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Dominaciónago 2022

HIPNOTIZADA. Capítulo 16

La tierra bajo sus pies y la cuerda en sus muñecas no eran el único nudo que las ataba. Alisson no buscaba solo castigarla, sino romperla para encontrar la verdad. Y cuando el dolor cesó, solo quedó el silencio de un secreto que ambas habían guardado demasiado tiempo.

anastorum2.5K vistas9.2· 5 votos
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Fuimos con el coche hacia un sendero a fueras de la ciudad. Su atuendo y sus zapatos no eran para coger por esos caminos pero aún así, ella llevaba esa falda negra ceñida a su cuerpo por encima de las rodillas y una camisa blanca muy bien planchada y escotada que le quedaban divinamente y bueno, sus tacones negros, que a pesar de que íbamos transitando por suelo de tierra con pequeñas rocas, caminaba como si fuera un suelo liso.

En el coche no hablamos de nada, simplemente escuchamos la música y ahora, ella seguía en silencio mirando el paisaje, parecía muy cómoda y estar disfrutando del momento.

Lo que se me hacía raro era que llevaba su bolso, no se para qué le iba a servir su bolso aquí. Nos estábamos acercando a una zona más verde llena de árboles que daban mucha sombra. Cuando entramos ahí, la señora Alisson se paró de repente, por lo que yo hice lo mismo también y, entonces, bruscamente me cogió del cuello y me llevó de espaldas hacia el tronco de un árbol. La miré y me estaba mirando a los ojos hasta que me besó y metió su lengua en mi boca buscando la mía, la cual encontró fácilmente porque me excité bastante al ser tan repentino.

Llevó una de sus manos a mi pezón derecho y comenzó a tocarlo suavemente para después retorcerlo con fuerza. No podía parar de gemir en su boca al contacto con sus manos y ella no dejaba de apretar la mano que tenía en mi cuello.

-No te voy a perdonar… -Dijo entre jadeos y besos. -Que me hayas vuelto a mentir y que… me hayas hecho creer que estabas liándote con Rousse… -Apretó más mi cuello.

-Lo… lo siento… mi...Ama… -Dije sin apenas articular palabra.

-Vas a aprender… a no volver a mentirme Anna… Dame tus manos. -Ordenó de repente después de haberme mirado a los ojos con una mirada muy sensual.

Puse mis manos juntas por inercia, lo que no me esperaba es que sacara de su bolso una cuerda que ató, primero, a una de mis manos, luego rodeó el árbol y ató la otra. No podía moverme, estaba completamente pegada al tronco.

Sacó unas tijeras y comenzó a cortar mi ropa.

-Mi Ama… mi ropa… -Dije con sorpresa.

-No te va a hacer falta durante unos días, no tienes derecho a llevarla. -Dijo fulminante.

Dirigí mi mirada hacia otro lado en señal de arrepentimiento.

-Ahora voy a usar contigo un aparatito muy curioso, se llama The Flex Capacitor y produce descargas eléctricas que no te van a gustar nada.

-¿Descargas eléctricas? -Pregunté asustada.

-Sí… ese es tu castigo y por más que grites nadie va a oírte, así que grita lo que quieras. -Dijo metiendo su mano nuevamente en su bolso para sacar el objeto.

La miré aterrada, el producto era como un palo de color blanco que tenía en la punta un círculo semi cerrado de color negro.

Fue acercándomelo poco a poco a mi cuerpo desnudo mirándome a los ojos mientras sonreía ladinamente, así daba aspecto de sádica. Cuando el objeto tocó mi cuerpo no pude contener un grito que salió de mi boca al contacto.

-Por favor… -Supliqué.

-Por favor, ¿qué? Llevo desde que fuiste mi sumisa soportando tus mentiras, ¿tienes una idea de lo mal que lo paso cuando lo haces?

-No me gusta hacerlo, no me gusta mentirte pero tengo miedo… -Dije aguantando mis lágrimas.

-¡Pero lo haces! -Volvió a decir dándome otra vez con el aparato.

