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Dominaciónjul 2022

HIPNOTIZADA. Capítulo 13

El desván espera su castigo. Cada latigazo es una lección, cada dolor una prueba de sumisión. Pero cuando la mansión se llena de viejos fantasmas y violencia externa, el límite entre el juego y el peligro real se desdibuja.

anastorum4.3K vistas9.3· 6 votos
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El tiempo que quedaba para irnos del barco, mi Ama se la pasó de brazos cruzados mirándome y haciéndome sentir la peor de las sumisas.

Cuando salimos de la fiesta, nos fuimos caminando para buscar el coche, que no estaba muy lejos pero tampoco cerca. Me sentía muy cansada como si hubieran vapuleado mi cuerpo, caminar se me estaba haciendo un mundo.

-Más rápido Anna. -Dijo la señora Alisson. -No tenemos todo el día.

- Lo siento. -Dije fatigada. - Estoy muy cansada.

-¿Cansada? Pues tu día no ha acabado. -Culminó diciendo muy seriamente.

Pronto llegamos al coche y cuando me fui a meter la señora Alisson me dijo que me pusiera detrás.

Sus gestos, su forma de hablarme y de tratarme provocaban en mi mucha tristeza y malestar mental por haberme comportado de esa forma en el barco.

Al llegar a la casa, me ordenó irme para el desván. Cuando lo oí, mi cuerpo empezó a temblar.

Subí los escalones lentamente, como si así postergara mi castigo. Cuando llegué al desván, me quedé de pie esperándola sin saber qué hacer, así que decidí quitarme la ropa para que ella no tuviera que decírmelo.

Esperé por un buen rato hasta que apareció por la puerta y se quedó seriamente mirándome.

-¿Quien te ha dicho que te desnudes? -Preguntó con un tono de voz severo.

-Yo… nadie… pensé que sería mejor si…

Se acercó rápidamente hacia donde yo estaba, se puso frente a mi y con una mano me agarró del pelo para que la mirara directamente a los ojos y con la otra apretó fuertemente la pinza de mi pezón derecho, haciendo que gritara de dolor.

-Tú no tomas decisiones, ¡ninguna! ¿Te enteras Anna? -Dijo acercando su boca a mi cara.

-Sí, mi Ama. -Dije con lágrimas asomándose por mis ojos por el dolor que sentía en mi pecho.

-Eso es. -Dijo más calmada todavía mirándome a los ojos. -Todo esto es por tu bien, tienes que aprender cómo comportarte y saber quien manda de una vez. Colócate ahí. -Dijo señalando el centro del desván de donde de una viga muy grande habían dos cuerdas gruesas que al final tenían dos esposas de cuero negro.

Mi cuerpo volvió a temblar cuando las vi porque ya sabía lo que iba a acontecer.

El dolor en mis pezones se estaba haciendo ya muy agudo, pero ella no me las quitaba ni me preguntaba cómo sentía mis pechos. Se acercó a mi y me puso las esposas en las muñecas apretadas bastante fuerte, casi ni podía mover mis manos.

También me colocó algo en los pies que cuando alcancé a ver, se trataba de una barra separadora. Estaba de puntillas en el suelo y ahora no podía ni cerrar las piernas.

Me dejó unos segundos atada sin hacerme nada, hasta que volvió con un látigo corto de color negro grueso por donde se agarraba y cada vez más fino de una punta a otra. Se puso frente a mi y me dijo:

-Lámelo. -Me ordenó poniéndome el látigo en la boca.

Yo la miré sorprendida pero hice lo que me pedía, sin sacar mucho la lengua, como si fuera un perro pequeño bebiendo agua con su pequeña lengua. Me sentí muy humillada.

Cuando ni terminé de lamer, me lo quitó de la boca y se colocó detrás mía.

-¿Por qué voy a castigarte Anna? -Preguntó haciendo sonar el látigo en el aire provocando que me estremeciera de pavor.

-Porque casi me dejo besar por otra persona. -Dije con voz temblorosa.

-¿Qué más? -Volvió a decir haciendo sonar de nuevo el látigo en el aire.

-Por favor… mi Ama… lo siento… -Dije muy asustada.

