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Choni y snowbunny (21) - Dosis de refuerzo

Alex creía conocer los límites de su sumisión, pero la casa de Vane esconde una tentación que amenaza con destruir su mundo. Cuando la madre de su amante se une al juego, la vergüenza católica choca contra un placer prohibido que ya no puede contener.

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Alex se despertó con el estómago revuelto y la boca seca, como si hubiera tragado arena. El sabor fantasma de media docena de corridas seguía allí, pegado al paladar, imposible de eliminar con agua o enjuague.

Se miró en el espejo del baño de su casa y la imagen que este le devolvió no era la que solía contemplar antes de que su relación con Vane diera un vuelco. Se vio a si mismo con los ojos enrojecidos, los labios hinchados y una sombra de vergüenza que le cruzaba la cara.

Sus padres ya se habían ido al trabajo; la casa estaba silenciosa, solo el tic-tac del reloj de la cocina y el zumbido del frigorífico. Se sentó en la cama, abrazándose las rodillas, y dejó que la culpa lo inundara de nuevo.

«Soy hetero. Siempre lo he sido. Mamé pollas… tragué corridas… como una puta».

La frase se repetía en bucle, acompañada de imágenes que no podía borrar: el glory hole del sex-shop, la primera polla negra apareciendo por el agujero, Vane a su lado susurrando «juntos, pollita», sus lenguas rozándose alrededor del tronco venoso, compsrtiendo saliva y besos húmedos con la verga en medio. Luego ella había desaparecido, dejándolo solo con la boca abierta y las corridas cayendo una tras otra. Las dos primeras habían sido directas a la garganta, calientes y espesas, obligándolo a tragar rápido para no ahogarse. Las siguientes habían salpicado su cara, su barbilla, y él había lamido instintivamente, saboreando el semen ajeno mezclado con su propia saliva.

La culpabilidad católica, heredada de su madre, le golpeaba como un martillo: sus acciones eran pecados mortales, castigadas con el fuego eterno. Y si su familia lo descubría tan solo podia esperar miradas de asco y el repudio. «Si papá supiera… si mamá supiera…». Lágrimas calientes rodaron por sus mejillas. Pensó en Angela, su hermana lesbiana, y en cómo ella siempre lo había visto como un pringado. Ahora lo llamaría maricón, o peor.

Y sin embargo, debajo de la vergüenza ardía el morbo, viscoso e imparable. Recordó el calor de la verga en su boca, el pulso latiendo contra su lengua, la forma en que Vane lo había mirado con orgullo perverso. Se había corrido sin tocarse, solo por el acto, por la degradación. «Quiero repetir», pensó, y el pensamiento lo aterrorizó tanto como lo excitó. «Debo parar, debo parar. Si sigo por este camino, ¿en que me voy a convertir?»

Entonces, el recuerdo de Jaime se coló como un relámpago. La orgía en el reservado del bar, después de la cena con Leonor. Jaime, el cornudo de Leonor, no se había limitado a observar, había mamado pollas negras con devoción, su boca abierta alrededor de glandes venosos, saliva chorreando mientras Leonor lo animaba con risas crueles. Luego lo habían follado analmente, gimiendo como una perra mientras otro le follaba la boca, su cuerpo delgado temblando de placer doloroso, corridas internas goteando por su culo mientras eyaculaba sin tocarse.

Alex se imaginó a sí mismo en el lugar de Jaime: una polla negra dilatando su ano virgen, el dolor inicial convirtiéndose en placer, Vane mirándolo con esa sonrisa triunfante. «No… soy hetero. Nunca». Pero la idea lo excitaba, un morbo nuevo que le endurecía la pollita otra vez. Se masturbó allí mismo, en la cama deshecha, corriéndose con la visión de ser penetrado, racionalizando: «Sería por Vane… para complacerla del todo».

