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Catalina la invidente y su asistenta segunda parte

Dos mujeres, dos temperamentos, un solo hombre. Catalina, ciega y apasionada, y Carla, dulce y sumisa, comparten su cama. Pero cuando la curiosidad y el deseo se desatan, la línea entre lo privado y lo compartido se difumina, llevando al narrador hacia una propuesta que cambiará todo.

Gabriel20K vistas9.2· 19 votos

Desde que tuvimos nuestro primer encuentro el humor de Catalina cambio sustancialmente, más alegre, quería salir de hecho se apuntó a varios cursos que hacían en la organización de ciegos y Carla también se doy cuenta de este cambio pero al principio no me dijo nada, seguíamos en la misma rutina que siempre salvo que ahora Catalina me pedía que fuera su profesor en prácticas amatorias, se había quedado intrigada, cuando le conté mis relaciones sexuales con Carla, sobre todo en el coito anal y quería nuevas experiencias pues su ceguera había agudizado mucho sus sentidos, sobre todo el tacto y el oído y quería tener relaciones como más tranquilidad y comodidad, no el aquí te pillo aquí te mato, de hecho que invitó quedarme por la noche con ella y no precisamente a dormir por otra parte no quería tener a Carla desabastecida de sus raciones de sexo aunque solamente lo practicamos los fines de semana.

Eran dos mujeres diferentes en todos los sentidos Catalina era fogosa, mandona, le gustaba controlar las situaciones pero bastante básica en la cama mientras que Carla era más calmada, dulce, seductora y muy abierta a cualquier sugerencia, creo que Catalina estaba un poco celosa de mi relación con Carla.

Catalina ya comenzaba a dominar las situaciones cotidianas, se atrevía a salir sola de casa y cuando le propuse que viniera a dormir a casa me dijo que le diera tiempo para prepararse, que le diera un par de días, que lo quería planear bien.

Llegado el día cuando acudí a su casa me estaba esperando, la sorpresa fue mayúscula, un vestido negro ceñido y algo escotado que realzaban sus tetas y su culo, sus piernas torneadas, había estado en la peluquería y la habían maquillado, resaltando sus labios con un rojo seductor.

- Estas esplendida, arrebatadora, no se sino follarte aquí y ahora

Con una sonrisa nos besamos y pude palpara sus nalgas firmes y consistentes

- Quieto que habrá tiempo para todo, sedúceme y hazme gozar como una perra.

Lo tenía todo preparado en casa, para que fuera una cena excitante, el vino a su temperatura, el cava y el menú, asi como un fondo musical con las canciones que sabía que le gustaban.

La cena transcurrió entre risas e insinuaciones, el vino fresco y el cava con los postres fueron caldeando el ambiente y cuando comenzó a sonar su música favorita se abalanzó a mi cuello.

- Como sabes ponerme cachonda, soy toda tuya hoy voy a ser tu puta, mientras se bajaba los tirantes que sujetaban el vestido.

Su lencería era un sujetador semitransparente que dejaba ver sus pezones y un tanga que apenas tapaba su cuca. Nos pusimos a bailar bien agarrados, con mis manos apretando su culo para que sintiera lo dura que estaba mi polla y nuestras lenguas se juntaba y se saboreaban y mis dedos comenzaron a explorar su coño que ya empezaba a humedecerse.

- Mira cómo eres, yo medio en pelotas y tú todavía vestido, que no puedo ver pero si palpar y llévame a la cama que ya no aguanto más.

Camino del dormitorio me fue bajando los tirantes, quitando la camisa, y en cuanto la senté en la cama terminé de desnudarme, enseguida note como su boca comenzaba a mamar la polla, estaba hambrienta y tuve que tranquilizarla un poco porque era tal la fuerza que casi me hacía daño, que diferencia con Carla con la suavidad y delicadeza que la mamaba.

- Tranquila corazón que tenemos toda la noche, saboréala, disfrútala que no te la va a quitar nadie.

Mientras bajaba el ritmo le quité el sujetador y sus tetas quedaron liberadas, mis manos empezaron a jugar con sus pezones y masajear sus tetas, después de un rato la tumbé en la cama, le quite el tanga que llevaba y asalté primero su cuello, bajando a sus tetas las cuales amamanté como un bebé hambriento hasta llegar a su coñito, ella me ayudó abriendo con sus dedos los labios para que mi lengua y mis dedos entraran hasta lo más profundo de sus entrañas, los jadeos y gemidos eran cada vez más intensos apretando con su manos mi cabeza contra su coño hasta casi dejarme sin respiración hasta que sus fluidos brotaron inundando toda mi cara.

