uno: Estimulación Preliminar" indicaba el texto. "Incluye besos en los muslos internos, contacto visual prolongado, respiración cálida sobre los genitales. Esta fase debe durar al menos dos minutos."</p> <p>"Fase Dos: Técnicas Iniciales. La participante debe prestar atención específica a los testículos, utilizando tanto labios como lengua. Después, debe proceder a besar el pene desde la base hasta el glande. Esta fase debe durar aproximadamente tres minutos."</p> <p>"Fase Tres: Estimulación Principal. Incluye la introducción del pene en la boca, movimientos rítmicos, variación de velocidad y profundidad. La participante debe alternar entre atención al glande y al tallo, manteniendo contacto visual intermitente. Esta fase debe durar al menos cinco minutos."</p> <p>Martha se detuvo, respiró hondo, y siguió leyendo.</p> <p>"Fase Cuatro: Técnicas Avanzadas. La participante debe intentar introducir el pene lo más profundamente posible en la boca. No es necesario lograr la introducción completa, pero debe mostrar el esfuerzo genuino. Esta fase debe durar aproximadamente dos minutos."</p> <p>"Fase Final: Culminación. El participante masculino debe eyacular preferentemente en la boca de la participante femenina. Parte del semen puede ser tragado, mientras que otra parte puede dejarse escurrir por los labios para mayor impacto visual, aunque los realizadores pueden tomar libertades creativas en este aspecto"</p> <p>Martha cerró la laptop con más fuerza de la necesaria. Estaba jadeando.</p> <p>Nicolás tenía las mejillas encendidas. A pesar de todo lo que habían hecho, a pesar de la intimidad que habían compartido frente a la cámara, esto… esto era cruzar un límite.</p> <p>—Es... —comenzó Nicolás, pero se detuvo, sin saber cómo completar la frase.</p> <p>—Sí —dijo Martha, entendiendo perfectamente.</p> <p>Se quedaron en silencio un momento, cada uno procesando lo que acababan de leer. El ventilador del techo giraba perezosamente, moviendo el aire caliente de un lado a otro sin realmente refrescarlo.</p> <p>—Tal vez deberíamos esperar unos días —sugirió Martha finalmente, pasándose una mano por el cabello—. No sé... pensarlo bien.</p> <p>El alivio en el rostro de Nicolás fue instantáneo, como si le hubieran quitado un peso enorme de los hombros.</p> <p>—Sí, mejor —dijo, demasiado rápido—. No hay prisa. Tenemos tiempo.</p> <p>Martha asintió, agradecida por la pausa. Una parte de ella sabía que postergar no cambiaría nada, que el video tendría que hacerse eventualmente. Pero necesitaban este espacio, este tiempo para asimilar lo que vendría. Ninguno de los dos sugirió en no realizar el video, porque en este punto de su historia, habían aceptado completamente que esto sería parte de su vida ahora. Que no tenían más opciones que seguir siendo arrastrados por la corriente enfermiza de las solicitudes del “instituto”.</p> <p>La cena transcurrió en un silencio extraño.</p> <p>—Nico —dijo, rompiendo el silencio—. ¿Podrías venir a mi recámara después de cenar? Necesito hablar contigo de algo.</p> <p>Nicolás levantó la vista de su plato, sorprendido.</p> <p>—¿Sobre qué? —preguntó, aunque ya sabía la respuesta.</p> <p>—Sobre lo que tenemos que hacer —respondió Martha. Su voz sonaba calmada, práctica—. Creo que deberíamos planear bien cómo vamos a abordar esto.</p> <p>Nicolás asintió despacio.</p> <p>—Claro.</p> <p>Cuando terminaron, Martha recogió los platos y Nicolás ayudó a limpiar la cocina con movimientos automáticos.</p> <p>Veinte minutos después, escuchó la voz de Martha desde el pasillo.</p> <p>—¿Nico? ¿Puedes venir ya?</p> <p>Se levantó del sofá con las piernas extrañamente pesadas. Caminó hacia la recámara de su madre, sintiendo cada paso como una decisión. Al llegar a la puerta, que estaba entreabierta, tocó suavemente con los nudillos.</p> <p>—Pasa —dijo Martha desde adentro.