Xtories

Lectura erótica

Mientras Javi sale a hacer gestiones, ella se queda en su cama, pero la lectura de un libro erótico despierta algo más que curiosidad. Cuando él regresa, la ficción se vuelve realidad: la línea entre la historia que lee y el deseo que siente se difumina hasta que la habitación se llena de gemidos y sumisión.

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Disfrutaba de unos de días de vacaciones en Navidad y había decidido ir a casa de Javi para hacernos compañía.

El también había solicitado descanso en su trabajo, pero una de las mañanas quería aprovechar para hacer unas gestiones con el banco. Aún era bastante pronto, por lo que cuando Javi salió de casa decidí seguir en su cama un rato más. Cuando me levanté, dedicí disfrutar de un momento de lectura tras servirme una taza de café. Sin prisa. Aún en pijama, me recliné en su butaca del salón, junto a la ventana.

Justo estos días había empezado un libro de estos que se leen rápido pero que son intensos. Una joven estudiante de derecho se sacaba un sueldo para pagar sus estudios siendo asistente personal de un importante hombre de negocios. Aunque su relación era un tanto especial. Se habían conocido en un exclusivo local en el que ella trabajaba de camarera y que frecuentaba gente de dinero. Muy buena apariencia, pero su carrera como modelo no había tenido aún el éxito que esperaba, por lo que había decidido lanzarse a estudiar una carrera y en sus ratos libres trabajaba para costeársela.

Él se había quedado fascinado con ella y un día de tantos que frecuentaba el sitio por la tarde, se acercó a ella y su inteligencia le pareció que estaba a la altura de su belleza, por lo que le ofreció ser su asistente a cambio de un muy buen sueldo. Era un hombre posesivo y autoritario con sus empleados, pero ella no sería una más; había entrado en su corazón y la cuidaba con detalles. Pero siempre le exigía profesionalidad, y con el tiempo ella se prendó de él. Llevaba apenas dos meses, pero había aprendido cosas que le serían muy útiles en su vida profesional, pero también en la personal, sobre todo en la muy personal. La relación era complicada, pero ambos se tenían tal dependencia que harían lo que fuera el uno por el otro.

Y eso me recordaba lo mucho que me había unido a Javi. Nuestras vidas no nos permitían estar juntos, pero nos las arreglábamos para vernos el mayor tiempo posible y compartir experiencias, sobre todo en privado.

Volviendo a la lectura, estaba llegando a una parte realmente interesante.

“Para la reunión clave con los inversores, el amo me había regalado un conjunto elegante pero demasiado insinuante. Su teoría era que provocando incomodidad en los presentes las negociaciones le serían más favorables a la larga. No quiero sonar presuntuosa, pero los dos sabíamos que tenía razón.”

Poco a poco el sol empezó a apuntar a mi dirección. Entre eso, la lectura que se iba poniendo interesante y mi pijama de invierno, sentí la necesidad de retirármelo y quedarme solo con el tanga. Qué gusto daba recibir el sol en mis tetas…

“Me miré al espejo y me gustaba lo que veía. Una camisa prácticamente transparente que apenas daba lugar a la imaginación, sin sujetador, dejando mis rosados pezones rozarse con la fina tela de la camisa y un pantalón de cuero negro que realzaba mi figura sobre tacones de suela roja. Me recogí el pelo en una larga cola para evitar que mi melena tapase nada. Estaba nerviosa porque iba a ser el centro de atención de esos hombres poderosos, pero esperaba ayudar al amo con mis armas.”

La puerta de casa se abrió y levanté la mirada hasta que se cruzó con la de Javi, que me contemplaba desde el umbral, seguro que deleitándose con las vistas y el recibimiento. Tardé un segundo en volver a la lectura. Escuchaba las pisadas de sus zapatos acercándose. De reojo comprobé que aparentaba calma, como si le sucedieran esas situaciones a diario, pero estaba segura de que por dentro estaba encendido. Dejó su maletín sobre la mesa y se colocó justo a mi lado.

