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DominaciónAug 2026

Teresa - el despertar de una mujer cautiva 01

Jane Cassey Mourin8.1K vistas8.5· 8 votos
<p>La noche ya se había hecho vieja mientras esperaba sentada la llamada de mi esposo, pues al ser viernes, tenía claro que no podría irme a la cama antes de que Oscar me llamara para decirme en dónde pasaría la noche o a dónde debería recogerlo porque estaba tan borracho que no era capaz de conducir, una llamada que por fortuna llegó antes de que el sueño me ganara, pues de no haber contestado, mi esposo me hubiera dado una paliza cuando al fin regresara a casa.</p> <p>- ¡Ven a recogerme a Las cinco delicias! ¡Date prisa, zorra de mierda! ¡Y no vengas en tu auto, conducirás mi camioneta! - gritó antes de cortar la llamada, sonando tan borracho como ya imaginaba que lo estaría, motivándome a pedir un uber que por fortuna no tardó más de unos pocos minutos, pues al estar en ese estado, no era mi intención hacer que mi marido se molestara.</p> <p>Como es fácil adivinar, aquella no fue la primera ocasión en que Oscar me hizo recogerlo de alguna de sus parrandas, generalmente los viernes me hablaba para que fuera por él, a veces pidiéndome que llevara dinero para pagar sus cuentas, liquidar el tiempo extra que había pasado con alguna prostituta o advirtiéndome que yo sería el pago de alguna de sus deudas de apuesta.</p> <p>Sí, la vida con ese hombre no era nada fácil y de haber sido más sensata lo hubiera dejado desde muchos años atrás, no obstante, a pesar de todas las cosas por las que me hizo pasar una y otra vez, seguía creyendo que algún día podría cambiar, incluso después de que hubiera perdido la capacidad de embarazarme gracias a una de sus golpizas y a los constantes desgarres que sufrí en mi vagina en varias de las incontables ocasiones en las que me usó como moneda de cambio para cerrar algún trato con sus clientes o como incentivo para premiar a alguno de los trabajadores de su empresa de seguridad.</p> <p>Pero a pesar de lo mal que estaba todo a su lado, yo me aferré a estar con él porque las cosas no siempre fueron tan malas, claro que no, y es que cuando estábamos en la universidad, Oscar era la clase de hombre con quien una quisiera pasar el resto de su vida, un tipo atento y cariñoso, fuerte, de esa raza de macho que no se doblega ante nadie, que me cuidaba y me consentía tanto como podía, quien parecía que me amaría hasta el último aliento, una forma de ser que se extendió incluso después de un par de años de casados, los mismos en los que mi vida fue un sueño hecho realidad, con él haciéndose cargo de su empresa de seguridad privada y yo creciendo poco a poco en mi carrera, siendo un par de enamorados que al regresar a casa se comían el uno al otro como si la vida dependiera de los orgasmos que pudieran brindarse.</p> <p>¿Dónde fue el punto de quiebre? ¿En qué momento las cosas dejaron de sonar como un cuento de hadas? ¿De qué manera todo se convirtió en una pesadilla en la que sufría día tras día en mi terquedad por aferrarme a algo que no parecía que regresaría jamás?</p> <p>No lo sé, en serio, no tengo idea, porque las cosas comenzaron a ir mal sin que apenas me diera cuenta, con detalles que al principio parecían insignificantes como esas llegadas tardías a nuestras citas o esas cancelaciones de último momento que me hacía por mensajes de texto y sin dar explicaciones, eventualidades que dejé pasar como cosas sin importancia, pero que de pronto se convirtieron en esos malos modos que empleaba para hablarme, en esas sutiles formas como me humillaba frente a los demás disfrazando sus comentarios de bromas, perpetuando esa manera indigna de tratarme a la que me fui acostumbrando poco a poco, sin darme cuenta de cómo llegamos a ese punto en el que una paliza ya no me parecía nada fuera de lo normal, de la misma forma como tampoco me escandalizaba más cuando Oscar me obligaba a ser la puta que sus empleados o sus clientes usaban con la bendición de mi esposo, todo con la esperanza de que un día pudiera recuperar al hombre de quien me enamoré, a ese chico atento y caballeroso que en otro tiempo me trató como a una reina y no solo como a una cualquiera.