</p> <p>Nicolás empujó la puerta. Martha estaba sentada en el borde de la cama, con las manos en el regazo. Llevaba la misma ropa de todo el día: jeans y una blusa azul sencilla. La lámpara de la mesita de noche estaba encendida, proyectando una luz cálida y amarillenta sobre la mitad de su rostro. La otra mitad quedaba en sombras.</p> <p>—Siéntate —indicó ella, señalando un espacio a su lado en la cama.</p> <p>Nicolás obedeció, dejando una distancia prudente entre ambos. La cama se hundió bajo su peso.</p> <p>—Creo que necesitamos prepararnos —dijo Martha después de un momento.</p> <p>—¿Prepararnos?</p> <p>Martha asintió, sin mirarlo.</p> <p>—Para el video. Para lo que tenemos que hacer. La vez anterior... no salió del todo bien al principio, ¿recuerdas?</p> <p>—Sí —murmuró.</p> <p>—No es tu culpa —dijo Martha rápidamente, girándose para mirarlo—. Es normal sentirse nervioso en una situación así. Cualquiera estaría nervioso. Yo también lo estaba.</p> <p>“Es normal sentirse nervioso en una situación así” pensó Nico con mucha ironía, como si el dejar que tu mamá te chupara la verga fuera una situación normal en la que uno puede permitirse sentirse nervioso.</p> <p>Nicolás levantó la vista, encontrando los ojos de Martha por primera vez desde que había entrado a la recámara.</p> <p>—¿Tú también estás nerviosa?</p> <p>Martha sonrió, una sonrisa triste y comprensiva.</p> <p>—Claro. ¿Crees que es fácil para mí? Todo esto es... extraordinario. Nunca imaginé que haríamos algo así…</p> <p>Nico no sabía que responder, porque la verdad es que no se sentía nervioso por las razones que quizá su madre pensaba…</p> <p>—La cosa es —continuó Martha— que ahora lo que nos piden es aún más... íntimo. Y no quiero que volvamos a pasar por lo mismo. No quiero que te sientas presionado, ni avergonzado, ni nada de eso.</p> <p>—¿Y qué propones? —preguntó Nicolás, la voz saliendo más ronca de lo que pretendía.</p> <p>Martha respiró hondo antes de responder.</p> <p>—Creo que deberíamos practicar.</p> <p>—¿Practicar? —repitió Nico incrédulo</p> <p>—Sí. Ya sabes... acostumbrarnos a la intimidad física. Antes de hacerlo frente a la cámara. Para que no sea tan... abrupto.</p> <p>Nicolás tragó saliva. El corazón le latía tan fuerte que temía que Martha pudiera escucharlo.</p> <p>—¿Te refieres a...?</p> <p>—Me refiero a que podríamos besarnos. Tocarnos. Incluso dormir juntos… No sé… Para romper la tensión y hacerlo más llevadero.</p> <p>Martha hablaba con calma, como si estuviera explicando el funcionamiento de un electrodoméstico, pero Nicolás notó que las manos le temblaban ligeramente en el regazo.</p> <p>Nicolás se quedó en silencio, procesando la propuesta. Por un lado, la idea le aterraba. Por otro, sentía un extraño alivio. La posibilidad de explorar esta nueva dimensión de su relación sin el ojo mecánico de la cámara observándolos.</p> <p>—¿Qué piensas? —preguntó Martha, después de un silencio que se extendió demasiado.</p> <p>—Creo que tiene sentido —respondió finalmente, mirándose las manos—. Si vamos a hacerlo de todas formas, es mejor estar... preparados.</p> <p>Martha asintió, sin ocultar su alivio.</p> <p>—Exacto.</p> <p>Ambos sabían que estaban racionalizando, buscando justificaciones para algo que iba más allá de la lógica y la practicidad. Pero esas palabras les daban un marco, una estructura que hacía que todo pareciera menos aterrador, menos prohibido.</p> <p>—¿Cuándo quieres empezar? —preguntó Nicolás, sorprendiéndose a sí mismo con la pregunta.</p> <p>Martha lo miró directamente a los ojos.</p> <p>—¿Ahora te parece bien?</p> <p>Nicolás sintió un escalofrío recorriéndole la espalda, mezclado con una ola de calor que le subió desde el vientre.</p> <p>—Sí —dijo, y la palabra salió como un suspiro—. Ahora está bien.</p> <p>Martha, entonces, fue la primera en moverse. Acercó su mano al rostro de Nicolás, rozándole la mejilla con los dedos, una caricia tentativa que parecía preguntar más que afirmar. Él cerró los ojos un instante, inclinándose levemente hacia el contacto, aceptando la invitación silenciosa. Cuando los abrió de nuevo, Martha estaba más cerca, sus rostros quedaban separados apenas por el espacio suficiente para que sus respiraciones se mezclaran. Se quedaron así un momento, suspendidos en ese umbral entre lo conocido y lo inexplorado.