No me importa hacer mamadas en público
Sabe que el mirador está apartado, pero no tan lejos del camino. Sabe que él la mira con esa intensidad que la vuelve loca. Y cuando el desconocido aparece por la esquina, ella decide que esta vez no va a esconderse.
Cuando empieza una relación no quieres alejarte de esa persona, quieres estar siempre con él, la pasión y el deseo que sientes son desbordantes, y no dejarías nunca de follar con tu pareja. Todos recordamos con cariño o con ganas algunos de esos momentos que disfrutamos tanto en nuestras relaciones. Para mí el principio de mi última relación fue muy especial, sobre todo lo que les voy a contar a continuación.
Ya llevaba un tiempo saliendo con él, pero entre un viaje bastante largo que hice y sus obligaciones con el TFG y demás no habíamos podido vernos mucho, por lo que estuvimos un par de días desfogándonos y satisfaciendo todos nuestros deseos, que se habían ido acumulando durante ese tiempo separados. Uno de ellos es el que les voy a contar ahora, el cual aprovecho para recordar algunas noches que estoy sola y necesitada.
Quedamos una tarde, la idea era simplemente salir a tomar algo y después él debía ir a su trabajo, pero la verdad que nuestro plan no salió como inicialmente habíamos esperado. Él tenía algo que hacía que con un simple beso me calentara bastante, por lo que en cuanto lo recogí en su casa y me saludó, supimos que no íbamos a tardar en aparcar en algún lugar apartado.
No sé cómo pude llegar a una zona en la que no habría mucha gente, ya que no paraba de pensar en las ganas que tenía de montarlo, de saborearlo y si me daba permiso, de tragarme su semen. Y él, que sabía el poder que tenía sobre mí, aprovechó durante el trayecto para acariciarme, primero sobre la ropa, y después, tras meter su mano en mi ropa interior, tocando mi clítoris, provocando que me costase concentrarme en la carretera.
Cuando por fin aparqué no me dejó ni acercarme, salió del coche e hizo que yo hiciera lo mismo, empezando a caminar de la mano hacia una zona bastante apartada del coche. Vimos a lo lejos una especie de mirador con árboles y unos bancos de construcción, y tirando de mí se dirigió a esa zona. Se sentó y me puso encima, enseguida me lancé a besarlo pero cada vez que intentaba profundizar el beso se alejaba y se reía, provocándome y burlándose de las ganas que tenía y que no podía contener.
El tira y afloja duró más de lo que me habría gustado, pero finalmente fue él el que me besó intensamente mientras me acariciaba el pecho por debajo del top que llevaba. En un momento dado pasé mis piernas a cada lado de las suyas, montándolo y aprovechando para rozarlo un poco, moviendo mi cadera adelante y atrás.
Cuando ya no pudo más me bajó de sus piernas y me sentó a su lado, abrió mis piernas de golpe y tras meter su mano en mi pantalón y en mi ropa interior rozó suavemente mi clítoris un par de veces antes de meter dos de sus dedos en mi interior. Los arqueó llegando a ese punto tan sensible y los arrastró de nuevo hacia afuera. A partir de entonces, me rodeó con uno de sus brazos y posó su mano sobre mi boca para que nadie que pudiera estar cerca me escuchara, mientras que la otra mano me embestía rápidamente.
Estaba a punto de correrme cuando él escuchó un ruido y bajó la velocidad a la que me estaba masturbando. Cuando le pregunté por qué paraba me señaló con su cabeza a un hombre que se acercaba por el mismo camino por el que habíamos pasado nosotros. El señor nos miraba discretamente, no sé si notó lo que estaba pasando hasta que nos dimos cuenta de su presencia, pero debo reconocer que la idea de que él me hubiera visto temblando por el orgasmo que se acercaba me ponía bastante.
Cuando se alejó mi novio volvió a mover sus dedos en mi interior, los cuales habían permanecido ocultos ahí a pesar de la presencia del extraño. Y finalmente, debido a una mezcla del placer que me estaban provocando sus dedos, la situación en la que nos encontrábamos, al aire libre y con riesgo de que alguien nos oyera, así como el morbo de que el señor supiera lo que estábamos haciendo, me corrí ahogando mis gemidos en su boca.
No me di tiempo a recuperarme antes de arrodillarme frente al banco, mirando a los ojos de mi novio y casi suplicando con mi mirada que me dejara comerle la polla. Y es que teníamos una dinámica bastante curiosa en la que yo casi que suplicaba por que me dejase satisfacerle como si fuera una zorrita necesitada que ansiaba tener su polla en mi boca constantemente.
En cuanto se desabrochó los pantalones y se sacó el miembro me lancé a lamerlo como si lo necesitara más que respirar. No dejé de mirarlo a los ojos mientras me la metía hasta la garganta, mi nariz rozaba su pubis cada vez que me la tragaba de nuevo. A medida que fui aumentando el ritmo, él empezó a desesperarse, por lo que no tardó en poner sus manos en mi pelo y marcar él el ritmo de la mamada. Esta terminó alcanzando un ritmo vertiginoso, su polla golpeando violentamente mi garganta, las arcadas que trataba de controlar y las babas saliendo por las comisuras de mis labios.
No sé si fue por dejarme respirar pero me sacó la polla de la boca y me golpeó con ella las mejillas y la boca, antes de volver a embestirme la garganta a un ritmo frenético. Y fue entonces cuando vi algo moverse por el rabillo del ojo, saqué un poco de la polla de mi boca para poder alejarme de él y ver mejor.
