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Dominaciónoct 2023

La perversión me sedujo 7

Sin embargo, la noche no fue tan tranquila como parecía, ya que los sueños húmedos que tuvo Sandra, hacían que se mojara las bragas, gimiendo de placer entre sueños. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.…

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Sin embargo, la noche no fue tan tranquila como parecía, ya que los sueños húmedos que tuvo Sandra, hacían que se mojara las bragas, gimiendo de placer entre sueños. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Ella estaba desnuda, de rodillas, lamiendo el charco de orina de Patricia, cuando de repente alguien se asoma por la puerta.

–¿Qué es lo que estás haciendo? –preguntó Patricia.

–¿Estás lamiendo mi orina del suelo como una puta perra en celo, Sandra? –preguntó Patricia.

–Eres una puta cerda asquerosa, guardando ese secreto sin decírmelo. –dijo Patricia.

–Serás puta zorra de mierda. –dijo Patricia.

–Ahora, vas a lamerlo y limpiar el váter, cuando termines te quiero en el salón, que tenemos que hablar, zorra. –ordenó Patricia.

Yo lamía el suelo y limpiaba el váter con mi lengua todo nerviosa de lo que me acaba de decir hasta que terminé para ir al salón de rodillas a cuatro patas para hacerla una reverencia y besar sus pies desnudos.

–Lo siento, Patricia, pero te quiero confesar que me está excitado últimamente las humillaciones y las denigraciones, pienso que soy una sumisa y perra blanca. –dijo Sandra.

–Al final, lo reconoces que eres una puta esclava de mierda más. –dijo Patricia.

–Si, lo reconozco. –dijo Sandra.

–De momento, bajas la mirada a mis pies, esclava. –ordenó Patricia.

–Me vas hablar de usted y cuando yo te lo diga, si no es así, guardas silencio como esclava que eres, Sandra. –dijo Patricia.

–¿Es lo que querías Sandra? –preguntó Patricia.

–Ser mi esclava y perra blanca, Sandra. –dijo Patricia.

–Pues lo vas a ser, de verdad. –dijo Patricia.

–¡Comienza a lamer mis sucios pies, esclava! –ordenó Patricia.

–¡Que es para lo único que sirves pedazo de carne con patas! –dijo Patricia

Mientras que la esclava lamía y chupaba sus pies, lamiendo la planta socia de esta, para dejársela limpia. Durante toda una hora, estuvo insultándola, denigrándola y tratándola como una mierda con patas. Sandra se daba cuenta que su Ama Patricia, no tenía piedad con ella. Comenzó a ponerle las anillas en los pezones y en los labios vaginales de manera violenta, escuchándose los gemidos de dolor de Sandra, para ponerle los brazaletes y las pulseras junto con los vibradores y el collar con la cadena.

Patricia con una fusta le daba en los pezones como en la vaginal, haciendo que gimiera de dolor y fuera contándolos.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –Uno, mi Ama Patricia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –Dos, mi Ama Patricia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –Tres, mi Ama Patricia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –Cuatro, mi Ama Patricia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –Cinco, mi Ama Patricia. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

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Así estuvo hasta darle a la esclava más de 25 fustazos, mientras gemía como una loca de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

–¿Qué eres? ¿De quién eres? –preguntaba Patricia, mientras daba fustazos fuertemente haciendo llorar a Sandra.

–Me llamo Sandra, soy una esclava y perra blanca y le pertenezco mi Ama Patricia. –repetía la esclava por cada vez que le daba un fustazo, mientras Patricia se reía de placer y de gusto.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia.

Ente sudores en la cama, se despertó Sandra, asustaba y con miedo y diciéndolo.

“–Me llamo Sandra, soy una esclava y perra blanca y le pertenezco mi Ama Patricia.”

Sandra tomándose unos minutos, se dio cuenta que había sido una pesadilla, en la que notó que se había corrido e incluso meado. Quité el protector y las sábanas, para meterlas en la lavadora, y poner otras, echando a lavar las bragas y toda la ropa, para irme a dormir algo más despejada por la pesadilla.

–¡Madre mía, menuda pesadilla he tenido! –dijo Sandra.

–Patricia, era una sádica, no tenía compasión de mí. –dijo Sandra.

–Menos mal que era una pesadilla, y que no era real, porque sino madre mía la que me esperaba. –dijo Sandra.

–Sí, pero no parabas de correrte y tener orgasmos al tratarte de esa manera, tanto que te corriste y te measte en las bragas. –dijo Sandra.

–Estoy ya medio loca, que hablo sola conmigo misma. –dijo Sandra.

Mientras estaba pensando en todo aquello, Sandra se quedó durmiendo, descansando esta vez tranquilamente. La noche transcurría con una gran tranquilidad después de tener esa pesadilla, pero no es eterna la noche así que el despertador sonó sobre las 6:30h.

Sandra se levantó de mal humor, así que se fue al baño, para lavarse, volviendo otra vez esos sueños eróticos a su mente, poniéndose excitada. De manera que se preguntó, y si me pongo el collar con la cadena de esclava. Podría experimentarlo, como Diana, y como me aconsejó Patricia.

Comenzó a excitarse y a ponerse cachonda, sería como descubrir un nuevo mundo. Pero, y si la pillaban, menudo marrón iba a tener y menudas risas de sus compañeros de clase. Era morboso, sentirse de esa manera, excitada y cachonda perdida por hacer algo que es tabú, sin que nadie lo sepa.

Iba a ser difícil, pero comencé a ponerme los anillos en los dedos de los pies, tal y como indicaba el dibujito de la ilustración, para luego ponerme la tobillera, el brazalete y la pulsera en el lado izquierda, donde poner que la llevan las esclavas.

Me comencé a ponerme las anillas en los pezones, perforándolos lentamente, gimiendo un gemido de dolor que traté de disimular cerrando mi boca. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava de mierda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de mierda.

Detrás me puse las anillas de los labios vaginales, con la cadenita que los unía a mis pezones, para finalizar en coger el collar enganchándole la cadena para ponérmelo. Leí en la etiqueta que debía de poner el nombre de la esclava en él, porque si iba sin él, significaba que era una esclava voluntaria libre que cualquiera podría esclavizar, así que puse mi nombre en los huevos en blanco “esclava sandra, propiedad de Ama…….” para que eso no me pasara, terminado de leer, la esclava sin el nombre de su Ama/o, significa que está en proceso de aprendizaje y que es una esclava novata, pero que no se la puede esclavizar.

Entonces, me comencé a vestir poniéndome una camisa con una chaqueta y una falda junto con unos zapatos, dejándoseme ver la tobillera en mi pierna. Además, los zapatos eran descubiertos por lo que se veían mis dedos al natural sin pintarme las uñas, pero perfectamente cortadas y muy bonitas a la vista.

Me puse la cadena detrás por la espalda como había visto hacer a Teresa, que seguramente había ido al hospital con todo puesto al igual que Diana. Me fui a la cocina para echarme el café y hacerme unas tostadas, que se lo preparé a Patricia ante de irme, por si le apetecía tomar algo antes de acostarse.

Puse en el tablón, te he preparado el café con tostadas las tienes en el microondas para que las tengas calientes, un saludo Sandra.

Había recibido un mensaje que me pasara hoy a las 8:00h por la entrada personal de personal que allí estaría mi tutor para comenzar el trabajo en prácticas. Menos mal que había encendido el móvil, anoche antes de acostarme, sino no lo sabría que empezaba esta mañana.

Era las 7:10h así que salí, corriendo para coger el autobús, con los vibradores vibrando me daban un placer continuo, pero trataba de no gemir como una puta zorra en el autobús. No quería que me viesen como una pervertida o una degenerada y que llamaran a la policía.

Durante el trayecto iba pensando en todo lo que había pasado ayer. Había sido espectacular y sensacional. Por un lado, nunca había tenido esa clase de sensaciones y emociones dentro del sexo, pero por otras eran un poco fuera de lo normal basadas en obtener placer sexual a través de humillaciones, insultos verbales, vejaciones y denigraciones por medio del sexo.

Nada más llegar, me encontré con otras compañeras y amigas mías como era Yolanda, Gema, Susana y Leticia, entre otros más.

–Hola, Sandra, –dijeron ellas.

–Hola, a todas. –dijo Sandra.

Menos mal que la camisa la llevaba cerrada, y disimulaba el collar, pero como era muy fino, estilizado y con un gran diseño de color de plata, llamaba la atención a los ojos de las mujeres.

–Me encanta tu collar, es genial, muy fino y de plata. Te ha debido de costar una pasta gansa. –dijo Nairi, mirando con una sonrisa.

–Te veo radiante, te brillan los ojos, aunque tienes una cara como triste para ser un buen día hoy. –dijo Yolanda.

–¿Has estado follando toda la noche? –preguntó Leticia.

–¿Qué? –respondió Gema, mientras que a Susana se atragantaba con un zumo que estaba bebiendo, escupiéndolo al suelo. Menos mal que no había nadie delante para empaparlo.

–No puedes mentirme Sandra. –dijo Yolanda.

–Ha follado, pero bien. –dijo Leticia.

–Me caes fatal, otra cosa más que añadir en mi triste día que odio. –dijo Leticia, marchándose para ir entrando al edificio.

–¡Joder, tanto se me nota o qué! –dijo Sandra.

–¿Quiénes es él? –preguntó Gema.

–¿Quién ha dicho que sea él? –dijo Sandra.

–¿Ostras, te has cambiado de acera Sandra? –preguntando Susana.

–No me he cambiado de acera, sólo que tuve sexo con ellas. –respondió Sandra.

Se quedaron asombradas de cómo lo había dicho, mientras íbamos pasando dentro para irnos asignando nuestros puestos.

–Pero, esto no se puede hacer, suelta la bomba y nos deja en ascuas. –dijo Susana.

–¡Déjala que luego en la hora de comer, lo hablamos! –dijo Yolanda.

–Me preocupa un poco Sandra. –dijo Yolanda.

–¿Por qué lo dices de esa manera? –preguntó Gema.

–Porque no sé, parece que algo ha cambiado en ella. –dijo Yolanda.

–Si, parece que actúa de forma diferente como si algo le preocupara. –dijo Vanesa, con una gran reflexión.

En ese momento, fueron asignando las mesas de cada planta, cada una de nosotras nos dieron una mesa en diferentes secciones, pero unidas todas en una misma planta o en dos. De forma, que las primeras ordenes vinieron en ese momento.

A mí, me tocó la redacción de las noticias, investigación y revisar todo lo que llegaba para filtrarlo antes de pasarlo a mi superior. En general, todos hacíamos cosas parecidas, pero en diferentes secciones. Nos pedían redactar artículos y entregarlos en plazo de uno a dos días, aunque algunos eran de una semana a dos.

Patricia salía de su turno para marcharse a su casa, cuando se cruzó con Diana, que entraba a esa hora. Ya de por sí, el día anterior se había saludado, cordialmente y se llevaban bien por proceder de la misma facultad.

–Hola, buenos días Patricia. –dijo Diana al verla.

–Hola, Diana, qué placer cruzarnos al cambio de turno. –respondió Patricia, cansada por estar toda la noche en el turno de guardia.

–Quería hablar sobre una cosa. –dijo Diana, preparándose para lo que iba a soltar.

Diana y Patricia, había sido compañeras de clase de la facultad, pero tomar otro itinerario, hizo que apenas coincidieran sus clases. De manera, que hacía tiempo que no disponían de un rato para hablar entre ellas.

–¡Claro, adelante! –respondió Patricia, contenta por hablar con su amiga.

–Hacía mucho tiempo que no coincidíamos para tener un rato para charlar. –dijo Patricia.

–¿En que sección te ha tocado del hospital? –preguntó Patricia.

–En el ala de cardiología como médico adjunto de quirófano. –respondió Diana.

–Está muy bien, porque yo estoy en otra sección de cirugía, pero también soy adjunta de quirófano. –dijo Patricia.

–Está genial, porque seriamos compañeras si estuviéramos en el mismo turno. –dijo Diana.

–Bueno, quiero preguntarte tú opinión sobre algo. –dijo Diana.

–No sé si te lo vas a tomar a mal o no, o si me vas a dejar de hablar, juzgándome. –dijo Diana.

–No, mujer no. Creo que no será algo tan grave para que te des con tato rodeo. –dijo Patricia.

–No tengo amigas para confesárselo tan intimas como fuimos nosotras hasta que nos separamos de itinerario. –dijo Diana.

–Cuéntame que cuál es el problema qué si puedo solucionarlo, lo haré. –respondió Patricia, muy intrigada.