-Respuesta errónea. -Dijo enfadada dándome un latigazo en mi espalda haciendo que gritara justo al contacto con mi piel. -¿Por qué Anna?

-Lo siento… lo siento… porque… porque casi me desnudo en la fiesta. -Dije con mi cuerpo entero temblando y llorando de miedo.

-Muy bien. También le vamos a añadir que me has contestado de forma inadecuada y que has bebido desmesuradamente. ¿Preparada Anna?

No me dio tiempo de contestar cuando me dio el segundo latigazo obteniendo de mi otro grito de dolor. Siguió azotándome con fuerza, cada latigazo en mi espalda me dolía, me escocía y me picaba como nunca antes. Se podía notar que estaba muy enfadada por su forma de golpearme, golpe tras golpe sin pausa y uno después del otro casi sin apenas segundos entre ellos.

El castigo se me hizo eterno, me dolían las muñecas, los pezones y la espalda por su severo castigo. Yo sólo gritaba y suplicaba que por favor parase, pero ella no era de las que dejan un castigo a medias por las súplicas de sus sumisas, cuando ella comienza, acaba.

-¡Por favor mi Ama!¡Por favor!¡Te lo suplico! -Grité llorando desgarradoramente.

-Vas a recordar cual es tu sitio, ¡sumisa irresponsable! Vas a aprender quien manda aquí, a no contestarme como te dé la gana y a saber de quien eres de una puta vez. ¿Entendido? -Preguntó amenazadoramente dándome el último latigazo y el más fuerte de todos provocando un grito muy fuerte que no me permitió ni hablar. -¿Entendido Anna o quieres más?

-En… entendi...do mi Ama. -Contesté entrecortadamente por la fuerza de mi llanto.

-Muy bien. -Dijo pasando su mano por mi espalda consiguiendo que me intentara echar para adelante para no sentir el escozor.

Fue a dejar el látigo en un mueble donde tenía varios tipos de látigos más y al rato volvió haciéndome sentir con el roce en mi culo un arnés con un dildo.

Me empece a poner nerviosa de nuevo, moviendo mi culo instintivamente hacia delante para que no me rozara con él.

-Deja de moverte y saca tu culo hacia fuera. No quiero que por ningún motivo lo vuelvas a mover, lo quiero quieto en todo momento. -Dijo dándome un azote en mi nalga derecha.

Saqué mi culo como me dijo y lo puse casi en pompa para que ella tuviera mejor acceso. Pronto empecé a notar la puntita del dildo en mi culo y pronto empecé a quejarme porque lo notaba muy grueso.

-Deja de quejarte puta, es lo que te mereces, con esto no vas a olvidar de quien eres. -Dijo volviéndome a azotar.

Fue abriendo mi culo y metiéndome cada vez más el dildo hasta que metió todo el capullo de él dentro y yo no podía dejar de respirar fuertemente por el dolor que estaba sintiendo ahí abajo.

-Por favor mi Ama… es muy grande… no creo poder...aguantarlo… -Dije sollozando.

-Créeme, lo vas a aguantar, ¿acaso creías que te iba a follar para darte placer? Estás muy equivocada. -Y al terminar de decir esto, empujó muy fuerte para terminar de metérmelo entero.

-Mi Ama… me duele mucho, por favor… -Dije llorando.

-Cuanto más supliques, más fuerte te daré, no tienes derecho a quejarte ni suplicar.

Y entonces empezó mi tormento, la señora Alisson empezó a follar mi culo muy fuerte y deprisa, como si estuviera a punto de tener un orgasmo. Me dolía demasiado, era un dolor insoportable y no podía ni cerrar las piernas por culpa de la barra separadora. Intenté mantener mi culo quieto como me dijo, pero al estar así, el dildo entraba con más facilidad y sentía que me perforaba, como también sentía que las pinzas estaban perforando mis pezones cuando mi Ama me pegó hacia ella y me agarró los pechos presionándolas. Mi culo, mis muñecas, mi espalda, mis pechos todo estaba siendo castigado por haber sido una inconsciente. Me estaba arrepintiendo mucho de haberme dejado llevar por el alcohol.

Unos momentos antes de que mi tormento parase, ella apretó mi cuerpo más contra el suyo y mordió mi hombro. Acababa de correrse.

