<p><strong>Nota del autor antes de comenzar:</strong></p>
<p><em>Bueeenas, estimados lectores, acá va el capítulo, sin embargo, antes me gustaría pedires si me ayudan a llenar esta encuesta: <a href="https://forms.gle/S274e7FUSBfr4kjt6" rel="noopener" target="_blank">ENCUESTA</a>. Me gustaría conocerlos un poco más y escuchar las cosas que les gustarían y demás. Piénselo como un buzón de sugerencias.</em></p>
<p><em>Ahora sí, el capítulo:</em></p>
<p><strong>Contenido erótico con mamá -- 10</strong></p>
<p>La palabra "putita" resonó en los oídos de Nicolás como un insulto, aunque venía envuelta en lo que pretendía ser un cumplido. Sofía permanecía desnuda frente a él, con esa sonrisa de satisfacción que exhibía tanto su belleza como su arrogancia, mientras sugería que la diversión no tenía por qué terminar. Algo primitivo se despertó dentro de él, un instinto territorial que no sabía que poseía.</p>
<p>—Lo siento —respondió con una voz que intentaba mantenerse profesional—. No hay presupuesto para una segunda escena.</p>
<p>Sofía soltó una risita y avanzó un paso más hacia él. Su mano seguía sobre la de Nicolás, la que sostenía la cámara, en un contacto deliberadamente íntimo. El aroma de su perfume, mezclado con el olor del sexo reciente, creaba una atmósfera embriagadora.</p>
<p>—Mira, normalmente ese sería mi primer punto de discusón, pero…—susurró, acercándose tanto que sus pechos desnudos rozaron el brazo de Nicolás—. Por esta vez podemos ponerlo en pausa, grabar algo más y hablar de esto luego. ¿Qué dices?</p>
<p>Nicolás evaluó la situación con rapidez. No podía negar que la idea era tentadora. Sofía era hermosa, experimentada, y claramente dispuesta. Pero había algo en la forma en que se había referido a Martha que le provocaba una incomodidad visceral.</p>
<p>—Martha es una putita increíble —continuó Sofía, interpretando su silencio como duda—. Tan inocente, tan dispuesta a aprender. No me había divertido tanto en mucho tiempo.</p>
<p>Fue como si algo se rompiera dentro de Nicolás. Sin pensarlo, su mano libre se elevó y conectó con la mejilla de Sofía en una bofetada seca y contundente. El sonido reverberó en la habitación como un disparo. Sofía dio un paso atrás, con los ojos muy abiertos.</p>
<p>Antes de que pudiera reaccionar, Nicolás dejó la cámara sobre la mesa y avanzó hacia ella. Sus dedos se cerraron alrededor del cuello de Sofía. La miró directamente a los ojos mientras su pulgar presionaba ligeramente sobre la carótida.</p>
<p>—Martha no es tu putita —siseó, con una voz que apenas reconoció como propia—. ¿Entiendes? Es mía. Solo mía.</p>
<p>Una sonrisa lenta se formó en los labios de Sofía, mientras su pulso aceleraba bajo los dedos de Nicolás.</p>
<p>—Ya veo —murmuró. Y quizás quería decir algo más, pero el agarre de Nico apenas la dejaba pronunciar palabra.</p>
<p>Nicolás aflojó ligeramente el agarre, pero no la soltó por completo. No entendía de dónde venía esta posesividad repentina, este impulso de dominar y marcar territorio. Pero algo en la forma casual en que Sofía se había referido a Martha, como si fuera simplemente una novedad, un juguete para su diversión, había desencadenado una respuesta que no sabía que tenía dentro.</p>
<p>—Lo entiendo perfectamente —continuó Sofía, su voz era un ronroneo bajo la presión de la mano de Nicolás—. No volveré a cruzar esa línea.</p>
<p>La mirada de Nicolás se endureció mientras evaluaba la sinceridad en los ojos de Sofía. Finalmente, la soltó con un movimiento brusco. El cuello de ella mostraba marcas rojizas donde habían estado sus dedos.</p>
<p>—Sígueme —ordenó, recogiendo ambas cámaras: la del trípode y la que había usado en mano.</p>
<p>Sin esperar confirmación, se dirigió hacia el pasillo que conducía a la habitación de Martha. Podía sentir a Sofía siguiéndolo, sus pasos descalzos apenas audibles sobre el piso de madera. Se detuvo frente a la puerta cerrada del baño, desde donde se escuchaba el agua corriendo.</p>