–Estuve hablando con Serena y Mara, cuando fueron a ver a Teresa, se qué por algunas vecinas, me han contado que Teresa es una esclava y perra blanca. –dijo Diana.

–Si, ¿Te enteraste de la jugada que me hicieron esas dos? –preguntó Patricia.

–Sí, de algo me enteré cuando me llamó la coordinadora, qué a causa de ello, me cambiaban a otro turno. –dijo Diana.

–Pues, ellas, fueron a ver a Teresa y porque es una esclava, le dijeron que renunciara a su plaza para que tanto Mara como Serena, ocuparan otras plazas y mi plaza rotara a otra persona. –dijo Patricia.

–Bueno, quería decirte que estuve hablando con Sandra, ya que quise corroborar lo que me contaron por las escaleras sobre los rumores de Teresa.

–¿Y qué es lo que quieres que te cuente si es verdad o no? –preguntó Patricia.

–Pues, es todo verdad. –dijo Patricia.

–Soy Ama dominante, y Teresa es mi esclava y perra blanca, pero durante dos días, porque desde que la sometí, humillé y denigré en el Club Nocturno, no me he cruzado con ella, aún. –dijo Patricia.

–Cómo bien sabes, el turno de un hospital es de locos, van turnado y girando según pasan las semanas o los meses. –dijo Patricia.

–Sí, lo sé. –dijo Diana.

–A mí, también me sucede lo mismo. –dijo Diana.

–Bueno, ¿Qué es lo que me quieres preguntar o decir? –preguntó Patricia.

–No es fácil para mí, ni sencillo. –dijo Diana.

–Tienes 20 minutos para contármelo, vamos a sentarnos en el aparcamiento y me lo cuentas, ya que no tengo prisa por llegar a casa. –dijo Patricia.

–20 minutos antes o después, ¿Qué más da? –dijo Patricia.

Ambas se sentaron en un banco del aparcamiento para continuar su conversación. Estuvieron charlando de tus turnos, y las cosas que les gustaban y lo que no, del hospital hasta que llegó el momento clave.

–Habíamos quedado para ir al hospital para ver los turnos, y me encontré con ellas, con Mara y Serena, y cuando se enteraron de la plaza que les había tocado, surgió el tema de Teresa, que se había convertido en una esclava, y que tú eras su Ama.

–Si, lo sé. –dijo Patricia.

–Lo que no sabes es que Serena y Mara, si ella, renunciara a su plaza, tu perderías la tuya, pero rotarían ellas. No te tenían manía a ti, sino a Teresa, qué por dos décimas, les ganó, quitándole sus plazas. –dijo Diana.

–Si, eso no lo sabía. –dijo Patricia.

–El caso, que yo estuve delante de la puerta de Teresa, ya que es mi vecina, así que cuando las vi llegar, las salude y fue cuando presencie todo lo que paso. –dijo Diana.

Patricia estaba escuchándola atentamente, analizando todo lo que le decía sobre lo que había ocurrido, dándose cuanta la maldad que tenían esas dos, que antes ignoraba eso.

–Entonces, ¿Has venido a contármelo para que lo supiera? –preguntó Patricia.

–En parte sí, pero por otra parte es por otra cosa. –dijo Diana.

–¡Suéltalo ya, anda! –dijo Patricia, que no se esperaba lo que iba a escuchar, ni en sueños.

–Pues desde ese día, más lo que vi en el Club Nocturno, cuando me dieron los regalos, pero luego lo que vi, por las escaleras que la gente me contó. –dijo Diana.

–Comencé a tener sueños eróticos y fantasías en las que me humillaban, me denigraban y me sometían sexualmente, excitándome completamente hasta mojar las bragas y el pijama. –dijo Diana.

Patricia comenzaba a estar en shock, ya que no esperaba que su amiga de la facultad, con la que había compartido piso hace unos meses hasta que se mudo con Vanesa y con Sandra, le confesaba lo que comenzaba a intuir.

–Me gusta y me excita ser sometida, dominada, humillada y denigrada. –confesó Diana, con la cara colorada.

–Me estás diciendo que experimentas tendencias sumisas, y que eres una esclava y perra negra. –dijo Patricia.

–¿Es eso lo que querías contarme, Diana? –preguntó Patricia.

–Si, así es. –dijo Diana, abriéndose la camisa y quitándose la chaqueta para mostrar sus pechos con las anillas, perforando sus pezones, junto con su collar con una cadena que colgaba de su cuello. En el que pudo leer grabado en el collar, “esclava diana.”

Patricia se quedó asombrada por la confesión que le hizo su amiga íntima, quedándose pensando y asimilando todo lo que le había dicho su amiga. Volviendo a la realidad para ver como su amiga estaba de rodillas ante ella, con la cabeza haciéndola la reverencia, esperando a lo que quiera decirla.

–Bueno, esto si que no me lo esperaba. –dijo Patricia.

–¿Desde cuando has empezado a sentirte así, Diana? –preguntó Patricia.

–Desde, hace dos noches, comenzaron los sueños, los sudores, mi cuerpo ardía, y no controlaba mi vagina, corriéndose sin parar sin poder controlarla hasta que vi todas esas escenas, y al darme el pack de esclava, me lo puse anoche. –respondió Diana.

–¿Quieres saber si yo te acepto? –preguntó Patricia.

–Pues, sí, no hay ningún problema si te sientes una esclava, me alegra que lo seas y que lo reconozcas, y más aún si me lo has contado, porque yo te puedo contar que soy Ama dominante. –dijo Patricia.

–¿Te estás corriendo? –preguntó Patricia.

–Si. –respondió Diana.

–Si, ¿Qué? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava Diana, excitada y cachonda perdida.

–¡Así, me gusta, que seas, esclava! –dijo Patricia.

–¡Obediente y fiel, esclava! –dijo Patricia.

Patricia, no se esperaba que sucediese eso ese día, qué al levantar por la mañana, iba a volver a ver a su antigua compañera de piso, y descubrir que era una esclava y perra negra.

–Para empezar, besar mis botas y límpiamelas, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra, comenzando hacerle la reverencia en señal de respeto, obediencia y sumisión, para ir besándolas hasta comenzar a lamérselas con su lengua de esclava negra.

La esclava estuvo lamiéndole las botas hasta dejárselas, totalmente limpias, pero no contenta con ello, Patricia quiso someterla más.

–¡Desnúdate y ponte de rodillas a cuatro patas, abriéndote de piernas con las manos detrás de la cabeza, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, que recibió un par de guatazos en sus mejillas, para decirla directamente.

–Sólo hablarás cuando se te ordene, esclava. –ordenó Patricia.

Al tensarse su cadena de sus anillas, provocó en menos de 5 minutos, que comenzara a excitarse, y a correrse, soltando sus fluidos por las piernas como una perra en celo.

–¡Mírame y abre la boca, dejando la lengua fuera, como una perra, esclava de mierda! –ordenó Patricia.

Patricia comenzó a escupirla en la boca, en la cara, en sus pechos hasta que su boca estaba llena, para ordenarla que se lo tragara, para volver a iniciar el juego de nuevo de los escupitinajos.

Entonces, recibió un mensaje del móvil de Diana, el cual cogió su Ama Patricia, para leerlo.

“Hola, estimada Diana, le informamos que se ha cambiado su turno, y que pasa al turno de noche, por lo que esta noche debe de estar en la puerta de personal Lamentamos las molestias, pero se ha dado de baja una compañera por motivos personales, rotando los turnos, pero nos alegra comunicarla que se mantiene su puesto y rango, lo único que entraría en el turno de noche.”

–¡Mira lo que te ha sucedido, esclava! –dijo Patricia, leyéndolo todo para que se enterara Diana.

–¡Vas a quitarme las botas, y quiero que me lamas los pies, esclava! –ordenó Patricia, viendo como su esclava, le quitaba sus botas, mientras ésta le lamia sus pies, obedeciéndola como una buena esclava que era.

En ese momento, pasaban dos compañeras de su turno, quedándose sorprendidas por ver a Diana, desnuda con un collar al cuello, lamiendo los pies a otra compañera.

–¿Esto qué es Diana? –preguntó Maribel.

–Tienes permiso para hablar, esclava. –ordenó Patricia, experimentando una felicidad increíble de describir en esos momentos.

–Estoy lamiéndole y chupándole los pies a mi Ama Patricia, porque soy su esclava y perra negra. –respondió la esclava, continuando lamiéndole sus pies.

–No tenía ni idea que te gustaran todos estos juegos sobre la dominación y sumisión. –dijo Maribel, flipando en colores, lo que estaba viendo.

–Sí, es una esclava sexual de esas que salen la película de 50 Sombras de Grey. –dijo Lucia.

–La muy zorra, se está corriendo. –dijo Sonia, que acaba de llegar escuchando la parte final de la conversación.

–¿Esto está permitido? –preguntó Maribel.

–Están fuera del hospital y no llevan uniforme, así que sí. –dijo Lucia.

Las otras se marcharon, pero esta se quedó mirándolas.

–Si, digo la verdad, estoy excitada y cachonda perdida. –dijo Lucia.

–¿Con qué te has excitado? –preguntó Patricia.

–Viendo a su esclava, desnuda, de rodillas a cuatro patas, cómo gime de placer, o como le lame sus pies. Toda esa humillación y denigración. –respondió Lucia.

–Pienso que eres una esclava y perra blanca, como ella. –dijo Patricia.

–¿Qué eres Lucia? –preguntó Patricia, mirándola a los ojos.

–Si, soy una esclava y perra blanca. –respondió Lucia.

–¿Si, que? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –dijo Lucia, poniéndose colorada sus mejillas.

–¡Vamos desnúdate y ponte de rodillas, esclava!

Lucia se desnudó para ponerse de rodillas acercándose a los pies de su Ama Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

Patricia, le dio un par de guantazos, diciéndola.

–Las esclavas sólo hablan cuando se les ordena. –dijo Patricia.

–¡Límpiame los pies con la lengua, esclava! –ordenó Patricia.

La esclava comenzó a besar y a lamer sus pies, mientras sus fluidos vaginales, chorreaban por sus muslos, excitada y cachonda perdida. Quedaban unos 5 minutos para que entraran los turnos, mientras que sus amigas salían para decirle que quedaba poco para entrar, viendo en qué, situación estaba Lucia.

–¿Entras ahora a trabajar, esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, mientras que Diana estaba a su lado con las piernas abiertas, y la boca abierta, recibiendo escupitinajos en su boca con las manos detrás de la cabeza.

–¿En qué trabajabas? –preguntó Patricia.

–Soy doctora de oncología en prácticas, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

–Vas a llegar tarde, así que vamos acelerar esto. –dijo Patricia, poniéndose de pie para acercar su coño, bajándose la falta junto con las bragas que estabas empepadas de sus fluidos para decirle.

–¡Abre la boca y déjala abierta, esclava! –ordenó Patricia, comenzando a mearse en su boca, hasta que le meo en su cara y en su cuerpo, incluyendo su cabeza de esclava.

Detrás, cogió su coño y se lo restregó en su cara, limpiándose en ella, mientras sentía placer para correrse en su cara y en su boca, tragándoselo todo. Patricia cogió sus bragas y las usó para limpiar el suelo de su meado, de su cuerpo y cara, limpiándola los pechos, para metérselas en la boca.

–¡Ya estás limpia, esclava! –dijo Patricia.

–¡Tenlas dentro de la boca y chúpalas hasta que estén secas, esclava! –ordenó Patricia.

–Luego, cuando lo estén, te las pones y si te corres, pensando en mí, te haces una foto y me la envías por WhatsApp. –dijo Patricia, anotando su número de móvil en sus pechos, pero escribiendo más cosas, como

“soy una esclava y perra blanca, propiedad de mi Ama Patricia.” “soy una puta zorra, una guarra y una cerda asquerosa.” “soy esclava de mi Ama Patricia, que es mi dueña.”

–Las esclavas no llevan ropa interior, así que, desde hoy, irás sin ropa interior, esclava. –dijo Patricia.

–Además, no se pintan las uñas y las llevan cortadas, esclava. –dijo Patricia.

–Quiero que vayas al Club Nocturno que está en la calle Otelo, y te compres un pack de esclava, para que te lo pongas, esclava. –ordenó Patricia.

–Y te quiero ver, con el puesto en este mismo sitio, mañana cuando salga del turno, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, besando sus pies en señal de respeto, obediencia y sumisión.

Detrás de eso le ordenó que se vistiese, y escupiéndola en la boca y en cara, le dijo que se marchase a trabajar, quedándose solas nuevamente las dos.

–Ahora, que nos hemos quedado solas, Diana. –dijo Patricia.

