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Dominaciónabr 2023

La perra de la casa (4)

Lucía cree que su pesadilla termina cuando confiesa todo a su madre. Pero José está en la sala, y la máscara de normalidad se agrieta en el momento exacto en que ella levanta la vista.

Robeerr12K vistas8.2· 9 votos
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Espero que os guste. Cualquier cosa que me queráis comentar, podéis hacerlo escribiéndome al correo o por los comentarios de la web (presto más atención al correo).

Para colmo, una hora después, cuando escucho los habituales gemidos de mi madre cuando follan, se enciende el vibrador del coño sobresaltándome en la cama. Todavía tengo miedo de que entre mi madre y me vea así. Si ocurre, no sabría qué decir y estaría en un buen lío.

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- ¡¡AYYYYYY!!

- DESPIERTA PERRA.

- ¡¡AY, AY!! POR FAVOR, NO ME PEGUES.

- Pues despierta de una vez. Vamos al baño.

Con los ojos aún cerrados me dirijo al baño a cuatro patas, las patadas en el culo me guían para no chocarme con nada.

- A la ducha. - Me dice.

Menos mal, ya voy a tener una ducha como una persona normal, llevo sin ducharme tres días ya. Mientras me hago las ilusiones de volver a sentir el agua correr por mi cuerpo, veo como él también se mete. Me agarra los pezones y tira hacia arriba.

- ¿Quién te ha dicho que te pongas de pie? En cuatro ahora mismo.

- Pero, así no podré ducharme, Señor.

- JAJAJAJA es que no te vas a duchar, me vas a duchar. Las perras no se lavan constantemente.

Al escuchar eso, se me cae el alma al suelo. Con la boca abierta como si hubiese visto un fantasma, me pongo a cuatro patas con la mirada totalmente perdida. Tenemos una bañera bastante grande, lo suficiente como para que entren dos personas sentadas. Todavía riéndose, Jose se acomoda en la bañera, se sienta y abre las piernas de tal forma que me encuentro entre sus piernas, a cuatro patas y mirándole a los ojos. Una bofetada me saca de mis pensamientos: “Nunca me mires a los ojos, perra”

- Vale, ahora abre el grifo del agua para que se vaya llenando la bañera. Que salga el agua templada, como no me guste el agua, estarás encerrada una semana.

Con cuidado de no mojarle, abro el grifo del agua caliente y un poco el del agua fría. Como en todas las duchas, el agua caliente no sale instantáneo y al principio siempre sale fría hasta que se va templando. Para que no le llegue ninguna gota, pongo las manos bajo el agua y soporto el agua fría. Una vez que está el agua a su gusto, pongo el tapón para que se vaya llenando.

- Muy bien, ahora, mientras se llena, me vas a lamer todo el cuerpo, empezando por la cara y acabando por los pies.

En la misma posición, me estiro para alcanzar su cara con mi lengua, él no se mueve ni un milímetro. Sollozando comiendo a pasar la lengua por su frente, sus mejillas, su nariz hasta llegar a su boca donde me detengo. “Vamos” me ordena. Temblando, paso mi lengua por sus labios para bajar a su barbilla y cuello. Qué asco, acabo de darle un “beso” a la pareja de mi madre. Cuando llego a la polla me ordena que lo deje para lo último, por lo que bajo por las piernas hasta llegar a los pies. El agua ya cubre los pies enteros por lo que agarro un pie y lo elevo hasta mi boca, metiéndome el pulgar en la boca y chuparlo como si fuese su miembro.

Pasados unos minutos me agarra del pelo y me pone la cabeza a la altura de su polla: “Empieza”.

- Pero, Señor, está sumergida. ¿Puede elevarse un poco?

- No, metes la cabeza bajo el agua. - La bañera está completamente llena.