<p>En ese momento, la puerta se abrió. Martha apareció en el umbral, completamente desnuda, con gotas de agua todavía resbalando por su piel. Se había lavado la cara, pero su cabello seguía desordenado por las manos de Sofía, y sus labios permanecían hinchados por los besos y la actividad oral. La sorpresa cruzó su rostro al encontrarse con ambos esperándola en el pasillo.</p>
<p>—¿Qué...? —comenzó, pero la mirada intensa de Nicolás la silenció.</p>
<p>—Ven con nosotros —dijo él simplemente, continuando hacia la habitación.</p>
<p>Martha intercambió una mirada rápida con Sofía, quien se limitó a sonreír y seguir a Nicolás. Después de un momento de vacilación, Martha los siguió, la confusión evidente en su rostro pero también una curiosidad innegable.</p>
<p>La habitación estaba exactamente como la habían dejado esa mañana: la cama deshecha, las cortinas entreabiertas permitiendo que entrara suficiente luz natural para complementar la lámpara de noche. Nicolás colocó la cámara montada en el trípode en una esquina, orientada hacia la cama. La segunda cámara la dejó sobre la cómoda.</p>
<p>Con movimientos deliberadamente lentos, Nicolás se sentó en el borde de la cama. Su rostro había adoptado una expresión que Martha no le había visto antes: una mezcla de deseo y determinación. Era como si hubiera madurado 5 años desde esa mañana.</p>
<p>—Vengan aquí —ordenó, palmeando los espacios a ambos lados de él—. Siéntense.</p>
<p>Sofía obedeció sin dudar, deslizándose junto a él con la gracia felina que parecía caracterizar todos sus movimientos. Martha permaneció en la puerta un momento más, su desnudez repentinamente vulnerable bajo la mirada expectante de Nicolás.</p>
<p>—¿Qué estamos haciendo? —preguntó.</p>
<p>—Ven —insistió Nicolás, ignorando su pregunta—. Siéntate.</p>
<p>Había un tono en su voz que no admitía réplica. Martha avanzó lentamente hacia la cama y se sentó al otro lado de Nicolás, completando el trío. Los tres permanecieron así por un momento, desnudos salvo por Nicolás, quien seguía completamente vestido.</p>
<p>La mano de Nicolás se posó sobre el muslo desnudo de Martha, un toque que era tanto posesivo como reconfortante. Su otra mano encontró su camino hasta la nuca de Sofía, enredando los dedos en su cabello oscuro, no con violencia sino con una firmeza que dejaba claro quién tenía el control.</p>
<p>Martha miró a Nicolás con ojos que mezclaban desconcierto y curiosidad. La nueva autoridad que emanaba de él era tan inesperada como excitante. Nunca lo había visto así, tan dominante, tan seguro. Su mano seguía posada sobre su muslo desnudo.</p>
<p>—¿Qué estamos haciendo? —volvió a preguntar, su voz un susurro que apenas rompía el silencio de la habitación.</p>
<p>Nicolás giró el rostro hacia ella. Sus ojos se habían oscurecido con una intensidad que Martha reconoció de inmediato como deseo puro. Se inclinó hacia ella hasta que sus labios rozaron su oreja.</p>
<p>—Solo déjate llevar —murmuró, su aliento cálido enviando escalofríos por la columna de Martha—. Confía en mí.</p>
<p>Sin darle tiempo a responder, capturó sus labios en un beso hambriento. No había nada de la ternura habitual que compartían; este era un beso posesivo, demandante. Su lengua invadió la boca de Martha sin pedir permiso, reclamando lo que consideraba suyo. Martha se rindió a la intensidad, permitiendo que su cuerpo respondiera instintivamente.</p>
<p>Mientras se besaban, Martha sintió movimiento detrás de Nicolás. Abrió los ojos para ver a Sofía arrodillada junto a ellos, sus manos trabajaban hábilmente en desabrochar el cinturón de Nicolás. La escena tenía una cualidad surrealista: ella besando a su hijo mientras otra mujer comenzaba a desnudarlo. Sin embargo, lejos de sentir rechazo, una oleada de calor recorrió su cuerpo.</p>
