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Interracialmar 2026

Choni y snowbunny (19) - Tarde de compras

Alex siempre creyó que su heterosexualidad era innegociable, hasta que Vane lo llevó al gloryhole. Allí, la culpa se disuelve en el sabor salado del semen ajeno, y la frustración de su propia impotencia se transforma en un orgullo eufórico. Ya no es el cornudo inútil; es el que hace correr a los machos. Y esta noche, solo ha sido el comienzo.

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Alex llegó a su casa pasadas las doce de la noche, con la ropa arrugada y el sabor fantasma de saliva mezclada con pre-semen aún pegado al paladar como una película espesa y salada que ya empezaba a resultarle familiar, casi reconfortante. Sus padres ya dormían; el salón estaba a oscuras, solo el parpadeo azul del reloj del microondas iluminaba la cocina. Cerró la puerta con cuidado, como si el más mínimo clic pudiera despertar no solo a sus padres, sino también a la última fibra de heterosexualidad que aún se resistía a desaparecer del todo.

Se metió en el baño sin encender la luz. Aun envuelto en la penumbra el espejo sobre el lavabo le devolvió una imagen que le revolvió el estómago y le endureció la pollita al mismo tiempo: labios hinchados y brillantes de tanto succionar, barbilla y cuello cubiertos de una costra pegajosa de saliva y semen ajeno que brillaba bajo la luz tenue del extractor, ojos enrojecidos por las arcadas y las lágrimas involuntarias. Se lavó la boca tres veces con enjuague bucal mentolado, pero el gusto persistía: almizclado, ligeramente amargo, con ese toque metálico del fondo de garganta que empezaba a gustarle demasiado, que ya no le repugnaba del todo. Se sentó en el borde de la bañera, abrazándose las rodillas, y el recuerdo lo golpeó como un puñetazo.

«Soy hetero. Siempre lo he sido. ¿Qué coño acabo de hacer?».

Pensó en su padre roncando al lado, en su madre preguntándole por Vane con esa sonrisa que al principio pensó era inocente y que cada día que pasaba veía cada vez más como una farsa. Pensó en todas las veces que había intentado follar con Vane y había durado menos de un minuto, eyaculando prematuramente mientras ella le lanzaba dardos envenenados que hasta no hacía mucho no había sido capaz de identificar, mientras le acariciaba la cabeza con una mezcla de cariño y crueldad. Pensó en los meses enteros que llevaba limpiándole el coño lleno de semen de otros, tragando creampies calientes y espesos mientras ella gemía “así, cornudito, limpia bien, traga todo lo que te han dejado dentro”. Y sin embargo, debajo de la culpa ardía un morbo viscoso, imparable, que cada vez ganaba más terreno. Se había corrido sin tocarse. Dos veces. Solo con el roce de lenguas y el sabor salado bajando por su garganta.

Se bajó los pantalones allí mismo, en la oscuridad. La mano temblaba. No tardó ni cuarenta segundos. Se corrió pensando en cómo Odartey le había follado la boca mientras Vane se apartaba sonriendo, en cómo había tragado el primer chorro espeso directamente al estómago. El orgasmo fue tan violento que tuvo que hacer serios esfuerzos para no gemir. Cuando terminó, se quedó jadeando con la frente contra la pared fría, todavía luchando contra la voz interior que le decía que aquello estaba mal.

«Quiero repetir… pero no debería quererlo».

A la mañana siguiente, mientras desayunaba en silencio con sus padres, Vane le escribió:

- Buenos días, cornudito 😈 ¿Cómo amaneció mi lubricador favorito? Hoy mis viejos curran todo el día. Ven a buscarme a las 6. Te llevo a un sitio especial. Vas a comprarme cositas de puta de negros. No acepto un no.

Alex respondió con un simple «Vale». Su madre le tocó la frente:

—¿Tienes fiebre, cariño? Estás rojo.

