La perra de la casa (6)
Jose no solo quiere su cuerpo, quiere su alma y la de su madre. La obediencia es la única moneda de cambio, y el castigo por la desobediencia es una degradación total. ¿Hasta dónde estará dispuesta a llegar la madre para complacer al Señor?
Espero que os guste. Cualquier cosa que me queráis comentar, podéis hacerlo escribiéndome al correo o por los comentarios de la web (presto más atención al correo).
- Te dije que llegaría un momento en el que tu culo sería usado. Sinceramente, pensaba estrenarlo más adelante, pero al ser muy desobediente, he decidido hacerlo ahora para que sepas lo que conlleva no obedecer. Y agradece a tu madre que te está untando vaselina para que no duela tanto. - Solo puedo llorar ahora mismo.
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- AAAAYY. PARA, PARA POR FAVOR, ME DUELEEEEE.
- Puta, ponle el coño en la boca para que se calle. - Mi madre no dice nada y obedece.
Estoy con el coño de mi madre en la boca, lamiéndolo mientras soy penetrada por la polla de Jose en el culo. No creo que mi culo estuviese preparado para esa polla, siento como si me hubiese desgarrado el ano, pero el ritmo parece no bajar. Lo único que suena en el salón es el choque del cuerpo de Jose contra mi trasero.
Pasados unos minutos saca su polla y se la mete sin decir nada en la boca de mi madre, que acepta con gusto para dejarla limpia. No he podido ver su polla, pero no creo que saliese limpia de mi culo.
- Perfecto, ahora tú, puta.
- ¿Cómo? - Dice mi madre desconcertada.
- Que ahora te vas a follar ese culo. Ve a por el arnés.
- Pero… - Mi madre recibe una bofetada. Esa orden no se la esperaba.
- Enseguida, Señor. - Despega su coño brillante por mis babas de la boca y se dirige pasillo adentro.
- ¿Puedo hablar, Señor?
- Qué quieres.
- Por favor, no me folle el culo más, me duele mucho. Dejaré que me folle por el coño todas las veces que quiera, pero no por el culo, por favor. - Suplico.
- JAJAJAJAJA, pero qué ingenua eres. Pues claro que te follaré el coño las veces que quiera, no puedes impedírmelo. Y el culo es algo que haré incluso más que el coño, me da igual que te duela, si obedecieses, habría sido más comprensivo y no te habría dolido tanto.
En ese momento, llega mi madre con un arnés puesto simulando la polla de un tío, igual o incluso más grande que la de Jose. En cuanto lo veo me entran los siete males y comienzo a llorar y a suplicar de nuevo. Mi madre apunta con “su” rabo a la entrada de mi ano y de un empujón lo entierra. Abro la boca hasta tal punto que se me desencaja la mandíbula del dolor, momento que aprovecha Jose para poner un limón en ella junto con un esparadrapo para que no pueda soltarlo, parezco una cerda.
Esta vez son bastantes más minutos los que está mi madre follándome. Si lo anterior me pareció una eternidad, no sé cómo describir esta nueva tanda, ya no siento el trasero. Ante una orden de Jose, mi madre se para y se sale de mí.
- Quítatelo y límpialo con tu sucia boca.
- Sí, Señor.
- Vale, ahora vete a por la pomada y se la untas a la perra en el culo, por dentro y por fuera.
Cuando vuelve a estar brillante, deja el arnés en el suelo y se va a por la crema. Se embadurna dos dedos y me “folla” con ellos para restregar toda la crema por todos los lados. Al acabar siento como algo parecido a un tapón entra en mi culo sellándolo.
- Perfecto, a partir de ahora llevarás siempre el plug, con la crema se te curará el culo, pero no quiero que se te vuelva a cerrar del todo así que llevarás esto siempre. - Con un dedo empuja más la base del plug.
- Me gusta el limón, te quedarás así. Ahora voy a inspeccionar tus tetas. Puta, lubrica un pezón.
