Xtories

Tres panteras en la cala desierta

Tres mujeres desnudas, un hombre maduro y una cala desierta. La arena caliente no es lo único que quema; esta noche, la pasión no conoce de turnos ni de límites.

icharlines12K vistas10.0· 7 votos

TRES PANTERAS EN LA CALA DESIERTA.

CHARLINES

Este relato es la continuación de una pantera en la playa. Se pueden leer por separado, esa es tu elección.

Tras llegar a la cocina, hice unos huevos revueltos con jamón, Elena hizo unos zumos de naranja y junto con unos plátanos y unas manzanas, empezamos a desayunar. Al olor del café Ariadna y María se levantaron. Las chicas completamente desnudas nos dieron un beso en la boca a Elena y a mí y se sentaron a desayunar. La verdad es que tener esas tres hembras al lado le ponía la polla dura a cualquiera.

¿Qué haremos hoy? Preguntó Ariadna que era la más pizpireta de las tres.

Podemos ir a una cala que conozco, está casi siempre vacía y en esta época estará casi seguro vacía.

Por mi perfecto dijo Elena, yo también estoy de acuerdo dijo María.

Pues no se hable más, desayunamos, una duchita, nos ponemos los trajes de baño y salimos para la cala.

Pablo.

Después del desayuno me duché. Tomé una ducha rápida, después de la ducha fui a la piscina y ahí me estuve remojando hasta que llegaron las chicas. La primera en llegar fue Ariadna, que se metió en el agua conmigo. Se me acercó sensual y sujetando con fuerza mi polla me dijo.

Hoy me tienes que follar, solo te falto yo.

No te preocupes, creo que tendrás tu premio.

Soltando mi polla, se metió debajo del agua y se la tragó entera.

Ariadna.

Me duché rápido, quería tener la oportunidad de estar a solas con Pablo unos minutos, quería que me follara y quería dejárselo claro. Al salir le vi en la piscina y muy sugerente me acerqué a él. Mi coño estaba completamente mojado y mi excitación al máximo. Le sujeté con fuerza la polla, que noté ya dura y dispuesta. Le comenté que era la única que aún no se había follado y me dejé caer hasta meter su polla en mi boca. El calor de esa polla me subyugó, su grosor hacía que sus venas fueran claramente notorias y todo esto me llevó a comérmela entera mientras me agarraba a sus posaderas. Nunca había comido una polla bajo el agua y la verdad no es fácil. Al salir a respirar vi cómo se acercaba Elena que me miró con furia en sus ojos. Me acerqué a ella, la besé con pasión en los labios y le dije.

Deja que me folle y después será todo tuyo.

Elena me fulminó con la mirada, pero sujetando mi cabeza me dio un buen beso en la boca y me dijo.

Solo una vez. Y me guiñó un ojo.

Cuando salió María, montamos en el automóvil y nos dirigimos hacia la cala. Al llegar aparcamos el automóvil y anduvimos durante casi medio kilómetro hasta llegar a ella. La cala era una pequeña cala de no más de cincuenta metros, pero con una arena fina y suave y un mar azul, azul, azul.

Elena.

Durante el camino hasta la cala, mi coño se iba deshaciendo, no me apetecía que Ariadna se follara a Pablo, pero bueno, tenía razón, solo faltaba ella. Ese hombre maduro me había calado hondo, la verdad es que además de ser un buen tío era también un buen amante y un anfitrión de lujo.

La calita estaba desierta y muy recogida, por lo que el sol daba de plano y había que protegerse. Ariadna fue la más lista y le dio un bote de crema a Pablo. Ambos estaban de pie, Pablo procedió a dar crema a Ariadna.

Ariadna.

Nada más llegar descubrí mi cuerpo al sol y busqué con rapidez la crema protectora. Se la di a Pablo para que la extendiera por mi cuerpo. El calor del sol ya era considerable y no me quería quemar, pero también quería sentir esas manos sobre mi cuerpo. Nada más sentir sus manos en mi cuerpo, temblé como una quinceañera en su primera cita. Pablo extendía la crema por mi cuello y por mi espalda en un lento y sinuoso baile. Recorrió mi cuello, mi espalda, el interior de mis muslos, mi culo y metió crema entre mis glúteos. Al pasar el dedo entre los labios de mi coñito, seguro que pudo notar como estaba completamente húmedo. Mis piernas me temblaban y tuve que tumbarme en la toalla.

María.