<p>Nicolás se separó de Martha cuando sintió las manos de Sofía desabrochando su pantalón. Le dirigió una mirada apreciativa antes de voltearse hacia ella y tomarla por la nuca. Sin mediar palabra, la atrajo hacia sí y la besó con la misma intensidad con que había besado a Martha momentos antes.</p>
<p>Martha observó fascinada cómo sus bocas se unían, cómo sus lenguas se encontraban en una danza visible. Había algo hipnótico en la forma en que Sofía respondía, con una energía juvenil y descarada que contrastaba con su propia entrega más medida.</p>
<p>Nicolás se permitió comparar ambas sensaciones. Besar a Sofía era como probar fuego líquido: intenso, ardiente, casi agresivo. Sus labios más llenos, su técnica perfeccionada por años de experiencia. En cambio, besar a Martha era como sumergirse en aguas profundas: una calidez envolvente, una ternura mezclada con una pasión que venía de lo más profundo del alma. Dos experiencias completamente distintas, ambas embriagadoras a su manera.</p>
<p>Las manos de Sofía terminaron de desabrochar su pantalón y comenzaron a bajarlo junto con el bóxer. Nicolás se apartó de ella para facilitarle la tarea. En cuestión de segundos estaba completamente desnudo, su erección liberada y evidenciando sin lugar a dudas la excitación que le provocaba la situación.</p>
<p>Se volvió hacia Martha, cuyos ojos no se apartaban de su cuerpo. La atrajo hacia sí para otro beso, más dulce esta vez pero igualmente intenso. Sus manos recorrieron el cuerpo familiar de ella, deteniéndose en sus pechos. Los masajeó con apreciación, pellizcando suavemente los pezones entre sus dedos. Martha dejó escapar un gemido suave que vibró dentro del beso.</p>
<p>Después de un momento, Nicolás rompió el contacto y se giró hacia Sofía. Sin decir palabra, se inclinó y tomó una de sus tetas en su boca. Su lengua trazó círculos alrededor del pezón antes de succionarlo con fuerza, arrancando un jadeo agudo de la garganta de Sofía. Sus manos se aferraron al cabello de Nicolás, manteniéndolo en posición mientras él alternaba entre lamidas suaves y mordiscos calculados.</p>
<p>Después de un minuto así, Nicolás se apartó y volvió su atención a Martha. Repitió el mismo tratamiento con sus pechos.</p>
<p>Sofía observaba con interés cómo Nicolás adoraba los pechos de Martha. Había algo en la forma en que lo hacía, una familiaridad que iba más allá de lo que podría esperarse de una simple relación profesional. Su mano se deslizó hasta el cabello de Martha y lo agarró con firmeza, tirando suavemente para inclinar su cabeza hacia atrás.</p>
<p>Martha soltó un pequeño grito de sorpresa que fue silenciado cuando los labios de Sofía se posaron sobre los suyos. Fue un beso diferente al que habían compartido durante la grabación, más intenso, más demandante. Sofía exploraba su boca con una determinación que dejaba claro que esto ya no era actuación, sino deseo genuino.</p>
<p>Nicolás se apartó para observar cómo las dos mujeres se besaban. La visión era intoxicante: Martha entregándose al beso con los ojos cerrados, Sofía dominando la situación con la mano todavía enredada en el cabello de Martha.</p>
<p>—Acuéstense —ordenó, su voz rompiendo el hechizo—. Las dos. Lado a lado.</p>
<p>Sofía fue la primera en obedecer, deslizándose hasta quedar recostada sobre la cama del lado izquierdo. Martha la siguió después de un momento, colocándose a la derecha. Sus cuerpos desnudos quedaron separados por apenas unos centímetros, sus brazos incluso se rozaban ligeramente.</p>
<p>Nicolás contempló la escena por un instante: dos mujeres hermosas, tan diferentes y a la vez tan complementarias, esperando sus instrucciones. El poder que sentía era embriagador. Se arrodilló en la cama y se posicionó sobre Sofía, apoyándose en un brazo junto a su cabeza. La besó profundamente mientras su mano libre se deslizaba por el vientre plano de Martha hasta encontrar su sexo.</p>