–Quiero saber ¿Qué vas hacer a partir de ahora, Diana? –preguntó Patricia, diciéndole que tenía permiso para hablar.

–Aprender a ser una buena esclava y perra negra, compaginándolo con el trabajo, mi Ama Patricia. –dijo la esclava negra.

–¿Con quién compartes piso ahora, esclava? –preguntó Patricia.

–Con Lourdes, Serena y Mara, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

–Las llevas claras como sepan que eres una esclava y perra negra, Diana. –dijo Patricia.

–Si, es verdad, mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

–Puedes venirte de nuevo a vivir conmigo, tenemos una habitación vacía, pero siendo mi esclava, dormirás en el suelo a los pies de mi cama, como mi esclava y perra negra. –dijo Patricia.

–Si, aceptas, esclava, vivirás tu vida a los pies de tu Ama, sirviéndome y disfrutándolo con experiencias que te encantarán vivir como una esclava. –dijo Patricia.

–Acepto, mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

–¡Vale! –dijo Patricia, cogiendo la ropa de Diana para tirar de la cadena, haciéndola caminar detrás de ella, como una perra.

Patricia, estuvo paseándola por el aparcamiento y luego salió al parque que había al lado que era muy pequeño, por el cual no pasaba mucha gente, pero que lo uso para entrenar a su esclava, tirándola una pelota que llevaba en el bolso.

–¡Vamos, perrita! –decía Patricia.

–¡Cógela, y tráesela a tu Ama! –ordenaba Patricia, recogiendo la pelota de su esclava la ponía en su palma de su mano.

–¡Guau, guau, guau! –ladraba su esclava.

Era increíble pensar que hacía unas horas, esa esclava era su amiga, pero ahora era sólo un animal, su mascota y esclava. Después de estar mucho rato, le dijo que se fuera a su casa, para recoger sus cosas, dándole su dirección para que fuese, que allí la esperaría.

–Si te preguntan el motivo, diles la verdad. –dijo Patricia.

–Que te vas a vivir con unas nuevas compañeras. –dijo Patricia.

–Y si quieres decirlas, lo que eres, es tú decisión o no, Diana. –dijo Patricia.

–Por cierto, si cambias de opinión, volvemos a ser amigas y no pasa nada, ya que esto es un juego por mutuo acuerdo y en cuanto cambies de opinión, la respetaré. –dijo Patricia.

Después de eso, Patricia se marchó a su casa, acompañando hasta la puerta de su casa a su esclava, para dejarla la ropa en el suelo, para que se vistiese.

Un rato más tarde, entraba Patricia por la puerta de su piso, que compartía conmigo, Vanesa, y dos habitaciones más, estaban vacías, en la que una iba a retornar al final de la semana, ya que había estado de erasmus.

–Debe de estar en el trabajo, creo que me dijo que empezaba el trabajo en prácticas el lunes. –dijo Patricia.

–Me preguntó si lo habrá limpiado. –dijo Patricia, yendo hacía el baño.

–Pues, sí lo ha limpiado tanto el suelo como el váter. –dijo Patricia.

–Se podía haberse chinado por lo que le hice anoche, y haberse ido y haberme dejado de hablar, aunque noté que estaba excitada y cachonda, predispuesta a obedecerme.

–También, ha limpiado todo y ordenado el salón, su ropa sucia la ha metido en su cesto. La verdad que Sandra es muy ordenada y limpia.

–Vi que me había dejado una nota, que ponía que me había hecho el desayuno y que estaba en el microondas. –dijo Patricia.

Sacó el desayuno para tomárselo, y mirar si había algo de comida hecha por Sandra. Ha dejado comida en el frigorífico preparada para hoy, así que lo fue sacando para dejarlo preparado para comer.

La verdad que el turno de noche, era un puto asco, porque el mundo funciona en horas diurnas y no nocturnas, por lo que se tomó algo y se fue a quitarse la ropa para acostarse en la cama.

Patricia se desnudó, acostándose en la cama con sólo las sábanas para taparse si tuviese frío. Sin embargo, al pasar a su cuarto, tenía que pasar por el de Sandra. En el que vio, la caja del pack de esclava encima de su mesa en el sitio de los libros, estaba vacía en el que le faltaban ciertas cosas como el collar, la cadena, anillas, etc.

–Así que me ha hecho caso anoche cuando le comenté que lo leyera bien y se enterara. Creo que hoy lo va a pasar mal como alguien sé de cuenta, ya que con todo eso puesto, ha tenido una mala idea. Esta Sandra, se la puede manipular como se quiera. Le dije que se enterara, no que lo probara. Esta viene hoy echa una cerda completa. Pero haré como si no me hubiese enterado o como si no lo supiera. Tampoco, soy una ONG para acoger a todas las esclavas que me encuentre por el mundo a mi paso.

–¡Ja, ja, ja! –reía Patricia, mientras se quedaba durmiendo completamente.

Las horas pasaban mientras que Patricia dormía, Sandra estaba a punto de salir para la hora de comer. En ese momento, recibió un mensaje en el que ponía su esclava Lucia, enviándole una foto desnuda, de rodillas a cuatro patas con las piernas abiertas y las manos detrás de la cabeza, mostrando las frases humillantes y denigrantes, escritas por su pinta labios, que se había secado, dejándola marcada por su Ama Patricia.

Patricia, cogió el móvil para ver el mensaje, y reírse de ella, escribiéndole que se masturbara con la pata de una silla hasta correrse, grabándose con el móvil, para luego lamer el suelo y chupar la pata como una perra que era. Patricia le mandó las ordenes por WhatsApp, mediante voz, y eso hizo que la esclava lo escuchara una y otra vez, excitándose de placer.

Sin embargo, tenía que dormir, así que volvió a dormirse, antes de eso, por si venía Diana, la envío, un mensaje, diciendo donde estaba la llave, y lo que debía de hacer, para quedarse dormida, nuevamente.

Todas se fueron a las mesas del comedor, donde se juntaron todas para hablar de sus cosas, cómo le había ido la mañana en general, hablar de sus ligues y de sexo con hombres o con mujeres.

Esa mañana, la chica más popular era Sandra, que se le había escapado una bomba de noticia que cogieron al vuelo sus compañeras.

Sandra se sentó con Yolanda, Susana, Leticia y Gema en una mesa para seis que más tarde se sumó Susana que venía de terminar de acabar un trabajo para su jefe.

–Bueno, ¿Qué es eso que te has liado con chicas? –preguntó Yolanda, muy intrigada.

–Cuenta, cuenta. –dijo Susana, que era una cotilla.

–Nada, no fue nada. –dijo Sandra.

–Un malentendido, eso fue todo. –dijo Sandra, que no quería que se supiese toda su vida sexual.

–Pues pasó cuando iba bebida, unas chicas estaban hablando y entre dentro de su círculo, una de ellas me besó y correspondí al beso, y como iba bebida creo que nos liamos, aunque no recuerdo todo. –dijo Sandra.

–Eso, es como si no hubiese ocurrido nada. –dijo Gema.

–Eso es erróneo, porque si ha ocurrido. –dijo Susana.

–No, porque si no se acuerda es como si no hubiese ocurrido. –dijo Leticia.

–A mí, me paso algo similar, me lie con un hombre y el caso que me desperté en su cama y no me acordaba de nada. –dijo Gema.

–El hombre todo feliz, porque había marcado un gol, y cuando me preguntó no supe nada que decirle, ya que no me acordaba. –dijo Gema.

–Os habéis enterado todas del sexo que tuvo Teresa, la compañera de Patricia que es compañera de piso de Sandra, actualmente. –dijo Susana.

–No, no me he enterado de nada. –dijo Leticia, con gran curiosidad.

–Pues que, anda en el oscuro y pervertido mundo del BDSM. –dijo Susana.

–¿Qué me dices? –preguntó Leticia.

–Nos cruzamos con Teresa en el Club Nocturno de la calle Otelo, y estaban firmando libros de una última entrega de 50 Sombras de Grey, así que regalaban obsequios de todo tipo, lencería, látigos, esposas, vibradores, collares y cadenas entre otras cosas. –dijo Gema.

–¿Qué tiene eso de especial? –preguntó Marta que había llegado en la última parte de la historia.

–Digamos que a Teresa le gusta la dominación femenina, es decir ser una esclava y perra blanca, le gusta que la traten mal, la humillen y la denigren. –dijo Susana.

–Ostia, eso sí, que es interesante. –dijo Leticia.

–¿Y por qué? –preguntó Yolanda.

–En mi sección estamos haciendo un reportaje sobre esos temas de sexo, y tenemos que hacer entrevistas a personas con gustos afines al BDSM. –dijo Leticia.

–Pues, Sandra es compañera de Patricia, así que blanco y en botella. –dijo Susana.

–Sí, además la vimos denigrando y humillando a Teresa en público. –dijo Susana.

–¿Cómo fue eso? –preguntó Leticia, muy interesada.

–Volvíamos de la fiesta, y nos cruzamos con Patricia y con Teresa. –dijo Susana.

Recibí un mensaje de alguien desconocido, en el que me decía.

“–Mira hacía una de las mesas a tu izquierda, Sandra, y mira mi pie derecho.”

Yo miré hacía el otro lado cuando en una de las mesas, me fijé que me miraba Nairi, la cual antes me había saludado. No sé que es lo que quería, pero me mostró adelantando su pierna derecha, viéndosele una pulsera y mostrándome su pie derecho.

Entonces, recordé lo que había leído, las Amas dominantes, solían llevar pulseras, tobilleras y anillos en la parte derecha del cuerpo, mientras que, en el lado izquierdo, sólo las llevaban, las que eran esclavas. pero sólo verla en el derecho era clara evidencia que era Ama dominante.

La mire y baje la mirada, haciendo una reverencia con la cabeza en señal de respeto, obediencia y sumisión. En unos segundos, recibí otro mensaje por parte de ella.

“–Tú obligación como esclava que eres es la de saludar e identificarte como esclava y perra blanca.”

“–Antes, no has podido fijarte, por la cantidad de gente que había a nuestro alrededor, pero no es ninguna excusa, esclava.”

“–En adelante, debes de cumplir el protocolo, esclava.”

“–Se que eres una esclava y perra blanca novata, se le huele a la legua.”

“–Me he fijado en el grabado de tu collar, esclava.”

“–Eres una puta zorra de esas que fueron el sábado por curiosidad al Club Nocturno. Fui allí, también y te vi hablar con la esclava Maika, y vi como cogió el pack de esclava para dártelo, esclava.”

“–Me alegra que lo estés disfrutando, esclava.”

“–Dudaba si lo ibas a probar o no, el primer día, pero se nota que te gusta el tema, ya que te has puesto el collar, las anillas y las pulseras. Sin contar de que llevas los vibradores, ahora mismo, esclava.”

“–Seguro que ahora mismo, te estás mojando las bragas, o perdona, que las esclavas no podéis llevar ropa interior.”

“–No te preocupes por responder, ya que no tienes permiso para escribirme, esclava.”

“–Quiero que vengas a mi mesa, me pidas perdón, esclava.”

“–Ahora mismo, levántate y mueve tú puto culo como una puta zorra de mierda que eres, esclava.”

Sandra se levantó toda nerviosa, mojándose sus partes, mientras bajaba sus fluidos vaginales por sus muslos. Poniéndose a caminar hacía la mesa de Nairi, y nada más llegar, bajó su mirada a sus pies e hizo la reverencia, se puso de rodillas con una reverencia, en señal de respeto, obediencia y sumisión para besar sus pies.

–Le pido perdón, y disculpas por no haberla saludado antes, Ama Nairi. –dijo Sandra.

–Disculpas aceptadas, esclava. –respondió Nairi, que era una chica asiática que había sido compañera de clase suya de la facultad y en prácticas, también como ella.

–Saluda a mis amigas, esclava. –ordenó Nairi.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió Sandra, sumisamente.

Sandra fue haciendo reverencia, una por otra hasta besar sus botas, obedeciendo a su Ama Nairi.

–No vas a lamer ni chupar mis pies, esclava. –dijo Nairi.

–Ese privilegio sólo lo tiene mi esclava. –dijo Nairi.

–Mírame y abre la boca, esclava. –ordenó Nairi.

Tanto ella como sus compañeras de la mesa, comenzaron a escupirme en la boca, y en mi cara hasta qué en unos segundos, la tenía llena de sus escupitinajos.

–¡Trágatelos y cierra la boca, esclava! –ordenó Nairi, mientras ella y las demás se reían de mí.

–Así que esta puta zorra, es una esclava más. –dijo Zoe.

–Eso parece. –dijo Martha.

–Pero vas a limpiarme los zapatos, esclava. –ordenó Nairi.