Después de Ariadna, fui yo quien recibió las caricias de Pablo sobre mi cuerpo. Sus manos se centraron en mi cuello y mis hombros donde el sol buscaría tomar el mayor número de piel para él. Descendió por mi espalda y le dio gran cantidad de crema a mi culito que, aunque no blanco nuclear, había tomado poco el sol, se entretuvo entre mis nalgas y acarició con sutileza los labios de mi coño. También caliente me tumbé en la toalla.

Elena.

Yo fui la última en ser atendida por esas fuertes y grandes manos. Viendo que mis amigas estaban boca abajo, Pablo extendió la crema por mi cuello y mis hombros. Pasó con descaro a mis pechos acariciándolos mientras pegaba su enhiesta polla a mi culito. Mi coño se encharcó, mis pezones me dolían de la tirantez ante su dureza y este hombre siguió con sus caricias sobre mi piel. Bajó por mi pierna derecha hasta el tobillo, recorrió con dulzura los dedos de mi pie y volvió a subir hasta llegar a mi culito, lo llenó bien de crema y bajó por mi pierna izquierda, para hacer lo mismo que en la derecha, el roce de sus dedos con mis pies me excitó sobre manera. Mi coño era el mar que tenía delante. Subió muy lento hasta llegar a los labios de mi coño y con suma suavidad fue encajando su dedo dentro de ellos. Me sujeté a su cuello y lo besé mientras gemía.

Ahora te toca a ti.

Puse una buena cantidad de crema en mis manos y acaricié su cuello, su espalda y llegué a su culito donde me recreé unos largos segundos. Le di la vuelta y extendí gran cantidad de crema por su pecho, sus piernas y ya que la tenía cerca abrí mi boca y tragué su erecta polla. Solo pude darle unas pocas chupadas, pues María se levantó.

Ehhhh chicos, tranquilidad.

Esto hizo que volviese a recoger más crema e izándome sobre mi cuerpo, extendí la crema sobre la dura polla de Pablo. Pude notar su dureza y como este gimió junto a mi oído, las venas se marcaban poderosas en ese gran tallo que ahora era solo mío.

Nos tumbamos en las toallas para tomar el sol.

El calor del sol hizo que quedáramos traspuestos sobre la arena, a eso de las dos de la tarde, el calor ya era insoportable y me fui corriendo al mar. Tras de mí vinieron Ariadna y María, estuvimos jugando en el agua, mientras veíamos como el pobre Pablo nos miraba tras la sombra de la sombrilla. Después de unos toqueteos bajo las aguas y algún que otro morreo volvimos a las toallas. La verdad que me dieron unas ganas terribles de escurrir mi pelo sobre el cuerpo de Pablo, pero recordé que era alérgico y me contuve.

Ariadna.

Después de volver del mar, tumbamos de nuevo nuestros cuerpos al sol, mientras Pablo preparaba algo de comer. Levanté la cabeza y vi que mis dos amigas estaban cuando menos traspuestas. Me acerqué hacia Pablo, de rodillas ante él, recogí su polla con mi boca y empecé a chuparla muy lento, muy suave. Pablo sujetando con fuerza mis tobillos, consiguió poner mi coño en su boca y empezó a chuparlo y como chupaba el cabrón. Su lengua incansable recorría mi clítoris en círculos proporcionándome un gran placer. Por mi parte, chupaba su polla con dedicación, sorbiendo su capullo, limpiando este con mi lengua y comiéndome esa gruesa polla hasta invadir mi garganta con ella. Las incansables caricias de esa boca en mi coñito me estaban llevando al cielo. Apreté mi pubis contra su boca, mientras de mi coño escapaban mis líquidos. Pablo ávidamente los recogía en su boca y los tragaba. El placer se convirtió casi en insoportable y mientras metía su polla hasta el fondo de mi garganta, gritando sobre ella, yo seguía en un orgasmo constante que me llevó a tener que separar mi cuerpo de su boca. Lo miré con unos ojos de lujuria que no dejaban lugar a las dudas. Me monté sobre su polla y me quedé muy quieta sintiendo como esa polla llenaba mi coñito, como estiraba mis paredes y como me proporcionaba un gran placer. Estuve más de un minuto quieta, solo sintiendo el grosor y las palpitaciones de esa polla en mi interior. Por fin muy lentamente empecé a moverme hacia delante y hacia atrás, en un principio muy lento, apoyando mis manos en su pecho y mirándolo con lujuria a los ojos. Sus ojos me devolvían esa sonrisa cabrona que denotaba su excitación. Aceleré mi ritmo buscando mi placer. Cada vez iba más deprisa, hasta que algo explotó dentro de mí y tuve que recostarme sobre su pecho mientras besaba su boca, que me recibía ávida de besos.

