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Dominaciónabr 2023

La perra de la casa (5)

Descubrir el secreto de tu madre no era lo que esperabas al abrir ese armario. Ahora, desnuda y encerrada en una jaula, comprendes que la verdadera prisión no es la reja, sino la complicidad forzada de quien te dio la vida.

Robeerr15K vistas8.7· 11 votos
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Espero que os guste. Cualquier cosa que me queráis comentar, podéis hacerlo escribiéndome al correo o por los comentarios de la web (presto más atención al correo).

- ¿Qué ha pasado Lucía? ¿Qué te pasa? - Dice con una voz amable, si no supiese de verdad qué tipo de persona es, me habría creído esa preocupación.

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- NADA DE QUÉ HA PASADO, ¿NO VES CÓMO ESTÁ? - Se levanta mi madre chillando.

- Está llorando, por eso pregunto que qué ha pasado. - Jose está muy tranquilo.

Comienzan a gritarse el uno al otro, yo estoy detrás de mi madre, acurrucada en mí misma intentando protegerme de lo que sea. Ya lo he contado, ya hay solución, ya no volveré a estar así y podré ser una persona normal y corriente. El vecino sigue asomado a la ventana, contemplando toda la escena con un aire divertido.

- BUENO, CÁLLATE YA JODER. - Un grito de Jose hace que vuelva en mí. Mi madre se queda callada, sorprendida.

- Hablas mucho, y sabes que no me gusta nada que hables mucho. Tú hija está así por ser una cotilla de mierda que se mete donde no le llaman. Ya era hora de que alguien le castigase y pusiese en su lugar, porque si lo tienes que hacer tú, puta, seguiría igual de desobediente. - Estoy flipando ahora mismo. ¿Cómo se atreve a llamar puta a mi madre?

- Así que ya sabes lo que tienes que hacer, pedirme perdón por haberme gritado y castigar a tu hija como es debido.

- NO.

- No te atrevas a contradecirme, sabes lo que pasa.

- No voy a hacerlo, me da igual lo que hagas.

- Muy bien.

En cuanto mi madre dice eso, quieto en el lugar saca un móvil distinto al suyo personal, es la primera vez que veo ese móvil. Pero parece que mi madre no, y sabe perfectamente que conlleva ese móvil. “¿Estás segura?” repite Jose.

- ¿Qué quieres que haga?

- Que castigues a tu hija, la azotarás.

- Hija, ponte sobre mis rodillas. - Se gira hacia mí y veo como está llorando.

- Pero mamá. Denúnciale, me ha violado.

- JAJAJAJAJA eres muy ilusa, perra. Haz caso a tu madre. Te explicaré todo.

Un “por favor” casi imperceptible sale de los labios de mi madre, está llorando a lágrima viva. No sé qué hay en ese teléfono, pero está claro que mi madre quiere que siga apagado tal y como está. Me tumbo sobre sus rodillas y me sube la camiseta hasta arriba.

- Muy bien, ahora por favor, azota ese culo con todas tus fuerzas.

- Lo-lo siento hija. - Dice entre lágrimas mi madre.

Una mano se estrella en mi culo dejándomela marcada solo con el primer golpe, una sucesión de golpes acompañados con su característico “PLAS” inunda el salón. Jose está riendo, mi madre llorando y yo chillando e intentando zafarme. Mientras mi culo es castigado, Jose se arrodilla frente a mi cara y me abofetea a la vez que habla.

- Esto no te lo esperabas eh, jajajaja. Normal, no te preocupes, ahora mismo sabrás por qué tú madre está así. Tú sigue azotándola eh.

- Bueno, todo esto empezó hace bastante tiempo la verdad, unos años, concretamente cuando murió tu padre. - Aparte de tener la boca abierta debido a la sorpresa de que mencionase a mi padre, mi madre seguía azotándome de forma rítmica. - La muerte de tu padre fue el desencadenante de todo. Aunque tú siempre has creído que no os falta dinero y que por el trabajo de tu madre siempre habéis tenido una clase social alta, eso no es verdad. Tu madre está arruinada, estaba arruinada cuando murió tu padre porque fue él quien se llevó todo y lo gastó.

- Por favor, Jose, para, no tiene por qué saberlo, ya estoy haciendo lo que dices. - Dice mi madre, está desconsolada, azotándome ya inconscientemente.

