La justicia natural, NO es venganza
La reunión de conciliación era solo la excusa; la verdadera negociación ocurría entre sábanas. Pelayo no quería solo dinero, quería ver a Nicolás roto, y para eso necesitaba la complicidad de la mujer que su amigo siempre había deseado.
El ambiente en Valencia se sentía denso, cargado de electricidad sexual y resentimiento. Me dirigía hacia esa reunión de "reconciliación" con una erección casi palpable bajo mis pantalones de vestir, no por excitación, sino por el poder que sabía que tenía en mis manos.
Antes de entrar, me topé con Nicolás. Ese hijo de puta que había sido mi amigo íntimo, mi confidente, el hombre cuya mujer me hacía humedecer con solo mirarla. Emma... dios, qué mujer. Con ese culo perfecto que me había hecho masturbarme incontables noches imaginándomela en cuatro patas.
Nicolás me abrazó con esa falsa calidez que tanto lo caracterizaba. Sentí su cuerpo contra el mío y mi instinto me gritaba que lo apartara, que lo golpeara, pero me contuve. Mientras me hablaba de lo injustos que habían sido en la empresa, de cómo éramos solo números para ellos, yo solo pensaba en cómo me había traicionado. Sus palabras exactas sobre mi despido resonaban en mi cabeza: "No se le da ni agua y de darle algo que le den por el culo, que seguro que le gusta". Qué ironía.
Me guio hacia la sala de reuniones con su brazo sobre mi hombro, como si aún fuéramos amigos. Las tripas se me revolvían, pero no por los nervios, sino por el deseo de venganza que crecía dentro de mí.
En la sala, el ambiente se volvió glacial. Me presentaron ese acuerdo de mierda, lo leí con calma, como si en verdad me estuviera interesando lo que leía. Devolví los documentos con indiferencia. -Esto hubiera estado medianamente bien el primer día, no ahora después de más de un año- dije, observando cómo miraban a Nicolás en busca de ayuda.
Él intervino con su falso tono de amigo: -Déjennos a Pelayo y a mí solos, que entre amigos encontraremos un punto de acuerdo seguro-
Una vez solos, su actitud cambió ligeramente.
— Vamos a ver Pelayo. De aquí vamos a salir con el acuerdo más beneficioso para ti, el que tú quieras.
— ¿Entonces por qué me habéis presentado esa mierda de acuerdo?
— No sé qué cantidades había reflejadas, yo he venido acompañándote y te quiero echar una mano. Porque Pelayo yo nunca olvido y sé que estoy aquí gracias a ti, primero porque me apoyaste para trabajar contigo y por taparme esa mierda en la que me metí, que me hubieran echado a la puta calle. Por eso quiero lo mejor para ti. Porque mira que me he movido para que te dieran lo que es tuyo y los he convencido.
— Vamos a ver Nicolás, que no te engañen o no te engañes. Te pueden haber dicho lo que quieran, pero si estamos hoy aquí, es porque muy pronto se va a dilucidar en los tribunales, me van a dar bastante más de lo que ofrecíais hace un rato y que no queréis que se haga público, temen la mala publicidad.
— Déjame unos minutos, que vea lo que han ofrecido y seguro que puedo conseguirte un diez o un quince por ciento más.
— Lo siento, pero tengo una reunión en un rato con mi abogado y no puedo llegar tarde. Estudia lo que tengas que estudiar y ya me dices algo.
— Mira, se me ocurre una idea mejor, esta noche cenamos juntos, que seguro que a Emma le alegrará verte.
Y así quedamos. Durante la cena, no pude evitar mirar a Emma. Sus pechos se marcaban bajo ese vestido ajustado, y cada vez que se reía, por primera vez imaginaba cómo serían sus labios rodeando mi rabo. Nicolás, por supuesto, no tenía idea de que todavía tenía contactos en la empresa, ni que sabía exactamente lo que Madrid le había ordenado.
