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Mi primera vez - Capítulo 1

Marisol nunca había estado con un chico, pero Enrique la miraba con una intensidad que la dejaba sin aliento. En la oscuridad de su habitación, la virginidad se desvaneció entre besos y gemidos, dejando paso a un mundo de placer desconocido. Ahora, con el cuerpo aún temblando, debe enfrentar la verdad: su madre lo sabrá, y no será fácil.

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Volvía de la casa de una amiga y caminaba hacia mi casa cuando de repente alguien me habló "Hola", dijo una voz masculina, suave pero decidida.

Me giré para ver quién era y dije: "Ehhm, hola". No conocía a este chico. Estimé que era unos años mayor que yo. Le eché unos 20 a 25.

"¿Nos conocemos?", le pregunté.

"No, creo que aún no", contestó.

"¿Por qué, aún?", pregunté.

"Porque me gustaría conocerte. Te he visto pasar por aquí muchas veces y realmente me pareces muy bonita, y pensé que quizá podría conocerte alguna vez. ¿Como te llamas?", dijo bastante tranquilo.

Él era bastante guapo y, después de pensar un rato, le contesté "Marisol. ¿Y tú?".

El titubeó, pero al final dijo: "Yo... ehhm... yo soy... ehhhm... Enrique".

"Parece que eres algo tímido", dije rápidamente.

"Sí, a veces…, sobre todo cuando se trata de chicas", dijo él con una sonrisa en el rostro. "¿Te gustaría… que nos conociéramos… algo más?

"Llámame y veremos. Ahora tengo que ir a casa", dije dándole mi número.

Nada más llegar a casa recibí un mensaje. > Gracias por darme una oportunidad. Mañana te llamo <.

Al día siguiente me llamó y quedamos.

Pasaron semanas y nos veíamos a menudo, pero sin roce ninguno. Un sábado por la tarde le conté a mi amiga Vanesa de Enrique y de lo que quería hacer: „Es encantador y me gusta mucho. Es guapo y tiene buen físico…".

Vanesa, con una mirada perdida, me preguntó "¿Pero estás realmente segura de eso?"

Yo estaba con mi mente en otro sitio y no percibí lo que me estaba diciendo.

"Ehhh!! ¿Me estás escuchando??!!?" me preguntó un poco molesta y agitando las manos delante de mi cara.

"Oh…. ehhm... Lo siento, pero me estaba imaginando cómo sería estar con él, cómo sería estar en la cama con él, cómo me besaría y cómo empezaríamos a desnudarnos y cómo sería...".

"¿Has tomado algo? ¡O te has dado un golpe en la cabeza..! ¡Nunca has estado con un chico! ¿Y ahora quieres ya acostarte con él, con el primero? Además, ¡aún no sabes nada de él… no sabes la edad que tiene, no sabes dónde vive, no sabes a qué se dedica!".

Seguimos discutiendo un rato más, nos despedimos y yo me puse de camino a casa. No habían pasado cinco minutos cuando de repente Enrique apareció frente a mí... Me miró profundamente a los ojos, y vi algo nuevo en ellos, como si quisiera hacer algo nuevo. Dio un paso adelante, me abrazó y, sin decir nada, me besó. Rápidamente aparté la cabeza y lo miré aturdida.

"Perdona, me gustas mucho y tenía ganas de besarte, perdona si me pasé", me dijo con mucha valentía y cariño.

"¿Lo dices en serio? ¿De verdad te gusto?”, dije temblorosa. "Enrique, tú también me gustas... Quisiera saber más de ti. Qué edad tienes, dónde vives, qué haces…"

"Eso es fácil de solucionar", dijo, "tengo 23 años, trabajo de programador y, si quieres, puedo mostrarte dónde vivo ahora mismo. Solo si quieres".

Como tenía bastante tiempo, asentí. Fuimos al estacionamiento a coger su coche.

En el coche sentí algo de miedo… No sabía hacia dónde íbamos… ni lo que podía pasar.

Finalmente, llegamos a su casa. Era una casa no muy grande, pero linda. Dos habitaciones, sala, cocina y cuarto de baño. Nos sentamos en el sofá y hablamos de todo, totalmente abiertos.

"¿Marisol?"

"¿Sí?"

"¿Alguna vez has besado a un chico?"

"No. Tú fuiste el primero".

"¿Alguna vez tuviste novio?"