- Tú te callas. Por donde iba, ah ya. En fin, que tu padre arruinó a tu madre y lo que hizo ella fue ahogarse en su miseria y llorar y llorar. Hasta que nos conocimos, yo siempre he sido una persona de alta sociedad, no como vosotras que sois unas farsantes y os creéis lo más. Al principio de la relación todo iba muy bien, ella me explicó que tenía una hija, o sea tú, no sabía que la hija era muy guarra pero bueno. - Hace una pausa para aplaudirme la cara bastante fuerte. - ¿Cómo va ese culo? - Refiriéndose a mi madre.

- Bien, ya está muy rojo. - No para de llorar, se siente muy culpable por lo que me está haciendo.

Yo, en cambio, estoy en shock, escuchar todo eso mientras soy abofeteada y azotada por mi madre y el novio de mi madre, me crea un lío mental alucinante. No puedo llorar, no puedo hablar, ni moverme incluso, es como si mi cuerpo no reaccionase a las órdenes que le da mi cerebro, como si fuese controlada por otra persona.

- La cosa, al principio todo iba muy bien, como una pareja de enamorados normal y corriente, íbamos al cine, a cenar, a comprar… lo que fuese. Follábamos como conejos y nos lo pasábamos en grande. Todo se torció cuando descubrió que pertenecía a una familia rica, desde ese momento empezó a robarme dinero, se compró la casa esta, el coche, todo lo que conoces últimamente, ha sido con mi dinero, sin que yo me diese cuenta. Pero claro, al final como dice el dicho, la avaricia rompe el saco y tanto robar, tanto robar, acabé pillándola con las manos en la masa.

-Fue tanta la cantidad que me robó que no podía separarme y ya está, debía ser castigada. Nunca he sido una mala persona, pero sí que me ha gustado conservar mi reputación y no ser engañado por nadie. Y justo la persona de la que me más me he fiado últimamente, resulta ser la persona que me robaba, a los delincuentes los llevan a prisión y tu madre es una delincuente que merece ser llevada a la cárcel. Con una simple llamada podía encerrar a tu madre para siempre, pero ella me suplicó: “Por favor, cualquier cosa menos eso, no quiero que se entere mi hija, no tiene nada de culpa, por favor” fueron sus palabras.

- Me mudé aquí e impuse una serie de normas hacia ella, cuando tú estuvieras delante disimularíamos para que no sospechases nada, pero amiga, ten por seguro que tu madre lleva así mucho, mucho tiempo jajajaja. Las fotos que descubriste, no las vendo ni nada, las tengo por mero hobby y todas las chicas que aparecen en ellas, quisieron hacerlo, todas menos vosotras dos.

Sigo sin poder decir nada, no me creo lo que está pasando. La luz al final del túnel que veía, se apaga cada vez que me acerco más y más para llegar a dar con una pared. Esto ha sido la gota que ha colmado el vaso, cómo es posible que mi madre esté peor que yo y durante tanto tiempo sin decir nada, aguantando y aguantando. Giro la cabeza para conseguir ver a mi madre de reojo, sigue azotándome sin parar, tiene los ojos hinchados de tanto llorar y algunas lágrimas caen en mis nalgas mojando mi ya maltrecho culo.

- Bueno, ya no hay que seguir aparentando. Así que las dos al suelo ahora mismo de rodillas.

Obedecemos las dos, me llevo las manos al culo, lo noto súper hinchado y al mínimo roce ya me escuece.

- Vale, ahora os voy a explicar las cosas como van a ir hasta ahora. La situación durará hasta que tu madre consiga devolverme todo el dinero más intereses, al paso que va, yo creo que unos 20 años. Así que será mejor que obedezcas y te vayas acostumbrando a esto para que no me cabrees, ¿entendido?

- Sí. - Una bofetada me tira sobre mi madre.

- Ya no hay que disimular.

- Sí, Señor. - Digo llorando. Mi madre se sorprende.

- Seguiréis con vuestras obligaciones como hasta ahora. Además, os llamareis perra y puta, hasta entre vosotras. Tú, puta, antes de irte a trabajar, azotarás a la perra durante quince minutos, tiene que aprender a no mirar en sitios ajenos. Aparte, si antes follaba todos los días con la puta, ahora con la perra también, antes de irme a dormir, os habré follado a las dos.

