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Dominaciónmar 2026

El juguetero 6

La sumisión de Sofía se profundiza cada día más, desde las reglas de la casa hasta la entrega total de su cuerpo. Esta mañana, el amo decide probar la resistencia de su nueva esclava en la cocina, donde el placer y el dolor se entrelazan bajo la mirada de la casa vacía.

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Capítulo 6

Llegamos a la casa Sofía y yo después del paseo por la sierra donde la follé pero antes la castigué por interrumpirme mientras hablaba. Creo que los dos entramos en casa contentos por el paseo.

La mandé a la ducha mientras yo preparaba la mesa y la comida.

Pasamos el almuerzo charlando de banalidades y al terminar sin decirle nada me acosté en el sofá para una siesta que llegó casi en el mismo momento que me tumbaba. Nunca he tenido problema de sueño y cuando decido que voy a dormir mi cuerpo me responde y caigo como un tronco.

Habría pasado como una hora de reparadora siesta cuando me desperté y al abrir los ojos me encontré a Sofía tumbada en el suelo al lado del sofá. Llevaba una camiseta y una falda de elástico corta y estampada. Parte de la falda se le había subido y dejaba ver un cachete. Se notaba que no llevaba bragas. Me fijé que tampoco llevaba sujetador. Era la misma ropa que había llevado en la comida pero no me había fijado hasta ese momento de la ausencia del sujetador.

Me quedé mirándola unos segundos, era a la vez hermosa y muy erótica con la falda levantada.

No hice nada de ruido pero se despertó abriendo los ojos y al verme sentado en el sofá como un resorte se puso de rodillas.

-Lo siento señor, me he quedado dormida-.

-¿Que hacías en el suelo?-

-Vine a preguntarle una cosa y no quise despertarle-.

-Pero ¿en el suelo?-

-No sé si tengo permiso para usar la silla aparte de mi trabajo en el despacho o mientras comemos-.

Yo tampoco sabía si darle el permiso, me quedé pensando en silencio unos segundos.

-¿Lo hice mal señor?-

-No, está bien. Esas son las únicas veces que puedes sentarte cuando estés conmigo en una silla-. Se me pasó por la cabeza ponerla a comer en el suelo pero prefería comer con alguien en la mesa y charlar.

-¿Cual era la pregunta que ibas a hacerme?- Pregunté mientras me estiraba para alejar la pereza de la siesta.

-No tengo lavadora, ¿puedo usar la suya? Los leggings por ejemplo debo lavarlos. Y mis sábanas también-.

-Claro, úsala cuando lo necesites-. Esto significaba darle permiso para entrar en la casa en cualquier momento.

-Gracias. ¿Necesita algo señor?-

-No, bajaré al taller a preparar tu collar. Te avisaré cuando esté listo para probarlo-.

-De acuerdo, mientras yo pondré lavadora-.

Ella bajó a por su ropa y yo al taller para elegir y modificar un collar que pudiera dar leves calambres cuando necesitara que viniese.

Al poco tiempo, mientras yo estaba en la mesa de trabajo haciendo el collar, bajó y se sentó en la escalera a mirarme. Después de un rato en silencio me estaba poniendo nervioso.

-¿No tienes nada que hacer?¿No te apetece dar un paseo?-

-No señor, me gusta verlo trabajar. Además si no le molesta quiero estar aquí por si me necesita-.

-Pues ven, aunque no está montado vamos a probar los calambres del collar-.

Vino rápida pero miedosa. Quizás se pensaba que serían calambres como cuando probamos los dildos.

Le puse los electrodos en el cuello y presioné el botón. Movió instintivamente la cabeza.

-¿Que tal?¿Es fuerte?-

-No, es como un pinchazo pero muy suave. Creo que está bien así. Es muy suave y no es incómodo o doloroso señor-.

-Es lo que buscaba. No quería que fuese desagradable, más bien como un toque para que acudas cuando te necesite-.