Cuando se recompuso, me saco el dildo bruscamente, dolió pero pronto sentí alivio de no tener semejante cosa dentro de mí.

Oí cerrarse la puerta y sentí un vacío en mi. Me había dejado sola, aquí colgada con mi cuerpo muy castigado y dolorido. Empezó a darme un brote de llanto, me sentía muy mal por cómo me había comportado y haber sido un desastre. Siempre la acabo liando por mi inseguridad.

Exactamente no sé cuánto tiempo pasó pero pasó un buen rato cuando la señora Alisson volvió a aparecer con una copa de vino llena por la mitad. Se había puesto frente a mi y me miraba de arriba a abajo mientras daba un trago a su vino. Alzó su mano hacia mi mejilla y limpió los restos de lágrimas y, después de eso, hizo lo mismo con la otra mejilla. Después de eso, me acarició la cara y yo no pude evitar dirigir mi boca hacia su mano y besársela al notar el cariño con el que me estaba tratando en ese momento.

-Dame las gracias, sumisa. -Dijo de repente.

-Gracias mi Ama, gracias por haberme castigado, he sido una mala sumisa y por eso me he merecido tu castigo. -Contesté mirando al suelo sumisamente.

-Muy bien, sumisa. -Volvió a decir.

En el momento en el que terminó de decir eso, dirigió su mano hacia uno de mis pezones y quitó la pinza.

-¡Ah! Duele… -Dije con un gesto de dolor.

-Tranquila, ahora sentirás alivio.

Lo mismo hizo con la otra y después de eso, dejó su copa encima de un mueble con cajones y con los dedos de ambas manos, acarició muy suavemente mis pezones que estaban muy sensibles con el contacto.

-Shhh… tranquila. -Dijo mirándome a los ojos. -¿Has aprendido de quién eres y a quién debes respeto y sumisión?

-Sí, mi Ama. -Dije con la voz temblorosa a punto de llorar por el tono de voz suave que estaba usando y cómo me estaba aliviando el dolor de los pezones con su tacto.

-Esto es por tu bien, si me obedeces, tendrás recompensas y muchas, pero si me desobedeces… -Dijo apretando mis pezones y tirando hacia ella, consiguiendo un gruñido de dolor por mi parte y quedando una vez más nuestras bocas a escasa distancia. -Si me desobedeces… no dudaré en castigarte y no dudaré en torturarte si vuelves a humillarme.

Sí, mi Ama… -Dije mirando sus labios deseosa de volver a probarlos.

Ella se acercó más, hasta tal punto que nuestros labios se estaban rozando.

-Ni se te ocurra besarme Anna, sólo me tendrás para ti cuando tu comportamiento sea mucho mejor. -Dijo sin dejar de mirarme a los labios.

Ambas lo estábamos deseando pero yo no lo merecía. Admiro su autocontrol, porque podría mandar a la mierda su autoridad para hacer lo que desea, pero no, ella no es nada flexible ni con sus pasiones.

Empezó a quitarme la barra separadora de mis tobillos y, posteriormente, las esposas de las muñecas. Intenté ponerme derecha pero el dolor que sentía en la espalda no me dejaba ponerme totalmente erguida.

Me cogió de una muñeca y me dijo que la siguiera. Se paró al lado de una silla y se sentó señalando con el dedo sus piernas.

-Túmbate bocabajo en mis piernas. -Ordenó.

Sin saber qué iba a pasarme la obedecí, no quería ni quejarme en lo más mínimo ni poner resistencia, que pasara lo que tuviera que pasar.

Me puse bocabajo como me ordenó y al poco tiempo noté algo frío en mi espalda.

-A pesar de que sigues castigada, porque aún no he acabado contigo, solo por hoy, también es mi deber cuidarte y protegerte aunque yo misma te lo provoque, ¿de acuerdo?

“Cuidarte y protegerte” fueron palabras que ahondaron en mi corazón y provocaron instantáneamente lágrimas en mi rostro.

-Lo siento mucho mi Ama, lo siento de verdad, perdóname. -Dije llorando con el corazón encogido como si estuviera lloviendo a mares.

-Lo sé Anna, sé que lo sientes. Tranquila.

