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La perversión me sedujo 6

No era muy tarde para ducharse, así que cogió unas toallas para irse al baño, porque tenía la vagina y el ano sucios, y no quería oler tanto a hembra que acaba de ser follada y de haberse corrido de gusto y placer como una puta zorra.…

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No era muy tarde para ducharse, así que cogió unas toallas para irse al baño, porque tenía la vagina y el ano sucios, y no quería oler tanto a hembra que acaba de ser follada y de haberse corrido de gusto y placer como una puta zorra. Tenía el culo abierto de par en par por primera vez en su vida, quejándose con dolor.

Sandra cogió del cajón unas braguitas limpias y una camiseta para taparse la parte de arriba, cuando salga de la ducha breve. Además, tenía que curarse su ano, ya que le dolía bastante, sacando una crema anal para esas ocasiones, que calmaba la hinchazón y cicatrizaba si se había abierto el ano, forzándolo mucho al ser follada salvajemente.

No tenía la costumbre de ponerse sujetador ya que le apretaba la respiración del pecho, y se trataba de dormir y de descansar durante la noche, y además, porque sin él, se sentía más desnuda, más excitada por estar así de esa manera.

No tardó en ducharse para vestirse e irse a la habitación para meterse en la cama. La noche transcurrió de forma tranquila, y después de haber tenido tanta actividad, se quedó durmiendo, rápidamente.

Sería sobre las 10:30h cuando la puerta se abrió, entrando Patricia agotada de su primer turno en el hospital, qué debido a su cansancio, se fue a su habitación para echarse encima de su cama para dormir.

Patricia, se quitó la ropa para ponerse más cómoda con una camiseta y unas braguitas para dormir más ligera. Sandra dormía, así que se durmió sin hacer ruido.

Serian sobre las 14:45h cuando salí de la habitación, sin hacer ruido para no despertar a Patricia, ya que, si terminó el turno de trabajo, estaría ahora mismo durmiendo, por lo que me fui a la cocina a preparar algo de café en la cafetera.

La cafetera era una de esas automáticas para seis personas, así que tendríamos café para dos días más. Era domingo por la mañana, así que salí a comprar el pan, mientras Patricia dormía que seguramente, despertaría por la tarde cuando hubiera descansado.

Por un lado, pensaba que era una lata, tener el turno de noche, porque te trastoca todo el día. Cuando me subí al ascensor, me crucé con Teresa, que iba a comprar el pan.

–Hola, Teresa. –dijo Sandra.

–¿Qué tal estás? –preguntó Sandra.

–Hola, Sandra, estoy bien. –dijo Teresa.

–Muchas gracias por preguntar. –respondió Teresa, desviando la mirada.

–¿No deberías de estar durmiendo? –preguntó Sandra.

–Lo digo, porque creo que tienes turno de noche como Patricia.

–Deberías de descansar y dormir, porque creo que esta noche trabajáis ambas. –dijo Sandra.

–Si, es verdad, por eso voy a comprar y prepararlo todo. –dijo Teresa.

–No tengo compañeras de piso, así que estoy sola para todo. –dijo Teresa.

–¿Y eso? –preguntó Sandra.

–Ambas compañeras se marcharon de erasmus a estudiar fuera, por lo que dejaron todo pagado y dentro de unos días vuelven. –respondió Teresa.

–Me alegra, es bueno así no estarás más acompañada y te ayudarán en todo. –dijo Sandra.

–¿Quieres que te ayude en algo? –preguntó Sandra.

–No te preocupes, que puedo hacerlo sola. –dijo Teresa.

Noté que llevaba puesto un collar con su cadena, llevaba una falda, con una chaqueta y una blusa, que le disimulaba, bastante. El collar de su cuello no era de esos collares gruesos de cuero, que llevaban de los perros, sino que era como un collar de plata fino, muy estilizado con un gran diseño, con algunos grabados por lo que la gente lo podría ver como una joya lujosa, un colgante muy femenino.

Pude apreciar varios grabados muy icónicos junto con un nombre, en el que ponía teresa. No me había fijado en ese detalle, ya que era algo como muy superficial, y no había fijado en los collares de resto.

Mirándola conjuntada con esa ropa, le quedaba muy bien, y he de decir que el collar era muy bonito, no era tan feo como lo pintaban. Nadie que supiera que Teresa fuera una sumisa, o supiera sobre el BDSM, no lo sabría de ninguna manera y pensaría que era un colgante que solemos llevar las chicas por la moda.

Teresa, estaba nerviosa cuando la miraba detenidamente. Bajé la mirada, para verle que llevaba unas sandalias con las uñas muy bien cortadas y al natural, junto con una tobillera fina que iban a juego con el collar y un anillo en uno de los dedos del mismo color.

Por otro lado, cuando miraba su cuerpo recorriéndolo, vi como dos marcas que estaban donde sus pezones, por lo que se le marcaban muy bien las anillas que perforaban sus pechos, viéndose como si tuviese algo, pero de manera muy disimulada.

Ella, estaba mirándome al suelo y mis pies, a ratos, hasta que se abrieron las puertas para salir al vestíbulo, ella me hizo una reverencia con la cabeza, despidiéndose.

–Hasta luego, Sandra. –dijo Teresa.

–Un placer haberlo contigo. –dijo Teresa.

–Hasta luego Teresa, que tengas una buena tarde. –dijo Sandra.

–¡Muchas gracias! –dijo Teresa, yéndose a toda prisa.

Sin duda alguna, pensó que como vivo con Patricia, me habría contado algo sobre ella, sobre las diferentes sesiones de BDSM que había practicado con ella como su esclava.

Por eso, se habría puesto totalmente nerviosa, haciéndome la reverencia con la cabeza, aunque ni soy Ama como Patricia. Me fijé que tenía manchas en la falda donde está su vagina, por lo que va excitada y cachonda a comprar.

Saliendo por el portal, estaban varios vecinos, parados junto a un árbol, hablando en alto, tanto que al pasar por le caminito para salir a la acera de la calle, pasé por su lado, escuchando su conversación.

–Tú te crees, se ha cagado en el árbol, y por la pinta que tiene. –dijo Antonio.

–Tiene que ser un perro grande, porque esas mierdas no las echa un perro pequeño, así que no me echen la culpa. –dijo Antonio.

–Si, no se preocupe. –dijo Beatriz, con una sonrisa en su boca.

–¿Has visto algo sobre eso? –preguntó Sonia.

–No, no he visto nada. –dijo Sandra.

–Es una lástima, porque como vives en ese portal, quizás hubieras visto algo. –dijo Sonia.

–No, lo siento. –dijo Sandra, siguiendo su camino.

–Esta es una mierda humana. –dijo Beatriz.

–¡Joder con la gente del bloque! –dijo Sandra.

–Parece que ya sabe hasta donde vivimos cada una de nosotras. –dijo Sandra, hasta que llegó a la panadería y compró el pan, cruzándome otra vez con Teresa que volvía de comprar.

Otra vez, bajaba la mirada o miraba a mis pies, así que deduje que lo que habían dicho las amigas y vecinas era verdad. Como iba deprisa, se le veía la pulsera de la muñeca, pero cuando pasó se le salió un poco la cadena de su collar.

Teresa se puso nerviosa, excitándose, porque se le veía la macha en su falda, por lo que se la guardó nuevamente dentro de su blusa.

–Hasta luego, Sandra, haciéndome otra reverencia breve con la cabeza.

–Hasta luego, Teresa. –dijo Sandra.

Se parecía a esas reverencias que se hacen a los reyes o a la gente importante como jeques, y emires de los países árabes. Era un gesto de respeto, sumisión y obediencia, que mostraba el súbdito a su rey, o a su amo, públicamente.

Metí las cosas de la compra, aunque el chino este era muy carero, pero bueno para ser domingo, no se podía pedir peras al olmo, como bien dicen. Por lo que, cuando iba de camino, me cruce con Julia, que llevaba ambas mejillas de su cara rojas como tomates, y alguna lagrima se le caía por sus mejillas enrojecidas por los guantazos que alguien le habría dado.

Iba con unas sandalias sencillas, una falda y una blusa, observé que además de tener sus mejillas rojas, tenía marcas en las rodillas, como si hubiese estado de rodillas, con lo que me quedé pensando sobre todo ello.

Quizás, le gustase el BDSM, como a todas, quitando alguna que le guste más ser Ama. Viendo todo aquello, más lo de anoche, me excitaba verme en esa situación y mi corazón palpitaba. Noté que mis fluidos vaginales manchaban mis bragas, empapándose un poco.

Si no me daba prisa, pronto mancharía mi falda, viéndoseme bien mis fluidos, y que cualquiera podría verlo, y decirme en la cara, que era una puta, una guarra y una cerda asquerosa.

Julia iba mirando al suelo cuando se cruzó conmigo hasta que llego a mí posición.

–Hola, Sandra. –dijo Julia, un poco avergonzada.

–¿Estás bien Julia? –preguntó Sandra.

–Si, estoy bien, no te preocupes por mí. –respondió Julia, marchándose rápidamente como si el fuego la persiguiera por detrás.

–Tendrá prisa, supongo. –dijo Sandra.