El resto de la jornada transcurrió entre recuerdos de la aventura del día anterior y la agonía de no recibir ni solo mensaje de Vane. Semejante silencio por parte de la choni no era nuevo, pero siempre despertaba la ansiedad del universitario, temeroso de quedarse sin su ¿novia?, y a la postre sin la excusa que justificaba todo lo que había hecho los últimos meses.

El siguiente día pasó de igual manera que la jornada anterior, Alex consumido por la impaciencia, el temor y los remordimientos, pero sin ser capaz de hacer algo mas que enviar mensajes a través de WhatsApp, Instagram y Telegram a su atormentadora, la cual ni siquiera se molestaba en abrirlos.

Por fin al tercer día el móvil vibró sobre la mesita con un mensaje de Vane: «Buenos días, mi lubricador tragón. ¿Cómo amaneció? Ven a casa esta mañana. Mis viejos ya se fueron al trabajo. Trae hambre… porque hoy vas a comer bien. 😈»

Alex respondió con un «Voy en 20 minutos». Se duchó rápido, se puso ropa limpia y condujo hasta el barrio obrero donde vivía Vane, el corazón latiéndole fuerte en el pecho.

Cuando llamó al timbre, Vane abrió la puerta con una sonrisa que era puro control. Llevaba el body abierto en la entrepierna que habían comprado en el sexshop: encaje rojo con el letrero “BBC Only” bordado en negro sobre el pecho, ligueros negros y medias de rejilla. El tanga blanco con “Queen of Spades” y el as de picas asomaba por debajo. Llevaba unos taconazos imposibles de 15 centimetros con los que se movia como pez en el agua, el pelo suelto, los labios pintados de rojo oscuro.

—Pasa, cornudito —dijo, tirando de él hacia dentro—. Bienvenido.

Alex entró en el salón y se quedó paralizado. Sentada en el sofá, con las piernas cruzadas y una sonrisa tímida pero cargada de algo nuevo, estaba Sara. Era la primera vez que veía a su suegra, y ni en su sueño mas disparatado habría pensado en conocerla en semejante situación. Ademas, Sara vestía un tanga rosa chicle con motivos de picas y un body de encaje negro abierto en los pezones y la entrepierna, con ligueros que sujetaban medias transparentes, rematado todo ello con zapatos de tacon de aguja. Sus curvas maduras quedaban expuestas sin pudor, los pezones endurecidos bajo el encaje, el coño depilado visible a través del corte abierto.

Alex se quedó sin aliento.

—Hola, Alex —dijo Sara, con voz suave pero temblorosa—. Vane… me ha contado… todo. Y me ha convencido de que… probemos juntas.

Vane se acercó por detrás, abrazándolo por la cintura, su cuerpo pegado al suyo.

—Mi madre ya es una snowbunny, pollita. Como yo. ¿No te parece preciosa con su lencería nueva?

Alex solo pudo asentir, la pichita endureciéndose dolorosamente contra los vaqueros. Sara se levantó del sofá, caminó hacia él con pasos inseguros pero decididos, y le dio un beso en la mejilla.

—Gracias por… ser un novio tan comprensivo y atento —susurró Sara.

Antes de que Alex pudiera procesar nada, sonó el timbre.

Vane sonrió mientras decia con jubilo —Justo a tiempo.

Vane abrió la puerta. Entraron dos conocidos del trio blanco, Lucky, Godswill y dos machos nuevos: un senegalés alto y musculoso llamado Idriss, y un ruandés fornido llamado Bosco. Todos fornidos, piel oscura reluciente, bultos evidentes en los pantalones deportivos. Entraron sin hablar, solo sonrisas de anticipación.

Vane cerró la puerta con llave.

—Bienvenidos a la fiesta familiar, chicos. Hoy mi cornudito va a ser mamporrero y mamón oficial. Y mi mamá va a participar por primera vez con público.

La follada colectiva empezó sin preámbulos. Vane y Sara se arrodillaron en el centro del salón, sobre una manta que Vane había extendido. Los cuatro machos se bajaron los pantalones y surgieron cuatro pollas negras enormes, grandes como troncos.