–Y detrás las de mis amigas, esclava. –dijo Nairi.

–Preséntate verbalmente diciendo, quién eres, esclava. –ordenó Nairi.

–Me llamo Sandra, soy su esclava y perra blanca, mi Ama Nairi, comenzando a lamer y limpiar sus zapatos, mientras ellas hablaban de sus cosas ignorándome totalmente.

–Me llamo Sandra, soy su esclava y perra blanca, mi Ama Zoe. –repitió la esclava, lamiendo sus botas con su lengua, hasta que lamió las suelas, dejándolas limpias completamente.

–Me llamo Sandra, su esclava y perra blanca, mi Ama Mathar. –repitió la esclava, comenzando a lamer sus zapatos, limpiándoselos completamente.

–Me llamo Sandra, soy su esclava y perra blanca, mi Ama Susan. –repitió la esclava, lamiendo sus botas completamente hasta que le dejó limpias las suelas con su lengua.

–Pero tuvo una sorpresa, porque cada una de ella, se meó en su boca y en su cara y pechos desabotonando su camisa para vérsele los pezones con las anillas puestas conectadas por una cadena, manteniéndose erectas por la excitación.

–Mira la puta zorra que eres, que te estás corriendo con sólo humillarte, puta esclava de mierda. –dijo Nairi. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava.

–Te voy a ayudar, esclava. –dijo Nairi, tirando de su cadena para hacerla caminar detrás de ella como si fuese una perra, hasta llegar a la mesa donde estaba sentada, mientras algunas compañeras la miraban.

–Cuando me siente en la silla mí, tú te sientas detrás en la tuya, esclava. –dijo Nairi, marchándose para irse a su mesa.

–¡Qué sepas que si te pones esas ya sabes cómo debes de comportarte, esclava! –dijo Nairi, riéndose de placer.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Nairi, yéndose a su mesa para sentarse.

Una vez que Nairi se había sentado, hizo con la cabeza la señal para que la esclava se levantara toda roja y colorada, pero sin mirar a nadie a los ojos, sólo miraba al suelo para volver a sentarse a su mesa e hizo otra reverencia con la cabeza en la dirección de ellas.

–Es una puta zorra de campeonato. –dijo Zoe.

–No sabía que fuese tan zorra y puta, la esclava de mierda. –dijo Martha.

–En la facultad, siempre era estudiosa y ordenada. –dijo Nairi.

–Jamás, se me ocurrió pensar que le gustara ser una esclava, pero el mundo está lleno de sorpresas. –dijo Nairi.

–No Tiene grabado en su collar, el nombre de ninguna Ama, así que es una esclava novata a la que podemos adiestrar y someter. –dijo Nairi.

–Creo que, si se excita siendo una esclava, lo va a disfrutar mucho, ya que es maravilloso, ¿Verdad Violeta? –preguntó Nairi.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió la esclava, que era una compañera de la facultad que había sido seducida por Nairi durante el curso, convirtiéndola en su esclava y perra blanca personal, la cual se puso de rodillas para lamerle los pies a su Ama Nairi, sin importarle quién mirase.

Una vez sentada continuó escuchando la conversación que tenían sus amigas, que desconocían lo que había ocurrido, menos para varias que nada más venir hablaron con ella.

–Nos vas a explicar lo que acabamos de ver, Sandra. –dijeron ellas.

–Si, vale. –dijo Sandra.

–Soy una esclava y perra blanca. –dijo Sandra, colorada.

–Me excita y me pone cachonda perdida, ser humillada, denigrada y que me traten muy cruelmente. –dijo Sandra, soltándolo por fin a sus amigas íntimas de la facultad.

–O sea, qué estábamos hablando sobre Teresa, que era una esclava, y ahora te veo ponerte de rodillas a cuatro patas en la cafetería para besarle los pies a Nairi, mostrándote como una esclava y perra blanca. –dijo Yolanda.

–Sí, os pido perdón, os lo explico todo. –dijo Sandra.

–Llevo desde el viernes que fue la inauguración de la firma del libro de BDSM en el Club Nocturno, excitada y perdidamente cachonda. –dijo Sandra.

–Vi las escenas de Patricia con Teresa, luego escenas en el club, y luego me regalaron un pack de sumisa, comencé a tener sueños eróticos, y fantasías eróticas en el que me identificaba como Teresa. –dijo Sandra.

–Vale, eso lo puedo entender, pero ¿Qué tiene que ver eso con arrodillarte ante ellas? ¿Y mucho menos besar sus pies, y que te escupan en la boca y en tu cara? –preguntó Yolanda.

–Nairi, Zoe, Matha y Susan son Amas dominantes, y Violeta como ves de rodillas a cuatro patas, lamiendo los pies de su Ama Nairi, es su esclava por lo que parece. –dijo Sandra.

–Dentro del BDSM hay un protocolo que cumplir, si eres una esclava debes de hacer una reverencia y mostrarte a la Ama que te reconozca o que reconozcas, por las pulseras, brazaletes y por el collar. –dijo Sandra, que había leído todo eso en el manual.

–Entonces, me quieres decir ella lleva una pulsera, y una tobillera, además de anillos en su parte derecha de su cuerpo o en ambas, es Ama dominante. –dijo Yolanda.

–Pero, tú al llevarlas en la parte izquierda junto con el collar, te muestras como una esclava y perra blanca, como me acabas de contar. –dijo Susana.

–Sí, así es. –dijo Sandra.

–¿Y esto lo sabe alguien más, salvo yo, y ellas? –preguntó Yolanda.

–Nadie lo sabe, aunque he hablado con Diana que es una esclava, y algunas otras que se sienten igual como Gloria, Estefanía y Natalia. –dijo Sandra.

–¡Madre de Dios, bendito! –exclamó Yolanda.

–En qué movidas te metes la verdad. –dijo Gema.

–¡Por favor, no lo contéis! –suplicó Sandra.

Sandra se llevaba la mano a la cara para limpiarse un escupitinajo para llevárselo a la boca y chuparlo con los dedos, mientras Nairi y sus amigas, observaban cómo se limpiaba sus escupitinajos con sus dedos para llevárselos a su boca. Si la hubieran visto limpiarse con un papel y tirarlo al suelo, otro día la hubieran castigado de duramente o en ese mismo momento.

–No diré nada, pero después de lo que has hecho, más gente lo deducirá y si en próximos encuentros, lo repites, lo van a saber todos a este paso. –dijo Yolanda, terminando de hablarla.

–¡Joder! ¿Tienes que lamer y chupar sus escupitinajos, también? –preguntó Yolanda.

–Me están mirando, Yolanda. –dijo Sandra.

–Pero no se te ocurra mirar, y que no se den cuenta que te lo estoy contando, porque se fijaran sus ojos en ti, también. –dijo Sandra.

–¿Se lo has dicho a Patricia? –preguntó Susana.

–No, aún no se lo dije, pero creo que sospecha mis tendencias sumisas. –respondió Sandra.

–Pues, ya estás tardando en decírselo, porque Nairi y las demás, no creo que se contenten con sólo lo que te han hecho ahora. –dijo Sara.

–¿A qué te refieres? –preguntó Sandra.

–¡Qué querrán darte más caña, Sandra! –respondió Sara.

–Ves a Violeta, era una chica estupenda amiga mía, pero desde que se juntó con Nairi, se alejo de nosotras, y mírala ahora. –dijo Yolanda.

–La tiene de rodillas, lamiendo y chupando sus pies, pero ahora está lamiendo los pies y las botas de las demás. –dijo Yolanda.

–Puede que tú acabes así. –dijo Yolanda, dejándola pensándolo.

–¿Te gustaría verte así, como ella, Sandra? –preguntó Yolanda.

–La verdad que sí, que me excita muchísimo. –respondió Sandra, excitada y cachonda, soltándole un gemido de placer, que dejó incrédula a Yolanda.

–¿Qué tienes metido en tu coño? –preguntó Yolanda, metiendo su mano para ver que no tenía bragas, y que sobresalía un pitorro de una polla vibratoria descomunal.

–Madre mía, si estás empapada, corriéndote como una puta zorra, Sandra. –dijo Yolanda, sacando la mano, para enseñársela a su amiga Marta.

Sandra estaba colorada, pero excitadísima al tocarle su coño, Yolanda, así que se puso de rodillas a lado de su amiga, para acercarse a su mano y lamer sus dedos, comenzando a chupárselos como una perra en celo.

–Pero, ¿Qué estás haciendo, Sandra? –preguntó Yolanda, flipando con los ojos abiertos como su amiga estaba de rodillas delante de ella, lamiendo sus manos y chupando sus dedos, mientras ésta gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra de Sandra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra de Sandra.

–Te quieres callar y dejar de gemir, Sandra. –ordenó Yolanda. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra de Sandra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra de Sandra.

–¡Joder, me estás excitando a mí, también! –dijo Yolanda, comenzando a soltar fluidos vaginales ante esa situación.

Pero, Sandra le había limpiado los dedos de su mano de los fluidos vaginales suyos, así que estando cachonda perdida y al escuchar lo que dijo su amiga, metió su cabeza entre las piernas de Yolanda para comenzar a lamerle su coño.

–¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra de Sandra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra de Sandra.

–¡Dios bendito, Sandra! –dijo Yolanda.

–¡Qué placer y qué gozo! –dijo Yolanda, comenzando a gemir como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer Yolanda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer Yolanda.

–Pero, ¿Qué coño estáis haciendo? –preguntó Gema.

–No lo ves, pareces tonta, Gema. –dijo Leticia.

–Le está comiendo el coño, mira como gimen las dos de placer. –dijo Leticia.

–¡Qué callado os lo teníais las dos! –dijo Susana.

–¿Pero estás son lesbianas ahora o qué? –dijo Marta.

–¡Qué va! –dijo Sara.

–Sólo que se han puesto cachondas porque están necesitadas de sexo y es lo que tenían más a mano. –Sara.

–¡Qué dices si lleva un collar colgándola una cadena! –dijo Leticia.

–¿Sandra es una esclava sexual como Teresa? –preguntó Susana.

–Ni idea, pero del cuello le cuelga una cadena y lleva como un collar, finísimo con un diseño increíblemente bello, de plata, con grabados. –dijo Leticia.

–No parece que sea un collar para una esclava, sino un collar colgante de una persona adinerada, amenos que lleven esa consigna los collares de las esclavas sexuales, y que todos sean así. –dijo Gema. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer Yolanda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer Yolanda.

En ese momento, comenzó a correrse Yolanda como una perra, soltando unos gemidos que las amigas le tapaban la boca para que no se notase, mientras que, en la mesa más lejana, contemplaban la escena Nairi, Zoe, Martha, Susan y violeta, aunque ella estaba lamiendo las plantas de los pies de su Ama.

La verdad, que la escena les pareció morbosa, excitante y las puso a todas cachondas perdidas, porque tanto Sandra como Yolanda, eran muy guapas y estaban muy buenas, con unos cuerpos de diez. Sandra era una rubia con una tez de piel blanca y con unos ojos azules, verdosos, mientras que Yolanda era morena con los ojos grises y con pelo castaño.

Al final, se corrió en la boca de Sandra, que iba tragándoselo todo a la vista de sus compañeras, que estaban muy asombradas, excitándose y poniéndose muy cachondas perdidas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer Yolanda. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer Yolanda.

–¡Madre mía, está lamiendo su vagina, pero se está tragando sus fluidos vaginales! –dijo Susana.

–Es lo más pervertido que he visto. –dijo Gema.

–No me digas que nunca has comido un coño en tu vida, y lamido sus fluidos vaginales. –dijo Sara, quedándose todas mirándola.

Yolanda, no puso contenerse, diciéndole a Sandra.

–No puedo aguantarme más, me voy a orinar, Sandra. –decía Yolanda, sin poder contenerse y poniéndose colorada de vergüenza.

Sandra abrió la boca, esperando la orina de su amiga Yolanda, cuando esta soltó su orina, que poco a poco, Sandra iba tragándola y bebiéndola, dejando a sus amigas guardando silencio total hasta que detrás de eso, se puso a lamerle su coño para dejárselo limpio.

Una vez hecho eso, Sandra se puso a lamer las piernas hasta llegar a la bota, la cual comenzó a lamer hasta limpiarla, para continuar lamiendo la suela de las botas de Yolanda, provocándola una excitación, para correrse de placer y de gusto, mientras sus amigas la miraban. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la puta esclava.

Pero, estaba tan cachonda perdida, mientras se corría, que se puso a lamer con la lengua el suelo para limpiarlo hasta que, pasados unos minutos, lo dejó todo limpísimo como si nada hubiera pasado.