El caso que llegué a casa, para dejar las cosas en la cocina, mientras que Patricia, salía de la habitación para ir al baño para hacer pis, qué al pasar por delante de mi habitación, vio que estaba vacía.

–Habrá ido a comprar. –pensó Patricia, mientras entraba al baño para orinar.

–Una pena que no esté Teresa para limpiarme la vagina con su lengua. –dijo Patricia, yéndose a la cama nuevamente.

Realmente, Patricia había ido a orinar, pero no quedaba mucho papel, así que se limpió como mejor pudo, aunque algunas gotas de pis cayeron al suelo del baño y al pasillo sin percatarse ella de nada, ya que iba medio dormida.

Salía de la cocina, habiendo escuchado lo que acaba de decir, medio dormida, lo cual esa frase me había excitado, y había puesto cachonda para ver cómo se metía a la habitación, echándose a la cama para seguir durmiendo en el acto.

Iba para saludarla, pero ya estaba durmiendo nuevamente y cuando vi las gotas amarillas, me di cuenta que sería de orina de su vagina que habían goteado.

Fui a coger dos rollos, fijándome que se habían acabado, y los coloqué en el baño al lado del váter. A la misma vez me quitaba la ropa, quedándome en bragas y poniéndome una camiseta larga que me cubría hasta el culo.

Había un charquito pequeño y cuatro gotas en el suelo a mis pies que había manchado Patricia al orinar medio dormida, y me excitó pensándolo en aquella escena del viernes cuando tenía en ese mismo sitio a Teresa, de rodillas, abriéndose de piernas con las manos detrás de la espalda, esperando la orina de su Ama Patricia, que se tragó toda, para luego limpiarle su vagina son la lengua.

Había lamido vaginas a las chicas esa noche y tragado sus fluidos vaginales con sus corridas y con su orina, pero no había probado esta situación esa situación humillante y denigrante de ponerme de rodillas, desnuda para limpiarla con la lengua. Mi corazón palpitaba nuevamente. Patricia estaba durmiendo, era un gran morbo hacer esa cochinada, estaba muy excitada y cachonda perdida.

–¿Lo hago, no lo hago? –pensaba, estando muy nerviosa ya que Patricia podría despertar y pillarme de la manera más tonta. Se daría cuenta que me empezaba a gustarme ser una puta zorra guarra y cerda.

Por un momento, pensé en limpiarlo con un papel, pero por otra quería aventuras morbosas, riesgo y emoción en mi vida tan aburrida, monótona y tranquila.

Comencé a desnudarme, para ponerme de rodillas, agachándome con mis manos a la espalda, para sacar la lengua y lamer el charquito de orina de Patricia, para unos minutos más tarde lamer las gotas del suelo.

Estaba de rodillas a cuatro patas, así que fui siguiendo el rastro de las gotas, y lamiéndolas, una a una hasta la puerta de la habitación de Patricia, pero al llegar a su puerta, miré dentro y observé que había un par de gotas por el suelo de su habitación hasta llegar a la cama.

–Pensé qué si se despertaba, vería las gotas y pensaría, si he goteado hasta la habitación saliendo del baño, y en el baño está todo limpio junto con el pasillo, ¿Cómo es que en la habitación está manchada? –se preguntó Sandra.

Así que pasé de rodillas a cuatro patas, lamiendo todas las gotas hasta su cama, para irme de igual manera que como entré. Estaban saladas, con un olor intenso, y no supe diferencia su sabor.

Era una cerdada, y una cochinada, pero era super emocionante, morboso y excitante, verme ahí de rodillas ante el riesgo de que me pillara, y estaba contenta de que no me descubriera, porque decirla en su cara que he lamido sus gotas de pis, sería muy vergonzoso y humillante para mí, pero muy morboso.

Por un lado, mi cabeza me decía que era una cerda, una cochina y que eso, no debía de haberlo hecho, pero mi vagina decía otra cosa, palpitaba y emitía fluidos vaginales, poniéndome cachonda perdida.

Al salir vi las botas de Patricia, que estaban un poco sucias, y recordé la escena de Teresa con Patricia, que hizo la reverencia para besar esas mismas botas, para a continuación lamerlas con la lengua para limpiárselas.

Comencé haciendo una reverencia, seguidamente para besar sus botas, varias veces, pero estaba toda cachonda perdida y excitada, así que comencé a sacar la lengua y a darle un lengüetazo a sus botas, uno detrás de otro cuando me di cuenta del placer que sentía, había limpiado la punta completa delantera de sus botas, así que ya puestos, lamí toda la bota con las manos detrás de la espalda como había visto hacérselo a ella.

Seguí con la otra hasta que después de unos minutos, dejé sus botas totalmente limpias, menos la suela, ya que a esa parte no tenía acceso sin tocarlas salvo por mi lengua,

Salí de su habitación, de igual manera que como entré, para dirigirme al baño, desde ahí volví a ponerme de pie, limpiándome las rodillas para que no se notara que había estado de caminado de rodillas a cuatro patas como un perro.

Entonces, cogí unas toallitas para limpiarme la vagina seguidamente para ponerme las bragas junto con la camiseta.

Se aproximó la hora de la comida, así que me puse a sacar las dos bandejas preparadas de sushi, que había comprado en la tienda asiática. Desde hacía unos meses, muchos locales de venta de pan, de alimentación, eran regentados por gente de corea, japonesa o china, por lo que ese tipo de negocios, estaban en auge por la zona.

Me puse a comer sobre las 15:30h, mientras veía la televisión, mientras Patricia, se levantaba durante mi comida. Patricia salió descalza, con unas braguitas y una camiseta que le llegaba hasta pasado el culo, fijándome en sus pies descalzos, brevemente.

–Hola, Princesa. –dio Sandra, bromeando.

–¿Qué tal el trabajo de anoche? –preguntó Sandra.

–Hola, Sandra –respondió Patricia, con la boca bostezando.

–Estás contenta esta mañana. –dijo Patricia.

–Pues, bastante trabajo, tuvimos un sábado muy movidito, pero he aprendido mucho la verdad. –dijo Patricia.

–Veo que me has puesto el café y el plato de comida. –dijo Patricia.

–¡Ohhh,… Sushi, me encanta, has tenido una buena idea! –dijo Patricia.

–Por cierto, has limpiado mis gotas de orina del pasillo y de mi habitación, te lo agradezco. –dijo Patricia.

–Iba medio dormida, y me di cuenta que no me limpie, ya que no había papel suficiente al lado del váter. –dijo Patricia.

–Pues, ni me he enterado que habías entrado a mi cuarto para limpiar mis gotas de orina, ya que estaba profundamente dormida. –dijo Patricia.

–Si, acababa de venir de comprar, estaba en la cocina y te iba a saludar, pero vi que estabas durmiendo, así que, al ver las gotas, pensé en limpiarlas con un papel. –dijo Sandra.

–Has hecho bien, yo hubiera hecho igual. –dijo Patricia.

–Me he fijado que mi cajón donde guardo mis amigos especiales, estaba cerrado completamente, yo suelo dejarlo un poco abierto, así que ¿Los has tocado? –dijo Patricia.

–Sí, estuve mirándolos un poco, perdona si te ha molestado. –dijo Sandra, apurada por haber sido pillada.

–No me gusta que toques mis cosas, Sandra. –dijo Patricia.

–¡Te pido, perdón Patricia! No lo volveré a tocar más. –dijo Sandra.

–Te noto contenta, al menos al verte las pupilas de los ojos brillantes, así que tú has tenido sexo esta noche. –dijo Patricia.

–¿Tanto se me nota? –preguntó Sandra.

–¡Mucho! –dijo Patricia, mientras comía, masticando el sushi.

–Tu cara de tonta es evidente. –dijo Patricia.

–Por cierto, he visto que me has limpiado las botas. –dijo Patricia.

–Me parece genial, pero si las limpias después de haber entrado a mi habitación, limpia las suelas de las botas, también. –dijo Patricia.

–No quería despertarte, Patricia. –dijo Sandra.

–Pues, como has empezado a limpiarlas y no has acabado. –dijo Patricia.

–Ve y límpialas ahora, así la próxima vez, aprendes hacerlo bien, si inicias algo sobre un objeto que no sea tuyo, Sandra. –ordenó Patricia.

–Sí, vale, como órdenes. –dijo Sandra.

Yo me levanté para ir a la habitación de Patricia, mientras Patricia seguía comiendo su plato de sushi, yo me puse de rodillas a cuatro patas para coger las botas, para lamer la suela de ellas, una detrás de otra, las deje limpias, completando mi tarea que había iniciado a escondidas.

Pero ya de paso, volví a lamerlas por delante y encima para dejarlas completamente lamidas y detrás pasarles un trapo, secándolas hasta dejarlas sin ningún rastro de mi saliva.

Entonces, me fui para el salón para sentarme a la mesa y continuar la comida, mientras Patricia estaba comiéndosela.

–Me he cruzado con tu compañera. –dijo Sandra.

–¿Con quién te has cruzado? –preguntó Patricia.

–Con Teresa, que iba a comprar a la tienda del chino esta mañana. –dijo Sandra.

–Vale, si tiene turno de noche como yo, es una compañera, pero está en la otra ala de urgencias. –dijo Patricia.