Mi madre se agacha y se mete el pezón en la boca para chuparlo y jugar con él. Se asemeja mucho a cuando eres pequeño y tu madre te da de mamar, la diferencia es que ahora la que da de mamar soy yo. Mientras, en el otro pezón, está Jose agarrándolo entre sus dedos, apretando, estirando, retorciendo, pellizcándolo y todo lo que se le ocurra mientras murmura: “Mmmm, resistente, demasiado duro para mi gusto, es sensible”. Ahora pone una mano cubriendo mi pecho entero y la sube y baja, como pesándolo: “No pesa demasiado, es suave y bastante esponjosa, me gusta”. Parezco un conejillo de indias, está examinando todo mi pecho en toda su extensión, como si fuese un sujeto de pruebas.
- Puta, ¿estás cachonda?
- Mucho, Señor.
- ¿Te gustaría correrte?
- Sí, lo deseo, Señor.
- Muy bien, mastúrbate.
No hace falta que diga más para que mi madre esté abierta de piernas frotando su coño con saña, poco más y sale fuego de toda la fricción que hay. Con la otra mano se agarra una teta y se muerde el pezón, está disfrutando. Empieza a convulsionar, está a punto de correrse.
- ME CORR… - Empieza a gritar.
- PARA. - Un grito de Jose la detiene. - Recuerda que perdiste el juego, no puedes correrte hasta dentro de una semana. - Tiene una sonrisa en la cara, solo quiere hacer sufrir.
- Sí, Señor. - Dice mi madre con lágrimas en los ojos mientras me dirige una mirada furiosa.
- Chúpamela, puta, que me quiero correr.
Mi madre se mete el rabo en la boca y comienza a lamer toda esa extensión mientras Jose le pellizca los pezones para calentarla y no quitarle la excitación. A cada pellizco un leve gemido sale de la boca de mi madre. Justo al momento de correrse, Jose aparta a mi madre y posa su polla en mi frente, dejando caer todo el semen que sale, haciendo que resbale por toda mi cara.
Al acabar no dice nada y desaparecen los dos del salón, dejándome a cuatro patas sobre esa mesa, con mi ano perforado y un limón en mi boca. La lefa de la cara empieza a chorrear por mi barbilla, cayendo al suelo. Me escuece la boca debido al limón que tengo incrustado, por las comisuras de mis labios se escapan hilillos de saliva.
- Me gusta esta posición, así eres una perra hecha y derecha, para que aprendas y te acuerdes de la posición, hoy dormirás así. Hasta mañana. - Escucho a Jose desde atrás, no puedo ver lo que hace, pero siento que cuando acaba de hablar, me da una palmada en el coño.
¿Cómo que hasta mañana? Pero si estamos en mitad de la tarde, es imposible que aguante así durante tantas horas sin desmayarme, tengo hambre, estoy dolorida y sin posibilidad de movimiento alguno. Seguro que esto lo ha dicho para asustarme, no creo que sean capaces de dejarme en esta posición.
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El sol brilla a través de la ventana del salón iluminándome la cara. Tengo los ojos rojos, hinchados de tanto llorar. Mi boca sigue con el limón incrustado, las babas que salen ya no sé si es saliva o limonada. Me duele el culo a horrores por el maldito plug que no deja que se me cierre del todo. Por no hablar de todos mis musculos, que ya no es que me duelan, sino que no los siento. Sí que han sido capaces de dejarme aquí, tengo una idea muy equivocada de esos animales.
Siento unas manos arrancándome el plug de un tirón, no sé cuánto tiempo lleva aquí la persona que ha hecho eso, no he escuchado nada y no he podido ver nada porque estoy de espaldas al pasillo. Después de dejar al descubierto mi ano, llega la correspondiente penetración en él.