</p> <p>El primer beso fue suave, tierno. Un roce de labios que duró apenas un segundo. Martha se apartó ligeramente, buscando la mirada de Nicolás, esperando alguna señal. Él asintió casi imperceptiblemente, y ella volvió a acercarse. Esta vez el beso fue más firme, más real, menos temeroso y más auténtico.</p> <p>Las manos de Nicolás, que hasta entonces habían permanecido inmóviles sobre sus propias rodillas, se movieron por fin. Una subió hasta la nuca de Martha, enterrándose en su cabello; la otra le rodeó la cintura, acercándola más a él. El beso se profundizó, las bocas se abrieron, y las lenguas se encontraron con una familiaridad que contradecía lo extraordinario de la situación.</p> <p>Martha sintió que algo se aflojaba dentro de ella, una tensión que no sabía que estaba sosteniendo. Este beso era diferente a los que habían compartido frente a la cámara. No había prisa, no había guion que seguir, no había ojos mecánicos observándolos. Sólo ellos, descubriéndose.</p> <p>Nicolás también lo notó. Los labios de Martha se movían contra los suyos con una suavidad que lo desarmaba, la lengua le exploraba la boca con una delicadeza que no tenía nada que ver con la urgencia de sus encuentros previos. Le acarició la espalda por encima de la blusa, sintiendo el calor de su cuerpo a través de la tela.</p> <p>Martha separó los labios de los de Nicolás, pero no se alejó. Apoyó la frente contra la de él, respirando entrecortadamente.</p> <p>—¿Estás bien? —preguntó en voz baja.</p> <p>—Sí —respondió él — ¿y tú?</p> <p>—Mejor.</p> <p>Martha sonrió, y Nicolás sintió que algo dentro de él se expandía al ver esa sonrisa. Le acarició la mejilla, recorriendo la suave curva del pómulo con el pulgar. Después deslizó la mano hacia el cuello, siguiendo la línea de la mandíbula, deteniéndose donde el pulso latía fuerte bajo la piel.</p> <p>Martha cerró los ojos ante la caricia. Los dedos de Nicolás bajaron por su cuello hasta el primer botón de su blusa. Se detuvieron ahí, esperando.</p> <p>—¿Puedo? —preguntó él.</p> <p>Martha abrió los ojos y asintió. Nicolás desabrochó el primer botón con dedos que temblaban ligeramente, después el segundo, el tercero. La blusa se abrió, revelando la piel pálida del pecho y el sostén beige, simple pero femenino. Martha se inclinó hacia adelante, permitiendo que Nicolás le quitara la prenda por completo.</p> <p>La blusa cayó sobre la cama, olvidada. Martha levantó las manos y agarró el borde de la camiseta de Nicolás, jalándola hacia arriba. Él levantó los brazos, facilitando la tarea, y la camiseta siguió el mismo camino que la blusa.</p> <p>Se miraron un momento, ambos con el torso desnudo, estudiándose bajo la luz cálida de la lámpara. Martha extendió la mano y tocó el pecho de Nicolás, sintiendo los músculos jóvenes bajo la piel, el contraste entre las zonas suaves y las más firmes. Él hizo lo mismo, acercando su mano al hombro de Martha, después bajando por su brazo, maravillándose con la textura sedosa que encontró. El canalillo de los senos se veía todavía más profundo por la tenue luz que apenas si podía iluminar la habitación.</p> <p>Los besos siguieron.</p> <p>Las bocas comenzaban a reconocer y a actuar por instinto. Las lenguas antes tímidas ahora se acariciaban en una danza lenta e hipnótica.</p> <p>Las manos de Nicolás le rodearon la espalda, buscando el cierre del sostén. Lo encontró, lo desabrochó con un movimiento que resultó sorprendentemente fluido, y la prenda se aflojó. Martha se separó apenas lo suficiente para quitársela completamente.</p> <p>Los pechos quedaron expuestos, llenos y suaves, con los pezones ya endurecidos. Nicolás los miró sin disimular su fascinación. Los había visto antes, frente a la cámara, pero ahora era diferente. Porque ahora había la realización de que su madre estaba mostrándose para él, directamente para él. No había una excusa laboral en medio.