Choni y snowbunny (12) - Realidad sin filtros
Alex solo puede mirar. Vane le ha prohibido tocar, le ha prohibido participar, y le ha prohibido incluso sentirse humano. Su único propósito es ser el testigo silencioso de cómo otros hombres poseen su cuerpo, mientras él se muere de ganas por limpiar el rastro. ¿Hasta dónde está dispuesto a llegar su lealtad patética?
Pasaron varias semanas en las que Vane consolidó como dinámica habitual un ritual humillante y adictivo para Alex. Al menos la mitad de las veces que quedaban, Vane desaparecía un rato para follarse a un macho negro sin que Alex estuviera presente. Siempre volvía con esa sonrisa triunfal, el pelo revuelto, las mejillas sonrojadas y un "regalito" para su cornudito: un beso largo con sabor a semen ajeno que le llenaba la boca de sal y amargor, o peor, le obligaba a arrodillarse en algún rincón discreto para lamerle el coño o el culo aún chorreando. "Te quiero tanto que comparto contigo una de las cosas que mas me gusta", le decía con voz melosa mientras Alex se tragaba su orgullo junto con la lefa de extraños, la textura espesa y caliente pegándose al paladar como una marca invisible.
Una de esas tardes, Vane regresó de un "paseo rápido" por el parque del barrio mientras Alex la esperaba en un banco apartado, corazón latiéndole en la garganta, la pollita semierecta solo por la anticipación. Ella se sentó a su lado, cruzó las piernas con elegancia y le dio un beso profundo. El sabor era inconfundible: semen fresco, salado y ligeramente metálico, mezclado con su propia saliva y un toque de sudor.
- "Acabo de follarme a un congoleño en el baño de caballeros", susurró al oído de Alex, su aliento cálido y cargado de vicio. "Me ha llenado el coño hasta arriba. ¿Quieres probar?".
Alex, rojo hasta las orejas, miró alrededor para asegurarse de que nadie los veía y se arrodilló frente a ella, el suelo húmedo por la lluvia reciente empapando sus rodillas. Levantó la falda de Vane, quien abrió las piernas con presteza dejando a la vista su coño desnudo, y hundió la lengua en la vagina hinchada y chorreante. La lefa brotaba en hilitos calientes y espesos, sabor amargo inundándole la boca, pegándose a la lengua como una crema viscosa.
Vane gemía bajito, agarrándole el pelo: "Buen chico... limpia todo lo que ese macho me ha dejado. Siente cómo me ha abierto, cómo su pollón de 23 cm me ha raspado las paredes hasta hacerme correr tres veces. Tu pollita ni llega a la mitad".
Alex tragaba ruidosamente, el olor a sexo crudo y semen ajeno invadiéndole la nariz, la pollita dura como piedra dentro de los vaqueros, pero sin atreverse a tocarse. Vane le acarició el pelo con ternura cruel: - "Eres tan patético y leal... por eso sigo contigo. Ahora levántate, que no quiero que nos pillen. Te quiero por esto, cornudito".
Otro día, Vane había desaparecido durante más una hora en un centro comercial dejando a Alex deambulando por los pasillos hasta que se sentó en una hamburgueseria desde donde envió su ubicación a la choni. Regresó con las mejillas sonrojadas y un brillo en los ojos que Alex conocía bien.
- "Ven al baño de hombres, cielo", le dijo, arrastrándolo al servicio público.
Dentro de un cubículo estrecho, con olor a orina rancia y desinfectante barato, Vane se bajó las bragas y le dio la espalda, apoyandose en la cisterna del inodoro.
- "Lame mi culo, cornudito. Un nigeriano me ha follado por detrás en el aparcamiento subterráneo. Me ha dejado el ojete abierto y chorreando".
Alex se arrodilló en el suelo sucio, hundiendo la cara entre las nalgas de Vane. El ano dilatado palpitaba, restos de lefa blanca espesa resbalando por el perineo, sabor terroso y salado mezclado con sudor. Alex lamió con devoción, lengua plana succionando cada gota, el olor fecal sutil del baño realzando la humillación.
