<p>Después de aquel encuentro me refugié en el trabajo. Al fin y al cabo Don Antonio estaba casado. Así que me planteé no volver a estar con él pero mi mente recordaba la fabulosa cogida que me dio.</p>
<p>Cuando nos encontrábamos en la piscina o el ascensor, los dos actuábamos como si no hubiera pasado nada, sobre todo él mantenía una educación exquisita cediéndomela el paso siempre.</p>
<p>Un día me encontré con su mujer por el pasillo. Nos saludamos y me dijo que se acordaba de mí en la piscina cogiendo sol. Empezamos a charlar de cosas de mujeres. Parecía la típica señora casada y aburrida de estar en casa haciendo sus labores.</p>
<p>Me recomendó un par de recetas de cocina y la invite a mi pent-house para anotarlas. Bueno, resulto que nos hicimos amigas y, supe que ellos se habían casado ya entrados en edad y que Don Antonio había sido sacerdote antes de su matrimonio.</p>
<p>Aquello me interesó particularmente y ella me reveló que había sido su cura confesor hasta que Don Antonio renunció al sacerdocio a la edad de 47 años. Me comentó que habían tenido dos hijas que ahora tenían 15 y 13 años.</p>
<p>Las conocí el día en que Luisa, que así se llamaba ella, me invitó a almorzar en su casa. Era un pent-house modesto, con dos habitaciones, una sala y una cocina. La decoración era antigua. Cuando llegué, Luisa me recibió y en el salón estaba Don Antonio sentado en el sofá viendo televisión.</p>
<p>Me fijé de que iba vestido con unas bermudas oscuras con una camisa de cuadros azul celeste desabotonada que resaltaba su gran barriga. Me saludó cordial y educadamente, y me presentó a su hija Elena de 15 que estaba sentada a su lado en el sillón.</p>
<p>Entonces Luisa y yo nos fuimos a cocinar. Después de un rato ella, mientras preparaba arroz, me pidió que le trajera el móvil que había dejado en la sala. Me dispuse a traérselo y salí cerrando la puerta de la cocina.</p>
<p>Me impactó mucho ver a Don Antonio impasible con los ojos cerrados a la vez que su hija Elena encima de él subía y bajaba por su gorda verga gimiendo de placer. Ella apoyaba sus manos en los hombros de su padre para poder cabalgar mejor y le achuchaba entregada.</p>
<p>Sin embargo Don Antonio estaba inmóvil dejándose hacer todo. Él abrió los ojos y me vio paralizada allí pero, lejos de disculparse, siguió penetrándola. La chica estaba gozando de aquel macho gordo y fuerte, gimiendo por el placer que le daba estar dominando con su coño a un hombre tan masculino, que le bastaba solo con poner su miembro a disposición para hacerla puta.</p>
<p>Yo estaba como hipnotizada y contemplé como él le dio una palmada en la nalga. Elena le desmontó como si fuera una orden para darle la espalda y volver a meterse aquel badajo lentamente para cabalgarlo de nuevo.</p>
<p>Se notaba que Elena no era virgen a pesar de su juventud ya que subía y bajada por la polla de Don Antonio con la maestría que probablemente aprendió con él. Apenas tenía pechos y era delgada y blanquita de piel.</p>
<p>Yo no pude resistir la tentación y acercandome me senté al lado de ellos en aquel antiguo sillón. Don Antonio la agarró por la cadera y empezó a subirla y a bajarla por su tronco hinchado el cual estaba empapado de flujo de Elena que había tenido ya dos orgasmos</p>
<p>Elena estaba extasiada y continuamente sacaba aquella gruesa y venosa polla de su vagina y se la volvía a introducir mientras él acariciaba sus muslos tímidamente dejando que ella hiciera todo el trabajo. Pero Don Antonio no eyaculaba a pesar de que habían pasado ya unos 20 minutos cogiendo.</p>
<p>Entonces la desmontó con sus brazos gruesos y musculosos como si fuera de trapo y la sentó en su muslo. La chica se agarro a su cuello y empezó a buscarle los labios para darle besitos pero él le quitaba la cara como hizo conmigo. Estaba claro que a aquel viejo y gordo semental solo le satisfacía estar dentro de una raja bien caliente.</p>
<p>“Hija creo que ya va siendo hora de que disfrutes del sexo anal. Te dolerá pero gozarás y luego me lo pedirás” le dijo él.</p>
<p>Estaba claro que el antiguo cura era un follador experimentado y muy potente sexualmente. Ya Elena deseaba meterse aquella verga pero Don Antonio quería que se lo ganara indicándole que le mamara como le había enseñado.</p>
<p>Él continuaba sentado, relajado, con las piernas abiertas, las bermudas en sus tobillos y la camisa desabotonada. Lucía espectacular su gran barriga y los pezones duros e hinchados, además de aquella gloriosa verga que permanecía erecta.</p>
<p>De repente la puerta principal se abrió y apareció Bea. Una ninfa con el pelo liso vestida con uniforme de colegio. “Hola cariño, ven a darme un beso” le dijo con voz grave Don Antonio y la chica soltó la mochila que traía y fue corriendo a besar en la mejilla a su padre que la abrazó y le dio unos besitos paternales en los labios acariciándola. “Elena, ve a ducharte, ahora continuamos” le dijo él y ella se dirigió lentamente hacia el cuarto de baño mientras de reojo como Bea se quitaba las bragas y abría su falda.</p>
<p>“Papá te quiero mucho” y diciéndole esto a Don Antonio se sentó en su gruesa pierna y le buscó la boca para besarlo. Esta vez Don Antonio se dejó y Bea desnuda de cintura para abajo abrazó su cuello, permitió que ella le besara. Así pues Bea cogió aquel badajo y empezó a masturbarlo a la vez que él le daba besos en la frente.</p>
<p>Yo continuaba mirando asombrada de lo cariñoso y sexy que resultaba aquel hombre. Me desnudé y me senté al lado de ellos, y me dedeé el clitoris con las piernas abiertas y con la otra mano agarré aquella preciosa y gruesa verga pero Don Antonio me agarró por la muñeca y me quitó la mano de ella en señal de que no era mi momento.</p>
<p>Entonces Bea se levantó y se puso de pie encima de los muslos de aquel hombretón, y este llevó su boca a su vagina y empezó a darle placer. Después de unos minutos Bea tuvo un orgasmo que manifestó con un grito y Don Antonio la agarró con sus gruesas manos por el torso y puso su concha en la punta de su glande que estaba empapado de una mezcla de pre seminal y los flujos de Elena.</p>
<p>Entonces poco a poco fue bajándola y besándola en la frente, mientras ella se soltaba del cuello de Don Antonio y apoyaba sus manos en aquel barrigón. “Me dueleee…” decía ella. “Tranquila, ahora pasará el dolor y te haré mujer” le contestó él cuando llevaba ensartada la mitad de aquella bonita y gorda verga. No podía creer que aquel señor jubilado, gordo y fuerte, que parecía tan tímido y educado, en la intimidad de su hogar fuera tan macho y potente sexualmente.</p>