Mi vecina
La noche lo delató con sus suspiros. Ahora, bajo la mirada fija de él, la vecina ya no puede fingir indiferencia. El castigo se convierte en tentación.
(De todos los relatos que he escrito este es el primero que es absolutamente real, espero que os guste.)
Tenía 20 años, mi hermano no estaba en casa por cuestiones que no vienen al caso y mi madre se iba de viaje un fin de semana. Debido a que yo estaba pasando una época rebelde, la juventud tiene estas cosas, mi madre decidió que me hospedase ese fin de semana en casa de la vecina, más que nada por lo que pudiese pasar durante ese fin de semana.
Mi vecina, Marta (no es su nombre real, hay muchas posibilidades de que lea esta página) con la que me hospedaría ese fin de semana, tenía en aquella época unos 45 años, y la verdad es que era un auténtico bellezón que además vivia sola y que por orden de mi madre tendría que vigilarme para que yo no saliera de fiesta a las primeras de cambio, eso era un castigo debido a mi acusada rebeldía.
Cuando salío de clase, estudiaba derecho en la universidad, fuí directamente a casa de Marta donde mi madre ya había dejado una bolsa con mi ropa para pasar ese fin de semana. Así que saludé a Marta y dejé mi mochila de estudios en la que iba a ser mi habitación ese fin de semana. Después fui al salón, Marta había preparado unas ricas fajitas mexicanas para cenar, las cuales estaban realmente ricas, cenamos y nos pusimos a ver una película en la televisión, creo recordar que vimos JFK de Oliver Stone con Kevin Costner como protagonista. Después de ver la película, cerca de las 12 de la noche, los dos nos fuimos a dormir.
Estaba cansado y me dormí enseguida, pero unas horas después empezó a despertarme un sonido extraño, al principio y pese a que lo oía estaba medio dormido y no me percataba de lo que era aquel sonido. Poco a poco me fui despertando, espabilandome más y más, hasta que aquel extraño sonido se hizo perfectamente claro y me quedé de piedra.
Aquellos sonidos eran suspiros y gemidos de Marta, la cual se estaba masturbando. Algo de tiempo después, no sabría decir cuanto, Marta dió un gran gemido que me dio a entender que finalmente se había corrido.
A la mañana siguiente, cuando me levánté, Marta estaba haciendo un rico desayuno, a base de tostadas con jamón y café con leche. En ese momento actué de manera normal, como si no hubiera oido nada la noche anterior. Después de desayunar me fui a la que ese fin de semana era mi habitación a estudiar, o al menos intentarlo, porque no me podía sacar de la cabeza lo sucedido la noche anterior.
A las 11 de la mañana era hora de tomarme un descanso y un pequeño almuerzo. Fui a la cocina y allí estaba Marta, llevaba un short y una camiseta algo usada, un modelo típico para estar por casa. La miré fijamente, manteniéndole la mirada, unos segundos después le pedí un vaso de agua y unas galletas para llenarme un poco el estomago antes de pasar a intentar estudiar de nuevo.
Pasó un rato largo antes de que Marta me llamase para ir a comer, así que dejé de estudiar y fui a la cocina, un rico arroz me esperaba ya servido en la mesa. Mientras comíamos volví a mirarle fíjamente en varias ocasiones, de nuevo aguantandole la mirada unos segundos. Terminamos de comer y nos sentamos en el tresillo a descansar y ver algo de tele, también conversamos sobre mis estudios (Arquitectura) y otras cosas banales, seguí mirándola fijamente de vez en cuando, como siempre, manteniéndole la mirada unos segundos.
--¿Porque me miras así?
--Por nada.
--Vaya, pues la verdad es que ya son varias veces las que me miras con esa intensidad.
--Pues no es por nada. No debes preocuparte.
Seguimos vunedo la televisión y charlando durante un rato, durante el cual no pasó nada destacable.
