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Mi yerno me folló

Anna siempre supo que Billy no era de fiar, pero nunca imaginó que su instinto la llevaría a la cama de su yerno. Lo que creía una traición a su hija se revela como un juego de poder donde ella es la verdadera protagonista. ¿Qué pasa cuando la suegra se convierte en la amante secreta que la hija desea?

Rosaless33K vistas8.7· 22 votos

Mi yerno me folló

Mi yerno Billy nunca me cayó bien... Tal vez fue mi instinto maternal o simplemente mi sexto sentido y se lo dije a mi hija... Ella no me escuchaba... Yo era la madre pesada, la quejica, como ella me echaba en cara.

- “¡Deja de ser celosa, Anna!... ¡No te metas!”

Siempre me llamaba por mi nombre cuando estaba enfadada conmigo... Y más aún después de que creyese que me convirtí en una molestia... Que me creyese dueña de su vida.

- “Hija, al menos intenta no meterte en líos.”

- “¿Tienes miedo de que me quede embarazada?... ¿Miedo de que te llamen abuela?

Al menos eso no pasó... Al menos había algo de sentido común en la cabecita de mi hija.

No sé cómo, pero un día rebusqué en los cajones de su habitación y encontré una caja de las famosas pastillas anticonceptivas... Pero saber que la chica se acostaba con su novio del instituto no era precisamente lo que me tranquilizaba.

¡Imagínate si, en mi época, mi padre hubiera pensado que me acostaba con uno de mis novios!... Eran otros tiempos, eso seguro.

Aunque me sentí aliviada al saber que el problema se había resuelto, seguía muy preocupada, preguntándome qué sería de ella si se involucraba con gente peligrosa... Más aún hoy, después de ver un reportaje en una página web de noticias.

- “¡July, quiero saber con quién andas!”

- “¡Ay, por favor, Anna!... ¡Deja de molestarme!

- “¡July! No me hables así... ¡Tengo derecho a saberlo, soy tu madre!”

Se rió en mi cara, burlándose divertida por mi celoso comportamiento maternal.

- “¿Qué?... ¿De qué tienes miedo?... ¡Deja de mirarme así!... Me resulta molesto!”

- ¿Con quién andas?... Quiero saber quiénes son tus amigos.

- “¡Eres ridícula, eso es lo que eres!... ¡Ve a buscarte un hombre, un hombre que te satisfaga, y déjame en paz!... ¡Olvídame!

Salió furiosa, dando un portazo, y no hablamos durante un buen rato.

Volví a registrar su habitación... Al diablo con la privacidad ajena, incluso la de mi hija... Lo que importa es saber en qué líos se está metiendo esta mocosa... Por suerte, no encontré nada... Al menos una cosa era segura: mi July era más madura que yo a los dieciocho.

Eso me hizo sentir aliviada y orgullosa a la vez, aunque ella me odiaba por haberme separado de su padre... Creyó que yo tenía la culpa de la ruptura, pero lo que ella nunca supo fue que el ‘angelito’ de su padre siempre me engañaba, y mi reputación de idiota no hizo más que crecer.

Todos me trataban como una tonta... July nunca supo nada y. al día de hoy, todavía no lo sabe... Ella siempre elogiaba a su padre, especialmente después de que éste se mudara a Nuevo México por trabajo.

Al menos eso es lo que nos dijo el sinvergüenza, pero sospecho que ni siquiera vive allí... Mi sexto sentido me dice que vive en otro lugar... Probablemente formó otra familia... Cualquier cosa con tal de evitar tener que cuidar y mantener de su única hija legítima.

Pagó una miseria de manutención hasta que ella cumplió 18 años... Y eso porque judicialmente se la descontaban de su sueldo... Si no, no sé si se habría molestado.

Y entonces sucedió que un día July apareció con su nuevo novio... Acababa de graduarse en Ingeniería química y estaba enamorada del chico que conoció en un viaje a New York.

Según me contó mi hija, era igualito a su padre, sobre todo en sus gestos y su estilo seductor... Amable, sensual y obsesionado con la belleza, de una familia adinerada, con ese físico atlético que encanta a las chicas... Igualito a su padre, sólo para provocarme, sólo para ponerme nerviosa.

