Adiós Valeria
La ducha no lava la culpa, solo la esconde bajo el vapor. Cuando Valeria decide dejar de ser la víctima, el placer se convierte en el arma más letal y la cama en el escenario de una justicia sangrienta.
Capítulo: Adiós Valeria
Leo observó la pantalla del teléfono durante unos segundos después de enviar el mensaje.
Me siento mejor, hablemos.
La respuesta llegó casi de inmediato.
Estoy llegando a casa. Dejo las maletas y voy para allá.
Leo dejó el móvil sobre la mesa auxiliar y apoyó la cabeza contra el respaldo de la cama. Todavía sentía el cuerpo débil. Las heridas sanaban despacio, pero al menos podía caminar algunos pasos sin ayuda.
Aun así, lo que más le agotaba no eran los golpes.
Era todo lo demás.
La traición.
Las mentiras.
La sensación de que durante años había vivido dentro de una realidad que nunca existió.
Media hora más tarde alguien llamó suavemente a la puerta.
—Adelante.
Megan apareció en la habitación con una pequeña sonrisa.
—Leo, ¿cómo estás?
—Mejor. Ya me levanto y camino un poco, aunque me sigo cansando rápido.
—Eso ya es una gran noticia.
Megan tomó asiento junto a la ventana.
Durante unos segundos ninguno habló.
Finalmente Leo rompió el silencio.
—Sabes lo que me hicieron.
La expresión de Megan cambió.
—Lo sé todo.
Leo frunció el ceño.
—¿Todo?
—Casi todo.
Sacó una carpeta del bolso y la colocó sobre sus piernas.
—El investigador privado los siguió durante semanas. Grabó reuniones, conversaciones, movimientos bancarios sospechosos. También consiguió fotografías.
Leo la observó atentamente.
—¿Qué clase de pruebas?
—La falsa ceremonia en la playa. Las reuniones con Paula. El dinero que cambió de manos. Fotografías de los dos guardaespaldas que aparecieron caminando a tu lado cuando te hicieron la agresión.
Leo sintió cómo se tensaba la mandíbula.
—¿Y eso basta?
—Para demostrar muchas cosas, sí.
—¿Y para demostrar que Juan ordenó el ataque?
Megan negó lentamente.
—Todavía no.
La respuesta cayó como una piedra.
—Entonces puede escapar.
—No tan rápido.
Leo levantó la mirada.
—¿Qué quieres decir?
—Los investigadores ya identificaron a los hombres que participaron en la agresión.
—¿Dónde están?
—México.
Leo soltó una maldición por lo bajo.
—Huyeron.
—Al día siguiente.
El silencio volvió a instalarse en la habitación.
Megan abrió la carpeta y le mostró varias fotografías.
Leo reconoció inmediatamente a uno de los hombres.
El recuerdo de aquella noche regresó como un golpe.
Cerró los ojos durante unos segundos.
—Quiero que paguen.
—Y lo harán.
—¿Estás segura?
—Lo estoy.
Megan señaló otro documento.
—Hay alguien más.
—Paula.
—Lorena, en realidad. Ese es su verdadero nombre.
Leo soltó una risa amarga.
—Ni siquiera eso era real.
—Pocas cosas lo eran.
Megan apoyó los codos sobre las rodillas.
—No podemos obligarla a hablar.
—Y no creo que quiera hacerlo.
—Quizá no.
—Cuando intenté escapar me puso una zancadilla.
—Porque estaba siguiendo instrucciones.
Leo permaneció callado.
—Aun así —continuó Megan— la policía puede citarla. Si declara, muchas piezas comenzarían a encajar.
—¿Crees que lo hará?
Megan dudó.
—No lo sé
la otra pieza clave es tu mujer pero.... Megan no quiso decirle que ella estaba con el
Leo observó la oscuridad detrás de la ventana.
—Todo esto parece una pesadilla.
—Lo sé.
—A veces todavía espero despertar.
Megan bajó la mirada.
Ella también había perdido cosas en aquella historia.
Muchísimas.
Finalmente Leo la miró.
—¿Y tú?
—¿Yo qué?
—¿Te vas a divorciar?
La respuesta fue inmediata.
—Sí.
Leo parpadeó.