<p>Sus dedos se movieron con experiencia, encontrando el clítoris y comenzando a trazar círculos precisos que sabía que la llevarían rápidamente al borde. Martha jadeó ante el contacto, y entonces Nicolás le metió 2 dedos de golpe.</p>
<p>Sofía no se quedaba atrás en respuestas. Sus brazos rodearon el cuello de Nicolás, atrayéndolo más cerca mientras su lengua batallaba con la de él. Una de sus manos se deslizó entre sus cuerpos, encontrando la erección de Nicolás y rodeándola con dedos expertos. Lo guió hacia su entrada, húmeda y lista.</p>
<p>—Métela —susurró contra sus labios—. Cógeme mientras la masturbes.</p>
<p>Nicolás sintió que algo primario se desataba dentro de él ante esas palabras. Con un solo movimiento, empujó las caderas hacia adelante, penetrando a Sofía de golpe. Ella soltó un gemido agudo, casi un grito, mientras sus uñas se clavaban en la espalda de Nicolás.</p>
<p>La sensación era abrumadora. Sofía estaba increíblemente apretada y caliente, sus músculos internos se aferraban a su verga como si intentaran arrastrarlo más profundamente. Al mismo tiempo, los dedos de Nicolás continuaban su trabajo entre las piernas de Martha.</p>
<p>Así se mantuvo por un momento, completamente dentro de Sofía, mientras sus ojos se encontraban con los de Martha. En ellos vio una mezcla de excitación, sorpresa y, quizás, un destello de celos que encendió aún más su deseo. Sin apartar la mirada, comenzó a moverse dentro de Sofía, estableciendo un ritmo lento pero profundo que arrancaba un gemido de ella con cada embestida.</p>
<p>Nicolás comenzó a moverse con más vigor, su cadera estableciendo un ritmo profundo y constante que hacía rebotar los pechos de Sofía con cada embestida. Había dejado de penetrar a Martha con los dedos. Ella respondía con gemidos agudos que llenaban la habitación, su cuerpo arqueándose para recibirlo más profundamente. Martha observaba la escena con una mezcla de fascinación y deseo. La imagen de su hijo penetrando a otra mujer, lejos de repelerla, despertaba en ella una excitación que no podía—ni quería—controlar.</p>
<p>Los dedos de Nicolás abandonaron el sexo de Martha, concentrándose ahora en sujetar las caderas de Sofía para profundizar sus embestidas. Martha sintió la ausencia como una pequeña traición, pero la reemplazó rápidamente con sus propios dedos. Comenzó a tocarse.</p>
<p>—Mírame —ordenó Nicolás, sus ojos fijos en Martha mientras continuaba penetrando a Sofía.</p>
<p>Martha obedeció, encontrando su mirada. Había algo profundamente íntimo en ese intercambio silencioso, como si en medio del caos carnal estuvieran compartiendo un secreto que Sofía, a pesar de su participación física, jamás podría entender. Los dedos de Martha aceleraron su ritmo, sincronizándose inconscientemente con las embestidas de Nicolás.</p>
<p>Sofía parecía ajena a esa conexión. Su cuerpo se contorsionaba con cada penetración, y sus gemidos se volvían progresivamente más agudos y descontrolados. No eran sonidos contenidos o suaves, sino gritos guturales que resonaban contra las paredes del dormitorio, proclamando su placer sin el menor pudor.</p>
<p>—¡Sí, así, más fuerte! —gritaba, sus palabras entrecortadas por jadeos violentos—. ¡Cógeme más duro!</p>
<p>Sus tetas rebotaban violentamente con cada embestida, y sus manos se aferraban a los hombros de Nicolás, las uñas incluso le dejaban marcas rojizas sobre la piel. El sonido de sus cuerpos chocando se mezclaba con sus gritos, creando una sinfonía obscena que Martha encontraba extrañamente hipnótica.</p>
<p>Nicolás aumentó el ritmo, embistiendo con más fuerza, provocando que los gritos de Sofía alcanzaran un volumen casi escandaloso. Después de varios minutos así, se inclinó hacia Martha sin detener sus movimientos.</p>
<p>—Es bastante escandalosa, ¿verdad? —comentó, con una media sonrisa que mezclaba diversión y lujuria—. Creo que necesita tener la boca ocupada.</p>