Vane gemía: "Sí... traga lo que me ha dejado ese pollón de 25 cm. Me ha dolido al principio, pero luego me he corrido como una perra. Tú nunca me podrás dar eso".
Alex, con la polla palpitando dolorosamente, trago todo, el regusto pegándose al paladar durante horas.
Una noche, en un cine a medio llenar, Vane desapareció con un desconocido negro que había coqueteado en la cola. Alex esperó en su asiento, viendo la película sin verla, la mente llena de imágenes imaginadas: Vane arrodillada en el baño del cine, mamando un pollón grueso con arcadas profundas, saliva chorreando. Cuando volvió, Vane se sentó a su lado y le dio un beso: sabor a semen fresco inundando su boca. "Limpia mi boca, cielo... se ha corrido en la garganta". Alex lamió su lengua, tragando restos salados, mientras Vane susurraba: "Era un senegalés con polla curva... me ha follado la boca como a una puta".
Alex se corrió casi sin tocarse esa noche en casa, masturbándose con la mano temblorosa, semen blanco salpicando el suelo mientras imaginaba detalles que Vane no le había contado.
El resto de las veces, lo dejaba mirar desde lejos y limpiar después, pero nunca participar.
Alex se masturbaba solo en casa, recordando los detalles que Vane le contaba con cruel precisión, y cada vez se sentía más enganchado, más "especial" en su rol de perdedor adorado. Una vez, después de una de esas sesiones de "regalito", Alex se miró al espejo de su baño: cara roja, labios hinchados por besos con sabor ajeno, polla pequeña tiesa pero frustrada. "Soy un cornudo... y me encanta", pensó, masturbándose frenéticamente hasta correrse en el lavabo. La vergüenza post-orgasmo lo golpeaba como una ola: "¿Qué estoy haciendo? ¿Por qué me excita tanto su zorreo?". Pero al día siguiente, cuando Vane mandaba una foto nueva, el ciclo empezaba de nuevo.
Para que la educación de Alex no tuviera un solo día de tregua, cuando no quedaban, raro era el día en que Vane no le mandaba alguna foto de una polla negra de tamaño descomunal con comentarios del tenor "mira lo que me he metido en la garganta", "ha sido increíble comerme todo un pollón como este hasta los huevos", "mira cielo lo que me voy a follar por el culo". Fotos que al cabo de un periodo de tiempo considerable eran seguidas casi indefectiblemente por fotos del coño o el culo de Vane rezumando semen blanco espeso, junto con la frase "Ojala estuvieras aquí para limpiar. Te quiero".
Alex guardaba cada una en una carpeta privada del móvil, revisándolas de noche como un adicto, masturbándose hasta que le dolía la polla pequeña y frustrada, corriéndose en hilitos blancos que limpiaba con vergüenza.
Lo que quedó meridianamente claro para Alex es que Vane no se ataba a un único macho negro: era la zorra de todo aquel de la raza negra que tuviera un pollón, y sin duda Vane tenía una intuición especial para detectarlos, por la colección de fotos que le estaba enviando desde que descubrió que era una snowbunny. "Son superiores, cielo... su olor, su sabor, su tamaño... me hacen sentir viva", le explicó una vez, mientras Alex lamía un resto de semen de su dedo.
Una tarde, mientras tomaban un helado en un banco del parque, Vane le soltó la bomba con naturalidad, como si hablara del tiempo. El sol caía bajo, tiñendo el parque de tonos naranjas, y Alex lamía su cono de vainilla mientras Vane chupaba el suyo de chocolate con una sonrisa juguetona.
—Cielo, mañana por la noche vas a poder estar presente de verdad. Nada de espiar por puertas entornadas para limpiar después. Vas a ver cómo me follan como una puta, en directo. Pero solo mirar, eh. No te toques esa pollita tuya. A mí no me gusta verte menear esa cosita ridícula; me corta el rollo. Tú quietecito, y disfruta del espectáculo. Si te portas bien, quizás te deje limpiar al final. ¿Te apetece, mi cornudito perfecto?