Cuando terminó de ponerme la crema, se quedó en silencio mientras bebía el vino de su copa y yo estaba en esa posición esperando sus órdenes. Pasó un buen rato hasta que cuando ya mis brazos de apoyarlos en el suelo me empezaban a doler, me mandó ponerme de pie.

-Ahora ve a tu cuarto y duérmete. Si quieres comer algo ve a la cocina, pero cuando termines, quiero que estés en tu habitación. Mañana nos vamos.

-Sí, mi Ama. -Dije tristemente pues ya me había hecho a la idea de que dormiría con ella estos días en Ámsterdam.

No comí nada, me fui directamente a mi habitación. Después de lo que había pasado y del alcohol que había bebido no tenía ninguna gana de meterme algo a la boca.

Me eché en la cama y me quedé a oscuras, la luz me molestaba aunque fuera la de la lámpara que tenía un brillo muy tenue. Me quedé pensando en sus palabras: “no soy sólo tu Ama exclusivamente y si quiero estar con más, estaré, te pese o no te pese”, “si no lo aceptas te buscas a otra Ama que acepte tus características”. ¿Debería buscar y enamorarme de un Ama que me corresponda? ¡Pero qué tonterías estoy diciendo! Yo la amo a ella, la deseo, me hace sentir cosas que no sentí nunca jamás con nadie y, además, soy suya, su sumisa aunque seamos tres. Le debo respeto y sumisión.

A la mañana siguiente me desperté temprano para hacerle las tortitas, ella quería que se las hiciera los días que estuviéramos aquí. No tardé mucho en hacerlas, ya sabía dónde estaban las cosas.

Subí a su habitación y al entrar la vi de pie hablando por teléfono. “Vaya, sí que ha madrugado”, pensé. Me miró pero no dijo nada y yo me atreví a dejarle la bandeja en la mesita de noche.

-Me da igual lo caro que sea, quiero esos dos vuelos para hoy mismo, así que consíguelos pronto, tienes toda una mañana para moverte. -Y colgó diciendo eso y me miró. -No te he pedido el desayuno. -Dijo con un tono elevado.

-Yo… pensé que quizás… -Contesté mirando hacia el suelo y juntando los dedos índices en señal de nerviosismo.

-Tú no tienes que pensar, simplemente preguntar y si preguntas ya decidiré yo si contestarte o no.

-Lo siento mi Ama. -Dije quieta en mi sitio.

-Muy bien, ahora vete de mi habitación y espérame en la tuya. -Ordenó.

-Sí, mi Ama.

Cabizbaja me fui a mi cuarto, arrastrando los pies. Me dolió que rechazara mi desayuno. No debí hacerlo tal y como están las cosas. Al llegar a mi habitación, me puse a hacer la cama y cuando terminé me senté en ella, mirando hacia el suelo esperando que viniera.

Cuando ya llevaba un tiempo bastante largo esperando, ella llegó mientras yo estaba anonadada mirando sin ver. Me había quedado absorta en mis pensamientos. Ese rechazo me recordó un poco a mi madre, cuando intentaba hacer cosas por ella y todo me lo rechazaba, para ella nunca nada estaba bien.

Al oírla hablar mis pensamientos se dispersaron.

-Vengo a darte tu merecido, aún sigues castigada hasta que yo dé por satisfecha tu afrenta.

Mi cara debería ser todo un poema en ese momento porque la señora Alisson sonrió malévolamente.

-Desnúdate y apoya tus manos en la cama. ¡Vamos! -Dijo con voz fuerte y firme.

-Sí, mi Ama…

Me coloqué como me ordenó y al poco tiempo ella estaba tocando mi culo para abrirlo y dejar paso al dildo que, según noté, era como el de ayer o directamente era el de ayer.

Al intentar meterlo, sin querer me erguí. Sólo notarlo intentando entrar en mi culo me provocó mucho dolor.

-¿Quien demonios te ha dicho que te muevas Anna? - Dijo con un tono de voz muy elevado, tan elevado que volví a ponerme en la misma postura del susto.

-Per...perdón mi Ama, noté mucho dolor, fue sólo un acto de reflejo.

-Y más que te va a doler, cuanto más te folle el culo más te dolerá porque no le ha dado tiempo de recuperarse de ayer. Así que no vuelvas a moverte si no quieres que esté más tiempo dedicándome a reventártelo.

