Xtories
Dominaciónjul 2022

Políticamente incorrecto 4

El miedo la paralizaba, pero el deseo la traicionaba. En el parque, bajo la mirada de su novio humillado y su amiga cómplice, Sofía descubrió que su cuerpo ya no le pertenecía. Ahora solo queda ver si logra sobrevivir a la noche o si se entrega por completo a la oscuridad que Jacob encendió.

Wilmorgan8.9K vistas9.4· 7 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Políticamente incorrecto

Capítulo 4

Sofía

No podía creer lo que había hecho. Podía haber terminado con todo en ese momento y en cambio había aceptado continuar con aquello. Estaba claro que lo hice por miedo. Estaba bajo coacción y no podía pensar con claridad. Nada tenía que ver que estuviese excitada como nunca en mi vida. Eso no había influido. Era el miedo quien había hablado. No yo. Yo solo quería volver a casa con mi novio y olvidar todo aquello. Olvidar esa verga negra acababa de correrse prácticamente en mi cara. Olvidar el sabor de su semen. Por supuesto, no quería saber nada de como lamí la cara de mi compañera para saborearlo. Y más que nada, quería olvidar a ese hombre. Su seguridad demoledora. Esa manera de hablar que me hacía sentir inferior. Sentirme un juguete para hombres. Un trozo de carne para el disfrute de alguien superior como lo son ellos. Lo odiaba.

Jacob llevó a Natalia con él, apartándose a un extremo del banco. Su amigo, el maldito director de aquel infierno ardiente y perverso, me hizo ponerme en pie. Obedecí, como no podía ser de otra manera, pero llena de odio e ira hacia aquel prepotente chulo. Mi pobre novio seguía inmóvil con su polla tiesa. Incluso en erección yo la veía pequeña y débil. Era como si ver el poder de aquellos hombres empequeñecieran también a Marcos. Uno al lado del otro. Mi novio con lencería de mujer y él sonriendo imponente. Él se colocó detrás de mí, agarrándome la cintura y con sus labios susurrando en mi oído me dijo:

- Puedes seguir fingiendo lo que quieras. Sé que te gusta todo esto. Que te mueres por mí. Deseas que te use a mi antojo y ser solo un trozo de carne para mi placer. Eres una zorra sumisa. Y vas a ser mía.

Su voz era grave y cálida. Tanto que no entiendo por qué se me erizaba la piel al escucharla. Me tenía completamente desnuda y mojada por mis propios flujos. Mientras él apoyaba su paquete en mis glúteos y mantenía sus manos inmóviles en mi cadera. Era casi hasta algo casto. Como queriendo ser condescendiente conmigo. Por un lado, me hacía ver que me tenía desesperada y cachonda. Y por otro, no avanzaba físicamente para culminar su conquista sobre mí. No iba a poder conmigo. Yo era una mujer adulta y madura. No me dejaría embaucar por un machista prepotente y salido como él.

- ¡Vete a la mierda!

- Eso dice tu boca, que aun huele a la corrida de mi amigo. Pero tu cuerpo dice otra cosa.

- Sois unos cerdos pervertidos. Jamás me gustaría alguien como tú.

- ¿Y quién te gusta? ¿Tu novio? Mírale. ¿Ese es el hombre que quieres que te haga gritar como una loba? ¿ Él te hará correrte a chorros entre espasmos?

- Si… Muchas veces… - contesté, mirando a mi novio con su polla erecta patéticamente vestido.

- Si eso fuese verdad, no estarías temblando nerviosa. Deseando que mis manos recorran tu cintura hacia abajo. – me contestó, acercando sus largos dedos hacia mi pubis.

- Puedes hacer lo que quieras. No lo voy a disfrutar. – dije nerviosa.

- ¿Notas mi rabo en tu culo? Ese que me ofreciste diciendo que era virgen para llamar mi atención.

- Sí…

- Quieres que me la saque y poder sentirla directamente en tu piel ¿verdad?

- No. No quiero…

- Mira a tu amiga y mira a tu novio. ¿Quién quieres ser? Una zorra sumisa que disfruta sirviendo y dando placer a los hombres de verdad. O una patética mujercita frustrada por no saber hacer realidad sus fantasías.