–¿Y qué hacía tan temprano, comprando? –preguntó Patricia.

–¿Te ha comentado algo? –preguntó Patricia.

–No, me a dicho que sus compañeras de piso están de erasmus, estudiando fuera, así que estaba sola para hacerse la comida y comprar hasta dentro de unos días que van a volver. –dijo Sandra.

–Es muy tímida tu amiga Teresa. –dijo Sandra.

–¿Por qué lo dices? –preguntó Patricia.

–Pues, iba mirando al suelo, era tímida a la hora de hablar, pero muy educada y amable. –dijo Sandra.

–¿Qué llevaba puesto de ropa? –preguntó Patricia.

–Una falda, con una blusa y con una chaqueta. –dijo Sandra.

–¿Nada más que eso? –preguntó Patricia.

–Espera, llevaba unas sandalias con las uñas cortadas perfectamente y al natural sin pintarlas, una pulsera en una de las piernas y una en la muñeca. –dijo Sandra.

–Luego, llevaba un colgante en el cuello, que por cierto parecía de plata, era muy fino y le quedaba bien, porque en la tienda otras chicas la miraban con ojos celosos. –dijo Sandra.

Patricia, estaba contenta, porque su esclava, a la que había sometido en el Club Nocturno, denigrándola y sometiéndola, llevaba todas las cosas que debe de llevar una esclava por la calle y en todo momento.

Lo que hiciese cuando viniesen sus compañeras de piso es otra historia a debatir. ¿Y no notaste nada más raro en ella desde la ultima vez que la vistes? –preguntó Sandra.

–Si, me saludó, haciéndome una reverencia con la cabeza para irse rápidamente, después. –dijo Sandra.

–No te preocupes, Sandra. –dijo Patricia.

–No me enfado por cosas tontas, lo único que soy estricta y dura. –dijo Patricia.

–Lo que no entiendo es para qué cogiste los arneses y los dos consoladores. –dijo Patricia, mirándome a los ojos hasta que desvíe la mirada.

–Vinieron a casa unas amigas y estuvimos hablando después de que te fuiste. –dijo Sandra.

–¿Con quién estuviste? –preguntó Patricia.

–Estuve con Gloria, Natalia y Estefanía, hasta la una de la noche, aproximadamente. –confesó Sandra.

–Espero que lo pasarais bien. –dijo Patricia, queriendo saber de lo que habíamos hablado.

–Pues vimos una película y luego hablamos un poco de todo lo que había sucedido en el día de ayer. –dijo Sandra.

–Que fueron al Club Nocturno y vieron muchas cosas. –dijo Sandra.

–Pues, en verdad vinieron a verte a ti, para preguntarte algo. –dijo Sandra.

–¿A mí? ¿Para qué? –preguntó Patricia.

–Estuvimos hablando sobre los juegos y fantasías de BDSM. –dijo Sandra.

–Ajá, entiendo. –dijo Patricia.

–Creo que comentaron que quería saber alguna cosa sobre lo que visteis en el Club Nocturno. –dijo Sandra.

–Luego comenzó un documental sobre BDSM, así que nos pusimos muy cachondas perdidas hablando de sexo, comentando las escenas del Club Nocturno, y lo de Teresa. –dijo Sandra.

–¿Te han comentado algo? –preguntó Patricia.

–¡Qué habían sometido, humillado y denigrado a Teresa en ese club! –dijo Sandra.

–Si, es verdad. –dijo Patricia.

–Parece que Teresa es una sumisa, que le gusta que la traten mal, humillándola, denigrándola y vejándola. –dijo Patricia.

–Luego, comentaron que la había visto desnuda de rodillas por las escaleras. –dijo Sandra.

–¿Qué es lo que te han dicho, exactamente? –preguntó Patricia.

–Pues, unas vecinas habían visto a Teresa con un collar al cuello y con una correa, totalmente desnuda con una Ama que la paseaba por la escalera y la sacaba al jardín para jugar con ella, humillándola y denigrándola. –dijo Sandra.

–¿Saben ellas quien era esa Ama? –preguntó Patricia, con interés por saberlo.

–No, me dijeron que ellas no lo sabían, pero que otras vecinas, sí. –dijo Sandra.

–Al menos, no te aburriste en la noche. –dijo Patricia.

–Lo cierto era que se excitaron y una de ellas besó en la boca a la otra. –dijo Sandra.

–¡Vaya, así que ahí es cuando te pusiste tan cachonda que te tocaste! –dijo Patricia, con curiosidad.

–Pues Gloria, beso a Natalia, mientras se daban un buen morreo con lengua, yo no vi a Estefanía que se puso delante de mí, y me beso en la boca. –dijo Sandra.

–Una noche lésbica, por lo que veo. –dijo Patricia.

–Bueno, sigue contándome que hasta la noche tenemos mucho tiempo y se está poniendo interesante. –dijo Patricia.

–Debía de tener experiencia, porque me sentí como una tonta. –dijo Sandra.

–No, mujer no, esas cosas suceden cuando es la primera vez. –dijo Patricia.

–Recuerdo que cuando me sucedió en una discoteca, fui muy torpe, pero al final se dio bien. –dijo Patricia.

–Bueno, sigue, ¿Qué más sucedió? –preguntó Patricia.

–Pues, estuvo metiéndome su lengua un rato, mientras me besaba, hasta que bajó por el cuello, y comenzó a tocarme los pechos, mientras me quitaba la camiseta y ella se desnudaba, también. –dijo Sandra.

Notaba cómo Patricia, estaba comenzando a excitarse y a ponerse cachonda perdida por como lo contaba, porque tenía los ojos brillantes e iluminados.

–Me metió los dedos de la mano en la boca, mientras me lamía los pezones, y me los mordía, delicadamente y sutilmente. –dijo Sandra.

–Todo eso me excitó muchísimo, y me puso muy cachonda perdida. –dijo Sandra.

–¿Qué sucedió? –preguntó Patricia.

–Pues que, continuaba chupándome los pezones y cada vez que se alejaba, me mordía los pezones. –dijo Sandra.

–Entonces sus manos, iban acariciándome, mientras que yo subí las piernas, y me abrí de piernas, mientras, ella metía los dedos, tocándome hasta que comencé a soltar fluidos vaginales y gemir de placer.

–¡Madre mía, menuda primera experiencia lésbica has tenido! –dijo Patricia, muy excitada y poniéndose cachonda perdida.

Lo cierto era que me lo estaba inventando todo, para no contarle lo de la mini sesión de BDSM que tuvieron todos ellas.

–Fue metiéndome los dedos y sacándolos, mientras me follaba, pringándose de mis fluidos sus manos y sus dedos, para metérmelos en la boca, mientras yo los lamía y se los chupaba, ella me lamía y me chupaba mi vagina, provocándome un placer sublime que nunca había experimentado hasta que en un rato me comencé a correrme de placer. –dijo Sandra.

–Me está gustando la experiencia que has tenido anoche. Con razón te brillaban los ojos. –dijo Patricia.

–Mientras estaba terminando de correrme, me dijo que ahora la tocaba a ella. –dijo Sandra.

–Así que me cogió del pelo tirándome hacía ella, mientras ella se sentaba para abrirse de piernas, me hacía ponerme de rodillas a cuatro patas hasta meterme la cabeza en su vagina para que comenzara a lamérselo y a chupárselo. –dijo Sandra.

–Al rato de lamer y de chupar, se corrió, para terminar, tragándome todos los fluidos como ella, había hecho conmigo, provocándome un orgasmo sucesivo que me dejó tiraba en el suelo con temblores de placer y calambres. –dijo Sandra.

–Me ha gustado mucho, Sandra. –dijo Patricia.

–Ha sido muy fuerte para ser mi primera vez con una chica.

–¿Y así terminó todo? –preguntó Patricia.

–No, ellas estaban muy cachondas perdidas y yo seguía muy excitada y soltando flujos vaginales por todo, por la necesidad sexual. –dijo Sandra.

–Nos juntamos las cuatro, besándolos y lamiéndonos nuestros coños, mientras soltábamos nuestros fluidos por el suelo, y por nuestros cuerpos. –dijo Sandra.

–Nos metíamos los dedos y nos masturbábamos unas a las otras, hasta que fui a coger tus pollas negras descomunales, y fue cuando con los arneses, nos follamos las unas a las otras, satisfaciéndonos por fin. –dijo Sandra.

–Puff…Has tenido sexo lésbico pleno, Sandra. –dijo Patricia.

–Con toques de dominación y sumisión por parte de todas. –dijo Patricia.

–O sea que te lo pasaste en grande. –dijo Patricia.

–¿Quién te folló? ¿Y a quién follaste? –preguntó Patricia.

–Estefanía. –dijo Sandra.

–Entonces ¿Gloria y Natalia se emparejaron al igual que tú con Estefanía? –preguntó Patricia.

–Si, exactamente. –dijo Sandra.

Te lo has pasado en grande, Sandra. –dijo Patricia.

–No sabía yo que esto te empezara a gustar. –dijo Patricia.

–Pero claro, es muy fuerte la influencia de todo esto. –dijo Patricia.