</p> <p>- Es ahí, en el local de la esquina - le indiqué al conductor del uber, viendo cómo el hombre abría mucho los ojos al notar la clase de negocio en el que me iba a dejar.</p> <p>- ¿Está segura de que no es un error? - preguntó, mirándome asombrado por el retrovisor mientras yo negaba con la cabeza, sintiéndome avergonzada al saber que ese lugar era un putero que mi marido solía visitar con mucha frecuencia.</p> <p>- Que tenga buena noche.</p> <p>- También usted - respondió ese tipo, con ese tono de asombro con el que solamente me hizo sentir más humillada, como si el presentarme en la entrada de ese sitio para buscar a mi esposo no fuera lo bastante degradante.</p> <p>- Vienes por Oscar ¿No? - dijo un tipo a la entrada de ese lugar, mirándome de pies a cabeza de esa forma tan lasciva con la que me hizo hervir de rabia por dentro - está en el estacionamiento, salió con una chica nueva, Candy, si te das prisa tal vez encuentres a esa muchachita con la verga de tu esposo en la boca - comentó, riéndose luego de mí con el otro idiota que estaba en la puerta del lugar, mientras me marchaba en dirección del estacionamiento, donde caminé apresurada al ver que Oscar estaba ahí parado con una chica rubia que no debía tener más de veinte años y un tipo a quien no conocía, una escena que me hizo suspirar al entender que aún estaba muy distante el momento de tirarme en la cama y descansar después de una larga semana de trabajo.</p> <p>- ¡Al fin llegó mi mujer! - gritó Oscar con un ánimo muy festivo, sin dejar de abrazar a la chica rubia ni tener ninguna clase de reparo en dejarle la mano en el trasero - ¡Esta de aquí es Candy! ¡Es mi nueva novia! ¡Y este de acá es Ismael! ¡Te hará compañía mientras me tiro a mi nueva hembra! ¿Algún problema con eso? - preguntó al final, con ese tono desafiante y altanero, antes de que yo negara con la cabeza y estirara mi mano para que me diera las llaves de la camioneta, teniendo que soportar esa mirada petulante y despectiva que me lanzó esa mocosa, mientras el tal Ismael me manoseaba el culo en mi trayecto al asiento del conductor.</p> <p>Por su puesto que Oscar no viajó de regreso a casa en silencio y sin hacer nada. Como ya era su costumbre cuando llevaba mujeres a nuestro hogar, hizo que la tal Candy se metiera su pene en la boca mientras él le metía los dedos en el coño, provocando gemidos y sonidos pegajosos que fungieron de banda sonora a la manera como ese tipo llamado Ismael me tocaba las piernas y me metía la mano en la blusa para manosearme lo senos, hasta que llegamos a casa y mi esposo subió las escaleras sin dejar de meterle mano a esa estúpida.</p> <p>- ¡Pueden usar mi recámara, Ismael! ¡Siéntete como en casa! ¡Y si esa zorra no te complace me lo dices y yo la pongo en su lugar! - exclamó, riendo al final a carcajadas con su nueva puta mientras se metía en la recámara de huéspedes y yo sentía cómo Ismael se me pegaba por detrás, obligándome a albergar su miembro entre mis nalgas mientras sus manos se movían bajo mi blusa sin dejar de manosear mis senos de una forma poco cuidadosa, sin lograr que sintiera el más mínimo placer tras haber sido obligada una vez más a satisfacer a un hombre al que ni siquiera conocía.</p> <p>- Deberías portarte un poco más amable conmigo, porque supongo que no quieres que le diga que te estás portando como una perra fría y frígida ¿Cierto? - susurró cerca de mi oído en cuanto cerró la puerta de la habitación, haciéndome suspirar al darme cuenta de que era uno de esos tipos a los que les gustaba fingir que no me estaban obligando, que estaba feliz con ser un juguete sexual, que me sentía de maravilla al ser una prostituta sin pago.</p> <p>Motivada por hacer que todo aquello terminara cuanto antes para así poder descansar, giré mi cuerpo hasta quedar frente a frente con Ismael y compuse la mejor sonrisa que pude fingir, una expresión que ya tenía bien estudiada después de tantos hombres que habían pasado por esa habitación y en condiciones similares a como Ismael llegó hasta ese lugar.</p> <p>- Cariño, tengo que fingir que no disfruto tanto de esto o mi marido dejaría de lanzarme a los brazos de hombres tan guapos como tú - le respondí, antes de que mis labios se adhirieran a su cuello y comenzara a desabotonarle la camisa.