Aguanto la respiración y me sumerjo para encontrar la polla, en cuanto la encuentro, abro la boca para tragármela, lo que no espero es que al abrir la boca entre también mucha agua provocando que me atragante. Me recompongo me vuelvo a sumergir para lamer el rabo. Una mano en la cabeza me impide subir y me estoy quedando sin aire, cuando veo que ya no aguanto más me apoyo en sus piernas y empujo para intentar subir, pero la mano sigue ahí. Empiezo a patalear y a dar puñetazos hasta que mi cabeza sale del agua y entra una bocanada de aire en mi boca, Jose me mira divertido.

- Venga, enjabóname y aclárame, tengo cosas que hacer.

Limpio como una patena está él mientras sale de la ducha dejándome dentro. Estoy empapada, con el pelo pegado a mi cara, con muchas ganas de hacer pis y muy sucia.

- Señor, ¿puedo ducharme?

- ¿Te haces pis?

- Sí.

- Vale, pues mea. - Me quita el cinturón y el huevo de dentro. Siento alivio al notar mi coño vacío. Voy a salir de la bañera para ir al váter cuando me Jose me para.

- No, no. Las perras no mean en el váter, mean a cuatro patas en la calle, pero como no vas a mear en la calle, a partir de ahora tu calle será la bañera. Así que si quieres mear ya sabes

Muriéndome de vergüenza me pongo a cuatro patas. Jose me mira fijamente y así es imposible hacer tus necesidades, pero sé que, si no lo hago ahora, no sé cuándo podré volver a hacerlo. Me quedo quieta y me concentro en hacer pis, acto seguido, se escucha como un chorro choca contra una de las paredes de la bañera y un olor a orín inunda el ambiente. A medida que se vacía la vejiga, el chorro es menos potente, por lo que ahora no choca contra la bañera, sino que se desliza por el interior de mis muslos hasta llegar a las rodillas.

- Señor, ¿puedo ducharme ahora? Estoy muy sucia y con olor a pis.

- Así es como huelen las perras.

- Por favor. - Comienzo a llorar.

- Mira, te digo como la vez que te masturbaste. Si quieres ducharte, adelante, pero lo harás como yo te diga.

- Vale. - Quiero ducharme, aún tengo la corrida del otro día pegada a la teta.

- Perfecto, ponte de pie debajo de la ducha. Muy bien, ahora, estira el brazo y abre al máximo el agua fría.

- Pero... - Bofetada.

No digo nada más y obedezco, un torrente de agua congelada me cae sobre la cabeza empapándome, a los 10 segundos ya estoy tiritando. De un mueble saca un bote de champú parece.

- Toma, te lavas con esto. - ¡Es un bote de gel para perros!

Acostumbrada al tacto suave, casi sedoso, de mis productos de la ducha, me cuesta echarme esto por todo el cuerpo. Aparte de oler mal, no tiene los componentes reparadores para el pelo y probablemente me lo deje peor de lo que está. No me queda otra y me enjabono con eso para ponerme de nuevo bajo el agua fría y aclararme.

- Muy bien, ahora sales y te vas corriendo a la ventana del salón que es donde mejor da el sol.

Estoy muerta de frío así que obedezco al instante con tal de que me dé el sol y pueda calentarme un poco.

- Ahí te quedas, mirando hacia fuera, hasta que yo te diga. Como vea que te cambias de posición te enteras eh.

- Sí, Señor. - Estoy muerta de frío.

Miro hacia la calle con la esperanza de que no haya ningún mirón asomado a la ventana, pero para mi desgracia, está el mismo vecino que me grabó la otra vez limpiando mientras era castigada. Me mira y hace un gesto como agarrándose los pezones para después señalarme. Quiere que lo haga yo, ni en broma voy a hacerle caso.