—Tan segura.
—Completamente.
Su voz sonó firme.
—Perdoné demasiado durante demasiado tiempo.
Leo asintió lentamente.
—Entonces no hay vuelta atrás.
—No.
Megan cerró la carpeta.
— Ayer entregué las pruebas que faltaban a mi abogado.
—Gracias.
Ella sonrió.
—No me las agradezcas.
—¿Por qué?
—Porque esto no lo hago por generosidad.
Leo arqueó una ceja.
—Ellos se burlaron de nosotros.
La firmeza de sus palabras sorprendió incluso a Leo.
—Ahora les toca responder por lo que hicieron.
Durante varios segundos ninguno habló.
La determinación de Megan llenaba la habitación.
Por primera vez desde el ataque, Leo sintió algo diferente al dolor.
Esperanza.
Quizá pequeña.
Quizá frágil.
Pero real.
Megan se puso de pie.
—Tengo que ocuparme de algunas cosas.
—¿Volverás mañana?
—Claro.
Se acercó a la puerta.
—Descansa.
—Lo intentaré.
Megan sonrió y salió de la habitación.
Cuando la puerta se cerró, Leo volvió a mirar el teléfono.
Pensó en Juan.
Pensó en Valeria.
Pensó en todas las mentiras.
..
Esta vez para cambiar el juego por completo.
Al otro lado de la ciudad
El agua fría golpeaba la piel de Valeria como agujas de hielo. Permaneció bajo la ducha mucho más tiempo del necesario, los ojos cerrados, respirando el vapor que apenas se formaba. Cada gota parecía llevarse una capa de la mugre invisible que sentía adherida a su cuerpo: la culpa, la vergüenza, el asco hacia sí misma.
Por primera vez en días, la niebla se rasgaba. Y lo que veía debajo era monstruoso.
¿Cómo llegué aquí? ¿En qué momento me convertí en esto?
Se odiaba con una ferocidad que le quemaba el pecho. Odiaba las mentiras, las noches fingiendo placer mientras Juan la usaba, el daño que había causado a Leo, el hombre que aún latía dentro de ella como una herida abierta. Pero sobre todo odiaba esa versión débil, manipulable y rota de sí misma que Juan había moldeado con paciencia de depredador.
Salió del baño envuelta en una camisa holgada que apenas le cubría los muslos. Frente al espejo, su reflejo le devolvió una mirada desconocida: ojeras profundas, pómulos marcados, labios partidos. Sin embargo, en el fondo de aquellos ojos había algo nuevo.
Voluntad. Frágil, temblorosa, pero real.
En la cocina, Juan releía por quinta vez la citación policial. La obligatoriedad de comparecer. La prohibición de abandonar el país. La firma del juez. Todo olía a cárcel.
Cuando Valeria apareció, él levantó la vista y forzó una sonrisa.
—Valeria, te ves mucho mejor.
Ella no contestó. Se sentó y aceptó el plato en silencio.
El almuerzo transcurrió en una tensión espesa. Juan hablaba de banalidades mientras su pie rozaba el de ella por debajo de la mesa, un gesto posesivo que antes la hacía sentir deseada y ahora solo le provocaba náuseas.
Finalmente, él dejó los cubiertos.
—Valeria… lo que dije antes no fue en serio. Muchas cosas.
—¿Qué parte? —preguntó ella con voz baja.
-Las boberías que dije en el calor de la pasión. Valeria no dijo nada.
Juan suspiró y le contó lo de la citación. Luego, poco a poco, comenzó a desvelar sus planes de escape. México. El yate que lo llevaría. Los contactos. Las cuentas offshore. Los documentos falsos. La maleta negra con dinero suficiente para desaparecer para siempre. Los cheques viajero-cambiables al portador.
Hablaba con esa arrogancia tranquila del que cree que ya ha ganado, convencido de que Valeria estaba rota, domesticada, suya. Cada detalle que soltaba era una confesión involuntaria. Y Valeria memorizaba todo con precisión quirúrgica, mientras algo oscuro y caliente crecía en su interior.
—No voy a ir contigo —dijo ella cuando él terminó.
Juan sonrió con condescendencia.
—Ya veremos, nena.