</p> <p>- Eso está mejor - comentó mientras sus manos se aferraban a mis nalgas, antes de que lo hiciera dar un paso atrás para desabrochar su cinturón y bajarle los pantalones con la intención de arrodillarme frente a él para mamarle la verga y acelerar un poco las cosas, sin embargo, los gemidos provenientes de la otra recámara llegaron a mis oídos en aquel momento, haciendo que sintiera una vez más esa punzada de dolor que experimentaba cada vez que eso pasaba, porque el saber que mi esposo estaba con otra mujer sin que le importara que yo los escuchara, me hacía sentir un paso más lejos del hombre de quien por tanto tiempo estuve tan enamorada. Ismael dejó salir una risilla - no te preocupes, cariño, yo te ayudo - comentó con un aire de burla en su voz mientras se quitaba el pantalón para dejarlo tirado en el suelo, deshaciéndose en segundos de toda su ropa hasta quedar desnudo, mientras yo me quedaba ahí, paralizada en medio de la habitación, sufriendo ante los gemidos de esa estúpida y los jadeos que mi marido emitía mientras la fornicaba, cogiéndosela con una energía con la que no me había hecho el amor a mí desde hacía muchos, muchos años.</p> <p>Fue Ismael quien una vez que se desnudó, me quitó la blusa que llevaba encima y me hizo recostarme en la cama para quitarme los pantalones y mi ropa interior, dejándome desnuda ante él, sintiendo cómo colocaba sus manos sobre mis rodillas para que abriera las piernas y se diera gusto mirando mi vagina durante algunos minutos, los mismos en los que estuvo acariciándose el pene y escupiendo una y otra vez en su mano para lubricar su masturbación.</p> <p>- ¿Sabes algo? Había escuchado muchas historias acerca de Oscar y la forma como solía cerrar los tratos entregando a su esposa como incentivo. La verdad es que en todas las ocasiones en que me contaron esas historias, pensé que serías una mujer común, el tipo de vieja que uno podría encontrar en cualquier putero, pero… - resopló con un aire de asombro - nunca me hubiera imaginado que ese idiota entregara a su esposa estando tan buena, porque mírate, tienes unas tetas bien puestas y ese culito de infarto con el que seguramente vuelves locos a los cabrones a los que te entrega tu marido ¡Carajo! ¡Apenas me puedo creer que en serio me vaya a coger a una puta tan sabrosa! - exclamó, haciéndome suspirar cuando sentí sus dedos acariciándome el coño, un movimiento que me hizo estirar la mano para abrir el cajón de mi buró y sacar de él una botella de lubricante, viendo cómo ese imbécil sonreía cuando notó lo preparada que estaba para esa clase de situaciones, pues tenía claro que no lograría hacerme lubricar y había que echar mano de ese tipo de suplementos.</p> <p>Él sonrió como si hubiera encontrado un tesoro oculto mientras yo me untaba una generosa cantidad de lubricante en mis labios, metiéndome un poco los dedos frente a Ismael para tratar de aflojar mi vagina tanto como pudiera, mientras él no paraba de masturbarse frente a mí, estirando su mano para tocarme las tetas, dejándome aprovechar una de esas ocasiones en las que estuvo lo bastante cerca para agarrar su pene y masturbarlo, un gesto que él bien pudo haber interpretado como deseo, cuando en realidad solo lo hice para impregnar lubricante en su miembro y que pudiera penetrarme sin lastimarme, rogando para que se viniera en unos pocos minutos, porque no quería que aquello durara demasiado de la misma forma como tampoco me agradaba la idea de que me viera llorando cuando no pudiera soportar más el escuchar los gemidos de esa puta en la otra habitación.</p> <p>- Creo que ya estás lista para mí, preciosa. Veamos qué tan rico me exprimes la verga - comentó con ese tono perdido y tan lascivo que me hizo sentir un escalofrío mientras me quitaba la mano del coño y se colocaba entre mis piernas, sintiendo su glande hurgando entre los pliegues de mi vagina hasta que ese asno al fin encontró el camino hacia mi interior y me penetró - ¡Ahhh! ¡Chingada madre! ¡Qué apretado tienes el coño! ¡Ahhh! ¡Mueve el culito, zorra! ¡Vamos! ¡Hazme creer que te gusta lo que te hago, puta! ¡Ahhh! - exclamó enloquecido mientras me miraba a los ojos con esa expresión maniática en su rostro, dejando luego que su cuerpo descansara sobre el mío, haciendo que moviera las caderas para corresponder a ese ritmo hipnotizante con el que me cogía a la vez que su mano amasaba uno de mis senos.