Miré a Natalia. Mi amiga encerraba con sus piernas la cintura de Jacob sentada sobre él. Cubierta con los brazos fuertes y cálidos de aquel hombre. No parecía estar sufriendo. Parecía disfrutar. Seguramente empalada por aquella verga descomunal, si es que ya se había recuperado después de aquel copioso orgasmo.

Miré a Marcos. De pie, con mi sujetador relleno con dos piñas. Y el tanga de Natalia que tapaba gran parte de su erecto pene. Podía adivinar como blanqueaba su prepucio. Estaba patético. El hombre que amaba. El que tantas veces me había hecho disfrutar… ¿De verdad había disfrutado? ¿El sexo era lo que él me hacía? ¿Eso era lo que tendría el resto de mi vida?

No contesté. No podía. No quería darle esa satisfacción. Pero no lograría sonar convincente con una mentira. Una de sus manos desapareció de mi vientre. Noté como rozaba mis nalgas con ella, a la vez que su paquete se alejaba de él. De nuevo su mano sobre mi tripa, esta vez más cerca de mi pubis. Y en mi culo, algo duro, muy duro. Y muy caliente.

- Sé lo que quieres. Y sé que aún no te atreves a pedirlo. Pero lo harás.

- Lo que quieres es imposible. Tengo novio… - contesté, menos segura de mí misma que antes.

- ¿Ese? Puede ser tu novio. Pero yo seré más. Seré tu dueño. Tu Amo.

- No puede ser. Le quiero. Le quiero mucho. – dije, cerrando los ojos esforzándome por no sentir lo que tenía entre mis glúteos.

- No importa. Él también te quiere. Y te ha ofrecido a mí. Aun no lo sabe. Pero él también disfrutará de esto.

- Eso es imposible. Él no puede… - intenté rebatir sin poder continuar cuando un dedo acarició tenuemente mi hinchado clítoris.

- ¿No lo crees? ¿Quieres que te demuestre como tu novio disfruta viendo a su preciosa Sofia derritiéndose por otra polla?

Debí pensarlo bien. De nuevo, me estaba dando a elegir. Era fácil. Solo tenía que decir que no. Marcos no tendría que volver a sufrir al verme en manos de otro hombre y yo no tendría que soportar sus agresiones sexuales. Mi cuerpo podía estar excitado. Pero yo era una mujer adulta y no me dejaría llevar por un calentón.

- Sí. – fue mi escueta respuesta.

- ¡Mar! ¿Quieres ver como el coño de tu novia se encharca con otro hombre?- le dijo a Marcos.

- Sí… señor. – contestó él, como dubitativo.

Mi novio, siguiendo sus órdenes, se arrodilló frente a mí. Su cara estaba a menos de cinco centímetros de mi sexo. Una sensación de ahogo me atravesó el estómago. Mi amado Marcos seria testigo de cómo mi cuerpo reaccionaba a otro hombre. Me concentré queriendo controlar aquella humedad que la gravedad obligaba a abandonar mi cueva. Pero cuando más lo intentaba, más notaba como surcaba mis labios en busca de mis muslos. Las manos de ese hombre seguían en mi pubis, acariciándolo, tentando con bajar unos milímetros más. Lo justo para encontrar lo que ya agonizaba por atención. Mientras tanto, el movía su cadera a mí espalda. Haciendo que su rocoso miembro se deslizara arriba y abajo en la cuenca que formaban mis dos nalgas.

Me estaba derritiendo, como él había predicho. Y Marcos no quitaba ojo de mi brillante y depilada vagina. Le veía arrodillado, vestido como una mujer. Ya ni siquiera veía las piñas, solo veía dos tetas cubiertas por mi sujetador. Era como ver a una desconocida observando lasciva mi chochito mojado. Estaba dejando de ser mi novio, para ser simplemente un complemento más de aquellas perversiones.

Cuando noté como se separaba de mí, sentí despecho. La fría brisa acarició mi desprotegido trasero. Unos segundos solo, pero suficiente para que sintiese la necesidad de su contacto. De su protección. Era paradójico. El hombre que me estaba violando, me hacía sentir protegida. Me hacía sentir inferior. Y a la vez, llena de vida por tener su atención.