</p> <p>Acercó una mano tentativamente, rozando la curva lateral de un pecho con las puntas de los dedos. Martha contuvo la respiración. La mano de Nicolás se volvió más audaz, cubriendo el pecho completamente, sintiendo el peso, la textura, el calor. El pulgar rozó el pezón, y Martha soltó un suspiro tembloroso.</p> <p>—Estás… ¿estás bien? — preguntó Nico, aunque por nada del mundo se habría detenido.</p> <p>—Sí, mi amor, estoy bien.</p> <p>Se besaron de nuevo, con los cuerpos ahora más cerca, el pecho desnudo de Martha presionado contra el de Nicolás. Las manos de él bajaron por la espalda de su madre, llegando a la cintura de los jeans. Se detuvieron ahí, inseguras.</p> <p>—Sigue —susurró Martha contra sus labios.</p> <p>Nicolás desabrochó el botón, bajó el cierre, y Martha se levantó para quitarse los jeans. Él hizo lo mismo con los suyos. Quedaron en ropa interior, Martha con unas bragas azules de algodón, Nicolás con unos bóxers grises. La luz de la lámpara dibujaba sombras suaves sobre la piel, suavizando los bordes, creando una intimidad que parecía aislada del resto del mundo.</p> <p>Martha se recostó en la cama, y Nicolás se tendió a su lado. Volvieron a besarse.</p> <p>La erección en la ropa interior de Nico era terriblemente visible. No tanto era la humedad en las bragas de Martha. Sin embargo, mientras se besaban en la cama, Martha sintió la verga de su hijo golpearle el vientre varias veces y Nico pudo constatar la humedad del coño de su madre cuando su pierna se se acomodó en la entrepierna de Martha.</p> <p>Esa noche, ninguno se atrevió a desnudarse completamente, la emoción del momento terminó por agotarlos y simplemente se quedaron dormidos abrazados.</p> <p>La luz de la mañana entraba por las rendijas de la persiana, dibujando líneas doradas sobre los cuerpos desnudos y entrelazados. Nicolás despertó primero, con el brazo todavía rodeando la cintura de Martha, la mano abierta sobre su estómago. El calor de ella contra su pecho se sentía correcto, como si sus cuerpos hubieran encontrado la posición para la que estaban diseñados. Observó el perfil de su madre dormida: la curva suave de la mejilla, la línea de la mandíbula, los labios ligeramente separados. La decisión se formó en su mente con una claridad que lo sorprendió.</p> <p>Martha se movió, despertando despacio. Giró la cabeza para mirar a Nicolás, y una sonrisa pequeña le curvó los labios.</p> <p>—Buenos días —dijo, con la voz rasposa por el sueño.</p> <p>—Buenos días —respondió Nicolás—. ¿Dormiste bien?</p> <p>—Mejor que en mucho tiempo.</p> <p>Se quedaron así un momento, mirándose, saboreando la intimidad del despertar juntos, desnudos y cómodos en la piel del otro.</p> <p>—Creo que deberíamos hacerlo hoy —dijo Nicolás finalmente—. El video. Ahora mismo.</p> <p>Martha lo miró con sorpresa.</p> <p>—¿Ahora? ¿No quieres esperar?</p> <p>Nicolás negó con la cabeza.</p> <p>—No tiene sentido prolongarlo. Ya estamos... preparados. Y mientras más lo pensemos, más lo complicaremos.</p> <p>Martha consideró sus palabras. Después asintió.</p> <p>—Tienes razón. Hagámoslo de una vez.</p> <p>Se levantaron de la cama. Lo primero, lo obvio: ir al baño, lavarse los dientes, ponerse una pijama, porque en sus mentes una cosa era estar desnudos en la habitación y otra muy distinta estar en cueros en el departamento.</p> <p>Desayunaron café y pan tostado, hablando poco, cada uno estaba inmerso en sus propios pensamientos. Después, con una eficiencia que venía de la práctica, comenzaron a montar el estudio improvisado en la sala. Movieron el sofá, ajustaron las luces, Nicolás corroboró tener 2 pilas y dos memorias. Nunca había necesitado nada más que una sola pila y una memoria, pero le gustaba sentirse preparado.</p> <p>Cuando todo estuvo listo, se miraron.</p> <p>—¿Comenzamos? —preguntó Martha.