Desvío la mirada aparentando como que no me he dado cuenta de su presencia hasta que veo que de detrás de él saca una cartulina grande con algo escrito lo suficientemente grande como para que lo pueda leer: “HAZLO, O DIFUNDO EL VÍDEO”. No puede ser, suficiente tengo con Jose como para ahora tener que aguantar al vecino. “VA EN SERIO” me pone otra pancarta. No sé dónde está Jose, no escucho nada, pero no me atrevo a darme la vuelta, con las manos muy despacio me agarro los pezones y comienzo a jugar con ellos. “ESCUPETE LAS TETAS” otra pancarta, un hilillo de babas cae sobre cada pecho. No quiero admitirlo, pero tanto tocamiento me está poniendo cachonda.

- Perra, ven aquí. - La voz de Jose hace que me mueva y me ponga a cuatro patas ante la atenta mirada del vecino. Le doy el culo y me voy dirección a mi habitación, saliendo de la vista del vecino.

- Vale, de rodillas sobre la cama y con las manos te abres las nalgas. - Tengo miedo.

- Perfecto, quieta ahora, como te muevas, te ato. Joder, estás cachonda, si al final te va a gustar esto. - No me gusta, estoy cachonda, pero no por lo que él se piensa.

Noto como algo frío se desliza por mi coño para acabar en mi culo, momento en el que me aparto como un resorte.

- No me voy a pegar contigo como la otra vez. - Agarra mi pelo directamente y de un tirón me lleva hasta el escritorio para doblarme sobre él. Lleva mis muñecas a la pared donde mi doy cuenta de que hay unas argollas (esas antes no estaban ahí) y con unas esposas me ata las manos a ellas para que no pueda moverme. Agarra mis piernas y pone una especie de barra entre ellas, impidiéndome cerrarlas y mostrando mis agujeros.

- No, no, no, n… - Unas bragas entran en mi boca y Jose la tapa con cinta.

- Me has obligado a usar unas bragas usadas de tu madre para callarte, mira que eres cerda. Cuanto más colabores, mejor será para ti a la larga.

Me dejo hacer porque no puedo moverme y me da asco tener las bragas de mi madre en la boca. Retoma las caricias por mi raja para luego centrarse en mi ano, empiezo a llorar a mares y emitir sonidos guturales. Un azote con todas las fuerzas de Jose me saca más lágrimas aún, aparte de dejarme completamente roja la nalga.

- CALMATE.

Intento recomponerme, pero no puedo, en cuanto vuelvo a sentir algo rozando mi ano, me entran de nuevo los sudores fríos. Noto como un dedo se centra más en mi culo, masajeándolo, haciendo círculos alrededor de mi esfínter para relajarlo. Ese mismo dedo hace presión hasta que el ano cede y entra una parte, provocándome un dolor terrible. Es la primera vez que ese agujero hace un ejercicio de entrada y no de salida, no sabía que dolía tanto.

- Vale, mañana entrenaremos más ese agujero. Te ataré directamente porque ya paso de estar aguantándote.

- Holaa, ya estoy aquí. - Es la voz de mi madre, ¿otra vez llega antes?

- JODER, HASTA LOS COJONES ESTOY DE TU MADRE.

Abandona de nuevo la habitación, dejándome en esa posición, para encontrarse con mi madre en el salón. Se empiezan a escuchar unos gritos gracias a que la puerta de mi habitación está abierta, como pase mi madre por aquí antes que Jose, estoy muerta.

- ¿TÚ NO DECÍAS QUE NO IBAS A VOLVER MÁS PRONTO?

- Pero, cariño, este día siempre he salido antes del trabajo.

- No queda cerveza, ¿bajas a comprarla? - Ha pasado por completo de lo que le ha dicho.

- NO. - Creo que mi madre se ha enfadado.

- ¿CÓMO QUE NO?

- QUE NO, QUE SIEMPRE ESTÁS ASÍ, ADEMÁS VENGO CANSADA Y… - No se escucha más a mi madre.

- Bajo ya mismo a por las cervezas cariño, ¿quieres algo más amor? - Vuelve a decir mi madre.