- "¿Hija mía, casarte?... Si apenas lo conoces... ¿Por qué asumir un compromiso tan serio?"

- “Billy dice que ya no puede vivir sin mí... ¿Qué puedo hacer si es tan intenso?... No conozco a nadie como él, a nadie.”

- “Yo tampoco... No sé si existe alguien así... Es demasiado bueno para ser verdad.”

- “¡No lo sabes, ja!... Viviste con alguien que te habría lamido los pies si hubieras querido que lo hiciera, ¿y te quejas de la vida?”

Iba a contarle todo, revelarle todo sobre la reputación de su padre como mujeriego, pero entonces me di cuenta de que no serviría de nada... Eso sólo haría que July se enojara conmigo.

- “La vida no es así, July... No es el lecho de rosas que te imaginas, especialmente en el matrimonio... Vive tu vida, disfrútala y luego podrás pensarlo con más calma.”

- “¡No!... No puedo, Billy ya dijo que si no estoy de acuerdo, seguirá su camino.”

- “Entonces déjalo ir, ¿cuál es el problema?”

- “¡Qué estoy loca!... ¿Dejar ir a Billy, con un montón de chicas interesadas en un tipo como él, y simplemente dejarlo ir?... Eso sólo lo haces tú, Anna... No me extraña que papá terminara dejándote.”

No ayudó, por mucho que hablé, aconsejé e incluso peleé con July, se casaron cuatro meses después.

La ceremonia fue muy bonita... La iglesia, la decoración, los novios lucían espléndidos... Me recordó a mi boda... July estaba feliz y extasiada... Parecía una princesa de cuento de hadas... Y el novio, a pesar de mi antipatía por él, parecía un lord con ese abrigo de estilo inglés.

Después de la fiesta, los recién casados viajaron a conocer las cataratas de Niágara.

Cuando regresaron dos semanas después, escuché por primera vez una confesión muy íntima de mi hija... Fue una sorpresa y tuvo su encanto... Después de todo, ella sí confiaba en mí para algo.

- “¡Dios mío!... No sé si podré soportar esto... No sabía que era así.”

- “¿Así cómo?”

- “Me deja agotada, sin aliento... Nunca para, simplemente nunca deja de querer... ¡ya sabes!”

- “¿Y no lo sabías?”

- “Pero nunca había sido así antes... Tiene una exagerada actividad sexual, mamá... Es un priápico (=obseso sexual)”

- “¿Dónde aprendiste esa palabra?”

- “La busqué en internet... Descubrí que hay hombres así, es como una enfermedad.”

- “Es el comienzo del matrimonio, es así al principio... Luego las cosas se calman.”

- “No lo sé... Espero que sí, porque si no, no sé qué será de mí.”

- “¿Todos los días?”

- “Si... Como mínimo dos o tres veces al día... Mi marido es un pervertido, mamá.”

No todos los días July me llamaba mamá, ni recordaba la última vez que me había llamado así..... Fue una grata sorpresa... Me gustó.

Unas semanas después, tenía que ir a su casa, pero olvidé avisarles... Estaba a mitad de camino y decidí pasar a saludar... Lo que vi me hizo reflexionar en que hay cosas que pasan y no sabes por qué.

Llegué por sorpresa, toqué el interfono y nada... Nadie contestó... Pensé que no había nadie en casa hasta que una voz femenina, con un tono que me pareció petulante, me respondió.

- “¡Quién!”

- “¡Hola!... ¿July?”

- “No está, salió... ¿Quién habla?”

Honestamente, no sabía de quién era la voz... Sonaba muy joven, un poco nerviosa, como asustada.

- “Soy Anna, la mamá de July.”

- “¡Oh, perdón!”

Me quedé en la puerta de la casa, bajo un sol abrasador, durante casi un minuto hasta que finalmente la chica decidió abrirme... Se oyó un fuerte clic y la puerta se abrió.

- "Pase."