Alex se arrodilló detrás de ellas, temblando de excitación. Vane le susurró: —Tu trabajo: lubricar, preparar, limpiar. Mama lo que necesiten para entrar mejor en nosotras. Empieza.

Alex tomó la polla de Lucky primero y la acercó a la boca de Vane, lamió el glande junto a ella, lenguas rozándose de nuevo, en un nuevo beso prohibido que ya se había vuelto adicción para Alex. Una vez estuvo bien humeda, guió la gloriosa polla hacia el coño de Vane, que tumbada en el sofá ya chorreaba. Lucky la penetró vaginalmente de un empujón, embistiendo con fuerza hasta que sus cojones chocaron con el cuerpo de la choni, y dando inicio a un martilleo intenso.

Alex pasó a Godswill, mamando solo esta vez, succionando profundamente, saliva goteando, preparando la verga para el culo de Sara. Sara gimió cuando Godswill entró en su ojete, el ano maduro estirándose dolorosamente. Alex lamió donde se unían, lengua rozando la verga y el ano de Sara, saboreando jugos y sudor.

Idriss enchufó su polla en la boca de Vane mientras está recibía las embestidas de Lucky en su coño. La choni engulló el mastil en su totalidad, sacando incluso la lengua para lamer las pelotas del senegales cuando este tenía toda su verga dentro de la boca de la jovencita. Las evoluciones de Vane y sus dos machos se extendieron un periodo considerable de tiempo hasta que Lucky cedió el coño de la españolita a su compañero.

Idriss folló a Vane poniéndola a cuatro patas, mientras Alex mamaba a Bosco para lubricar su entrada en el coño de Sara. Bosco buscó la mejor posición para penetrar vaginalmente a Sara mientras el ojete de esta seguía ocupado. Las embestidas de los dos africanos eran brutales, haciendo gritar a Sara, poseida por el placer. Alex alternaba: mamaba una polla saliente, lamía coños y anos chorreantes, tragaba pre-semen y jugos.

La follada colectiva en el salón de Vane había alcanzado un ritmo brutal y casi ritual. El aire estaba espeso de sudor, semen y el olor almizclado de cuatro machos negros en plena forma. Lucky después de abandonar el coño de Vane se dio un pequeño descanso mientras Vane le repasaba el ojete con la lengua, un beso negro profundo que Vane propinaba con el mayor de los entusiasmos. Tras esto se coordinó con Bosco para doble penetrar entre ambos a Vane, el senegales con su rabo en el coño de la choni y Lucky en el culo. Madre e hija sometidas a sendas dobles penetraciones de alta intensidad.

Mientras, Alex, arrodillado entre ellas como mamporrero oficial, alternaba entre lamer donde se unían las vergas y los orificios chorreantes de las dos zorras blancas, y mamar las pollas que salían para lubricarlas de nuevo.

Alex mamaba la verga de Idriss —curva, 24 cm, venas protuberantes como raíces— cuando la pregunta se le escapó, casi sin querer, entre arcadas y succiones. La voz le salió ronca, entrecortada por la saliva que le goteaba por la barbilla.

—¿Duele… que te enculen? —preguntó, mirando alternativamente a Vane y a Sara—. ¿Duele mucho al principio?

Vane, jadeante, con la cara pegada al suelo y el culo en alto mientras Lucky la partía en dos, soltó una risa entrecortada que se convirtió en gemido cuando el nigeriano aceleró.

—Al principio sí, pollita… quema como el infierno —respondió Vane, su voz temblorosa por los golpes—. El ano se resiste, se estira… duele tanto que lloras. Pero luego… luego se abre, se adapta, y el dolor se convierte en placer. Un placer que no has sentido nunca. Como si te llenaran el alma por detrás.

Sara, con la cara hundida en un cojín para ahogar sus gritos, levantó la cabeza un segundo. Godswill seguía follándole el culo con ritmo constante, el ano maduro ya rojo e hinchado alrededor de la verga gruesa. Sara tenía lágrimas en los ojos, pero su expresión era una mezcla de dolor y éxtasis.

