Capítulo 02 - “Espiando en casa”
Yuliana pensaba que su trabajo era cuidar al niño, pero pronto descubrió que su verdadera función era servir a los deseos más oscuros de sus empleadores. Mientras espía a Johnathan y Valentina, no imagina que Don Aureliano ya la tiene vigilada, listo para convertir su curiosidad en sumisión.
Soy Yuliana, la niñera venezolana, maracucha de Maracaibo, trabajando en esta casa grande donde vivo cuidando “al niño”, que realmente no conozco jajaja, no he visto ningún chiquillo por aquí. La verdad es que sirvo para otra cosa… El señor Aureliano me ha dado un lugar para servir como la puta venezolana que soy, tal vez leí mal el trabajo y no era “niñera” sino cuidadora de ese hombre sexagenario.
Estoy en el pasillo oscuro, pegada a la puerta entreabierta del cuarto principal, espiando. Mi corazoncito late fuerte porque sé que no debería estar aquí… pero no puedo evitarlo. El chocho me chorrea tanto que me corre por los muslos mientras miro por la rendija de la puerta. Adentro está Johnathan, el dueño de la casa, y quien nos mantiene a todos acá, ese hombre tiene un porte viril muy fuerte es exitoso, aunque no sé a qué se dedica, cabello lacio negro peinado pa’ atrás, cejas tupidas, barba de candado perfecta, cuerpo formido y peludo hasta los huevos. Su verga por lo que he visto, es gruesa, larga, venuda y mucho fácil la compararía con la de algunos tipos de “color” al menos de los que hasta estos momentos he conocido, aunque eso de comparar, este mal.
Y frente a él, sentada sobre la cama, con esos muslotes abiertos está Valentina, su hijastra una colombiana, con todo acomodado a la perfección es el estereotipo de belleza “paisa”, es guerrita, con pestañas postizas super grandes, unas tetas redondas con aureolas medianitas que son notables, no tan claritas pero que se ven muy deseables, uñas postizas, hasta creo que las de los pies pintaditas, y con una pulserita en el tobillo, un culito grande y redondo, además la cintura provoca que sus caderas se vean super sensuales, y sus muslos gruesos y sensuales, una “muñequita” que rinde homenaje a toda la belleza enfatizada de su país.
Johnathan está debajo de la cama, en cuclillas separando las piernas de Valentina, mientras le da unos lametones que “Ay dios”, se antoja que a una la devoren con esa devoción y ganas… Sin dudarlo mis dedos los llevo a acariciarme, se ve como pasa su lengua por la cuquita de su hijastra y le mueve tan rico que una no puede evitar sentir la sensación. Yo acelero el ritmo de mis dedos tocándome el clítoris,
—Ay papacito… me tuviste muchos días abandonada… métemelo todo, por favor…
Decía Valentina mientras abría mas sus piernas y se notaba su lujuria al morderse el labio y sostenía el güevo del señor Johnathan apuntándolo hacia ella.
—¡Vas a ver pinche culombiana… ahorita te voy a desbaratar la panocha con mi “reata”! —le dice con voz ronca mientras le escupe en el hoyo.
Yo nomas de escuchar como le dice “Culombiana” tengo un orgasmo, que delicia que le homenajeen su nación de una forma tan creativa, además de que al notar esa validación “paternal” me doy cuenta la necesidad que se fomenten las relaciones así, y Johnathan le da durísimo haciendo que la nena de casa se sienta amada…
Los movimientos son frenéticos, solo alcanzo a ver como ella le pone las manos en la espalda y lo aprieta casi rasguñándolo y el la taladra con una fuerza, que ¡Dios mío, se antoja demasiado! Valentina, gime en la boca del marido de su madre, y lo hace con una soltura que me encanta, esto es de lo que hablo una relación completamente, sana. De pronto Johnathan se separa de ella y Valentina en automático se coloca en 4, no se porque pero siento que esa posición desde cualquier ángulo hace que las hembritas nos veamos super sensuales y tiernas…
Johnathan tiene a Valentina en cuatro, ese culito colombiano grande y redondo bien abierto. Le escupe grueso en el hoyo y le mete la verga gruesa de un solo empujón brutal.
—Toma, pinche culombiana… toma la verga mexa del marido de tu madre—
Valentina gime como perra en calor con su acento paisa:
—Ay mor… ¡qué nabo tan rico! ¡Parteme el culito! ¡Ay mi culito, rómpemelo todo!
Johnathan empieza a sodomizarla duro, agarrándola del pelo, metiéndosela hasta los huevos mientras le da nalgadas que suenan fuerte.