Alex sintió un nudo en el estómago, una mezcla de terror y excitación que le endureció la polla al instante. El helado se le derritió en la mano, vainilla goteando por sus dedos mientras tartamudeaba: "Sí, Vane... lo que tú digas, mi amor". El parque estaba lleno de gente normal: familias paseando perros, niños jugando al fútbol, parejas besándose. Y allí estaba él, prometiendo ver cómo follaban a su novia sin mover un dedo.
Ella le dio un beso en la mejilla, riendo bajito, su aliento dulce a chocolate. "Ay, qué mono eres. Por eso sigo contigo, porque aceptas lo que necesito y no me das problemas con tu ego de machito blanco flacucho. Te prometo que va a ser muy especial, porque además habrá una sorpresa para ti"
La noche llegó y Alex estaba nervioso como nunca. Quedaron en un bar de copas del centro, uno de esos locales con luces neón parpadeantes en tonos rojos y azules, música techno a volumen moderado que hacía vibrar las mesas, y un olor a cerveza derramada mezclado con perfume barato. El bar estaba lleno de universitarios riendo, algunos bailando en una pista improvisada, y turistas perdidos pidiendo copas. Vane llegó vestida para matar: minifalda de cuero negra que apenas cubría sus nalgas, top escotado que dejaba ver el encaje de un sujetador push-up rojo que Vane usaba como si sus dos mas que aventajadas tetas, necesitaran mas realce, y tacones altos que realzaban sus piernas tonificadas.
Alex pidió gin-tonic para los dos, intentando calmar los nervios con el primer sorbo amargo y frío que bajó por su garganta como un cuchillo. Pero no funcionó, el tiempo se le hizo eterno y cada minuto era una tortura: Vane charlaba de tonterías —el último chisme del instituto sobre gente a la que no conocía, el último reel de la influencer de moda ese mes, un meme que había visto—, pero sus ojos escaneaban la puerta con impaciencia, y su mano rozaba la de Alex bajo la mesa, apretando con fuerza cuando veía a alguien entrar.
"Relájate, cielo", dijo Vane, inclinándose hacia él con una sonrisa que no llegaba a sus ojos. "Va a ser genial. Vas a ver lo que es un hombre de verdad, no como tú, con tu pollita que se corre en dos bombeos. Imagina: yo gritando mientras me rompen, y tú ahí sentado, con tu cosita tiesa pero sin poder tocarte. ¿No te pone?".
Alex tragó saliva, el gin-tonic quemando su estómago vacío: "Sí... me pone. Te quiero, Vane".
Ella rio, un sonido bajo y cruel que se perdió en la música: "Lo sé. Por eso eres mi cornudito favorito".
Apenas habían terminado el gin-tonic cuando entraron ellos: Luandinho y Joao Ondjaki. Los dos jugadores se detuvieron un instante para hacerse una foto rápida con un fan, y se dirigieron hacia la mesa de Vane y Alex. Este alucinaba al ver a los dos jugadores de su equipo de baloncesto favorito, pero la sorpresa casi le vuela la cabeza cuando su mente procesó que se estaban aproximando a su mesa, y que eso debía significar que....
Los gemelos saludaron a Vane con besos en las mejillas que rozaban los labios, sus manos grandes y callosas posándose en la cintura de ella con familiaridad posesiva, ignorando por completo a Alex como si fuera invisible. "Nossa, putilla, estás más buena que nunca", dijo Luandinho con una sonrisa lobuna, su voz grave con acento portugués.
Joao añadió: "Vamos ao apartamento, que temos ganas de te partir".