Volví a sentirlo. Pero esta vez, su cuerpo no cubría mis generosas nalgas. Solo una parte de él me tocaba. Mucho menor en comparación, pero enorme por lo que pude imaginar. Como una punta de lanza, presionó entre mis glúteos abriéndose paso. Parecía que conocía a la perfección mi cuerpo, pues sin fallo alguno, dio justo en el centro de la diana.

Miré a mi novio mientras sentía como la cabeza de aquella verga gorda y dura presionaba mi agujerito más estrecho. Él jamás había estado tan cerca. Ni lo estaría nunca. Marcos no había podido hacerme sentir así en todos estos años. Había tenido mucho tiempo. Ya no podía seguir esperando. Me merecía un hombre de verdad. Merecía un macho. Un macho que me pusiera en mi lugar.

- Sé que la quieres. Quieres que sea yo quien desvirgue tu culito. Pero te lo voy a preguntar. Y no quiero que digas: sí. Si de verdad quieres que te meta mi polla en tu culo, ladra.

No podía hacer eso. ¡Estaba loco! Como pretendía que ladrase. Era el colmo de la humillación. No pensaba ladrar como una perra. Allí, delante de mi novio… Era imposible. Pero si lo quería. Quería su polla. Quería que una polla de verdad desvirgase mi culo. Lo deseaba tanto… Pero no podía ladrar. No tenía que pasar por aquello. Él también quería follarme. ¿Cómo no iba a querer follarse el culo de una mujer como yo? ¿Por qué no lo hacía y ya? Deseaba que lo hiciera. Quería que supiera que sí. No podía ladrar… pero sentir esa presión en mi agujerito… quería… necesitaba sentirme llena. No ladré. Pero, cerrando los ojos para no ver a mi novio, presioné con mi culo hacia aquello que amenazaba mi entrada nunca conquistada.

- Debes aprender que conmigo las cosas no funcionan así. Siempre puedes elegir: Sí o no. Pero siempre serán como yo diga. Si lo quieres, se obediente. Jamás intentes forzarme para conseguirlo. O lo perderás.

Terminó su alegato con un pequeño empujón. Suave pero firme. Corto, pero lo necesario. Noté claramente como la punta de su pene se abría paso en mi ano. Solo un centímetro. Nada. Prácticamente imperceptible. Pero más de lo que nadie había entrado allí nunca. Y con eso me dejó. Con las ganas locas de tener más. De que al menos me metiera la puntita. Con eso me conformaba. Solo quería sentir lo que era tener un tapón de carne en mi culo. Y no… solo fue eso. Un empujón para demostrar que mi agujero se sometía a él, para luego retirarse dejándome abierta para nada.

- Hoy has perdido la oportunidad para ser sodomizada por mí. Ahora probemos por otro agujero.

Noté como aquella herramienta de dulce tortura se deslizaba entre mis muslos. La notaba dura, muy dura. Mi piel parecía que había multiplicado su sensibilidad por mil. Casi podía sentir las irregularidades que formaban sus venas hinchadas. Solo podía imaginar, ya que aun ni siquiera lo había visto. Su polla acababa de salir de mi culo y ahora se frotaba por mis labios vaginales y no había podido verla aún.

Deseaba verla. La curiosidad me mataba. Pero no tanto como aquella sensación de calor que desprendía justo en mi coñito. Sus movimientos eran cortos y lentos, desesperantes. Y aun así notaba como mi entrepierna se hacía agua sobre su poderoso tronco de carne.

Quería verlo y miré hacia abajo. De nuevo, la cara de mi novio junto a mi ardiente sexo. Era patético, pero me daba igual. Solo quería ver si aquello era lo suficientemente largo para sobresalir por delante y ver al menos un pequeño pedazo. Envidiaba a Marcos por tenerla frente a él. Mi novio tenía la polla de aquel hombre a unos centímetros de su cara y solo sentía envidia. Había dejado de verlo como mi novio. Aquella ropa de mujer, sus pechos falsos. Su boca entre abierta y sus ojos perdidos en mi coño siendo estimulado por el pene de otro hombre. Era denigrante, penoso, inútil. No el acto en si. Aquello me encantaba. Me refiero a Marcos.