—Esto es lo que les gusta a ustedes, ¿verdad putita? Pinche culote, está hecho para destrozarlo. Yo solo de ver cómo se la encula comienzo a azotarme ligerito mis tetas, que se sacudan mientras sigo espiando, mientas Valentina ya está ida:
—¡Sí, papacito! ¡Me encanta que me partan el culo por ser culombiana! ¡Más duro, rómpeme esta cuca! ¡Soy tu hijastra puta paisa, tu culo de alquiler!
Uy, escuchar a Valentina autonombrarse Culombiana me pone a mil “como quisiera un apodo así para mí, seria riquísimo que el Señor Johnathan, me dedicara un piropo de esa índole…” Estoy tan arrecha mirando y con mi mente fantaseando que ni me doy cuenta cuando Aureliano llega por detrás.
—¿Qué estas haciendo “mija”? pregunta don Aureliano
Yo me quedo petrificada y sonrojada, entre la excitación y la pena de que descubra que estoy de mirona, o que se arme un alboroto por el tiempo de calidad del Señor Johnathan y su hijastra.
—Don Aureliano… esteeee.… yo solo… pensé que podría ayudar un poco más haciendo el aseo de las habitaciones…
Pero sin duda mi chocho ya esta demasiado caliente y jugoso.
No me deja terminar. Me toma de la mano y me hace caminar a su habitación, yo se muy bien que Don Aureliano sabe lo que quiere y no me da muchas opciones, tampoco es que quiera oponerme jeje. Ni bien entramos a la habitación me avienta a la cama y al caer sobre el colchón, yo solamente me abro de piernitas porque se que Aureliano ya debe estar más que listo para móntame, solo veo como con rapidez, se desnuda y entonces como buenita chica que soy lo motivo.
—¡Ayyy amor! ¡Qué pichula tan deliciosa se le ve, don Aureliano! ¡Me va a reventar con eso la totona! —gimo bajito solo para que me escuche el seductoramente.
Él empieza a cogerme bien fuerte, dándome desde el principio con voracidad, yo ya lo conozco, y se que cuando viene así, es mejor que yo solo empuje mi pelvis para que el la disfrute, su güevo sexagenario, se entierra duro en mi chocho y yo solo aprieto las paredes sintiendo como se desliza, “ay que rico”, en serio hace tiempo una amiga dijo que los sexagenarios solían ser muy “aferrados” y que delicia sentir que a una se la comen con unas ganotas, mi totona, solo corresponde a la desesperación del viejo pues me humedezco de lo más rico, sintiendo como ese vaivén frenético es poderoso y sin compasión. Mientras me está bombeando riquísimo, me toma con ambas manos por la carita y me dice:
—Mira nomás, estas bien encharcada aquí recibiendo verga de viejo senil porque eres una venezolana barata,. Dilo, cabrona.
Me aprieta la carita y me la avienta y yo comienzo a gemir bajito con una excitación enorme:
—Soy… soy una puta venezolana barata… una zorrita niñera que se calienta con su verga deliciosa Don Aureliano
Mientras estoy siendo retacada por don Aureliano, él no se imagina que mi mente está tratando de llegar a la otra habitación ¿Ya habrán acabado? ¿Le habrá llenado el chocho o le habrá dejado el culo muy abierto? ¿La habrá bañado? Hay cierta obsesión que me deja el saber que aquel hombre está creando lazos tan especiales
Aureliano se ríe feo y solo agita sus caderas:
—Exacto, maracucha pendeja. Nomás estás aquí para que te partan el chocho y te llenen todita….
¿Me esta diciendo que no es posesivo? ¿Qué puedo culear con otros? Jejeje, en la otra habitación al parecer siguen culeando, pues afino poquito mi oído y escucho, aunque algo bajito Valentina está gritando de placer:
—¡Ay papacito! ¡Me vengo con la verga en el culo! ¡Soy tu culombiana putita!
En ese momento yo también me corro temblando, apretando la verga de Aureliano con mi totona, soltando jugo por todo el colchón. Aureliano gruñe y me descarga adentro, llenándome de semen caliente y espeso. Me quedo ahí recostada abrazando a Don Aureliano que se deja caer sobre mi pecho y lo acaricio suavecito, con la cara roja, el vestidito hecho mierda y la leche corriéndome por las piernas.
—Don Aureliano… —susurro casi sin voz, todavía temblando— pero el esta cansado y solo se deja abrazar demasiado tierno, así solo siento como de mi totona, empieza a desinflase su güevo.