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡¿Te gusta, papi?! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡Vente en mis tetas, papi! - escuché esas palabras provenientes de la otra habitación que lograron lastimarme lo suficiente cómo para sentir cómo mis ojos se llenaban de lágrimas y obligarme a abrazar a es estúpido que no dejaba de penetrarme en un intento por ocultar mi llanto mientras interpretaba gemidos de un placer que no existía, algo que en otras ocasiones había sido muy útil para hacer que el imbécil en turno se viniera rápido, porque esa noche en serio necesitaba que Ismael terminara cuanto antes, porque sabía que si ese hombre me veía llorar y se lo decía a mi esposo, las cosas se pondrían muy mal para mí.</p> <p>Lamentablemente aquel tipo que me penetraba mientras sus manos se divertían con mis senos, al parecer estaba acostumbrado a prolongar esa clase de cosas, pues no solo no se vino muy pronto, sino que además se dio el tiempo para comerme los senos sin dejar que su pene se detuviera en sus continuas incursiones al fondo de mi coño, demorándose tanto en ello que incluso llegué a sentir un poco de placer y uno que otro de aquellos gemidos que se me escaparon fueron reales, un detalle que Ismael notó y que lo hizo sonreír mientras me miraba y llevaba sus manos a mis pechos, recargándose en ellos para cogerme con más fuerza, produciendo ese sonido similar a un aplauso que emergió del choque continuo entre mi trasero y su cuerpo.</p> <p>Aquella no fue la primera ocasión en la que mi cuerpo me traicionó haciéndome sentir cosas que no quería sentir, pero la verdad es que cuando ese tal Ismael perdió el control y empezó a sacudirme con esas violentas embestidas, un repentino placer comenzó a esparcirse por mi cuerpo, obligándome a corresponder esos contundentes movimientos con gemidos y sacudidas de caderas que lo hicieron sonreír mientras me penetraba, que me hicieron hacer que aquel placer que me embargaba se hiciera más intenso hasta que al final ese hombre explotó entre mis piernas, dejando que un chorro de leche llegara hasta el fondo de mi coño antes de que se saliera, me abriera las piernas y derramara el resto de su eyaculación sobre mi abdomen y salpicando ligeramente mis tetas, sintiendo esa punzante frustración que me provocó el estar de pronto tan cachonda y no haber alcanzado el orgasmo, la misma que me llevó a masturbarme enfrente de ese pervertido que mientras me veía tocándome se dedicó a embarrar su semen por todo mi cuerpo, enfocándose en mis tetas principalmente, provocando que me sintiera aún más humillada cuando entendí que sus grotescas caricias me ayudarían a venirme, algo que pasó un par de minutos más tarde, recibiendo esa explosión de placer con la espalda arqueada y exhalando una serie de orgasmos que terminaron conmigo tirada en mi cama, desnuda, lista para dormirme, escuchando apenas los ruidos que hizo ese imbécil mientras se vestía, sintiéndome tan exhausta que dormir resultó una consecuencia más que merecida después de la larga semana de trabajo que tuve y de haber sido usada, una vez más, como la puta en la que me había convertido para mi marido.</p> <p>Por fortuna, aquella noche dormí mucho más de lo que pensé que lo haría, pues al parecer Oscar terminó tan cansado que no despertó hasta cerca del mediodía, un hecho del cual me enteré gracias a que los exagerados gemidos de su puta de ocasión comenzaron a dispersarse por toda la casa, algo que en realidad no me esperaba, pues generalmente cuando Oscar llevaba a alguna de sus novias, como él las llamaba, solía echarlas por la noche, no obstante, aquella tal Candy al parecer le había encantado, pues durante esa tarde se la estuvo cogiendo por poco más de una hora antes de que me gritara para que les llevara algo de comer.