-¡Ahhh! ¡Por favor mi Ama! -Grité llorando a mansalva.

-¡Lo haces y me lastimas! -Gritó tocándome con él.

-¡Por favor! ¡Te lo suplico! ¡No volveré a mentir!

-¡Mentira! ¡Siempre lo haces! ¿Es más importante el miedo a Rousse que el respeto hacia mí?

-¡Nooo! ¡Por favor, para!¡Para!

-¿Qué pare? ¡No! Vas a entender de quien eres de una vez…

-¡Soy tuya!¡Sólo tuya!

-No te creo Anna…

-¡Sí!¡Es la verdad!¡Yo te amo!

En ese momento, la señora Allison paró de darme descargas para mirarme de una forma en la que jamás me había mirado. Intentaba buscar algún rastro de falsedad en mis ojos, lo podía ver claramente.

-Yo… te amo… desde que te vi por primera vez, sólo que… no sabía qué era ese sentimiento que me inundaba. Era diferente a todo lo que he sentido en mi vida. Siento que estoy conectada contigo, que eres parte de mí y que, ahora, sin ti, en mi vida existiría un vacío muy grande que sólo puedes llenarlo tú porque a pesar de tu forma de ser, sé a ciencia cierta que escondes otro lado, un lado tierno y amoroso que por algún motivo ocultas, pero te quiero así. -Dije todo eso sin parar de llorar con el corazón encogido y sin dejar de mirar al suelo.

La señora Alisson sólo me observaba en silencio, hasta que suavemente me cogió del mentón y elevó mi cara hasta la suya, la miré a los ojos y se acercó a mi boca lentamente, sin dejar de mirar los míos y, entonces, depositó un dulce beso en mis labios. Lento. Tierno. Suave. No pude evitar cerrar los ojos al contacto con sus labios y sentir de manera tan inmensa su beso. Quizás eran cosas mías pero era como si me estuviera correspondiendo y me estuviera diciendo que también me amaba.

Después de un largo momento besándonos, las manos de la señora Alisson se deslizaron por mis caderas lentamente, acariciándome con cariño. Los besos fueron más agitados y cada vez subían más de intensidad. Mi cuerpo al poco tiempo comenzó a tener calor y notaba en mi entrepierna que mi clítoris palpitaba. Abrí más mis piernas y entonces la señora Alisson tocó mi sexo por encima acariciándolo sin penetrar ningún dedo.

-Por favor… -Dije casi susurrando en sus labios.

-Por favor, ¿qué? -Dijo ella también en voz baja.

-Hazme tuya… -Dije mordiéndome el labio inferior.

La señora Alisson no lo pensó dos veces y me penetró dos dedos fácilmente debido a mi lubricación.

-Estás muy mojada, gatita. -Dijo con voz ronca.

-Tú… me pones así… -Contesté.

Sus besos por mi cuello eran muy húmedos y calientes, recorría todo mi cuello hasta las orejas y de ahí hasta mi pecho, dándolos suaves y lentos. Yo me aferraba con mis manos al tronco del árbol, tenía un sentimiento en el pecho que se agolpaba con cada beso y con cada caricia. El placer pronto recorrió todo mi cuerpo mientras podía sentir sus manos sobre mi piel, cada gesto, cada movimiento. Silenció mi orgasmo con un beso pausado, mientras intentaba sostenerme en mis piernas las cuales estaban temblorosas.

La señora Alisson comenzó a desatarme y me pidió que me sentara junto a ella debajo del árbol. Puse cara de no querer hacerlo porque yo estaba desnuda y la idea de sentarme en ese suelo no me gustaba. Lo cual ella intuyó por mi gesto de desaprobación y me ordenó que me colocara sobre sus piernas.

-Siento si a veces soy muy dura… -Empezó a decir. - No sé comportarme de otra manera, soy comprensiva pero la vida me ha enseñado que debo serlo para no cometer errores…

La señora Alisson me abrazaba pero se quedaba mirando al frente, con la mirada perdida.

-Yo… no sé por qué eres así, pero así te conocí y quiero seguir a tu lado, aunque tú no sientas lo mismo que yo… -Dije apenada.