En ese momento apareció. Sentí como su cuerpo se pegaba al mío y entonces sobresalió entre mis piernas. No solo la punta, que ya de por sí me parecía inmensa comparada con la de Marcos. Al menos 4 dedos de su mástil sobrepasaron mis muslos y fueron directos hacia la cara de mi novio. No llegó a tocarlo, pero por muy poco. Menos de un centímetro de separación entre su cara y la polla de aquel hombre. Y Marcos ni se movió. Casi parecía que deseaba recibir un pollazo en su cara. Comencé a plantearme la heterosexualidad de mi novio.

Era tal el punto de excitación el que estaba alcanzando, que llegue a pensar que mis piernas no me sostendrían si no fuese porque su pene me mantenía en pie. Lejos de preocuparme o asquearme al ver a mi novio impasible ante aquello, me excitaba más si cabe. Mi cuerpo hacía tiempo que había sucumbido a aquel hombre, pero mi mente estaba a punto de acompañarlo.

- Quieres que te la meta. Quieres que te folle delante de tu novio. Te pone cachonda como una cerda que un verdadero macho te ponga en tu lugar. – me decía él al oído, pero en voz alta para que lo oyeran todos.

No podía contestar. Mi mente se resistía a darle la razón con mis palabras. Pero mi cuerpo se afanaba en hacerle ver que era así. Mis caderas se movían buscando aumentar el roce de su rabo en mi encharcado chochito. Me moría por descubrir como seria tener aquello dentro de mí.

- Eres una puta que se derrite con una buena polla. Lo noto. Me estas empapando el rabo. Solo tienes que decirlo como lo que eres. Como la perra que sé que eres y que deseas ser para mí.

De mis labios se escapa un “sí” entre jadeo y jadeo. Si solo me pidiera decir eso. Solo necesitaba que con un simple “si” le fuera suficiente para metérmela. Lo diría. Tengo claro que lo diría. No podía resistirme. Quería, pero no podía. Lo deseaba tanto…

- Estás tan salida que no aguantarías ni un minuto con mi polla dentro sin correrte. ¿Quieres correrte mientras te follo como la puta que eres delante de tu novio? Sé que sí. Te mueres por chorrear como una cerda en la cara del mariquita de tu novio gracias a mi polla. ¿Te gustaría que me corriese yo también mientras te follo? Que te llene por dentro de mi leche y te mande a casa chorreando. Seguro que Mar lo limpiaría todo en cuanto le dejes. Quizás tengas dos orgasmos. Uno con mi polla de hombre. Y otro con su lengua de perdedor limpia corridas. ¿ Quieres?

No lo soportaba más. Sus palabras me estaban llevando al límite. Me faltaba muy poco para llegar al orgasmo y solo se frotaba en las afueras de mi coño. Necesitaba sentir lo que sería ser follada por ese hombre. Sentirme llena. Llena de su polla y después de su corrida. Me moría por sentir como aquel palpitante miembro explotaría dentro de mí. Que me usara y luego me dejara allí tirada llena de él. Volver a mi casa sin poder caminar por la tremenda follada que me había dado aquel macho. Tirarme en mi cama y manchar mis sábanas con su semen. Y sí. Quería ver a Mar, con sus tetas falsas y su ropa de mujer limpiándome el coño hasta hacer que me corra de nuevo.

- ¡Sí! ¡Sí! ¡Quiero eso! Fóllame. Por favor… fóllame… - le dije fuera de mí, cerrando los ojos y llevando mi cabeza hacia él.

- Eso ya lo se zorra. Sé lo que quieres. Pero parece que tú no sabes lo que quiero yo. Pero ya lo aprenderás.

En ese momento me sentí más vacía que nunca en mi vida. No había terminado de asimilar sus palabras, cuando su cuerpo se apartó del mío. Su polla recorrió por última vez mis labios, despertándome de aquel sueño que no quería dejar escapar. Si solo hubiese ladrado…

- De rodillas. – dijo imperativo.

Aún con mi mente intentando asimilar lo que había perdido, mi cuerpo obedeció arrodillándome junto a mi novio. Él se colocó frente a nosotras y entonces pude verlo en todo su esplendor. Era preciosa. Quizás un poco menos descomunal que la de su amigo, pero enorme para lo que yo estaba acostumbrada. Me hubiera llenado entera y no creo que le entrase en su totalidad. Ni imaginar si me hubiera sodomizado como tanto deseaba. Me partiría en dos.