<p>Martha lo miró sin comprender. Sus dedos seguían moviéndose entre sus piernas, manteniendo viva la llama que Nicolás había encendido antes.</p>
<p>—¿Qué quieres decir? —preguntó, su voz apenas audible bajo los gemidos continuos de Sofía.</p>
<p>Nicolás ralentizó sus embestidas por un momento, provocando un quejido de protesta de Sofía. Sus ojos permanecían fijos en Martha, con una intensidad que la atravesaba.</p>
<p>—Siéntate sobre su cara —le ordenó—. Frente a mí. Que use esa boca para algo más que gritar.</p>
<p>Martha se arrodilló sobre el colchón y, con movimientos cautelosos, pasó una pierna sobre el rostro de Sofía. Quedó de frente a Nicolás, quien la miraba atentamente mientras ella bajaba las caderas.</p>
<p>Sofía parecía entusiasmada ante la nueva tarea. Sus manos se elevaron para aferrar los muslos de Martha, guiándola hacia abajo hasta que su sexo quedó perfectamente posicionado sobre su boca. El primer contacto de su lengua arrancó un gemido agudo de la garganta de Martha. Después de la experiencia anterior, Sofía conocía ya los puntos exactos que la hacían temblar.</p>
<p>—Eso es —murmuró Nicolás, admirando la vista—. Déjala comerte el coño mientras me la cojo. Déjame verte disfrutar.</p>
<p>Martha se sintió expuesta, vulnerable, con su hijo observándola directamente mientras otra mujer la estimulaba oralmente. Pero esa misma vulnerabilidad intensificaba cada sensación. La lengua de Sofía se movía con precisión experta, alternando entre lamidas amplias y atención focalizada a su clítoris. Sus manos, mientras tanto, se aferraban con fuerza a los muslos de Martha, manteniéndola firmemente en posición.</p>
<p>Nicolás reanudó sus embestidas con renovado vigor. La nueva posición le permitía ver simultáneamente cómo su miembro entraba y salía de Sofía y cómo el rostro de Martha se transformaba con el placer. Era un espectáculo que excitaba cada fibra de su ser. Sus manos se extendieron para acariciar los pechos de Martha, pellizcando suavemente sus pezones.</p>
<p>—¿Te gusta? —preguntó, su voz ronca por el esfuerzo—. ¿Te gusta ver cómo me la cojo mientras ella te chupa?</p>
<p>Martha asintió, incapaz de articular palabras coherentes. Sus manos habían encontrado sus propios pechos, masajeándolos al ritmo de las atenciones de Sofía. El placer era abrumador, intensificado por la mirada de Nicolás fija en ella, por la sensación de ser observada en el momento más íntimo y vulnerable.</p>
<p>Mantuvieron esta posición durante varios minutos, el placer se construía en capas: la penetración rítmica de Nicolás, la lengua incansable de Sofía, las manos de ambos sobre el cuerpo de Martha. Era como una máquina perfectamente sincronizada de placer carnal.</p>
<p>Eventualmente, Nicolás se detuvo y se retiró de Sofía, quien emitió un sonido de protesta ahogado contra el sexo de Martha.</p>
<p>—Ponte en cuatro —ordenó a Sofía, dándole una palmada en el costado—. Ahora.</p>
<p>Martha se elevó, permitiendo que Sofía respirara. La modelo se veía desaliñada, con el rostro brillante por los fluidos de Martha, el cabello despeinado y las mejillas enrojecidas. Tomó un momento para recuperar el aliento antes de obedecer, girándose y colocándose en cuatro sobre la cama.</p>
<p>—Tú —dijo Sofía a Martha, con voz ronca pero autoritaria—. Acuéstate frente a mí. Quiero seguir comiéndote esa concha hermosa mientras él me coge.</p>
<p>Martha cumplió sin resistencia, recostándose frente a Sofía y abriendo las piernas para ofrecerse nuevamente. La boca de Sofía descendió con entusiasmo, retomando donde había dejado. Nicolás se posicionó detrás de ella y, con un movimiento fluido, la penetró por detrás.</p>
<p>El nuevo ángulo parecía intensificar las sensaciones para Sofía. Entre lamidas y succiones al sexo de Martha, dejaba escapar gemidos y frases entrecortadas:</p>
<p>—Qué suerte... tienes —jadeó contra el sexo de Martha—. Con ese socio... y su verga tan rica...</p>
