Carolina y la sesión de jiujitsu brasileño
Carolina siempre supo que sus pechos llamaban la atención, pero nunca imaginó que una clase de jiujitsu sería el escenario perfecto para ponerlos a prueba. Con la academia vacía y el sudor ya en la piel, la barrera entre la técnica y el deseo se desvanece en cada movimiento.
¡Hola a todo el mundo! Somos dos amigas, podéis llamarnos Carolina y Celia, leemos desde hace tiempo esta web y hemos decidido contar aquí lo que estamos empezando a hacer, inspiradas, o mejor dicho, tentadas, por algunos relatos que hemos leído.
No todo será sobre las dos, no nos podemos ver siempre. Esta vez escribo yo, Carolina, sobre lo que hice hace poco. Aunque primero, nos describo un poco:
Yo, Carolina, soy una chica muy bajita, pelo largo, liso y castaño, aunque me lo tinto de colores normalmente (ahora lo llevo azul oscuro). Soy un poco regordeta, para que engañaros, aunque nada excesivo, excepto por mis pechos. La verdad es que hasta hace poco consideraba hacerme una reducción, porque sinceramente son enormes, especialmente para mi altura, y muy pesados, pero como veréis le he cogido el gusto últimamente, aunque siguen pesando bastante y no me dejan mirar hacia abajo bien. Cada uno es más grande que mi cabeza, de lejos, y según la ropa que lleve, si me siento, pueden hacerme parecer que tengo una enorme barriga de embarazada. (¡Que no tengo, que solo soy un poquito regordeta!)
Mi amiga, Celia, es también bajita, aunque un poco más alta que yo. Tiene pelo largo y ondulado, negro, y ella sí que no se lo tinta aunque le intente convencer. Suele vestir de una manera gótica, y le queda muy bien. Es más bien delgada, y tiene pechos medianos, quizá un poco más grandes de lo normal, pero nada tan excesivo como los míos.
Antes de empezar, la razón de habernos puesto con esto ha sido leer relatos en esta web, sobre todo los de exhibicionismo. Algunos son claramente ficticios, y otros puede que sean reales, y supongo que, como no tenemos muchos hobbys ni amistades, empezamos a hablar del tema y así ha pasado todo. De momento no hay tanto que contar, ya que hemos empezado a tomarlo en serio hace nada, así que perdón si este relato no tiene tanta "chicha" como os gustaría.
Celia ya ha hecho algo, que os contará en otro relato cuando tenga tiempo, por mi parte voy a contaros lo primero que he hecho relacionado con esto.
Lo máximo que había intentado hasta ahora era ir a la compra más escotada, y aunque se notaba la diferencia, en general el tamaño de mis pechos ya atraía miradas, incluso si iba más modesta. Y por eso no notaba que fuera suficiente. Pero la suerte trajo la respuesta frente a mí.
Habían abierto hacía poco una academia de jiujitsu brasileño a media hora de mi casa. Nunca me había fijado en ello, pero al ver la imagen en el papel del anuncio pegado a una farola, me llamó la atención; dos hombres, forcejeando en el suelo. Tras informarme un poco, me di cuenta de que era correcto, la mayoría de veces se hacía todo en el suelo. Y, con todo lo que tenía en mi cabeza, vi una oportunidad. Así que, tras hablarlo con Celia, me decidí a hacer algo un poco más arriesgado.
Llamé a la academia, informándome, y me enviaron todos los datos por whatsapp. Había varios horarios con profesores diferentes, todos ellos con varios alumnos, excepto uno. La última franja horaria antes del cierre estaba sin alumnos, así que me apunté a esa hora. El profesor, que salía en algunas de las fotos que me habían enviado, era un chico fuerte, normalito de cara, pero nada mal. Pensé que una clase particular con él podía ser divertida, si iba con las intenciones de exhibirme un poco.
El día de la clase me vestí a conciencia. Me había informado bien de qué ropa era aconsejable llevar... e hice lo contrario. Aunque los pantalones de chándal sí que eran buena idea, la fina camiseta escotada de algodón no lo era; si sudaba iba a pegarse a mi piel y probablemente a transparentar un poco, además de ser bastante escotada. Y, para empeorarlo, me puse un sujetador fino de lencería negra, de una talla un poco más pequeña de lo que debería. Mis pechos estaban a duras penas sujetos en su interior, sobresaliendo de forma llamativa, aunque al ser sujetadores sin aros duros no era especialmente molestos. Creía que los movimientos no serían tan bruscos como para que me dolieran los pechos, pero existía un claro riesgo de que se salieran del sitio en algún momento, o eso esperaba.