Él mintió. En realidad estaba duro solo de leer el mensaje, pero todavía sentía un nudo de frustración y culpa en el pecho, ese peso familiar de saber que su pollita nunca había sido suficiente.

A las seis en punto aparcó su coche frente al bloque de Vane. Ella salió con un vestidito negro ceñido, medias de rejilla negras y tacones que resonaban como promesas sucias sobre la acera. Se subió, le dio un beso rápido en la mejilla y le puso la mano directamente en el paquete, apretando con posesión.

—Vamos al sex-shop grande de las afueras. Quiero lencería snowbunny de verdad. Y la vas a pagar tú, pollita - no es que Vane estuviera escasa de material, pero nunca estaba de mas aumentar la colección.

El trayecto fue un suplicio delicioso. Vane mandaba audios y fotos a sus contactos negros, riéndose sola con esa risa ronca que tanto le ponía. Alex conducía con las manos blancas de apretar el volante y la pollita latiendo contra los vaqueros, debatiéndose todavía entre la excitación y el remordimiento que se negaba a desaparecer del todo.

El local, ubicado en las afueras, entre un poligono industrial y un barrio inundado de inmigrantes, se llamaba “Placer sin Límites”. Olía a látex, lubricante de fresa barata y semen seco acumulado en las esquinas. Vane lo conocía bien y sabía que no se preocupaban por comprobar la edad de sus clientes. La choni arrastró a Alex directamente a la sección de lencería, sus tacones resonando con autoridad entre los pasillos.

—Mira esto —cogió un tanga blanco con “Queen of Spades” bordado en negro y un as de picas enorme—. Para mí. Este body abierto de encaje rojo con “BBC Only” en el coño. Y este conjunto negro con ligueros y el símbolo en el culo. Todo. Vas a pagar como el buen cornudito que eres.

Alex pagó con tarjeta, rojo hasta las orejas, mientras la cajera tatuada le sonreía con complicidad, como si supiera exactamente qué tipo de pareja eran. Vane le susurró al oído, mordiéndole el lóbulo:

—Buen chico. Ahora ven… te tengo una sorpresa de verdad que te va a dejar sin aliento.

Lo llevó de la mano al pasillo de las cabinas y entraron en un cuarto que estaba al fondo. El cuarto, escasamente iluminado, con paredes negras y varios agujeros iluminados en rojo tenue en ellas, el suelo pegajoso, con un olor persistente a desinfectante y a semen añejo. Vane hizo que Alex entrase antes de que su mente pudiera procesar que se encontraban en un gloryhole.

—Arrodíllate. Como anoche con Odartey.

Se arrodillaron juntos y la primera polla no tardó en aparecer: negra, gruesa, venosa, glande ancho goteando pre-semen transparente y brillante. Vane la tomó con confianza, la lamió despacio saboreando el sabor salado, luego la giró hacia Alex.

—Juntos, juguemos juntos - dijo Vane.

Sus lenguas se encontraron alrededor del tronco. Vane lamía la vena gruesa desde abajo con pericia, Alex atacaba el glande desde el otro lado con torpeza todavía mezclada de deseo. Saliva mezclada chorreando en hilos brillantes que caían al suelo. Se besaban con la polla en medio, lenguas enredadas sobre la punta hinchada. Alex sintió cómo su propia pollita palpitaba dolorosamente sin tocarla. Vane gemía contra la carne:

—Así… lame conmigo, cornudito… moja bien este pollón…

En un momento que Alex no llegó a apreciar, sin una palabra, sin un susurro, sin ni siquiera un roce de despedida, Vane se levantó en silencio. Abrió la puerta de la cabina apenas unos centímetros y se escabulló al pasillo, desapareciendo como un fantasma en la penumbra roja. Alex, con los ojos cerrados y la boca llena hasta el fondo, ni siquiera se dio cuenta. Siguió lamiendo, succionando, todavía con un eco de duda en la cabeza: «¿Qué estoy haciendo? Esto no soy yo… ¿o sí?».