—Duele… sí que duele —jadeó Sara, voz quebrada—. Sobre todo la primera vez. Sientes que te parten en dos… que no va a caber nunca. Pero cuando entra del todo… Dios… es como si todo tu cuerpo se rindiera. El dolor se queda, pero se mezcla con algo… algo que te hace querer más. Yo… yo nunca había sentido nada igual.

Alex tragó saliva —y un resto de pre-semen que aún tenía en la boca— mientras seguía mamando la polla de Idriss recien salida del coño de Sara. La verga se endurecía más en su garganta, arcadas profundas que lo hacían toser saliva. La pregunta había salido de un lugar profundo, de ese pensamiento que le rondaba desde la noche anterior, desde el recuerdo de Jaime en la orgía del reservado: el cornudo de Leonor gimiendo mientras lo follaban analmente, el cuerpo temblando, corridas internas goteando por sus muslos mientras eyaculaba sin tocarse.

Alex se imaginó a sí mismo en esa posición: una polla negra estirando su ano virgen, el ardor inicial, el estiramiento imposible, el momento en que el dolor se volviera placer. Se le endureció aún más la pichita, goteando pre-semen sobre el suelo. Pero la culpa seguía allí, como un ancla.

Bosco se acercó, su pollón grueso y pesado balanceándose. Alex lo tomó con la mano, lo lamió desde la base hasta el glande, luego lo chupó profundo. Mientras mamaba, Vane lo miró por encima del hombro, con Lucky aún follándola sin piedad.

—¿Quieres probarlo, pollita? —preguntó Vane, voz ronca de placer—. ¿Quieres que te enculen como a mamá y a mí? Podemos empezar despacio… con mucho lubricante… con mi lengua preparándote primero.

Sara giró la cabeza, jadeando entre embestidas de Godswill.

—Te dolerá al principio… pero luego… luego entenderás por qué lo hacemos. Por qué nos volvemos adictas.

Alex negó enfaticamente con la cabeza, aunque su churrita traicionaba la respuesta. Sacó la verga de Bosco de la boca un segundo, saliva colgando en hilos.

—No… no, no —dijo, voz temblorosa—. No puedo. No… no puedo.

Vane rio suavemente, un sonido cruel y cariñoso al mismo tiempo.

—Está bien, cornudito. Veremos cuanto tiempo tardas en estar listo - dijo Vane con una sonrisa malévola dibujandose en su cara.

Alex no respondió. Volvió a chupar la polla de Bosco, succionando con más fuerza, como si quisiera ahogar la idea en saliva y semen. Pero la pregunta seguía allí, latiendo en su mente como un segundo corazón: ¿y si lo probara? ¿Y si dejara que una de esas pollas negras le abriera el culo, como habían hecho con Vane y con Sara? El recuerdo de Jaime —gimiendo, temblando, recibiendo corridas internas mientras Leonor lo animaba— se mezclaba con las imágenes de su propia boca llena de semen aquella tarde en el glory hole.

La orgía continuó: Lucky se corrió en el culo de Vane, chorros abundantes que goteaban al suelo. Alex lamió inmediatamente, su lengua recogiendo semen y jugos. Godswill eyaculó en el culo de Sara, llenándola hasta rebosar; Alex mamó la verga saliente, tragando residuos, luego lamió el ano goteante de Sara. Idriss y Bosco prefirieron las bocas de las dos zorras blancas para descargar sus cojones.

Pero aquellas primeras descargas de los africanos no les dejaron plenamente satisfechos y en cuestión de minutos volvieron a la carga. Las pollas, aún calientes y brillantes de fluidos, se endurecían de nuevo con solo un roce de manos expertas.

Bosco, el ruandés fornido, agarró a Vane por las caderas y la levantó del sofá como si pesara nada. La colocó de pie, de espaldas a él, y la obligó a inclinarse hacia delante, apoyando las manos en el respaldo.

