Doña Korina - Parte 3
La cuarentena encierra a Korina en su departamento, pero su ansiedad sexual la mantiene despierta. Decidida a romper la rutina de veintisiete años de matrimonio, decide cruzar la línea que siempre temió: el sexo anal. ¿Qué pasará cuando su esposo, provocado por su provocación pública, pierda por completo el control?
Doña Korina:
Parte 3.
El 20 de Marzo, 2020, el Gobierno había decretado una extensa cuarentena obligatoria. En un principio dudaría 15 días, pero a medida que avanzaba los casos, estiraban los plazos de aislamiento.
Mi hijo, muy astuto, se había refugiado en el departamento de su novia, y mi marido Alberto, tan solo cumplió 2 semanas. Como, aún, no había superado los 60 años debía asistir a la empresa donde trabajo por más de 35 años.
Tuvimos dos semanas maravillosas de convivencia en armonía. Hacíamos todo juntos e inclusive nos mandamos una limpieza profunda en nuestro hogar.
Mi ansiedad sexual seguía intacta, y mis relaciones maritales me resultaban insuficiente para calmar la tensión..
Mientras, por las mañanas,mi marido leía el periódico en el comedor. Me iba al dormitorio para espiar a una pareja de vecinos jóvenes que se la pasaban enganchados, día y noche, como perros callejeros. Al tiempo vería a esa misma chica embarazada, y con cara de santulona haciendo las compras por el barrio.
Siempre me sorprendía sentir que mi mano se iba hacia mi entrepierna de manera compulsiva. Era muy exitante verlos en acción.
Uno o dos orgasmos eran suficiente para seguir las pocas actividades del día con tranquilidad.
Seria muy aburrido Contar mis relaciones con mi marido. No siempre fuimos así. Tuvimos nuestros tiempos de pasión, como toda joven pareja.
Nuestro sexo consiste en besarnos las partes hasta el orgasmo (uno)..por lo general, Alberto se acuesta boca arriba y Yo trabajo sobre su miembro. Al mismo tiempo el juega con mis agujeros, y de forma simultánea terminamos juntos. Eso es todo.
Solo una vez, de vacaciones, intercambiamos roles donde Yo hacía de hombre.
En una galería del centro me compré un arnés con un pene de goma negro, y en el hotel donde nos hospedabamos, y durante tres días, lo penetre como mujer.
No estuvo mal, me había resultado muy exitante.
Más de una vez quise repetir la experiencia, pero nunca me anime a pedírselo. Se, que Alberto se sintió avergonzado.
No se como serán en la intimidad los otros matrimonios como el nuestro. Lo que nos pasa es 100 % natural, nunca leímos un manual de como debería ser. Es Así y punto.
La pucha!!!, tenemos 27 años de matrimonio, ¿ que puedo pretender?
No me siento disconforme, porque para nosotros el sexo no lo es todo. Compartimos un montón de tiernos momentos y disfrutamos ver crecer a nuestro único hijo.
Aun nos quedaban 5 días de confinamiento, y en el fondo de mi corazón deseaba despertar en mi marido al " Lobo Feroz "....Ese tipo de bestia que agarra (de garra) a la hembra y la fecunda para perpetuar la especie....El que pelea con otros machos para quedarse con el premio mayor.
Pero, ¿ cómo conseguirlo?, sin utilizar la pastilla azul. ¿ Como tentar _lo?, sin hacer que vea videos porno.
Tenía una pista..., muy pequeña:
Recordé que de jóvenes, Alberto, quería tener sexo por mi recto.
Siempre me había negado por miedo al dolor.
Lo habíamos intentado, pero nunca logré soportar la mitad de su glande.
Cuando sentía que " golpeaba la puerta" me cerraba con fuerza y no había estímulo que la abriera.
En nuestras relaciones pude observar que eyacula con más fuerza cuando tiene uno de sus dedos dentro de mí ano..
Por respeto nunca me volvió a insistir, y Yo nunca se lo insinue.. A pesar de la enorme cantidad de años que estamos juntos bajo el mismo techo seguíamos teniendo pudor en ciertos temas.
Una tarde, cuando mi marido dormía la siesta, le escribo por WhatsApp a mi amiga Gladys, para pedirle consejos sobre el tema:
Su primera reacción fue de burla, y después con más seriedad me dijo: Mucha lengua, relaja y respira profundo cuando sientas que la " cosa " está entrando. Nada más.
Como no quería prometer algo que no podría cumplir, empecé a practicar los consejos de mi amiga, sola y en el baño.
Buscaba por la casa pequeños elementos que no pudieran lastimarme y me los penetraba de a poco, respirando profundo y aguantando el aire por cada centimetro ganado.
No sentí placer, al contrario me provoco ardor y molestias crónicas al sentarme.
Seguí buscando y buscando artefactos que me hicieran sentir bien, hasta que di con una bola de acero inoxidable sujeta a una varilla de metal, que guardaba mi hijo en una caja bajo la cama, que resultó ser la decoración de una vieja reja de la casa de su suegro.
Tenía el tamaño parecido al glande de mi marido.. y, al sentarme sobre la esfera, con un poco de crema, entraba sin esfuerzo provocando me grandes y nuevos placeres.
Fue cuestión de relajarme, como me dijo Gladys, para sentir el goce.
Esa misma tarde, me le insinuó a mi marido.
Me Puse una remera blanca, corta y mi bombacha rosada transparente favorita. Fui hasta la cocina, busque la escoba y me puse a barrer las hojas que habían caído en el balcón.
Alberto, preocupado por la mirada de los vecinos. Me pidió que entrará. No se si sintió celos, pero me empezó a perseguir por el departamento mientras hacía los quehaceres.
Para colmo desde otro edificio un hombre mayor de edad se había quedado mirándome. Y mi marido, desesperado, se puso a cerrar las cortinas.
Me pregunto si era la primera vez que limpiaba la casa vestida de esa manera. Le contesté que no, y que también lo hacía desnuda (en el fondo, era cierto).
Con la cara roja, y sin decirme nada, se fue a tomar la pastilla de la presión arterial.
Cuando regresa del baño, y con miedo de que otros tipos se devoren a su mujer: volvió desnudo y con el miembro duro.
En el medio del living, tomo mi cabeza y la llevo hasta su pene para que se la chupe. No me resisti. Fui una sierva obediente.
Después, me puso de espalda y con la punta del glande busco mi ano.
Hice una reverencia en señal de aceptación, y con la fuerza de un joven empujó buscando " romper".
Una catarata de placer y dolor inundó mi cuerpo. Mientras me iba empujando por toda la habitación, hasta el dormitorio de nuestro hijo. Y, antes de tocar la cama sentí su semen tibio dentro de mí.
Mi " Lobo feroz" quedó agotado y de rodilla. Yo, extendida en la cama con el corazón a mil latidos por minuto.
Nos empezamos a reír, y como dos enamorados nos fuimos a bañar juntos.
Antes de cerrar la puerta, vi por la ventana que el hombre mayor había visto toda la " salvaje" relación. Fue las únicas cortinas que Alberto no cerró.
Continua
Korina Alejandra
Buenos Aires
Continúa en
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