Inicio con mi compañero de piso (I)
La puerta estaba abierta, el aire fresco entraba en la habitación, pero nada de eso importaba cuando sintió sus manos recorriendo su pierna. Él no esperaba ser visto, pero él sí estaba esperando ese momento. Ahora, el silencio se rompe con gemidos que ya no le pertenecen.
Todo comenzó una tarde cualquiera de primavera, con un clima ya cálido de por sí, una tarde libre sin planes, aburrida y excitada en mi habitación, así que decidí entretenerme y jugar conmigo misma, un orgasmo nunca viene mal.
La puerta de mi habitación se encontraba abierta, de par en par, para crear una suave corriente de aire que refrescará la zona entre la puerta y la ventana, decidí dejarla así considerando que me encontraba en ese momento sola en el piso, o eso pensaba yo, pero no me adelantaré a los acontecimientos.
Me puse tumbé en la cama boca arriba, cerrando los ojos, recordando la última vez que estuve con algún chico que consiguió llevarme al séptimo cielo, mis dedos se iban deslizando suavemente por mi piel, comenzando por el cuello y bajando lentamente por él hasta llegar a mi pecho, olvidando la dulzura y suavidad inicial, mis manos agarraron mis pechos, masajeándolos, subiéndolos, acariciándolos sobre el tejido suave que los cubría. Mis dedos, algo más agudos y traviesos, jugaban con el pezón como si de unos labios se tratarán, tirando de ellos al sujetarlo con los dientes.
Una de mis manos continúo el camino bajando por el abdomen, deslizándose por la zona exterior del muslo hasta el final del corto camisón que llevaba puesto, volviendo a subir arrastrando la tela con él para arriba, y recorriendo el muslo hacía la zona interior del mismo, hasta llegar a mis labios vaginales, y comenzar a rozarlos, buscando ocasionalmente el clítoris o entrando levemente buscando la humedad y calidez de estos.
Con la mano que jugaba con mis pechos y mis pezones, saque ambos por encima del camisón, sintiendo como el borde superior se deslizaba por debajo de ellos, y notando una ligera presión en la parte inferior de estos alzándolos más y resaltando su volumen, para continuar jugando con ellos.
Mis dedos, comenzaban a deslizarse en mi interior, despacio, haciéndome sentir como mi sexo se iba abriendo poco a poco para acogerlos, mis caderas acomodándose a la situación, y con movimiento más enérgico, rápido y fuerte, mis dedos comenzaron a follarme, saliendo húmedos, jugando con mi clítoris como si de una lengua se tratará.
Con mi otra mano, abrí el cajón de la mesilla de noche, y saqué uno de mis juguetes sexuales. Lo comencé a pasar por mi cara, mis labios, como si de una polla real se tratará, sacando mi lengua, lamiéndolo y lubricándolo, jugando con mi lengua y mis labios, comencé a introducirlo en el interior de mi boca, disfrutando de la sensación de que me la llenará.
Mi juguete, comenzó a descender por mi cuello, por mi pecho, donde se entretuvo en mi canalillo, y continúo bajando hasta llegar a mis dedos que continuaban jugando con el clítoris, momento en el que se apartaron, dejando libertad de movimiento a mi juguete, que recorría mis labios y rozaba con el capullo la entrada y el clítoris sin llegar a penetrar aún.
Mi mano, desplazada de su lugar, se posó rápidamente en uno de mis pechos, y al mismo tiempo que comenzó a aprisionar uno fuertemente, mi juguete entro de un sólo movimiento dentro de mí, momento en el que se me escapó un gemido de placer.
Comencé un suave movimiento con él entrando y saliendo de mí, intercalando con giros en mi interior, presioné el botón de encendido, comenzando a vibrar en mi interior, alcanzando toda mi cavidad, mientras lo movía con delicadeza en mi interior acompañado de su movimiento de vibración y entrada-salida.
Estaba absorta en mi auto placer, cuando sentí unas manos que no eran mías recorriendo una de mis piernas, parando de golpe, abriendo los ojos, y dirigiendo la mirada hacía el lado donde se encontraba el propietario de esas manos, era mi compañero de piso. Se encontraba de pie al lado de mi cama, completamente desnudo, y con su polla erecta sujeta por su otra mano, y una sonrisa picaresca.
Como caballero que soy – dijo con voz burlona – no he podido evitar venir a ayudar al escuchar a una dama gritando -
Yo aún me encontraba en shock, no lo esperaba, ni sabía que decir, mi mente se había quedado en blanco. Sentía su mirada clavada en mí, su mano continuaba su camino por mi pierna suavemente hasta alcanzar mi mano con mi juguete, y comenzar él a usarlo conmigo, marcando un ritmo de penetración lento, que me hizo estremecer de placer.