Alex no podia describir con palabras el aluvión de pensamientos que le cruzaban la mente. No solo iba a ver cómo se follaban a su novia sin hacer nada por impedirlo, sino que además iban a ser unos jugadores de baloncesto a los que seguía por su desempeño en su equipo favorito. Su pollita palpitaba dolorosamente, el nudo en el estómago convirtiéndose en un fuego que le subía por el pecho.
No perdieron tiempo. Salieron del bar y tomaron un taxi hasta el ático de los gemelos, un piso alto con vistas a la ciudad, suelo de parquet reluciente, sofá de cuero negro y una habitación dedicada exclusivamente a "follar", como dijo Vane con naturalidad al entrar. Una vez dentro, Vane cogió de la mano a Alex y lo llevó hasta un rincón. Allí había una silla de madera barata, colocada estratégicamente frente a la cama king-size con sábanas blancas impecables. Vane señaló con un dedo imperioso: "Ahí quieto, cornudito. Mira y aprende. No te toques esa cosita ridícula. Si lo haces, me enfado y no te dejo limpiar al final".
Alex se sentó, el asiento duro contra su culo, corazón latiéndole en las sienes, polla tiesa pero atrapada en los vaqueros, el sudor empapando su espalda bajo la camisa.
Los gemelos no perdieron tiempo; se quitaron las camisetas con movimientos fluidos, revelando torsos esculpidos como estatuas de ébano, abdominales marcados que se contraían con cada respiración, brazos venosos hinchados por entrenamientos diarios, piel oscura reluciente bajo las luces LED del ático. Vane se desnudó con prisa, quedando en tanga negro con abertura anal y tacones altos que clicaban contra el parquet.
Tan pronto se quedaron con tan escaso atuendo Alex vio como las manazas de los angoleños sobaban de punta a cabo el cuerpo de su novia, la cual se dejaba hacer con el mayor de los gustos. Mientras duró el magreo a la choni esta no paró de intercambiar morreos obscenos con los dos hermanos, lenguas enrroscandose entre si con un profuso intercambio de saliva. Las manos de los africanos tan pronto acariciaban las curvas de la españolita como tironeaban sus pezones con saña o golpeaban con fuerza las nalgas o las tetas de la chica, dejando la piel marcada en color rojo. En cualquier caso Vane no dejaba de gemir como una golfa satisfecha con el tratamiento.
De buenas a primeras Vane se hincó de rodillas frente a los jugadores, sacó sus pollas: más de 20 cm cada una, gruesas como muñecas, venas abultadas palpitando como raíces vivas, glande morado hinchado y brillante de precum. El olor a macho puro llenó la habitación: sudor salado de la noche, piel caliente que hacía agua la boca de Vane. Ella las masturbó al unísono, besando las uretras con devoción, lamiendo el sabor salado a orina que aún quedaba en las puntas, gotas transparentes resbalando por su lengua.
Alex estaba hipnotizado, la polla le dolía de lo dura que estaba dentro de los vaqueros, pero no se atrevió a tocarse. La escena era digna de una película porno hardcore.
Vane sin dejar de masturbar a uno de los gemelos engullía la polla del otro tragándosela hasta los cojones, y una vez así trataba de masajear las pelotas del macho sacando la lengua para lamerlas, el sonido gorgoteante de arcadas controladas llenando el ático. Tragaba aquellos mástiles sin esfuerzo, lo que generaba una mezcla de morbo, admiración y envidia en Alex: nunca sería capaz de servir tan exagerada ración de masculinidad a Vane, y estaba claro que para ella el tamaño importaba, era determinante. Vane levantó la vista hacia Alex mientras chupaba: "Mira, cielo... esto es una polla de verdad. No tu cosita que cabe en una mano".
