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Confesionesene 2023

Doña Korina - Parte 4

La cuarentena encendió en ella una fiebre que su marido ya no podía apagar. Cuando el repartidor de periódicos apareció en el pasillo, la tentación fue más fuerte que el miedo a ser descubierta. Un beso prohibido, un cuerpo extraño y el riesgo de quedar embarazada cambiaron todo.

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Doña Korina:

Parte 4

Mes de Abril del 2020. Mi marido seguía de licencia por cuarentena. Aún no se veía en el horizonte una solución real respecto al Covid.

Mi hijo Hector (27) seguía confinado en la casa de su novia (Sandra) y nos seguíamos viendo a través de la cam del teléfono.

Y, por mi parte me había puesto a estudiar on line todo lo referente a la cocina.

En aquellos días soñaba con realizar un emprendimiento, desde mi hogar, preparando comida para vender a los vecinos del barrio. (al final lo hice, y me fue relativamente bien).

Transcurría los días con normalidad y armonía. Convivir con Alberto las 24 hs. Me resultaba de lo mejor.

Día por medio teníamos relaciones menos tradicionales, con cambios de roles y un poco más intensas que cuando trabajaba todo el día. Lógico. Estaba más descansado..!.

Me había vuelto la activa de la pareja, siempre terminábamos con dos de mis dedos en su ano.

Pero, en el aislamiento obligatorio, tambien comprendí que estaba teniendo problemas conmigo misma:

Había aumentado mi necesidad de beber alcohol, durante la noche sufría de insomnio, y lo que consideraba más extraño era el hecho de masturbar me a escondidas y todos los días.

Sentía que algo extraño me estaba sucediendo..., y mis necesidades por tener coitos constantes iban en aumento. Era como tener fiebre, y no poder bajarla si no fuera con la ayuda de otras personas ajenas a mi hogar.

A veces sufria temblores en mis manos. Y sudaba sin razón. Mis fantasías eran raras y masoquista.

Lo único que me calmaba era hacer ejercicios con mucha intensidad y una buena ducha, con autosatifaccion incluida.

Durante la semana una gran variedad de hermosos jóvenes nos traían la mercadería del Super, pero los atendía siempre mi marido. Porque era El quien pagaba $.

En cambio, Los domingos me tocaba recibir las revistas y los periódicos. teníamos una cuenta corriente con el kiosco y no había necesidad de soltar efectivo.

Durante años siempre vino el mismo muchacho. Julio.

De cariño le decíamos " Julito ". Tendría más de 30 años, aunque aparentaba un poco más por la prematura calvicie que había sufrido de joven.

Julito parecía el típico duende de las películas: Apenas sobrepasaba el metro cincuenta de estatura, era delgado y, de nariz y orejas muy grandes. El centro de su cabeza no tenía cabellos, y los pocos que le salían, castaños claros, por los costados eran largos y ondulados.

Sus pies y manos, también, eran grandes.

Caminaba apurado moviendo sus nalgas perfectamente redondeadas y exitante, se reía mucho, y su voz sonaba aniñada.

Juraría que nunca había tenido una novia. No era ese tipo de hombre que gustará de la conquista. Era más bien neutro, indiferente, asexual.

Sopese la idea de tener un encuentro carnal con Julito, pero temía por su reacción. Era muy amigo de mi marido y hacia mucho tiempo que se conocían.

Aun faltaban un par de días para verlo, pero Ya se había instalado en mis fantasías. Y, sabía muy bien lo que eso significaba. Lo intentaría!!.a pesar de todo riesgo.

Cuando, al fin, llegó el domingo. 7:40 am estaba sentada en el comedor, descalza, vestida con mi camisón blanco y con los pezones en punta.

Mi marido dormía, y para que no lo despierte el timbre había dejado la puerta del departamento entre abierta para verlo llegar.

8:10 am escuche su inconfundible manera de caminar al subir las escaleras, y salí corriendo hasta el pasillo para esperarlo.

Lo recibí con una gran sonrisa. Pero, al verme sin barbijo, no quiso acercarse. Me sentí patética. Volví al departamento en puntas de pie para no hacer ruido, y tome el barbijo que había dejado en mi cartera.

Una vez Frente a Julito y con los labios tapados por una tela, Le di un beso en la boca.

Moralmente me sentí bien, porque mi piel no toco la suya.

Al ver que no reaccionaba le di un segundo y más largo. Era como besar un maniquí.

Lo único que movía y, para tragar saliva, era su gorda nuez de Adán.

No soltaba las revistas, con sus dos brazos se había aferrado con fuerza a los paquetes que debía de entregar a su clientela: Su trabajo era su vida, su hogar, su todo. Perderlo sería su final, terminar en la nada.

Y, por lo visto, Yo estaba interfiriendo en la parte más importante de su vida.

Constantemente me decía:, _ No, no,no _

Mientras le besaba el cuello, y le apretaba las pelotas con mis manos.

Sentía que estaba hirviendo, su resistencia aumentaba mi desesperación. Le rogué que me diera su banana.

Le baje el pantalón de joggins, y deje al aire su terrible miembro (no exagero, era descomunal).

Con mi bombacha por la rodilla, me subí la tela de mi camisón y me agache mirando la pared. Más no podía hacer, dependía de su decisión

Sin soltar la mercadería, me enterró su cosa hasta el fondo. Y, se quedó quieto. No bombeaba. Supongo, porque no sabría como hacer.

Tuve que ser Yo la que moviera las caderas, hasta que mis jugos vaginales se mezclaron con sus rubios espermas.

Tome mi periódico de su brazo, le subí los pantalones y lo volví a besar en la boca con el barbijo puesto.

Cuando entro al departamento, escucho a mi marido en el baño. Se había levantado antes de lo previsto.

Aprete mi entrepierna para no chorrear el semen de Julito, y me sente en el comedor para leer el suplemento de cocina de lis domingos.

Mientras imaginaba el caldo de espermas que estaba cocinando, recordé que hacía tres días que no tomaba mis anticonceptivos.

Entre en pánico, corrí hasta el balcón, y me hice un lavado de útero con la presión del agua de la manguera que usaba para regar mis plantas.

Ahora, la regada era Yo.

Moje las baldosas con agua y con grandes cantidades de semen que salían de mi vagina. Limpie lo más rápido posible para no delatarme.

Alberto, al verme con el camisón mojado, la manguera en la mano, puso una expresión de extrañado, pero no me dijo nada.

Por un par de meses sufrí el terror de un posible embarazo 🤰. Al final, NADA PASO.

Korina Alejandra

Buenos Aires.

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