</p> <p>Nicolás asintió. Se quitó la camiseta primero, después los pantalones y la ropa interior. Se sentó en el sofá, desnudo, con las piernas ligeramente separadas. El pene, estaba completamente flácido, descansaba contra su muslo. Los dientes le castañeaban, como si se estuviera muriendo de frío.</p> <p>Martha respiró hondo. Se arrodilló frente a él, todavía completamente vestida. La posición le resultaba extrañamente familiar, como si su cuerpo recordara haber estado así antes.</p> <p>Nicolás miró hacia la cámara, luego vio en su celular la imagen. Frunció el ceño.</p> <p>—El ángulo no es bueno —dijo—. No va a captar todo lo que necesita. Casi sólo se te ve la espalda y tu cabeza me tapa … —casi se le sale decir “la verga”, pero se contuvo, presa de una pena repentina.</p> <p>Martha siguió su mirada.</p> <p>—¿Qué sugieres?</p> <p>—Creo que tendré que sostenerla yo.</p> <p>Se levantó y fue hasta el trípode. Sacó la cámara y volvió al sofá con ella en las manos. Se sentó de nuevo, ajustando la posición para poder filmar desde su perspectiva. Sin embargo, el lente no le daba una perspectiva muy buena, así que tenía que alzarla hasta su cara.</p> <p>—¿Lista? —preguntó.</p> <p>Martha asintió, aunque su expresión mostraba una mezcla de nerviosismo y determinación. Nicolás presionó el botón de grabación. La lucecita roja se encendió, y el mundo se redujo a ese espacio iluminado, a esos cuerpos, a esa cámara que lo registraba todo.</p> <p>Martha acercó su rostro a los muslos de Nicolás. Los besó primero, suaves besos que apenas rozaban la piel. Nicolás respiró hondo, manteniendo la cámara estable. Martha subió despacio, acercándose a los testículos. Los besó tentativamente, explorando la textura de la piel arrugada con los labios. Después sacó la lengua y los lamió.</p> <p>Nicolás</p> <p>se</p> <p>rompió</p> <p>en</p> <p>mil</p> <p>pe da zossss.</p> <p>La imagen tembló por el espasmo del camarógrafo, y Nico apenas pudo contener un gemido. Sin embargo, la reacción relajó a Martha.</p> <p>La cámara captaba todo: la cara de Martha concentrada en su tarea, la forma en que su lengua recorría los testículos, cómo sus manos subían por los muslos de Nicolás, sosteniéndose, explorando.</p> <p>El pene comenzó a reaccionar, endureciéndose poco a poco. Martha lo rodeó con una mano, sosteniéndolo en posición vertical mientras seguía besando y lamiendo los testículos.</p> <p>Por unos segundos, su cara estaba tapada por esa verga y su propia mano sosteniéndola. Sin embargo, el chasquido de su boca lamiendo los huevos de Nicolás era audible.</p> <p>Después dirigió su atención al miembro mismo. Lo besó.</p> <p>Martha besó el glande de Nicolás. Lo besó repetidas veces, al inicio intentaba recodar las instrucciones que venían en la hoja, pero después simplemente le pareció alucinante el besar la verga de su propio hijo.</p> <p>Nicolás tembló visiblemente, pero esta vez mantuvo la cámara estable. Después, Martha lamió la punta, recogiendo con la lengua la primera gota de líquido preseminal que había aparecido. El sabor era salado, no desagradable. Diferente a lo que había imaginado. Porque sí, en este punto de la historia, Martha se había preguntado brevemente cuál sería el sabor del semen de Nicolás.</p> <p>Abrió más la boca y engulló el glande completamente. La sensación era extraña pero no desagradable: la piel suave y caliente, el pulso latiendo contra su lengua. Miró hacia la cámara, recordando las instrucciones, y vio a Nicolás escondido detrás de la cámara. Bien, eso lo hacía más fácil.</p> <p>—No dejes de mirarme —dijo él, sin saber muy bien por qué.</p> <p>Martha obedeció. Levantó la mirada hacia él, manteniendo el pene en su boca, y algo en esa conexión visual cambió todo. Ya no estaba siguiendo instrucciones. Estaba comunicándose con él, compartiendo algo que iba más allá de lo físico.