–Tienes que comprarte unos arneses, consoladores más grandes que los del pack por si quieres practicar sexo lésbico con chicas o con chicos que les vaya el tema. –dijo Patricia.

–No estoy enfadada ni molesta. Todo lo contrario, sorprendida por todo lo que has hecho anoche sin mí. –dijo Patricia.

–Has tenido que tener una experiencia sexual como esta para que te abras a mí, un poco y me cuentes algo sobre tu sexualidad, qué desde hacía dos años, no sabíamos nada la una de la otra. –dijo Patricia.

–Sí, llevas razón. –dijo Sandra.

–Pero hasta esta noche, no había habido nada. –dijo Sandra.

–¿Desde cuando estás excitada y cachonda perdida? –preguntó Patricia.

–Desde que entré en el Club Nocturno. –dijo Sandra.

–Me dijiste que habías pasado por delante, no que hubieses entrado Sandra. –dijo Patricia.

–Me daba vergüenza confesártelo. –dijo Sandra.

–Me dio la impresión de que te molestaba alguna cosa cuando comencé a contártelo. –dijo Sandra.

–Bueno, quizás no supe reaccionar y me pillarás molesta por otra cosa. –dijo Patricia.

–De todas maneras, no te mal pienses. –dijo Patricia.

–Bueno, cuéntame lo que sucedió en el Club Nocturno cuando te pasaste por allí. –dijo Patricia.

–Pasaba por delante del escaparate y vi a mucha gente entrar. –dijo Sandra.

–Había gente que invitaban a entrar, así que entré y vi a una empleada con una manera de vestir muy rara. –dijo Sandra.

–Era una esclava llamada Maika en el Club Nocturno, que iba desnuda, con anillas en sus pechos y en sus labios vaginales, con un collar y cadena atada a su cuello y con pulsera, tobillera y anillos. –dijo Sandra.

–Antes de acercárseme, estuve viendo todos los artículos de la tienda, packs de Amas, pack de esclavas, pollas descomunales, juguetes eróticos, látigos, cadenas, fustas y muchas cosas más que no había visto en mi vida. –dijo Sandra.

–Llevabas mucho tiempo sin sexo, y toda esa excitación sexual, te ha influenciado. –dijo Patricia.

–Seguramente. –dijo Sandra.

–El caso, que mojé las bragas, mientras estuve viendo todas esas cosas, y fue cuando me iba de la tienda cuando salió la empleada, dándome un pack de regalo con otras bolsas al haber estado en ese local. –dijo Sandra.

–Es normal, que mojes las bragas, Sandra. –dijo Patricia.

–Al fin y al cabo, es todo sexo, y nos gusta a todos. –dijo Patricia.

–Eso sí, a unos más que a otros. –dijo Patricia.

–Entonces, no has visto nada de nada. –dijo Patricia.

–No, no vi nada más que gente que se metía al final de la tienda para desaparecer, la verdad. –dijo Sandra.

–¿Y qué sabes de Teresa? –preguntó Patricia.

–¿Qué es lo que te han comentado por las escaleras? –preguntó Patricia, con mucha curiosidad.

En ese momento, supe que debía de tener cuidado con lo que le comentaba a Patricia, porque ella sabía que a Teresa la había humillado, denigrado y sometido en el Club Nocturno.

Sin embargo, no sabía que ella fue la que la dominó y sometió, pero por otro lado hay gente que la ha visto por la escalera humillándola y denigrándola.

Lo que quiere saber es, si sé que ella es una Ama dominante y que ella fue la que sometió, denigró y humilló a Teresa en el Club Nocturno.

–Pues, en la escalera hay vecinas que la han visto desnuda de rodillas con un collar de perros y con una cadena paseando por el jardín, y el portal. –dijo Sandra.

–¿Te han dicho con quién estaba? –preguntó Patricia.

–No, comentan que ha estado de es amanera, pero parece que no quieren hablar del tema. –dijo Sandra, no arriesgándose a decírselo a la cara.

–Sin embargo, luego fue a ese Club Nocturno, y parece que una Ama de allí, la sometió, completamente. –dijo Sandra.

No podía mostrar a Teresa a Sandra ni a sus amistades. Eso sería un gran abanico de posibilidades de humillaciones y denigraciones para Teresa y un gran aprendizaje para ella, pero quizás el rechazo de todas sus amigas y su enemistad, la perjudicarían mucho.

Sin contar que fue ella quién pervirtió a Teresa en la puerta de su casa cuando Sandra estaba de fiesta de fin de curso, por lo que se alivió un poco de eso.

Quise darle la estocada final o quizás sería mi perdición, quería decirle que la vi esa noche a las dos, humillándola y denigrándola en la puerta y en el baño. Sin embargo, algo me dijo que no lo dijese que podría haber consecuencias más graves para ella.

–Así que nos pasamos casi toda la noche hablando de eso, por lo que el tiempo pasó volando. –dijo Sandra.

–¿De qué me querían hablar Estefanía, Gloria y Natalia? –preguntó Patricia.

–Se que te lo he preguntado antes, pero ahora al hablar de sexo en caliente, puede que recuerdes algo más. –dijo Patricia.

–Imagino de cosas que visteis en el Club Nocturno sobre BDSM, pero no sé más. –dijo Sandra.

–Sí, será por eso. –dijo Patricia.

–Voy a llamarlas por teléfono para saber qué es lo que querían preguntarme. –dijo Patricia.

–Yo pensé para mí, la que he armado. –pensé, así que mientras Patricia llamaba al teléfono de su casa, yo escribí por WhatsApp, todo lo que le había dicho con pelos y señales para prepararlas.

–“Se lo he contado todo lo que hicimos anoche sexualmente. No sabe porque vinisteis a mi casa, pero le dije que sería algo de visteis en el Club Nocturno. No sabe nada más. Le he dicho que Teresa la han dominado y que ella ha experimentado con ella, pero no sé nada de lo que pasó en el Club sobre quién es la Ama que sometió y esclavizo a Teresa.”

–Hola, soy Patricia. –dijo ella.

–Quería preguntaros lo que queríais anoche, ya que me ha dicho Sandra, que preguntasteis por mí. –dijo Patricia.

–Hola, Patricia. –dijo Gloria.

–Soy Gloria. –dijo ella.

–Pues, queríamos hablar sobre algunas escenas de BDSM que vimos en el Club Nocturno, como te vimos con Teresa, desnuda de rodillas a cuatro patas como una perra en celo en la escalera del portal. –dijo Gloria.

–Algunas escenas, nos ha llamado la atención y nos ha sorprendido y algunas de nosotras nos hayamos excitado un poco con todo. –dijo Gloria.

–No le hemos dicho nada a Sandra, ya que hemos pensado que es algo privado entre tú y Teresa, lo que haya sucedido entre vosotras es cosa vuestra. Lo que si sabe es que jugaste con ella por las escalaras, porque otros vecinos le dijeron que estuviste con ella. –dijo Gloria.

–Vale, pero tengo turno de noche en el trabajo, así que como veo que es algo más complejo que decirlo por teléfono, quedaremos el lunes en mi casa. –dijo Patricia.

–Muy bien, perfecto. ¿A qué hora entonces? –preguntó Gloria.

–Os enviaré un WhatsApp, indicando la hora exactamente. –dijo Patricia.

–Vale, allí estaremos. –dijo Gloria, algo nerviosa.

–Os espero a las tres, ya que vinisteis las tres, y creo que tenéis dudas sobre algo. –dijo Patricia, colgando el teléfono.

–¡Ya está todo dicho! –dijo Patricia a Sandra, que dejó a Sandra, impactada por la manera de hablar, pero excitada y cachonda perdida.

–Creo que alguna de ellas es una sumisa, que acaba de probar que le excita el BDSM desde esa perspectiva, y quizás otra sea dominante y quiera aprender o que sean todas curiosas y me pregunten sobre el BDSM. –dijo Patricia.

–¿Y por qué crees eso? –preguntó Sandra.

–Porque me vieron por las escaleras jugar y experimentar con Teresa, piensan que soy Ama dominante. –dijo Patricia.

–¿Y eres una Ama dominante o sólo experimentaste con Teresa? –preguntó Sandra, con curiosidad muy atentamente.

–Pues, no lo sé, no t epodo responder a eso, ya que sólo experimenté con ella, un rato, y porque ella me lo confesó en la fiesta de fin de curso de la facultad. –dijo Patricia.

–Estaba bebida y desinhibirse ante mí, contándome que había soñado con ser mi esclava, con lamerme y chuparme mis pies, que soñaba con una noche de sesión de BDSM conmigo siendo mi esclava y perra blanca. –dijo Patricia.

–¿Qué quieres que hiciese? –preguntó Patricia.

–Toda esa situación, me excitó e hizo que me mojara las bragas de placer. –dijo Patricia.

–Si ella, te lo confesó y te lo suplicó, no nada malo en lo que hiciste. –respondió Sandra.

–Cumplió su fantasía sexual durante esa fiesta de fin de curso. –dijo Sandra.

–Lo único que no veo bien, es que sucediera durante su estado de embriaguez. –dijo Sandra.