- No sabía que había dejado tan alta la calefacción…

- Es que entre eso y el sol… me sobraba un poco la ropa. -argumenté sin levantar la vista de la lectura.

- ¿Y qué lees tan interesante, que ni siquiera me das un beso? -sonreí y aproveché que acercó su cara a la mía para darle un beso fugaz, sin despegar la vista del libro. Quería calentarle igual que el sol hacía conmigo.

- La historia de una universitaria brillante que trabaja ayudando-enfatice esa última palabra- a un hombre de negocios.

- Ah, es que te veo tan inmersa en la lectura que me daba curiosidad. Pero no le veo mayor interés. ¿Y cómo le ayuda? -parecía intrigado. Le gustaría la temática.

- Bueno, digamos que ella busca complacerle siempre. Él es su jefe. Y su amo. -como tú el mío, pensé.

- Y ella su sumisa, entonces.

- Ajam.

- Supongo que ella no le dice que no a nada.

- Ajam. Solo obedece. Y están muy enamorados. – No pretendía quitar la vista de la lectura, pero era inevitable echar una ojeada y notar como tras cada respuesta a Javi se le hacía más grande el bulto en el pantalón, hasta notarse perfectamente el perfil de una polla bien dura marcándose en el traje.

“Todos en la sala me miraban furtivamente, justo lo que quería el amo que pasase. Igual hombres que mujeres. Excepto la persona de la parte vendedora que hablaba sin levantar la vista de lo que leía, visible y audiblemente nerviosa, seguramente siendo consciente de que mis tetas tenían más interés que el sermón que se había preparado. La ventana estaba entreabierta y se agradecía, pero notaba mis pezones durísimos e inevitablemente se rozaban con la camisa a poco que entraba una brizna de aire. Deseaba que las manos y la boca del amo pudieran aprovecharse de esta situación. Lo observaba atento, tan elegante. Ojalá esto saliera bien y me recompensara.”

- Te he echado de menos esta mañana. – susurró Javi en mi oído mientras acariciaba mi brazo ya con la piel erizada. Joder. Entre lo que leía y lo que él me empezaba a hacer, me estaba poniendo a tono bastante más rápido de lo que pensaba.

- Yo a ti no tanto… he estado durmiendo y ahora leyendo un poco- mis dedos se deslizaron bajo el tanga con un claro objetivo. Qué situación…

- Cualquiera lo diría. -Javi rodeó mi cuello con su mano y sus largos dedos apretaron con decisión. Cerré los ojos, pero no quería… necesitaba ver cómo seguía la historia mientras recibía estímulos propios y ajenos. -podrías leer en voz alta y así me entero de la historia. - Accedí.

“- Has estado estupenda. -Sonreía…

- Gracias, amo. -el corazón se me iba a salir por la boca de la emoción. Porque ese tipo de halagos solían terminar en algo más que un simple agradecimiento. Me ofreció su pierna para sentarme y accedí sin mediar palabra. Su mano subía por dentro de la camisa acariciando mi espalda. Mi boca entreabierta siendo taladrada por su mirada. Su otra mano acariciaba la cara interna del muslo y subía sin ningún reparo hasta mi sexo humedecido. La mía se posó sin ningún disimulo ni permiso en el bulto de su pantalón. Estaba tan caliente que apreté con fuerza para su satisfacción.”

Gemí sin querer por la excitación que me daban mis dedos, la que me daba la lengua y los lentos labios de Javi en el cuello, sus manos ya en mis tetas y el estar leyendo la historia en voz alta.

“Su mano bajo mi blusa subió hasta agarrar mi nuca. Pegó su boca a la mía con suavidad, pero decidido. Gracias a dios. Necesitaba eso. Su lengua, algo tímida, jugaba con la mía, mojada y con ganas de estar un buen rato en esa tesitura. Mientras tanto, su otra mano abusaba de mis tetas. Mi mano apretaba aún más su dura polla, perfectamente resaltada en la tela del traje.