Más tarde, mientras él preparaba las maletas en el dormitorio, Valeria lo observaba desde el marco de la puerta. La forma en que doblaba cada prenda con obsesión, la erección evidente bajo los pantalones de chándal, esa seguridad animal que siempre lo había caracterizado.
Cuando Juan desapareció en la ducha, ella actuó.
El mensaje a Leo fue breve, tembloroso:
“Te amo”.
.
Pero el tiempo se agotaba.
Juan salió del dormitorio con una toalla en la cintura, el pecho aún húmedo, el pene semierecto por la anticipación de la huida y del poder que aún creía tener sobre ella..
—¿Una fiesta de despedida?
Valeria sintió que todo encajaba. El odio, el deseo de venganza, el amor por Leo que aún ardía debajo de la culpa. Se volvió hacia Juan con una calma letal.
—Vete a la habitación, Juan. Quiero darte una despedida como te mereces.
Esta era su decisión. Su expiación y su justicia.
Juan, excitado por el tono de ella, obedeció. En la habitación, se sentó al borde de la cama, orgulloso, el pene ya completamente erguido, grueso y venoso, palpitando de anticipación.
—Este es tu futuro, nena —dijo, abriendo las piernas—. Ven.
Valeria se detuvo un instante al pie de la cama. Lo miró. Recordó todas las veces que ese cuerpo la había poseído, todas las mentiras, todas las veces que había traicionado a Leo por miedo y manipulación. El asco se mezcló con un deseo oscuro, enfermizo, de destruirlo desde dentro.
—Ya vengo —susurró.
Regresó desnuda, se arrodilló entre sus piernas y se la metió en la boca con hambre fingida. Chupó con fuerza, profunda, usando la lengua y la garganta mientras sus uñas se clavaban en los muslos de él. Juan gruñó, echando la cabeza hacia atrás.
—Acuéstate y abre las piernas —ordenó ella.
Juan obedeció, colocó dos almohadas bajo su cabeza y se dispuso a disfrutar. Valeria se subió sobre él, empalándose lentamente, cabalgándolo con movimientos profundos y circulares. Su coño apretado lo envolvía, caliente y mojado por la adrenalina más que por deseo.
—Te vas conmigo —jadeó él, agarrándole las caderas.
—Sí… voy contigo —mintió Valeria, acelerando el ritmo. Movía el culo arriba y abajo con furia controlada, apretando los músculos internos. Estiró la mano hacia atrás y masajeó sus huevos con fuerza, tirando de ellos justo en el límite del placer y el dolor.
—Dios, te amo, Vale… eres mi diosa —gimió Juan.
Intentó incorporarse para besarla, pero ella lo empujó con violencia contra las almohadas. Siguió cabalgándolo más rápido, más salvaje, hasta que sintió cómo él se tensaba, cómo explotaba dentro de ella con chorros calientes y abundantes, corriéndose como un animal mientras gritaba su nombre.
Valeria se levantó lentamente, el semen de él resbalando por sus muslos. Tomó una corbata de la maleta abierta.
—¿Qué haces? —preguntó Juan, aún aturdido por el orgasmo.
—Hoy quiero darte una sorpresa.
—Ummm… mi chica es perfecta.
Le vendó los ojos. Juan se dejó, confiado, aún disfrutando del placer residual.
Valeria desapareció unos segundos y regresó con el cuchillo cerámico, afilado como un bisturí. Se arrodilló de nuevo, tomó el pene aún semierecto, hinchado por la corrida reciente, y lo chupó con lentitud perversa hasta que volvió a endurecerse parcialmente.
Entonces, en un movimiento rápido y brutal, cortó casi de raíz.
El grito de Juan desgarró el apartamento. Un alarido animal, gutural, que se oyó en toda la cuadra. La sangre brotó a borbotones, tiñendo las sábanas blancas de un rojo brillante. Juan se revolcaba, las manos intentando tapar la herida imposible.
Valeria se levantó, el cuchillo goteando. Fue a la cocina y regresó con una olla de agua hirviendo, agua que antes del sexo había dejado al fuego. Sin aviso la volcó sobre Juan. El segundo grito fue aún peor, carne quemándose, ojos escaldados.