- Sí, trae dos pepinos grandes.

- Ahora mismo, cariño.

¿Cómo? ¿Qué acaba de pasar para que mi madre acceda tan fácilmente? Jose vuelve a mi habitación y deja la puerta abierta, se vuelve a centrar en mi culo. Está enfadado, todos los movimientos son mucho más violentos que antes de la llegada de mi madre.

- Tu madre me ha cabreado, así que antes de que llegue tu madre vamos a adelantar tres pasos respecto al entrenamiento de tu culo. - Sin decir nada, introduce de golpe un dedo entero en mi culo.

Se me cortan las lágrimas y casi se me desencaja la mandíbula de todo lo que la abro a pesar de tener las bragas en ella. Caigo rendida sobre la mesa dándome con la frente, ahora mismo soy un cuerpo inerte, casi me desmayo del dolor que estoy recibiendo en mi ano. No me resisto y Jose sigue y sigue metiendo y sacando el dedo para dilatar más mi esfínter. Cuando se da por satisfecho, lo saca y me lo pone en la nariz para que lo huela, no está manchado, pero sí que huele un poco a mierda.

- Vas a tener que hacerte un enema porque debes estar podrida por dentro. - Me dice.

Me desata y me da dos hostias: “Reacciona joder”. Me recompongo un poco mientras él saca de mi armario una camiseta que me queda enorme, capaz de tapar mi culo entero.

- Hoy llevarás solo eso, y o te espabilas o cuando estemos solos estarás azotándote hasta que se te caiga la piel.

Un azote en el culo hace que me “despierte”: “Sí, Señor”. Me pongo la camiseta y me llevo una mano al culo. Recibo una bofetada que me tira sobre la cama.

- ¿Qué haces? No puedes tocarte tus partes, eso solo lo puedo hacer yo, como lo vuelvas a hacer te pongo el cinturón de nuevo.

- Perdón, Señor.

- Holaa, ya estoy aquí.

Salimos al salón y me encuentro a mi madre vestida con la ropa del trabajo todavía y con dos bolsas en la mano, deben ser las cervezas y los pepinos.

- Buenas, deja las bolsas en la cocina. - Dice Jose mientras le da un beso.

- Sí, sí, ¿qué tal, Lucia? ¿Ya estás mejor? - Dice mi madre al verme.

- Sí, perdona por no aparecer ayer, pero es que estaba muy cansada. - Digo aparentando, me duele el culo todavía.

- Bueno, no pasa nada. Vamos a comer que ya es hora.

Mientras mi madre va a cambiarse, Jose y yo estamos en la cocina, preparo la mesa por orden suya mientras se sienta en su sitio. “Coge de la basura los restos de ayer de la cena” esa será mi comida.

- Si te pregunta tu madre le dices que te apetecía más esto y como sobró, te lo comes.

- Sí, Señor.

Me siento en la silla y aparece mi madre con la ropa de estar por casa, una camiseta ancha y unos pantalones cortos. Mira los platos de comida y ve que el mío es diferente pero no dice nada y se sienta.

- Bueno, ¿qué tal vuestro día?

- Bien, Lucía se ha despertado tarde así que no sé muy bien que ha hecho, yo he ido a trabajar un poco y cuando he llegado ya estaba despierta.

- He estado viendo la tele. - Digo mirando al plato, no he comido nada aún, tiene restos de otra comida y huele muy mal.

Empiezo a notar el pie de Jose en mi coño poniéndome a todo de nuevo, le miro y echa una mirada furiosa al plato indicando que coma. Cojo con el tenedor un poco de comida y me lo llevo a la boca intentando que no me dé una arcada.

El resto de la comida trascurre normal dentro de lo que cabe, con mi coño chorreando y mi boca con un regusto a basura por culpa de la comida.

- Bueno, vamos a ver una peli, ¿no? - Dice Jose.