</p> <p>Comenzó a moverse, subiendo y bajando la cabeza, tragando más del miembro en cada bajada. La mano seguía el movimiento de la boca, cubriendo la parte que no podía engullir. Nicolás gimió, un sonido bajo y gutural que Martha sintió como una victoria.</p> <p>El ritmo se estableció solo, natural, como si su cuerpo supiera instintivamente qué hacer. La saliva se acumulaba en su boca y chorreaba hasta llegar a la mano, facilitando el deslizamiento, creando sonidos húmedos que la cámara captaba con claridad. Ocasionalmente se detenía para respirar, lamiendo el glande en círculos antes de volver a tomarlo en la boca.</p> <p>La confianza le crecía con cada movimiento. Experimentó con diferentes técnicas: succionando más fuerte, usando más o menos lengua, variando la velocidad. Las reacciones de Nicolás le indicaban qué funcionaba mejor: los suspiros, los gemidos, la forma en que las caderas se movían involuntariamente hacia ella.</p> <p>Siguiendo las instrucciones que habían leído, Martha intentó tragar el pene más profundamente. Lo introdujo hasta que sintió que tocaba el fondo de su garganta, provocándole una arcada leve. Se retiró, respiró hondo, y lo intentó de nuevo. Esta vez consiguió mantenerlo un poco más, aunque no logró engullirlo completamente. Nicolás soltó un gemido que fue casi un gruñido.</p> <p>—Dios, ma.. Martha... —jadeó. Intentando con todas sus fuerzas no decir la palabra “mamá”.</p> <p>Ella continuó, alternando entre movimientos superficiales y intentos de profundidad. La mano que no sostenía el pene subió hasta los testículos, acariciándolos suavemente, añadiendo otra capa de sensación. Nicolás temblaba ahora, las piernas tensas, el abdomen contraído. La cámara se movía ligeramente, siguiendo los temblores de su cuerpo.</p> <p>—Voy a... —comenzó a decir, pero no terminó la frase.</p> <p>Martha sintió el pene pulsando contra su lengua, la primera advertencia. Debería haberse retirado, pero algo la hizo quedarse. El primer chorro de semen le golpeó el paladar, caliente y espeso. Tragó por reflejo, sorprendida por la intensidad. El segundo y el tercero fueron demasiado para contener. Se retiró un poco, dejando que parte del fluido le llenara la boca mientras el resto se derramaba sobre sus labios y la barbilla.</p> <p>Nicolás dejó escapar un gemido largo, casi doloroso, mientras las últimas contracciones del orgasmo le sacudían el cuerpo. La cámara captó todo: la expresión de sorpresa en el rostro de Martha, el semen blanco contrastando con el rojo de sus labios, la forma en que tragó parte de él mientras el resto goteaba hacia su mentón.</p> <p>Cuando todo terminó, Martha miró directamente a la cámara. Su expresión era una mezcla fascinante de sorpresa y logro, como si acabara de completar una hazaña que no estaba segura de poder realizar. Los labios brillaban con saliva y semen, hinchados por la fricción. Una gota blanca pendía de su barbilla, a punto de caer.</p> <p>Nicolás dejó de grabar. La lucecita roja se apagó, pero ninguno de los dos se movió de inmediato. Martha todavía arrodillada, Nicolás todavía sosteniendo la cámara con manos que ahora temblaban visiblemente.</p> <p>—¿Estás bien? —preguntó él finalmente.</p> <p>Martha asintió, limpiándose la boca con el dorso de la mano.</p> <p>—Sí —dijo, la voz un poco ronca—. No esperaba que fuera tan... intenso.</p> <p>Nicolás bajó la cámara y la dejó a un lado. Se inclinó hacia adelante y ayudó a Martha a levantarse del suelo. Las rodillas le dolían por haber estado tanto tiempo en esa posición. Cuando estuvo de pie, él la abrazó, rodeándola con brazos que todavía temblaban por el orgasmo.</p> <p>—Gracias —susurró contra su cabello.</p> <p><strong>Nota del autor:</strong></p> <p>Bueeenas, estimados lectores.</p> <p>¿Cómo están?</p> <p>Espero esta serie les esté gustando casi tanto como a mí escribirla. <a href="patreon.com/RelatosdePerseo">En mi Patreon ya pueden leer hasta el capítulo 6</a>, así como ver los videos y fotos de la protagonista. Saludos.</p>

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