Con sus manos agarro nuestras cabezas y nos hizo juntarnos hasta estar pegados Marcos y yo. Acariciando su venosa arma se acercó más a nosotros. Fui viendo como su polla se aproximaba hacia nuestras caras. No necesite más órdenes. Mi boca se abrió sola. Quizás fuese el único agujero que utilizaría aquella noche, pero me esforzaría en ganarme una segunda oportunidad. Me daba igual hacerlo al lado de mi novio. Me daba igual hacerlo con mi novio. Mamaria aquel pollón junto al perdedor de Marcos y me aseguraría de que ese hombre disfrutase como nunca. Mis ojos se cerraron como queriendo centrarse todos mis sentidos en el sabor de aquella barra de carne. Entonces sentí un golpe en mi cabeza. Un golpe seco, pero no doloroso. Mis ojos se abrieron, pero solo veía por uno. El otro estaba tapado por sus testículos. Había apoyado su pene en nuestras cabezas y teníamos sus huevos colgando frente a nuestras caras.

- Parece que quieres mucho a tu novio. Has perdido la oportunidad de ganarte mi favor. Ahora la tendrás para recuperar a tu querido Marcos. – dijo mientras nos usaba de “posapollas”.

O todo pasó muy rápido o mi cabeza iba muy lenta. En un momento él estaba sentado con los pantalones bajados en el banco, a su lado mi novio. Una polla descomunal y un pseudo hombre feminizado. Natalia vino hacia nosotros y se arrodillo junto a mí, quedando ella frente a Marcos y yo frente a él.

Si su idea era darme a elegir entre mamársela a él o a mi novio, no iba a servir para ganarme a Marcos. Me había llevado al extremo y dejado allí. Estaba fuera de mí. Solo pensaba en él y en su polla. Lo deseaba. Deseaba ser su perrita como él quería. Deseaba ladrar. Si me lo pedía de nuevo, lo haría. Si tenía que ser una perra para comerme aquel rabo, espantaría a todos los pájaros del parque con mis ladridos.

Dijo algo, pero mi mente estaba pensando en cómo me vería más sexy ladrando desnuda y arrodillada en medio del parque. Entonces vi como la mano de mi compañera fue directa a la polla que yo tenía frente a mi cara. La polla que tanto deseaba y veneraba en secreto. La mano izquierda de Natalia sostuvo mi mano llevándola hasta su tanga húmedo y abultado que vestía mi novio. Entonces desperté de mi letargo y comencé a escuchar.

- Solo uno de los dos se va a correr. Y lo haremos en la cara que tenemos enfrente. Vuestra destreza como pajeras os librará de recibir una corrida en vuestras caras. Quiero las bocas abiertas y las lenguas fuera. No os podréis limpiar e iréis así a vuestra casa. Es el momento de hacer feliz a tu novio y cumplir su fantasía de correrse sobre la carita de tu amiga. Ahora veremos si eres una buena novia. Que empiece el juego.

Miré a Natalia y la vi con la boca bien abierta y la lengua fuera a unos centímetros de mi novio. Con sus ojos me hacía gestos hacia la polla que tenía en su mano, que ya subía y bajaba a buen ritmo. Sin dudarlo imité a mi compañera abriendo mi boca y acercándome a esa polla que bailaba frente a mí. Notaba una dureza en mi mano. Parecía que Marcos había recuperado su hombría, si podía ser así cubierta por lencería de mujer. Saqué su polla de su prisión rosada y comencé a acariciarla sin demasiadas ganas.

Tenía un sentimiento agridulce. Por un lado, frente a mi tenía la polla que tanto deseaba. Pero no era mi mano quien la masturbaba. Yo en cambio masturbaba la pollita de mi novio, frente a la cara de mi compañera de trabajo. Mi tarea era hacer que mi novio se corriese en la cara de mi amiga, antes de que ella hiciese que aquel hombre se corriese en la mía.

Si quería probar mis dotes como pajeadora, ¿por qué no me dejaba hacérsela a él? Me dejaría el brazo en el intento solo por demostrarle lo buena que soy. Por conseguir que se corriese en mi cara. No quería pajear a mi novio. Mucho menos que se corriese en la cara de Natalia. ¿Celos? No estaba segura. No quería que lo hiciese, pero mis sentimientos se centraban en lo que si quería, Y era ser yo quien acabase cubierta de leche de un semental de verdad.