"No, nunca".

"¿Puedo besarte otra vez...?". Lo miré, sonreí y él me besó de nuevo.

¡Estaba enamorada! Lo tenía claro. Nos sentamos allí. Brazo con brazo. Permaneciendo en un largo beso apasionado. ¡Era perfecto! Estaba a solas con él. Me acurruqué en sus brazos.

Así pasamos durante un rato. Nos mirábamos a los ojos y nos besábamos una y otra vez.

De repente me hizo una pregunta que no esperaba en ese momento. "¿Alguna vez has pensado en tener sexo con un chico?"

"Sí, claro. Es una cosa normal", respondí.

"¿Y lo harías?", siguió preguntando.

"Sí, con el chico con el que quiero pasar el resto de mi vida", le respondí. Yo veía dónde iba esto y me estaba gustando.

"¿De hecho, tomas la píldora?" Otra pregunta.

"Sí, empecé a tomarla hace medio año por si alguna vez llegaba el momento", volví a responder.

Pasaron unos minutos cuando dijo: "¡Marisol, me gustaría ser tu primer chico! Pero quiero que sepas que nunca te obligaré a tener sexo. Solo debe pasar si tú quieres".

"Enrique, ¿tú alguna vez has tenido sexo?", le pregunté.

"Sí, no te voy a mentir. A mi edad es normal haber tenido sexo", respondió.

"Está bien. Gracias por ser honesto. Te quiero", le dije tiernamente.

"Yo también a ti". Nos besamos como si fuera la última vez.

"¿Enrique?".

"¿Sí?".

"Quiero que seas el primero…".

"¿Yo el primero? ¿De verdad quieres eso? ¿Ahora conmigo? ¿Aquí en mi cama?".

"Sí, quiero que seas tú. Quiero que seas el primero con quien tenga sexo... ¿Tú también lo quieres?".

"Síiiii. ¿Pero de verdad estás segura? No quiero que hagas algo que luego lo sientas".

"De verdad que quiero, aquí y ahora".

Me tomó en sus brazos y me llevó a la habitación. Nos sentamos en la cama y me besó. Mi mano fue por debajo de su camiseta. Enrique me besó el cuello y su mano se deslizó lentamente bajo mi camiseta, y finalmente la metió bajo mi sujetador. Me acarició los pechos con vacilación. Le sonreí y nos quitamos las camisetas.

Después nos quitamos los pantalones uno al otro. Ahora estábamos tumbados allí, solo en ropa interior.

Me miró y me besó. Creía que nuestras lenguas ya no podían separarse. Cuando nuestras lenguas se separaron, me quitó el sujetador y luego las bragas.

"¡Ahora te toca a ti!", me dijo sonriendo.

Baje su bóxer, que estaba bastante abultado, lentamente. Su pene excitado saltó hacia la libertad. Una vez que se lo quité, cogí mi mano y todo mi valor y empecé a jugar con él. Poco a poco, mi mano se deslizó arriba y abajo. Con el tiempo, aceleré el ritmo. Enrique gimió de emoción.

Sus manos empezaron a acariciar mi coño casi sin vello. También gemía de emoción. Sentí cómo penetraba suavemente mi coño con un dedo mientras con otro me acariciaba el clítoris.

Gemía cada vez más fuerte al compás de su dedo deslizándose por mi coño. Lo hacía cada vez más rápido.

"Ahhh, sí, sí, uhh, sí, más rápido, sí, ahh, tan rápido como puedas, sí, mhh, ah, uh!". Mis gemidos se elevaban. No tardé mucho y tuve mi primer orgasmo no producido por mis propias manos, gimiendo fuerte: "Sí. Ahhhhhhhhh. Uhhhh. ¡Señor…! ¡Te quiero, Enrique! Gracias". Lentamente sacó el dedo, quedando una gran mancha húmeda en la sábana.

"¡Ahora tú!", me dijo. Yo empecé a masturbarle y a chuparte su pene. Enrique empezó a gemir hacia su orgasmo. "Marisol, sí… sigue así, no podré ¡Siiiiiiiii". En ese momento Enrique echó su esperma en mis manos y en mi cara. Me miró agotado mientras yo me lamía el semen de los labios y me frotaba el coño. Era una sensación extraña…

Estuvimos durante un rato abrazados y besándonos. Después de un tiempo, Enrique empezó a besarme el cuello y a bajar hacia abajo por mi cuerpo.