Pablo

Ariadna se había follado con mi polla y aunque su acto fue egoísta, yo también lo disfruté. La sentí estremecerse sobre mi cuerpo y como cariñosamente buscó mi boca con la suya. Metí mis manos bajo su culo y la levanté un poco del suelo. La miré a los ojos con todo el deseo acumulado durante el primer polvo y empecé a meter mi polla con todas mis ganas. Ariadna votaba sobre mi polla, gemía, gritaba y se corría. Una y otra vez su coño era un mar y mi polla está totalmente encharcada por sus jugos. No pudiendo más, se apartó de mí y Elena rauda y ansiosa ocupó su lugar. Se subió sobre mi polla y poniéndose en cuclillas votó sobre ella con todas sus ganas, su cara era de rabia y pasión. La tumbé a mi lado y le fui metiendo la polla lentamente mientras apretaba sus pezones y aplacaba su brío. Elena gemía de placer y de ansiedad, quería más ritmo, pero también quería sentirme.

Elena.

En cuanto Ariadna exhausta y feliz se descabalgó, ocupé su lugar. La rabia me invadía, notaba que me había robado un polvo espectacular y me sentía como si me hubiesen puesto los cuernos. Me quería comer a Pablo y me lo quería comer rápido. Este lo notó y tumbándome a su lado fue calmando mi furia hasta que noté como su polla entraba y salía de mí, como sus labios besaban tiernamente mi cuello y cómo sus dedos apretaban sutilmente mis pezones. Según me llegaba la calma, podía apreciar y sentir con mayor fuerza el placer que esa polla me producía. Mi cuerpo empezó a contonearse y yo empecé a maullar como gatita en celo, el no paraba y notaba el orgasmo cercano, un orgasmo tierno que fue invadiendo mi cuerpo hasta tomarlo entero. A la vez que mi coño apretaba su polla, él apretaba mis pezones, dejándome el coño lleno con su esencia. Ese hombre había sabido calmarme y demostrarme quién era su gatita.

Cuando pude abrir los ojos, María me besó en la boca y me felicitó.

Ha sido magnífico veros.

El día transcurrió lentamente entre caricias al untarnos la crema y mas juegos sobre la arena. Sobre las seis de la tarde volvimos al chalet, aquí por fin, Pablo pudo meterse en el agua de la piscina y rebajar el calor de su cuerpo. Tanto Ariadna como María, lo rodearon y jugaron a las aguadillas con él. Las manos se colaban entre los cuerpos y jugaban con sus pechos, con su polla y con sus coñitos. Yo exhausta miraba desde el borde de la piscina como las manos volaban de uno a otro. Las chicas bajaron por su cuerpo lamiéndole entero. Pablo se sentó al borde de la piscina y María se coló entre sus piernas.

María

Después de jugar junto a Ariadna durante unos minutos gritó.

Ahora me toca a mí el biberón, hoy no tuve mi ración y me gusta.

Me metí muy lento la polla en la boca, la paladeé y degusté sin prisa. Mientras mi mano derecha la pajeaba, con la otra acariciaba sus huevos. La polla cada vez crecía más en mi boca y me llenaba entera. La tragué hasta atascar mi garganta, me costaba respirar, mi garganta estaba obstruida entera. Mecí la polla durante unos minutos, metiéndola y sacándola. Mi coño palpitaba al ritmo de mi boca y por fin conseguí mi premio. Unos fuertes reguerones me inundaron la boca, me la llenaron y me dejaron paladear tan jugoso néctar.

Elena.

Elena desde la hamaca gritó.

Vamos a hacer la cena jajaha

Ese día la playa nos había matado y estábamos muy cansados, así que cenamos con tranquilidad, nos tomamos una copa al frescor del jardín, la excitación sexual subía y mis ojos cada vez se dilataban más.

Pablo

Elena me había tenido excitado toda la cena, sus ojos hinchados delataban su excitación también. Yo la miraba y ella me miraba, sus pezones querían rasgar la tela y mi polla bramaba por salir de su apretura.

Chicas estoy molido, me voy a dormir.

Hasta mañana campeón

Hasta mañana.

