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DominaciónJun 2026

Juanjo y el jefe de Sonia 1

Juanjocriado19652.8K vistas9.2· 5 votos
<p>Buenas , de nuevo ando por aquí . He tenido una especie de parón, pero espero estar a la altura. </p> <p>Le vuelvo a dar una vuelta a una fantasía recurrente, el jefe de mi esposa me domina </p> <p>Tenía sesenta años y llevaba más de treinta casado con Sonia. A sus cincuenta y cinco, ella seguía manteniendo una figura atractiva, pero el deseo entre nosotros se había extinguido hacía años. Apenas nos tocábamos. Una vez al mes, como mucho, un polvo rápido y mecánico que terminaba en menos de diez minutos. Yo me sentía invisible, frustrado, con un fuego que mi mujer ya no quería ni sabía apagar.</p> <p>Ese viernes había bebido un par de whiskies antes de ir a la oficina. Necesitaba valor para enfrentarme a lo que fuera que don Pablo quisiera decirme sobre Sonia. El alcohol me había dejado más desinhibido de lo normal, con una ligera calidez en el cuerpo y la cabeza algo más suelta.</p> <p>El director general, don Pablo, un hombre de cincuenta y ocho años, alto, de cabello plateado, voz grave y autoridad natural, me había citado “para hablar de un tema personal sobre mi esposa”. Llegué nervioso, pero con esa ligera desinhibición del whisky, y cerré la puerta tras de mí.</p> <p>—Tu mujer es muy eficiente —empezó don Pablo, mirándome fijamente desde su enorme sillón de cuero—. Pero últimamente noto que tú… estás tenso.</p> <p>Se levantó, rodeó el escritorio y se colocó justo detrás de mí. Sentí sus manos grandes y firmes sujetándome los hombros con fuerza, casi posesivas. Su colonia cara me envolvió.</p> <p>—Sonia me ha contado que prácticamente no tenéis sexo —dijo cerca de mi oído, con voz baja y ronca—. Lleváis años así, ¿verdad? Un polvo mecánico de vez en cuando y nada más.</p> <p>Me quedé helado, pero el whisky y el calor de sus manos en mis hombros me impidieron apartarme. Sentí cómo mi polla empezaba a endurecerse a pesar de la vergüenza.</p> <p>—Y yo… llevo meses fantaseando con ponerte de rodillas —continuó, apretando ligeramente los dedos sobre mis hombros—. ¿Quieres que te folle como tu mujer ya no puede? ¿Quieres sentir lo que es que un hombre de verdad te use?</p> <p>El silencio fue denso. Tragué saliva y, sin poder evitarlo, asentí lentamente.</p> <p>—Buen chico —murmuró con una sonrisa lobuna—. Quítate la chaqueta y arrodíllate.</p> <p>No se que me pasó, pero mi voluntad desapareció,Obedecí. Me puse de rodillas frente a él. Don Pablo me agarró la barbilla con fuerza.</p> <p>—Abre la boca. Quiero ver cómo chupas la polla del jefe de tu mujer.</p> <p>Bajó la cremallera y sacó una polla gruesa, venosa y ya medio dura. Apenas tuve tiempo de mirarla antes de que me la metiera el capullo amoratado que lucia pringado de precum.</p> <p>—Así… chúpala bien. Más profundo. Eso es, traga, maricón . Mientras tu mujercita está ahí fuera archivando papeles, tú estás aquí mamándomela como una puta desesperada.</p> <p>Gemí alrededor de su verga, con lágrimas en los ojos, mientras él me follaba la boca con ritmo posesivo, sujetándome la cabeza con ambas manos.</p> <p>—Buen puto… Mira cómo no se te pone dura. Te encanta que te humillen, ¿verdad?</p> <p>Después de varios minutos, me levantó del pelo y me empujó contra el escritorio.</p> <p>—Bájate los pantalones. Quiero ver ese culo.</p> <p>Me bajé los pantalones y calzoncillos hasta las rodillas. Don Pablo escupió en su mano y frotó la saliva contra mi ano.