HIPNOTIZADA. Capítulo 14
En la oscuridad de la sala de cine, los dedos de su ama suben por su pierna mientras el mundo exterior desaparece. Pero el placer es solo una parte del juego; los celos hieren más que cualquier castigo físico, y el pasado siempre encuentra la manera de llamar a la puerta.
-Aléjate de mi sumisa… -Dijo la señora Alisson con una voz templada pero amenazante.
El hombre se quedó quieto por un momento mirándome con cólera y odio en sus ojos. Soltó el cinturón y en ese momento llegaron Candy, la cual miraba la escena horrorizada y Rousse, que se mantenía impasible como si no fuera nada malo lo que estaba sucediendo.
-Tu sumisa, es tu sumisa… pero a la puta de la mía le gusta tu sumisa, ¿cómo lo llevas Alisson?
-Mis asuntos no son de tu incumbencia y Claudia ya no es tu sumisa, dejó de serlo hace mucho. ¡Supéralo Andrés!
-¡Esa puta dejó de serlo para irse contigo! ¡Lesbianas de mierda!¡Dais asco!
-No más que tú, que te haces llamar amo pero no eres más que un maltratador inseguro de sí mismo que necesita usar la fuerza para sentirse superior.
Eso me pareció diez puntos para la señora Alisson. Después de decir eso, pasaron unos segundos cuando el hombre rápidamente se dio la vuelta, le dobló la mano a la señora Alisson haciéndola tirar el arma y la abofeteó violentamente. Se acercó a ella y le dio una patada en el estómago. Inmediatamente reaccioné agresivamente, salió todo el odio que alguna vez sentí por los hombres y me abalancé contra él. Lo agarré del pelo y tiré tan fuerte que le arranqué bastantes dejándole una zona casi sin cabellos. Él volvió a darse la vuelta y me sujetó de las muñecas presionándolas, pero yo no sentía dolor, estaba enfurecida. Rápidamente volví a reaccionar y con toda la fuerza que habitaba en mi cuerpo multiplicada por tres, le dí una patada en su miembro viril. Él se tiró al suelo de dolor, sé que le di muy fuerte. No contenta con eso me acerqué a él para patearlo, como le había hecho a mi Ama, para que sufriera lo que es ser golpeado por alguien, pero la señora Alisson me agarró por detrás.
-¡Para Anna, para!
Yo no podía oírla, mi cólera me estaba controlando, la furia que sentía era enorme, quería descargarla contra él. Así que seguí intentando avanzar hasta su cuerpo pero también me agarró la señora Claudia. La señora Alisson se puso delante de mí, impidiéndome avanzar por completo.
-Ya está gatita, es sólo un miserable, no merece que estés así. Ya está por favor.
Yo seguía mirando al hombre sintiéndome descontrolada. Y entonces sentí sus labios sobre los míos. La miré y ella tenía los ojos cerrados. Me fui relajando sin darme cuenta, hasta que yo también cerré los ojos y pude sentir su beso, su preocupación y su amor en él.
Casi al instante de besarme aparecieron dos vigilantes de la mansión apuntando al hombre para que no se levantara de su sitio y nos volviera a atacar.
Cuando se apartó de mí para dejar de besarme, me miró tiernamente y me acarició la cara. Se volvió a uno de los guardias y le preguntó:
-¿Se puede saber dónde estabas metido para que este impresentable entrara a la mansión?
-Disculpe señora Alisson, debió entrar cuando fui al baño un momento.
-¡Pues si vas al baño llama a un compañero para que vigile la entrada! ¿Cómo se te ocurre dejarla sin vigilancia?
-Señora Alisson, el muchacho es nuevo y todavía no sabe algunas instrucciones. -Dijo el otro guardia.
-Está bien. Llamad a la policía y que se encarguen de él. -Dijo tajante la señora Alisson.
Los guardias agarraron al hombre y lo esposaron atrás en la espalda para llevárselo de ahí. Me fijé en que Candy estaba con la señora Claudia muy preocupada hablando con ella. La señora Claudia estaba llorando descompuesta, ese hombre debió hacerle mucho daño en el pasado. Por su parte Rousse estaba en su sitio quieta mirándome fijamente, estaba aparentando normalidad pero yo sabía que lo que había hecho la señora Alisson le estaba comiendo el alma con grandes bocados de odio.