- Vale, friego los platos y voy. - Dice mi madre levantándose. Una patada en el clítoris hace que reaccione.

- No, no espera, ya friego yo, que tú estás cansada. Idos al sofá y ahora voy yo cuando acabe.

- Mmm bueno vale, gracias hija.

Se levanta y se dirige al sofá mientras que Jose se dirige hacia mí. “Tienes la camiseta empapada de tu coño cerda, cuando acabe de fregar, vas a tu habitación y coges el huevo que está en el escritorio, te lo metes en el coño y te sientas a mi lado en el salón”. Se despide metiéndome el dedo en el culo de nuevo para recordarme el dolor y sacarme alguna lágrima.

Tardo poco en fregar los platos y me dirijo a la habitación, cuando paso por el salón me encuentro cómo están tumbados en el sofá, muy acurrucados entre ellos. Una mano se mueve por el cuerpo de mi madre de forma sensual hasta llegar a uno de sus pechos y amasarlo, a lo que mi madre responde con una risita. Asqueroso, simplemente asqueroso me parece esto, es que no se cortan ni cuando estoy delante.

En la habitación me encuentro en huevo en medio del escritorio junto con una nota: “PONTELO Y ACTIVALO AL MAXIMO NIVEL, TRAEME EL MANDO”. Obedezco y casi me caigo al suelo de todas las vibraciones que siento en el coño ahora mismo, parece que tiene vida propia. Ando como puedo hasta llegar al sofá donde me siento al lado de Jose, que sigue acurrucado con mi madre, dándome la espalda.

La mano de Jose se desliza con cuidado hasta llegar a coger el mando y guardárselo en el bolsillo, no ha bajado la intensidad del vibrador. Esa misma mano alcanza mis tetas, agarra el cuello de la camiseta y tira hacia abajo para mostrar mis pechos por fuera, llevo las manos a ellos para cubrirlos, está mi madre justo al otro lado, pero un pellizco en un pezón me hace retroceder y abandonar mi intento de cubrirme.

Sé que mi madre no está dormida porque de vez en cuando comenta la película o se ríe. Sin embargo, mis tetas siguen al descubierto y siendo descaradamente manoseadas por Jose. En una vaga mirada hacia la ventana veo que el vecino sigue pegado a ella observando que ocurre, está en el edificio de en frente y un piso más arriba que el nuestro por lo que le permite tener una perfecta vista del salón. Veo como no quita ojo mientras se pajea, acabando con una abundante corrida en su propia ventana.

- Lucía, ¿por qué no vas a comprar unos helados? - Dice Jose.

- Vale. - No me apetece, pero como me niegue va a ser peor. - Voy a cambiarme.

Es gracioso que diga eso, en cualquier otra casa o entorno es algo más que normal, que la gente vaya a cambiarse y a los minutos salga con otra ropa, pero que lo diga yo es completamente inútil porque no puedo ponerme nada a no ser que sea Jose el que me lo dé. Llego a la habitación y espero de pie en la habitación hasta que dos minutos después llega Jose con las llaves de mi armario, me da una camiseta de tirantes y una falda, ninguna de las dos cosas pega con la otra: “Lleva las chanclas de casa, coge dos helados de cono y para ti un polo, cuando estés subiendo en el ascensor, te metes el polo en el coño, procura que no se te salga eh. Vamos” me da un azote y salgo por la puerta dirección a la calle. Al menos el vibrador me lo ha quitado.

No me ha dado hora para llegar, pero imagino que, si tardo mucho, después me castigará. En el ascensor no me encuentro con nadie y rompo a llorar como una magdalena, no puedo más, no sé cómo he conseguido aguantar todo esto, quizá sea por miedo. Llego a la calle y, ¡me encuentro a mi vecino! Se acerca directamente a mí: “Sígueme” me dice mientras me agarra del brazo.

- Por favor, déjame, ¿cómo me has encontrado?