NICOLÁS: Bueno Pelayo, vamos a tomarnos un momento... como te dije esta mañana, aquí lo tienes un quince por ciento más, lo máximo que se puede sacar y no te creas que ha sido fácil. Toma, míralo, está todo por escrito. (Pasándome los documentos)
YO: Pues entonces no es necesario que lo lea. El no, sigue estando ahí.
NICOLÁS: No me fastidies Pelayo, que me he tirado horas para lograr el quince por ciento, porque pedía más, pero no hubo manera.
EMMA: Pelayo, de verdad... si Nico dice que no ha podido conseguir más, es que no ha podido. Que sabes que te quiere mucho y te está muy agradecido.
NICOLÁS: Pero entonces, ¿qué es lo que quieres... porque ya me pierdo?
YO: Mira, te lo envío al WhatsApp.
Mientras Nicolás leía mi contraoferta, me dediqué a coquetear con Emma. Ella, con sus risas y su forma de mirarme, me dejaba claro que no tenía ni puta idea de lo guarro que había sido su marido. Me preguntaba cómo sería en la cama, si gemiría como yo imaginaba cuando la penetrara por detrás.
NICOLÁS: PELAYO, esto es una reclamación de imposibles, de no querer solucionar nada, de no querer llegar a un acuerdo. Me lo podías haber dicho esta mañana cuando te he dicho que iba a luchar por el diez o el quince y me hubiera ahorrado el ponerme expuesto y en el mayor de los ridículos, porque esto que pides es imposible. Esto no es de ser muy buen amigo.
YO: Pues ya que me dices eso, ni un diez ni un quince, será un doce y medio más a lo que reclamo, eso por ser amigos.
EMMA: No sé de qué va todo esto, pero Pelayo, sabes que te quiero mucho, pero estás siendo una persona muy injusta con Nico, que se ha partido la cara por ti. Te tendría que dar por lo menos un poco de vergüenza y lamento tener que decírtelo, pero no estás siendo un buen amigo.
YO: Tú opinas como su mujer.
NICOLÁS: Ella no tenía que haber dicho nada y mantenerse al margen, pero sí, estoy totalmente de acuerdo con ella.
EMMA: Joder Pelayo, es que parece que haya sido Nicolás el que te haya jodido y han sido los de Madrid, que ya sabes cómo son. Que no sabes el disgusto que se cogió Nicolás, hasta lloró y lucho mucho por ti, hasta arriesgar su trabajo. Y eso solo lo hace y le pasa a un verdadero amigo.
YO: No quería, pero... escuchen.
Busqué en mi móvil unos audios, poniéndolos a un volumen que fuéramos los únicos en escucharlos... "No se le da ni agua y de darle algo que le den por el culo, que seguro que le gusta" "Si me entero de que alguien le da oxígeno correrá la misma suerte" "Es un puto mujeriego, le tira los tejos a todo lo que lleva faldas, seguro que hasta a nuestras mujeres" "Además ha subido como la espuma y hay que despumarlo o en nada lo tenemos con súper jefe" y luego uno de hoy mismo: "rehacer el puto documento, ponerle un quince más y ya está", alguien le pregunta si tragará... "seguro que tragara, además iré con mi mujer y se embobará", le preguntan si su mujer sabe todo "mi mujer que coño va a saber, pero siempre me apoya en todo, es un poco incauta, jajajajajaja"
YO: ¿Me comprendes un poco más Emma?
NICOLÁS: Está bien. Pues las cartas sobre la mesa. Si no aceptas, puede que consigas un poco más, pero muy poco y más cerca de lo que te hemos propuesto que del disparate que tú pides. La diferencia es que, si aceptas, mañana mismo tendrías la pasta y de lo contrario... ¿quién sabe cuándo?
