Quiero ser cornudo (Cap. 20)
Nando no podía creerlo: su esposa estaba al otro lado de la pared, gritando el nombre de otro hombre. Él, encerrado en su habitación, sentía cómo el deseo y la humillación se mezclaban en un fuego insoportable. ¿Podría soportar escucharla gozar sin él, o terminaría cruzando esa puerta para convertirse en el testigo definitivo de su propia degradación?
NOTA DEL AUTOR:
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CAPÍTULO 20
EL CORNUDO
Nando intentó incorporarse y salir del dormitorio de Marta pero esta se lo impidió.
–Déjales– dijo.
“¡Ohhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Ohhhhh!!!”, oyeron claramente a través de la pared.
“¡Ahhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Ahhhhh!!!”
–¡Joder! – dijo Nando, –tengo que ir.
–No. Es su momento, luego irás... déjales solos– insistió Marta reteniéndole con la mano.
Durante unos instantes, los ruidos se calmaron y Nando, un poco más tranquilo se sentó en la cama mientras Marta le masajeaba la espalda para que se relajara.
–¿Crees que ya se la ha follado? – se atrevió a preguntar poco después.
–No lo sé, aunque esto es lo que querías, ¿no?
–¿Sí? Me siento extraño, terriblemente excitado pero el corazón me late a mil por hora.
–No sé si ya han follado, – contestó Marta, –pero lo que sí está claro es que tu mujer ha tenido un orgasmo antológico. Que envidia.
“¡Ahhhhhhhhhh!!!!” volvieron a oír tras la pared.
–Ya vuelven, segundo round– dijo Marta celosa porque cuando invitó a Miguel tenía la esperanza de ser ella la que estuviera gozando de aquel pedazo de polla.
“¡Y que polla!” pensó recordando cuando la tuvo tan cerca que casi pudo saborearla.
“¡Ahhhhh!!!!! DIOSSSSS!!!! ¡Ahhhhh!!!!! Qué maravilla...”
“¡Ahhhhh!!!!! No pares... no pares... ¡Ahhhhhhhhhh!!!!!”
–¡Joder! – exclamó Marta al oír los gritos de Lidia.
Nando se acurrucó como un ovillo sobre la cama tapándose la cara con las manos hasta que no pudo más, se levantó de sopetón y salió de la habitación como una exhalación.
Marta intentó detenerle pero Nando fue más rápido y antes de que pudiera reaccionar ya estaba fuera de la habitación.
Abrió con su llave y cuando cruzó el umbral de su dormitorio se quedó petrificado como una estatua. Frente a él, Lidia estaba tumbada boca arriba, con las piernas sobre los hombros de Miguel que la penetraba con una intensidad asombrosa.
–¡Ahhhhh!!! – gritaba Lidia y esta vez, con la puerta abierta, sus gritos resonaron por toda la planta.
Pero al notar la presencia de Nando, Miguel se detuvo y girando la cabeza se lo quedó mirando.
–O entras, o sales, –dijo finalmente, –pero cierra la puerta.
Nando entró cerrando la puerta tras de sí y se acercó a la pareja.
–Amor– le dijo a Lidia cuando estuvo cerca de ella.
La agarró con las dos manos y la beso.
–¡Ahhhhh!!!! – jadeó Lidia porque la polla de Miguel volvió a perforarla.
–Ahora no, amor– le dijo, –por favor, déjanos solos.
–¿En serio? – suplicó Nando besándole los labios, las mejillas y las manos.
–¡Ahhhhh!!!! – volvió a jadear Lidia.
Miguel entraba y salía de ella lentamente, estaba esperando a ver cuál sería la decisión de Nando, si se quedaba o se iba, pero mientras tanto mantenía un ritmo cadencioso.
–¡Ahhhhh!!!! Es eso lo que querías, ¿no amor? ¡Ummmmm!!!! – dijo Lidia.
–Ya eres un... ¡Ahhhhh!!!! corn... ¡Ahhhhh!!!!...nudo.