Al otro lado del pasillo, Vane entró en una cabina junto al gloryhole. Malik la esperaba: alto, ébano oscuro, músculos marcados y brillantes de sudor, polla ya dura y gruesa bajo los pantalones deportivos. No hablaron. Ella se arrodilló en un segundo, le bajó la cremallera con dedos hábiles y lo chupó rápido y profundo para ponerlo a punto, saboreando el pre-semen salado. Luego se levantó, se subió el vestidito negro hasta la cintura, se bajó las bragas hasta los tobillos y se inclinó contra la pared fría, ofreciéndole primero el coño ya empapado y palpitante.

Alex seguía arrodillado frente al agujero. La polla gruesa empujó más profundo. Él abrió la garganta, tragó hasta que el glande le tocó la campanilla y sintió las primeras arcadas fuertes, violentas, que le llenaron los ojos de lágrimas. Succionaba con hambre creciente, lengua presionando la parte inferior del fuste, saliva chorreando por su barbilla mientras tragaba el pre-semen espeso y viscoso. Y entonces, cuando el macho gruñó y le llenó la boca con el primer chorro caliente y espeso, algo se rompió dentro de él. Tragó todo con avidez, sintiendo cómo el semen bajaba por su esófago en pulsos pesados, y por primera vez en su vida sintió una validación real, profunda, que le llenaba el pecho. «Lo he hecho. Le he hecho correrse. Con mi boca. No con mi pollita que nunca dura, no fallando como siempre… con mi boca sí puedo dar placer de verdad».

Malik levantó una pierna de Vane contra la pared y la penetró vaginalmente de un empujón brutal, abriéndola al máximo. Vane mordió su propio antebrazo para ahogar el grito de placer y dolor mezclado. La polla negra la dilató por completo, llenándola hasta el fondo, y los primeros embates fueron lentos y profundos, carne contra carne resonando amortiguada por la música del local.

La polla en el gloryhole se retiró un segundo y otra apareció: más larga, ligeramente curvada, venas marcadas latiendo e igualmente negra. Alex la tomó con una nueva urgencia, extinguidas las dudas que hasta minutos antes habian asaltado la mente de Alex. Abrió la boca al máximo, succionó el glande hinchado con placer genuino, recorrió cada vena con la lengua plana y tragó hasta el fondo, sintiendo cómo la curva le presionaba la garganta. Arcadas controladas, lágrimas, pero ahora eran lágrimas de excitación y orgullo. Cuando esa segunda polla palpitó y le descargó chorros calientes y abundantes directamente al fondo de la garganta, Alex tragó con una sonrisa alrededor del tronco. «Otra vez. Otra corrida que yo provoqué. Soy capaz. Soy bueno en esto». La frustración de ser el cornudo inútil, el que solo limpia y nunca folla bien, se evaporaba con cada trago espeso.

Malik aceleró el ritmo dentro de Vane. Agarró a Vane por las caderas y empezó a follarla con fuerza, embestidas profundas y rápidas que hacían que sus tetas rebotaran contra la pared. Vane gemía bajito, uñas clavadas en el yeso, los jugos de la choni chorreando por sus muslos. «Más fuerte… rómpeme…», suplicó entre dientes, el placer subiendo en oleadas.

Alex sintió cómo la tercera polla —extremadamente gruesa, casi imposible— entraba con dificultad. Abrió la mandíbula al límite, succionando con toda el alma, lengua presionando la base, y cuando el macho se corrió en pulsos abundantes que le llenaron la boca hasta rebosar, parte le cayó por la barbilla, Alex sintió una oleada de orgullo casi eufórico. «Tres. Tres machos que se han corrido por mí. Mi boca funciona. Mi lengua funciona. Soy un éxito como comepollas». La labor de comecoños y limpiador de creampies de Vane ahora se completaba con esto: comepollas exitoso. Por fin algo en lo que destacaba de verdad.