</p> <p>La verdad es que pasar el fin de semana de esa manera no fue nada grato ni fácil de soportar, sin embargo, el que estuviera tan ocupado con esa ramera me dio la oportunidad de tener un poco de tiempo en calma para hacer mis cosas y descansar algunas horas sin que Oscar me regañara por alguna razón o me golpeara, una tranquilidad relativa que incluso llegué a disfrutar cuando logré acostumbrarme a escucharlos cogiendo, al menos hasta la noche de aquel domingo en el que preparaba mis cosas para mi semana laboral y escuché a Esa zorra despidiéndose de mi marido, diciéndole lo bien que lo pasó y lo increíble que es en la cama, poco antes de que se largara al fin de mi casa justo cuando yo terminaba de acomodar mi ropa recién planchada en el armario.</p> <p>- Al parecer hiciste un gran trabajo con Ismael. Se fue encantado de aquí y me preguntó cuando podríamos repetir - comentó mi esposo desde la puerta de la recámara, sin que yo volteara a verlo, sintiéndome incómoda y enojada con él por la forma como todo ocurrió, por el hecho de que su zorra se hubiera quedado en mi casa durante todo un fin de semana - ¿No dices nada?</p> <p>- ¿Qué quieres que te diga? Él solo fue uno más en la larga lista de idiotas a los que me entregas como si fuera un juguete, aunque al parecer esa zorra que trajiste no fue solo una más para ti - le respondí, sin poder ocultar lo celosa que me sentía ante el hecho de que hubiera pasado todo el fin de semana sin salir de la habitación, cogiéndose a esa mujerzuela sin siquiera acordarse de mí, sin que le importara lastimarme al tener que escucharla gimiendo todo el día, sintiéndome miserable ante el hecho de que mi esposo prefiriera estar con una cualquiera a estar conmigo.</p> <p>- Pues será mejor que te acostumbres a verla por aquí, porque acabo de invitarla a vivir con nosotros, así que espero que tengas listo el cuarto de huéspedes para cuando regrese, porque lo dejamos hecho un asco y sería muy injusto que la obligáramos a vivir en ese cuchitril. Anda, date prisa porque regresará en un par de horas, solo fue a recoger su ropa y… - me ordenó, hablando como si nada de lo que dijo importara, tratando de restarle relevancia al hecho de que pretendiera que esa cualquiera viviera en mi casa.</p> <p>- ¿Se supone que esto sea gracioso? ¿Estás tratando de jugarme una especie de broma o…? - le pregunté y él sonrió de oreja a oreja, componiendo esa expresión agresiva y desafiante con la que solía mirarme en cada ocasión en la que creía que estaba por tratar de negarme a cumplir sus caprichos.</p> <p>- Sino te gusta puedes largarte de mi casa cuando quieras, no te detendré, pero aunque no te agrade la idea, ella vendrá a vivir con nosotros indefinidamente, así que más te vale que superes estos berrinches y la trates bien; y no creas que ella va a ayudarte con las cosas de la casa, Candy vendrá a servirme a mí, no a ser tu sirvienta o algo como eso - me advirtió, sin que yo pudiera decir una sola palabra más ante el miedo que me provocó con su actitud, un hecho que él notó y que lo hizo sonreír para luego dar media vuelta y meterse en el baño para darse una ducha, dejándome parada a un lado del armario, entregándome a un llanto muy doloroso al sentir que todo estaba terminando con mi esposo y al mismo tiempo al saber que no tendría el valor para detener lo que estaba a punto de pasar en esa casa, porque a pesar de todo no toleraba la idea de irme de mi hogar, de ese lugar que construimos con tanto esfuerzo en todos los años que estuvimos juntos, aferrándome a una historia en el pasado que distaba mucho de la realidad, sabiendo que no tendría el valor de marcharme de la vida de mi marido incluso ante la perspectiva de tener que soportar el hecho de que una zorra anduviera por la casa como si ella fuera la dueña y yo no fuera nada más que una simple criada.</p> <p>Un par de horas más tarde el timbre de la casa sonó mientras mi esposo hablaba por teléfono con uno de sus clientes, obligándome a dirigirme a la puerta y soportar ese dolor de estómago que nació en la impotencia que me provocaba el saber que no podría hacer nada para evitar que esa zorra se instalara en mi casa.</p> <p>Candy me sonrió en cuanto abrí la puerta, no de una forma gentil, sino de esa manera maliciosa y altanera con la que me dejó en claro que se sentía por encima de mí, que creía que tenía algo de especial, a pesar de que yo estaba segura de que su paso por mi casa sería tan fugaz como cada orgasmo que mi marido le brindó durante el fin de semana.