- El Señor está durmiendo y tengo que hacerle el desayuno, pero he decidido que antes voy a follarte el culo. No poder correrme me está matando y todo es por tu culpa, niñata. Te vas a cagar, es que vas a desear no haber ganado, tú podrás correrte una vez al día, pero desearás no hacerlo, te lo aseguro.
Estoy anonadada ahora mismo, mi ano vuelve a ser penetrado y ultrajado. Pero lo más sorprendente es el que cambio de mi madre, ha entrado totalmente en el juego de Jose y ahora vive por y para hacerme sufrir, solo quiere mi humillación. Cuando se queda satisfecha se sale de mí y me vuelve a colocar el plug, antes de irse se pone de forma que pueda verla y me suelta un bofetón.
Al cabo de varios minutos aparece Jose en el salón diciéndome: “¿Cómo está la perra?” Me quita el plug y vuelve a follarme el culo, al igual que hizo mi madre al comienzo del día.
- Bueno, tengo varias cosas preparadas, la puta mañana vuelve a trabajar así que hoy es un día intenso. De momento volveré a correrme y la puta te azotará durante los quince minutos estipulados por ser una cotilla.
- Señor, tengo una propuesta. - Dice mi madre, tengo miedo.
- Adelante.
- Ya que la perra necesita obedecer y quieres que su ano se quede dilatado, podríamos cambiar los quince minutos de azotes por los mismos minutos siendo follada.
- Tú lo que quieres es usar el sucio culo de tu hija jajaja.
- Un poco jeje. - Una risa tímida.
- Bueno, me parece bien, pero la perra necesita aprender a obedecer y ser follada no es un castigo ya que al fin y al cabo acaba gozando, así que a partir de ahora la follarás durante quince minutos y después la azotarás con todas tus fuerzas durante otros quince minutos.
- Sí, Señor. - Dice mi madre con una sonrisa.
Jose vuelve a correrse en mi cara, mezclando la corrida de hoy con la de ayer que ya está seca. Mientras, mi madre me ensarta con el arnés y procede a follarme de una manera mucho más bestia que hasta ahora me han follado. Es tan bestia que me hace morder el limón, arrancando un trozo y quedándose en mi boca.
Son unos minutos infernales que se me hacen eternos y para cuando acaba no siento ni lo más mínimo mi esfínter, no siento cuando se sale de mí ni cuando me coloca el plug. Lo que sí siento es la nalgada que me propina con todas sus fuerzas. Otros minutos eternos los que sufro con azotes en cada nalga, y otra zona más de mi cuerpo dormida. Mi madre no iba en broma cuando esta mañana me dijo eso de que me iba a arrepentir de haber ganado.
- Vale, puta, suelta a la perra, ella se encargará hoy de todas las tareas de la casa.
En cuanto mi madre me suelta las ataduras, me desplomo sobre la mesa. No puedo mover ni un solo músculo, aunque sea un milímetro. Un tiró de la correa hacia arriba me mueve un poco, pero por la fuerza que ejerce sobre mi cuello.
- Vamos perra, que tienes tarea. - Dice mi madre.
- Deja que se recomponga un momento, puta, soy yo el que da las ordenes, acuérdate.
- Perdón, Señor.
Suelta la correa y me quedo unos minutos en esa posición, parezco un ser inerte ahora mismo. Cuando ya vuelvo en mí y puedo moverme, la voz de Jose llega a mis oídos: “Vamos perra, es hora de que te pongas con tus tareas, tienes mucho que hacer”.
Me pongo a cuatro patas y me quedo quieta en el sitio, no sé qué tengo que hacer primero. Jose ve que no me muevo y me quita el limón, cosa que agradezco tanto yo como mi mandíbula. Me escuece la boca por todo el cítrico que ha estado ahí durante tanto tiempo. Además, tomo una bocanada de aire y siento como si me hubiese tomado ocho caramelos de menta juntos, me rasca hasta la garganta.
- ¿Qué quieres? - Dice Jose.