Vane se desenvolvió con los gemelos como si no hubiera público alguno, o mejor dicho como si el público no estuviera compuesto únicamente por su novio. Sin vergüenza ni pudor alguno estuvo un buen rato dando buena cuenta de ambos pollones para después lanzarse a por los culos de los jugadores con un hambre digna de mejor manjar. Alex pudo ver bien cómo Vane lamía el ano de Joao primero: círculos con la lengua plana, empujones como un ariete, mientras lo masturbaba con la mano, dedo índice metido profundo y girando para masajear la próstata. "Que cu bom, zorrita", gruñó Joao, empujando hacia atrás para enterrar la cara de Vane entre sus nalgas sudorosas. Entre gruñidos de satisfacción y sonidos de lengua lamiendo y saliva chorreando por la barbilla de Vane, Joao no dudó en proferir obscenidades sin cuento en portugués, aderezadas con más de una puya al cornudo: "Mira como tu puta blanca come mi culo negro, cornudo" fue la que más repitió, mirando directamente a Alex con desprecio.
Vane luego pasó a Luandinho: metió la lengua profunda, insertó un dedo y lo movió en vaivenes, chupando los cojones peludos mientras el gemelo gemía en portugués soez: "Fode-me o cu, sua puta branca". Vane sacó el dedo con cierto tono marrón y lo chupó, sonriendo a Alex: "Mira, cielo, esto es lo que me gusta. No tu cosita flaca. Sabor a macho de verdad, terroso y salado, como el sudor de un partido".
La batería de prácticas duras empezó entonces, una hora interminable de dominación sincronizada. Joao tumbó a Vane en el sofá en misionero, metiéndole la polla en el coño de un empujón lento que aceleró a ritmo brutal, profundo hasta el fondo, el sonido chapoteante de carne contra carne llenando la habitación. Vane gritó de placer, corriéndose dos veces mientras Luandinho le follaba la boca, venciendo su reflejo nauseoso para que tragara toda la verga, saliva espesa resbalando por su barbilla y cuello.
"¡Me estás partiendo, cabrón!", gemía Vane, uñas clavándose en la espalda de Joao, dejando surcos rojos en la piel oscura.
Luandinho sacó la polla de su boca y la golpeó en su cara: "Chupa, puta... saborea mi sabor africano". Lo que aprovechó Joao para cambiar de postura sentándose en la cama y agarrando a Vane por las caderas hizo que esta se sentase sobre él, polla insertada en el coño y mirando hacia Alex. La choni subía y bajaba freneticamente con aquella lanza de carne negra metida en su interior, sus firmes tetas bamboleandose violentamente, pezones duros como piedras. Luandinho se unió, metiendo la polla en su boca mientras le pellizcaba los pezones con fuerza, tirando hasta hacerla gritar de dolor mezclado con placer: "¡Sí, cabrones... me hacéis daño y me encanta!". Joao eyaculó dentro del coño, rellenándolo hasta que brotaba lefa espesa por los lados, chorros blancos resbalando por los huevos del gemelo. Vane se levantó, coño chorreando, y quiso hacer que Joao le comiera el coño lleno de su propio semen mezclado con jugos de Vane: "No, puta... eso es para el cornudo", corrigió Joao, riendo.
Sin descanso, Luandinho cogió a Vane y la puso boca arriba, culo al cielo, pasando a caer como un martillo pilón en su ano, pollón grueso estirando el esfínter con sonidos de succión húmeda. "¡Rómpeme el ojete, negro!", gritaba Vane, corriéndose analmente mientras ahora era Joao quien le follaba la garganta, pollón curvado raspando su paladar. Tener aquel rabazo invadiendo su boca y garganta, junto con la presión de Luandinho en su cuello controlando su respiración era un nivel más en la dureza de la follada, con esa asfixia ligera aumentando el nivel de placer de la choni, y para colmo Luandinho le daba guantazos en las tetas: "Grita, snowbunny... tu cornudo blanco ve cómo te usamos".
Alex veía todo aquello con ojos como platos, la pollita dura como pocas veces antes y reprimiendo con todas sus fuerzas el impulso de masturbarse, cachondo como estaba.
Luandinho preñó de semen el culo de la choni, quien justo al sentir la oleada de líquido caliente y pastoso empezó a gritar nuevamente de placer, arrollada por un nuevo orgasmo, en este caso anal.