-Bueno, si el señor me lleva de la correa no necesitará usarlo-. Dijo sonriendo y poniéndose muy colorada.

-Esa es una buena idea-. Sonreí también. -Pero hay veces que no podré, como cuando estés en el despacho trabajando o en tus ratos libres paseando por la sierra. Bueno por la sierra mejor que no lo lleves por si te cruzas con alguien-.

-Sí mejor. Eso no me gusta y me da un poco de miedo. No conozco por aquí, así que prefiero ir con usted señor-.

-No te perderás si vas por el mismo camino de esta mañana. Pero no vayas por otros, el pueblo está casi rodeado de un Parque Nacional y para entrar necesitas permisos. Te puedes encontrar con un forestal y que te ponga una multa-.

-Aún no logro entender eso de los permisos en su país-. Dijo divertida. -Pero lo que me refiero señor es que sin usted no voy a ningún lado-. Bajó la mirada avergonzada.

-Bueno, los fines de semana los tienes libres-. Empezaba a ver por donde quería ir ella.

-¿Entonces sólo seré sumisa entre semana? No quiero sonar grosera pero yo entiendo esto de la sumisión como algo permanente, no como un empleo. Además si soy su sumisa sólo puedo hacer aquello que me ordene. ¿No es así?-

-Es verdad, a veces lo olvido. Vamos a poner una orden nueva ya que lo dices. Durante la semana pueden venir clientes, y además Concha tiene llaves. Pero los fines de semana el taller está cerrado, así que el sábado y el domingo sólo llevarás calzado. Nada de ropa-.

-Eso me gusta más señor-. Empezó a desvestirse contenta. -¿Puedo preguntarle algo sobre el collar?-.

-Claro, pero creo que me vas a preguntar si debes llevarlo siempre, ¿verdad?-

Se ruborizó enseguida.

-Mmm, sí señor, como ha dicho que pueden venir clientes. Y no sé, aunque me excita mucho pensar que me vean y sepan lo que soy, aún me da pena, bueno vergüenza-.

-No creo que los clientes se asusten. Debes llevarlo puesto siempre salvo en la ducha o cuando yo te lo indique. ¿Tienes problema con eso?-

-No señor, pero ¿y Concha?-

-Tampoco creo que se asuste. Ven que te pruebe la medida-.

Ya desnuda se me acercó y se giró para que le probara el collar. Le tomé la medida, la marqué en el cuero y lo dejé sobre la mesa.

Pasé mi mano por su espalda hasta llegar al culo y lo acaricié.

Era muy atractiva y conseguía encenderme muy rápido. Y ella se encendía también muy rápido, o estaba encendida siempre. Pasé la mano entre los muslos buscando el coño. Me lo facilitó abriendo las piernas al tiempo que escuchaba leves gemidos.

-Veo que mi putita está caliente-. Mis manos estaban muy mojadas sólo por pasar entre sus labios un par de veces.

-Desde que lo conozco Señor, siempre estoy caliente. Hummm. Y cuando me toca mucho más-.

-Gírate guarra, quiero verte la cara-.

Se volteó y abrió más aún las piernas. Una mano la llevé para amasarle las tetas y tirar de los pezones. La otra buscaba el clítoris para apretarlo, bajar por los labios y de nuevo subir y pellizcarle.

Cerró los ojos y sin parar de gemir se movía en busca de mis dedos. Dejé de tirar de sus pezones para meterlos en mi boca. Eran deliciosos tan duros y marrones. Mi lengua se puso a jugar con ellos incrementando los gemidos de ella.

Dejé de acariciar el coño para meter dos dedos dentro, lo más que pude. Su gemido fue muy fuerte.

-Debes ser más silenciosa puta o dejaré de jugar contigo-.

Se calló cerrando la boca pero aún así no paraba de gemir. Oía como su respiración se aceleraba por la nariz.

Incrementé el ritmo de mis dedos, entraban y salían mezclando el sonido del chapoteo con sus sordos gemidos. Temblaba todo su cuerpo. Mordí y tiré de un pezón haciendo que apoyase sus brazos sobre mis hombros.