<p>Las palabras, aunque crudas, encendieron algo en Martha. La idea de que otra mujer disfrutara tanto de su hijo, que lo encontrara tan deseable, intensificaba su propio placer de una manera que no habría podido anticipar. Su cuerpo comenzó a tensarse, señalando la proximidad del clímax.</p>
<p>Sofía percibió los signos y redobló sus esfuerzos, concentrando su atención en el clítoris de Martha mientras usaba dos dedos para penetrarla rítmicamente. El orgasmo llegó con una intensidad devastadora, haciendo que Martha arqueara la espalda y emitiera un grito que rivalizaba con los de Sofía momentos antes.</p>
<p>—Qué buena puta eres —murmuró Sofía contra el sexo palpitante de Martha—. Es todo un espectáculo ver cómo te vienes.</p>
<p>Luego, levantando la cabeza para mirar a Nicolás sobre su hombro, añadió:</p>
<p>—Tu socia es una puta increíble. Deberías estar orgulloso.</p>
<p>Esas palabras encendieron algo primitivo en Nicolás. Sus embestidas se volvieron más fuertes, más violentas, impulsadas por una mezcla de deseo y furia apenas contenida. Sus manos se cerraron alrededor de las nalgas de Sofía, dejando marcas rojas que se sumaban a las ya existentes de sus sesiones anteriores.</p>
<p>Con un movimiento impulsivo, levantó la mano y la dejó caer con fuerza sobre una nalga de Sofía, el sonido del impacto resonando en la habitación. Ella soltó un grito mezclado con un gemido, su cuerpo se tensó momentáneamente antes de empujar hacia atrás.</p>
<p>Nicolás entendió la señal y comenzó a azotarla rítmicamente, alternando entre ambas nalgas, cada golpe dejándolas más rojas, más calientes. Su mano encontró el camino hasta el chongo medio deshecho de Sofía y tiró con fuerza, obligándola a arquear la espalda en un ángulo casi doloroso.</p>
<p>—Cállate —gruñó, mientras aumentaba la velocidad de sus embestidas—. Solo cállate.</p>
<p>El placer se construyó rápidamente dentro de él, una presión creciente que amenazaba con explotar. Con un último tirón del cabello de Sofía y una serie de embestidas brutales que sacudían todo su cuerpo, Nicolás llegó al clímax. Su orgasmo fue casi violento en su intensidad, arrancando un rugido de su garganta mientras su semilla se derramaba dentro de Sofía en pulsaciones potentes y prolongadas.</p>
<p>Cuando la última contracción se desvaneció, Nicolás se desplomó sobre la espalda de Sofía, ambos jadeando como si hubieran corrido un maratón. Martha los observaba desde su posición, su cuerpo todavía temblaba con los últimos ecos de su propio orgasmo y una sonrisa satisfecha curvaba sus labios.</p>
<p>Media hora después, los tres yacían sobre la cama en un silencio solo interrumpido por respiraciones que gradualmente volvían a la normalidad. Nicolás se había tendido boca arriba en el centro, con Martha y Sofía flanqueándolo a cada lado. Los dedos de Martha trazaban patrones perezosos sobre el pecho de su hijo, mientras la mano de Sofía descansaba sobre su abdomen. El aire olía a sexo, a sudor, a la extraña intimidad que habían compartido.</p>
<p>Nadie había hablado desde el final, como si las palabras pudieran romper algún tipo de hechizo. En ese silencio post-coital flotaba una sensación compartida de haber cruzado un umbral del que no había regreso posible. Martha miraba el techo con ojos entrecerrados, su cuerpo experimentaba una relajación tan profunda que se sentía casi incorpórea. Sofía mantenía una sonrisa satisfecha.</p>
<p>Fue ella justamente quien finalmente rompió la quietud. Se incorporó con un movimiento fluido y se sentó al borde de la cama, dándoles la espalda. Martha no pudo evitar observar las marcas que decoraban su piel: las nalgas enrojecidas, con zonas que ya comenzaban a mostrar moretones; los dedos de Nicolás impresos como recuerdos púrpura en sus caderas y los azotes en sus nalgas. Un catálogo de pasión desbordada escrito sobre su cuerpo.</p>