Ehhh, espera, que voy contigo- dijo Elena.

Corriendo por el pasillo, se acercó a mí y me echó la mano por la espalda.

¿no me esperas?

Cómo no iba a hacerlo.

La recogí por su cintura, la atraje hacia mí y le dije al oído.

Si quieres follar, habrás de entrar desnuda en la habitación. Ahh deja la ropa ahí en el suelo.

Elena me miró risueña, se despojó de la camiseta y de los pantaloncitos que llevaba, tirándolos en medio del pasillo. Entramos en la habitación, me desnudé con mi rabo ya inhiesto y mirándola a los ojos le dije.

Chúpame la polla y hazlo como si no hubiese un mañana.

Elena se postró ante mí, recogió mi polla con su mano, me miró y la miró, sacó su lengua y la recorrió muy lento desde mis huevos hasta la punta. Me miró a los ojos y así, sin perderme la mirada, se fue metiendo mi polla hasta traspasar su garganta. Ella aguantó las arcadas, pero unas lágrimas descendían por su cara, dando una preciosa imagen. Mi gorda polla era difícil de tragar, pero ella no cejaba en el intento. Volvió a intentarlo y volvió a tener una arcada, pero la introdujo hasta el final y consiguió follarme un par de veces con su garganta. Sus ojos se abrieron en exceso ante las arcadas y su boca salió con unos hilos densos de babas y saliva. Me miró con ojitos y me dio ternura. La levanté, la tumbé en la cama y me lancé sobre su coñito. Igual que había hecho ella le miré a los ojos y lamí ese coñito totalmente húmedo. Me dirigí a su clítoris y lo lamí sin prisas con mi lengua. Cuando los jugos de Elena rebosaban su coñito, sorbí su clítoris, haciendo que se sujetase a mi cabeza y me apretase con sus piernas. La miré a los ojos que estaban en blanco y su cabeza se echaba hacia atrás para recoger el máximo del placer. Subí hasta dejar mi polla en la entrada de su coñito y con extrema suavidad la penetré. Entre lento, muy lento, sintiendo como mi polla era oprimida por el coñito, como Elena boqueaba como un pez y como echaba su cabeza hacia atrás dejándose llevar por el placer. A los pocos minutos Elena echó sus piernas a mi espalda a la vez que me oprimía la polla con su coño. No pude aguantar más y llené su coñito con mi esencia.

Jodeeer, jodeeer, jodeeer. Abrázame cabrón, abrázame.

Elena.

Cuando Pablo dijo que se iba, ni lo dudé, salí detrás de él y me sujeté con fuerza a su cintura. Antes de llegar a la habitación con esa voz autoritaria y varonil, me dijo.

Si quieres follar has de entrar desnuda.

Mis bragas se empaparon y mi cuerpo reaccionó excitado. Me desnudé sin pensarlo y le seguí, le seguiría al fin del mundo.

Su voz me incitó a chuparle la polla, cosa que yo deseaba y anhelaba desde la media tarde. De rodillas frente a él lamí sus huevos y su polla, me la introduje hasta el fondo de mi garganta. Una arcada me invadió a la vez que un chorrito de flujo descendía ya por mis piernas. Lo miré y pude ver como sabía que me estaba volviendo loca. Seguí con mi felación, ya más buscando su placer que el mío, pero esa polla me propinaba mucho placer. La metí hasta el final y empecé a follarla con mi garganta, mis ojos lloraban y las arcadas eran constantes. El me levantó y poniéndome al borde de la cama, empezó a lamer mi sexo. Lo hacía despacio, sin prisa y con ternura. Lo lamió hasta que yo ya no pude más, sorbió de mi clítoris llevándome al cielo y tuve que sujetar con fuerza su cabeza. Pero no paró aquí, me miró lascivo, con ganas de hembra, de su hembra, apoyó la punta de su polla en la entrada de mi coñito, me miró a los ojos y sujetando mis manos lo más lejos que pudo de mi cabeza, lentamente fue entrando en mí. No sé si se dio cuenta, pero un orgasmo recorrió mi cuerpo, a la vez que su polla abría las paredes de mi coño como una tuneladora. Al llegar al final, empujó dos veces su polla, haciendo que la presa de mi coño se desbordara y lo inundara todo. Entonces eché mis manos hacia atrás, mis piernas a su espalda y lo ordeñé con mi coño, hasta que me lo dejó bien lleno. Agarrada a su pecho, desperté al día siguiente.