- ¿Qué hago primero, Señor?
- Joder, te llega el olor del limón hasta aquí, cierra la boca. A ver, vas a empezar aspirando la casa entera, después limpiarás el polvo de todos los muebles, cuando acabes me llamarás e iremos al baño para que lo limpies, por último, nos harás la comida.
- ¿Yo también comeré, Señor? - Dice mi madre sorprendida.
- Así es, hoy comerás. Perra, empieza ya.
Me pongo manos a la obra todavía dolorida, aún me duele todo el cuerpo por esa posición durante toda la noche. Mientras paso la aspiradora por todo el salón, veo como mi madre está siendo ensartada por la polla de Jose, no tiene ninguna piedad. Mientras la penetra, le pellizca los pezones y da palmadas en su culo. Están así durante bastante tiempo, tanto que me sorprende.
He acabado de aspirar toda la casa y ahora estoy con el polvo de los muebles. Ellos siguen follando, aunque parece que ahora mismo el único que disfruta es Jose, mi madre ya está sufriendo de tanta penetración y tanto golpe, tiene tanto las tetas como el culo rojo como un tomate por todos los azotes recibidos. Y porque no puedo fijarme, pero seguro que el ano lo tiene igual. Cuando estoy en las habitaciones limpiando se escuchan los gemidos de mi madre como si estuviesen amplificados por un megáfono.
Acabo de limpiar todo lo ordenado y me dirijo al salón, donde me encuentro a Jose sentado en el sofá con mi madre entre sus piernas con su rabo en la boca. “¿Ya has acabado perra?” Un leve asentimiento hace que aparte a mi madre y se levante del sofá para dirigirse al baño. Mi madre se levanta y va dos pasos detrás de él, veo como tiene lágrimas en los ojos de tanto follar, tiene que tener sus agujeros en carne viva.
- ¿Qué hacen las perras? - Dice Jose, parándose en el umbral del pasillo.
En ese momento recuerdo lo que me dijo mi madre de que siempre tenía que ir oliéndole el culo. Me acerco a ella y pego mi nariz a su ano, ante un sonido de satisfacción de mi madre, comienza a caminar en dirección al baño. Una vez dentro, me separo de mi madre y Jose me da mi cepillo de dientes.
- Ya sabes lo que tienes que hacer.
Agarro el cepillo y procedo a frotarlo por todo el suelo del baño. El espacio es bastante grande, lo suficiente como para que estemos los tres sin estorbarnos. Aunque no creo que pueda contar a tres personas aquí dentro ya que Jose ha vuelto a ensartar a mi madre mientras se sienta en el váter.
Vuelven a follar durante todo el tiempo que estoy limpiando, el cual no es corto porque el cepillo es bastante pequeño en comparación.
- Muy bien, ahora tienes que lavarte la boca, así que cepillo a la boca. - Me dice Jose al acabar de limpiar todo el baño. Con una mueca de asco me llevo el cepillo a la boca y empiezo a cepillarme los dientes, no quiero ni imaginarme la de bacterias que puede tener este cepillo ahora mismo, mejor no pensarlo. Siempre he sido una chica muy limpia y ahora mismo encontrarme así, cepillándome los dientes con un cepillo que ha sido pasado por todos los recovecos del baño y con la cara llena del semen ya seco de Jose, me duele en el alma.
- Señor, ¿puedo proponer algo? - Dice mi madre.
- Adelante.
- La perra ha limpiado la casa y se la lavado la boca, pero no se ha lavado sus partes y con lo sucia que es, dudo que todos los gérmenes que tiene ahí abajo se vayan con agua y jabón. Propongo, por su salud más que nada para que no pille ninguna enfermedad cuando use a la perra, que se lave a la dicha sus agujeros con la escobilla del váter, eso eliminará todo germen que tenga ahí abajo. - Tiene una sonrisa maquiavélica en la cara, es verdad lo que dijo esta mañana.