<p>Sofía giró el rostro y los miró por encima del hombro. La luz de la tarde que se filtraba por las cortinas entreabridas le daba un aspecto casi etéreo.</p>
<p>—Ha sido una experiencia increíble —dijo, su voz todavía ligeramente ronca—. No suelo decir esto después de grabar con clientes, pero ustedes dos... —hizo una pausa, buscando las palabras adecuadas— son especiales. Hay algo entre ustedes que se siente auténtico, visceral.</p>
<p>Martha y Nicolás intercambiaron una mirada rápida, ese gesto casi imperceptible que solo pueden compartir quienes guardan un secreto demasiado profundo para ser nombrado.</p>
<p>—Espero recibir el material final cuando esté listo, sé que no era parte del trato pero me haría muy feliz —continuó Sofía, poniéndose de pie y estirándose como una gata satisfecha—. Y si alguna vez consideran hacer otro tipo de escenas, me encantaría volver a colaborar. No necesariamente para ese instituto alemán. —Sus labios se curvaron en una sonrisa que dejaba claro que había adivinado la verdadera naturaleza de su relación—. Podría ser solo para nosotros.</p>
<p>Nicolás hizo ademán de levantarse, quizás para acompañarla a la puerta, pero Sofía lo detuvo con una mano sobre su pecho. Su palma abierta contra la piel, la presión justa para comunicar su deseo sin forzarlo.</p>
<p>—No te levantes —dijo con suavidad—. Conozco la salida.</p>
<p>Se inclinó sobre él y depositó un beso en sus labios, no un beso pasional como los que habían compartido antes, sino uno casi tierno. Después, se volvió hacia Martha, quien la observaba con una mezcla de fascinación y agotamiento.</p>
<p>—Ha sido magnífico conocerte —murmuró Sofía, inclinándose para besar también sus labios—. Eres más de lo que aparentas a primera vista, Martha. Mucho más.</p>
<p>Con esas palabras enigmáticas, Sofía salió de la habitación. Su desnudez era llevada con tal naturalidad que parecía más un estado de gracia que de vulnerabilidad. Sus pasos descalzos sobre el suelo de madera se alejaron por el pasillo, un sonido que disminuía gradualmente hasta desaparecer.</p>
<p>Martha y Nicolás permanecieron en silencio, escuchando. Después de unos minutos, oyeron el sonido distintivo de la puerta principal abriéndose y luego cerrándose con un chasquido suave. Solo entonces dejaron escapar un suspiro compartido, como si hubieran estado conteniendo la respiración sin darse cuenta.</p>
<p>Martha se giró hacia Nicolás. Sus ojos, aunque cansados, brillaban con una intensidad que contradecía su agotamiento físico.</p>
<p>—Estoy completamente deshecha —confesó, su voz apenas un susurro—. No sabía que el cuerpo podía sentirse así.</p>
<p>No especificó si se refería al placer, al cansancio, o a esa peculiar mezcla de satisfacción y vacío que sigue a las experiencias extremas. Quizás ni ella misma lo sabía. Con un movimiento lento, casi doloroso, se giró, dándole la espalda a Nicolás.</p>
<p>Él observó la curva de su espalda, la columna vertebral que se dibujaba suavemente bajo la piel, los omóplatos que se movían ligeramente con cada respiración. Sin mediar palabra, se acercó a ella y la abrazó por detrás. Su brazo rodeó la cintura de Martha, su mano descansando sobre su vientre. Sus cuerpos encajaban perfectamente, como piezas de un rompecabezas diseñadas para encontrarse. El calor compartido creaba un capullo de intimidad que ninguna presencia externa, por más intensa que fuera, podría penetrar realmente.</p>
<p>Martha suspiró y se relajó contra él, permitiendo que la tensión residual abandonara sus músculos.</p>
<p><strong>Nota del autor:</strong></p>
<p>Saludos estimados lectores.</p>
<p>Esta historia ya va en <a href="patreon.com/RelatosdePerseo">el capítulo 13 en mi Patreon, donde además hay fotos y videos de los protagonistas</a>, si quieren leer los últimos capítulos pueden hacerlo por allá.</p>
<p>Les mando un saludo, gracias por sus comentarios. Siempre los leo aunque luego no los contesto por acá.</p>