La señora Alisson volvió a acariciarme la mejilla muy preocupada.
-¿Estás más tranquila?
-Creo… creo que sí, aunque aún tengo el corazón agitado.
-Se te pasará. Ven, vamos a ayudar a que Claudia se calme.
Nos acercamos a la señora Claudia que aún estaba en el suelo llorando desconsolada.
-Claudia… ya está, ¿vale? Ya se fue, no va a hacerte daño, no lo permitiré.
-Alisson, ¿qué le va a hacer la policía? ¡Nada! Sabes que él tiene amigos por donde quiera que vaya, pagará la fianza y saldrá libre otra vez… -Dijo cubriéndose la cara con ambas manos.
-Haremos una cosa. Te vendrás a vivir aquí, estarás bien. Si se acerca otra vez lo pagará muy caro.
-Tengo miedo Alisson. No quiero que os haga daño, ya lo has escuchado, destruirá todo lo que tenga que ver conmigo.
-Usted no tiene que tener miedo, es una mujer fuerte y segura, no puede permitir que él le haga sentir así. Tiene gente que la quiere y la apoya por cómo es. Yo la admiro señora Claudia. -Dijo de repente Candy abrazándola.
Todas nos quedamos en silencio ante las palabras de Candy que nadie se esperaba. La señora Claudia se quedó impresionada y, por un momento, pensativa, pero pronto le devolvió el abrazo a Candy.
-Tienes razón pequeña Candy, él no puede hacerme sentir así.
-Bueno, vayámonos de aquí, ¿qué tal si nos vamos a cenar y al cine todas juntas y olvidamos lo que ha pasado?
-Me parece buena idea Alisson, vayámonos. -Dijo la señora Claudia secándose las lágrimas con el reverso de la mano.
El momento de la cena fue muy agradable a pesar de que Rousse estuviera casi todo el tiempo en silencio y, de vez en cuando, me mirara con odio. Es como si con esa actitud me estuviera avisando de algo, podría sentir miedo pero estaba pasándomelo tan bien escuchando a la señora Alisson hablando de las anécdotas de cuando la señora Claudia y ella salían a divertirse y de cuando se emborrachaban. En una de sus historias contaron que una vez estaban tan borrachas que no sabían por donde tenían que coger para volver a sus casas y se quedaron a dormir en un parque de niños y que cuando despertaron era de día y ya había niños en el parque. Algunas mujeres se habían reunido para hablar y las miraban con espanto.
La señora Claudia parecía feliz en estos momentos, como si lo que había sucedido antes no hubiera pasado. Es curioso, ella parece tan imponente pero fue la sumisa de la señora Alisson y también de ese hombre. ¿Cómo una persona puede cambiar su personalidad sumisa a ser dominante? Yo creo que yo nunca podré hacer eso, no me gusta para nada ordenar ni dominar a nadie, mi carácter es muy sumiso, obviando por supuesto la actitud agresiva que tuve hoy. Pocas veces ha salido esa actitud mía, por no decir que sólo dos veces en la vida, una vez cuando un grupo de chicas del centro de menores donde vivía quisieron pegarle a mi mejor amiga y me entró toda esa agresividad para defenderla y hoy. Normalmente me sale cuando hacen daño a alguien que quiero mucho y me es muy difícil controlarme y parar porque toda esa agresividad me controla por completo. Me siento como un demonio sin orden en mi mente, es como cuando me dan mis ataques, no puedo pensar con claridad, lo que veo es lo que es aunque no sea así.
Después de la cena nos fuimos al Arenas de Barcelona a ver una película bastante interesante que elegimos Candy yo, porque Rousse dijo que le daba igual y seguía manteniéndose en silencio y a la señora Claudia y a la señora Alisson también les era indiferente. Candy y yo pedimos palomitas, ella saladas y yo de caramelo. Parecíamos dos crías. La verdad era que estaba contenta por ir al cine, he ido poco en mi vida porque no tenía con quien compartir estos momentos pero también estaba algo preocupada por lo que pasó con el tal Andrés. Tenía miedo de que le hiciera daño a la señora Claudia y sobre todo, a mi Ama, la cual conversaba con la señora Claudia apaciblemente. Rousse se mantenía al lado de la señora Alisson sin dejar de mirarnos a Candy y a mí. Ella no sonreía en ningún momento, tampoco valoraba el hecho de que la señora Alisson nos haya ofrecido ir al cine con ella. No sé, a lo mejor es normal y antes de venir yo a sus vidas iban mucho de salida.
