Xtories

Campus Cornudo PARTE 2 (Cap. 31)

Laura te prometió que todo volvería a la normalidad, que solo serían dos. Pero cuando la ves desnuda planchando la ropa y luego arrodillada ante ti, sabes que la normalidad es solo una máscara. La verdadera pregunta no es si confía en ti, sino quién está realmente al otro lado de la línea telefónica.

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CAPÍTULO 31

Al día siguiente no pude levantarme hasta las cuatro de la tarde. Y aun así me sentía aturdido y espeso.

Por alguna razón no podía recordar los sucesos en casa de Edu con claridad, no recordaba haber bebido tanto como para desvanecerme de aquel modo. Tampoco lograba recordar cómo había acabado atado en el sillón y cómo Laura permitió que se la follaran Edu y Marisa a la vez. Además, no lograba desembarazarme de la persistente sensación de que algo no encajaba, algo no estaba en su sitio, pero era incapaz de saber de qué se trataba.

–¿Me puedes contar que pasó en casa de Edu? – interrogué a Laura al regresar del trabajo al día siguiente.

–Ya lo viste amor, jugamos y perdiste.

–¿Y por qué no me acuerdo de casi nada? – insistí.

–Bebiste demasiado

–No. No puede ser. He bebido muchas veces, pero nunca me he quedado en este estado.

–Supongo que mezclaste. Además, el Orujo es muy peleón.

–¿Y tú? ¿Cómo acabaste follando con Edu y Marisa?

–Tampoco lo sé. El vestido, el juego, la bebida, el baile… todo ayudó a desinhibirme. Además, Edu es un auténtico macho alfa.

–Primero el baile en “La gruta”, ahora un polvo brutal en su casa… y mañana ¿qué va a ser?

–Mañana nada, sólo fue un polvo… como los que me han hecho los otros machos alfa.

–¿Cómo los otros? ¿Y Marisa? ¿Ahora también eres lesbiana? Le chupaste el coño… te folló con un arnés… y a saber que más hicisteis – dije atacando con todo.

–¿De eso sí te acuerdas? ¿No? No, no soy lesbiana. Nunca había estado con una mujer… y me pareció bien probar.

–¿Te pareció bien probar? – pregunté con ironía.

–Pues sí. Y de hecho lo pasé muy bien. Folla mejor que tú – respondió ahora ella con sarna.

–¡Pues ve a follártela! – grité enfadado y dándole la espalda.

–¿Es eso lo que quieres? – insistió Laura.

Y metiéndome en el dormitorio cerré la puerta de un portazo y me acosté.

Aquella era nuestra primera gran discusión. Me sentía desecho, traicionado y abatido. En pocos días había descubierto que mi mejor amigo me había engañado, manipulado y, ahora, también se había follado a mi mujer. En pocos días había perdido a mi mejor amigo y ahora la perdería ella… a mi mujer. Rompí a llorar y poco después entró Laura.

–Yo te quiero a ti amor – me dijo cariñosamente mientras me acariciaba el pelo.

–Edu sólo es un cabrón con una polla que no se merece. Pero es a ti a quien quiero… y con quien quiero estar – dijo mimándome como a un bebé.

Finalmente, viendo que no lograba detener mi llanto añadió, – haremos una cosa, nos olvidaremos de todo eso, ¿vale?, nos olvidaremos de los cinturones de castidad y nos olvidaremos del tema machos alfa; a partir de ahora ya no habrá más infidelidades consentidas.

–Regresaremos a nuestra vida anterior, como si nada hubiera pasado. Haremos el amor tú y yo, sin terceras personas, sólo tú y sólo yo.

–¿En serio? – conseguí decir con un nudo en la garganta.

–Sí. Sólo tú y sólo yo. Ya no quedaremos más con Edu ni con Marisa; nos olvidaremos de ellos.

–Pero… y si te acabas frustrando por mi… mi… – no pude acabar la frase del nudo que me atenazaba la garganta.

–Da igual, practicaremos, usaremos juguetes, pero esto no puede continuar así. No quiero perderte y tampoco quiero hacerte sufrir de ese modo. – Y rompiendo a llorar conmigo, Laura, añadió, –Ya te he hecho suficiente daño esto no puede continuar así.

Ya no dijimos nada más. Abrazados, nos secamos mutuamente las lágrimas y acabamos dormidos uno junto al otro. Sólo ella y sólo yo.

* * * * *

Y, en efecto, después de aquella aciaga noche con Edu y Marisa ya no volvimos a quedar más con ellos en “La gruta”. Laura dejó de imponerme el cinturón de castidad y, poco a poco, recuperamos nuestra vida íntima con más o menos éxito.