Pero tenía que hacerlo bien. Que viese que era mejor que Natalia. La posición no era la idónea, por tener los brazos cruzados entre nosotras. Pero tenía que esforzarme y conseguir que Marcos se corriese antes que él. Así vería lo buena que era y quizás se quedase con ganas de probarme para disfrutar él.

Natalia tenía buena técnica. Su mano bajaba y subía con mucha velocidad, a pesar de tener más terreno que cubrir. Su lengua se mantenía muy cerca del miembro de mi novio. Si conseguía que se corriese se lo tragaría todo. Yo la imité, acercándome más si cabe. Me costaba más mantener el ritmo de mi masturbación con esa postura. Pero al menos tenía bien cerquita aquel palpitante capullo a punto de explotar.

Por como gemía mi novio también estaba muy cerca. A mi favor, todo lo que Marcos llevaba sufrido este tiempo. Estoy segura que tener a Natalia rozando con la lengua su colita, le ponía a mil. Era algo indigno. Estaba pelándosela a mi novio para que se corriese en la cara de otra… Si, pero tenía que demostrar lo buena que era.

Me dolía la mano y la boca. Pero no me dejaría vencer por la zorra de Natalia. Tenía que ser mejor que ella. Esas tetas operadas no le servirían aquí. Solo se tenía en cuenta nuestra técnica y aguante como pajilleras de penes. Y yo iba a ser medalla de oro.

Gotas de sudor corrían por mi frente, al igual que de saliva por tener la boca abierta. Podía oler su sexo, lo cual me ponía a mil. Pero mis energías debía guardarlas para mi mano. Debía hacer llegar al orgasmo al patético de mi novio. Le daría un gran orgasmo sobre mi amiga, para demostrar a aquel hombre lo buena que era.

Notaba como palpitaba en mi mano. Se iba a correr. Podía ver las venas hinchadas de la que tenía frente a mi boca. Él también estaba a punto. Mi rival era muy buena en esto. Pero podía vencerla. Un último apretón y vaciaría los huevos de Marcos sobre Natalia.

Pero… ¿y si no era eso lo que él quería? ¿Y si quería que dejase a mi novio con las ganas mientras él se corría en mi cara y boca? Marcos iba a correrse ya, lo notaba en mi mano. Podía sentirlo. Paré.

No lo tenía claro que debía hacer para complacerle. ¿Quería ver lo buena que era con la mano? Volví a meneársela a Marcos. Pero a él le encanta putear y humillar a Mar… Paré de nuevo.

Notaba sus palpitaciones y su desesperación por correrse. Nunca me había fijado en ello. Podía sentirlo. Sabía que estaba a unos segundos de explotar. Volví a moverla. Dos veces y stop.

Era divertidísimo. Controlaba perfectamente su polla. Sabía cuándo llegaría el orgasmo y podía parar justo antes. Veía la cara de desesperación de mi novio. Me miraba con ojos de cordero. Suplicando por tres movimientos seguidos para explotar. Arriba, abajo, arriba y paro. Parecía que sí, pero no. Sentía su glande hinchándose y paraba dejándole en las puertas del orgasmo.

Había conseguido controlar el orgasmo de Marcos completamente, teniendo otra polla rozando mi lengua. Podía hacer que se corriese en Natalia cuando quisiera. Pero… ¿Quería?

¿Iba a consentir que Mar tuviera un orgasmo y yo no? Y lo más importante. Lo tendría ella y no un hombre de verdad como él. Sentí un gruñido de macho. Un sonido grave y mudo. No los tristes jadeos de mujer que emitía mi novio. Iba a correrse. Mi macho iba a marcarme con su semen. Posé mi lengua bajo su falo y volví a menear la pollita que tenía en mi mano. Arriba, abajo, arriba, solté.

Un gruñido fuerte y ronco inundó aquel parque, ensordeciendo los sollozos de la patética de mi novio. Mientras su pollita temblaba sola sin mi mano, mi boca y cara comenzó a recibir disparos calientes como si un pelotón de fusilamiento me quisiera muerta.