- Quítate esos pantalones… -obedecí. Me sentó en la mesa y me desató la blusa de un tirón. Me acercó contra él y besó uno de mis pezones antes de morderlo para después pasar al otro mientras juntaba mis tetas con sus grandes manos. No podía evitar retirar la mirada. Las caricias pasaron a palmeos. Cada vez más fuertes. Y mis gemidos se hicieron notar. Aún se escuchaban voces en el pasillo, voces que se apagaron con mis quejidos, más fuertes aún cuando su boca pasó de lamer y morder mis muslos a besar mi coño a través del tanga de encaje. Lo apartó a los pocos segundos y su lengua y dos de sus dedos empezaron a hacer magia. No podía evitar balancearme contra él por pura excitación.”

Javi agarró mi pelo y tiró con fuerza para elevar mi cara y, por fin, encontrar nuestras miradas durante más de un instante. Parecía fuera de sí, conocía esa cara de otras situaciones un tanto subidas de tono a la perfección. Cerró los ojos y apoyó su frente contra la mía, con la respiración bastante acelerada. Se escuchó el sonido de la cremallera del su pantalón bajar y no pude evitar sonreír ligeramente.

- Si que tiene ganas de fiesta el amo…

- ¿Lo dices por mí o por el del libro? Deberías hacer como la chica del libro y obedecer.

- Creo que de momento voy a seguir leyendo. – sentencié, mientras de reojo comprobaba como Javi asentía, pero aprovechaba para separarme las piernas y recorrer mis muslos por dentro de forma ascendente. Al igual que en la lectura, dos de sus dedos amagaron con introducirse en mi vagina, provocando que me mojara y le facilitara aún más que entrara en mi.

Era delicioso, sus dedos se detenían en cada maldita estría de mi vagina mientras los iba retirando, para volver a meterlos más rápido. Una y otra vez. El esfuerzo en continuar leyendo era titánico.

“- Amo, por favor, pare. – trataba de implorar entre quejidos. No quería correrme. No así. Ya había experimentado los orgasmos provocados por su polla y era lo que más quería en ese preciso momento. Tenerla dentro de mí. Despacio. Y entera. Abriéndome. Partiéndome por la mitad.

Entendió lo que quería y procedió a retirar la cremallera de su pantalón.”

La entendía perfectamente. Yo también quería eso, que Javi me terminara de abrir con esa polla grande y dura. Se la miré con hambre, no os voy a engañar. Mucha. La tenía perpendicular a mí, a punto de tocar mis labios. Diría que era capaz de notar el calor de mi respiración en su glande, mojado por la excitación mientras me proporcionaba un placer indescriptible. Daba pequeños respingos mientras aguardaba a que yo hiciera algo.

Coloqué dos dedos sobre el tronco y la recorrí de adelante a atrás apoyando mis uñas con manicura francesa. Cuando llegaba al glande me detenía y daba un ligero golpe con dos dedos. Javi elevaba la mirada al techo cuando eso sucedía.

“El amo me agarró por los muslos y enterró su polla en mi poco a poco. No pude evitar gemir. Juro que intenté no hacerlo, pero fui incapaz. Notaba cada centímetro abriéndome. Lo hizo sin prisa, pero sin pausa. Siempre hacia adentro. Hasta que no quedó más por invadirme. Fue ahí cuando la retiró casi entera para, esta vez, arremeter más dura y decididamente. Y luego, otra vez. Y otra. Mis quejidos no solo seguían ahí, no solo no había conseguido acallarlos, si no que ya se habían convertido en verdaderos gritos de placer.

