El matrimonio 4
La noche no termina con el orgasmo, sino que se renueva en la ducha y en la cama. Juan descubre que tiene el control total del deseo de una pareja, y que sus cuerpos, sudorosos y exigentes, están listos para una nueva ronda de placer sin límites.
Es interesante leer los 3 capítulos anteriores de esta saga, para captar todos los matices, y situaciones. Ya saben correos, y comentarios siempre, siempre bien recibidos.
Carmen, y yo estábamos exhaustos, y a la vez cubiertos por el orín, que Miguelito había disfrutado soltando por nuestras caras, y bocas.
Nosotros seguíamos a lo nuestro, fundidos en un caliente beso, mezcla de semen, flujos y meados…
-Juan, me ha encantado disfrutar contigo. Eres un gran hombre tan morboso y vicioso como nosotros.
-Carmen, tú también eres una gran mujer, en todos los aspectos. Nos damos una ducha? ¿?
Miguel después de romperle y correrse en el ancho pandero de su esposa, necesitaba el cigarrito del después. Dejo caer sus anchas caderas en un silloncito que tenían en el dormitorio, mientras nos hacía gestos de aprobación al vernos entrar al baño.
Entramos juntos en el plato de ducha, dejamos caer el agua, mientras nos poníamos debajo del chorro, fundiéndonos en un acalorado beso. Esta vez era un beso, dulce, tierno. Ella todavía retumbante del placer, buscaba un beso que acariciara, no que encendiera el horno. Poco a poco nos fuimos enjabonando, despacio, palpando cada trozo de piel, aun sensitiva de las aparatosas corridas que habíamos tenido.
Salimos y poco a poco la fui secando. Primero aquellas ubres, tan colgantes. Era un placer, palparlas, e ir masajeándolas. Luego pase a limpiarle el culo irritado, y la vagina. Ella fue haciendo lo mismo conmigo. Yo ya tenía una fuerte erección, de todos esos juegos de limpieza.
Fuimos al dormitorio, y Miguel había pasado del sofá a la cama. Recostado nos observaba divertido, mientras ya portaba un erección de su gordo pene tan fuerte como la mía.
-Chicos, venid aquí conmigo vamos a tumbarnos.
Carmen que me tenia cogido de la mano, me fue llevando despacio, hacia el orondo hombre que estaba allí tumbado, con polla en mano.
Esta vez, sentí, que debía llevar yo las riendas. Y sin pensarlo 2 veces, me metí ese ancho capullo en mi boca. Carmen se tumbaba al lado de Miguelito, que sacaba su lengua buscando la boca de su mujer.
-Joder con Juan. Si que ha venido con hambre, mira como me chupa la polla Carmen.
Yo estaba a lo mío, relamiendo ese brillante champiñón que tenia Miguel por capullo. Poco a poco fui bajando y en un momento su polla la tenia clavada hasta la garganta. Después de la arcada de rigor, junté toda la saliva y se la escupí en la polla, mientras la masajeaba capullo arriba, capullo abajo. Carmen al ver, esta guarrada se tumbo al lado de su marido, mientras delicadamente empezaba a acariciar su clítoris.
Yo cambie a la dulce vagina de la madura gorda y viciosa. Empecé a relamer, aquel néctar que ya brotaba de sus paredes mas internas, mientras con mano firme seguí masturbando a Miguel.
Cuando me cansaba de comer coño, me lanzaba a comer polla. Tenía a aquel matrimonio, entero para mí, y les quería hacer disfrutar.
Carmen a veces, me cogía de la nuca con su mano derecha, y me apretaba con fuerza, hasta el pubis peludo de su marido, yo repetía mi arcadita y cuando me soltaba le escupía toda la saliva a esa gorda polla.
Miguelito siempre sorprendía, y se le ocurrió un nuevo juego, se dio la vuelta, y se puso a 4 patas. Le pidió a su señora que hiciera lo mismo.
-Miguel hombre, ya que te has puesto morado de polla y coño, pues ahora que te parece un poco de culo.
Y ni tan mala idea. Me fui acercando a los cachetes de Carmen, separé con vicio y hundí mi cara dentro de ese culo. Estaba calentito de la follada que le había dado Miguel, y aun un poco dilatada. Mas de media lengua me entraba sin apenas esfuerzo. Me separé, le di un cachete, y decidí probar mi primer culo peludo y masculino.
Miguelito como todo el, tenia el culo, de un oso. Peludo, grande y duro. Poco a poco fui separando, los cachetes y empecé a relamer aquel esfínter. Estaba estriado, y muy muy cerrado. Miguel con cada lamida, ronroneaba de gusto. Aprovechaba y mientras comía culo, también masturbaba al que me tocaba. Mientras le chupaba a él, lo iba masturbando con fuerza, como ordeñando el gordo pene.
Cuando le comía el culo a Carmen, la metía 2 dedos en su mojada raja.
Pero no todo, iba a ser disfrutar. Me mojé los dedos índices, con saliva, y poco a poco fui masajeando esos culos maduros. En Carmen, sin apenas esfuerzo tenía 2 falanges dentro del ano. Miguel por su parte, era otro cantar. Lo tenía tan apretado, que tenía que ir dilatándolo mientras se lo chupaba. No había forma de metérselo, pero poco a poco fue cediendo.
Tenia a los 2 gordos maduros, a 4 patas, y con un dedo en cada uno de sus culos. Empecé lo que llamo la cuadriga romana, que es hacer como si cada uno fuera un caballo, y yo el gladiador que los guía. Los iba follando con los dedos, mientras cada uno de ellos, iba masturbando su órgano.
Miguel por su parte, se masturbaba con rabia, mientras gemía de gusto. Carmen iba dando pequeños chillidos, suaves y morbosos, cada vez que mi dedo llegaba hasta el fondo.
Después de un buen rato de tortura, Carmen se corría con mi dedo dentro. Me pidió que sacara el dedo, que después de tanto trajín le escocia bastante. Pero no cambio de postura, decidió empezar a comerle la boca a su marido.
Así que me dedique en cuerpo y alma a que Miguel disfrutara.
Con el dedo entrando salvajemente en su ano, y con la otra mano masturbándole. Despacio sin prisa, notando cada vena, de su abultado y gordo rabo.
Él iba gimiendo, mientras yo seguía masturbándole. Hasta que de repente, empecé a notar que me apretaba el dedo con su ano, y eyaculaba de forma fuerte y espesa. Poco a poco fue parando la intensa corrida. Yo saque despacio el dedo de su culo, mientras seguía apretándole la polla buscando las ultimas gotas de la espesa corrida.
CONTINUARA
Correos, y comentarios siempre, siempre bien recibidos.
Continúa en
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