- No es muy difícil, veo casi todo tu salón y en cuanto he visto que te dirigías a la puerta de la calle he pensado: “Mi oportunidad”.

- Pero, qué quieres.

- ¿No es obvio? Follarte.

- No, no, no. - Intento zafarme. - Grito.

- Como grites difundo los vídeos que tengo de ti por toda la calle.

Probablemente vaya en serio, me pongo a llorar y me dejo guiar hasta lo que parece su casa. ¿Por qué me pasa esto a mí? Una vez en casa:

- Por favor, tengo prisa, si no llego a casa en media hora me van a castigar, por favor déjame ir.

- Si te castigan como las veces que te he visto, no me importaría que llegaras tarde.

Me tiro a sus pies llorando y suplicando.

- POR FAVOR, NO ME HAGAS ESTO.

- Mira, vamos a hacer una cosa, si tienes prisa no te voy a follar, pero sí te vas a desnudar y me la vas a chupar hasta que me corra.

- Por favor. - Me da una bofetada.

- QUE ME OBEDEZCAS COÑO.

Llorando, me desnudo ante su sorpresa: “Pero si eres muy cerda, no llevas nada ni en la calle”. Estoy muerta de vergüenza, pero me arrodillo y se la chupo hasta que se corre en mi boca. Antes de ponerme de pie y vestirme, me frena.

- Dame tu número de teléfono, no quiero verte más por la ventana.

- No tengo, me lo han quitado y no sé cuándo me lo van a devolver.

- Joder, pero qué has hecho para que te tengan tan controlada. Espera aquí.

Me visto mientras él se va por el pasillo y al minuto vuelve con un móvil en la mano.

- Toma.

- No puedo aceptarlo, si me ven con uno nuevo, será mucho peor.

- No te van a ver con él, te lo vas a meter en el coño.

- ¿Cómo?

Antes de que me conteste, me agarra y doblándome por la cintura, me sube la falda y mete dos dedos en mi coño. “Te entra perfectamente, tienes un coño profundo y con buena elasticidad, además estás mojada, lo que ayudará a que entre”. El móvil es pequeño (más pequeño de lo que estamos acostumbrados ahora mismo), veo que lo mete en una bolsita de plástico y me agarra para que no me mueva. Empieza a introducir el móvil y sorprendentemente no se equivoca, duele y molesta, pero entra fácilmente.

- ¿Lo ves? Un ginecólogo no se equivoca. Ahora, solo está grabado mi número de teléfono, a partir de ahora tendrás que obedecer a mis mensajes si no quieres que difunda todo lo que tengo sobre ti.

- Por favor, no me hagas esto. - Lloro.

- No te preocupes, soy permisivo, al menos de momento, siempre y cuando goce viéndote, no tendrás problemas. Quiero que cada mañana a las 12 estés en la ventana desnuda mirándome, y te daré indicaciones de lo que harás. Ahora, largo.

Abandono la casa llorando a lágrima viva. No entiendo por qué todos los hombres son iguales y se aprovechan de todo, no puedo más, quiero irme, desaparecer o morirme. Mientras vago en mis pensamientos me dirijo a la heladería a por el recado que me ha mandado Jose. Una vez comprado, vuelvo casi corriendo a casa, he estado mucho tiempo en casa del vecino, que, por cierto, no sé ni cómo se llama.

Abro la puerta y saludo justo cuando me doy cuenta de un fallo garrafal que he tenido. Siguen los dos en el sofá, sentados y acurrucados, se han puesto otra película. Me saludan los dos como si nada, pero sé que Jose me dice otra cosa con la mirada. Tengo los tres helados en las manos, mierda. Entrego los helados y me voy a mi habitación a “cambiarme”, en ese momento me vibra el coño y no tengo el vibrador, es un mensaje del vecino, cosa que me pone alerta porque me tengo que sacar el móvil de ahí enseguida y esconderlo donde Jose no lo vea.