Pensé en negarme, pero el calor y la sed me obligaron a entrar... Además, decidí conocer a esa chica que estaba en casa de mi hija y ni siquiera sabía quién era.

Era una bonita morena de veintitantos años, vestida con el típico uniforme de criada.

- "¡Señora Anna, qué sorpresa!"

Era mi yerno que me recibió efusivamente como nunca antes... Todo sonrisas, amable, lleno de halagos sobre mis pendientes y mi vestido corto estampado... Hacía un calor infernal ese día.

- "Esta es Emma, nuestra nueva criada.

- ¿Cuándo empezaste?", le pregunté a ella.

- "Esta semana", respondió, y nos saludamos con la mirada, evaluándonos mutuamente, tratando de averiguar quién era la otra.

La joven era guapa y tenía un aire de mujer fácil, con su gran culo y sus pechos perfectos... Nunca me han gustado las mujeres así... Un aire de puta, que exudaba sexo por cada poro.

No sé cómo July aceptó contratar a una chica así, sobre todo dejándola sola con su marido ninfómano en la misma casa.

- “¿Quieres café o un vaso de agua?”, me preguntó mi yerno.

- “Agua fría, si es posible.”

La joven contoneó las caderas mientras caminaba hacia la cocina, y vi a Billy mirarla con esa mirada que tienen los hombres que no pueden controlarse.

Enseguida me di cuenta de que había algo ahí... Intentó disimularlo cambiando de tema, hablando de la casa, de July.

- “¿Dónde está July?... Creí que estaba aquí... Ni siquiera la llamé.”

- “Qué pena... July tuvo que ir a la oficina... Parece que es una reunión urgente.”

- “¿Tardará mucho?”

Negó con la cabeza mientras miraba mis piernas bronceadas, que es lo que pasa cuando vas al club de campo todos los fines de semana.

- “No lo sé, suele tardar un rato, pero no me ha dicho nada.”

- “¿Y qué haces en casa a estas horas?... ¿No deberías estar trabajando?”

- “Sí... Hoy de forma remota... Cuando necesitan algo, lo hago desde casa... Pero hoy todo está tranquilo... De vez en cuando, reviso mi portátil.”

- “¡Ah! Ya veo... Lo entiendo.”

- “Disculpa”... Era la chica que me trajo el vaso de agua.

Mientras bebía, Billy se levantó para comprobar si tenía algún mensaje... La chica y yo nos quedamos allí, observándonos en la sala.

- “¿Así que empezaste aquí esta semana?”

- “El lunes... Es mi primer trabajo.”

- “¿Nunca has trabajado como sirvienta?

Soltó una risa burlona, lo que me hizo sospechar aún más de lo que estaba pasando... Me hervía la sangre, pero me contuve... Después de todo, era mi instinto el que me decía que estaban haciendo quedar como una tonta a mi July... Apenas se había casado y su marido ya la engañaba con la criada.

- “No, señora, esto es algo diferente.”

La imagen de ellos teniendo sexo en el suelo, en el colchón de July, pasó por mi mente... Vi que estaba sudando, un brillo discreto en la frente y el cuello, a pesar de que el aire acondicionado estaba encendido, lo que hacía que la sala fuera más que agradable.

- “¿Qué quieres decir?”... No entiendo.”

Volvió a reír, se aclaró la garganta, intentando disimularlo.

Fingí no darme cuenta, pensando que era mejor no indagar, al menos por ahora... Me levanté y caminé por la habitación, tratando de ver si podía encontrar algo extraño, fuera de lugar.

- "¿A qué hora te vas?"

Ella frunció el ceño, sin esperar mi pregunta.

- "¿A qué hora?.. En unas dos horas", me respondió mirando el reloj de la pared.

- "Entonces puedes irte y yo me quedaré aquí... De todos modos tendré que esperar a mi hija July."

- "Pero quizás al señor Billy no le gustará eso", me dijo esto mientras miraba alrededor de la habitación e incluso se puso de puntillas por un momento.

Pude ver que la chica estaba incómoda, tal vez incluso un poco frustrada... Esto reforzó mi certeza de que algo andaba mal.