Malik levantó aun mas la pierna a Vane y la folló como un animal, embestidas brutales que la hacían gritar contra su propio brazo. El sudor les corría por la piel oscura. Él gruñó y se corrió dentro de ella: chorros abundantes, calientes, llenándola hasta rebosar. Vane tembló en un orgasmo violento, coño contrayéndose alrededor de la polla negra, chorros de squirt cayendo al suelo.

Pero Malik no había terminado. Sacó la polla chorreante de su coño, la colocó contra su ano apretado y empujó lentamente al principio, abriéndola centímetro a centímetro. Vane soltó un gemido ahogado de dolor placentero, el esfínter cediendo poco a poco hasta que la polla negra entró hasta la mitad. Malik empezó a follarla anal con movimientos profundos y controlados, el culo de Vane tragándose cada centímetro, el sonido húmedo y obsceno resonando en la cabina.

Alex seguía mamando sin pausa. La cuarta polla era corta pero pesada, con huevos grandes y sudados que colgaban pesados. Los chupó uno a uno con devoción absoluta, lamiendo el perineo salado y arrugado, metiendo la lengua entre ellos, luego engulló el mastil hasta que el macho gruñó y le llenó la garganta otra vez. Cuatro corridas. Cuatro validaciones. La frustración previa se había convertido en una especie de liberación: «Ya no soy el que falla. Soy el que hace correr. Soy útil. Soy deseado para esto».

Malik aceleró en el culo de Vane. Ahora la follaba con embestidas más brutales, sacando casi todo el tronco y volviendo a clavárselo hasta el fondo, las nalgas de Vane temblando con cada impacto. Vane mordía el antebrazo con más fuerza, lágrimas de placer en los ojos, el dolor inicial convertido en un fuego ardiente que le subía por la columna. «Sí… rómpeme el culo… lléname el intestino…», jadeaba en susurros rotos.

La quinta polla negra apareció por el agujero: venosa, extremadamente gruesa en la base pero con un glande puntiagudo que facilitaba la entrada. Alex la miró un segundo con los ojos brillantes de lujuria y orgullo. Ya no quedaba rastro de duda. Abrió la boca al máximo posible, sintiendo cómo la mandíbula le crujía, y succionó el glande con fuerza, girando la lengua alrededor de la corona sensible mientras sus manos subían para acariciar los huevos pesados y peludos. La polla empujó, follándole la garganta con ritmo lento pero implacable. Alex tragaba saliva abundantemente para lubricar, arcadas profundas que le hacían llorar pero que ya no le detenían; al contrario, las disfrutaba porque sabía que su garganta apretada estaba dando placer real. Recorrió cada vena gruesa con la punta de la lengua, presionando la parte inferior del eje donde sabía que más sensible era, succionando con fuerza cuando el macho se retiraba. El sabor era más intenso que los anteriores: más almizclado, más salado, con un toque a sudor masculino que le llenaba la nariz. Cuando la polla empezó a palpitar, Alex no se apartó; al contrario, empujó la cabeza hacia delante para que el glande le entrara hasta el fondo del esófago y recibió los chorros directamente en el estómago. Cinco pulsos fuertes, espesos, calientes. Tragó todo sin derramar ni una gota, tosiendo al final pero con una sonrisa de triunfo alrededor de la verga que aún latía.

«Cinco. Cinco machos que se han corrido gracias a mí. Mi boca es mejor que cualquier coño. Mi pollita nunca logró esto. Soy un éxito. Soy el mamón perfecto».

Malik estaba follando el culo de Vane con furia animal. La tenía agarrada por la cintura con las dos manos, levantándola casi del suelo con cada embestida. El ano de Vane estaba rojo e hinchado, tragándose la polla negra completa una y otra vez. El sonido era obsceno: carne húmeda golpeando, el chapoteo del sudor y los fluidos. Vane ya no mordía el brazo; gemía abiertamente, aunque bajo, el placer anal dominándolo todo. Malik gruñó, aceleró aún más y se corrió dentro de su intestino: chorros potentes, calientes, llenándola por dentro hasta que Vane sintió cómo el semen le rebosaba y empezaba a chorrear por sus muslos.