Meto la mano en el coño y agarro la bolsita tirando de ella con todas mis ganas, haciéndome un daño terrible, pero sacando de una el móvil, lo saco de la bolsa, miro el mensaje rápido que pone: “RECUERDA, MAÑANA A LAS 12 EN LA VENTANA”. No contesto y lo pongo en silencio mientras escucho pasos en el pasillo. Miro a mi alrededor buscando un resquicio lo sufrientemente poco visible como para poder esconder el teléfono. Encuentro un hueco detrás del armario, me acerco lo dejo ahí y me levanto en el momento que se abre la puerta.

- Yo que te he dicho.

- Perdón, Señor, iba deprisa y se me ha olvidado. Perdóneme, por favor, no me castigue. - Me pongo a llorar, a este paso me voy a deshidratar.

- No hay perdón, a ti te gusta desobedecer, desnúdate. - Me dice agarrando un pezón.

Obedezco y me tira sobre la cama, coge el polo y lo pasa por todo mi cuerpo provocándome escalofríos. Con una mano me tapa la boca y con la otra, empuja el polo en el interior de mi coño de un golpe. Por eso me ha tapado la boca, porque pego un grito ahogado que hace que me duela la garganta. Escucho una carcajada pequeña y lo saca de un golpe para volver a introducirlo, pero esta vez duele más que la anterior, además se nota que le ha costado más introducirlo. Si el grito de antes era ahogado, este se escucha un poco, aunque me haya tapado la boca. Donde está en polo no es en mi coño, sino en mi culo.

- Ya verás como la próxima vez obedeces y no se te olvida. - Lo saca de un golpe y me lo tira encima. - Vuelve a ponerte lo de antes y sales al salón.

Sin poder parar de llorar me pongo la camiseta y salgo al salón, me adecento un poco antes de salir para que mi madre no se dé cuenta de nada. Al llegar al salón no veo a Jose por ningún lado, lo cual es extraño porque ha salido antes que yo de la habitación, me siento al lado de mi madre que me sonríe y dirijo la vista a la ventana, donde encuentro al vecino sonriéndome. En ese momento rompo a llorar, no puedo más.

- ¿Qué te pasa hija?

- Nada, nada.

- ¿Seguro? Sabes que a mí puedes contármelo. - Me abraza y rompo en llanto.

En ese momento, veo una luz al final del túnel. No sé cómo no se me ha ocurrido contárselo a la persona que más puede ayudarme, mi madre. Entre llantos le cuento todo lo que ha estado pasando en casa cuando ella no estaba, las veces que he comido de la basura, las grabaciones y sesiones que me ha hecho desnuda, las veces que he tenido que chuparle la polla o masturbarme para él, las veces que me ha azotado u obligado a azotarme. En definitiva, todo, hasta cuando me folló. Cuando le cuento todo esto, mi madre está con la boca abierta.

- Pero… ¿por qué te obliga a hacerlo?

- Por-porque descubrí que-que hay en su armario. - Digo sollozando. - Y ahora me ha metido el polo que he traído en el culo.

Me levanto, me subo la camiseta y me doblo por la cintura para enseñarle que efectivamente voy sin ropa interior y para mostrar el estado de mi culo que, no sé cómo estará, pero a juzgar por lo que me duele, no está muy bien. Las manos suaves y delicadas de mi madre lo inspeccionan, acariciándolo.

- Por favor, ayúdame. - Digo entre lloros.

- En seguida, mi amor. Es un animal. - Dice, bajándome la camiseta y abrazándome.

En ese momento aparece Jose en el salón, al vernos pone cara de preocupación y se acerca a nosotras.

- ¿Qué ha pasado Lucía? ¿Qué te pasa? - Dice con una voz amable, si no supiese de verdad qué tipo de persona es, me habría creído esa preocupación.

CONTINUARÁ…

Continúa en