–¡Ahhhhh!!!! ¡Ahhhhh!!!! ¡Ahhhhh!!!! – volvió a chillar Lidia cuando, repentinamente, Miguel aceleró el ritmo.
–Por favor, déjanos solos... – insistió.
Nando se incorporó y miró la escena, Lidia permanecía con la cara enrojecida, los ojos cerrados y mordiéndose los labios superiores en señal de placer. Con la mano izquierda se masajeaba una teta levantándola y pellizcándose el pezón y con la mano derecha se acariciaba el clítoris retorciéndose de placer.
A sus pies, Miguel tenía su polla oculta dentro del coño de Lidia y cuando la sacó, el brillo de los líquidos vaginales empapaba todo su tronco. Era larga, muy larga, gorda, muy gorda, cubierta de venas y dura, muy dura.
Nando levantó la vista y pudo ver como Miguel, cerrando los puños apretaba su abdomen marcando su musculatura y con la mirada perdida hundía su pollón dentro del coño de su esposa.
–¡Ahhhhh!!!! – jadearon los dos a la vez.
–Por favor, déjanos solos... – insistió Lidia incapaz de retener por más tiempo su orgasmo.
Nando, antes de irse besó a Lidia con un húmedo morreo justo en el momento en que Miguel la penetraba forzándola a gemir.
–¡Ahhhhh!!!!
Experimentó el estremecedor placer de Lidia a través de sus labios y su aliento, no quería separarse de ella, deseaba sentir su placer, verla gozar y compartir con ella aquel momento tan intenso.
–Por favor, déjanos solos... – suplicó de nuevo Lidia mirando con ojos tiernos a su marido, –la próxima vez lo compartiremos juntos... te lo prometo.
Derrotado, Nando se levantó y se retiró de la habitación, aunque antes de cerrar la puerta echó un último vistazo y pudo ver como la musculatura del culo de Miguel se marcaba justo antes de que volviera a penetrar a su esposa.
–¡Ahhhhh!!!!
Devastado, Nando cerró la puerta y regresó al dormitorio de Marta.
–¿Puedo pasar? – preguntó, – preferiría no quedarme solo.
–Claro, adelante– lo invitó a pasar Marta que lo acogió con cariño.
“¡Ahhhhh!!!! ¡Ahhhhh!!!! ¡Ahhhhh!!!!”
–Vaya polvazo le están echando– dijo Marta aunque Nando apenas reaccionó.
“¡Ahhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Ahhhhh!!!”
–Joder, la van a romper– añadió hiriente.
* * * * *
Mientras tanto, en otra habitación, José tenía el oído puesto en la pared mientras se masturbaba mirando fotos y vídeos de internet.
“¡Ahhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Ahhhhh!!!”, oyó claramente y, cerrando los ojos, se derramó lanzando chorros de esperma disparados sobre su barriga y pecho.
Intentó relajarse pero la desenfrenada fiesta de la habitación contigua continuaba, así que optó por limpiarse, vestirse y bajar a la planta baja para relajarse junto al fuego.
* * * * *
–¡Ahhhhh!!! ¡Me corroooo!!! ¡Me corroooo!!! ¡Me corroooo!!! – gritó Lidia ya que cuando Nando se hubo ido, Miguel reemprendió las penetraciones.
–¡Ahhhhhhhhhh!!!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!!
“Joder, la van a romper” acababa de decir Marta al otro lado de la pared.
Miguel no pudo oírla pero justamente eso era lo que estaba haciendo. Le daba más y más, sin desfallecer, sin descanso, sin reducir ni un milisegundo el enloquecido ritmo de penetraciones.
Era como una piconadora perforando el empapado coño de Lidia que alcanzó su orgasmo súbitamente.
–¡Me corroooo!!!! ¡Me corroooo!!!! ¡Me corroooo!!!!
Y por segunda vez en su vida, un chorro de líquido squirt salió disparado de su coño empapando a Miguel que continuaba penetrándola y con sus movimientos salpicó las sábanas.