- Eso no te lo he hecho ni a ti, puta.
- Ya, Señor, pero estoy segura que le entra la escobilla.
- Bueno, vamos a probar. - En ese momento me echo hacia atrás intentado escapar de ellos, ¡cómo es posible que le parezca bien hacerme eso!
Mi madre me agarra del brazo mientras Jose desliza la escobilla por mi coño, provocándome un dolor hasta ahora no vivido y que no recomiendo ni a mi peor enemigo. Las cerdas de la escobilla me arañan toda mi raja, llegando al clítoris, una de las zonas más sensibles de mi cuerpo. Mi madre me quita el plug de otro tirón y Jose procede a empujar la escobilla dentro de él. Gracias a la follada recibida horas antes, mi ano está más dilatado de lo normal, pero el dolor sigue siendo insoportable, comienzo a chillar ante la risa de mi madre.
No dura mucho mi tortura, Jose ha metido y girado un poco la escobilla para después sacarla, pero el dolor sigue patente, es como si me hubiesen metido un rastrillo ahí dentro.
- Vale, ya estás limpia, nos toca a nosotros, puta, a la bañera.
- Sí, Señor. - Y de un movimiento rápido entra en la bañera para después dejar paso a Jose.
- Chúpamela. Tú, perra, abre el grifo del agua fría y apunta con él a la puta, como me salpique un poco, te meto aquí dentro hasta que pilles una hipotermia.
Llorando todavía por el dolor, hago lo que me ordena. Apunto a mi madre, la cual recibe el agua con un escalofrío, cosa que muy dentro de mí, disfruto. Pasados unos minutos, mi madre está tiritando, pero sigue con el rabo en la boca.
- Muy bien, para ya. - Cierro el grifo. - ¿Tienes ganas de cagar y de mear? - Que forma más vulgar de decirlo, pero asiento. - Perfecto, coge el vaso que hay en el lavabo y meas ahí, después te sientas en la taza y cagas.
Agarro el vaso y procedo a orinar en su interior, tengo miedo de lo que me va a ordenar después, pero no me aguanto las ganas ya. Dejo el vaso donde lo he cogido con todo el pis dentro, es el primero del día por lo que tiene bastante olor. Me siento en la taza y ante la atenta mirada de Jose, me quito el plug para después hacer de vientre, cada día me da menos vergüenza que me mire porque sé que si no lo hago ahora, no sé cuándo podré hacerlo de nuevo.
- Vale, ahora lávame la parte de arriba mientras la puta se encarga de la parte de abajo.
No dice nada más y mi madre como una autómata se dispone a lamer todo su cuerpo de cintura para abajo, esmerándose en su culo. Hago lo mismo, solo que en la parte de arriba. Una vez lamido entero, le enjabonamos y aclaramos. Sale de la ducha seguido por mi madre. Jose se seca, pero ella sigue empapada y tiritando, parece no importarle. “Vamos a la cocina”.
En la cocina vuelve mi madre a ser follada mientras yo preparo la comida para los dos, lo cual me parece injusto, que mi madre pueda comer y yo no. Bueno, no es del todo cierto, yo tengo mi comida también, pero está almacenada en mi culo, es una zanahoria que me ha incrustado ahí Jose. En cambio, para Jose estoy haciendo unos macarrones y para mi madre arroz blanco. Sirvo la mesa, con los dos platos sobre ella, pero una orden de Jose me hace bajar un plato al suelo, el de mi madre.
- Antes de que te pongas a comer puta. Perra, mastúrbate, y procura correrte en abundancia, todos los fluidos los echarás en el plato de la puta. Además, como bebida tendrás el meado de la perra, ¿vale?
- Sí, Señor. - Dice mi madre.