EMMA: Necesito ir al baño (llevaba muy mala cara)
YO: Te estás equivocando, porque cuando comuniques que no hay acuerdo y pregunten el motivo desde Madrid, tendrás que decirles por qué me he negado a aceptar o trasmitirles mi propuesta. Digas lo que digas, pensarán que le han dejado a alguien torpe la negociación y seguro que te ofreciste tú diciendo que en cinco minutos tendrías firmado el acuerdo. Da igual cómo haya sido, cuando se pongan en contacto conmigo yo se lo explicaré y dos cosas te puedo asegurar: que aceptarán mis peticiones y que con mi ayuda quedarás como el culo. Eso será así, te lo aseguro.
NICOLÁS: Podemos llegar a un entendimiento, seguro que tienes algo más que decir.
YO: Pues mira, ahora que lo dices, eso de que si me tienen que dar algo es que me den por el culo. Me llega al alma y se me ha ocurrido algo... a todo esto, es verdad que uno se queda embobado con Emma y sobre todo con su culo, por...
NICOLÁS: ¡QUIETO Y PARADO PELAYO QUE TE CONOZCO!
YO: Es de mala educación cortar cuando alguien está hablando. Continúo... que ni sabes ni te imaginas lo que iba a decir. Sí, me gusta dar por culo, pero me refiero físicamente, no como tú. Y tengo ganas de follarme un culo, solo porque eso me relaja, me hace más dócil y ya que estamos... tu culo por el de ella.
NICOLÁS: ¿Cómo que mi culo por el de ella?
YO: Sé que vas en contra de los gais, del sexo anal en general, aunque para que me dieran por culo a mí, ahí ya no te importaba, claro si...
NICOLÁS: Espera un segundo que...
YO: Qué manía de interrumpirme, no vuelvas a hacerlo... Sí, que me gustaría muchísimo más follarme el culo de tu mujer que el tuyo. Pero como eso tú no lo permitirías, solo queda el tuyo. De todas maneras, fuera un culo u otro, tendríais que estar los dos presentes. Y espera... no me interrumpas de nuevo... Piensa que tendrás que trasmitir de forma inmediata el resultado de tus gestiones, porque Nicolás, no creas que soy tonto, que los de esta mañana no pintaban nada, eras tú el director de la orquesta.
Nicolás quedó devastado, su rostro se había vuelto pálido y sus manos temblaban ligeramente sobre la mesa. El poder había cambiado de manos y él lo sabía. Lo que el ignoraba es que mi pretensión era quitarle el sueño y nada más, hacerle sufrir un poco. Aunque reconozco que no me importaría follarme a Emma, pero prefería tenerla como simple amiga. Mientras tanto, Emma regresó del baño con una expresión de confusión y preocupación.
-Pelayo, te juro por lo más sagrado, que no sabía nada, me siento muy avergonzada y no me puedo imaginar lo mal que lo has pasado. Lo de Nicolás no tiene nombre, pero es mi marido, espero que lo entiendas- me decía muy compungida y me estaba diciendo la verdad, por eso le contesté –Tranquila que me he dado perfecta cuenta de todo. Lo único que te tengo que pedir perdón por algo que le he dicho a tu marido para joderle y dejarle con la cabeza echando humo, pero si te comenta algo de lo que hemos hablado no hagas caso a nada-.
Ella quiso saber qué era y traté de ser suave –pues le he dicho o insinuado que, para poder llegar a un acuerdo, alguien tiene que poner el culo, como quería el que me lo pusieran a mí y le he dicho que el suyo estaría bien, en lugar de otro-. Sonriéndose me dijo -¡Sí que eres malo y retorcido!-, sabiendo lo que odia y lo que dice Nicolás del sexo anal. Se le escapó una sonrisa, pero sabía que no me había entendido del todo y lo dejé ahí.