-Porrr favorrr, señorrr, permítame correrme, porrr faaaa-.

-Aguanta un poco puta-.

Dejé sus tetas y al erguirme apoyó su cabeza en mi pecho y me abrazó dejando espacio para que pudiera mover mis dedos que entraban y salían cada vez más rápidos. Notaba sus pezones duros a través de mi camisa.

-Señorrr-. Suplicaba con temblores en las piernas.

-Está bien puta, puedes correrte si lo deseas-.

No esperó ni un segundo más, convulsionó entera mientras intentaba acallar sus gritos poniendo su boca sobre mi hombro. Se agarró fuerte con sus brazos a mi y después de unos pocos temblores las piernas se pusieron rígidas un momento hasta quedar sin fuerzas. Tuve que agarrarla para que no cayera al suelo. La tuve sujeta al menos un minuto hasta que pudo sujetarse ella.

Me separé un poco y la miré a la cara, sonreía de placer con los ojos ya abiertos y la boca abierta respirando aún con dificultad.

-Ahora me toca a mi puta. Arrodíllate y me haces una mamada-.

Se arrodilló con esfuerzo y me bajó los pantalones, mi polla apareció ya dura.

-Espera, antes de ponerte a mamar debes limpiarme los dedos que están pringosos-.

Agarró mi mano y se puso a chupar uno por uno. Desde mi posición y estando ella arrodillada pude ver los chorretones que tenía por los muslos y que habían formado un pequeño charco debajo de ella.

Cuando terminó me miró a la cara para que le confirmara que estaba contento con su limpieza. Asentí y sin usar las manos se metió la polla en la boca todo lo que pudo. La dejó dentro mientras jugaba con su lengua para después sacarla menos el glande. Cerraba y abría los labios apretando el glande al mismo tiempo que lo acariciaba con la lengua.

Dejé de mirarla y levanté la cabeza suspirando por el placer que me estaba dando. No pude durar mucho y me corrí gruñendo. Al notar ella mi corrida la metió entera y mi eyaculación fue directa por su garganta. Me tuve que sujetar a la mesa.

Cuando terminé de correrme, la sacó y con lengüetazos la fue limpiando hasta dejarla sin restos. Entonces la volvió a guardar en el calzoncillo y me subió los pantalones.

-¿Mi señor ha disfrutado?-. Me preguntó con cara de viciosa traviesa.

-He disfrutado. Lo has hecho muy bien pero aún no has terminado. Debes limpiar también el suelo, ¿no pretenderás dejar el taller con ese charco?-

Bajo ella el charco de fluidos había crecido ostensiblemente. No lo dudó, se puso a cuatro patas y sin preguntar nada se puso a lamer hasta limpiar el suelo.

Le enredé y acaricié el pelo y me fui al despacho a ponerme un café. Al regresar estaba de rodillas en el mismo sitio sonriendo.

Me puse sin hacerle caso en la mesa para seguir trabajando en el collar. A los quince minutos se movía incómoda por la posición. Yo no le había dicho que estuviera de rodillas.

-¿No tienes nada que hacer?- Le pregunté nervioso ya que con sus movimientos me distraían del trabajo.

-No señor, sólo lo que usted me ordene-.

-Creo que voy a tener que construirte una jaula para cuando no tengas nada que hacer-.

Su sonrisa se amplió y giró la cabeza de forma pícara.

-Tal vez lo dice en broma señor, pero pienso que sería una buena idea-. Con sus ocurrencias me hizo reír.

-Levanta puta. Te voy a enseñar a trabajar el cuero-.

Estuve el resto de la tarde enseñándole como hacer el collar. Y no es nada fácil trabajar con ella desnuda a tu lado viendo como se le mueven las tetas al menor movimiento.