-Sí, mi Ama, no volveré a moverme…

Cuando terminé de decir esas palabras ella empujó fuerte hasta meter el capullo, yo por mi parte grité de dolor. Comenzó a empujar más, metiendo y sacando poco a poco. La estaba notando casi toda dentro de mi. Era un suplicio porque de este modo la notaba en todo su esplendor, tanto como salía y cómo entraba.

Apreté fuerte las sábanas con mis manos cuando empezó a follarme más rápido. A ella esta vez le daba igual mi postura porque no me dijo nada, tenía la espalda arqueada y el culo un poco metido para adentro pero ella seguía y se pegaba más a mi. No había forma de librarse.

Nuevamente mis lágrimas comenzaron a salir, se me estaba haciendo muy largo, no sé cuanto tiempo llevábamos. Lo que sí sé es que llegó un momento en que mis lágrimas se mezclaron con placer. Me estaba gustando aunque fuera duro, mi culo ya no sentía dolor sino ganas de tener un orgasmo. Pero no duró mucho, ella la sacó inmediatamente de dentro de mi.

-Haz la maleta y recoge todo lo que tengas aquí.

-Sí, mi Ama…

Tenía ganas de gritarle que me volviera a follar, odio estar excitada y no tener mi orgasmo, pero qué le voy a hacer, ella manda.

Guardé todas mis cosas y dejé la habitación impecablemente recogida. La señora Alisson no tardó mucho en volver a aparecer para decir que ya nos íbamos.

El viaje al aeropuerto se me hizo corto, tal vez porque en realidad no me quería ir de aquí. Ámsterdam me había parecido una ciudad muy bonita y aquí es donde la señora Alisson y yo tuvimos un acercamiento más fuerte. Pero no me voy a rendir, lucharé por hacer que ella sienta cada vez más cosas por mí.

Al llegar a la mansión, Olga recogió mi maleta y la de la señora Alisson, entre tanto, no tardaron en llegar Rousse y Candy, la cual al verme me dio un gran abrazo. Yo también me alegraba de verla. Me di cuenta de que Rousse me miraba incrédula pero con una mirada muy penetrante.

-Tengo que contarte algo. -Me dijo en susurros muy feliz Candy.

-Luego hablaremos más tranquilas, ahora iré a guardar la ropa.

La mirada de Rousse se había vuelto muy tenebrosa, podía verse claramente que estaba enfurecida pero se acercó a mí mirando de reojo a la señora Alisson.

-Siento mucho lo que te hice el otro día. -Dijo apretando los dientes.

-No pasa nada. -Esto lo contesté haciéndome bastante gracia, que una mujer así me pidiera disculpas obligadamente cuando no lo sentía en ningún momento.

-¡Por fin estáis aquí! -Exclamó la señora Claudia la cual saludó a la señora Alisson con dos besos en las mejillas. -Espero que tu culo haya estado a salvo Anna aunque nadie está a salvo nunca con Alisson. -Dijo dirigiéndose a mi con una sonrisa.

-Bueno… yo… -Contesté nerviosa.

-Tú te irás a tu habitación a escribir lo que estos días no has escrito. -Dijo tajantemente la señora Alisson.

-Sí, mi Ama.

-Uy, uy, ¿pero qué ha pasado entre vosotras? -Preguntó la señora Claudia curiosa.

-Ya te contaré Claudia, ahora no es el momento. Anna, a tu habitación, vosotras dos dispersaos y tú, Claudia, tú y yo tenemos que hablar.

La señora Alisson y la señora Claudia se fueron juntas hacia el despacho de mi Ama y yo me fui directamente a mi habitación. En el camino me encontré a Rousse y Candy que parecían estar discutiendo casi al lado de mi cuarto. Cuando quise darme la vuelta ya Rousse me había visto y mis pies se quedaron inmóviles en el sitio.

-Vaya, por fin ha vuelto la princesita. Ahora mismo ustedes dos me van a contar qué habéis estado haciendo mientras yo estaba en la mazmorra y por qué sois tan amigas.