No solo eran sus embestidas, sus manos me atraían hacia él justo en el momento en que empujaba, cada vez que entraba llegaba a superar un límite en que me sumía en la locura, tocaba un punto en que parecía que me iba a correr cada vez que llegaba a él. Y hubo un momento en que no solo lo pareció. Sencillamente me derretí alrededor de su polla. Parecía convulsionar en el orgasmo más espectacular que había tenido en toda mi vida. Y él, como si tal cosa, embestía como un verdadero animal. Esa maravillosa pero inabarcable sensación no se relajaba. Los gritos tenían que ser ensordecedores. Pero me daba tan igual… que no os hacéis una idea.

Apenas unos segundos después de reducir la intensidad de lo que sentía, otra vez de vuelta al cielo. Esta vez no tan fue tan especial, pero sí sumamente placentera, sentía como podía manejarlo mejor y encima coincidió con un gran quejido del amo. Del puto amo, podríamos decir.

- Oh, vamos… lléneme entera por favor, amo, sí… - y respondió a mi súplica tras el quejido y sentí como su polla se contraía dentro de mi, llenándome el coño de leche caliente… que rico…”

Por fin, creo que ya me podía centrar en mi propio amo.

- Joder, te cambio diez golpes de esos porque le des un buen lametón… -sin mediar palabra la agarre por la base e hice lo que sugirió, pero pasé la lengua varias veces por ese glande tan suave y rosado. Sus quejidos y el aumento en la firmeza de sus dedos me dieron a entender que disfrutaba de lo lindo. Y yo no me quedaba atrás… esos dedos me estaban llevando al cielo, agarré su polla con fuerza y la pegué a mi mejilla para restregarla como podía mientras sentía que llegaba el orgasmo, pero igual que en el libro, no quería. Quería su polla dentro y la quería ya…

- Creo que el amo debería follarme duramente, por favor…

- Como desees… - Me cargó y me llevó a la cama donde la noche anterior ya habíamos demostrado lo que nos queríamos.

Me tumbó boca arriba y se desnudó para mí. Se tumbó y pude sentir todo su peso sobre mi mientras me penetraba con toda la dulzura con la que se puede penetrar a alguien. Despacio. La punta. Yo ya estaba desquiciada, no me servía con eso. La quería toda. Sin mediar palabra fue dándome lo que quería. Cada vez más. Su mano libre tomó las mías sobre mi cabeza. Un poco más adentro. Hasta notar como también sus huevos me tocaban. Ahí es justo donde quería estar, quedarme a vivir así, con Javi balanceándose y privándome de casi toda su polla para volver a dármela poco a poco. Retirando y ofreciendo. Alimentando mi coño realmente hambriento. Pero solo se saciaría con orgasmos. Y él siempre me los daba. Solo era cuestión de tiempo.

Acomodó su pierna sobre la mía y ese ángulo de entrada era simplemente perfecto. Mis manos inmovilizadas por la fuerza de la suya, aunque tampoco quería liberarme. Su otra mano agarrando mi culo para acercarme aú más con cada embestida. Cada vez más rápido, cada vez más duro. Y yo cada vez más cerca, me lo notaba, como algo a punto de explotar dentro de mí. Sin cuenta atrás, pero mi cerebro era consciente y se estaba preparando.

- Qué polla tienes, joder, que puta polla que ¡hace que me derrita! – Eso último ya fue casi gritando, porque no pude ni acabar la frase en condiciones. Una descarga como si de un rayo se tratase se repartió desde mi coño a todas las partes de mi cuerpo. No quedó nada por quemarse. Exploté, sin más. Y Javi, crecido en su ego sabiendo lo que me provocaba, me daba aun más fuerte. Mis manos seguían presas de la suya y no podía evitar retorcerme de puro placer mientras esa sensación de combustión seguía acabando conmigo.

- No puedo más…

- Lléname, vamos… - entre quejidos, Javi se estremeció y se vació dentro de mí. Pude enlazar un nuevo orgasmo mientras su polla daba espasmos en mi interior.

Nuestros cuerpos, bastante sudados, no se separaron en un buen rato. Besos, caricias, “te quieros”, y más cosas bonitas siguieron a aquella batalla en la que ganamos los dos…