Al regresar del aseo, Nicolás le dijo a su mujer Emma que se iban y a mí me dijo –Pelayo, mañana te haré llegar una oferta que no podrás rechazar. ¿Te la hago llegar a tu casa?- y le contesté –La casa la vendí y estoy en un hotel, pero te aseguro que la oferta que presentes ni la leeré, salvo que venga precedida por la condición que te he puesto-.
Se marchó junto a su mujer sin decir nada y con la cara de Emma que no entendía nada.
Lo que no me esperaba es que, a las nueve de la noche, llamaron a la puerta de mi habitación, allí estaban Nicolás con cara de derrotado y Emma, con cara distinta, hermosa y con un vestido de lo más sexy, con un escote que dejaba ver el gran canalón que formaban sus grandes tetas. Entraron y Emma no me deja ni hablar.
— Ya me ha dicho este cabrón (refiriéndose a su marido) que me tengo que dejar por ti. ¿Es así?
— No tienes que hacerle caso, porque no acuerdo voy a firma y todo ha sido para que sepa lo que es sufrir. Nunca te insinuaría a ti nada para tener sexo y mucho menos te chantajearía. ¿Te has quedado claro?
— ¿Es que no te gusto?
— Claro que me gustas, Emma. Siempre me has puesto. Desde que te conocí, he deseado hacerte mía. Pero no de esta manera.
— Entonces ¿por qué no? -preguntó ella, acercándose más a mí, dejando a Nicolás apartado en un rincón de la habitación como un perro apaleado.
Miré a Nicolás, que observaba la escena con una mezcla de humillación y furia. Luego volví mi atención a Emma, cuyo perfume me embriagaba.
— Porque quiero que lo hagas porque tú lo deseas, no porque tu marido te lo ordene.
Emma sonrió, una sonrisa pícara y llena de deseo. Su mano rozó mi entrepierna, sintiendo cómo mi verga se endurecía bajo su toque.
— Pelayo, hace años que quiero esto. Desde que nos conocimos, he imaginado cómo sería tener tu polla dentro de mí. Nicolás nunca lo ha sabido, pero he fantaseado contigo mientras me follaba. A veces, incluso cerraba los ojos y te imaginaba a ti.
Nicolás emitió un gemido ahogado, pero ni Emma ni yo le prestamos atención.
— ¿En serio? -pregunté, sintiendo cómo mi excitación crecía.
— Sí -respondió Emma, mientras comenzaba a desabrochar los botones de mi camisa-. Y ahora que tengo la oportunidad, no la voy a desaprovechar.
Sus labios encontraron los míos en un beso apasionado, lleno de años de deseo reprimido. Mientras nos besábamos, sus manos se deslizaban hacia abajo, desabrochando mi cinturón y bajando la cremallera de mis pantalones. Cuando mi rabo salió al aire, Emma se detuvo un momento, sus ojos se abrieron como platos.
— Joder, Pelayo... -susurró, mirando mi rabo con asombro-. Es... es espectacular. Más grande de lo que imaginaba. Mucho más grande que la de Nicolás.
Miré a Nicolás, que se encogió aún más en su rincón, su rostro ahora pura humillación.
— Mírale, Nicolás -dijo Emma sin apartar la vista de mi rabo-. Mírale y luego mírame a mí. Porque esto es lo que una polla de verdad se ve. Esto es lo que me va a follar esta noche.
Sus dedos se cerraron alrededor de mi verga, apenas pudiendo rodearla completamente. Comenzó a masajearla con una habilidad que me dejó sin aliento. Yo correspondí deslizando mi mano bajo su vestido, descubriendo que no llevaba bragas. Sus labios estaban ya húmedos, listos para mí.
— Por favor, Pelayo -susurró Emma en mi oído-. Fóllame ahora mismo. Delante de él.
La miré a los ojos y vi el deseo puro, sin tapujos. Asentí y la llevé hacia la cama, donde se tumbó abriendo sus piernas para mí. Nicolás seguía en su rincón, con la cabeza gacha, pero podía ver que observaba todo.