- Aun no he terminado contigo, snowbunny… ahora te voy a abrir el culo mientras te follan la garganta - gruñó.

Empujó su polla pesada y venosa directamente contra el ano ya dilatado de Vane. El esfínter cedió con un sonido húmedo, y Bosco entró de un empujón seco hasta la mitad. Vane soltó un grito ronco, el cuerpo temblando: - ¡Joder… qué grueso… me estás partiendo el culo otra vez!. Bosco empezó a bombear con embestidas lentas pero profundas, cada salida casi completa seguida de un clavado brutal hasta los huevos, haciendo que las nalgas de Vane se abrieran y cerraran alrededor del tronco negro.

Al mismo tiempo, Idriss se colocó delante de Vane, agarrándola por el pelo y metiéndole su polla curva directamente en la boca, follandole la garganta de manera igual de salvaje. Idriss empujaba hasta que la nariz de Vane tocaba su pubis, arcadas violentas que hacían brotar lágrimas y saliva en cascada por su barbilla y tetas.

- Traga hondo, puta…- ordenó Idriss.

Vane succionaba con devoción entre arcadas, lengua presionando la parte inferior del fuste, vibrando gemidos que estimulaban directamente al senegalés.

En el otro lado del salón, Godswill y Lucky habían tomado a Sara de forma diferente. La madura estaba ahora sentada en el borde del sofá, piernas abiertas en V invertida, coño y ano expuestos. Godswill se arrodilló entre sus muslos y la penetró vaginalmente con su verga gruesa, embistiendo hacia arriba con fuerza, haciendo que los pechos maduros de Sara rebotaran descontrolados bajo el encaje negro.

- Mira cómo te follo el coño, zorra madura… tu yerno está viendo todo - jadeó Godswill.

Sara gemía sin control - ¡Sí… más profundo… me estás llegando al útero…!.

Lucky, mientras tanto, se subió al sofá detrás de Sara, de pie sobre el asiento. Colocó su polla curva contra el ano de la suegra y empujó sin piedad. El ano maduro, ya rojo e hinchado de la ronda anterior, se abrió con dificultad alrededor del glande ancho. Sara lloriqueó: - ¡Duele… duele mucho… pero no pares…!.

Lucky entró hasta el fondo de un empujón, luego empezó a follarla analmente con ritmo rápido y brutal, sincronizándose con Godswill en una doble penetración vertical: Sara empalada entre los dos, cuerpo temblando, chorros de squirt saliendo cada vez que las pollas se frotaban dentro de ella a través de la pared delgada.

Alex, en el centro como mamporrero oficial, corría de un lado a otro. Primero se arrodilló junto a Vane: cuando Bosco sacaba la polla del culo de la choni para refrenar sus ganas de descargar los cojones, Alex la tomaba inmediatamente, succionando profundo, limpiando residuos de ano y semen, lubricándola con saliva abundante para que volviera a entrar.

- Moja bien, cornudito… que entre suave en el culo de tu novia - ordenaba Bosco mientras Idriss follaba la garganta de Vane.

Alex lamía también la unión ano-verga, lengua rozando el tronco negro y el esfínter estirado de Vane, saboreando el sabor terroso y salado.

Luego corría a Sara: lamía el coño alrededor de la polla de Godswill, recogiendo jugos dulces y squirt que chorreaban; después subía al ano, lamiendo donde Lucky la partía, lengua presionando la base del eje para estimular más. Sara, jadeante entre embestidas, le susurraba: - Buen chico… limpiame… eres tan útil….

La rotación continuó sin pausa. Bosco sacó su pollón del culo de Vane y la tiró al suelo boca arriba para proceder a colocarse encima en posición misionero anal para lo que levantó las piernas de Vane sobre sus hombros y se la clavó de nuevo en el ano, follándola con embestidas que la hacían gritar. Idriss se unió desde arriba, metiendo su polla en la boca de Vane en un face-fuck invertido. Vane se encontraba empalada por abajo y follada por arriba, con el cuerpo convulsionando en orgasmos continuos.