Al llegar a la sala yo me senté al lado de la señora Alisson y la señora Claudia, Candy al lado de la señora Claudia y Rousse al lado de la señora Alisson. Me resultó muy extraño que Candy no se sentara donde estaba nuestra Ama y prefiriera estar junto a la señora Claudia.
La película estaba muy interesante, trataba de una pareja de un chico y una chica jóvenes que entraban en un recinto parecido a una cúpula gigante donde habían más personas y que sólo uno tenía que sobrevivir. Estaba muy entretenida viéndola cuando sentí la mano de la señora Alisson en mi pierna acariciándola y subiendo poco a poco hasta llegar a mi braguita. Inmediatamente dejé de prestarle atención a la gran pantalla para centrarme en su deseo. Comenzó a echar mi braguita hacia un lado para tocarme directamente con sus dedos. Masajeando mi clítoris suavemente y despacio. El calor se me subió directamente a las mejillas por la situación, a nuestros lados estaban la señora Claudia, Candy y, al otro lado, Rousse y me daba cierto rubor que nos vieran, sólo con girar sus cabezas podrían ver lo que estábamos haciendo. Cada vez subía más la intensidad y me acaloraba más, sus dedos eran tan expertos y me tenían tan mojada que en poco cuestión de tiempo me estaba viniendo el orgasmo, aunque yo no podía gemir ni un momento porque no querían que me escucharan. Cuando estuve a punto, comenzó a quitar sus dedos de mi clítoris, acto que me dejó sorprendida y estresada, necesitaba culminar de placer.
-Sigues castigada… -Me dijo al oído susurrándome.
La miré en modo suplicante pero ella me miró con aires de diva, se volvió hacia Rousse y comenzó a hacerle lo mismo. Me enfadé, me enfadé y mucho. Sé que no debería, Rousse también es su sumisa pero me daba rabia que ella pudiera tocar a otras y que yo tuviera que serle fiel, aunque tampoco quería irme con nadie, sólo quería estar con ella. En un arrebato de celos decidí comportarme de otra forma con mi Ama, quería vengarme, sí, vengarme por lo que me hacía sufrir y, entonces, se me ocurrió la idea de tontear con la señora Claudia. Ella tiene apego a mi, además me besó, eso significa que me desea y me dijo que yo era importante para ella.
Rousse sí pudo tener su orgasmo. Lo cual me enfadaba mucho más, que obtuviera el placer que mi Ama le estaba dando. No sé hasta cuando aguantaré que tenga a dos sumisas más. Me siento impotente, ¿por qué tengo que compartir el amor que siento por ella? Es que no ve que me lastima, que hace que mi alma llore desconsolada por ignorarme o por tener actos como estos. A veces creo que ella siente algo por mi, pero cuando hace estas cosas se me parte el corazón en cinco mil pedazos hasta quedar sólo arena de él. Y sufro, porque es cuando me doy cuenta de que sólo soy una sumisa y que no me verá jamás de otra forma.
La película terminó y nos fuimos andando hasta el coche. Me acerqué a la señora Claudia y la agarré del brazo cariñosamente para caminar junto a ella. La señora Claudia me sonrió amablemente aunque estaba impresionada por mi comportamiento.
Miré de reojo a la señora Alisson pero rápidamente aparté la mirada porque ella me estaba mirando y su mirada no era de estar muy contenta. Tampoco estaba haciendo nada malo, la señora Claudia no estaba intentando flirtear conmigo ni me estaba tocado de manera sospechosa, sexualmente hablando, sólo me puse más cariñosa con ella.
En el coche la señora Alisson iba conduciendo y a su lado estaba la señora Claudia, yo me senté en medio y a ambos lados estaban Candy y Rousse, la cual en un momento en el que la señora Alisson hablaba con la señora Claudia me pellizcó el brazo y se acercó a mi.
-¿Te ha gustado cómo me ha hecho gozar la señora Alisson? Ha sido… fantástico y fantástico porque… lo estabas viendo tú. -Me dijo susurrante al oído.
-No me importa lo que haya pasado entre vosotras, tú eres su sumisa como yo.