</p> <p>- Lleva mis cosas a mi habitación y quiero que… - comenzó a decir, sin que pudiera terminar de hablar antes de que yo diera media vuelta dispuesta a regresar a mi habitación, sintiendo cómo la sangre me hervía de rabia ante la actitud de esa puta de mierda, ante el hecho de que quisiera darme órdenes en mi propia casa, una intención que por desgracia no llegó a buen término cuando de pronto vi a mi marido apresurándose para bajar las escaleras, con un ánimo que me hizo sentir más humillada al ver la forma tan efusiva como recibía a esa cualquiera.</p> <p>- ¡Candy! ¡Cariño! ¡Me alegra que llegaras! ¡Vamos, te acompaño a tu habitación! - exclamó mi esposo, tomando las maletas de esa estúpida antes de que ambos subieran las escaleras y se metieran al cuarto de Candy, de que escuchara esos sonidos propios del sexo que me hicieron sentir miserable una vez más, limitándome a sentarme en las escaleras mientras me torturaba con imágenes de lo que podría estar pasando entre esos dos, sintiéndome desplazada, sintiendo que mi matrimonio no tenía remedio, que en un solo fin de semana había perdido la posibilidad de recuperar al hombre del que una vez caí perdidamente enamorada.</p> <p>Mi celular sonó en medio de aquella tortura que me vi obligada a soportar, algo que traté de ignorar hasta que un segundo mensaje llegó y no tuve más remedio que sacar mi móvil para ver de qué se trataba, mientras escuchaba a esa ramera llamándole papi a mi esposo, haciendo sobresalir su voz de entre los sonidos que emergían de la cama donde esos dos me estaban poniendo los cuernos sin que yo pudiera hacer algo para evitarlo.</p> <p>- ¡Tere, no me lo vas a creer! ¡Pero te tengo un chismezote! - decía el mensaje de voz de mi amiga y compañera Carmen - ya que tu jefe se retiró, mi director se la pasó buscando un reemplazo durante todo el fin de semana, estuvo haciendo llamadas y contactando viejos amigos, hasta que apareció un chico que trabajó con él en sus primeros años, es un muchacho de menos de treinta, la verdad no es nada como lo que hubiera esperado, pero el chico está muy guapo y… bueno, eso da igual, el caso es que según entendí, el muchacho tiene su propia empresa de publicidad y consultoría empresarial, es una especie de genio para esas cosas, pero aceptó trabajar en el corporativo durante un año en lo que entrena a un reemplazo, así que empezará mañana con eso - decía su mensaje de voz.</p> <p>- Me alegra tener un nuevo jefe, solo espero que no termine por correrme, porque con más de cuarenta años, no tengo idea de lo que haría si eso pasara - respondí también con un mensaje de voz, después de haberme metido a la cocina y cubrir con mi mano el celular en un intento por amortiguar el sonido de esos gemidos que seguían rebotando por toda la casa. Mi amiga me contestó enseguida.</p> <p>- No, no te preocupes por eso, según lo que escuché, él no es esa clase de jefe, de hecho… bueno, no quiero adelantarme demasiado, así que tendrás que esperar a conocerlo mañana, solo asegúrate de llegar temprano para que no te pierdas su presentación ¿Va? - me advirtió mi amiga antes de que yo le respondiera con una manita de pulgar arriba, sin tener nada más que decir ni tampoco querer hablar de nuevo, pues en aquel momento, mientras terminaba esa breve conversación, escuché la voz de mi marido sonando por toda la casa con una claridad escalofriante, provocándome la clase de llanto que viene del alma motivado por un dolor que solo puede sentirse cuando entiendes que el amor de tu vida ha conseguido reemplazarte con alguien más.</p> <p>- ¡Ahhh! ¡Candy! ¡Estás buenísima! ¡Ahhh! ¡Voy a cogerte cada noche hasta sacarte un hijo del coño! ¡Ahhh! ¡Ahhh! ¡A partir de ahora serás mi hembra favorita! ¡Ahhh! ¡Mueve el culo para mí, amor! ¡Así, pequeña! ¡Ahhh! ¡Que rica estás! - gritó, mientras yo me deslizaba hacia el suelo con la espalda recargada en el refrigerador, hasta sentir el frío piso en mi trasero, sin poder creer que aquello de verdad estuviera pasando, negándome a aceptar que esa sería mi nueva realidad, sin tener idea de lo mucho que mi vida cambiaría a partir del siguiente día, cuando conociera a mi nuevo jefe y mis días dieran un giro como jamás lo hubiera esperado.</p> <p>                       </p> <p><strong>Espero que hayan disfrutado del relato. 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