–Amor– me dijo Laura apenas abrí la puerta. Estaba desnuda planchando ropa.

–Tengo novedades – añadió impregnando sus palabras con un aura de misterio.

–¿Ah sí? A ver, ¿de qué se trata?

–He pedido un traslado en la empresa, para no tener que coincidir con Edu y Marisa en las oficinas… y lo han aceptado.

–¿Y eso? – pregunté intrigado.

–Ya te dije que, regularmente, Edu y Marisa se presentaban de vez en cuando en las oficinas. Y como no me apetece volver a verlos, aproveché que había una vacante como adjunta del doctor Gimeno y solicité la plaza.

–¿Lo conozco?

–No, seguro que no. Es otro sexólogo de La Compañía, pero a diferencia de la doctora Álvarez sólo atiende los miércoles y los jueves.

–¿Y sólo trabajaras dos días a la semana? Te bajaran mucho el sueldo.

–De hecho, no. Una vez al mes, el doctor Gimeno asiste regularmente a conferencias por toda España y a mí me corresponderá acompañarlo como asistente. Como estas salidas se pagan muy bien al final vendré a cobrar lo mismo.

–El único problema es que las conferencias se imparten los fines de semana; el viernes por la tarde un taxi nos recogerá en las oficinas y regresaremos el domingo siguiente después de comer.

–O sea, sales viernes noche y regresas domingo a la tarde… y ese doctor… ¿Gimeno? ¿Debo preocuparme por él?

Laura soltó una genuina e inocente risa, –¡Que va! Es un señor de 75 años. Ni con viagra se le levanta.

–¿Estás segura de que este cambio merece la pena? – pregunté un poco dubitativo.

–No lo sé, de momento sólo serán 3 meses. Después ya veremos; si estoy cómoda con las nuevas tareas continuaré trabajando con él.

–Bueno… como tu creas. Se me hará extraño no tenerte conmigo el fin de semana.

–Sólo es un fin de semana al mes; el resto te lo compensaré con alguna salida – concluyó seductora.

Y, completamente desnuda, se acercó a mí meneando ostensivamente sus sensuales caderas. Cuando estuvo frente a mí, me besó en la boca y se arrodilló. Desabrochó mi pantalón, me lo bajó y, con la boca, agarró mis calzoncillos hasta dejarlos caer hasta mis tobillos.

La polla se me puso dura instantáneamente. Mis 13 centímetros completamente erectos apuntaban directamente a su boca. Y, sin ayudarse de las manos, la envolvió con la lengua y después se la tragó. Poco a poco, centímetro a centímetro hasta que sus labios alcanzaron mi pubis. Entonces, la agarré de la cabeza y empecé a follarme su boca violentamente.

–Ahhhhhh– suspiré.

–Que bien la chupas… ¡AHHHHHH!!!! Al menos la terapia ha servido para algo. Ummmmmm… ¡SIIII!!!! ¡Chupa!, ¡chupa! – y me detuve para que fuera ella quien marcara el ritmo de la felación.

Con su sorprendente y recién adquirida habilidad, Laura, me chupó la polla controlando a la perfección la presión de los labios, la profundidad y el ritmo.

Lo hizo con tanta profesionalidad que no tardé en derramarme en su boca. Ávida, se tragó toda mi leche, y cuando terminé de correrme, agarró mi polla y la lamió con apetito hasta que se puso morcillona y perdió fuerza. Entonces, se levantó y, tragándose los restos de semen de su cara, me besó.

DESPACHO DOCTORA ÁLVAREZ

LA COMPAÑÍA – MADRID

[LLAMADA TELEFÓNICA] TUUT... TUUT... TUUT...

[Doctora Álvarez] Le comunico que hoy mismo Lyscisca ha aceptado asistir a las “conferencias” en el cortijo Villa Vicio.

[Desconocido] ¡Excelente! Ha sido un auténtico “placer” solucionar el problema.

[Doctora Álvarez] Pero ¿cómo lo ha conseguido tan rápido?

[Desconocido] Muy fácil, situando a Lyscisca en una encrucijada:

[Desconocido] Por un lado, si le confiesa toda la verdad a Carlos, lo humillará tanto que su relación está sentenciada.

[Desconocido] Y por el otro lado, si no se la confiesa, para poder continuar disfrutando del sexo al que es adicta, debe ocultarle sus infidelidades.

[Doctora Álvarez] Y, ¿Cree que Lyscisca será capaz de llegar a la última etapa?

[Desconocido] Sí, pero para ello, en algún momento deberemos romper su vínculo con Carlos.

F I N P A R T E I I