Ninguna de las dos podíamos contener el llanto.

- Joder que pesadas, parad de llorar de una vez. Abofeteaos entre vosotras hasta que paréis de llorar, YA.

Nos ponemos una en frente de la otra y es mi madre la que empieza, me cruza la cara de una hostia que me tira al suelo. Me incorporo y hago lo mismo. Es la primera vez que pego a mi madre, no me gusta nada. Estamos así ante la atenta mirada de Jose durante unos minutos hasta que, o porque nos deshidratamos o porque no queremos sufrir más daño, paramos de llorar.

- Muy bien, ahora, en mi casa las perras y las putas van siempre desnudas. - Se nos queda mirando de arriba hacia abajo fijamente hasta que reacciono y me quito la camiseta. Aquí estoy yo más acostumbrada porque siempre que hemos estado solos, he tenido que ir así. Mi madre, al verme, con algo de vergüenza sigue mis pasos.

- Perfecto, puta, trae los pepinos que has comprado.

Mi madre se pone de pie, pero Jose no le dice nada. Mientras va a por lo ordenado, una polla se acerca a mi boca directamente, abro la boca y me la clava hasta la garganta provocándome arcadas y tos. Cuando llega mi madre y nos ve, se pone a llorar de nuevo.

- Por favor, no le hagas esto, ella no tiene la culpa.

- Sí, puta, tiene la culpa de ser una cotilla de mierda. - Sigue penetrándome la boca y la garganta con fuerza. - Esos pepinos eran para ti para esta noche, puta, pero ahora los compartiréis, métele uno en el coño a la perra de tu hija, hasta el fondo.

Noto como algo mucho más grueso de lo normal, penetra en mi coño hasta el fondo. Casi se me salen los ojos de las órbitas, es la cosa más grande que ha entrado en mi coño hasta ahora.

- Muy bien, el tuyo al culo, ya sabes cómo puta.

Mi madre apoya el pepino en el suelo y de una “sentada” se lo clava en él. Le ha hecho daño, lo sé por la mueca de dolor que pone, pero también sé que no es la primera vez que lo hace, lo ha hecho muy convencida. Jose termina de follarme la boca y se corre en mi cara, dejándome con hilos de semen colgando de mi nariz y barbilla.

- Ahora vamos a hacer un juego, os vais a masturbar con el pepino. Simulareis que ese pepino es mi polla y os follareis con él hasta que una de las dos se corra. Yo que vosotras me dedicaría en cuerpo y alma, la primera que se corra ganará el juego y podrá correrse una vez al día durante la semana. En cambio, la que no se corra, estará con el cinturón de castidad y con el vibrador en el coño durante una semana, y siempre que la folle, será por el culo. - Al oir eso me asusto, no quiero competir contra mi madre, pero tampoco quiero que mi ano sea profanado.

- Preparadas, listas, YA. - Dice Jose como si fuese una carrera.

Mi madre me mira y le devuelvo la mirada. Sin decir nada se lleva una mano al pepino y comienza a masturbarse con él en el culo, no puede ser, está entrando en su juego. Sigo sin reaccionar y el ritmo de mi madre cada vez es mayor, no creo que pueda correrse solo a base de masturbar su ano, pero no quiero jugármela, estar una semana con el cinturón de castidad y el vibrador dentro es un infierno. Comienzo a masturbarme con el pepino, estoy completamente seca, por lo que al principio me duele hasta que empiezo a generar fluidos.

Jose nos mira divertido, mi madre tiene una mueca de placer mientras llora, es un cúmulo de emociones ahora mismo. Empiezo a llegar al orgasmo, noto como mi coño se tensa y abraza completamente el pepino hasta que comienzo a convulsionar, me tiemblan las piernas y no siento el brazo de tanto moverlo. Una risa de Jose me saca de mi orgasmo.

- Bueno, pues ya tenemos ganadora. Puta, para ahora mismo y sácate el pepino, tú lo mismo perra. Id a la cocina y quitadle la cáscara, después la puta me va a preparar dos huevos fritos para cenar y la perra traerá el cinturón y el vibrador.