-Nunca amé a nadie, no sé lo que es amar.

-Entonces, ¿te casaste sin amor?

-Me casé por agradecimiento, pero no, no me casé por amor.

-¿Por agradecimiento?

-Sí, es una historia muy…

-No importa, quiero oírla. -Interrumpí.

La señora Alisson me miró con esos ojos que tanto me cautivaban, con una mirada amorosa y por primera vez, con temor.

-Desde pequeña… siempre sufría las palizas de mi padre y cuando cumplí los dieciséis él me vendió a un chulo que también hacía lo mismo, sobretodo cuando no obedecía. Con él también estaba Rousse, su familia también la había vendido a Ismael. A los años conocí a Roberts, él nos contrataba porque simplemente le gustaba ir de putas. Él se hacía pasar por amo dominante pero en nuestras citas él sólo quería ser sumiso. Siempre lo mantuvo en secreto. Hasta que decidió comprarme porque quería casarse conmigo. Al tiempo, él murió de cáncer de pulmón, fumaba mucho y la quimioterapia no pudo salvarle. Él siempre me trató bien, nunca me puso una mano encima mientras yo no quisiera, yo siempre mandaba y se enamoró de mí. Así que le dio una fuerte suma de dinero a Ismael para comprarme y me casé con él porque él sabía que estaba muy mal y quería que yo heredara todo sus bienes. Yo lo cuidaba y sentía cariño por él, también sentía pena porque él siempre había estado sólo, su familia sólo lo quería por su fortuna, por eso él quiso dejarme todo a mí, porque yo me entregué a él sin importarme si después me quedaba en la calle o no.

-Vaya… al menos no murió solo, te tuvo a ti.

-Sí, eso es lo único que me hace feliz a veces entre tanta oscuridad.

-Entiendo que… sufrir maltrato físico y ser obligada a prostituirse podría haberte destruido, a mi me ha hecho tener TLP, no entiendo como tu pasándolo aún peor que yo estás aún de pie.

-Anna… ¿no te das cuenta? Tú también estás de pie, a pesar de todo y no, yo no lo he pasado peor, cada cerebro se daña de una forma diferente que otros, cada cerebro recibe el maltrato psicológico de distintas formas, todos no somos iguales.

-¿Y por qué tú no tienes TLP o algún otro trastorno?

-No lo sé Anna, quizás lo tengo pero nunca me he tratado, ¿sabes? Yo soy muy maniática del orden, obsesiva con las reglas, no admito errores y soy muy dura para dejar que alguien entre en mi alma.

-Ahora me estás dejando entrar…

-Poco a poco...¿vale?

-Y ¿por qué Rousse está contigo?

-Porque Rousse ya estaba ahí cuando llegué, se llevó palizas para defenderme de Ismael, me cuidaba cuando yo lloraba, ella me vio llorar pero también me ha visto convertirme en una piedra fría y dura. Porque las dos somos iguales. Así que cuando Roberts falleció la compré y la compré con esa condición, con la única condición que podría tenerla a mi lado y darle una vida digna. Porque ella no tiene nada, ni estudios, ni experiencia de trabajos, absolutamente nada y no quería que acabara en los mismo. Aparte yo necesitaba el control que Roberts me había proporcionado y que también me di cuenta en esa etapa de que no me gustaban los hombres sino las mujeres.

-¿Tú y Rousse...iguales? Eso no puede ser, Rousse es mezquina.

-Sí, somos iguales, hemos sufrido lo mismo, pero ella está celosa y no controla sus emociones, creo que he sido demasiado benevolente con ella todo este tiempo.

-Y respecto a la señora Claudia...¿por qué fue su sumisa?