Con el collar casi terminado nos subimos a la casa a cenar. Mi idea era después de reposar un poco la cena follar y a la cama. No necesitaba calentarme, ya iba lo suficiente por haberla tenido desnuda todo el rato pero me dio morbo hacer que ella subiera delante por las escaleras. Y sabiendo mi intención fue escalón por escalón moviendo pizpireta el culo con una risa apagada.

Al llegar a la cocina me senté en una silla.

-Ponte boca abajo sobre mis piernas puta-.

Sin dejar de sonreír se colocó como le dije y abrió un poco las piernas hasta acomodarse.

Sin pronunciar palabra le di varios azotes hasta ver su culo colorado.

-Estos azotes son por insinuarte en la escalera. No me disgusta pero no te pedí que lo hicieras. Es más, puedes hacerlo siempre que quieras pero después te daré unos azotes-.

-Sí señor. Lo haré si tanto le gusta-.

-Eres una buena puta, estoy contento de tenerte-.

Continué dándole azotes y de vez en cuando le pasaba la mano por el coño para confirmar que estaba mojada.

-¿Sabes porqué son estos otros azotes que te estoy dando?-

-No señor-.

Había cogido un ritmo, le daba tres azotes en cada cachete y le pasaba la mano por el coño, alguna vez incluso le metí un dedo haciendo que apretara el culo y gimiera.

-Piensa por qué te los doy, no pararé hasta que me lo digas-.

Pasaron varias tandas más pero ella seguía en silencio. Creo que ni siquiera se estaba planteando adivinarlo.

-No me decepciones puta. Piensa porqué te estoy azotando-.

-No sé, pienso que mi señor no necesita una excusa para azotarme. Yo soy suya y puede hacerlo cuando quiera. Mmm, además de eso no sé en que he podido fallarle para que me azote-.

-Era eso justamente. Puedo azotarte siempre que me apetezca. Levanta y vamos a preparar la cena-.

Se levantó y nos pusimos a poner la mesa. Pero los azotes, la escalera y ella desnuda moviéndose por la cocina me habían calentado mucho. Quería esperar para follar después pero al fin y al cabo soy el amo y puedo hacer lo que quiera.

Así que la agarré y la incliné sobre la mesa de la cocina. Ella se dejó hacer y además abrió las piernas dejando bien expuesto su coño y su culo colorado.

-Abre el culo zorra-.

Cogí la botella de aceite y le puse un poco en su agujero mientras ella se separaba los cachetes. La fui untando con el dedo para después poner unas gotas en mi polla que llevaba un rato dura.

Apunté al agujero y la fui metiendo poco a poco hasta llegar a la mitad, entonces de un golpe la metí entera. Gritó al sentir la invasión pero no soltó sus cachetes. Su barriga estaba presionada con el borde de la mesa y sus tetas aplastadas en ella.

Bombeé un par de veces y cuando ella no pudo aguantar sus gemidos le aparté las manos y la hice incorporarse un poco para agarrarle las tetas con fuerza.

En el silencio de la casa se oía claramente el ruido de palmas que hacía cada vez que la metía hasta el fondo. Los dos gemíamos a la par y en muy poco tiempo noté como mis huevos al chocar con su coño se mojaban. Tanto que hasta notaba como esa humedad pasaba de mis huevos a mis muslos y chorreaba haciendo pensar si no se estuviera orinando.

Pero la verdad es que Sofía desde el primer momento siempre la noté que se mojaba con facilidad y con cantidad. Y me halagaba mucho saber que el causante de esa excitación era yo.

Estuve empujando con fuerza y tirando de sus pezones hasta que noté que me iba a correr. Solté sus tetas y me apoyé en la mesa para meterla con fuerza.

-Señorrr, ¿dejará que… me… corra… después de usted?-

No pude decir nada, en ese momento me corrí dentro del culo y de mi boca sólo pudieron salir gemidos guturales.

-Puedes... hacerlo... puta-. Dije con un hilo de voz apretando mi cadera con su culo.