Me arrodillé entre las piernas de Emma y comencé a lamer su coño, saboreando su dulzura mientras ella gemía de placer. Sus manos se aferraban a mis cabellos, empujándome más contra ella.
— Sí, así... sigue así -gemía Emma-. Joder, Pelayo, qué bien lo haces.
Después de llevarla al borde del orgasmo con mi lengua, me coloqué sobre ella. Sus ojos se encontraron con los míos, llenos de anhelo.
— Por favor, métetela ya -suplicó-. Quiero sentir tu polla dentro de mí.
Con un movimiento lento, penetré su coño caliente y húmedo. Emma gimió de placer mientras su cuerpo se adaptaba al mío, estirándose para acomodar mi tamaño.
— ¡Dios! -exclamó-. Es enorme... me estás llenando por completo.
Comencé a moverme dentro de ella, cada embiste más profundo y rápido.
— Sí, así... más fuerte -pedía Emma-. Fóllame como siempre has querido.
Mientras la follaba, miré hacia Nicolás. Su rostro era una máscara de humillación, pero también podía ver que estaba excitado contra su voluntad, con una erección evidente bajo sus pantalones.
— Mírame, Nicolás -dije-. Mírame mientras follo a tu mujer. Mírame mientras ella goza con mi polla dentro de ella.
Emma se giró para mirar a su marido.
— ¿Ves, Nicolás? Esto es lo que un hombre de verdad me hace sentir. Esto es lo que tú nunca me has dado. Nunca me has llenado así, nunca me has hecho sentir tan llena.
Sus palabras fueron como una daga para Nicolás, pero para mí fueron el mayor afrodisíaco. Aumenté el ritmo, embistiendo más fuerte mientras Emma gemía cada vez más alto.
— Voy a correrme -anunció Emma-. ¡Dios, sí, ahora mismo!
Su cuerpo se arqueó mientras el orgasmo la recorría, sus músculos vaginales contrayéndose alrededor de mi verga. Eso fue suficiente para empujarme al límite.
— Voy a correrme dentro de ti -dije.
— Sí, dentro de mí -suplicó Emma-. Lléneme con tu semen.
Pero seguí moviéndome dentro de ella, sin correrme todavía. Emma me miró, sorprendida.
— ¿No vas a correrte? -preguntó, jadeante.
— Aún no -respondí con una sonrisa-. Quiero disfrutar más de tu delicioso coño apretado.
Continué follándola, cambiando de posición, poniéndola a cuatro patas. Desde mi ángulo, podía ver a Nicolás, que ahora se tocaba sin disimulo mientras observaba cómo mi verga entraba y salía de su mujer.
— ¿Ves esto, Nicolás? -dijo Emma, mirando a su marido por encima de su hombro-. ¿Ves cómo Pelayo me folla? ¿Ves cuánto tiempo dura? Él ya habría corrido tres veces seguro.
Pasaron varios minutos más, con Emma alcanzando otro orgasmo antes de que finalmente sintiera que mi propio clímax se aproximaba.
— Ahora sí, cariño -dije-. Ahora voy a llenarte.
— Sí, Pelayo, dame tu leche -suplicó Emma-. Quiero sentirla dentro de mí.
Con un último embiste poderoso, me corrí dentro de ella, llenándola con mi semen caliente. Permanecimos así un momento, ambos jadeando, mientras Nicolás observaba en silencio, su mano manchada con su propia leche.
Cuando nos separamos, Emma se giró hacia su marido, con mi semen goteando de su coño.
— ¿Lo has visto, Nicolás? -dijo con una sonrisa triunfante-. Eso es cómo se folla a una mujer. Eso es lo que me has estado negando todos estos años. Y ahora sabes que hay alguien que puede darme lo que tú nunca podrás.
Se acercó a Nicolás y le susurró algo al oído que no pude oír, pero que hizo que su rostro se volviera aún más pálido. Luego regresó a la cama, donde me tomó de la mano.