Nos miramos de nuevo, intercambiando el tipo de información que las mujeres saben intercambiar cuando quieren desafiarse mutuamente.

La pequeña perra descarada sostuvo mi mirada, y estaba segura de que mi yerno estaba follando con la chica en la casa que acababan de alquilar.

Una semana y ya se acostaba con una zorra más joven que July.

Si hubiera podido, le habría borrado esa sonrisa descarada de la cara de una bofetada, pero no tenía pruebas... Ninguna prueba... Sólo mi instinto como mujer, como madre.

- "Vete, vete... No te preocupes, hablaré con él."

Quiso responder, pero se rindió en el último segundo.

Se dio cuenta de que sería peor, mucho peor para ella si decidía contárselo a su jefe.

- "Está bien... Hable con él... Pero dígale que fue Vd. quien me dejó ir... Al señor Billy no le gusta no estar informado."

- "Por supuesto que se lo diré... Puedes irte... Le diré que fui yo quien te dijo que te fueras."

No le gustó, pero se fue, dándome la espalda con la bandeja en la mano y balanceando su vestido de cuadros, moviendo las caderas como si estuviera en un desfile.

¡Ridículo! pensé mientras colocaba el vaso en la mesita frente al sofá.

Una vez que ella se fue y Billy se quedó en el dormitorio, comencé a registrar la habitación.

Los sofás, las alfombras, nada fuera de lugar... Podrían estar follando en el dormitorio o incluso en la cocina... En la cocina me acerqué a la mesa y ajusté automáticamente el mantel... Había un pliegue y lo alisé.

Fue entonces cuando noté una gota... Una gota translúcida, blanquecina, mi corazón se aceleró... No quería creerlo... Pasé el dedo por encima, sintiendo la pegajosidad entre mi índice y mi pulgar.

- "¡Maldito. "¡En la mesa de la cocina, hijo de puta!"... Y la olí... Hacerle esto a mi hija me hizo hervir la sangre.

No pude soportarlo más y fui al dormitorio de la pareja, que todavía olía a nuevo, con su cama grande y alta... El ordenador portátil estaba sobre una mesa con la pantalla apagada.

‘¿Dónde estaba Billy?... ¿Se había ido?’, pensé... Lo llamé.

- "¡Billy!"

- "¡Hola, mi suegra!"

Salió por una puerta como por arte de magia... Con una toalla atada a la cintura, el pelo mojado y revuelto... El olor y el vapor de la ducha se mezclaban.

Estaba furiosa, furiosa con él, con Emy... Y también furiosa conmigo misma por haber dejado que mi hija, a quien amaba, se casara con un canalla.

- “¿Qué es esto?”, le pregunté.

- ¿Qué es, qué?

- “Toma, huélelo”, le dije enfadada.

Le mostré mis dedos, casi restregándoselos en la cara.

Billy frunció el ceño, como si no le gustara el olor... Pero no mostró miedo ni sorpresa, mucho menos un aire de culpa... Se rió, mordiéndose los labios, exhalando el aroma de la loción para después del afeitado, con el pecho ligeramente velludo, el cuerpo de un hombre atlético.

Tomó mi mano y me dio un suave beso en los dedos.

Me quedé sin palabras... No me lo esperaba... No me esperaba esa mirada cautivadora, casi mágica... La mirada de un hombre que te devora, dejándote desnuda con solo mirarte... Aun así, siguió presionando el descarado.

- “¡Respóndeme!”, le pregunté irritada.

Mi respiración se dificultó y comencé a tener palpitaciones.

Caminó hacia mí, haciéndome retroceder... Golpeé mi espalda contra la pared.

- “Respóndeme, Billy. Vamos.”

- “Es semen, ¿por qué me lo preguntas si lo sabes bien?”

Honestamente, no esperaba tal franqueza, especialmente de él, el esposo de mi hija... Apenas nos conocíamos... Pero no lo dijo sólo para desafiarme sino lo dijo con el tono de un hombre que quiere poseerte.

Lo abofeteé, no sé cómo... Luego otra y otra.