</p> <p>—Estás virgen aquí, ¿no? Hoy vas a dejar de serlo.</p> <p>Separo mis nalgas con esas manazas, Presionó la gruesa cabeza de su polla contra mi agujero y empezó a empujar. Sentí cómo mi esfínter se resistía al principio, un dolor ardiente y punzante que me cortó la respiración. Pero poco a poco, centímetro a centímetro, esa verga gruesa y caliente fue abriéndose paso dentro de mí. Era una sensación abrumadora: quemazón, presión intensa, y un placer prohibido que me recorría la columna vertebral. Notaba cada vena de su polla rozando mis paredes internas mientras me dilataba sin piedad.</p> <p>—Joder… qué apretado estás —gruñó don Pablo, sujetándome las caderas con fuerza—. Este culo virgen se está tragando toda mi polla. Respira, puta, relájate y déjame entrar hasta los huevos.</p> <p>Empujó más fuerte y de repente entró hasta el fondo. Solté un gemido largo y roto. Me sentía completamente lleno, invadido, como si me estuviera partiendo en dos. El whisky hacía que todo fuera más intenso: el calor de su polla latiendo dentro de mí, el roce profundo contra mi próstata que me enviaba descargas de placer directo a la polla.</p> <p>Empezó a follarme con embestidas lentas pero profundas al principio, luego cada vez más brutales. El escritorio crujía con cada golpe.</p> <p>—Dime lo que eres —exigió, dándome un fuerte cachetazo en el culo.</p> <p>—Soy… soy su puta… —jadeé entre gemidos.</p> <p>—Más alto, maricón.</p> <p>—¡Soy su puta, don Pablo! ¡Fóllame más fuerte! ¡Use este culo como quiera!</p> <p>—Así me gusta —rio con voz ronca—. Mira cómo te abre el jefe de tu mujer. Sonia ni se imagina que su maridito está aquí, doblado sobre mi escritorio, gimiendo como una zorra mientras le parto el culo. ¿Sientes cómo te llega hasta las tripas?</p> <p>Cada embestida era más salvaje. Sentía sus huevos golpeando contra los míos, su polla gruesa entrando y saliendo, frotando ese punto dentro de mí que me hacía ver estrellas. El dolor se había convertido en un placer sucio y adictivo. Mi propia polla goteaba precum contra el lateral del escritorio sin que la tocara.</p> <p>—Estás chorreando. Te encanta que te usen como a una puta barata, ¿verdad? Este culo ya es mío. Cada vez que te sientes a cenar con Sonia, vas a notar mi polla dentro todavía.</p> <p>Aceleró el ritmo, follándome como un animal. Yo solo podía gemir y suplicar.</p> <p>—Quiero que te corras con mi polla dentro, sin tocarte. Vamos, puta… aprieta ese culo.</p> <p>Con un último empujón brutal y profundo, don Pablo gruñó como un toro y se corrió. Sentí los chorros calientes y espesos llenándome por dentro, inundando mis tripas. Ese calor me hizo explotar. Eyaculé con fuerza contra el suelo, temblando entero, con espasmos que me recorrían el cuerpo mientras su polla seguía latiendo dentro de mí.</p> <p>Cuando por fin se apartó, me quedé allí, jadeando, con las piernas temblorosas. Sentí cómo su semen espeso empezaba a salir de mi agujero dilatado. Gotas calientes y blancas resbalaban por mis muslos, bajando lentamente hasta manchar mis calzoncillos bajados. Era una sensación humillante y excitante al mismo tiempo: el recordatorio físico de que acababa de ser follado y llenado por el jefe de mi mujer.</p> <p>Don Pablo se quedó unos segundos más mirándome, satisfecho, y me susurró al oído:</p> <p>—Esto solo es el principio. Cada vez que te llame, vendrás corriendo a darme este culo. ¿Entendido?</p> <p>—Sí, don Pablo… —susurré, roto, lleno y completamente satisfecho.</p> <p>La segunda parte viene de camino</p> <p>[email protected]</p>