— Quédate conmigo esta noche, Pelayo -dijo-. Quiero sentir tu polla dentro de mí una y otra vez.
Miré a Nicolás, que asintió lentamente, completamente derrotado. La justicia natural, al fin, se estaba sirviendo. Y estaba delicioso.
Emma me tomó de la mano y me guio de vuelta a la cama, sus ojos brillando con una lujuria que nunca antes había visto en ella.
— No he terminado contigo, Pelayo -susurró, sus labios rozando mi oreja-. Quiero sentir tu polla en cada uno de mis agujeros esta noche.
Mi rabo, que apenas había comenzado a flaquear, se endureció de nuevo con sus palabras. Emma lo notó y sonrió.
— Parece que a ti también te gusta la idea -dijo, acariciándola con delicadeza-. ¿Qué te parece si empezamos por mi culo? Nunca he hecho eso con Nicolás. Dice que es sucio, de maricones.
Miré a Nicolás, que se había quedado inmóvil en su rincón, con la cara entre las manos.
— Ve a mi bolso, cariño -ordenó Emma a su marido-. Trae el lubricante que he traído.
Nicolás obedeció sin decir palabra, caminando como un autómata hacia donde Emma había dejado su bolso. Revolvió en él un momento, su rostro ruborizado de humillación al encontrar el pequeño tubo. Cuando regresó, se lo arrebaté de las manos.
— Tú te sientas allí -dije, señalando un sillón cercano-. Y te pones a mirar. Si apartas la vista, te aseguro que... no me hizo falta decir mas.
Emma se arrodilló en la cama, levantando su culo perfectamente formado hacia mí. Su ano rosado y apretado me esperaba, invitándome a entrar.
— Prepárame, Pelayo -suplicó-. Prepárame mi culo para tu enorme polla.
Mientras Nicolás observaba, comencé a masajear el lubricante alrededor del ano de Emma, introduciendo primero un dedo, luego dos. Ella gemía de placer, empujando hacia atrás contra mis dedos.
— Más -pedía-. Quiero más.
Cuando la sentí lista, posicioné mi rabo en la entrada de su culo. Emma contuvo la respiración.
— Despacio al principio -suplicó-. Nunca he hecho esto.
Comencé a penetrarla lentamente, sintiendo cómo su ano se abría para mí, estirándose para acomodar mi tamaño. Emma gimió, una mezcla de dolor y placer.
— ¡Dios! -exclamó-. Es enorme... me estás partiendo en dos.
— Relájate, cariño -dije, continuando mi penetración lenta-. Pronto solo sentirás placer.
Despues de un buen rato y cuando finalmente me hube introducido por completo, me detuve un momento para que se acostumbrara. Luego comencé a moverme, lentamente al principio, luego más rápido.
— Sí, así -gemía Emma-. Más rápido, más fuerte. Fóllame el culo, Pelayo. Hazme tuya.
Aumenté el ritmo, embistiendo su culo con fuerza. Emma se masturbaba mientras la follaba, sus dedos frotando su clítoris con furia.
— ¡Ves, Nicolás! -gritó-. ¡Esto es lo que es un hombre de verdad! ¡Alguien que no le teme a follarme el culo!
Miré a Nicolás y vi que tenía su rabo fuera, masturbándose mientras observaba. Su rostro era una máscara de humillación y excitación.
— ¿Te gusta ver esto, Nicolás? -pregunté-. ¿Te gusta ver cómo otro hombre se folla el culo de tu mujer?
Nicolás asintió sin decir palabra, su mano moviéndose más rápido sobre su rabo.
— Córrete para mí, Nicolás -ordenó Emma-. Córrete mientras ves cómo Pelayo me folla el culo.