–Esto que has hecho, ahora. –dijo Leticia, con mucha excitación como todas las demás, que claramente se habían mojado todas las bragas de placer al verla hacer todas esas cochinadas.

–Debes explicarlo, Sandra. –dijo Leticia.

–Sí, siéntate en el sillón y empieza a contarlo todo. –dijo Sara, todas coincidieron con ellas.

Sandra se abotonó la camisa ya que se le había abierto la camisa, viéndoseles los pezones perforados con unas anillas atadas con una cadena, para meter su cadena que enganchaba su collar de esclava, para volverlo a esconder, sentándose como estaba antes con sus amigas.

–¡Empieza a cantar, Sandra! –dijo Susana, toda curiosa y excitada por verla tan salvajemente salida y pervertida total, que ni en sus peores sueños eróticos había visto semejante perversión que la provocó que se corriera de placer al verlo.

–Si, confiesa, lo que hemos visto. –dijo Gema, que parecía que le había dado un tic nervioso, pero qué con unas toallitas trabada de limpiarse sus fluidos vaginales, ya que se había corrido de gusto.

–Vale, os lo cuento todo. –dijo Sandra.

–Pero tengo un poco de sed. –dijo Sandra.

–¿No has tragado suficiente? –dijo Leticia, totalmente intrigada por lo que acababa de ver y de presenciar en sus carnes, porque esta hasta se había meado y todo, manchándose la falda por culpa suya.

–Toma. –dijo Leticia, pasándole un vaso de agua, que acaba de echarla de una jarra que había traído el camarero, el cual las vio a todas con el rímel corrido de sus ojos y algo descompuestas, y no sabía nada el pobre hombre, así que se marchó igual como vino.

Detrás de beberse todo el vaso de agua, que estaba muy sedienta, comenzó el interrogatorio.

–Vale, podéis preguntarme lo que queráis que os responderé. –dijo Sandra, mirándolas.

–No, empieza desde el principio. –dijo Yolanda.

–La noche del viernes, Patricia que es mi compañera vino de la fiesta de su facultad. –dijo Sandra.

–Si. –dijeron todas.

–Yo estaba acostada en mi cama, cuando vi entrar a Patricia con una chica, que no conocía. –dijo Sandra.

–¿Qué dices? –preguntó Susana.

–Comenzaron a hablar, ella le besó en su boca, un largo beso de esos con lengua, y cuando se retiró le mordió su labio, pero a la misma vez le había metido la mano en su vagina, metiéndola dos dedos de su mano para terminar metiendo su mano, mientras la follaba bestialmente. –dijo Sandra.

–Entonces, me excité y me corrí de placer de verlo, cuando la hizo arrodillarse y limpiar su mano en su cara, restregándosela hasta que esa chica desconocida por mi en ese momento, comenzó a lamerla y a chupar sus dedos de su mano, hasta que se la limpio. –dijo Sandra.

–Comenzó a ordenarla que era una esclava y que le besara sus botas. –dijo Sandra.

–La chica comenzó hacerle una reverencia y a besar, a lamer y chupar sus botas hasta que se las dejó limpias, completamente. –dijo Sandra.

–Yo estaba excitada y cachonda perdida, así que me quede quieta para que no me pillara. –dijo Sandra.

–Le puso una correa con un collar de su perro que tenía y se la llevó al baño, y estuvo paseándola como una perra, por todo el salón hasta que, en el baño, la ordenó lamerle su coño hasta correrse. –dijo Sandra.

–Y luego, la escupió en la boca, un escupitinajo detrás de otro, hasta que le llenó la boca y le ordenó tragársela. –dijo Sandra.

–Para posteriormente, mearla en su boca, cara y cuerpo, y en ese momento, salí de casa sin que se dieran cuenta, y me fui a la fiesta para emborracharme, completamente. –dijo Sandra.

–Si, es ahí donde yo la recogí borracha perdida. –dijo Yolanda.

–Entonces, al día siguiente a la vuelta, me pasó por el Club Nocturno, y conocí a una empleada que es una esclava sexual llamada Maika, que al parecer conoce a Nairi, bueno conoce a Ama Nairi, porque es Ama dominante y todas sus amigas sentadas allí, que nos están mirando son Amas dominantes, menos violeta que está lamiendo la planta de los pies de su Ama Nairi. –dijo Sandra.

–¡Joder, de qué nos estamos enterando! –dijo Gema.

–Sigue, Sandra. –dijo Leticia, muy interesada en saber el proceso de conversión de una chica a una esclava sexual.

–Pues, me dio un pack de esclava/sumisa de regalo y esa misma mañana Patricia fue a por su pack que era de Ama, junto con muchas de vosotras. –dijo Sandra.

–Si, es verdad. –dijo Sara.

–Pues en el Club Nocturno, vi escenas, sesiones, pero luego en casa, Patricia me ha estado como humillando y denigrándome con frases y escenas, sin querer o queriendo, que poco a poco me ha ido gustando hasta que me habéis visto. –dijo Sandra.

–Soy una esclava y perra blanca, que se excita con la humillación, la denigración, las vejaciones. –confesó Sandra, colorada como un tomate por la vergüenza de decirlo.

–Vale. –dijeron todas.

–¿Y qué es lo que ha sucedido para que te alteres tanto? –preguntó Leticia.

–Porque esta mañana estaba normal como nosotras. –dijo Yolanda.

En ese momento, les envió los mensajes de WhatsApp, que le había enviado un número desconocido, que fueron leyéndolo todo.

–Es el número de nuestra compañera Nairi, así que obedecí, por el protocolo que hay que seguir cuando eres Ama o esclava. –dijo Sandra.

–Entendemos. –dijeron todas.

–¿Cuándo te levantaste que todas pensábamos que estabas en el baño, estabas de rodillas besando sus pies, Sandra? –preguntó Leticia.

–Si, estaba de rodillas besando sus pies, pidiéndola perdón y disculpas por no haberla saludado al llevar a la puerta. –dijo Sandra.

–Bueno, ya lo sabéis todo. –dijo Sandra.

–Lamento, todo por si os he defraudado o molestaros, y entiendo que no me queráis hablar si al final esa es vuestra decisión. –dijo Sandra, apenada.

–No lo veo como algo malo, sino como una oportunidad, Sandra. –dijo Leticia.

–¿Una oportunidad? –preguntó Gema.

–Si, veréis. –dijo Leticia.

–Antes, desconocíamos el tablero de juego, pero gracias a Sandra, sabemos que hay Amas y esclavos, y luego estamos nosotras. –dijo Leticia.

–Todas nos hemos excitado viéndoos a las dos. –dijo Sara.

–Seguramente, todas o somos Amas o somos esclavas, desde que hemos sido pervertidas por ver esas escenas en directo, nos ha afectado de diferente manera a cada una de nosotras. –dijo Leticia, que era una friki de esas sabelotodo.

–Es verdad. –dijeron todas.

–Comienza a explicarnos las normas, Sandra. –dijo Leticia.

–No te llamo esclava, simplemente, porque se que con esa palabra se te dispara tu gusto sexual e inmediatamente me llamaras Ama Leticia. –dijo ella.

–Y ese no es mi objetivo al menos, por ahora. –dijo Leticia.

–Además, cualquier cosa que te digan, tú cerebro lo interpretará como una orden que la acatarás. –dijo Leticia.

–Lo siento por decírtelo así, pero creo que te han adiestrado y te han domado, e incluso te excita cuando te lo hicieron porque ya has aceptado que eres inferior a nosotras, porque te consideras como un perro, como un animal y una mascota. –dijo Leticia.

–¿A qué si yo escupiera en el suelo, tú sientes el placer por arrodillarte a lamerlo como un perro? –preguntó Leticia.

–Si, es verdad. –dijo Sandra.

–Además, me gustaría. –dijo Sandra, excitada nuevamente.

–Interesante, la paciente, se excita sólo con decirlo e inmediatamente lo imagina en su mente, comenzando a correrse, echando sus fluidos vaginales como una perra en celo. –dijo Leticia.

–Bueno, dinos las normas. –ordenó Leticia.

–Pues como veis todas las esclavas llevamos pulseras, brazaletes, anillas, anillos y collar con cadena, y además una marca detrás de nuestra espalda, con la inicial de nuestra Ama, o con su nombre, marcándonos como ganado de su propiedad. –dijo Sandra.

–Las esclavas las llevamos en el lado izquierdo, mientras que las Amas, las llevan en el derecho y no llevan collar. –dijo Sandra.

–Cuando nos encontramos con una Ama o una esclava, estamos en la obligación de identificarnos como esclavas ante ellas, ya que son superiores a nosotras. –dijo Sandra.

–Debemos de hacerles una reverencia con la cabeza, y mirarlas a los pies en señal de respeto, obediencia y sumisión. –dijo Sandra.

–En ese saludo, la Ama puede ordenarte arrodillarte para besar sus pies o lamerlos y chuparlos, pero siempre no pasar de ese límite, porque no eres su esclava. –dijo Sandra.

–¿Cómo viven los esclavos en casa? –preguntó Yolanda.

–Pues, viene todo en las instrucciones del pack de esclava o de Ama, pero debe de estar desnuda e ir a cuatro patas por la casa. –dijo Sandra.

–¿Y si vive con una Ama? –preguntó Gema.

–Pues servirla, haciendo las labores de la casa. Y obedeciéndola en todo. –dijo Sandra.

–Ayudarla a bañarse, en el váter ser su papel higiénico, lamiendo su vagina y tragando su orina, y si ella lo ordena su caca. –dijo Sandra.

–Comer en el suelo y beber en el suelo, y comer comida de perro, y las sobras de tu Ama, que te eche al suelo o que te escupa de su boca, siendo la comida masticada por ella para más humillación y denigración posible. –dijo Sandra.

–Y satisfacerla sexualmente, sádicamente, y de todas las formas posibles. –dijo Sandra.

–Las esclavas no piensan, sólo obedecen a sus Amas. –dijo Sandra.

–Y bueno, todo eso es lo que pone en las normas del BDSM del manual del pack de Ama/esclava.

–Nos has dejado impresionadas con todo. –dijeron todas.

En ese momento, la hora había terminado, levantándose para ir a sus puestos de trabajo, cruzándose con Nairi, Zoe, Susan y Martha con violeta detrás de Nairi, así que Sandra las hizo una reverencia con la cabeza, dejándolas pasar por delante de ella, mientras sus amigas se fijaban en ese hecho visto por sus ojos.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Nairi.

–Vas aprendiendo cuál es tu lugar en la sociedad, esclava. –dijo Nairi.

–Si, mi Ama Nairi. –dijo Sandra con la cabeza agachada, mientras pasaba delante de ella.

–¿Cuál es tu lugar, esclava? –preguntó Nairi, para humillarla delante de sus amigas, que estaba excitadas y cachondas perdidas por ser testigo de ese momento al verlo con sus ojos.

–A sus pies, mi Ama Nairi. –respondió la esclava.

Nairi pasó de largo con una sonrisa en su boca junto con sus amigas, que se reían, claramente de ella.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Nairi, Zoe, Susan y Martha, mientras miraban a sus amigas, analizándolas para descubrir sus perversiones.

–¡Joder, ha sido muy intensa la situación! –dijo Leticia, excitada y cachonda perdida.

–Si, todas estamos excitadas y cachondas perdidas. –dijeron todas, e incluso empezando a tener miedo de ellas.

Debido a lo que habían presenciado comenzaron a hablar sobre temas relacionados con lo que acaban de ver sobre el BDSM.

–Nosotras, vimos a Patricia que iba con un látigo en la mano y en la otra llevaba una cadena atada en el cuello de Teresa, que iba desnuda a cuatro patas como una perra en celo. –dijo Susana.

–¡Muy interesante, la verdad! –dijo Leticia, que apuntaba todos los detalles.

–Iba escupiéndola en la boca, en su cara, le ordenaba lamer y besar sus botas o de las personas que se cruzaba. –dijo Gema.

–Todo parece muy morboso y excitante. –dijeron todas.

–Sólo tendría que acercarme a ese local, para preguntar sobre el BDSM, hacer algunas entrevistas y ya tengo bastante información para el reportaje. –dijo Leticia.

–¿Quién es esa Patricia? –preguntó Leticia.

–Es la amiga y compañera de Sandra, que viven en nuestro bloque de edificios. –dijo Susana.

–Si, la que comentabais, antes. –dijo Leticia.

–Entonces esa amiga tuya Sandra, es Ama dominante y Teresa por lo que me he enterado es su esclava y perra blanca. –dijo Leticia.