-Simplemente conversé con ella y vi que no era tan mala como… creíamos…

-¿En serio te has creído eso Candy? Ella va de víctima y de rosa frágil pero no es más que una ricachona engreída que nos quiere quitar a nuestra Ama, entiéndelo ya Candy, o te lo haré entender yo por las malas. Y en cuanto a ti, estúpida princesita, no te voy a perdonar que por tu culpa la señora Alisson me haya castigado de esa forma, te voy a vigilar, te voy a hacer la vida imposible, vas a suplicar querer irte de esta casa. -Dijo Rousse cada vez más cerca de mi.

-Rousse… yo no… -Intenté decir.

-No me importa lo que vayas a decir. Cuéntame. ¿Por qué la señora Alisson te llevó con ella a Ámsterdam? Nunca nos ha llevado a nosotras y menos en el poco tiempo que lleváis de conoceros.

-No… no lo sé… -Dije con una voz casi inaudible sin dejar de ver a esos ojos furiosos.

-¿No lo sabes? -Dirigió una mano a su cabello y se peinó hacia atrás suspirando. Y de repente sin esperármelo, me cogió del cuello como si tratara de cogerme en peso. -¿No lo entiendes, no, princesita? Después de la señora Alisson y después de la señora Claudia, en esta mansión mando yo. Ninguna de vosotras dos podéis negarme ni ocultarme nada, sino lo pagaréis caro.

-¡Suéltala Rousse! -Exclamó Candy agarrándola del brazo.

Rousse dirigió su mirada hacia Candy quien a pesar de que podía observarse pavor en sus ojos seguía con su agarre. En cuestión de segundos, Rousse me soltó rápidamente para coger a Candy de su brazo y colocárselo detrás de la espalda, inmovilizándola y tirando hacia arriba para provocarle dolor. Candy por su parte intentaba zafarse pero el dolor era más agudo por lo que tuvo que quedarse quieta.

-¿Quien te crees que eres imbécil? ¿Te atreves a tocarme para defender a esta zorra? Te voy a enseñar lo que es bueno, así aprenderás a no rebelarte ni desobedecerme.

-Por favor… Rousse… -Suplicó Candy de dolor.

Yo me quedé helada y paralizada ante tales actos. No sabía reaccionar, no sabía qué hacer. Rousse me daba mucho miedo, en sus ojos se podía ver odio contenido durante mucho tiempo y era una persona con la que tener cuidado, sumo cuidado.

-Por favor Rousse… -Alcancé a decir. -Te diré lo que quieras saber pero… suéltala, no le hagas daño…

-Está bien. -Dijo soltándola. -Ahora dime Anna… -Empezó a decir tocándome algunos mechones de pelo y mirándolos como si quisiera arrancarlos, para después mirarme a los ojos calmadamente. -¿Por qué la señora Alisson quiso que te fueras con ella?

-No… lo sé muy bien… pasaron algunas cosas antes de que ella decidiera eso.

-¿Qué cosas? -Preguntó insistente.

-Entre ellas fue que estuve castigada encerrada en mi habitación… -Dije omitiendo lo de mi ataque autolesivo. - y que… la señora Claudia cuidaba de nosotras y entre eso pasó que la señora Claudia me besó y…

-¿La señora Claudia te besó? -Preguntó sorprendida.

-Sí… y después de eso la señora Alisson decidió llevarme con ella.

-Ahora entiendo todo… -Volvió a decir muy tranquila mirando a Candy. - Ahora… lo entiendo todo.

En esos momentos yo no entendía nada, Rousse miraba a Candy con reproche por no contarle nada o, eso suponía yo. Hasta que volvió su mirada en mi, me sonrió y luego, sin esperar esa respuesta, me abofeteó muy fuertemente haciendo que me tambaleara un poco. Volvió a acercarse a mi y de nuevo me cogió un mechón de pelo y se puso a jugar con él.

-Y… dime princesita… ¿qué pasó en el viaje?

-Na… nada importante… -Contesté con voz temblorosa.

-Así que nada importante… te lo voy a explicar otra vez… ¡Como vuelvas a…

-¿Cómo vuelvas a qué Rousse? -Preguntó la señora Claudia.

-Señora Claudia… -Dijo Rousse soltando mi mechón.

-Te he hecho una pregunta Rousse.