–Yo ahora mismo, me excita ponerme de rodillas y pedirte que seas Ama, y que yo sea tu esclava y perra blanca. –dijo Sandra.

–No estoy bebida, así que estoy con mis facultades mentales intactas, pues puedes decidir si aceptarme o no, pero ella medio borracha no se yo si está bien. –dijo Sandra.

–No hice nada malo, cuando ella lo ha disfrutado como tú disfrutaste con la orgia lésbica de BDSM, que tuviste con Estefanía, Gloria y Natalia. –dijo Patricia.

–Si, pero si ella te lo confesó en estado de embriaguez, no deberías de haberlo hecho y si lo hiciste, haber cortado y no involucrarte en su vida al día siguiente. –dijo Sandra.

–Eso hice, Sandra. –dijo Patricia.

–Y entonces porque las vecinas y amigas van diciendo por ahí que la humillaste en las escaleras y en el portal anoche. –dijo Sandra.

–Además, Julia, Sonia y Marta, Gema y Susana –dijo Sandra.

–Y más vecinas que me preguntan si me he enterado si mi compañera ha hecho esto o que si es Ama dominante y que si tiene una esclava. –dijo Sandra.

–¡Qué has ido por la escalera, has salido del portal, paseando por el parque del jardín del edificio! –dijo Sandra.

–¡Qué esta mañana has visto una cagada en el árbol más grande que la de un perro! –dijo Sandra.

–Y uno de los vecinos de los tres que había me han preguntado si sabía algo. –dijo Sandra.

–Además, que era mierda humana, así que, si te ven con Teresa como una esclava y perra blanca, de rodillas a cuatro patas paseándola con un collar y una cadena, ¿Crees que no tardarán en venir a nuestra puerta? –preguntó Sandra.

–Si, en teoría lo que dices, llevas toda la razón. –dijo Patricia.

–Sólo te pido que seamos sinceras la una con la otra, con todo, con nuestros gustos, nuestra sexualidad. –dijo Patricia.

–Coincido con tú decisión, me parece bien. –dijo Sandra.

–Pero las personas en general nunca son sinceras del todo, Patricia. –dijo Sandra.

–De hecho, yo te he contado mi orgía, mientras que tú no me has contado nada de lo de Teresa, porque me lo han contado algo por encima las vecinas, sino no me entero de nada. –dijo Sandra.

–Hubiera vivido en la inopia, ignorante de todo. –dijo Sandra.

–Vale, es verdad y llevas toda la razón. –dijo Patricia.

–Pero no vamos a discutir por eso, Patricia. –dijo Sandra.

–Yo he sentido que quería contártelo y te lo he dicho, porque he tocado tus consoladores que yo no tenía, y debía disculparme, pero por eso creí conveniente confesártelo.

–No es que esté orgullosa de lo que hice, porque sabes que soy mujer heterosexual, que me gustan los hombres y lamer y chupar sus pollas. –dijo Sandra.

–Hoy cometí algún desliz con esas cosas, pero mi coño necesitaba sexo, y lo encontré en los juegos lésbicos de BDSM. –dijo Sandra.

–Si, es verdad y te respeto por eso. –dijo Patricia.

–Cuando tenga la necesidad de decirte algo lo haré. –dijo Patricia.

–Mira, Sandra estoy experimentándolo todo esto, desde que Teresa me confesó su secreto, lo trato de llevar lo mejor que puedo. –dijo Patricia.

–Me contó que le gustaría probar a ser una esclava y una perra blanca de una Ama Negra, que la tratara mal, la humillara y la denigrara dentro de unos límites claro. –dijo Patricia.

–¡Tener a una persona obedeciéndote en todo como una esclava, es una pasada y da un morbo excitante por experimentarlo! –dijo Patricia.

–¡Qué tengo una compañera de clase que sueña con tener una Ama Negra! –dijo Patricia.

–Y que me lo confesó ebria, porque no tuvo huevos a decírmelo en estado sobrio de que quería ser mi esclava y perra blanca.

–¡Sí, lo entiendo! –dijo Sandra.

–¡Llevas la razón! –dijo Sandra.

–Lo que te digo es que yo por ejemplo si te dijese que me siento sumisa y que me excité con lo que me hiciste ayer, que me humillaste, me denigraste y vejaste. –dijo Sandra.

–¿Qué me dirías? –preguntó Sandra.

–Pues, te aceptaría tal y como eres. –dijo Patricia.

–¡Qué quieres ser una esclava y perra blanca! –dijo Patricia.

–¡Qué te excita que te trate mal, y que te humille! –dijo Patricia.

–Lo haría, pero tú deberías de aceptarme si yo dijese que me siendo Ama dominante, y que disfruto haciéndolo y me siento bien haciéndolo. –dijo Patricia.

–¡Claro, que yo te aceptó como Ama dominante si lo eres! –dijo Sandra.

–Pero otra cosa sería nuestra relación hipotética, como con la de Teresa, que tienes ahora. –dijo Sandra.

–Pero tenías que haberlo preguntado y hablarlo sin estar borracha como yo ahora. Imagínate que yo medio bebida me tiro a tus pies y los comienzo a lamer y a chupar, y te confieso que sueño con ser tu esclava y tu perra blanca. –dijo Sandra.

–¿No lo ves mal si yo estoy bebida y te lo confieso? –preguntó Sandra.

–Bueno, visto así, tienes razón. Debí de hablarlo con ella en estado sobrio y no ebrio. –dijo Patricia.

–Lo cierto es que, si te sintieras sumisa, yo no te haría nada que tú no quisieras, lo que, si es verdad que, al vivir como compañeras de piso, lo disfrutarías bastante porque al estar en la misma casa todo sería distinto entre nosotras como Ama y esclava. –dijo Patricia.

–¿Cómo sería de distinto? ¿En qué sentido sería? –preguntó Sandra.

–Hemos abierto los packs de regalo y has estado mirándolo como yo, pero no lo has analizado todo desde el punto de vista de una sumisa. –dijo Patricia.

–Lo vi de pasada como tú, con el tuyo ayer en la mesa del salón. –respondió Sandra.

–Cuando lo abras, lo mires bien y lo leas todo, detenidamente lo te entenderás a lo que me refiero. –dijo Patricia.

–Pero te puedo decir que la relación entre nosotras no sería como antes, porque yo tendería a ser dominante, pero en cambio tú, hipotéticamente a ser sumisa, y complaciente, sirviéndome sin que te dieras cuenta. –dijo Patricia.

–De todas maneras, hablaré con Teresa desde tu punto de vista, para arreglarlo porque no quiero perjudicar a nadie del bloque o del piso, que pueda venir a quejarse por algo que hice con Teresa por la escalera. –dijo Patricia.

–Además, dentro de unos días vuelve Vanesa y Nagore, que ocupará la otra habitación vacía y tampoco quiero más problemas. –dijo Patricia.

–Por cierto, va a ser verdad al final. –dijo Patricia.

–¿Te sientes sumisa, Sandra? –preguntó Patricia.

–Porque te has vuelto muy servicial en casa, aunque tu siempre fuiste muy servicial. –dijo Patricia.

–En tu casa en el pueblo siempre ayudabas mucho a tus padres. –dijo Patricia.

–No lo sé, Patricia. –respondió Sandra.

–Si, eso es verdad, siempre ayude a mis padres y hermanas. –respondió Sandra, un poco apurada por el tipo de pregunta que me había hecho, y que no sabía que responder, al menos todavía.

–¿Sabes lo que sucedió con Teresa? –preguntó Patricia.

–No lo sé, ¿Qué sucedió? –preguntó Sandra.

–Estaba sentada en su sillón y yo enfrente en el sofá.

–La noche de la fiesta en la que estuvimos bailando todos los compañeros, después de la comida, nos fuimos a una Pub de fiesta o una sala de fiesta. –dijo Patricia.

–Estuvimos bebiendo bastante, pero ella un poco más que yo, le afectó más que a mí. –dijo Patricia.

–Estábamos en el servicio de mujeres, cuando estaba sentada, ella me miraba las botas. De forma, que me acerqué delante de ella, Teresa se agachó y se puso a besar mis botas. –dijo Patricia.

–¿En serio? –preguntó Sandra.

–Sí, la cabeza me daba vueltas así que me quedé mirándola para al final preguntarla. –dijo Patricia.

–¿Qué estás haciendo Teresa? –¿Estás loca o qué? ¿Qué haces besando mis botas? –pregunté a Teresa.

–Pero, ella se había puesto lamer mis botas como si fuera una perra. –dijo Patricia.

–Me quedé esperando a que respondiera, pero me cautivó esperar a que me las lamiera para luego esperar su respuesta. –dijo Patricia.

–Sí, estaba muy ocupada lamiendo tus botas en ese momento. –dijo Sandra.

–El caso que se puso a lamer las suelas de las botas y me dejó las botas limpias completamente. –dijo Patricia.

–Al terminar, se quedó mirándome y me dijo.

–Lo siento mucho, Patricia. –dijo Teresa.

–No lo he podido resistir, perdóname Patricia.

–¿Qué te perdone? –preguntó Patricia.

–No tengo nada que perdonarte, Teresa. –respondió Patricia.

–Sólo quiero que me respondas a la pregunta que te hice. –dijo Patricia.

