Xtories

El matrimonio 5

Miguel no solo quiere ser usado; quiere controlar cada gesto de su esposa y el del hombre que la posee. Con él como espectador y director, Juan debe obedecer órdenes que cruzan la línea de lo recatado hacia la humillación más absoluta. ¿Hasta dónde llegará la sumisión de Carmen cuando su propio marido dicta las reglas del placer?

Lyser11K vistas9.0· 8 votos

Es interesante leer los capítulos anteriores de esta saga, para captar todos los matices, y morbos de la sumisión, que disfrute con este matrimonio maduro, gordo e insaciable…Correos, comentarios siempre bien recibidos.

La verdad que me sentía bien, después de haber echo disfrutar, como unos cerdos a Carmen y a Miguel.

Aun tenía calientes los dedos, con los que había penetrado cruelmente el ano de Miguelito. Por mi mano izquierda chorreaba su espeso semen, que con tanto esfuerzo conseguí ordeñar; y que el muy solicito, eyaculo sobre su cama de matrimonio.

-Joder Juan, menuda pajaza me acabas de calzar amigo. Así da gusto.

-La verdad que ha sido toda una experiencia (susurraba Carmen, de forma pizpireta)

El matrimonio se tumbó un rato en la cama, mientras los observaba divertido. Mi polla, estaba como un mástil, dura y venosa del tratamiento que había perpetrado contra mis gorditos maduros.

Miguel se percató de la situación, se levantó de la cama y se fue al silloncito que tenían en la habitación.

-A ver chicos, de mi poco más vais a poder sacar. Entre los 2 me habéis dejado vacío y satisfecho para varios días. Pero por lo que veo, Juanito todavía tiene mecha Carmen. Y yo que conozco a la puta de mi mujer se que todavía no está satisfecha, verdad?¿?

-Hombre, ver con esa erección a Juan, después del placer que nos ha dado me da un poco de pena.

-Se me ocurre una cosa…. ya que no estoy yo para poder jugar con vosotros, se me ha ocurrido un morboso juego. Juan, te dejo a mi mujer. Pero seguirás de forma escrupulosa, mi ordenes, y debes hacerle tal y como yo indique las cosas que se me ocurran. Yo simplemente actuare como voyeur, de todo lo que hagáis. Estáis de acuerdo?

Yo conteste de inmediato con un rotundo sí. Sentirme usado por Miguel, sin tener que tocarle, y poder jugar con su mujer, no hacía más que fomentar mi creciente erección. Carmen por su parte un poco dubitativa, conocedora de la mente perversa de su marido, aun con cierta reticencia, también asintió.

-Pues venga no se diga más. Así como estáis, quiero que Juan te bese. Debes usar mucha lengua y mucha saliva Juan, así es como me gusta a mi besar. Y como sé que Carmen es más recatada con su boca, la someto doblemente.

Carmen sin pensarlo, se puso de rodillas en la cama, y se acercó un par de pasos hacia a mí. Yo hice lo mismo. Me quede atónito, observándola. Los grandes pechos, colgaban exuberantes hasta la mitad de su tripa, que a su vez colgaba tapando su monte de venus, y reposaba sobre sus muslámenes.

La cogí por sus anchas caderas, disfrutando los incipientes michelines, y sin pensarlo le di un lengüetazo por los labios. Saboreando el sabor fui poco a chupándolos, siguiendo sus formas, como si un pintalabios fuera mi lengua. Carmen tímidamente, iba sacando de vez en cuando su lengua, de una forma casta. Hasta que nuestras lenguas comenzaron una lucha grecorromana, de aúpa.

Yo estaba como loco saboreando aquella lengua viscosa, y no aguante, empecé a besarla de forma apasionada. La lucha dentro de su boca era puro fuego. Lengua, arriba, lengua abajo, recociéndonos y saboreando esas bocas, que tanto habían tragado esa tarde de lujuria.

Carmen generaba ingentes cantidades de caliente saliva, que yo relamía, y me tragaba con vicio.

-Así me gusta, eso es un beso caliente, quiero ver más humedad. Separad las bocas, y dejad las lenguas fuera, que goteen.

Seguimos las indicaciones de Miguel sin rechistar. Un hilo de saliva colgaba entre nuestras lenguas, que recogí y metí en mi boca a la que volvíamos a besarnos. Cada rato hacíamos este juego, ya cayendo babas, por el pecho de Carmen.