-Pero a ti te ha dejado a medias… a ella le gusta hacer sufrir a sus sumisas, sobre todo a las que son terceras, como te dije, se aburrirá de ti y te echará.
-O a lo mejor se enamora de mi y te echa a ti. -Dije con ínfulas para no sentirme inferior a Rousse.
-¡Eres una maldita perra! Cuídate de mi, Anna. -Volvió a decir soltándome el brazo que, por supuesto, me dolía bastante ya que me había pellizcado con fuerza.
Cuando llegamos a la mansión y nos íbamos a dormir, me despedí de la señora Claudia con un beso muy lento en la comisura de sus labios. Ella abrió los ojos impresionada y me miraba interrogativa, pero no dijo nada y miró a la señora Alisson quien aparentaba tener una actitud serena y fría.
-Buenas noches. -Dije. Y todas nos dispersamos para nuestras habitaciones.
A la mañana siguiente bajé al comedor a desayunar y ya estaban todas reunidas esperándome. La señora Claudia me miraba sonriente al igual que Candy, y Rousse… con esa seriedad e insuficiencia. Lo único que la podía hacer reír era cometer actos malvados o molestar a alguien. La señora Alisson me dio los buenos días, su actitud era rara, pensé que me hablaría mal y borde por lo de ayer con la señora Claudia. Ocultaba algo tras ese rostro inexpresivo.
Al sentarme, la señora Claudia me fue pasando las cosas para desayunar muy amablemente y Candy se las pasaba a ella. Hablaban sobre lo que hicieron después de que yo me marchara a Ámsterdam. La señora Claudia le había dedicado todo el tiempo exclusivamente a Candy porque Rousse estaba aún en la mazmorra. La llevó a distintos lugares tanto a comer como a cenar, a pasear por sitios bonitos de la ciudad, a comer helado que a Candy le encantaba e ir de compras para ambas. Me fijé en que Candy estaba muy ilusionada cuando hablaba la señora Claudia, no sé qué ha pasado aquí pero de temerle a tener esa sonrisa feliz…
-Quiero ir a cenar contigo esta noche Anna, a solas. ¿Te apetece? -Preguntó de repente la señora Alisson delante de todas.
Mi contestación se hizo esperar unos segundos por lo impresionada que me había quedado al oír su propuesta.
-Cla… claro que sí, mi Ama.
-Bien, ponte guapa aunque tú… -Dijo tardando en dar su mensaje. -Ya sabes, algún vestido sencillo te quedará bien.
-Sí, mi Ama.
Al terminar de decir mi frase, Rousse se levantó de la mesa.
-Ya he acabado, ¿puedo retirarme Ama? -Preguntó con voz notablemente irritada.
-Sí, Rousse, puedes retirarte, nosotras acabaremos pronto.
-Gracias Ama.
Al poco tiempo, terminamos todas de desayunar y cada una se fue a hacer sus respectivas cosas. Yo me dediqué todo el día a escribir hasta que recibí, después del almuerzo, la visita a mi habitación de Candy.
-Pasa, Candy.
-Te has pasado mucho rato escribiendo deberías desconectar un poco.
-Sí, lo sé, pero pronto tengo que entregar el libro a la editorial para que lo revisen y bueno… tengo que darle más caña, ya me falta poco.
-¿Por qué hiciste eso anoche Anna, por qué te comportaste así con la señora Claudia? -Dijo con algo de reproche.
-¿Te está gustando la señora Claudia, Candy? -Pregunté ilusionada.
-Bueno… no sé… no es tan mala y cruel como quiere aparentar.
-¿En qué te basas para opinar así?
-Bueno… los días que salimos, siempre me dedicó una sonrisa y no se metió conmigo para castigarme, antes lo hacía a menudo. Además, me llevó a muchos sitios cosa que nunca ha hecho y disfrutamos mucho juntas. No sé, he sentido algo cálido en el pecho que no sé explicar estando a su lado y me ha gustado ese sentimiento.
-Compañera… creo que… ¡te estás enamorando!
-¿Qué dices? Sólo he visto que es buena persona y que no merece lo que intentas hacer.
-¿Y que pretendo hacer según tú?
-Poner celosa a nuestra Ama pero no te das cuenta que con esa actitud le haces daño a la señora Claudia… ella te mira con ojos de enamorada si aún no lo has apreciado.