Todavía con las piernas flojas y el chocho me palpita después de todo lo que pasó. Bajo a la cocina a tomar agua, con el vestidito corto todavía arrugado y sin tanguita porque la dejé tirada en el cuarto de Don Aureliano. Tengo la cara toda sonrojada y el pelo revuelto. Ahí está Valentina, frente al refrigerador, también con las mejillas coloradas como tomate y caminando raro, como si todavía tuviera la verga de Johnathan metida en el culito. No puedo evitar ver su culazo, sobre todo porque mi imaginación me hace pensar que aun esta abiertita. Trae solo una camisita larga que apenas le tapa las nalguitas. Nos miramos un segundo y las dos soltamos una risita nerviosa.
—Ay, parce… —dice Valentina bajito, con su acento paisa suave mientras se sirve jugo—. ¿Tú también te ves toda destruida? Creo que se escuchó demasiado…
Yo me apoyo en la mesa, todavía sintiendo el semen de Aureliano corriéndome por el muslo, y le respondo con vergüenza, pero con mucha curiosidad:
—Ay, señorita Vale… sí, vale. Alcance para escuchar un poquito… pero no mucho mentí porque no quería que pensara que soy una mirona.
Yo estaba oyendo apenitas, pero don Aureliano me pidió que lo ayudara con unas cosas en su habitación.
—Si, me di cuenta mor, a veces cuando desaparecen se escuchan algunos ruiditos je…
Me sonrojé, pero pensé, si las dos somos putas, quizá podamos hacernos amigas,
—Je, si, bueno, es que a veces Don Aureliano necesita una atención especial, me cogió bien duro contra el colchón. Todavía me tiemblan las piernas. ¿Cómo haces para que no te duela tanto cuando Johnathan te parte el culito así? Yo sentía que me iba a desmayar solo de escucharte…
Valentina se muerde el labio y se acerca más, hablando casi en secreto, con los ojos brillosos de lujuria y su carita rojita de vergüenza:
—Al principio sí duele rico, mor… pero después es como… ay papacito, se siente delicioso. Como si te llenaran todita por dentro. Yo sé que es mi padrastro, que mi mamá está en la casa… pero es que cuando me dice “culombiana puta” y me mete esa verga gruesa y venosa… se me olvida todo. Es como vivir un sueño bien cochino, ¿no?
Yo bajo la mirada, sonrojada, jugando con el borde de mi vestidito.
—Suena a sueño… pero yo no sé si podría compartir, así como tú. O sea… ¿no te da celos que Johnathan también se acueste con tu mamá? Yo si fuera tú… no sé, creo que me moriría de rabia. ¿Cómo lo haces, Valentina?
Ella suelta una risita traviesa y se encoge de hombros, pero se le nota la excitación en la voz:
—Al principio sí me molestaba un poquito… pero después me di cuenta de que me prende más. Saber que él llega de cogerse a mi mamá y luego viene y me revienta el culo a mí… ay, me pone bien arrecha. Es como si yo fuera la putica secreta de la casa. ¿Y tú? ¿Te gusta que el viejo Aureliano te use, aunque sea tan… diferente a ti?
Yo me pongo más roja todavía y admito bajito:
—Me da vergüenza decirlo… pero sí. Me trata como la niñera venezolana putona, me humilla, me dice cosas feas… y yo me mojo más. Aunque a veces siento que soy su mujercita cuando salimos. Hoy me va a llevar de paseo… dice que quiere presumirme un rato, aunque sea el viejo y yo la chamita. ¿No es raro?
Valentina se ríe suavecito y me toca el brazo:
—Nada es raro aquí ya, Yuliana. Estamos las dos metidas en lo mismo… viviendo este sueño bien sucio.
En ese momento escuchamos la puerta. Johnathan baja vestido con su uniforme de instructor scout, todo serio y guapo.
—Voy a salir, tengo que organizar el campamento scout +18 que voy a dirigir este fin de semana en el bosque. Van a ir varias chicas… —dice mirándonos a las dos con esa sonrisa peligrosa—.
Nos vemos más tarde.
Apenas se va, Aureliano aparece en la cocina, ya bañado y con una camisa decente.
—Órale, Yuliana, ¿lista para el paseo, mija? —me dice con su voz ronca de viejo, pero mirándome casi con cariño. Yo miro a Valentina un segundo, me sonrojo y le contesto:
—Sí, don Aureliano… vamonos.
Él me pone la mano en la cintura delante de Valentina y me jala suave hacia la puerta. Salimos juntos como si fuéramos pareja, a pesar de que él es mayor que yo.Mientras caminamos por la calle, él me aprieta la cintura y me dice bajito:
—Después del paseo te voy a coger otra vez, pinche venezolana… pero primero te voy a tratar como mi noviecita un rato. Yo solo sonrío inocente, con el chocho caliente, pensando en todo lo que viene… y en ese campamento scout que Johnathan está organizando.
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