-Juan, a las mujeres como a mi señora, hay que hacerlas sentirse como lo que son. Cerdas y muy guarras, que van de recatadas. Pero que las usen y sometan con todo tipo de guarrerias, las pone el coño babeante pidiendo más y más. Así que de momento escúpela en la cara.

Carmen, ya estaba acostumbrada, así que me miro, abriendo la boca, sabedora de lo que le gustaba que su marido la emputecerla.

Rebusqué en mi garganta y boca toda la saliva que fue posible, y procedí a lo que Don Miguel, me había pedido.

El gapo la cayo por parte de la cara, y una buena parte en su boca y labios.

-Eso es Juan, así me gusta, sin miedo y haciéndola sentir quien lleva la batuta. Ahora restriégale tu hedionda saliva, por su cara.

Empecé a restregarla toda las babas por la cara, mientras Carmen me observaba con la mirada más obscena y oscura que había visto en mi vida. Volví a arrejuntar más saliva, y repetí el proceso. Apuntar y disparar saliva a la cara madura de Carmen.

Esta vez, y fruto del vicio, después de restregarle la saliva por toda la cara, me acerque con el dedo índice a jugar con sus labios. Mientras Carmen, por su parte iba sacando su lengua divertida.

Junto al índice se unió el anular, que ya se restregaban por su lengua con total desparpajo.

-Umm me gusta ese jueguecito, de dedos y lenguas…a ver de que sois capaces (nos retaba Miguel)

Carmen al escucharle, empezó a lamerlos con más ansia, hasta que se los fue metiendo en la boca, como si de un polo de carne se trataran. Yo poco a poco se los fui metiendo más dentro, más profundo, hasta tocar campanilla, y provocarla una sonora arcada, que mi madurita aguantó estoicamente.

-Joder Juan, muy bien hecho. Demuéstrala quien manda. Carmen, no quites la mirada. Mírale fijamente, mientras te tragas sus dedos.

Sin esperarlo, comencé a follar la boca de esta cincuentona, cruelmente. Mientras ella lo único que hacia era mirarme fijamente con sus ojos llorosos, yo percutía su boca hasta el fondo, la generaba una arcada, y dedos fuera para darla un poco de consuelo.

Sus canalillo y pechos estaban empapados, de las babas que se le iban cayendo por las comisuras de los labios, dejándolos brillantes, y preciosos.

-Venga Juan, que ya tiene lo suficientemente regado el pechambre. Carmencilla, como sabes tiene unos pezones, muy sensitivos, así que vete acariciándolos, y cuando estén como dedos de mono, quiero que se los maltrates. Tira, estruja, pellizca…divierte con ellos.

Como me estaba poniendo este señor, con sus ideas. La verdad que yo soy mas de acariciar, chupar, e incluso un mordisquillo suave. Pero si Carmen disfrutaba de este modo, quien era yo para negárselo? ¿?

Con la mano derecha, seguía jugando dentro de su boca, eso sí, de forma más sosegada. Mi mano izquierda por su parte comenzó a sobarle una teta. Era una pasada masajearla así tan caída, como un saco de harina. Empecé a hacerle circulitos, por la aureola empapada por la propia saliva de Carmen, y tímidamente iba pasando por su pezón, poniéndolo durito.

Empecé a apretárselo y liberárselo suavemente. Carmen, gemía con cada apretón, lo poco que le dejaban mis dedos incrustados en su garganta. Decidí liberarla de esa tortura, sacándolos empapados de áspera saliva.

Me quede mirándola fijamente y luego, le mire a las tetas. Ella lo entendió perfectamente, y fue liberando todas las babas que tenia acumuladas en la boca, y las derramos sobres sus tetazas de una forma muy sensual, y caliente.

Volví a comenzar a masajearlas, con las dos manos. Las repartí la saliva despacio, como dándoles cremita.

Empecé por abajo, subiéndolas hacia arriba, haciendo lo que yo llamo vaciar la pasta de dientes. No es mas que empezar a apretarlas como digo desde abajo, e ir subiendo las manos como intentado vaciarlas. Al estar tan mojadas mis manos escurrían perfectamente, y acaba el masaje siempre en el pezón. Que se los sujetaba fuertemente apuntándolos hacia arriba. Eran tan anchos, que parecía estar levantando una tienda de campaña.

Carmen, cada vez que el masaje llegaba al pezón, gemía y echaba la cabeza hacia atrás, del morbo y vicio que le estaba causando.

-Joder Juan, eso no lo había visto nunca. Me gusta como estas tratando a mi señora. Si al final, me vas a tener que enseñar tu a mí... Te gusta lo que te está haciendo Juanito, Carmen?