-¿Y qué sientes tú cuando ella me mira así?
-Al principio nada… ahora me da un poco de rabia, sinceramente.
-¡Te estás enamorando!
-¡Shhh! ¡Calla!¡No quiero que nadie se entere de nada! Aunque bueno,contigo puedo ser sincera, de repente todo lo que sentía por la señora Alisson ha pasado a segundo plano al estar estos días con la señora Claudia y ver que en el fondo es una mujer amorosa y detallista.
-No me lo puedo creer. Ojalá y podáis sentir lo mismo las dos. Es bonito sentirse enamorada pero no lo es tanto cuando no eres correspondida. -Dije apenada.
-¿Por qué dices eso Anna? ¿Pasó algo en Ámsterdam?
-Pasaron muchas cosas Candy. Muchas. La señora Alisson se comportó como si sintiera algo por mi y, en un principio, estuvimos de maravilla juntas pero la cagué cuando nos fuimos al Gay Parade de Ámsterdam y me emborraché y la lié. Desde ahí se ha vuelto más fría conmigo y bueno, es todo una novedad que quiera cenar conmigo.
-A lo mejor al ver lo que hiciste ayer… le afectó verte medio tonteando con otra y ha pensado que no puede verte hacer eso ni puede perderte.
-Esos son los sueños de una ilusa y, créeme, yo lo soy pero no llego a ese extremo.
-Bueno, dicen que de sueños se vive, vive soñando y luchando por ellos. Por cierto, ¿te ayudo a elegir vestido?
-¡Sí! Gracias Candy, me hacía mucha falta charlar un rato y evadirme de mi novela.
Elegí un vestido rojo ceñido, sé que no era algo sencillo pero me quedaba muy bien y me hacía lucir más mujer. Al bajar las escaleras la señora Alisson estaba de espaldas y también llevaba un vestido ajustado, pero de color gris. Ella se veía tan elegante. Cuando se dio la vuelta y posó sus ojos en mi, pude notar que me miraba entre sorprendida y con deseo.
-Te dije… algo sencillo. -Espetó.
-Decidí lo que mejor me quedaba y como mejor me sentía. -Contesté ignorando su intento de ordenarme.
La señora Alisson se quedó en silencio por unos momentos y me dijo: “buena elección”.
Al llegar al restaurante al que me iba a llevar, me quedé sorprendida por lo bien decorado que estaba. Una mezcla de colores entre blancos y madera clara. Daba un estilo muy natural con macetas y arbolitos en las entradas, barra y algunos que otros rincones. También cabe decir que el lugar era muy grande y había bastante gente, aunque por suerte, pudimos escoger una mesa libre.
Una vez que ya estábamos comiendo la señora Alisson me preguntó directamente sobre mi actitud con la señora Claudia.
-¿Qué te traes entre manos con Claudia, Anna?
-Nada, simplemente agradecerle los días que me cuidó. -Contesté con nerviosismo, no me esperaba esta pregunta.
-Agradecerle… ¿de esa forma tan cariñosa? Podrías provocar que Claudia se acerque a ti y vuelva a tocarte como el otro día, ¿se te olvida lo que pasó?
-No creo que la señora Claudia vuelva a hacerme eso de nuevo.
-¡Ah! ¿No crees? Yo también te toco con deseo, ¿por qué no reaccionas así?
-No… lo sé. -Dije más nerviosa, la verdad es que hablar de esto me estaba recordando a ese día y también empezaba a recordarlo a él.
-¿Por qué te pones tan nerviosa? ¿Acaso pasó algo más entre Claudia y tú que no me hayas contado?
-No es eso… es que… he recordado ese momento y he vuelto a… recordarlo a él.
-Anna… ¿por qué le tienes tanto miedo? Lo que te dijo, como te trató y lo que te hizo… ya pasó. No son más que las palabras de un cerdo enfermo. ¿No puedes pensar en otras personas que sí te hicieron feliz?
-Es difícil, sólo puedo pensar en mi padre y, esos recuerdos con mi tío, ensucian mi antigua casa.
-Osea, ¿que ves tu barrio como algo negativo sólo porque él te hizo daño?
-Sí. Y también porque no salía mucho de casa y si salía, los niños del barrio se metían conmigo.
-¿Pero no ves quien eres? ¿En lo que te has convertido? Hay mucha gente de ese barrio que no habrá ni podido salir de ahí por los motivos que fueran y no pueden vivir su vida. Tú, sí.