–¿Por qué añadís el termino blanca? –preguntó Leticia, con curiosidad.

–Porque Patricia es una chica negra. –respondió Susana.

En ese momento, se unió Soraya que estaba en el mismo grupo que Leticia y era su compañera, así que cogió la última frase.

–¡Vaya, vaya, con que hablando de sexo duro! –dijo Soraya.

–Y no me habéis avisado, porque estaba aburrida en la mesa de los jefes. –dijo Soraya, que era una chica vasca, ruda y muy guapa. De esas que si te pasas te da una ostia y no te encuentran.

–Tarde o temprano, lo va a descubrir, Patricia. –dijo Leticia, dándose la vuelta para hablar con Soraya, que era su compañera y las demás.

–¿A qué ha venido eso? –preguntó Marta.

–No lo sé. –dijo Gema, mirándome atentamente mi reacción, para ver si me había afectado esas frases.

–Patricia, va a descubrir tu secreto si no se lo cuentas antes. –dijo Leticia.

–Si, seguramente si no lo sabe ya, poco le falta. –dijo Sandra.

Todas nos fuimos a nuestras diferentes secciones para continuar con nuestro trabajo. Entonces me tocó llevar el reportaje que me había mandado mi jefe, que como le parecí muy guapa, me vio que tenía madera para ir puliéndola poco a poco para convertirme en una periodista de primera.

Cuando le di al botón del ascensor, me crucé con Nairi, que subía a la misma planta que yo, para llevar el reportaje.

–Hola, mi Ama Nairi. –dijo sandra, haciendo una reverencia con la cabeza.

–No me vale ese tipo de saludo, cuando me veas, te pones de rodillas y me saludas como debes, esclava. –ordenó Nairi.

–Si, mi Ama Nairi. –dijo sandra, arrodillándose para hacer la reverencia y besar sus zapatos.

–Sé que te mueres por limpiarlos, así que puedes comenzar, esclava. –ordenó Nairi.

Me puse a lamerlos con la lengua para dejárselos limpios hasta que fue levantado la suela, mientras ella pasaba la suela por mi lengua, limpiándosela de toda suciedad desde que se fue de la cafetería.

–Muy bien, esclava. –dijo Nairi.

–Eres más placentera que un perro. –dijo Nairi.

–Está a punto de abrirse las puertas, levántate, y ponte de pie, cuando te lo ordene, esclava. –ordenó Nairi.

–Siempre que nos encontremos, tú pasaras detrás de mí, como una esclava que eres Sandra. –dijo Nairi.

–¿Lo has entendido, esclava? –preguntó Nairi, escupiendo en la cara de sandra, y ordenándola que abriese su boca para escupirle dentro de ella.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió la esclava, con su saliva dentro.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Nairi.

–¿Quién te veía y quién te ve ahora, esclava? –preguntó Nairi.

Las puertas se iban abrir ya que la planta estaba llegando para hacerme una pregunta rápidamente.

–¿Quién eras, antes? ¿Y qué eres, ahora? esclava. –preguntó Nairi.

–Antes era una chica libre con derechos y privilegios, llamada Sandra, y ahora soy una esclava y perra blanca, sin derechos ni privilegios, mi Ama Nairi, mientras me agachaba para besar sus zapatos.

–Muy bien, esclava. –respondió Nairi, con una sonrisa.

Ella puso su vagina en mi boca, para ordenarme que abriese la boca, para comenzar a mear dentro de mi boca.

–¡Abre la boca muy bien y trágatelo, esclava! –ordenó Nairi.

Yo comencé a tragármela y a bebérmela toda, lamiendo su vagina para dejársela limpia, sin importarme si las puertas se abrían o no.

Estaba entregada a mi Ama Nairi, la obedecía y al sexo pervertido del BDSM.

–Así me gusta, esclava. –dijo Nairi.

–Porque eres un váter humano para las Amas, así que acostúmbrate en cualquier momento y a cualquier hora, serás nuestro váter, esclava. –dijo Nairi, riéndose de risa.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió la esclava.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Nairi de risa.

Las puertas se estaban abriendo, así que me ordenó que me levantara, escupiéndome en la boca justamente al levantarme.

–¡Trágatelo, y dame las gracias, esclava! –ordenó Nairi.

–Muchas gracias, mi Ama Nairi, haciendo una reverencia con la cabeza, mientras salía por la puerta para decirme la última palabra.

–Te irás acostumbrando hasta que lo hagas públicamente como mi esclava al igual que mi esclava violeta, que todos saben que es mi esclava y mi perra, blanca.

–Eres una esclava y perra blanca, y estás protegida al tener el nombre grabado en tu collar, pero nadie dice que no pueda humillarte y denigrarte hasta que te corras de placer, pensando en mí, esclava.

Ella marchó en primer lugar hacía el pasillo a donde tenía que ir, mientras que yo giré al otro pasillo a donde me había dicho el jefe que fuese.

Me aconsejó cambiarme de ropa ya que iba a pasar a plató y allí, toda la gente tiene un estilo de ropa de alta clase. Por lo que, me llevaron a los probadores para darme una falda azul oscura, con una blusa blanca y ponerme unas gafas que no tenían ninguna graduación, con unos zapatos negros y una chaqueta negra clara, que hacía juego con lo demás.

Me iba desnudando, quedándome desnuda completamente, con mi collar al cuello y mi cadena con las anillas perforando mis pezones y mi pulsera de muñeca con mi tobillera de pie, junto con los anillos de mis pies.

La asistente que me llevó todo para ponerme, entró en el vestuario, pillándome desnuda sin poder reaccionar.

–Es increíble ver lo que llevas puesto, Sandra. –dijo la asistente.

–No, había visto una esclava blanca como tú en el vestidor. –dijo ella.

Pude verle la pulsera en su pie derecho, por lo que supe que era una Ama dominante. Rápidamente, hice una reverencia con la cabeza, poniéndome de rodillas ante ella para besar sus pies, en señal de respeto, obediencia y sumisión.

–Muy bien, esclava. –dijo ella.

–Has reaccionado muy rápido. –dijo ella.

–Me llamo Ama Naibi, y como ves voy a vestirte como me han dicho que haga, pero aquí soy una Ama y tú eres una esclava y perra blanca más.

–Vas muy bien, así que no es necesario que lleves más anillos o pulseras, esclava. –dijo Naibi.

–¡Pon las manos detrás de la cabeza, esclava! –ordenó Naibi.

–Si, mi Ama Naibi. –respondió Sandra.

Ella me ofreció su pie para que comenzara a besarlo y siguiera lamiéndoselo hasta finalizar chupándolo a su voluntad, ya que me restregaba la planta de sus pies, para limpiarse la suciedad de sus plantas sucias con mi lengua, metiéndome sus dedos sucos en mi boca para limpiárselos.

–Muy bien, esclava. –dijo Naibi.

–Siempre que vengas al vestidor, me lamerás y chuparas mis pies, esclava. –dijo Naibi.

Naibi era una chica de mi edad, de color negra, la cual estuvo paseándome por el vestidor a cuatro patas, mientras me estaba adiestrando y domándome, hasta que me llamaron para que subiera al plató.

Me puse la ropa que me dio mi Ama Naibi, para salir por la puerta con una falda azul, una blusa blanca con unas gafas sin graduación sin medias y con unos zapatos descubiertos sin tacón. Se me veían las anillas junto con el collar con la cadena que la llevaba atrás para que no se viera a primera vista.

A la salida otra asistente que se llamaba María, me llevó de la mano a mi jefe, qué al verme, se quedó impresionado. Primeramente, me hizo un recorrido de abajo arriba. Llevaba unos zapatos de tacón plano, descubiertos, viéndoseme los dedos con algún anillo y las uñas de los pies al natural.

–Estás guapísima Sandra. –dijo mi jefe que se llamaba Antonio.

–Tienes que ir a la planta quinta por el ascenso 7, el cual estaba bloqueado a los presentadores, asistentes, auxiliares y toda la de maquillaje.

Yo me dirigí caminado mientras que el sonido de los tacones sonaba por el pasillo, algo nerviosa, porque no sabía a lo que iba, llegando a la puerta un guardia de seguridad me sonrió, diciéndome “Buena suerte.” “Ten calma, y no se ponga nerviosa.” “Yo sonreí y le di las gracias por su amabilidad y por ser muy amable.”

Pensé que él, algo sabía sobre lo que iba hacer. Al principio, me dijeron que iba a llevar el reportaje. Yo pensaba que era como llevar la carpeta al estudio y dárselo a una asistente, pero al llegar a la quinta planta, saliendo por el pasillo, una chica me dijo vamos que la están esperando.

Entré por una puerta donde estaba el plató en directo, donde estaban los presentadores y los copresentaodres y los auxiliares.

El director del programa, me miró acercándose a mí, analizándome y dijo.

–¡Me vale! –dijo el director.

–Sabía que Antonio en tan poco tiempo, me conseguiría una presentadora en tan poco tiempo. –dijo el director.

–Ahora, veremos qué tal lo haces. –dijo el director.

–Mira acompáñame, y te comento lo que ha sucedido. –dijo el director.

–Toma, el reportaje, y ve leyéndotelo Sandra. –dijo el director.

–Nuestro presentador ha aceptado una propuesta de trabajo, en una cadena más grande de otro país en el último momento, así que nos ha dejado con el culo al aire como bien dicen. –dijo el director.

–Así que necesitamos una presentadora auxiliar para complete el equipo. –dijo el director.

–Hoy como todo está en el aire, vamos a probarte para ver si nos vales y mañana dios dirá que sucederá, –dijo el director, marchándose para comenzar el programa.

–¡Me habían dicho que había una becaria recién aceptada en la empresa que se ajustaba a lo que nosotros deseábamos para ir cambiando la dirección de la empresa y captar más al sector femenino! –dijo el director.

–Nos hemos equivocado, Sandra. –dijo el asistente.

–El director nada más verte, pensó que era la presentadora auxiliar, pero al aparecer ella, se dio cuenta del error. –dijo el asistente.

–Lo siento, Sandra. –dijo el director.

–Siento que te hayas ilusionado, pero serás la asistenta de la presentadora sustituta, Sandra. –dijo el director.

–Asistirás a la presentadora dar la noticia sobre ese reportaje, detrás de la presentadora y su compañero. –dijo el director.

–No te pongas nerviosa, y ve leyéndolo todo para entendiéndolo que cuando terminen ellos, daremos paso a la presentadora para la noticia y tú la ayudarás. No te preocupes que la que saldrá en directo es ella, tú estarás en la sombra, poniendo las pantallas que tiene que ir diciendo. –dijo el director.

El programa comenzó, y los presentadores iban dando las noticias. En cambio, yo estaba leyendo el reportaje del guion que me habían dado, memorizando las palabras clave para luego enlazarlas con el contexto de las pantallas para que la presentadora los fuese leyendo.

Por todo el plato, andaban rondando rumores de que el presentador de esa sección, había dejado su puesto para aceptar una propuesta mejor, pero rápidamente trataban de apagar los rumores, diciendo que no sucedía nada, qué si fuese así, había un sustituto para ello.

Yo me había leído el reportaje muchísimas veces, así que ya había puesto la noticia en las pantallas. De manera que estaban terminando cuando llamaron a la presentadora, para dar la noticia.

No entendía, porque me habían vestido así, sino iba a salir en directo, que más daba ir en chanda, pero luego me explicaron que había que cumplir con una etiqueta de vestimenta en el plató, y que la gente que estaba debía de estar presentable para cualquier urgencia.

Entonces, comenzó la noticia de la presentadora. Esta iba diciendo todo lo que ponía el texto de la pantalla, haciendo una buena presentación para acabar despidiéndose de la audiencia y comenzar el deporte junto el tiempo.

Todo parecía haber salido bien, la chica se había puesto nerviosa, pero lo había hecho bien, dentro de lo que cabe, por lo que parece que cumplió con lo que le habían pedido.

El asistente de director se acercó para decirme que todo había salido bien, y que lo había hecho correctamente, así que me dieron una tarjeta de acceso y me dijeron que me pasara por el despacho de mi jefe.

Me fui yendo por el pasillo hasta el despacho de mi jefe de esa planta. Llamé a la puerta para que el me dijese.

–Adelante, pasa Sandra. –dijo el jefe.

–Te estaba esperando. –dijo él.

Yo me senté, doblando las piernas para que no se me viese nada, mientras el comenzaba a hablar.

–Has empezado en prácticas, y vas a estar de asistente de pantalla para los presentadores. –dijo el jefe.

–Quiere decir que en lugar de venir a las 8:00h, tienes que estar aquí sobre las 7:40h para poner todos los textos en las pantallas, por supuesto tienes más compañeros que hacen eso mismo que vas hacer tú. –dijo el jefe.