Cuando llegó el momento estaba muy nerviosa, pero entré en la academia intentando aparentar confianza. El recepcionista con el que había hablado por teléfono me indicó por donde tenía que ir, y llegué a la sala, con el suelo cubierto con un tatami. Y, para mi sorpresa, vi que además del profesor, también había otro chico, de unos veintipocos años, guapete y con más músculo, ambos vestidos con kimonos blancos, aunque uno con un cinturón negro y el otro con uno blanco. Resultó que otro alumno se había apuntado también a esa hora. El profesor, con una sonrisa, se adelantó, extendiendo su mano.
-¡Hola! ¿Eres Carolina? - Dijo, extendiendo su mano, que estreché, nerviosa - Soy tu profesor, Carlos. Esta es tu clase gratuita, ¿Verdad?
Asentí, mirando de reojo al otro chico, que me saludó con un movimiento de cabeza, sin sonreir.
-Bueno, este es Sergio, se ha apuntado también a esta hora. - Dijo Carlos, señalando al otro chico - Lleva un par de meses entrenando, pero no te preocupes, no te afectará, vamos a empezar con los movimientos básicos.
La clase empezó con un calentamiento. Los movimientos hacían que mis pechos se movieran de lado a lado, y con la elección de vestuario, se notaba. El profesor no pareció darse cuenta, o directamente fingió no darse cuenta. Sergio no fue tan sutil, su mirada se iba hacia mis pechos cada pocos segundos. Yo me aseguraba de balancearme, en algunos momentos dejando una vista clara de mi escote, una gran parte de piel al descubierto.
Tras el calentamiento, Carlos explicó el primer movimiento, de control lateral, centrándose en que yo, al ser nueva, lo entendiera. Primero se colocó en el suelo, y yo me coloqué sobre él, en perpendicular, intentando inmovilizarlo. Mis pechos se aplastaron contra él, sobresaliendo ligeramente por el escote de la camiseta. Me enseñó los movimientos, para intentar impedir que él se levantara, y poder inmovilizarlo, aunque yo estaba más pendiente de como la piel de mis pechos se frotaba contra sus pectorales parcialmente descubiertos, con el kimono medio abierto.
No llegó a pasar nada más, a mi pesar, aunque me pregunté si habría sido así si hubiéramos estado a solas. Finalmente me hizo levantarme, él imitándome, e hizo un gesto hacia Sergio.
-Vamos, ahora tú arriba. Carolina, tú ahora tienes que intentar quitarte a Sergio de encima, mientras él intenta retenerte ahí. Básicamente es lo que hemos practicado ahora, pero tú en la posición donde estaba yo, y Sergio donde estabas tú.
Me tumbé, con Sergio colocándose sobre mí; al ser más musculoso, sus pectorales sobresalían más que los de Carlos, puestos contra mis pechos, piel contra piel.
Y aquí cambió todo. Con Carlos, ni él ni yo nos habíamos movido mucho, todo lentamente para que yo entendiera los movimientos. Pero Sergio no paró de moverse desde el principio, haciendo más difícil que yo pudiera quitármelo de encima. La fricción de su cuerpo contra el mío fue demasiado para mi sujetador, que dejó escapar a los pocos segundos uno de mis pechos. Aún estaba escondido debajo de la tela de la camiseta, pero un par de movimientos suyos acabaron sacando el pecho casi completamente. Mi pezón pronto se sumó al resto, frotándose contra sus músculos. Al principio no se dio cuenta, aunque en un momento se detuvo repentinamente y se retiró muy ligeramente, mirando hacia abajo, sorprendido, mi pecho al descubierto.
Yo seguí intentando apartarme de debajo de él, sin esforzarme demasiado, la piel de mi pecho descubierto cada vez más caliente, al igual que la zona entre mis piernas. Jadeaba, tanto por el cansancio como por la excitación, y Sergio parecía estar frotándose contra mi con toda la intención.
Al cabo de un poco paré, exhausta, y Carlos nos indicó que nos levantáramos. Sergio se quedó quieto un momento, dudando, pero le hice un gesto para que se apartara y me dejara incorporarme. Cuando se apartó, Carlos se quedó mirando mi pecho descubierto un segundo, sorprendido, aunque rápidamente apartó la mirada, fingiendo no haber visto nada. Sergio siguió mirando desde arriba, de reojo aunque sin mucho disimulo, y tardé un poco más de la cuenta en volver a poner todo en su sitio.