En ese instante noté como el esfínter de ella se contraía agarrando mi polla. Comenzó como ya conocía sus temblores para poner las piernas rígidas un segundo y después dejarse llevar con tan sólo un gemido final. Nos quedamos los dos tumbados acompasando nuestra respiración. Yo encima de ella sobre la mesa y sin fuerzas para levantarme.

Sentí como mi polla iba poco a poco saliendo de su culo hasta quedar libre y con un gran esfuerzo me levanté y me senté en una silla. Ella fue deslizándose por la mesa hasta quedar de rodillas en el suelo. Se acercó a mi andando de rodillas con la intención creo que de limpiar mi polla.

-Está demasiado pringosa y llena de aceite. Mejor me la limpias en el bidet-.

Me levanté yendo al baño con ella detrás. Me senté en el bidet y ella abrió el grifo y se puso con delicadeza a limpiarme la polla estando de rodillas. Se dio cuenta de lo mojado que tenía los huevos y también me los limpió. Cuando terminó, sin dejar de pasar su mano por mi polla fláccida bajo el agua del grifo, levantó su cabeza y me miró a la cara.

-Gracias señor. Realmente me siento muy agradecida por lo que hace por mi, creo que nunca he sido más feliz. Además de que creo también que nunca había disfrutado tanto el sexo como ahora, de verdad estoy muy agradecida de que me permita ser su sumisa-.

Le sonreí sin decir nada, sólo le pasé la mano por sus cabellos. Se agachó y me besó en el glande. Después me secó la polla y de nuevo me la besó. Me levanté ya más repuesto y me fui a terminar de hacer la cena.

-Límpiate bien puta, no quiero que vayas goteando por toda la casa-.

-Sí señor-.

Estuvimos cenando tranquilos y hablando del trabajo de la semana. Ella antes de sentarse sin decirme nada puso una toalla sobre la silla para sentarse encima.

Después de la cena elegimos entre los dos una película tras varias discusiones. Al final elegimos una genial comedia, La Pantera Rosa pero la de Peter Sellers que a pesar de ser muy antigua sigue siendo muchísimo mejor que las modernas.

Ahí descubrí que le encantaba el cine de terror, y sin querer crear discusiones con las lectoras, como a casi todas las mujeres las comedias de amor. Yo por desgracia no logro apreciar el arte en el cine. No digo que no sea arte, que lo es, sino que mis gustos culturales son por la pintura, la música o la literatura, pero el cine nunca me llamó. Me gusta el cine para distraerme, las comedias o la acción. Pero esa discusión me dio una idea para “torturar” a mi sumisa más adelante.

Al terminar la película dudé de follarla o no, estaba satisfecho de la enculada anterior. Pero uno rapidín antes de dormir siempre sienta bien.

La agarré de la mano y la llevé al dormitorio.

-Desnúdame y me la pones dura-.

Y como un rey de siglos pasados me mantuve de pie quieto mientras ella me iba quitando la ropa, la doblaba y la dejaba sobre la cómoda. Al terminar de desnudarme, se arrodilló frente a mi y metió la polla en la boca para succionar hasta ponérmela dura. La sacó dándole de nuevo un beso, se estaba acostumbrando a hacerlo y a mi me gustaba. Me miró como preguntando que hacer.

La tumbé en la cama, le abrí las piernas y se la metí. Como pensé, sería uno rapidín. No me esmeré mucho, solo bombeé hasta que me corrí y me dejé caer sobre ella. Me abrazó acariciando mi espalda y moviendo sus caderas como pidiendo más.

-¿Puedo correrme señor?-

Con mi polla que empezaba a retirarse dudaba mucho que pudiera ella correrse pero siendo tan sumisa y puta quien sabe.

-No, ahora no puedes. Ya puedes marcharte. Mañana sube a desayunar-.

-Sí señor, está bien-.

Rodé sobre ella hasta quedar tumbado en la cama y me quedé dormido al poco de escuchar como ella salía y cerraba la puerta de la casa.

Continúa en