Como si mis palabras hubieran sido una orden, Nicolás se corrió, su leche saliendo disparada y cayendo sobre su propio pantalón. Casi al mismo tiempo, Emma alcanzó su propio orgasmo, su cuerpo temblando violentamente.
Su orgasmo provocó el mío. Con un último embiste poderoso, me corrí dentro de su culo, llenándolo con mi semen caliente.
Permanecimos así un momento, todos jadeando. Luego me retiré lentamente de Emma, viendo cómo mi semen goteaba de su culo.
— Ahora vamos a por la tercera ronda -dije, mi verga todavía erecta-. Esta vez en tu boca.
Emma se giró y me tomó en su boca sin dudarlo, lamiendo mi verga limpia de los jugos de su propio culo. Mientras me la chupaba, miraba a Nicolás a los ojos.
— ¿Ves esto, Nicolás? -dijo, apartándose un momento-. ¿Ves cómo sabe mi culo en la polla de otro hombre? ¿Ves cómo me la chupo sin dudarlo?
Nicolás solo podía mirar, su verga comenzando a endurecerse de nuevo a pesar de su humillación.
Emma continuó chupándome con una habilidad asombrosa, su lengua bailando alrededor de mi glande, sus labios apretados alrededor de mi eje. Tomaba mi verga cada vez más profundo, hasta que sentí su garganta ajustarse alrededor de la punta.
— Así -gemí-. Así, Emma. Chúpamela toda.
Finalmente, no pude aguantar más y me corrí en su boca, llenándola con mi leche. Emma se tragó todo, luego abrió la boca para mostrarme que no había quedado ni una gota.
— ¿Te gusta Nicolás? -preguntó, volviéndose hacia su marido-. ¿Te gusta saber que tu mujer acaba de tragar el semen de otro hombre?
Nicolás solo pudo asentir, su verga completamente erecta de nuevo.
— Muy bien -dije-. Ahora que ya te he follado el coño, el culo y la boca, creo que es justo que Nicolás participe también.
Emma me miró, intrigada.
— ¿Qué tienes en mente? -preguntó.
Sonreí. — Nicolás, ven aquí -ordené-. Y arrodíllate junto a tu mujer.
Nicolás obedeció, arrodillándose junto a Emma en la cama.
— Ahora los dos van a chuparme el rabo juntos -dije-. Emma, tú enseñas a tu marido cómo se hace correctamente.
Emma sonrió y tomó mi verga en su mano, guiándola hacia la boca de su marido.
— Abre la boca, Nicolás -ordenó-. Y haz lo que te digo.
Nicolás abrió la boca con reluctancia y Emma guio mi rabo hacia adentro.
— Así -dijo Emma-. Muévete así. Usa tu lengua. Hazle sentir bien.
Mientras Nicolás me la chupaba torpemente, Emma le daba instrucciones, a veces tomando mi rabo ella misma para demostrarle cómo se hacía correctamente.
— Ahora tú, Pelayo -dijo Emma después de un rato-. Córrete en la boca de tu nuevo amigo. Dale lo que tanto ha deseado sin atreverse a admitirlo.
Con las palabras de Emma y la sensación de la boca de Nicolás alrededor de mi rabo, no pude aguantar más. Me corrí con fuerza, llenando la boca de Nicolás con mi semen.
— Trágatelo todo -ordené-. Ni una gota.
Nicolás obedeció, tragando mi leche con una expresión de humillación total en su rostro.
— Ahora ya sabes lo que se siente, Nicolás -dije-. Ahora ya sabes lo que es "dar por el culo".
Emma se rio, un sonido claro y libre.
— Y ahora, Pelayo -dijo, tomándome de la mano-. Por favor, quédate conmigo esta noche. Quiero sentir tu polla dentro de mí una y otra vez hasta que amanezca.
Miré a Nicolás, que permanecía arrodillado en el suelo, completamente derrotado. La justicia natural se había servido, y yo iba a disfrutar de cada momento de ella.
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