Yo estaba sin fuerzas, y me quedé descansando mientras Carlos nos explicaba como continuar con otra técnica desde la posición anterior, para acabar uno tumbado y otro montado sobre él, con las caderas apretando los costados. Los dos hombres empezaron a practicar entre ellos durante un rato, con Carlos asegurándose de que yo entendía el movimiento aunque no participara en él.
Al final se separaron, y me tocó ponerme arriba, con Carlos tumbado debajo de mí. Parecía que Carlos pretendía que no se repitiera algo como lo de antes, dándome la posición superior, aunque por el tamaño de mis pechos, él casi no veía mi cara desde abajo, y en cambio sí que veía bien el sujetador a través de la tela, que ya transparentaba por el sudor. Mi culo estaba colocado básicamente sobre su entrepierna, aunque para mi decepción no noté nada, ya fuera por su autocontrol, o por la tela del kimono.
Pronto, con cierta insistencia por mi parte, me tocó ponerme debajo. En esa posición, con Carlos sobre mí, la presión de sus caderas me mantenían en el sitio, y yo levantaba las manos para protegerme de una sumisión, y de paso, apretaba ligeramente mis pechos con los brazos, haciéndolos destacar aún más.
Empezó a enseñarme una sumisión, con sus brazos cruzados y sus manos cogiéndome del cuello de mi camiseta, con suavidad para enseñarme el movimiento. Con el movimiento mis pechos volvían a sobresalir más de la cuenta, y el dorso de sus manos acabó frotándose contra ellos. Él no apartó las manos, aunque esta vez me pareció notar algo en la parte inferior de mis pechos, donde estaba su entrepierna, rozando la tela por debajo. Mientras nos explicaba como coger el kimono (aunque en mi caso era la camiseta), sus manos parecían tocar cada vez más, aunque al poco tiempo se apartó, dando por terminada la clase.
Me quedé hablando un par de minutos con Carlos, mientras Sergio se cambiaba y se iba muy rápido de la academia, sin despedirse. Le di mi número a Carlos, en teoría para que me informara para comprar el kimono, aunque obviamente no hacía ninguna falta.
Y así ha sido de momento, a ver que pasa luego.
No creo que siga con el jiujitsu brasileño, demasiado esfuerzo físico y menos salsa de lo que esperaba, aunque es lógico, al final se nota que Carlos quería ser profesional. ¡Pero si alguien tiene buenas ideas para que las llevemos a cabo, que sean un poco lógicas, adelante!
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Lucía cornea a su marido en su aniversario (2)
El ascensor se detiene y el silencio se rompe con un toque audaz. Mientras su marido duerme a metros de distancia, Lucía descubre que el viaje de…
Comparte:Trio mfmExhibicionismo accidentalBdsm suave
- Hetero: General
Apuesta perdida I
El silbato final marca el inicio de una apuesta peligrosa. Sin ropa interior y bajo la mirada de la multitud, ella acepta ser su juguete en un lugar…
Comparte:Exhibicionismo accidentalBdsm suaveTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Por jugar... Parte 2 de 2
No sabía lo que pasaba detrás de esa puerta cerrada, solo escuchaba sus gemidos. Cuando ella salió, el rastro de la pasión era innegable en su piel…
Comparte:Bdsm suaveExhibicionismo accidentalTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Los deseos de mi amigo para su mujer
Juan Carlos no solo acepta que su esposa tenga relaciones con otro, sino que la prepara, la desnuda y la entrega a su mejor amigo.
Comparte:Trio mfmBdsm suaveExhibicionismo accidental
- Hetero: Infidelidad
El cornudo del marido cada vez más cornudo.
La ventana de abajo era un escenario prohibido. Él no buscaba solo mirar, sino participar. Cuando la vecina aceptó el desafío de la cerradura, supo…
Comparte:Bdsm suaveExhibicionismo accidentalTrio mfm
- Hetero: Infidelidad
Juegos perversos con la amiga mi esposa 5
Victoria no es solo la amiga de su esposa; es la arquitecta de sus peores fantasías. Esta noche, el bar se convierte en su tablero y el silencio del…
Comparte:Trio mfmExhibicionismo accidentalBdsm suave