No voy a decir que nunca lo había hecho con Marcos, pero pocas. Muchas menos de las que le hubiera gustado. Pero ahora no lo pensé. Ni siquiera pasó por mi cabeza la opción de cerrar la boca. Mi mirada estaba fija en aquel cañón que disparaba con fuerza hacia mi cara. Con mi lengua bien parada fuera por si algo no llegaba hasta el interior de mi boca. No podía pensar si era asqueroso, mucho menos en ETS ni nada parecido. Solo quería conseguir el máximo posible. Quería demostrarle que era la zorra que él había predicho. Quería que me viese con la boca bien llena de su semen. Que estuviera orgulloso de mí.

Algo manchó mi cara. Sí… mejillas, barbilla e incluso la frente. Pero era normal. Tal cantidad y con tanta fuerza salía de aquel monstruo brillante que era imposible que no acabase con la cara regada. Pero estaba orgullosa de mi misma. Tenía la boca llena de aquel líquido espeso y caliente. Arrodillada y desnuda en aquel parque, tremendamente cachonda y frustrada. Completamente denigrada. Me sentía orgullosa como mujer. Me sentía completa y realizada por haber servido de recipiente a un hombre.

El colofón llegó cuando terminó de eyacular sobre mí y la mano de Natalia fue reduciendo la velocidad poco a poco. Vi su cara de satisfacción con esa medio sonrisa que le caracterizaba. Satisfecho y feliz. Mientras yo estaba con mis rodillas doloridas por la arena del parque y mi boca bien abierta para que viese todo lo que había dejado dentro. Era como si por primera vez en mi vida, todo tuviera sentido. Todo estaba en su lugar. Yo a los pies de él. Una mujer a los pies de un hombre.

- Buena chica. No vayas a desperdiciar ni una gota. Ese es tu premio.

Y disfruté de mi premio. Mirándole a los ojos, cerré la boca y fui tragando poco a poco todo su semen. Lo degusté con gula y lujuria. Nunca lo había tragado. Las veces que se habían corrido en mi boca siempre lo había escupido. Que estúpida había sido.

Pero claro, Marcos no era él. Mi novio miraba con los ojos atónitos como su princesa tragaba semen de otro hombre como una vulgar puta. Aún mantenía su polla erecta a punto de estallar. Esa con la que yo había jugado a llevar al extremo y no permitirle culminar. Era incoherente. Por un lado, sentía que mi lugar estaba a los pies de los hombres. Ser un objeto para su disfrute. Pero al ver a Mar, me sentía poderosa y con total control sobre él. Volví a agarrar su colita. Arriba, abajo, arriba y volví a dejarle retorciéndose de frustración.

En ese momento me percaté de la luz. No sabía cuánto tiempo llevaba, quizás desde el principio. Jacob nos estaba grabando con el móvil de nuevo. Más material para su película porno amateur. Que nada tenía que envidiar a una profesional. Debí asustarme por lo que podía pasar, pero mi cabeza no daba para más.

- Al suelo marica. Sofí, tu túmbate boca arriba en el banco. – nos ordenó él.

Marcos ocupó mi posición arrodillado en el suelo, aun con su polla erecta por fuera del tanga. Yo con bastante esfuerzo me conseguí levantar con mis piernas adormiladas y tumbarme en el banco de madera como él quería. Mis piernas caían a cada lado del banco, quedando abiertas. Notaba el aire fresco recorrer mi empapado sexo y eso reavivó mi excitación.

Deseaba saber cual seria la siguiente tortura humillante y depravada que ese hombre tenía para mí. Instintivamente abrí las piernas aun más de lo que mi posición me obligaba. Deseaba que ese hombre hiciera conmigo lo que quisiera. Me derretía por ello. En mi mente comenzaron a pasar imágenes de su gran y fuerte mano masturbando mi delicado coñito. Con fuerza, con brusquedad. Haciéndome resbalar por la madera. Regalándome un desbocado orgasmo mientras yo relamía el sabor de mi boca.

Tan ensimismada estaba con aquella fantasía, que no me di cuenta cuando vi a Natalia ponerse en pie y venir hacia a mí. Antes de que pudiera asimilar nada, mi amiga subía al banco conmigo, quedando a cuatro patas, con su culo en mi cara.

Vi como Jacob tiraba de los pelos a mi novio y lo hacia ponerse en pie. El negro llevaba en la mano uno de los zapatos deportivos de Marcos. Le pusieron de espaldas a nosotras por lo que no sabía que estaban haciendo, aunque escuche un grito de mi novio. Un grito agudo y chirriante. Lo habían convertido en una completa putilla.