Me coloco sobre el plato de mi madre y comienzo a masturbarme, una vez que me corra no podré correrme en todo lo que queda de día, pero bueno, solo nos queda la mitad así que será soportable. No tardo mucho en llegar a la corrida, la cual viene acompañada de un pequeño squirt, pero el suficiente como para que se note en ese plato, formando una pasta de arroz.
- Muy bien, ahora a comer. Perra, tú también.
Nos ponemos a comer cada quien su comida, más o menos nutritiva. La más asquerosa es la de mi madre, ya que es arroz acompañado de mi corrida y mi orina como bebida. No puedo creer que se pueda beber eso. La zanahoria que estaba en mi culo momentos antes de ser mordida ahora está blandurria por la parte más delgada.
Al acabar de comer nos dirigimos al salón donde hago de soporte para los pies de Jose. Mi ano sigue siendo follado por mi madre, pero a una velocidad más lenta.
- Vale, voy a cambiar algunas cosas. Perra, serás mi soporte cada vez que esté en el sofá, podré apoyar en ti tanto los pies, las piernas, una lata, el cenicero, lo que quiera. Tú solo estarás a cuatro patas esperando lo que sea, ¿de acuerdo?
- Sí, Señor. - Digo.
- Además, eres una perra, por lo que no hablarás nunca en mi presencia, solo ladrarás, un “guau” para decir que sí, dos “guau” para decir que no, bueno, solo usarás un “guau” porque no puedes negarte a nada. Como ya has descubierto, me perteneces tanto en cuerpo y alma así que no quiero reacciones como las del baño cuando te has apartado. - Se queda callado, y yo también porque no me ha preguntado nada. Es humillante que ahora no pueda hablar, solo ladrar.
- Siempre estarás con el collar, la correa dependiendo de la compañía la tendrás puesta o no. Y como hables o emitas algún sonido por ese hocico, tendrás el bozal durante una semana. - Me dice mientras me da una palmada en el trasero.
- Ahora vamos contigo, puta. No quiero que te excedas en la perra, por mucho que te gane en los juegos o lo que sea. Siempre se hará lo último que yo diga y tú puedes proponer cosas, pero como esas cosas sean muy excesivas, una parte proporcional te pasará a ti, así aprenderás a medir los castigos o las ocurrencias.
- Sí, Señor.
- Tú puedes seguir hablando y andando como una persona normal, pero si un día decido que seas una perra, te pondrás a su nivel. Obviamente, irás desnuda y cuando trabajes irás sin ropa interior, como hasta ahora. Otra de tus obligaciones será instruir a la perra en todo lo que te ordene. Ah, aunque puedas hablar, siempre que sea algo para con la perra, me pedirás permiso antes. Fuera de casa serás tratada como sabes, pero a la perra la tratarás como tu hija, tal y como ha sido hasta ahora, tú no tienes ninguna autoridad con ella fuera de esta casa. Pondré cámaras en todas las estancias por lo que veré si te sobrepasas con ella.
- Vale, Señor.
- Ahora esto va dirigido a las dos, yo aquí soy vuestro Señor, por lo que me debéis adoración y obediencia máxima. Podré castigaros cuando quiera y como quiera. De las tareas de la casa se encargará la perra mientras que la puta será mi juguete sexual. A la hora de dormir, la perra dormirá en la jaula y la puta en el suelo, SIEMPRE.
- Otra cosa más, se impondrá un día a la semana en la casa donde se hará un juego, en el cual, la persona perdedora tendrá un castigo y la ganadora un premio. Así no se os olvidan vuestras posiciones. Ni que decir tiene que podré usaros cuando quiera, como quiera y donde quiera. Nos lo vamos a pasar muy bien, ya veréis jajaja. ¿Os parece bien? - Dice mientras nos acaricia. Mi madre dice el correspondiente “Sí, Señor”, mientras que yo, con lágrimas en los ojos ante la nueva situación suelto por la boca un “guau”.
CONTINUARÁ…
Continúa en
- Relato #200959— title-regex: contiguous parts (5 -> 6)
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