-Bueno… -Dije no muy convencida.
-Sabes qué, en cuanto terminemos la cena me vas a llevar a tu antiguo barrio y me vas a llevar a ver también en que piso vivías, para que veas que ya nada del pasado puede hacerte daño.
-¿Crees que sea buena idea?
-Sí, tienes que enfrentarte de donde saliste despavorida y ver que no hay nada malo.
Terminamos de cenar y le di mi antigua dirección. Bajamos del coche al llegar y le fui enseñando sitios donde frecuentaba ir cuando salí, a un parquecito que había en el barrio donde jugaba todos los niños. Llegamos a mi antiguo piso y entonces vi luz de una de las ventanas.
-Ha pasado mucho tiempo, supongo que ya habrá ahí una familia conviviendo. -Dije mirando algo nostálgica.
-¿Qué sientes Anna?
-Siento un poco de nostalgia, pero también un poco de recelo hacia este lugar.
-Entiendo, no debes…
De repente, del edificio se escuchó un portazo en la puerta principal y giramos nuestras cabezas para ver a una señora maldiciendo al aire con un cigarrillo en la mano y una bolsa de basura en otra.
-¿Para qué demonios me fui con este imbécil? -Dijo la señora.
-¿Mamá? -Pregunté sorprendida.
Se veía muy estropeada, pero sí, era mi madre.
-¿Anna? ¿Eres tú, hija? -Se acercó a mi. -¡Vaya!¡Cómo has cambiado!
-Sí… ya soy una mujer… -Dije en tono de reproche. -No entiendo qué haces aquí… te fuiste…
-La casa era de tu padre, que la heredó de tu abuelo y al estar casada con tu padre la casa me pertenece y volví aquí cuando perdí la otra casa por no poder mantenerla…
-¿Tienes problemas económicos? Tengo entendido que cuando te fuiste, tu aman… tu pareja tenía un buen trabajo.
-Sí, pero lo despidieron y ahora sobrevivimos con lo que tenemos y él encuentra. Cuéntame Anna, tengo entendido que eres escritora y, además, famosa.
-Sí, lo conseguí, conseguí mi sueño.
-¡Qué bien hija! Algún día me contarás cómo son tus historias y…
-¿Subes o tengo que ir a por ti y que me hagas moverme de aquí? -Dijo de repente la voz de un hombre alterado.
Miré hacia arriba donde oí que provenía la voz y era un hombre con aspecto regordete asomado en la ventana de mi antigua casa.
-Sí, no tardo en subir, voy enseguida. --Contestó mi madre sumisamente, algo que nunca había visto en ella.
-Mamá, ¿esa es tu pareja con la que te fuiste?
-Sí, hija.
-¿Te maltrata?
-No, hija, es que él es un poco nervioso…
-Te maltrata. -Dije afirmando.
-Bueno, es que él es un poco nervioso y, a veces, se le escapa la situación de las manos, pero él no quiere hacerme daño, después se porta muy bien conmigo.
-¿Y usted lo cree? -Preguntó la señora Alisson molesta, de quien me había olvidado de que estaba con nosotras.
-¿Quién es usted? --Preguntó mi madre.
-La pareja de su hija, Alisson Myers, encantada.
-¿Eres lesbiana hija? -Dijo mi madre sorprendida.
-Sí, mamá.
-Ah…
-Mamá deberías alejarte de él, las personas así nunca cambian sólo mejoran en ser peores.
-Debo irme ya, hija, no quiero que se enfade.
-Pero mamá…
-Adiós hija.
-Espere señora… tome esta tarjeta con mi dirección y teléfono, por si necesita ayuda. -Dijo la señora Alisson tendiéndole la tarjeta para que la cogiera.
-Gracias Alisson.
Nos fuimos del lugar, no sin mirar varias veces hacia detrás, hacia aquella ventana iluminada por la luz de mi casa, por si veía algo pero me alejé y no pude ver nada más.
De camino a la mansión estuve en silencio, pensativa en lo que había pasado hacía un momento. No puedo creer que mi madre esté viviendo esa situación, ella era dominante y no se dejaba tratar mal por nadie o, al menos, así la veía yo.
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- Relato #190866— title-regex: contiguous parts (13 -> 14)
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