Xtories

La visita

La casa está en silencio, pero el cerrojo de la puerta anuncia una visita inesperada. Él ha vuelto, y la distancia de semanas se disuelve en un solo gesto: ella se arrodilla para recibirlo, mientras él espera para llenarla de nuevo.

ROSS15K vistas

El día había sido provechoso, las tareas de la casa se acumulaban por qué el trabajo no daba tregua, por lo que el fin de semana era su tiempo de llevarlas a cabo, recordaba con nostalgia, aquella época en la que juntos y mano a mano, recogían todo y se entregaban a su amor dejando de lado cualquier cosa, porque el amor es así, está en las pequeñas cosas que lo involucran.

Termino de recoger la cocina y se sentó en el sofá a ver cualquier cosa en la televisión, se sirvió una copa y ansío tener compañía, el trabajo de el lo mantenía ocupado y hacia una semana que no podían verse, los viajes de trabajo habían parado por la pandemia, pero ahora inclusive tenía que salir más y por lo tanto tenía que estar sola muchas noches, el confinamiento había sido duro, pero ellos aprovecharon para amarse y entregarse mutuamente como nunca hubiera sucedido si no hubieran estado en esa situación.

Recordaba vívidamente el sexo en la mañana, cuando acostados y el por dentras comenzaba a acariciar su piel, justo como los rayos de sol también comenzaban a hacerlo, como sus dedos largos se entretenían en quitar despacio las bragas, y como luego buscaban el centro de todo el placer, con suaves movimientos, mientras ella buscaba dentro del pijama de el, y lo masturbaba al compás de sus propias caricias, luego sin necesidad de decir nada, la penetracion comenzaba y sus cuerpos se volvían uno solo, que llenos de ansias, buscaban un éxtasis que no tardaban en encontrar.

El sexo entre ambos era bueno, pero la conexión que tenían era suprema, el sabía cómo hacerla gritar de placer y ella podía hacerlo correrse en dos minutos sin esfuerzo ninguno, juntos disfrutaban de sus cuerpos, de la entrega y del amor, aunque en los últimos días, el trabajo y las restricciones que había por la pandemia, los tenía alejados.

Decidió irse a dormir, se puso un pijama, se lavo la cara, los dientes y se metió en el cálido edredón, dispuesta a dormir hasta el día siguiente, no podría decir cuando duro, hasta que escucho un familiar tintineo, unas llaves entraron en el cerrojo y su corazón comenzo a latir fuertemente, unas pisadas fuertes y decididas se acercaban a la habitación, y en menos de un minuto, el estaba en el marco de la puerta, sonriendo y desabotonando su camisa y aflojando la corbata.

En cuanto lo vio salio de la cama y se acercó a él, se puso de rodillas y le abrió la cremallera, el botón y el pantalón cayó a sus pies, bajo el calzoncillo y la polla que empezaba a dar signos de estar atenta a todo, apareció dispuesta a recibir toda la atención que merecia, ella comenzó a chupar, despacio, disfrutando el sabor, el tamaño y la textura, con leves movimientos en el glande, lo sacaba de su boca y lo lamía como si se tratara de un polo que en pleno verano le saciará la sed, el en absoluto silencio, solo jadeaba cuando el placer era tanto que salía sin querer de su propia garganta. Cuando ella sintió que estaba en su punto más duro, se puso de pie, y quitándose la ropa, lo llevo a la cama, lo sentí y se puso encima, cogiendo una de sus manos y llevándola a su coño, enseñándole que la humedad era la más clara invitación a lo que estaba por venir.

Sentado, se inclinó hacia atrás y con sus manos en la cama estaba en un ángulo perfecto, ella se acomodó y la polla comenzó a llenarla, sus movimientos eran lentos, pero con toda la cadencia que era posible, su cadera se movía con el mismo sigilo que lo hacían las serpientes buscando a su próxima víctima, pero al mismo tiempo tenían un ritmo que le permitía a el gozar lo más grande, se veían a los ojos, la luna dejaba paso a unos débiles destellos de luz, que eran suficiente para reconocerse, para que cuando ella lo atrajera hacia sí misma, el la besara y provocará con una simple mirada que más humedad saliera de su interior.

Cuando no podía más, aceleró sus movimientos, y el orgasmo la visito, derrumbado todo a su paso, con gemidos y espasmos que a él lo volvieron más primitivo y salvaje, la acosto en la cama, boca abajo, con las piernas abiertas y el culo ligeramente levantado y en esa posición, se sentó entre sus muslos y comenzó a acariciar sus nalgas, y con un dedo, intento dilatarla, ella se dejaba hacer, confiaba ciegamente en el, nunca había sido violento o bruto, por lo que sus caricias eran recibidas de la mejor forma, y así, el comenzó a penetrar su coño mientras su culo era masajeado por un dedo, el placer la hacía gritar, le pedía más y él, cogiendo un poco de saliva lo dejo caer en el sitio donde antes estaba su dedo, la levantó y le dijo lentamente se dejará caer en la polla, para no bajar el calor, sus dedos la masturbaban, su boca besaba su cuello, su cuerpo le gritaba por cada poro que quería sentirla, ella obedeció, su culo recibia sin molestias y con gran placer la polla de el, su coño atendido por sus dedos, hacia un sugerente ruido dando fe de ello, y con su cuerpo, como un volcán de sensaciones, se entregó a la lujuria absoluta, ambos libres de ataduras y mojigatería, disfrutando y amándose.

Se corrieron y repitieron más veces, se amaron tanto que las sábanas se llenaron de humedad y necesitaron comer para reponerse, pero esa visita, inesperada y ansiada, les había dado la vida.