Marta me preguntó si me apetecía una cerveza, a lo que contesté que si, por lo que se levantó a por las cervezas, una vez me dió la espalda, pude contemplar sus increibles piernas y su estupendo culazo. Cuando volvió con las cervezas en la mano, volví a mirarla fijamente.
--¿Ves? ya estás otra vez con esa mirada. No entiendo porque me miras así, no te he hecho nada. --Mientras decía esto se volvía a sentar en el sofá, a mi lado.
--Eso es cierto, a mi no me has hecho nada, por desgracia.
--¿Como? No sé a que te refieres.
--¿Quieres saber la verdad? Anoche te oí. --Dije mientras empezaba a acariciar su muslo.
Marta se quedó callada, no sabía que decir. Yo empecé a mover mi mano sobre su muslo, Marta no hizo ni ademán de quitarla.
Me acerqué a ella y empecé a besarla mientras con mis brazos la abrazaba, en ese abrazo noté el comiezo de su excitación, aquello le estaba gustando y a mi más.
Seguimos besándonos, cada vez más morbosamente, y no solo en los labios, nuestros cuellos también fueron besado con ansia, con morbo, con desesperación. Mientras tanto yo me había quitado mi camiseta.
Marta se separó de mi, me cogió de la mano y me levantó del sofá, nos dirigimos a la habitación donde yo dormía, no por nada, sino porque era la más cercana al salón y las ansias ya eran muchas.
Me empujó sobre la cama y empezó a lamerme el pecho, poco a poco, variando la longitud de sus lamidas, unas veces eran cortas, otras veces eran largas y yo me estaba excitando de una manera brutal, sobre todo cuando se dedicó a hacer cículos sobre mis pezones y a sorber sobre ellos. Me estaba volviendo loco.
Continuó lamiendo mi pecho, bajando más y más hacia mi ombligo, donde igualmente se detuvo durante un rato, lamiendolo con la punta de su lengual, yo ya no podía más.
Siguió bajando hasta que me bajó los pantalones y los calzoncillos teniendo via libre sobre mi polla, la cual empezó a lamerla lentamente, haciendo círculos sobre mi glande y lamiendo poco a poco el tronco de la misma. Escupió sobre la misma y empezó a introducirsela entera en la boca, manteniéndola entera dentro durante unos segundos, yo estaba fuera de mi, gimiendo y casi convulsionando del placer que Marta me estaba dando, hasta que no pude evitar correrme en su boca. Marta se lo tragó entero mientras me miraba con una cara de gran gozo.
Cuando me recuperé, empecé a chupar y morder los pezones de Marta, unas veces los mordia suavemente, variando la intensidad hasta llegar a morderlos con bastante fuerza, Marta se volvía loca de esa manera. Sin dejar de lamer sus pezones empecé a meterle dos dedos dentro del coño. Marta empezó a gemir como una loca, aquello le estaba encantando y yo no iba a parar hasta que se corriese, me encanta ver a una mujer corriendose, no tardó mucho en hacerlo, y cuando lo hizo, inmediatamente, la puse a cuatro patas.
Lentamente le metí la polla en el coño, quería que sientiese perfectamente como iba invadiendo su más oscuro secreto. Empecé a bombear, muy muy muy despacio, aumentando la velocidad poco a poco. Marta gemía más y más fuerte, mosttrando más y más el placer que estaba sintiendo.
La cogí con una mano de la cadera, para con la otra, sin dejar de bombear azotar su culazo, cuando lo hice por primera vez, giró su cabeza hacia atrás sonriendo, así supe que le había gustado, por lo que seguí azotándola de vez en cuando sin parar de bombear.
Cuando estaba a punto de correrme, saqué la polla de su coño, tumbé a Marta boca arriba y me corrí en su cara, Marta sonreia de esa manera que solo el placer puede provocar.
Acto seguido me fuí a dar una ducha.
(Podéis dejar comentarios aqui, intentaré contestar, o escribirme de manera privada a [email protected])
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