-Lo de Claudia… es complicado… Roberts era amigo de ese gilipollas, obviamente él no sabía que Roberts era sumiso. Él traía a Claudia como a una perra, con su collar y hasta con una cola de pony metida en el culo, la hacia pasearse por todo el salón y comerle los huevos delante de todos y si hacia algo mal por muy pequeño que fuera le pegaba, sí, le pegaba, uso ese término porque eso no eran azotes ni castigos eso era maltrato, a veces le partía hasta el labio o le dejaba un ojo morado, pero Roberts era un sumiso y no decía nada y yo supuestamente era una sumisa y no podía meterme en nada. Cuando Roberts murió necesité un abogado y di con ella en un bufete de abogados y ella casi ni podía mirarme de la vergüenza que sentía. De repente salió de mí, mi lado dominante y le hablé para que sacara fuera lo que sentía y esa mujer en ese despacho se desmoronó y lloró a mares, a partir de ahí, le ofrecí mi amistad y le dije que contara conmigo. A escondidas me llamaba cuando pasaba algo, hasta que un día la descubrió hablando conmigo y lo escuché gritarle y colgó, entonces fui a buscarla con la policía a su casa y lo detuvieron, le había pegado una paliza, tenía la cara ensangrentada y dos costillas rotas. Estuve con ella en el hospital hasta que se restableció y la invité a estar en mi casa una temporada y entonces todo surgió, lo de la sumisión, porque ella necesitaba eso, hasta que con el tiempo, ella ganó confianza y se dio cuenta que no era eso lo que ella realmente quería sino que quería dominar. Obviamente tampoco quiere saber nada de los hombres, le dan miedo.

-Vaya, nuestras historias, tanto la mía, la tuya, la de Candy, Rousse y la señora Claudia tienen bastante dolor.

-Pues sí y deberíamos irnos ya porque está empezando a hacer un poco de frío y te vas a helar.

La señora Allison puso la calefacción en el coche, ya el verano estaba pasando y se notaba como descendían las temperaturas.

Al llegar a la casa y bajar del coche, la señora Alisson se acercó a mí, me rodeó con sus brazos y me cogió en peso.

-Hace frío. -Dijo.

Y me acurruqué en su cuello.

Cuando entramos a la casa casi nos chocamos con Rousse, la cual estaba desnuda. Miró a la señora Alisson horrorizada pero el semblante le cambió cuando me miró a mí en sus brazos y se sus ojos cambiaron a pasar a enfurecidos.

-Perdona Alisson, se me escapó. -Dijo la señora Claudia que estaba detrás. - La solté un momento para que hiciera sus necesidades y…

-No pasa nada, Rousse ya no está castigada. -Dijo la señora Alisson sin ningún gesto de molestia en su cara, al revés con gesto sereno.

-A...Ama… -Dijo Rousse impresionada.

-Sí, no pasa nada. La expondré en la próxima fiesta BDSM, todo aquél que quiera tocarla tendrá derecho bajo mi consentimiento.

-Pe...pero… -Dijo Rousse aturdida.

-Aprenderás a acatar mis órdenes y serás ignorada hasta el día de la fiesta. No hay más que hablar. Ve a tu habitación y no salgas de ahí hasta mañana.

-Sí, Ama. -Dijo Rousse agachando la cabeza, para después marcharse.

-¿Permites que tus invitados toquen a tus sumisas? -Pregunté incrédula.

-Casi nunca, lo hice una vez, ¿verdad Claudia?

-Sí… -Dijo Claudia agachando la cabeza. -No me lo recuerdes.

-¿Por qué no? Fue la primera vez que te rebelaste y me hiciste sentir cruel, como si no tuviera sentimientos, ¿lo recuerdas?

-Sí, te dije que tú no sabías nada de la vida que sólo habías sido una prostituta cualquiera… perdón Alisson, no debí… -Dijo Claudia con la cara descompuesta.

-Anna ya lo sabe, justo hoy le conté todo.

-Debes ser muy especial para Alisson para que haya hecho eso Anna.

-¡Oye Claudia!

Claudia se encogió de hombros.

-Anna, ve a tu habitación, mi amiga y yo tenemos que hablar largo y tendido. -Ordenó la señora Alisson dándome una palmada en el culo.

A la mañana siguiente me desperté tarde, había tenido un sueño bastante húmedo con la señora Alisson.

Continúa en