–¿Por qué me has besado las botas y me las has lamido como si fueras un perro? –preguntó Patricia.

–Verás, desde un tiempo para aquí, me excitan las cosas relacionadas con el BDSM. –respondió Teresa.

–¿Cómo que el BDSM? –preguntó Patricia.

–Unos juegos y fantasías de dominación y sumisión femenina, y masculina. –respondió Teresa.

–En el que una adopta el rol de sumiso de esclava y el otro rol dominante de Ama. –respondió Teresa, con la cara roja.

–He bebido demasiado, y me puse cachonda perdida al verte las botas sucias, y me imaginé una escena que vi por internet en el que una chica se ponía de rodillas delante de su Ama, para besar sus botas y lamérselas. –dijo Teresa.

–Entonces, le dije que saliéramos al aparcamiento para pensar todo sobre lo que me había contado. –dijo Patricia.

–Me senté en la acera y ella, se sentó a mí lado con la mirada perdida, pero dirigida al suelo. –dijo Patricia.

–Entonces, me estás diciendo qué te gustaría ser una esclava sexual, qué te humillen, te denigren y de vejen. –preguntó Patricia.

–Si, me excita muchísimo. –respondió Teresa, poniéndose coloreada.

–¿Y desde cuándo tienes estas fantasías sexuales, Teresa? –preguntó Patricia, mientras la miraba con incertidumbre.

–Desde hace unas semanas desde que vi la película de 50 Sombras de Grey. –dijo Teresa, excitada y cachonda perdida del interrogatorio.

–Entiendo, no tenía ni idea que te gustasen todas esas clases de juegos y fantasías eróticas sobre dominación y sumisión. –dijo Patricia.

–Pero que me lo revelaras de esta manera, me ha sorprendido bastante. –dijo Patricia.

–¿Entonces, me perdonas? –preguntó Teresa.

–Si, claro. –dijo Patricia.

–De hecho, sólo me has limpiado con la lengua mis botas sucias, dejándomelas supero limpias. –respondió Patricia.

–Bueno, volvamos a la fiesta, nuevamente. –dijo Patricia, yéndose las dos a dentro de la fiesta.

–¿De esa manera lo descubriste? –preguntó Sandra.

–Si, de esa manera. –dijo Patricia.

–¿Qué sucedió después el resto de la noche? –preguntó Sandra.

–Pues, todo volvió a ser normal, pero yo empecé a mirar en el móvil, buscando temas relacionado con el BDSM, informándome sobre todo eso. –dijo Patricia.

–Pedimos en las mesas al fondo, unas bebidas con unas tapas de patatas bravas. –dijo Patricia.

–Nos sentamos, en las mesas, y nosotras nos quedamos al final del rincón. De manera que los demás estaban más adelante, y no nos podían ver con la oscuridad del ambiente. –dijo Patricia.

–Entonces, comenzamos a comer y a beber, porque la noche era muy larga, y teníamos que aguantar un par de horas más para luego volver a nuestras casas. –dijo Patricia.

–El caso es que dos patatas al pincharlas con el palillo se cayeron al suelo, rebotando una en mis botas, para caerse al suelo y la otra se cayó en la punta de mi bota, manchándome de la salsa. –dijo Patricia.

–Teresa, me miró como pidiéndome permiso. –dijo Patricia.

–Yo, con la incertidumbre y el morbo, le hice con la cabeza que sí. –dijo Patricia.

–De forma que se puso de rodillas, comenzando a comerte las patatas y lamiendo la salsa de mi bota, limpiándomela como del suelo. –dijo Patricia.

–Pero, en ese momento, me puse a comer las patatas de su plato y se la escupía al suelo o en mi bota. –dijo Patricia.

–¡Cómetelas como una buena perra en celo que eres, Teresa! –ordenó Patricia.

–Y ella, iba comiéndose la comida masticada que le iba escupiendo al suelo, pero entonces se me ocurrió hacer lo que vi en una escena del móvil sobre el BDSM. –dijo Patricia.

–Le dije ponte con las manos detrás de la espalda y abre la boca, esclava. –ordené a Teresa.

–Si, mi Ama Patricia. –me respondió ella.

–Así me gusta obediente y fiel, esclava. –respondió Patricia, riéndose.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia, excitada y poniéndose cachonda perdida.

–Así que estuve escupiéndole la comida masticada de mi plato directamente a su boca de puta zorra con escupitinajos míos. –dijo Patricia.

–Ella estaba tan excitada que se corrió, soltando sus fluidos vaginales, de tanta humillación y denigración, que soltó unos gemidos de placer. –dijo Patricia.

–Entonces, viéndola tan excitada como estaba puse la punta de mi bota delante suya, para que ella comenzara a besarla y a lamerla. –dijo Patricia.

–No puta estúpida, no quiero que las lamas, acércate tú coño sucio de zorra y restriégatela hasta que te corras como una buena puta esclava de mierda que eres. –ordenó Patricia.

–De esta manera, Teresa estaba metiéndose la punta de mi bota, restregándosela hasta que se corrió de placer y de gusto, entre gemidos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

–¡Qué fuerte todo! –dijo Sandra, excitada y cachonda perdida.

–Le dije que mantuviese las manos a la espalda, y que permaneciera de rodillas, abierta de piernas. –dijo Patricia.

–Mientras ella se restregaba como una perra en celo su coño con mi bota, yo la introducía y se la metía y sacaba para ver como gemía de placer y de gusto. –dijo Patricia.

–Y eso, es lo que sucedió. –dijo Patricia.

–Luego, le dije que se lamiese el suelo, limpiando sus fluidos vaginales. –dijo Patricia.

Y allí estaba ella, con las manos detrás de la espalda, de rodillas abierta de piernas y agachada lamiendo el suelo como un perro, hasta que lo dejó todo limpio. –dijo Patricia.

–Es muy fuerte, humillante y denigrante. –dijo Sandra, que pensaba que ya todo había acabado.

–No terminó aún, así que una vez que estaba, terminando de correrse, le dije que se quitara las bragas, para limpiarse los fluidos vaginales. –dijo Patricia.

–No era tan hija de puta, pero le ordené que se las metiera en su boca para que las chupara, y que cerrara la boca. –dijo Patricia.

–Entonces, le dije, que nos íbamos ya para casa, para ella seguirme detrás como una perra en celo detrás de su Ama y dueña. –dijo Patricia.

–Durante la salida, nos cruzamos con una compañera, que la preguntó que si se iba ya de la fiesta. –dijo Patricia.

–Creo que se llamaba Nayara, y Teresa le dijo con movimientos de la cabeza que sí. –dijo Patricia.

–¿Qué le pasa? –preguntó Nayara.

–No puede hablar, tiene unas bragas mojadas de fluidos vaginales dentro de su boca, y las está chupando. –respondió Patricia.

–Pero eso ¿Es una asquerosidad no? –preguntó Nayara.

–Es una puta esclava y una zorra asquerosa que le gusta ser humillada y denigrada. –respondió Patricia.

–¿Verdad, esclava? –preguntó Patricia, sacándola con malicia las bragas de su boca momentáneamente.

–Si, mi Ama Patricia, soy una puta esclava y zorra de mierda. –respondió la esclava, mientras volvía a metérselas dentro de su boca, para irme de la fiesta, dejándola tirada allí. –dijo Patricia.

–Supongo que Nayara, se quedaría flipando y asombrada de verla así tan humillada y denigrada.

–Pero, no sé nada de lo que pasó después. Supongo que es Teresa la que lo sabe todo lo que pasó detrás de irme. –dijo Patricia.

–¿Y tú que hiciste? ¿Te viniste a casa? –preguntó Sandra.

–¡Madre mía me has excitado y me has puesto cachonda perdida, Patricia! –dijo Sandra.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia, mientras me miraba.

–Me fui a otra fiesta para asimilarlo todo, porque era muy fuerte. –dijo Patricia.

–Así que estuve unas horas más pasándomelo bien, bailando. –dijo Patricia.

–Y cuando vine para casa, tú no estabas. –dijo Patricia.

–Pero adivina ¿Quién estaba en mi puerta, esperándome? –preguntó Patricia.

–No, lo sé. –respondió Sandra.

–Era Teresa, que me estaba esperando así que entró detrás de mí, y continuamos lo que dejamos en la fiesta de los compañeros. –dijo Patricia.

–Pero eso te lo contaré otro día, porque tengo que irme a trabajar.

–De todas maneras, te ha gustado mucho, porque he notado que te has excitado y que te has puesto cachonda perdida. –dijo Patricia, con una sonrisa.

–Soy una buena narradora de relatos eróticos, sin duda alguna. –dijo Patricia.

De esa forma, Patricia se vistió, para marchándose para llegar a tiempo al trabajo, dejándome excitada y cachonda perdida, imaginándome lo que sucedió después, siendo contado por ella en primera persona.

No era lo mismo verlo en directo, que, contado por una de las protagonistas del momento en cuestión, así que me dejó con los dientes largo por ver cómo eran sus impresiones y sus expresiones de su cara como Ama dominante.