Llorando, mi madre se levanta, está triste porque ha perdido, siempre ha sido muy competitiva. La imito, pero una palmada en el coño me hace volver a estar en cuatro.

- La puta es superior a ti, por eso puede ir de pie. Pero las perras van a cuatro patas.

Sigo a mi madre por el suelo hasta llegar a la cocina. Ahí ya sí que me incorporo y agarro un cuchillo para poder pelar ese alimento que me ha dado la victoria. Al terminar me dirijo a mi habitación donde siguen esos aparatos que tanto me han quitado estos últimos días.

- Muy bien perra, pónselo a tu madre. - Me dice Jose al entrar por la puerta.

Me acerco a mi madre, sin mirarme por la vergüenza abre las piernas para que pueda introducir ese vibrador que ella aún no ha probado. Ahora que tengo a mi madre delante desnuda, puedo contemplar ese cuerpo desnudo: tiene unas tetas más grandes que las mías, pero ya comienzan a caerse debido a la edad. Su culo no está tan duro como el mío, pero también es redondo y respingón con unas piernas que lo realzan constantemente. Un vistazo rápido a su coño me hace ver que está muy usado, se da de sí muy fácilmente. En cuanto cierro el cinturón, un tirón del pelo me tira hacia atrás y me coloca en la polla de Jose.

- Ha llegado la hora de follar, hoy ya te has corrido, así que, si te vuelves a correr e castigaré, ¿entendido?

- Sí, Señor.

- Puta, dame de comer.

La cena la pasamos así, yo siendo penetrada por Jose mientras es alimentado por mi madre. En una embestida, se sale de mí y me la mete en la boca.

- Mi semen es néctar para vosotras, no se desperdicia ni una gota.

Me empuja, tirándome al suelo y hace lo mismo con mi madre, abre la ranura del culo y sin miramientos se la clava de una vez.

- Perra, coge tu pepino y vuelve a introducirlo en el coño, lo introduces, lo sacas, le das un bocado, así hasta que te lo termines, esa es tu cena.

Cómo es posible que me ordene eso, además justo después de haber sido follada, con la de bacterias que tiene que tener mi coño ahora mismo. Me da una patada y sin pensarlo más, hago lo que me dice. Mientras estoy en la labor de alimentarme, un grito de mi madre me sobresalta.

- AY, ¿QUÉ ES ESO?

- Eso es el vibrador, da descargas eléctricas en el coño, es tu castigo por perder, así me aseguro de que no te corres.

-POR FAVOR POR FAVOR, NO PUEDO, ME DUELE, PARA.

- Cállate.

Los gritos de mi madre inundan la habitación hasta que se vuelve a correr Jose dentro de su culo, la empuja sobre la mesa y sin miramientos le introduce el pepino, para metérselo en la boca, tiene rastros de semen. Mi madre mastica y traga llorando por las descargas en su coño.

- Muy bien, ahora vamos a dormir. Perra, dormirás en la jaula, ahí es donde duermen las perras.

- Por favor. - Otra bofetada. - Pero, mi madre…

- La puta tiene permiso para hablar, aunque tú hayas ganado la competición, sigues siendo la última mierda. Y se llama puta, así debes dirigirte a ella. Ella ha perdido, pero siempre le deberás un respeto. Es más, cuando no esté presente, deberás obedecer sus órdenes. Le impondré una serie de cosas que tendrá que hacerte.

Sollozando me dirijo hasta la habitación de Jose, me sorprende ver que la jaula está fuera del armario, en el medio de la habitación. Me meto en ella quedando a cuatro patas y con mis agujeros expuestos, mi cabeza está apuntando a la cama, para no perderme nada de lo que pase ahí.

- Puta, estoy muy cansado así que hoy no me la chupes para quedarme dormido, esta noche solo dormiremos, a tu sitio.

Veo como mi madre se dirige al suelo en un lateral de la cama, sin nada más. Jose le ha dicho “a tu sitio”, por lo que no es la primera vez que duerme ahí, creo que siempre ha dormido en el suelo desde que lleva en esta situación. Se tumba y cierra los ojos, al igual que Jose, hasta que se quedan dormidos, a mí me cuesta más dormirme. En la habitación solo se escuchan las respiraciones de cada uno además de las vibraciones en el coño de mi madre. No sé si será capaz de aguantar sin correrse durante una semana a este ritmo.