-Le quería decir a Anna que… si volvía a mentirme… sobre su estado de ánimo… me...enfadaría con ella. ¿Verdad Anna, que me habías mentido y me dijiste que estabas bien? -La miré a los ojos y aunque ahora parecía que estaba calmada, sabía que sino le seguía el rollo lo podía pasar muy mal.

-Sí, le mentí, no quería contarle de mis problemas personales para… no preocuparlas.

-¿Es eso verdad Candy? -Volvió a preguntar la señora Claudia.

-Sí, señora Claudia. -Dijo Candy sonando con una voz apenada.

-Es extraño… lo bien que os lleváis, ya hasta os contáis vuestros problemas teniendo entendido que no os caíais en gracia.

-Sí, es cierto señora Claudia pero yo le pedí perdón a Anna… ¿verdad Anna?

-Sí...sí, así fue. -Contesté con el corazón agitado.

-Bueno, más os vale estar en paz. Ahora, si me lo permitís, quiero hablar con Anna, a solas.

-Sí, claro señora Claudia, vámonos Candy, dejémoslas a solas para que hablen. -Dijo con un tono bastante alegre que para nada me proporcionaba seguridad.

-Vayamos al jardín Anna, quiero estar tranquila.

Cuando llegamos al jardín, nos sentamos en un banco frente a la fuente misteriosa.

-¿Por qué estás triste Anna? Te lo noté nada más verte.

-Bueno… pasaron algunas cosas en el viaje… pero… ¿no estaba usted hablando con la señora Alisson?

-Sí, pero ella recibió una llamada de la compañía de aquí de Barcelona y le va a llevar un tiempo. ¿qué cosas pasaron Anna?

-Bueno, no creo que deba contárselo a usted… por lo que pasó entre nosotras…

-Es cierto que te besé pero por una razón para mi de peso… desde que te vi Anna, sentí algo muy especial contigo, fue una conexión que no puedo explicar, me vi reflejada en ti de alguna manera y para mi, ahora, eres una persona muy importante porque yo siento…

-¡Una persona muy importante para ti! ¡Maldita puta desgraciada! -Dijo un hombre corpulento agarrando del pelo a la señora Claudia y tirando fuertemente de ella hacia arriba.

-¡Andrés, suéltame por favor! -Gritó la señora Claudia temblando e intentando mirarlo con pavor.

Me quedé muy paralizada al ver la escena, tanto, que por el momento, ni siquiera dije una palabra.

-¿Qué pensabas? ¿Que no iba a venir a buscarte después de irte de sumisa con la puta de tu amiga y de abandonarme? Y ahora juegas a ser amita… ¡Tú no vales para nada zorra! ¡Te voy a enseñar quien es tu macho!¡Las mujeres no tenéis derecho de ser dominantes! -Gritaba el hombre empujándola al suelo consiguiendo que esta cayera y se golpeara.

El tal Andrés se sacó el cinturón y comenzó a azotar la espalda de la señora Claudia, la cual lloraba desgarradoramente ante la fuerza de los golpes que ese señor le estaba dando. En un intento de valentía lo empujé para que dejara de pegarle y, entonces, se volvió a mirarme enfurecido. Alzó la mano que sujetaba el cinturón y segundos antes de golpearme con el, la señora Claudia se interpuso entre el objeto y yo y él la azoto en la cara, provocando un grito descomunal.

-¿Así que defiendes a una sumisa? ¡Entonces ella es importante para ti! Vaya… así que la puta de mi sumisa juega a ser ama y encima se ha enamorado de otra sumisa. -Dijo el hombre en tono burlón.

Inmediatamente, el hombre volvió a abofetearla hasta tirarla al suelo para quedarse enfrente de mi mientras yo caminaba hacia atrás, hasta que me tropecé con una piedra y caía de culo haciéndome mucho daño, pero lo que más me preocupaba era la impotencia de ese hombre sujetando aún el cinturón.

-Voy a destruir todo lo que Claudia toque, quiera o ame y si estás tú de por medio, también te destruiré a ti. -Y dicho esto el hombre alzó de nuevo la mano con el cinturón para azotarme con él, haciendo que cerrara los ojos de golpe como si así el dolor fuera más leve.

Me quedé unos segundos esperando el golpe y al abrir los ojos. Vi a la señora Alisson apuntando con una pistola la cabeza del susodicho.

Continúa en