Xtories

La Farmaceutica II

Le dijo que fuera a ayudarlo. No imaginaba que la 'ayuda' implicaría arrodillarse en su sala y tomar el control de su cuerpo. Esta vez, las pastillas no fueron el único ingrediente del placer.

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Tardé en decidirme a tomar aquellas pastillas, pero finalmente me armé de valor y decidí que no podía perder aquella oportunidad. Me armé de valor y envié un mensaje a mi farmacéutica: “Voy a seguir tu consejo y tomarme el viagra. Lo haré esta tarde, te paso mi dirección por si quieres venir a ayudarme, tal y como me dijiste.”

Me pasé medio día pensando que me había sido un error enviar aquel mensaje, ya que no recibía respuesta, pero a eso de las seis de la tarde me llegó un mensaje: “Fantástico, por supuesto que iré a ayudarte, te veo en tu casa a las 8”. La cara me cambió, y comencé a sentir una mezcla de excitación y nerviosismo que me acompañó toda la tarde.

Debían ser las 7 y media cuando me tomé la pastilla. Pensaba que media hora antes de que llegara mi farmacéutica sería un tiempo más que prudencial.

Yo me ponía cada vez más nervioso, aún más cuando dieron las ocho y no tenía ninguna noticia de ella. A las ocho y cuarto por fin sonó el timbre. Abrí la puerta y allí estaba ella, disculpándose por el retraso.

Venía directamente del trabajo, de la farmacia. Llevaba una blusa blanca de botones, con los dos primeros botones desabrochados descaradamente dejando ver sus extraordinarios pechos. Probablemente se los había desabrochado en el ascensor, no podía ir así por la calle. Llevaba además unos leggins bien ajustados, que le marcaban todo, transparentándose algo y dejando ver un fino tanguita debajo.

Tras los saludos de cortesía, yo aún continuaba nervioso, y además, no notaba que aquella pastilla hiciera ningún efecto.

-Verás. Me la he tomado hace más o menos media hora, pero no noto nada, no sé si me la tenía que haber tomado antes o es que no funciona conmigo.

-Tranquilo cariño,es una pastilla para ayudarte, pero no es milagrosa, hay que colaborar un poco...-y diciendo esto con una sonrisa picarona llevó su mano hasta mi paquete, apretándolo suavemente.

En ese momento se empezó a notar el efecto de la pastilla. Con su contacto la polla se me empezó a poner dura, lo que me tranquilizó algo, sí que funcionaba aquella pastillita.

-Ves como sí que hace efecto...-me dijo con aquella sonrisa sensual sin dejar de acariciarmela- ya casi no cabe en el pantalón...habrá que liberarla -y con habilidad bajó la cremallera de mi pantalón y sacó mi polla dejándola expuesta.

-Yo he venido a ayudarte, así que ven, ponte cómodo

Me llevó de la mano al sofá indicándome que me sentara, ella se colocó de rodillas entre mis piernas, se apartó el pelo y comenzó a lamer como si fuera una gatita. Pasaba su lengua desde la base de mi polla hasta el capullo, donde se detenía chupándolo suavemente. Su mano comenzó a acariciar mis bolas, lo que me producía un placer indescriptible.

Se introdujo la polla por entero en la boca, aguantando así unos segundos para luego sacarla y recuperar la respiración. Me excitaba muchísimo ver como en sus ojos asomaban lágrimas fruto de atragantarse con mi polla. Descansaba unos segundos, durante los cuales no dejaba de acariciarla y pasar su mano de arriba a abajo, y volvía a meterla de nuevo en su boca, hasta el fondo.

Desde mi posición la vista era hermosa. Ella colocada de rodillas, mirándome a los ojos mientras me devoraba.

Sabía lo que estaba haciendo, poco a poco aumentaba el ritmo y me acercaba al clímax. Lamía mis bolas mientras su mano masajeaba mi polla subiendo y bajando. Mi respiración se agitaba, sentía que estaba a punto y ella lo notaba también. Me miró y sin dejar de usar su mano se colocó abriendo su boca frente a mi polla.

No pude aguantar mucho y entre espasmos de placer de mi polla comenzó a salir una abundante cantidad de semen que se repartió entre su boca y el resto de su cara. Ella disfrutaba,se le notaba, y no paró hasta sacar mi última gota. Se relamió, saboreando mi semen, y pasó su lengua por mi polla hasta dejarla completamente limpia.

-No ha estado nada mal, y ya ves que la pastilla sí que funciona,-me dijo mientras observaba mi polla, que a pesar de acabar de correrme seguía totalmente dura- habrá que aprovecharlo...

Se bajó los leggins y me dio la espalda, sentándose sobre mi. Después de restregarse contra mi cuerpo, agarró mi polla con su mano y, haciendo a un lado su tanguita, la dirigió hasta la entrada de su coñito. Entró sin ninguna dificultad, lo tenía empapado. Se sentía tan rico estar dentro, tan húmedo y calentito.

Tras meterla, comenzó a moverse lentamente trazando círculos con sus caderas. Yo había metido mis manos bajo su blusa y acariciaba aquellas hermosas tetas, pellizcando sus pezones.

Comenzó a moverse arriba y abajo, al principio despacio pero luego dando sentones con fuerza. Cada vez que la polla amenazaba con salirse de aquel coñito mojado, ella la guiaba con su mano. Me excitaba escuchar el sonido de mi polla entrando y saliendo de aquel charco en que se había convertido su coño.

Sentía como jadeaba, y como aumentaba el ritmo de sus sentones. Utilizó una de sus manos para acariciar mis bolas lo que me volvió loco de placer, no pudiendo aguantar más. Me corrí agarrando con fuerza sus pechos,mordiendo su hombro y sintiendo como se mezclaba mi semen con sus flujos.

Acabamos agotados, en el sofá tratando de recuperar el aliento, y con mi polla aún en su interior. Al levantarse, la sacó con cuidado, y al ponerse de pie le chorreaba por los muslos aquella mezcla de leche y flujos.

Ni siquiera se molestó en limpiarse, se subió los leggins y me dijo que creía que había cumplido con su labor.

En mi siguiente visita a la farmacia, aunque ella estaba desocupada, me atendió otra chica.