Juan intentó levantarse, ciego y en shock, pero Valeria lo golpeó en la cabeza con la olla. Cayó sobre la alfombra.
Entonces ella se arrodilló de nuevo, separó las piernas de él y fue por los huevos. No logró cortarlos del todo en el primer tajo; los dejó colgando, destrozados, sangrando profusamente.
Se acercó a su rostro deformado por el dolor.
—Me mentiste. Dañaste mi matrimonio. Dañaste mi vida. Dañaste al hombre que amo y lo más bello que me ha pasado. Aquí tienes tu castigo.
Juan sollozaba, convulsionaba, la sangre empapando todo.
Valeria de pie, desnuda, cubierta de sangre, el cuchillo aún en la mano. Sus ojos brillaban con una mezcla de liberación, horror y catarsis.
No había juicio. Solo comprensión profunda del dolor que ambos habían atravesado.
Valeria dejó caer el cuchillo. Las lágrimas finalmente brotaron.
—Se acabó —susurró—. Nunca he sido tuya, soy y siempre seré de Leo.
La habitación olía a sangre, semen y venganza cumplida, afuera la vida continuaba.
Pero dentro de Valeria, por primera vez en mucho tiempo, algo parecido a la paz empezaba a nacer entre las ruinas.
Juan gritó— tú colaboraste en todo, no eres mejor que yo
Puede que sí y por eso tendré mi castigo
Confesaré todo a la policía, iré presa, pero tú no te vas a ir sin pagar.
Pudimos ser felices dijo Juan revolcándose del dolor mientras lloraba.
Embriagada en tus halagos me cegué en vanidad. Nunca fue amor.
Valeria se puso la ropa tomó el telf y llamó al 911
hay un hombre herido en El W1010 con esquina Weguer piso 19 apartamento E. Colgó
Adiós, Juan espero no volver a ver
Maldita zorra, me las pagarás
Valeria tomo el pene de la cama y dejándolo caer al suelo, lo piso con sus zapatos.
Valeria salió a la oscuridad de la noche
Cuando un taxi pasaba
Tras hacer el stop, se subió
- Buenas noches necesito ir a mi casa en Vizcaya y luego vamos al hospital JF general.
- Perfecto dijo un hombre misterioso que ocultaba su rostro en una sudadera
Valeria que no lo había visto se sintió algo intimidada, pero el tiempo corría y no quería perderlo
Se fijó en un libro que tenía en el salpicadero
Luego en la tarjeta de transporte que colgaba en el espejo retrovisor
Peter decía el distintivo, debajo el No 028
Al legar subió a toda prisa se colocó unas bragas limpias un vaquero y una franela.
Tomó una hoja y se dispuso a escribirla
Se dijo— si no quiere verme le dejaré esta carta
Al terminar bajó las escaleras y se subió al taxi
Cuando llegaron Valeria pagó con su tarjeta de crédito—- Peter le dio el recibo de pago, pero antes de bajar habló
-Se ve triste. tome este libro creo que le podrá ayudar
Es muy hable pero no tengo tiempo para eso
Créame, tendrá mucho tiempo para leerlo
Valeria dudo, pero aquel extraño hombre
mantenía la mano estirada
a mi me lo regalaron y yo hago lo mismo. Cuando llegue el momento haga lo mismo usted.
Gracias dijo Valeria tomándolo ya para irse
Adiós dijo al tiempo que cerraba la puerta
-Valeria, nos volveremos a ver.
El coche se fue, dejándola sin saber si había oído bien
Subió hasta el piso de Leonardo pero al llegar no estaba en su habitación
La enfermera que ya la conocía — hola cariño, estabas buscándolo
Si
Está en la sala de espera, al final del pasillo
¿Ya camina?
Si, y no pierde el tiempo en hacerlo, se ve que está apurado por salir..
Valeria caminó temblorosa a su encuentro.
Esta vez estaba con el Isabel
Hola dijo ella
Leo que miraba por la ventana no volteo
Mamá que haces aquí
Vengo a despedirme de tu papá
Ya estamos divorciados, no tiene que venir a verme.
Leo, no te molestaré más, solo quería despedirme de ti
- Te vas con tu amante?