Si Alex albergaba alguna esperanza de que la cosa terminase en ese momento pronto vio que era una expectativa vana. Apenas había sacado Luandinho su pollon del ano de la choni esta se lanzó a chuparlo, sin mostrar el menor reparo por las condiciones en las que emergio de su recto. Lo lamio profusamente, engullendolo hasta los cojones, hasta que recuperó la firmeza perdida tras la eyaculación, dejándolo totalmente limpio y reluciente en el proceso.
Luandinho se tumbó en la cama, Vane se subió a horcajadas sobre el y sin duda alguna se empaló vaginalmente, soltando un suspiro cuando tuvo aquel poste encajado a tope en su vagina. A continuación Joao se encaramó en la cama, colocándose detrás de Vane y le metió con un movimiento decidido la polla en el culo. Los gemelos se sincronizaron rapidamente, uno en coño y otro en ano, frotándose dentro de ella, venas raspando paredes internas hasta que Vane entró en trance, ojos en blanco, babeando. "¡Me vais a destrozar los agujeros!", aulló mientras los orgasmos encadenados hacian que su cuerpo temblara incontrolablemente.
Los gemelos no se detuvieron por el trance orgasmico de la españolita, siguieron dándole duro hasta que para ellos se hizo inevitable el orgasmo. Con el último atisbo de control cambiaron su posición colocando frente a la cara de la choni sus pollones. Se corrieron en su cara, chorros espesos cubriendo ojos, boca y pelo, Vane lamiendo lo que podía: "Te quiero, Alex... mira lo que me hacen tus jugadores favoritos".
En aquel momento Alex pensó que finalmente había terminado todo, cogiéndole totalmente desprevenido cuando los gemelos, mientras Vane seguía arrodillada sobre la cama empezaron a mear a la jovencita. Vane abrió la boca y tragó los chorros sincronizados de ambos, sin desperdiciar una gota, lamiendo lo que caía en el suelo. "Bebe, puta blanca", dijo Joao, orinando directamente en la cara de Vane, el chorro caliente resbalando por su cuerpo.
Alex no podía apartar la vista, hipnotizado por el espectáculo de brutalidad y placer. Su polla palpitaba dolorosamente, goteando precum en los calzoncillos, pero obedeció: manos quietas, solo mirando cómo el coño y el culo de Vane aun rezumaban la lefa de las primeras corridas de los angoleños, el exceso de lefa brotando como un río.
Finalmente, exhaustos pero satisfechos, los gemelos se fueron a la ducha juntos, riendo y comentando en portugués lo "puta" que era Vane. Ella se tumbó en el sofá, abierta de piernas, el coño y la boca chorreando. Miró a Alex con ojos vidriosos: "Ven, cornudito. Limpia todo. Y dime que me quieres mientras lo haces". Alex se arrodilló, hundiendo la lengua en su coño dilatado, lamiendo la mezcla de lefa y jugos, luego en su boca para besar el regusto a meada.
"Te quiero, Vane... Eres mi novia perfecta", susurró entre lametones, mientras ella le acariciaba el pelo: "Sí, mi amor. Por eso te dejo ver. Eres tan patético y leal... Mañana te invito a desayunar, como una parejita normal".
Alex siguió limpiando, resignado y excitado, sabiendo que su mano no tocaría su polla hasta llegar a casa solo.
Al llegar a su habitación, Alex se desnudó frente al espejo: cara roja, labios hinchados por besos con sabor ajeno, polla pequeña tiesa pero frustrada, ropa interior manchada de precum. Se masturbó mirando fotos de los gemelos en el móvil, corriéndose en segundos con un gemido ahogado: "Te quiero, Vane... soy tu cornudito perfecto". Pero mientras limpiaba su semen del suelo, una duda nueva lo asaltó: "¿Y si algún día quiere que participe? ¿O que me follen a mí?". La idea lo aterrorizó... y lo excitó más que nunca.
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