Godswill y Lucky rotaron en Sara: Godswill la levantó en brazos, follándola vaginalmente de pie mientras ella colgaba con las piernas alrededor de su cintura y por su parte Lucky se colocó detrás y metió su polla en el culo de Sara, en un sandwich vertical. Sara gritaba sin control: - ¡Dos pollas… me estáis rompiendo los dos agujeros… no puedo más!.

Sara se deshizo en un squirt que salpicaba el suelo, empapando las rodillas de Alex que lamía por debajo, lengua recogiendo fluidos que caían.

Los machos cambiaron de nuevo y Vane fue puesta a cuatro patas en el centro de la manta. Bosco en su culo desde atrás, Idriss en su coño y Lucky en su boca. Tres pollas negras simultáneas: Vane era un recipiente de placer, gemidos ahogados vibrando en la verga de Lucky, cuerpo temblando con cada embestida doble.

-¡Tres… tres pollas negras… soy vuestra puta total! - jadeaba cuando podía respirar.

Sara no quedo desatendida ya que Godswill la puso en reverse cowgirl para follarla reprodujo, sentada sobre su polla y rebotando. Alex lamiendo los cojonazos de Godswill hasta que Lucky se colocó delante y le folló el coño de pie a la madura; e Idriss le metió la polla en la boca dandole a probar los jugos del coño de su hija. Asi se encontro la madura con el ano, el coño y la garganta ocupados, sus curvas temblando y lágrimas de placer rodando por sus mejillas.

Alex alternaba sin descanso: mamaba pollas salientes para limpiarlas y lubricarlas de nuevo, tragaba pre-semen y corridas parciales que goteaban. En un momento, Vane lo llamó: - Ven, pollita… lame mi culo mientras Bosco me folla.

Alex metió la lengua en el ano estirado alrededor de la verga de Bosco, saboreando el interior caliente y el tronco palpitante.

La intensidad subió a niveles casi insoportables con embestidas que hacían crujir el sofá, arcadas que dejaban gargantas roncas, chorros de squirt y semen salpicando paredes y suelo. Los machos gruñían órdenes humillantes: - Aprieta más, puta… traga hasta las huevos…

Vane y Sara respondían con súplicas rotas:

- Más… mas fuerte… llénadnos de semen….

Alex, exhausto pero hipnotizado, se corrió dos veces más sin tocarse, solo por el espectáculo y la degradación. La idea del anal propio latía más fuerte: ver a Vane y Sara recibiendo doble y triple penetración, gimiendo de placer a pesar del dolor, lo hacía imaginar su propio ano siendo abierto, estirado, llenado.

Finalmente, la segunda oleada de descargas llegó. Bosco se corrió en el ano de Vane, chorros potentes que rebosaban; Alex lamió inmediatamente el esfínter goteante. Idriss eyaculó en la boca de Sara, que tragó parte y escupió el resto en la de Alex: - Bebe, cornudito….

Godswill y Lucky descargaron en coños y culos alternos, llenandolos hasta rebosar. Alex limpió todo: mamó pollas post-orgasmo hasta dejarlas relucientes, lamió orificios chorreantes, tragó la mezcla de semen, jugos y squirt.

Cuando los machos se fueron por fin, el salón era un caos de fluidos y olor almizclado. Vane y Sara se tumbaron exhaustas en la manta, cuerpos brillantes. Vane miró a Alex con sonrisa perversa:

—Buen mamporrero, pollita… has visto lo que te espera. Pronto pedirás tu turno en el culo. Lo sé por cómo mirabas.

Sara, jadeante, asintió:

—Y cuando pase… el dolor se convertirá en el mejor placer de tu vida.

Alex no respondió. Se levantó tembloroso, chorreante, la mente llena de imágenes imposibles de borrar. Salió sin decir nada.

En el coche, la pregunta ya no era “si”, sino “cuándo”.