Vane tuvo un segundo orgasmo, más intenso, su cuerpo convulsionando, squirt saliendo de su coño vacío mientras el culo se contraía alrededor de la polla negra.

Alex no había parado de mamar. La sexta polla era larga, delgada pero con un glande enorme y bulboso que le costó meter al principio. Alex la tomó con auténtica devoción ciega, ya completamente entregado. Abrió la boca todo lo que pudo, sintiendo cómo los labios se estiraban alrededor de ese glande hinchado, y empezó a succionar con ritmo propio, moviendo la cabeza adelante y atrás mientras la lengua lamía la parte inferior del eje. La polla entró profunda, tocándole la campanilla una y otra vez; Alex controlaba las arcadas respirando por la nariz, tragando saliva en abundancia para que todo fuera resbaladizo y perfecto. Chupaba los huevos cuando la verga se retiraba, metiéndoselos en la boca uno a uno, saboreando el sudor salado y el olor masculino fuerte que le subía por la nariz. Luego volvía al tronco, lamiendo cada vena, succionando con fuerza en la cabeza, girando la lengua en la uretra para recoger cada gota de pre-semen. El macho empezó a follarle la boca con más fuerza, empujando hasta que la nariz de Alex tocaba la pared. Alex gemía alrededor de la verga, vibrando el placer directamente en el pollon. Su propia pollita latía dolorosamente dentro de los pantalones, empapados ya de varios orgasmos hands-free que ni siquiera había notado. Cuando la sexta corrida llegó, fue abundante y prolongada: chorros interminables que le llenaron la boca hasta rebosar, parte cayéndole por la barbilla y el cuello, pero Alex tragó lo que pudo con avidez, saboreando cada pulsación. «Seis. Seis machos. Seis corridas provocadas por mí. Soy el mejor. Mi boca es un éxito total. Ya no soy el perdedor de la pollita inútil. Soy el mamón de pollas negras que Vane siempre quiso».

Malik sacó la polla chorreante del culo de Vane, la giró y la obligó a arrodillarse. Ella lo limpió con la boca sin protestar, saboreando su propio culo y el semen mezclado, lamiendo cada centímetro con devoción mientras él le acariciaba el pelo con posesión. Vane se recompuso el vestido, se limpió el coño y el culo con una toallita rápida, sintiendo cómo el semen de Malik le chorreaba por los muslos, y volvió en silencio al pasillo.

Vane abrió la puerta del gloryhole y se encontró con Alex que estaba destrozado de placer: cara y barbilla cubiertas de semen de seis desconocidos, ojos brillantes de lujuria y orgullo, respiración entrecortada, rodillas rojas e hinchadas, polla dura dentro de los pantalones empapados. Había cruzado la línea allí mismo, en esa cabina, sin que ella estuviera a su lado, y había salido victorioso, validado, liberado de toda frustración previa.

Vane se agachó, lo besó profundamente en la boca y saboreó el semen ajeno en su lengua, mezclándolo con el sabor de su propio culo y el de Malik.

—Buen trabajo, pollita… ni te diste cuenta de que te dejé solo, ¿verdad? —susurró con una sonrisa perversa—. Ahora vámonos a casa. Quiero que me limpies el coño y el culo… Malik me ha dejado muy llena por los dos lados.

Alex se levantó tambaleante, pero con una sonrisa nueva, sin rastro de culpa ni de frustración.

En el coche, Vane le acariciaba la nuca mientras conducía.

—¿Quieres repetir mañana, cornudito? Pero esta vez… quizás sin cabina. Quizás en casa de Malik. Con varios.

Alex, con la voz ronca de tantas arcadas y corridas tragadas, respondió sin dudar ni un segundo:

—Sí… quiero repetir.

Vane esbozó una sonrisa de victoria al escuchar la confesión de Alex, satisfecha de como había amaestrado a su novio cornudo.