Volvía a ser el hombre de antes deshaciendo el recorrido que había hecho previamente. Toqué el muslo de mi novio para que se girar, cosa que hizo y vió al hombre que estaba pasando casi detrás nuestra ya. No me dejó incorporarme, ni siquiera sacármela de la boca. Volvió a apoyar una de sus manos en mi cabeza y me instó a seguir mamando, cosa que hice aunque el hombre seguramente se estaba percatando de la situación frente a él.
No sé si fue el morbo de que el hombre seguramente me estaba viendo hacer una mamada como si me fuera la vida en ello, o si fue simplemente lo mucho que me gusta comerle la polla a los hombres; pero puse todos mis esfuerzos e hice el mejor trabajo de mi vida chupándola, bajando a comerle los huevos mientras le pajeaba con la mano, y de vuelta a mamarle la polla tras lamerle el glande.
Hasta que el desconocido no estuvo lejos ya de nosotros, no sentí como el agarre de su mano en mi pelo aumentaba, como se tensaba debajo de mí y como su polla daba unas sacudidas que anunciaban que se iba a correr muy pronto. Estaba desesperada por tragármela, pero en un primer momento no me dejó. Me la sacó de la boca y empezó a mover su mano de manera frenética arriba y abajo. Hasta que por fin salió el primer chorro de esa sustancia blanca que tanto me gustaba, alcanzó mi cara, así como el segundo y el tercer chorro de su corrida. Tras eso ya me la metió en la boca permitiéndome saborear los restos de su corrida, seguí lamiendo suavemente hasta que estuvo limpia y él mismo se retiró de mi boca. Y entonces por fin pude coger con mis dedos la corrida que se encontraba por toda mi cara para llevármelos a la boca y seguir saboreando su semen.
Una vez no quedaban prácticamente restos de semen en mi cara, me levantó del suelo, se puso en pie y me comió la boca con ansia, nunca le importaba besarme aunque me supiera la boca a su corrida. No estuvimos mucho tiempo besándonos antes de volver al coche a terminar lo que habíamos empezado al aire libre.
Abrió la puerta trasera y me empujó dentro con agresividad, estaba desesperado por follarme, igual que yo, necesitaba sentirlo dentro de mí. Me acostó en el sillón y me quitó toda la ropa, al igual que el tanga, para después quitarse él también la suya. Se colocó encima y me besó con cariño, antes de que pudiera sentir como se acercaba a mi coño ya me había embestido con fuerza.
El ardor de esa brutal embestida así como el placer de sentirme llena me arrancaron un gemido, que se repitió a medida que percutía con su polla en mi interior a un ritmo cada vez más acelerado. Mis piernas se cerraron alrededor de su cadera, apretándose en su culo para acercarlo cada vez más a mí, alcanzando una profundidad que me descontroló por completo. Apreté mi pecho contra el suyo mientras le besaba con ansias queriendo que se introdujera lo más profundo posible en mí.
Con sus manos retiró mis piernas de su alrededor para subirlas y apoyarlas finalmente en sus hombros, aumentando así la profundidad de sus embestidas e igualmente el ritmo. Dentro del coche se escuchaba el chasquido de sus huevos golpeando mi culo, y de su pubis golpeando mi coñito de manera brutal.
No tardé en correrme, y es que debo reconocer que el cabrón sabía cómo excitarme como nadie, asfixiandome con sus manos, pegándome en la cara suavemente y diciéndome lo puta que era, lo desesperada que estaba por su polla y que siempre sería su zorrita necesitada. Mi orgasmo llegó de forma brutal, gritando y apretando su polla mientras me corría a su alrededor.
Todavía me estaba corriendo cuando nos giró y acabé yo montándolo, poniéndome en una de mis posturas favoritas, y es que eso de montarlo pero que desde abajo él me folle rápido me vuelve loca. Y eso fue lo que hizo, yo mientras me agarré de la puerta del coche para poder aguantar las brutales embestidas que estaba por darme. Y entonces comenzó a follarme tan fuerte y tan bien que sentí que el orgasmo no acababa, simplemente se mantenía en el tiempo.
Él me follaba brutalmente, y yo, mientras se me escapaban gritos sin control, intentaba resistir al placer y a la intensidad del momento. No sé cuánto tiempo estuvimos, pero yo no podía resistir ni un minuto más, las piernas me temblaban, estaba casi acostada encima de él, hecha un lío sudoroso y satisfecho por la brutal follada que me estaba pegando. Y entonces me corrí de nuevo, apretando mi boca contra la de él para ahogar mis gritos mientras de nuevo apretaba su polla con mi coñito.
Fue entonces cuando él sacó rápidamente su polla y mientras gruñía, se corrió sobre mi culo, dejándome caer pegajosa encima de él.
Tardamos en recuperar el aire y las fuerzas antes de poder incorporarnos, y entonces me tocó seguir con mi trabajo como su putita personal. Arrodillándose en el suelo del coche, entre sus piernas y lamiendo suavemente su polla. Le gustaba tenerme comiéndole la polla mientras descansaba, a veces el fin no era correrse, sino saber que yo siempre estaba dispuesta a mamársela hasta que él quisiera. Estuvimos un buen rato, él recostado en el sillón trasero de mi coche y yo de rodillas lamiendo su glande, acariciando sus huevos e introduciendo suavemente su polla en mi garganta.
Adoraba su sabor, la forma de su polla, la conocía de principio a fin, sabiendo cómo le gustaba que se la chupase mientras descansaba, el ritmo que debía seguir, y la mirada de sumisa que debía poner.
No paré hasta que no se acercó un coche a la zona donde estábamos aparcados, así que tras ver que podían vernos al bajarse del coche, nos empezamos a vestir mientras él me robaba algún que otro beso.
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