–Tienes que pasarte por los probadores para dejar el traje, la verdad que estás muy guapa con él, y todo el que te vea, puede pensar que eres una de las presentadoras, y por ser tan joven, una sustituta. –dijo el jefe.

–Ya te puedes ir, Sandra. –dijo el jefe.

–¡Muchas gracias, por confiar en mí! –dijo Sandra.

–Si, espero que no causes ningún problema, porque cortamos el contrato en prácticas y a la calle. –dijo el jefe.

–Aquí, venimos a trabajar seriamente y eso esperamos de ti, que seas una profesional. –dijo el jefe.

–Muy bien, así será jefe. –dijo Sandra, haciéndole una reverencia con la cabeza, como hacen en las series asiáticas en señal de respeto y educación.

–¿Habrá visto demasiadas series asiáticas de Netflix? –se preguntó el jefe.

–Bueno, es igual, me ha caído en gracia la chiquilla esta, tiene futuro y buenos modales, espero que no se malogre o que eche a perder como sus antecesoras. –dijo el jefe con buena energía.

Fui directa a los probadores de los vestuarios para quitarme el traje, y ponerme mi ropa que estaba en una taquilla que me habían dado al llegar. Pero allí, estaba Naibi esperándome, así que me desnudé y me puse de rodillas ante ella, para besar sus pies y lamérselos a su orden.

Ella había estado caminando descalza por todos lados para tenerlos negros completamente, por lo que tarde un buen rato en limpiárselos completamente y para limpiarle sus botas hasta dejarlas limpias.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Naibi.

Ella fue escupiéndome en la boca, mientras estaba abierta de patas con las manos detrás de la cabeza y con la otra dándome con una fusta en mi vagina y en mis pezones hasta que me hizo correrme de gusto y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava.

–¡Ponte de espaldas con las manos en cruz, esclava! –ordenó Naibi.

Lo único que supe escuchar fue, cuéntalos y dame las gracias, esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Uno, dos! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava. –¡Muchas gracias mi Ama Naibi! –decía la puta esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Tres, cuatro! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava. –¡Muchas gracias mi Ama Naibi! –decía la puta esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Cinco, seis! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava. –¡Muchas gracias mi Ama Naibi! –decía la puta esclava.

……………………………………………………………………………………………

Los latigazos se sucedían gimiendo de dolor y de placer, hasta que se fue transformando en placer hasta que Naibi, dijo que se tenía que ir, y lamentaba dejarme así, pero que iba a venir una amiga suya.

En verdad, fue la otra la que se lo pidió.

–Hola, esclava. –dijo Nairi.

–¡Qué casualidad encontrarnos así, esclava! –dijo Nairi.

Yo al escuchar sus palabras me puse de rodillas a cuatro patas y camine hacía ella, besando sus pies, y haciendo la reverencia.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Nairi.

–¡Ve y colócate, esclava! –ordenó Nairi.

–¡Ya sabes lo que tienes que decir, esclava! –ordenó Nairi.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió la esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Uno, dos! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava. –¡Muchas gracias mi Ama Nairi! –decía la puta esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Tres, cuatro! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava. –¡Muchas gracias mi Ama Nairi! –decía la puta esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Cinco, seis! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava. –¡Muchas gracias mi Ama Nairi! –decía la puta esclava.

Estuvo como dándome unos 25 latigazos, cuando perdí la cuenta, que con los mi Ama Naibi, eran unos 50 latigazos, que continuaban hasta que me llegó a dar unos 75 latigazos, provocándome varios orgasmos consecutivos, corriéndome de placer y gimiendo como una puta zorra que era.

–Todo eso lo quiero limpio, esclava. –ordenó Nairi, quedándose viéndome como limpiaba el suelo con la lengua.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Nairi de risa, viéndome humillada, mientras me insultaba con insultos.

–¡Vamos puta, zorra, guarra, cerda asquerosa, esclava de mierda! –dijo Nairi.

–¡Lámelo todo puta esclava de mierda! –dijo Nairi.

Detrás de limpiarlo todo, me acerqué para besar sus zapatos y lamérselos para limpiárselos. Mientras ella, se bajó las bragas para mearse en mi boca una gran parte de su orina, pero la restante se meó en mi cara, en mi cabeza y por todo mi cuerpo hasta ducharme con su orina.

–Eres una puta cerda asquerosa, esclava. –dijo Nairi, para marcharse detrás de eso. Al rato, escuché a la asistente María que entraba para que me vistiese que ya era hora que me saliera de los vestuarios femeninos.

–¡Vaya, vaya! ¡Qué tenemos aquí! –dijo María.

–Si, eres una esclava y perra blanca, Sandra. –dijo María.

–Empieza a limpiarme las botas, esclava. –ordenó María, que enseguida bese sus botas para lamérselas, limpiándoselas completamente hasta la suela de las botas. De vez en cuando me daba con la mano una bofetada, llamándome guarra y cerda esclava de mierda.

–Hueles a orina, así que eres un váter, esclava. –dijo María.

–¡Abre tu boca asquerosa! –ordenó María, para ponerse a orinar en mi boca y por todo mi cuerpo, dejándome empapada de orina bien hasta que llegó la hora.

–Esta me cogió de la cadena, tirándome del cuello para hacerme seguirla de rodillas a cuatro patas hasta meterme en las duchas, hasta que cogió una manguera y me echó una pastilla de jabón para que me diera por el cuerpo y cuando estaba limpia, me enchufó con agua fría como si fuera un animal.

En la ducha una vez limpia, se puso a darme órdenes para adiestrarme.

–¡Siéntate, agáchate, levanta la pata, túmbate, tráeme la pelota que lanzaba lejos para traérsela con la boca y dejársela en su mano! –decía María.

Más bien parecía una adiestradora de esclavas, más que una asistenta, pero María tenía perros en casa, así que aprovechó para adiestrarme.

–Todos los días, a la misma hora, esclava. –dijo María.

–Si, mi Ama María. –dijo la esclava, besando sus botas en señal de respeto, obediencia y sumisión.

Cogió de mi cadena, tirando de ella para llevarme a las taquillas, donde me dejó delante de mí casillero.

–¡Levante, esclava! –ordenó María.

–Si, mi Ama María. –dijo la esclava.

–¡Bueno, vístete y vete, esclava! –dijo María, yéndose del vestuario.

Salí para salir de los vestuarios para dirigirme nuevamente a mi asiento, pero me crucé con una asistente que me dijo que me habían dado un asiento en la planta de arriba, así que habían recogido mis cosas y las habían llevado a él.

La tarde fue pasando, mientras me llegaban reportajes y los iba metiendo en las diferentes pantallas hasta que los terminé todos. Ya era tarde, había pasado una media hora del tope de salida.

Sin embargo, había dejado hecho el trabajo de mañana, quedándome alguna noticia que se presentara a última hora en la mañana, sobre las 7:40h de la mañana, así que me dispuse a salir.

–Hola, Sandra. –dijo Yolanda, que salía de su puesto a la misma vez que yo.

–Hola, Yolanda. –dijo Sandra.

–Es agotador, ¿Verdad? –preguntó Yolanda.

–Si, bastante. –dijo Sandra.

–Te he visto en el plató, enhorabuena. –felicitó Yolanda.

–¿Estabas allí, también? –preguntó Sandra.

–Si, de hecho, hacemos el mismo trabajo. –dijo Yolanda.

–Aunque yo con los presentadores principales, así que ahora descansaré un poco más, cediéndote parte del trabajo que estaba haciendo cuando otra chica se marchó. –dijo Yolanda.

–No lo sabía, la verdad. –dijo Sandra.

–¿Dónde estabas detrás de terminar? –preguntó Yolanda.

–Porque todas están preocupadas por saber dónde estabas. –dijo Yolanda.

–Estuve en los vestuarios con mis Amas, Nairi, María y Naibi, que estuvieron humillándome, denigrándome con latigazos, escupitinajos, meadas, adiestrándome como una perra. –dijo Sandra.

–Ostia, no tenía ni idea. –dijo Yolanda.

–¿Cuántos latigazos te dieron? –preguntó Yolanda.

–Creo que unos 75 latigazos. –dijo Sandra.

–Estarás molida, seguro. –dijo Yolanda.

–Tienes unas marcas, pero van desapareciendo sin dejar rastro, Sandra. –dijo Yolanda.

–¿Y cómo es eso que te están adiestrando como un perro? –preguntó Yolanda.

–Si, me dicen dame la pata, túmbate, ve a por la pelota, agáchate y todas las cosas que hacen los perros. –dijo Sandra.

–Desde luego, que te están adiestrando muy bien como una esclava sexual. –dijo Yolanda.

–¿Y eso te gusta? –preguntó Yolanda.

–Bueno, después de más de una hora y pico, obedeciéndola ya me gusta e incluso me excita y me pone cachonda perdida. –dijo Sandra.

–Entiendo, de la práctica y del hábito de repetirlo hace que se convierta en costumbra hasta que te adaptas y te termina gustando. –dijo Yolanda.

–Si, exactamente. –dijo Sandra.

–Lo que no sé, es ¿Cómo se lo digo a Patricia o cómo se lo oculto? –preguntó Sandra.

–Pues, tienes que quitártelo todo al llegar a casa, y luego cuando vengas ponértelo, si esto te gusta o sino quítatelo y diles que renuncias a ser esclava, y lo dejas. –dijo Yolanda.

–Siempre puedes confiar en ella, y contárselo, Sandra. –dijo Yolanda.

–Ya, es verdad. –dijo Sandra.

–Te voy a contar lo que pasó anoche en casa, nada más irse Patricia. –dijo Sandra.

–Pues, que anoche vinieron Natalia, Gloria y Estefanía para hablar con Patricia, se ve que ellas fueron al Club Nocturno y les regalaron un pack de sumisa, y tenían dudas para preguntarle a Patricia como es Ama, que yo no lo sabía hasta hace un día y medio. –dijo Sandra.

–¿Te liaste con ellas? –dijo Yolanda.

–No, les dije lo que me hizo esa mañana Patricia, que fue…

–Espera, vamos al baño y después me lo sigues contando. –dijo Yolanda.

–Pero en el baño, se metió en el váter y Zoe estaba detrás de ella, y cuando se dio la vuelta, le metió sus dedos en su vagina, metiéndolos, mientras sus bragas y falda estaban bajadas.

Ella, comenzó a gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. Yolanda se sujetaba con las manos en las paredes del cuarto del váter, mientras gemía con la boca cerrada para que nadie la escuchase, ya que era raro.

Le temblaban las piernas, por lo que hacía fuerza con las manos para no caerse, mientras Sandra iba metiendo sus dedos y sacándolos hasta que metió su mano, completamente, pegando un grito de placer y de dolor al serlo dentro, mientras Sandra la follaba duramente asemejándose a una polla descomunal de un hombre. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

–Ay, no puedo más Zoe. –gemía Yolanda de gusto.

–¿Quieres que pare? –preguntó Zoe, excitada y cachonda perdida, mientras ella se masturbaba, metiéndose los dedos y sacándoselos al igual que a Yolanda, hasta meterse su mano para follarse ella misma. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

–¡No, por favor! ¡No pares! –dijo Yolanda.

–¡Sigue, por favor! –dijo Yolanda.

–¡Quieres que siga, pídemelo como debes, esclava!

–¡Por favor, mi Ama Zoe! –suplicó Yolanda.

No tardó mucho en correrse, gimiendo de placer y de gusto, teniendo un orgasmo que hizo que se corriera, soltando todos sus fluidos al suelo. Menos mal, que fueron vivas apartando con las piernas sus bragas y faldas.

Cuando pensó que todo había terminado, Zoe se llevó la mano a su cara restregándosela, limpiándose sus fluidos en su cara y en su boca, hasta que los dedos se encontraron con la lengua de Yolanda, que comenzó a lamerlos y chuparlos hasta que después de un rato, volvía a excitarse y aponerse cachonda, soltando sus fluidos nuevamente, mientras gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

Pero, Zoe iba bajando su mano hacía abajo, haciéndola que se pusiera de rodillas delante ella, lamiendo y chupando sus dedos y su mano como una puta esclava y perra de mierda, autómata sin pensar, sólo la obedecía y su coño estaba por explotar nuevamente, excitándose y poniéndose cada vez más cachonda perdida.