Después de un respiro profundo se quedó inmóvil, concentrada en sus sensaciones, aproveche para tumbarme junto a ella y volver a saborear su cuello, orejas y tetas mientras acariciaba su pelo, mi polla había bajado un poco pero enseguida se encargó de empinarla, sus dedos acariciaban los huevos suavemente y besaba mis tetillas.

- La quiero toda dentro inúndame de tu leche, hoy quiero ser toda tuya.

Abrió sus piernas para facilitar le entrada del miembro, como estaba toda mojada entró con facilidad y enseguida acertamos con el ritmo, al principio despacio para ir sintiendo como entrabamos el uno en el otro, poco a poco más rápido y más profundo, hasta que mis huevos chocaron con sus nalgas, para seguir gozando más la hice ponerse a lo perrito, culo empinado era todo un desafío para mí, enseguida volvimos a tomar el ritmo los gemidos y jadeos empezaron a ser más fuertes, hasta que sentí que estaban a punto de correrme, aceleré mi marcha y un grito fue la señal que nuestros fluidos se estaban uniendo.

- Esto sí que ha sido un polvazo que rico que me he quedado, quien me iba a decir que a mi edad iba a gozar tanto.

Nos tumbamos en la cama para respirar profundamente y en silencio nos besamos.

Pasado un tiempo a principio del verano, Catalina se fue a casa de unos de sus hijos en la montaña, asi que a Carla le dieron vacaciones, hay que decir que seguíamos manteniendo relaciones a menudo cuando me enteré le propuse que se podía venir unos días a un apartamento que tengo en la playa, asi desconectar del trabajo cotidiano y de los compañeros de piso, le hizo mucha ilusión pues hacía tiempo no tenía la oportunidad de viajar e ir a la playa.

Llegamos ya anocheciendo, después de una ducha relajante, nos fuimos a cenar a una terraza al lado del mar, luego nos dimos un paseo descalzos por la playa cogidos de la mano como dos adolescente ya en el apartamento nos tomamos unos vinos en la terraza y con la brisa nuestras bocas se encuentran, nuestras lenguas se saludan y es el preludio que enciende la llama del deseo mutuo, no hablamos pero nuestros cuerpos actúan de forma natural buscando el placer.

La noche transcurren sigilosamente dos cuerpos desnudos amándose lentamente, compitiendo quien da más placer, hasta caer rendidos.

Nos despertamos pronto, mientras preparaba del desayuno, Carla se fue a la ducha y me invitó a ducharme con ella, la enjaboné haciendo hincapié en su culito para dejarlo bien suavecito, Carla se arrodilló y comenzó hacerme una mamada deliciosa.

- Esta es la leche que más me gusta, pero ya sé que tú quieres otra cosita.

Empinó su culito y abrió sus nalgas para que apareciera su ojete pidiendo guerra, no me hice esperar y mi capullo entró suavemente empujo su culo y poco a poco fue entrando, sujetando sus tetas y estirando de sus pezones la penetro hasta que estoy a punto de correrme, saco mi polla de su culo, un golpe de ducha y nuevamente a su boca donde descargo toda mi leche, no deja ni una gota. Otro golpe de ducha y ahora me toca a desayunar sus juguitos, me arrodillo y pone una pierna en mi hombro para facilitarme la labor de comerle todo su chocho incluido su botoncito cosa que ocurre entre jadeos y gemidos, como le gusta que le coman la cuca y a mi comérsela. Una vez sofocado nuestros instintos y limpitos nos vamos a desayunar para reponer fuerzas.

Así transcurrieron nuestras vacaciones en la playa, entre paseos, comidas y dando rienda a nuestros deseos carnales sin horario ni rutinas.

El último día de estancia me preguntó si había tenido relaciones con Catalina, pues había notado el cambio, más alegre, vestía de otra forma y no podía ser que no hubiera tenido yo nada que ver, se lo confesé abiertamente, al principio no le supo nada bien pero al rato lo comenzó a asimilar, dos personas maduras sin ataduras ni compromisos.

Ya volviendo para la ciudad me hizo una confesión que me dejó sin palabras, me propuso hacer un trio con Catalina, tenía curiosidad de tener relaciones con otra mujer y que yo soy el más indicado, aun es me preguntó si yo estaría dispuesto.

Eso lo contaré en el próximo relato