Tomaré tu silencio como una afirmación - pronunció mientras se subía a la cama, acomodándose entre mis piernas.
He de confesar, que desde el comienzo de la convivencia me excitaba, sólo pude reaccionar con un movimiento afirmativo de cabeza, y un sútil “Si” entre mis labios, cuyo origen desconocía, si era por el placer que me estaba dando o reafirmando su conclusión.
Aparto mi mano de mi juguete, asumiendo él el control de este, continuando con el movimiento que yo había marcado, su mirada seguía fija en mi cara, mientras mi cuerpo se arqueaba y se me cerraban los ojos del placer del que me encontraba disfrutando.
Note como su postura cambio, inclinando su parte superior sobre mí, notando su respiración en mis labios, su peso en mi cuerpo, y su lengua recorriendo mis labios para finalmente fundirse con los míos. Mientras continuaba jugando con mi juguete en mi interior, moviendo sus caderas como si fuera él quien estaba dentro de mí.
Sus labios comenzaron a descender por mi cuello, y rápidamente, su lengua y sus labios se encontraban chupando, succionando y mordiendo uno de mis pezones. Mi espalda continuaba arqueándose bajo el peso de su cuerpo sobre el mío, dándole mayor accesibilidad a mi pecho, mientras que mis piernas se habían abierto aún más, permitiéndole más disponibilidad de mi cuerpo.
- Es hora de descansar – dijo apagando mi juguete – de despedirte de este lugar – realizando unas embestidas con él dentro de mí para terminar sacándolo, y colocando su polla en mi entrada – y que la señorita conozca lo que es otro tipo de placer más cálido - y de un sólo movimiento, introdujo su polla en mi interior, hasta hacerme sentir sus huevos en mi piel. Se me escapo un gemido entre dolor y placer al sentirlo.
Se quedo quieto, mirándome fijamente, empujando sus caderas más hacía mi cuerpo, como si quisiera entrar sus huevos también en mi interior, mientras sus manos, recorrían mis piernas que le habían rodeado su cuerpo, enganchándose a su espalda.
Sus movimientos eran delicados, suaves y profundos; sin apartar la mirada de mí, haciéndome sentir como su polla me llenaba y profundizaba cada vez más dentro. Poco a poco fue aumentando el ritmo hasta que mi pecho se movía al ritmo de sus caderas, parando ocasionalmente para presionar más su cuerpo contra el mío, jugar con sus manos y mi pecho.
Se incorporó, poniéndose de rodillas entre mis piernas con parte de su polla aún en mi interior, deshaciéndose del abrazo de mis piernas sobre él, agarrándolas las coloco sobre sus hombros, flexionando su cuerpo sobre el mío, abriéndome más para él, y sin previo aviso, embestirme a un ritmo más fuerte y enérgico, provocándome múltiples gritos de gemido.
Ahora, sin sacar su polla de mi, me junto las dos piernas sobre uno de sus hombros, aprisionándola entre mis muslos y mis músculos, notaba sus venas en mi interior, las palpitaciones que producía la sangre al recorrer su miembro, y sin ninguna piedad, regreso a sus movimientos rítmicos, enérgicos y fuertes.
Separo de nuevo mis piernas a los costados de su cuerpo, sus manos llevaron las mías a juntarse por encima de mi cabeza, sujetando ambas muñecas con una de sus manos, mientras me hacía sentir su polla fuera, húmeda por mis fluidos, rozando y jugando con mi entrepierna y los muslos.
- Suplícame que te follé – dijo con una voz más autoritaria sin apartar su mirada de mí.
- Follame, por favor – dije entre gemidos y con la respiración entrecortada del placer – quiero sentirte dentro de mi – levantando mis caderas en busca de su cuerpo – Te lo suplico.
No había terminado de decir la última palabra, cuando de una sola embestida introdujo toda su polla en mi interior, comenzando un vaivén rápido, sintiendo su respiración sobre mí, y de mis labios, no paraban de salir gemidos, estaba a punto de correrme ya, notaba como mi cuerpo se estremecía bajo su cuerpo y sus embestidas, y él también debió notarlo, porque en ese momento me susurro al oído “Te vas a correr siendo mía” y llevo su mano libre a mi clítoris para estimularlo, acompañando sus embestidas, hasta que finalmente, me llevo al orgasmo.
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