- No tengo amante y jamás lo tendré, tú y solo tú eres a quien amo
- No me hagas reír
- Piensa lo que quieras, dije que te lo des mostraría y lo haré
- Valeria no hagas nada tonto
- No te preocupes, no voy a suicidarme
- Valeria se acercó y lo abrazó
- Que coño haces aléjate de mi
- Valeria lloraba pagada a él como estirando hasta el último segundó
Estela que llegaba con un café la jaló
- Quita tus sucias manos de mi papá
Estaban forcejeando cuando la voz de una gente las sorprendió
Señora Valeria
Todos quedaron en silencio
Dos policías la tomaron y girándola la esposaron
-Queda detenida por intento de homicidio al señor Juan García.
Valeria aún esposada se estiró hasta tocar sus labios con los de Leo
Este se quedó rígido, pero no se apartó
Los ojos de Valeria denotaban una profunda tristeza
Valeria se arrodilló A sus pies —
Estaré muchos años tras las rejas, concédeme un el último beso, por nosotros, por nuestros años de casado, por todos esos bellos momentos, te lo suplico. Valeria se levantó, acercó de nuevo, esta vez Leo la besó, fue rápido, sin lengua, solo el roce de sus labios y sin embargo Valeria lo sintió como lo mejor que le había pasado en la vida.
Adiós Valeria — dijo sin expresión al separase
Sus hijas quedaron impactadas
Estela se alejó de ella, Isabel dubitativa finalmente se acercó y la abrazó.
Los agentes impacientados se la llevaron.
En otro hospital los médicos intentaron pegar el pene de Juan
Durante la operación sufrió un paro cerebrovascular
Fue atendido, pero el lado derecho de su cuerpo quedó paralizado.
El miembro por su parte estaba en su sitio, pero su función quedó para orinar.
Juan duró 15 días para cuando salió no estaba divorciado, sus cuentas en las Bahamas habían sido trasferidas por su esposa Megan a otra que convenientemente también estaba en las Bahamas pero en otro banco. Esto se hizo desde el ordenador de Juan el cual ella misma buscó tras recibir la noticia del investigador.
Cuando los paramédico cerraron el apartamento Megan Valiéndose de su certificado de esposa, contrato un cerrajero y entró en el que fue el nido de amor de Juan durante años.
Al recibir el alta Juan fue llevado a su antigua casa. Su hija de 12 años nunca supo nada de lo acontecido, sus hermanos mayores tampoco le dijeron nada.
La pequeña adoraba a su padre pensaron que sería una crueldad decírselo.
Megan por su parte contrató dos enfermeras, una de día otra de noche
Luego vino el juicio debido a su estado y que él no fue el autor material de las heridas de Leo, le dieron 14 años y por su estado le concedió la casa por cárcel.
Valeria confesó todo en el tribunal. Su cooperación con Juan para llevar a su marido, la mutilación del pene de Juan, las quemaduras de segundo grado. Etc.
Juan que no podía hablar, permanecía en silencio, la mano derecha no la movía y la izquierda le temblaba. El caminar lo hacía con la enfermera, sujetándolo. Normal tenía se movía en silla de ruedas. El futuro tampoco pintaba mejoría al contrario el médico dijo que era posible que el repitiera otra ACV en los próximos años.
.
El Juez indignado le dio 18 años de prisión. Valeria a sus 42 saldría con la edad actual de Juan osea 60 años, pensó que para ese tiempo su querido Leo tendría 65, estaría con otra mujer y se olvidaría de ella.
Cuando Valeria fue esposada Juan lloró
En cambio, ella no, permaneció tranquila como alguien que ya aceptó su destino.
Al llegar ala sótano de los juzgados la subieron al autobús de la penitenciaria, se colocó en la ventana para ir viendo como todo quedaba atrás, su vida, su familia, sus padres que lloraron al ver pasar el bus. Ahora Estaría lejos de todos por mucho, mucho tiempo. A su lado iba un libro que le dejaron llevar, aquel libro que le regaló Peter, recordó sus palabras: “tendrás mucho tiempo para el leerlo y reflexionar” En la última página habia una dedicatoria, pero ella aún no la había visto
Pido disculpas si hay errores, lo hice a la carrera
Saludos y gracias totales
By Peter
En el prox capítulo termina.
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