Unos golpes en la jaula me despiertan. Es mi madre, abre la puerta y me saca de los pies para llevarme a rastras hasta el salón, donde se encuentra Jose sentado en el sofá. Mi madre me pone sobre sus rodillas y comienza a azotarme con todas sus fuerzas.

- Esto (PLAS) te (PLAS) pasa (PLAS) por (PLAS) ser (PLAS) una (PLAS) cotilla (PLAS) de (PLAS) mierda (PLAS).

Sigue durante los quince minutos con esa intensidad hasta que me tira al suelo, tengo el culo completamente rojo tirando casi a morado, no sé cuántos azotes han sido, pero al menos 50 me ha dado.

- Perfecto, me voy a hacer unas compras, perra ponte a limpiar toda la casa. Tú, puta, hoy no trabajas así que comprueba que la perra lo hace bien.

- Sí, Señor. - Decimos las dos al unísono.

En cuanto abandona la casa me dirijo a mi madre.

- Vamos mamá, podemos escapar ahora. - Digo levantándome. Un bofetón me corta en seco.

- PONTE A LIMPIAR AHORA MISMO, PERRA. - Parece que mi madre ha asumido esta nueva vida, está muy seria mirándome fijamente.

Me vuelvo a poner en posición y me dirijo a por los cacharros de la limpieza. Mientras limpio, aspiro, quito el polvo de toda la casa y demás, mi madre me va hablando.

- No puedo creer que me ganaras en el juego de ayer, soy tu madre, ¿sabes? Ahora no voy a poder correrme durante una semana por tu culpa, siempre con el dichoso cinturón este.

- Lo siento.

- ¿Lo sientes? Mira como estamos por tú ser una cotilla, ¿quién te manda ir a ver qué hay en el armario? - Está muy enfadada. No doy crédito a sus palabras.

Termino de limpiar y otro tirón de pelo me guía hasta el baño.

- Haz tus necesidades, las dos. No sabrás cuando será la próxima vez que puedas hacerlas.

Es surrealista la situación, sentada en el váter frente a mi madre, desnuda, mirándome como hago de vientre. Aprieto y un “chof” se escucha en el agua, estoy muerta de vergüenza, pero parece que a mi madre le da igual. Acabo y me limpio para volver al suelo.

- Muy bien, ahora te enseñaré las cosas que hacen las perras. - Sin decir nada me planta su culo en la cara. - Huélelo.

Aguanto la respiración todo lo que puedo hasta que mi cuerpo dice basta y es cuando aspiro para tomar aire, un aire contaminado por el olor de las partes de mi madre, sumado al cuero del cinturón.

- Las perras huelen los culos de los demás así que estarás hasta que diga con la cara pegada a mi culo oliéndolo siempre, aunque me mueva.

Dicho eso, comienza a andar con mi cara entre sus nalgas. Andamos durante bastante tiempo, recorriéndonos la casa más de una vez. No sé dónde está Jose, pero lleva fuera ya unas dos horas y media. Llegamos a la cocina, mi madre se pone a preparar la comida de Jose mientras yo me separo de ella para ayudarla. Otro bofetón me vuelve a tirar al suelo.

- Súbete a la mesa y azótate, según el Señor ya sabes cómo, estarás así hasta que llegue. Para que aprendas a obedecer. - Es mejor acatar órdenes que intentar rechistar, odio azotarme y odio esta situación. La persona que está conmigo en la cocina, no es mi madre, nunca ha sido así conmigo.

Pasados unos minutos, llega Jose con unas bolsas que deposita a mi lado y me acaricia la cabeza cual perra, se ríe.

- Qué habrás hecho para estar así, jajajaja.

- Me ha desobedecido, Señor.

- Muy bien castigado, espero que hayáis completado lo ordenado.

- Así es, Señor. - Dice mi madre, yo no hablo, sigo azotándome mientras lloro. Tengo los ojos hinchados de tanto llorar durante estos días.

- Muy bien, perra, para de azotarte y cómeme el rabo. Puta, arrodíllate frente a mí.

Mientras me introduzco su polla en la boca, él se dedica a azotar las tetas de mi madre, juega con sus pezones, los retuerce, pellizca, lo que le plazca. Mi madre no dice nada, ni un solo murmuro mientras recibe esos golpes. Acaba con las tetas del mismo color que mi culo.