Jacob se agachó frente a Mar, pero no pude ver más. Con un gesto de su amigo, Natalia bajó sobre mí dejando su sexo casi rozando mi cara. No podía ver que estaban haciendo con mi novio. Nada bueno. Seguro que alguna nueva humillación o tortura dolorosa. Y yo mirando fijamente el flujo de mi compañera de trabajo.

- Bueno zorritas. Por hoy hemos terminado. Solo si obedecéis como las zorras sumisas que sois, podréis iros a casa en un par de minutos. Y lo vais a contar vosotras. Para que no hagáis trampa, contareis un segundo y soplareis el coño de vuestra pareja. 100 veces. Debéis hacerlo al unísono, sin adelantaros a la otra. Nos llevaremos vuestra ropa. Si obedecéis os dejaremos la ropa en la puerta de salida del parque. Tenéis que ir tal como estáis. Tu Sofi, completamente desnuda. Natalia con tus melones fuera de la camiseta y Mar tal y como la hemos dejado. Ser buenas, y nosotros lo seremos. Intentar engañarnos y empezaremos a ser malos. ¿Entendido?

- ¡ Sí, señor! – dijimos ambas, cada una en el coño de la otra.

- ¡Podéis empezar!

- 1 – soplido.

- 2 – soplido.

- 3 – soplido.

¿Cómo había llegado a esto? Había sido violada por aquellos hombres. Me habían usado como un objeto sexual para su disfrute. Humillando y degradándome delante de mi amiga y mi novio. Me habían llevado a la locura completamente. Haciéndome pensar que los deseaba. Que deseaba ser su zorra sumisa. Y ahora estaba contando y soplando el coño de mi compañera de trabajo, sin saber si se habían ido o seguían allí riéndose de nosotras. De lo patética que era.

- 23 – soplido.

- 24 – soplido.

Había sido cómplice en las torturas a mi novio. Le había sido infiel por su culpa. Ellos me habían llevado a hacer cosas que yo no quería, delante de Marcos. Tanto que había disfrutado de verle feminizado y humillado. Había aprendido a controlar su orgasmo para hacerle sufrir y divertirme con ello.

- 48 – soplido.

- 49 – soplido.

Me habían hecho competir con mi amiga para demostrar que soy mejor zorra que ella. Hasta tal punto de desear con toda mi alma ser únicamente eso. Sufrir los celos de ver a Natalia con mi novio. Y más aún, verla con ellos, dándoles placer y recibiéndolo de mis machos.

- 65 – soplido.

- 66 – soplido.

Por su culpa dudaba de la heterosexualidad de mi novio. Incluso pervirtiendo mi mente para que disfrutase imaginando como mi querido Marcos, seria la putita de esos hombres. Y lo peor, me habían hecho que dudase de la mía, obligándome a tener el sexo de mi amiga junto a mi boca. Soplando su coñito húmedo y brillante, mientras ella soplaba el mío.

- 74 – soplido.

- 75 – soplido.

Me había convertido en una sopla chichis. Tan bajo había caído. Soplando el chocho a mi compañera de trabajo por la dudosa promesa de que nos devolverían la ropa que ellos mismos nos habían quitado.

- 86 – soplido.

- 87 – soplido.

Por la culpa de esos putos machistas de mierda, me estaba excitando con el aire que salía de los labios de Natalia directo a mi sexo. Por ellos. Por él, por ser un cerdo pervertido, estaba volviéndome loca teniendo el coño de otra mujer en mi cara y no poder lamerlo. Me había dejado frustrada como nunca en mi vida. Tanto, que hasta me excitaba viendo el hinchado clítoris a mi amiga.

- 93 – soplido.

- 94 – soplido.

Todo era culpa suya. De ese hombre y del negrazo de su amigo. Por sus pollas. Por sacar la puta que llevo dentro. Por hacerme desear que no llegase nunca el 100. Seguir contando hasta 1000. Hasta que alguna de las dos no pudiera más y diese el primer lengüetazo a la otra. Solo uno. Un movimiento de lengua y me comería el primer coño de mi vida con tal devoción, que haría gemir a Natalia como la zorra que quiero ser.

- 99 – soplido.

- 100 –...

Continúa en