Iba a ser las 20:40h, así que me fui preparando para ir a cenar. Desde luego, la escena de cómo humilló a Teresa en aquella sala de fiestas o pub, ordenándola ponerse de rodillas, y tirándola la comida masticada al suelo o dársela escupiéndosela en su boca, era una excitación muy grande.

Poco a poco, me iba dando cuenta que me iba pervirtiendo ver todo eso o iba descubriendo que me gustaban todas esas cosas como a Teresa. Mientras iba meditando todas esas ideas en mi mente, me fui a la cocina para pensar que iba hacer de cenar.

Al final, Patricia no se había llevado nada. Quizás, abran la cafetería en el turno de noche, o quizás no. Quise hacerme algo que no fuese muy fuerte, así que me vino las patatas bravas a la mente. Tenía tomate, así que sólo me bastaba con calentarlo y mezclarlo con pimientos picantes, que teníamos en la despensa.

Fui cortando las patatas con forma de cuadrados hasta que la metí en la freidora, mientras la salsa estaba haciéndose al lado. No me di cuenta e hice para dos, para Patricia y para mí, por lo que cogí el teléfono y le envié un mensaje a Patricia.

“–Hola, Patricia, soy yo, Sandra. Me acabo de hacer la cenar y no me di cuenta e hice para dos, así que como no te has llevado nada de cenar. ¿Qué te parecería si me paso por allí, y en un momento te doy el táper?”

“–Postada. Por la historia erótica que me has contado.”

Al minuto cuando vio el mensaje, contestó.

“–Te iba a responder que no, que no te molestase en venir, pero viendo que ya la tienes hecha. Vente para aquí, salgo por la puerta de personal y me la das.”

“–Postada. Avisa cuando llegues, y si me pillas en una urgencia, te esperas a que salga, Sandra.”

Cogí el táper, metiendo una coca cola, y un postre de un flan de vainilla con una botella de agua. Me fui a vestir y Sali por la puerta para llegar al hospital.

No estaba lejos, porque cogí el autobús, y en una hora, llegué a la puerta de Urgencias, notificándoselo a Patricia. Ella me dijo que entrara por Urgencias, por la puerta de personal, esperándome Patricia dentro con dos amigas suya, que serían sus compañeras.

–Ya has llegado, no has tardado nada. –dijo Patricia.

–Sí, la verdad que está muy bien conectado tanto por autobús como por metro el hospital. –dijo Sandra, mientras sacaba el táper.

–Toma, te he metido alguna cosa más. –dijo Sandra.

–¡Qué maja es tu compañera! –dijo Soraya.

–Sí, la verdad que parece muy maja. –dijo Aadab, que era una chica musulmana.

–Bueno, entonces vete yéndote que no se te haga tarde, Sandra. –dijo Patricia.

–¡Qué por la noche ciertas zonas, son peligrosas! –dijo Patricia.

–Vale, pasad una noche tranquila, dentro de lo que cabe. –dijo Sandra, yéndose saliendo por la puerta.

–¿Qué es lo que te ha hecho? –preguntó Aadab con curiosidad.

–Parece que son patatas bravas, con un filete de ternera. –dijo Patricia, contentísima.

–Ya es el segundo día que comes divinamente, menuda amiga tienes ¿O es tu novia? –dijo Soraya.

–Es mi compañera de piso, y es muy maja. –dijo Patricia, seriamente.

–Era una broma, Patricia. –dijo Soraya.

–No te creas, el fin de semana libra, pero mañana trabajaba, así que no creo que pueda hacerse la merienda ni para ella. –dijo Patricia.

–Bueno, mientras tanto disfrútalo. –dijeron ellas, marchándose con una cara de envidia, ya que ellas tenían unos bocadillos.

–Esta Sandra, me va a provocar problemas con las compañeras. –dijo Patricia, pensándolo, pero por otro lado se sentía especial por ello.

Yo me subí en el autobús, para regresar a mi casa, mientras iba pasando las paradas de autobús, iba pensando en Teresa. Trabaja esa noche en el turno de noche, y esta mañana se la veía muy apurada.

–¿Habrá hablando con ella, para aclararlo todo y que Teresa empiece a tener un respiro? –se preguntaba Sandra.

El caso es que, al bajarme del autobús, yendo para mi casa, me crucé con Diana, que era compañera de Patricia, de Teresa, de Mara, y de Serena.

–Hola, Diana, ¿Qué tal estas? –preguntó Sandra.

–Hola, Sandra, Tú eres la compañera de piso de Patricia. –respondió Diana.

–Sí, esa misma. –dijo Sandra.

–Estoy bien, dentro de lo que cabe. –dijo Sandra.

–¿De dónde vienes a estas horas? –preguntó Diana.

–Vengo de llevarle el táper a Patricia para que coma esta noche, que se le ha olvidado llevárselo. –dijo Sandra.

–Muy bien, sino se lo hubieras llevado, tendría que haber comido un bocadillo de una de las máquinas del hospital. –dijo Diana.

–¿Te puedo preguntar una cosa? –preguntó Sandra.

–Si, claro, adelante. –respondió Diana.

–Tu eres compañera de Patricia, ¿No deberías de estar trabajando en el hospital? –preguntó Sandra.

–Si, y lo estoy, pero tengo el turno de mañana, y entro a las 8:00h cuando Patricia se va, entro yo. –dijo Diana.

–Te veo un poco rara. –dijo Sandra.

–¿Te sucede algo? –preguntó Sandra.

–Si, algo me está sucediendo, pero no sé cómo decirlo ya que no tengo a nadie con la confianza suficiente para hablar de eso. –dijo Diana.

–¿No vives compartiendo piso con Serena y Mara? –preguntó Sandra.

–Si, así es, pero de todo no puedo hablarlas. –dijo Diana.

–Si me lo quieres contar, te puedo aconsejar. –dijo Sandra, dando como mucha confianza.

No se sabe porque, pero hay gente que se abre con unas personas y otras que no lo hacen. En este caso, Diana accedió a contárselo, lo que le sucedía, ya que cómo era compañera de Patricia y podría saber del tema, se atrevió a decírselo.

–Mira, vamos caminando al autobús, mientras hablamos de ello. –dijo Diana.

–Vale, me parece genial. –dijo Sandra.

–El caso que estoy teniendo sueños, despierta y durmiendo con escenas con contenido sexual muy fuertes. –dijo Diana.

–¿De qué tipo? –preguntó Sandra.

–De alto contenido sexual pervertido. –respondió Diana.

–Ajá, ¿Y qué tiene de malo eso? Es normal, todos soñamos con cosas sexuales. –dijo Sandra, calmando a Diana.

–Sí, pero yo desde que vi a Teresa, cómo la denigraba y la humillaba Patricia, y luego Mara y Serena o Yo misma, he tenido momentos de excitación en el que me he puesto cachonda perdida, mojando las bragas. –dijo Diana.

–Dejándolas completamente mojadas por mis fluidos vaginales e incluso me he estado tocando. –dijo Diana.

–Eso es porque te está empezando a gustar y te excitas sexualmente al ver esas imágenes sexuales. –dijo Sandra.

–A mí, me pasa igual. –dijo Sandra.

–¿Sí, en serio? –¿Y cómo has dejado de tenerlas? –preguntó Diana.

–No es así como funciona, Diana. –dijo Sandra.

–Te está empezando a gustar los juegos y fantasías eróticas de BDSM. –dijo Sandra.

–No, no puede ser eso. –dijo Diana, como no aceptándolo.

–Me has preguntado y te he respondido, creo que te gusta ser sumisa, te atrae la situación de Teresa con Patricia, porque te identificas con la parte sumisa que es Teresa. –dijo Sandra.

–Y cuanto, más lo niegues, más intenso se volverá hasta que pierdas el control. –dijo Sandra.

–¿Cómo que hasta que pierda el control? –preguntó Diana.

–¿Fuiste al Club Nocturno ayer? –preguntó Sandra.

–Sí, fuimos todas juntas hasta que no dieron unos regalos. –dijo Diana.

–¿Qué pack te dieron el de esclava o el de Ama? –preguntó Sandra.

–El pack de esclava. –dijo Diana.

–Pero no lo he tocado ni lo he usado ni nada, lo tengo escondido en mi habitación. –dijo Diana.

Entonces, quise hacer una prueba, me acerqué a ella, dándole un beso en su boca, dejándola paralizada por esa acción, pero al retirar mi boca, mordí su labio al separarme de los suyos, metiendo un dedo o dos mientras jugaba con su boca.

Ella, al principio estaba quieta, pero cuando notó que mi otra mano, le metía los dedos en su vagina, provocándola un gemido de placer, comenzó a lamer mis dedos y hasta chuparlos, para dejarla lamer mi mano entera. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía.

Mientras que, con la otra mano, mis dedos entraban y salían de su vagina, provocándole mucho placer, hasta que comenzó a correrse en mi mano. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía.

Entonces, llevé mi mano a su boca, y ella comenzó a limpiarme la mano, con su lengua, chupándome los dedos y lamiéndomela, hasta que retiré mis manos, quedándome mirándola a que recuperara el aliento después de terminar de correrse. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía.

–¿Te ha gustado? –preguntó Sandra.

–Sí, me he excitado y me ha gustado muchísimo. –dijo Diana.