- He traído unos regalos. - Dice mientras me vuelve a “bautizar” con su semen.

Abre una bolsa y saca un collar junto con una correa. Acto seguido, me pone el collar al cuello y engancha la correa ante la risa de mi madre. En el collar hay una chapa que pone “PERRA”. Le quita el cinturón a mi madre y dice: “Enséñame qué hacen las perras”. Mi madre se inclina sobre la mesa y se abre las nalgas con las manos. Sé lo que tengo que hacer, me acerco de nuevo entre sus piernas hasta pegar mi nariz en su ano, ahora sí que huelo toda su intimidad. El coño está húmedo, es increíble que esté mojada.

- Perfecto, además, las perras también chupan las partes de otros perros.

- Por favor.

- QUE SAQUES LA LENGUA PERRA. - Grita mi madre.

Saco la lengua y ella echa sus caderas hacia atrás para que quede mi cara totalmente enterrada en ellas. Nunca antes he probado un coño, tiene un sabor salado y un olor fuerte a pescado, no sé si todos los coños son así o es el de mi madre por no lavarse. Está húmedo y con cada pasada llevo a mi boca un poco de sus flujos.

- Sigue así hasta que termine de comer.

Estoy un buen rato en esa posición lamiendo y lamiendo el sitio de donde yo salí un día. De vez en cuando mi madre es la que se mueve para frotarse en mí, así también lamo su ano para luego volver a enterrar la nariz ahí. Llega un momento en que mi madre empieza a gemir, síntoma de que se va a correr.

- No te puedes correr, puta. Por cierto, ¿se ha corrido esta mañana la perra?

- S-sí, Se-señor. - Dice mi madre gimiendo.

- Mentira, no me he corrido Señor. - Paro de chupar su coño.

- Pero, ¿cómo osas contradecirme? - Un bofetón seguido de una patada me tira al suelo.

- Perra, si la puta dice que te has corrido, te has corrido. Ahora sigue preparando ese coño.

- Pero que no me he corrido Señor, se lo juro.

- No aprendes. - Dice Jose levantándose y tirando de mi correa hacia arriba para poner mi cara a la altura del coño de mi madre. Sin miramientos me la estampa ahí.

Sigo en mi labor de lubricar esos agujeros mientras escucho como mi madre y Jose hablan de mí. La voz de mi madre sale entrecortada debido a la calentura que tiene encima. Si es verdad que, aunque yo esté sometida, mi madre también lo está, y esta es la forma de Jose de recordárselo, que no hay nadie por encima de él y es él el que decide por nosotras.

- Bueno, vamos al salón que tengo preparadas unas cositas. - Le seguimos.

- Perra, a cuatro patas sobre la mesita. - Me señala la mesita que tenemos donde los sofás, es una mesa de madera bajita, ideal para poner los vasos cuando tomamos algo.

Al ponerme en posición, unos grilletes se me ajustan a los tobillos y me pegan a la mesa, soy incapaz de mover ni un milímetro las piernas. Lo mismo pasa con mis muñecas, estoy completamente fijada a la mesa, como si yo formase parte de ella. Jose agarra la correa y la ajusta a una argolla en el suelo, eso antes no estaba ahí, o, al menos, no me había dado cuenta. Ata la correa a esa argolla dejando mi cabeza a la altura de los hombros sin posibilidad de subirla nada.

No pasa nada durante un tiempo, hasta que noto como algo pegajoso se unta en mi ano. Comienza un masaje en círculos para relajar esa zona, introduce un poco el dedo para untar también por dentro. Intento moverme, pero estoy completamente inmovilizada.

- NOOOO, POR FAVOR, POR FAVOR. LO QUE SEA, MENOS ESO. - Una palmada en el coño me hace ver las estrellas.

- Que te calles, las perras no hablan. - Es la voz de mi madre.

- Te dije que llegaría un momento en el que tu culo sería usado. Sinceramente, pensaba estrenarlo más adelante, pero al ser muy desobediente, he decidido hacerlo ahora para que sepas lo que conlleva no obedecer. Y agradece a tu madre que te está untando vaselina para que no duela tanto. - Solo puedo llorar ahora mismo.

CONTINUARÁ…

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