Dejé a Billy con la cara roja, parado allí sin reaccionar... Él solo me miró, hipnotizándome con su mirada.

- “¡Idiota!... Hijo de...

No pude terminar la frase... Su mano se deslizó bajo mi vestido floreado... Fue directa a mi coño.

Fue muy atrevido, pero me sentí ridícula porque llevaba unas bragas de abuela... Eran cómodas y me hacían sentir aún más segura por el vestido que llevaba.

Me presionó contra la pared sin lastimarme, solo impidiéndome irme.

Pero su mano experta continuó explorándome, provocándome con sus dedos que rodeaban el algodón de mis bragas.

Forzó sus dedos dentro de mí coño, descubriendo mi hendidura, la abertura de su suegra... Sintiendo mi vello púbico en la parte superior, el calor de mi entrepierna.

Sin darme cuenta, me abrí, permitiéndome sentir las caricias de un hombre en celo.

Habían pasado tantos años sin un hombre de verdad, y ahora allí, mi sinvergüenza yerno me estaba explorando, realizándome una masturbación indecente y abusiva.

- "No, no, Billy... ¡Soy tu suegra!"

Lloré, rogándole que dejara de masturbarme... Fue inútil... Se rió cariñosamente y me besó... Fue un beso de hombre, un beso de amante excitado.

Sentí su miembro hinchado contra mi muslo... Sentí un escalofrío recorrer mi columna, mis bragas se mojaron al instante... Los dedos de mi yerno se volvieron pegajosos.

- "Billy, ¿qué le hiciste a esa chica en la cocina?... ¿Qué hicisteis?"

Nos miramos y él me susurró al oído:

- "Emma me pidió leche."

- "¡Leche, Billy!... ¿No es eso de lo que deberías estar hablando?"

- “Me lamió como una gatita, pasando su lengua por encima de mi polla y saboreando mi semen, como ella dice.”

Rasqué los hombros y la espalda de mi yerno... Era asqueroso, poco elegante, imperdonable... Aun así, no pude evitar imaginarlos a los dos en medio de la cocina, él masturbándose frente a ella y manchando la mesa y a ella con su cara de puta y su lengua lamiendo el semen, tragándoselo lentamente y saboreándolo.

- "¡Aah!... ¡Billy!"

- "¿Tú también quieres un poco?"

- "¡No!... ¡Nunca, nunca!"

- "Pero yo quiero un poco."

- "¿Qué?... ¿Qué quieres?"

Nuestras voces apenas se oían... Había un silencio como si estuviéramos en una sauna.

- "Probar tu coño, Anna."

- "¿¡Eh!?"

Ni siquiera sé cómo, solo sé que me dio la vuelta... De repente, le di la espalda... De repente, estaba sin bragas... Oí un gemido de éxtasis... El rugido de un hombre hambriento.

Billy me separó los muslos y me mordió salvajemente... Bebió de mi fuente... Estaba goteando de deseo... Más aún con una lengua que se movía rápidamente volviéndome loca... Gemí incontrolablemente... Culpable, ansiosa y muy excitada.

- "¡Oh, Billy, ahí no, no!", le grité.

Mi culo estaba sudoroso, pero mi yerno me saboreó como si fuera un postre especial... Un manjar de los dioses.

Escupió en mi anillo anal, mientras sus dedos provocaban mi vagina y su lengua puntiaguda abrían mi ano.

- "¡Qué culo, Anna, qué culo!"

No debería haberlo permitido, pero en ese momento me penetró con sus dedos y su lengua afilada... Yo estaba completamente babeando, y él me mordía los labios vaginales, bebiendo mis fluidos.

- "Billy, noooo... ¡Aaah!"

Sentí un escalofrío y me corrí eyaculando frente a mi yerno... En la cara de Billy, sin poderlo evitar.

Pensé que iba a decir algo, pero sólo me abrió las caderas con la mano y metió el pulgar en mi ano.

- "¡Aaah!... ¡Aaaa!", gemí.

Me ofrecí aún más, sentí su dedo abriendo mi esfínter y él frotando mis labios, provocando mi clítoris.