–Te lo he mostrado para que me creyeras Diana. –dijo Sandra.

–Si no te gustara estas cosas, llámalo como quieras, no hubieras hecho nada de nada. –dijo Sandra.

–Yo no soy Ama, Diana, simplemente alguien como tú, una que siente placer por las mismas cosas. –dijo Sandra.

–Esto que te he hecho no es invención mía, sino que Patricia me lo hizo el otro día, dejándome cachonda perdida. –dijo Sandra.

–Entiendo. –dijo Diana.

–Por cierto, ¿Cómo te sientes? ¿Estás más relajada? –preguntó Sandra.

–Si, ahora que lo mencionas sí. –dijo Diana.

–Es porque has empezado a aceptar lo que te gusta y lo que no. –dijo Sandra.

–¿Entonces, crees que me gustan todas estas cosas? –preguntó Diana.

–Piénsalo, y medítalo, Diana. –dijo Sandra.

–Sobre el pack de esclava, léelo y decide si lo usas o no, si lo tiras, o si vas y lo devuelves a la tienda. –dijo Sandra.

–Por cierto, Natalia, Gloria y Estefanía, también sienten cosas por esto. –dijo Sandra.

–Puedes hablar con ellas, si quieres, pero con delicadeza. –dijo Sandra.

–Muchas, gracias, Sandra. –dijo Diana, que estaba alto nerviosa y excitada.

–¿Cómo es tú relación con Mara y Serena? –preguntó Sandra.

–Pues son compañeras de facultad y amigas de Patricia, pero ahora que me está, gustando estos juegos eróticos, y experimentarlo, no sé yo si tendría que mudarme o no a otro lugar. –dijo Diana.

–Sí, lo entiendo. –dijo Sandra.

–Es una sabia decisión, porque creo que obligaron a Teresa a renunciar a su plaza y seguramente la humillaron y denigraron, por lo que me contó Patricia por encima. –dijo Sandra.

–Sí, es verdad. –dijo Diana.

–Pues, seguramente sean Amas dominantes como Patricia. –dijo Sandra.

–Tú vives con Patricia, ¿Cómo es vivir con una Ama? –preguntó Diana.

–Es un morbo diario, porque al saber que es domina, tiende a ser muy mandona, y eso provoca excitación. –dijo Sandra.

–Luego, a veces le sale la vena de domina, y si tiene tendencias lésbicas, juega contigo humillándote y denigrándote, pero de manera breve y light. –dijo Sandra.

–Pero sólo porque ella quiere y lo hace por morbo al ser normal, pero si descubre que te gusta. –dijo Sandra.

–Seguramente, acabes como Teresa, pero viviendo con ella como su esclava y perra blanca 24/7.

–Sí, es muy morboso y excitante, pero arriesgado. –dijo Diana.

–Bueno, lo pensaré Sandra. –dijo Diana.

–¡Vale, yo ya me voy! –dijo Sandra, yéndose a su piso, que estaba en el portal de al lado dentro del mismo bloque de edificios.

Diana pensaba en lo que le había dicho Sandra, con lo que le sucedió a Teresa, una compañera de facultad suya. Comenzó a excitarse y a ponerse cachonda perdida desde que vio algunas escenas de BDSM. Algo similar a lo que le estaba pasando a ella.

Parece que llegó un momento en el que estaba tan salida qué en un estado ebrio, se lo confesó a Patricia. Hay amigas que estuvieron en esa fiesta y los rumores lo confirman.

El caso, era que ya parecía que estaba mejor. Ahora el problema era controlar esa necesidad sexual o ese gusto por excitarse de esa manera, así por eso Sandra, le dijo que leyera y mirara todo el contenido del pack.

Diana comenzó por leer las instrucciones, notó como según las leía su vagina comenzaba a soltar fluidos vaginales. Para no manchar nada, se desnudó para no correr riesgos.

Diana estaba excitándose y poniéndose muy cachonda perdida. De manera, que comenzó a poner en práctica lo que había leído. Se puso de rodillas a cuatro patas para ir adoptando todas las posturas que venían en ese manual ilustrativo. Todo aquello, hacía excitarla mucho más por lo que le gustaba sentirse así.

Comenzó a ir al baño, y cortarse las uñas a rape y quitarse el color de las uñas para dejárselas al natural sin pintar como debía de ir las esclavas. Luego, volvió de rodillas a cuatro patas, excitándose como una perra en celo. Ya no le molestaba mancharse si sus fluidos vaginales resbalaban por sus piernas, ya que era una puta esclava y una puta zorra de mierda. Las putas cerdas asquerosas como ella, se corren de esa manera.

Decidió ponerse los anillos en los dedos de sus pies junto con la pulsera en el tobillo, el brazalete en la muñeca y en su brazo. Todo debía llevarlo en la parte izquierda para mostrar que era una esclava.

Estaba cachonda, así que continuó con su proceso de conversión de esclava sexual, poniéndose las anillas en los pezones, pegando un gemido de dolor que al final lo soportó, para luego ponérselo en sus labios vaginales y ponerse el colla con la cadena enganchada al cuello.

Estaba totalmente depilada como un bebe al nacer, ya que eso lo había hecho hacía unas horas. Ahora, se metió una goma con un bote dentro de su ano, para llenarse de un líquido que tuvo que aguantar durante quince minutos hasta que no pudo más para echaron en el váter, limpiándose todo su ano interiormente.

Diana estaba excitada y cachonda perdida al meterse los vibradores de lo grande que eran, parecían unas pollas de gran tamaño de esas descomunales, para ponerse en funcionamiento y comenzar a gemir como una puta zorra de mierda que era. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

Se sentía muy excitada, así qué, yendo al baño, vio que un charquito de orina estaba en el suelo al lado de la taza del váter que estaba manchada. Era super humillante para ella, pero comenzó a lamerlo hasta limpiarlo, excitándose de placer y de gusto, mientras gemía. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

Diana, le pasaba la lengua para limpiar el váter que usaban ella y sus compañeras de piso, así que la dejó totalmente limpia. Para irse a cenar a la cocina que eso era más fácil de lo que pensaba.

Vio los dos platos de las sobras de Mara y de Serena, así que las cogió para tirarlas al suelo de la cocina, mientras se excitaba comiéndolas y lamiendo el suelo donde habían caído. Después de estar comiendo como si fuera una esclava y perra negra, decidió irse a la cama, pero les limpio la habitación a sus amigas y les hizo la cama para irse a dormir a su cama.

Mientras se quedaba durmiendo, recordaba las humillaciones de Patricia con su esclava Teresa. La noche pasaba tranquila hasta que una puerta se abrió para cerrarse, ya que alguien había entrado.

En otro lugar, Sandra había llegado a casa muy excitada y cachonda por todo lo que había estado hablando con Diana, así que se estuvo masturbándose, restregándose con las patas de la mesa hasta que se corrió de placer y de gusto para satisfacerse. Lógicamente, detrás de esa corrida, lamió y chupó con la lengua el suelo y la pata como una buena perra.

Después de eso, se fue a la cocina para llevar las patatas bravas al salón y poner la televisión para verla, mientras comía. Se había puesto cómoda con unas bragas y una camiseta. Estaba viendo una película cuando recibió una llamada en el móvil.

–Hola, Sandra. –dijo Diana.

–Hola, Diana, ¿Qué tal estás? –preguntó Sandra.

–He aceptado y reconocido que soy una puta esclava y perra negra. –dijo Diana.

–Vale, está bien, ¿Y qué piensas hacer? ¿Te vas a ir a otro piso sola, o te vas a quedar escondiéndolo? –preguntó Sandra.

–Todavía, no lo tengo claro. –dijo Diana.

–De momento, lo pensaré, mira mi foto. –dijo Diana, enviando una foto en la que salía abierta de piernas con las manos detrás de la cabeza y mirando a la cámara.

Lo que me sorprendió era que se había puesto todo, collar, anillas, pulseras, anillos, y vibradores.

–Te ves genial, Diana, pero ten cuidado cuando lleguen tus compañeras qué si te ven así, como a Teresa, te van a someter y denigrarte. –dijo Sandra.

–Si, eso no te importa, díselo. –dijo Sandra.

–Sí, lo se. –dijo Diana.

–¿Tienes turno mañana por la mañana? –preguntó Sandra.

–Sí, y es un morbo impresionante si voy con todo puesto. –dijo Diana.

–Si lo haces, ten cuidado que no te pillen. –dijo Sandra, algo preocupada por ella.

–Además, llevo el kimono ese, y luego la bata, así que no tienen por qué pillarme. –dijo Diana.

–Sí, lo dices de esa manera, entonces no. –dijo Sandra.

–¿Tú trabajas mañana también? –preguntó Diana.

–Sí, en un medio de comunicación de televisión. –dijo Sandra.

–Está genial, Sandra. –dijo Diana.

Diana estuvo charlando contándome su experiencia al ponérselo y me dijo todas las cochinadas que había hecho esa noche. De esta manera, se excitaba contándoselo alguien, y lo entendí porque yo le conté mis cochinadas, y en algunas coincidíamos. Se hizo tarde así que colgó y yo me fui a la cama para dormir que mañana tenía faena.

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