Finalmente, tras un gruñido, Miguel también alcanzó el clímax y, sacando la polla del coño de Lidia, se la sacudió un par de veces y empezó a eyacular.
Lanzó cinco chorros de espeso líquido, el primero, el más intenso, alcanzó la cara de Lidia embadurnando sus labios, la nariz y los ojos; los siguientes alcanzaron las tetas y la barriga dejándola pringada de semen.
Con la polla aun rezumando semen, Miguel volvió a introducirla y se dejó caer sobre el cuerpo de Lidia. Se mantuvo en su interior hasta que perdió su vigor y la polla resbaló escurriendo las últimas gotas de semen sobre la alfombra.
* * * * *
–Ya está– le dijo Marta a Nando, –vamos a descansar. Puedes quedarte conmigo si quieres.
Impúdica, Marta se desnudó completamente, se puso un pijama de cuerpo entero y se acostó en la amplia cama.
Nando hizo lo propio pero como no tenía pijama optó por quedarse en ropa interior y una camiseta.
Se tumbaron uno junto al otro dándose calor.
–¿Cómo estás? – preguntó Marta.
–Bien– respondió Nando sin poder ocultar la incómoda tienda de campaña de su calzoncillo.
–Si quieres puedes masturbarte, lo entiendo– dijo Marta al ver el estado de excitación de Nando. Incluso se atrevió a apoyar su mano sobre su polla.
–No, no– la detuvo Nando, –prefiero no correrme.
Marta se lo quedó mirando extrañada pero no se atrevió a insistir y tumbándose sobre él cerro los ojos; “para gustos colores” pensó antes de dormirse. A Nando le costó bastante más pero, finalmente, cuando su corazón se ralentizó, cayó vencido por el cansancio y las emociones del día.
* * * * *
“¡Ahhhhh!!!!”
“¡Ahhhhh!!!!”
Los sordos jadeos de Lidia volvieron a traspasar las paredes hasta despertar a Nando que se sobresaltó. Al hacerlo, también Marta se despertó.
–¡No jodas! – exclamó, –¿otra vez? ¿Pero qué hora es?
Las tres y media dijo Nando después de consultar la hora en su smartphone.
–¡Joder!, estos dos me van a dar la noche.
–Lo siento– susurró Nando.
–¿Y tú vuelves a estar con la polla dura? – preguntó Marta cuando, tras incorporarse y encender la luz vio como la polla de Nando estaba trempada.
–Perdona, no puedo evitarlo.
–Hazte una buena paja y relaja eso... no es sano estar tantas horas empalmado.
“! Ahhhhh!!!!”
“! Ahhhhh!!!!”
–Joder, este tío es una puta máquina. Se la va a estar follando toda la noche– dijo Marta que buscando en la maleta encontró unos tapones para los oídos y se los puso.
Volvió a acostarse y, dándole la espalda a Nando, se tumbó de lado.
Nando se acostó junto a ella, abrazándola porque necesitaba el calor humano y se recostó de lado en posición de cucharilla junto a Marta.
Esta no tardó en notar la polla dura de Nando junto a sus nalgas pero no se quejó, de hecho se quitó los pantalones del pijama y las bragas.
–Puedes colocarla entre mis nalgas– dijo –pero la quiero quietecita.
Nando, aceptando la invitación se quitó la ropa interior y situó su polla entre las nalgas de Marta y, obedeciendo sus instrucciones, se abstuvo de moverse.
“¡Ahhhhh!!!!”
Los jadeos de la habitación de al lado no paraban de sonar cada vez más intensos y apasionados.
“¡Ahhhhhhh!!!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!! ¡Más!!!”
“¡Me corroooo!!!! ¡Me corroooo!!!! ¡Me corroooo!!!!”
Antes de quedarse de nuevo dormida, Marta, entre susurros dijo:
–Vaya polvazo, quien pudiera tener una polla así entre las piernas.
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