Llego a los pechos, los beso y chupo mis pezones, duros como garbanzos. Siguió hacia abajo.

Pasando por mi ombligo y llego a mi monte Venus. Yo temblaba de gusto.

Llegó con su lengua a mi vagina y la empezó a lamer. ¡Dioooooo… nunca había sentido algo igual! Cuando llegaba a mi clítoris, mi cuerpo se encogía. Me llevó a un orgasmo que nunca había sentido así. El primero fue increíble, pero este fue algo sin explicación… gigantesco.

Mientras yo seguía temblando, Enrique me besó, puso su pene delante de mi vagina y me preguntó “¿Estás segura de que quieres esto?".

"Sí, lo quiero", le dije, "ahora más que antes", y lo besé.

Poco a poco me empezó a penetrar hasta que encontró resistencia. Se meneó de adelante a atrás despacio para que me acostumbrara a su pene. Cuando más me estaba agitando, se retiró, para luego romper mi himen con un empujón.

Dolió. Una lágrima me corrió por la cara. Enrique me la secó con su lengua y sonriendo me dijo: "Te quiero" y me besó. Se mantuvo tranquilo, sin menearse, para que pudiera habituar a mi pene.

Después de un tiempo, poco a poco empezó a moverse. Fue una sensación increíblemente agradable. Sus embestidas se aceleraban cada vez más. Gemí; solo era excitación, ya estaba gimiendo despacio hacia un nuevo orgasmo.

Enrique se detuvo de repente. Sacó lentamente su pene de mí y se tumbó. "Siéntate sobre mí, te gustará", me dijo. Así que me senté encima de él. Enrique volvió a meter su pene lentamente en mi vagina.

"Cabalga, tú decides la velocidad y la profundidad, no puedes hacer nada mal". Así que empecé a cabalgar. Al principio poco a poco, luego fui yendo cada vez más rápido.

Enrique gimió: "Sí, sí, sí, sigue así, eh, sí, mhh, ahh, sí". Enrique volvió a tomar la delantera y cuando yo bajaba, él subía sus caderas para investir más fuerte.

"Ahhh, sí, Enrique, me viene, ¡sí! Aahhhhhhh". Mi tercer orgasmo llegó con una intensidad tremenda. Caí hacia adelante y Enrique redujo la velocidad y dejó de moverse.

"¿Qué pasa?", le pregunté.

"Ya has tenido tu clímax, probablemente estés agotada", dijo.

"Yo quiero que tú también quedes satisfecho; a ti aún no te vino", le respondí.

"¿Así que quieres continuar?", me pregunto.

"Sí", dije, me enderecé de nuevo y empezamos a movernos al mismo compás.

Fuimos cada vez más rápido y él empezó a gemir. "Ahh, sí, mhh, sí, uhhja". De nuevo aceleró y sus embestidas se hicieron más fuertes. "¡Jaaaaa, sííííí, me viene! "Con estas palabras inyecto todo su esperma en mi vagina. Fue una sensación genial sentir su esperma llenarme. Exhaustos, nos tumbamos uno al lado del otro.

Era simplemente lindo. Ahora estábamos tumbados allí, solo que distinto; había perdido mi inocencia.

Después me di cuenta de que se había hecho algo tarde y Enrique me dijo: "Quédate esta noche aquí, dile a tu mamá que te quedas a dormir en casa de una amiga”.

Lo miré y escribí a mi mamá: >Mami, me quedo a dormir donde Enrique; mañana estaré para comer<. En el momento que mandé el mensaje, me di cuenta de que había puesto Enrique en vez de Vanesa.

Un segundo después sonó mi teléfono. "Marisol, ¿quién es Enrique? Dímelo ahora mismo."

“Mamá, es alguien que conocí y nos amamos”, respondí.

"Marisol, él solo quiere acostarse contigo. "¿Qué edad tiene?", me preguntó enfadada.

"Tiene 23”, le respondí.

"Marisol, no tengas sexo con él, es mayor que tú".

"Siento decirte que es tarde, mamá”.

"¡No me digas que tuvisteis sexo con él!". Chilló al teléfono.

"Sí", contesté y colgué.

Un minuto después llegó un mensaje. >Perdona, no quería enfadarme; trae a Enrique mañana a tomar café para poder conocerlo.

Final capitulo - 1