Como si fuera mi esposo, mi hombre, abrí, mis muslos temblando, vibrando como si fueran un instrumento musical.

- “¡Anna!”

Se paró a mi lado, mordiéndome el hombro y desnudándome por completo... Estaba desnuda en la casa de mi hija y su esposo iba a follarme en su dormitorio.

- “Billy... por favor.”

Eso fue todo lo que pude decir.

Sentí su pene perforar mi vagina, empujándome y abusando de mí como si fuera una especie de zorra... Una puta como Emma.

- “¡Aaah!.. ¡Aaah!... ¡Aaah!”

Las embestidas se volvieron frenéticas, locas, golpeándome con su larga polla... Empujándome contra la pared, follándome como un semental en celo.

- “¡Qué coño tan delicioso tienes, Anna!... ¡Qué coño tan maravilloso!”

Estaba extasiada por todo esto, queriendo ser follada por él... Follada por un hombre como Billy... Agarré la nuca de él y dejé que me follara apresuradamente, con avidez... Devorándome como si tuviera veinte años.

Me hizo sentir orgullosa y mi excitación explotó por todo mi cuerpo... Mi vagina ardía y mojaba mis muslos.

- "¡Oooh!... ¡Uuuhh!", gemía, mientras se retorcía sin control alguno, mordiéndome el hombro y apretando mis pechos.

Sentí su polla palpitar dentro de mí, su semen goteando, saliendo lentamente... Billy estaba tenso, un poco avergonzado, pero yo no quería pensar en nada más.

Una sensación de relajación, pero pronto quiso más... Mucho más.

- "No, Billy... ¡Así no!"

Ni siquiera me oyó... Simplemente me volteó y me acostó en la cama como a una muñeca de trapo... Escupió y me metió los dedos en el ano.

- "Billy, eso, no... Por favor... ¡Nooo!"

Mi yerno no respondió, pero me montó, me cabalgó como nadie lo había hecho antes... Me folló el culo mientras yo estaba a cuatro patas... Golpeando, empujando y follando el culo de su suegra.

Esto era una locura, pero el marido de mi hija July me estaba follando en la cama de la pareja... Billy se corrió mientras yo me daba placer con mis dedos... Me hizo sentir diferente, extraña.

- “¡Ooooh!... ¡Ooooh!... ¡Uuuuh!”, gemía.

Me escupió su semen dentro de mi culo... Me llenó con su esperma pegajoso.

Me masturbé, buscando el orgasmo, pero él se corrió primero... No sé cómo logró correrse sin parar... Billy se retiró de mí y me examinó con curiosidad.

- “¿Qué pasa?”, le pregunté.

- “Nada, nada.”

- “¿No te gustó?... ¿No era lo que esperabas?”

- “Eres un sueño, Anna... ¡Increíble!”

- “Lo soy, ¿por qué?”

- “Desde que te conocí... Se lo dije a July...”

Me senté en la cama, todavía dolorida y mojada.

- “¿Dijiste qué?”

Me miró como un niño midiendo sus palabras.

- “Quiero tener sexo con tu madre.”

Me tapé la boca, horrorizada.

- “¡Se lo dijiste!... ¿Y ella que te dijo?”

Negó con la cabeza, como para descartar la idea.

- “Contrató a Emma... July dijo que sería mejor si pensaba en otra persona y no en su madre.”

- “¡Billy!... ¿Qué hay de ti y de mí... ¿Qué pasa ahora?”

Nos reímos, como amantes prohibidos... Un poco avergonzada, yo más que él.

- “No se lo digas a July, por favor”, me dijo.

- “¡Claro!... Pero, ¿y qué hay de Emma?... ¿Qué va a pasar con ella?”

Él solo sonrió y me besó como si todo fuera a seguir igual.

- “Simplemente no quiero que estés con esa chica... ¡Con ella no, Billy!”

- “¡Quieres estar conmigo, Anna!... ¿Quieres que te folle siempre que me apetezca?... Será en tu casa y en la mía.”

- “Lo que tu quieras, pero despide a Emma... Ya me tienes a mi.”

F I N

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