-Ufff…es un macho igual o mas cerdo que tu cariño...

Esto comentarios, hicieron que siguiera trabajando esas tetas. Agarre, una la aúpe, y se la metí en la boca a la señora viciosa. Me acerqué despacio a su odio, y le di la siguiente orden:

-EMPIEZA A MAMARLO, Y TERMINA LA RELAMIDA CON UN MORDISCO

Pues dicho y hecho, Carmen empezó a mamar como una posesa su pecho, y acabo sujetando su enorme teta con sus dientes.

Miguel no daba crédito, de la imagen que le estábamos dando.

-Madre mía chicos, si al final se me vais a levantar la polla otra vez.

Yo le mire de reojo, y efectivamente su gordo y ancho pene de estar caído, empezaba a ponerse morcillón. Por lo que parece, estábamos haciendo un buen trabajo.

A Carmen, se le escapo el pezón de los dientes, así que se me ocurrió otro juego, que esperaba le gustara a D.Miguel.

Me acerqué despacio a Carmen, y empecé a darle besitos por el cuello. Estaba empapado de sus propias babas, que iba relamiendo entre beso, y beso. Fui bajando por el canalillo, relamiendo todas las flemas, y babas que tanto trabajo me había costado sacarle, y ahora disfrutaba saboreando.

-Carmen, no solo va a trabajar Juan. Ahora que tiene la cara entre tus tetas, aplástasela con ellas.

Mi gorda madura, empezó un vicioso masaje, en el que iba aplastando mi cara con sus pechos. Me los iba restregando, por mi boca, de la que asomaba mi viciosa lengua, e iba relamiendo cada trozo, que Carmen iba dándome a chupar.

Otras veces se los aupaba desde abajo, como mostrándomelos, y yo apresurado chupaba esos viciosos pezones, cayéndoles algún mordisquito por el camino. No se el tiempo que pudimos estar jugando con sus tetazas, pero entre los restregones, pellizcos y mordiscos estaban cogiendo una tonalidad rojo fuego.

-Bueno Juanito, veo que os estáis entendiendo a la perfección. Ya que le has trabajado la boca, ahora quiero que se la taladres con ese pollón que gastas. Carmen como sabes, es una gran chupapollas, y tal como estas te vas a derramar en un santiamén.

-Pues al lio (dije de forma jocosa).

Carmen seguía de rodillas, y se apoyó las manos en los muslos, dejando a una altura perfecta su boca, preparada a ser percutida.

Liquido preseminal, afloraba por la por la punta de mi glande, después de tanto rato de juegos. Así que no tenia prisa alguna. Me cogí la polla, y empecé a hacer la pintada de cara, que es ir restregándola por la cara, como si de un pintor de brocha gorda me tratara.

Mientras se la iba pasando por los mofletes, la frente, y la nariz, mi madurita iba buscando agarrarla con la boca, pero no la dejaba cogerla, hasta que me la agarro con la mano y se la metió ella misma hasta el fondo de boca. Menuda era esta señora...

Yo puse manos en jarra, y ella fue haciendo todo el trabajo. La cogió por la base, y fue chupando esas gotitas de precum, que había ido liberando. Lo relamía, con cara de vicio, mirándome fijamente a los ojos, mientras iba jugando.

Paso a soltarla dentro de su boca, y empezó a mamarla despacio, a su ritmo, desde la punta hasta los huevos, despacito.

-Ves Juan, ya te decía que es una devora hombres, y que si la pones en su sitio, se consigue liberar la perra en celo que lleva dentro.

Estas palabras, no hicieron mas que añadirle mas fluidez a la mamada. Carmen se la sacaba hasta la punta, y clavaba la cabeza con fuerza y rabia hasta mi pubis. Con las ya clásicas arcadas, que tanto me ponían, y ella muy bien manejaba.

De repente, la cogío con la mano, y la escupió toda la saliva que tenía. Empezó a masturbarme con fuerza, apretándola desde la base hasta el glande, parecido a como había ordeñado yo a su marido, teniendo un dedo dentro de su culo peludo.

Ella sintió mis palpitaciones de que se acercaba la eyaculación, acerco su cara a la punta de mi polla, y empecé a correrme sobre la cara viciosa de esta madura gorda e insaciable.

CONTINUARA....

En cuanto saque un rato, sigue el juego. Gracias por leerme. Comentarios y correos, siempre un placer.

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