Hasta que terminó de limpiar su mano con su lengua para Zoe restregarse la otra mano con los fluidos suyos, la cual lamía con placer y gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

Supo definir que no eran sus fluidos vaginales hasta que terminó, pero entonces, Zoe puso su coño delante de su boca, mientras se lo restregaba al que no pudo evitarlo, y Yolanda comenzó a lamérselo, metiéndole su lengua hasta hacer que gimiera Sandra de placer, para comenzar a chupárselo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

No tardó en correrse, soltando sus fluidos en su boca que Yolanda, trataba de tragárselos, pero que caían por su cuello, manchándose la blusa hasta que Zoe soltó su orina, haciendo que Yolanda se la tragase como una puta zorra más como las demás.

–¡Ahora, límpiame mi vagina, dejándomela limpia, esclava! –ordenó Zoe.

Yolanda estaba como excitada y seguía cachonda perdida, de manera que se puso a lamerle su coño para dejárselo totalmente limpio, mientras ella continuaba excitándose y manteniéndose cachonda perdida.

Zoe se alejó un paso hacia atrás, y comenzó a darle guantazos en sus mejillas. –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas!

–¡Empieza a contarlos, esclava! –ordenó Zoe, continuando dándole guantazos, mientras su coño, estaba más excitada y cachonda, gimiendo de dolor por los guantazos, pero de placer por sus sensaciones de su vagina. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

–¡Zas! –¡Uno! –gemía la esclava.

–¿Uno qué esclava? ¡Comienza de nuevo, dándome las gracias! –ordenó Sandra.

–¡Zas! –¡Dos, mi Ama Zoe! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Muchas gracias mi Ama Zoe!

–¡Zas! –¡Tres, mi Ama Zoe! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Muchas gracias mi Ama Zoe!

–¡Zas! –¡Cuatro, mi Ama Zoe! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Muchas gracias mi Ama Zoe!

–¡Zas! –¡Cinco, mi Ama Zoe! –gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de gusto. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer. –¡Muchas gracias mi Ama Zoe!

Estuvo así hasta que le dejó las mejillas rojas, dejándola jadear con gemidos de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

–¡Limpia el suelo de todos sus fluidos, esclava! –ordenó Zoe.

–¡Que eres una puta zorra y una cerda guarra de mierda! –ordenó Zoe.

–Si, mi Ama Zoe. –respondió Yolanda, sumisamente.

Yolanda se puso agachada para comenzar a limpiar el suelo con su lengua, lamiendo el suelo.

–¡Date prisa, que nos cierran, esclava! –ordenó Zoe.

Ella, lamía lo más rápido posible hasta que terminó en unos minutos, cansada para descansar, mientras comenzaba a soltar sus fluidos vaginales apunto de correrse de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor. –¡Mnn, Mmm, Mmm!! –gemía de placer.

–¿Qué son esas manchas en mis botas, esclava? –preguntó Zoe.

–¡Límpiamelas, que me las has manchado con tus sucios flujos vaginales de puta esclava que eres! –ordenó Zoe.

A lo que, Zoe volvió a darle dos guatazos en sus mejillas, haciéndoselo sentir una vez más, para que Yolanda, se pusiera a lamer y a chupar sus botas hasta lamer las suelas y dejárselas limpias totalmente.

–¡Ponte la ropa y vamos para afuera, esclava! –ordenó Zoe.

–Si, mi Ama Zoe. –respondió Yolanda, besando sus botas en señal de respeto, obediencia y sumisión ante ella.

Zoe, salió del aseo femenino, lavándose un poco para detrás lavarse Yolanda en silencio y con la cabeza mirando a sus botas sin decir nada.

–Lo entiendes, ahora, lo que eres, Yolanda –preguntó Zoe.

–Si, mi Ama Zoe. –dijo la esclava.

–soy una esclava y perra blanca, mi Ama Zoe. –respondió la esclava.

Zoe iba para el aparcamiento, mientras Yolanda iba a un paso detrás de ella, mirando a sus botas, para coger el coche de Zoe, así que íba hablando de muchas cosas, de BDSM, de los juegos eróticos y fantasías.

–¿Tienes las bragas mojadas? –preguntó Zoe.

–Sí, mi Ama Zoe. –respondió la esclava.

–Desde hoy no tendrás ese problema, esclava. –dijo Zoe.

La esclava se puso cachonda perdida y se excitó sólo con habérselo dicho, así que guardó silencio hasta que unos minutos más tarde llegaron a la casa de Yolanda, porque Zoe se había ofrecido a llevarla a su casa.

No sabía lo que le pasaba, pero desde que había irrumpido Zoe, de esa manera violenta y salvaje sexualmente, seduciéndola, la había puesto a cien por hora, y empezaba a excitarse cuando la llamaba esclava y cuando la llamaba Ama, su coño lubricaba sus fluidos vaginales por cada humillación y denigración que le hiciera.

Era algo que no entendía, de pasar hacer unas horas de ser una chica estudiante normal, educada, y respetada a ser una esclava sexual, salida, puta y guarra, deseosa que la humillaran y la sometieran.

Entraron y aparcó en el aparcamiento, y una vez allí, paró el coche. Zoe le dijo.

–¡Desnúdate, y coge las bragas húmedas para limpiarte el coño, porque sé que estás muy cachonda perdida, esclava! –ordenó Zoe.

–Si, mi Ama Zoe. –respondió Yolanda, de manera inmediata como sintiendo mucho placer al oírla y al responderla.

Zoe, comenzó a darle guantazos en sus mejillas, hasta que le quedaron las mejillas rojas. Yolanda, no entendía, porque le había pegado, pero al rato salió de dudas.

–Hablarás cuando se te ordene, esclava. –dijo Zoe.

–Continua, limpiándote tu sucio coño de zorra y puta cerda que eres, esclava. –ordenó Zoe.

Yolanda, la obedeció en silencio, con lágrimas en sus ojos, sin decir nada, salvo los gemidos de placer que estaba teniendo desde ese hecho.

Después de estar unos minutos, limpiándose la vagina delante de ella, Zoe, le dijo que ya era suficiente.

–¡Ahora cogerlas y métetelas dentro de la boca, esclava! –ordenó Zoe.

–Hasta que no succiones todos sus fluidos impregnados en las bragas, no te las sacarás, esclava. –ordenó Zoe.

La esclava obedeció, mientras, soltaba unos gemidos de placer, soltando sus fluidos por su sucio coño. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava.

Zoe, cogió las medias de Yolanda para romperlas, separando cada media de por separada, ya que eran unos pantis. Una de las medias, se la ató en uno de los pezones, bordeándolo para sujetarlo con la otra atándoselo al otro pezón, mientras Yolanda soltó un gemido de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava.

Cogió la correa del pantalón de Yolanda y se la puso al cuello, tirando de ella para sacarla del coche hasta que salió, poniéndose de rodillas a cuatro patas como una perra en celo, soltando sus fluidos por sus piernas. Zoe le puso la hebilla en el agujero de la correa, ajustándosela al cuello para que no pudiera quitársela.

Yolanda, pensaba que era super humillante y denigrante como había visto hacer a Sandra en la cafetería, pero en este caso, ella estaba en el aparcamiento de su casa, y cualquier vecino, podría verla de es amanera.

–¡Vamos, perrita! –ordenó Zoe, mientras tiraba de la correa de Yolanda, la seguía a cuatro patas como una perra en celo.

–¡Mira al suelo y a mis botas, esclava! –ordenó Zoe.

–Veo que te gusta, por como te estás corriendo, esclava. –dijo Zoe.

La esclava, no podía hablar ya que tenía sus bragas empapadas de fluidos vaginales suyos dentro de su boca, e iba como una perra en celo por el aparcamiento en dirección de su casa. Esto la puso muy nerviosa por si alguien la veía, pero, por otro lado, estaba muy excitada y deseaba que la vieran.

Se sentía una puta esclava de mierda, una zorra guarra y una cerda por todo lo que había hecho, el caso es que le encantaba, y lo estaba disfrutando. Zoe, se aproximó al portal, entrando para darle al botón del ascensor hasta subir a su planta, en la que al salir del ascensor.

–¡Aquí, nos separamos, esclava! –dijo Zoe, en voz alta para que la oyeran.

–Pero como tienes las bragas, no puedes hablar, esclava. –dijo Zoe.

–Creo que ya has chupado el sabor de tus sucias bragas, esclava. –dijo Zoe.

–¡Abre tu boca, esclava! –ordenó Zoe, para ponerse a mearla en la boca, en la cara y por su cabeza en la puerta de su casa.

Como Yolanda tenía sus bragas en dentro de la boca, la orina empapaba toda braga, y permitia que tragara la orina de forma lenta para que saboreara su sabor.

–¡Hasta, luego, esclava! –dijo Zoe, marchándose al ascensor, dejándola en el rellano sola.

Yolanda, entró en su casa de rodillas a cuatro patas como un perro, para cerrar la puerta con la cabeza e irse al salón, seguía excitada y corriéndose por sus patas abajo, llegando hasta el suelo, mientras chupaba sus bragas orinadas por su Ama Zoe.

Comenzó a sonar su móvil, viendo que era una llamada de Sandra, pero al no cogerla, le envió un mensaje de WhatsApp.

“–¿Estás bien, Yolanda?” “–He salido del edificio, pero no te vi.” “Llámame para saber que estás bien, un beso Sandra.”

Yolanda no se atrevía a moverse hasta que no terminara de cumplir la orden de su Ama Zone, de chupar todo el sabor de sus bragas, mientras permanecía de rodillas con las piernas abiertas y sus manos detrás de la cabeza.

Detrás de estar un buen rato, cuando se secó todas las bragas, extrayéndole todos sus diferentes sabores, se sacó las bragas de su boca para irse a la bañera para lavarse.

–¿Qué es lo que estaba sucediéndola? –se preguntó Yolanda.

Al quitarse las medias que tenía atadas sus pechos, notó como estos, conservaban su erección, permaneciendo duros. Estuvo enjabonándose, pero al pasar por sus pechos, se excitaba, por lo que comenzó a masajearlos, con sus dos manos para detrás, llevarse la mano a su coño, y a comenzar a masturbarse en la bañera, comenzando a gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava.

Pero no era suficiente, así que cogió un desodorante para metérselo dentro de su vagina para follarse duramente, sintiéndose en la gloria cada vez que se lo mentía hasta el fondo, gimiendo de placer y de gusto, terminó corriéndose de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava.

Estuvo un rato, lavándose y bañándose con jabón para salir de la bañera totalmente limpia. Se notó que tenía una tez de su piel muy fina, delicada y que sus ojos brillaban de felicidad.

Sandra tenía razón, no debí mirarlas para que no se fijaran en mí. –dijo Yolanda.

Yolanda, cogió el móvil para responder al mensaje de Sandra, diciéndola.

“–Estoy bien, pero tengo unas cosas que contarte.” “Apareció mi Ama Zoe, y me sedujo, sometiéndome, humillándome y denigrándome, tratándome como una puta esclava y perra blanca, convirtiéndome una puta zorra cerda y guarra, como te pasó a ti.” “–Ahora soy una puta esclava y zorra como tú, Sandra.”

En la casa de Patricia, Sandra entraba en el piso, después de un día duro de trabajo, ya que en el aparcamiento a la salida del edificio Yolanda había desaparecido, así que fue a casa para descansar para el día siguiente.

Sandra tenía mucho que asimilar después del día duro que había tenido. Por un lado, una compañera que se llamaba Nairi, se había convertido en una Ama dominante, qué al verla, la descubrió al instante, por lo que tuvo que saludarla, mostrando sus respetos como esclava y perra blanca.

Estuvo siendo humillada y denigrada en varios sitios de su lugar de trabajo, como en los vestuarios femeninos de la quinta planta, en los que conoció a Naibi, que era otra chica que era Ama dominante, que trabajaba como asistente de los vestuarios.

Luego, en una coincidencia del ascensor con Nairi, ella la denigró, y humilló en el ascensor, mientras iban subiendo, manteniendo el ascensor en parada en cierta parada, para hacerla su escupidero personal, su meadero y su limpiadora de calzado.

También, hay que aceptar que algunas de sus compañeras se enteraron que era una esclava sexual, viéndolo con sus propios ojos, teniéndoles que decírselo y reconociéndoselo, que era lo más vergonzoso que había hecho.

De hecho, todas esas cosas, era para olvidarse del tema y abandonarlo todo para pasar página, pero el caso que estaba excitada y cachonda de todo lo que le habían hecho e iba aceptándolo todo, cambiando su escala de valores morales y éticos.

–Hola, Patricia. –saludó Sandra al entrar para ir a su habitación y dejar sus cosas.

–Hola, Sandra. –saludó Patricia, que estaba todo el día sola en la casa, pensando en todo lo que había ocurrido con Sandra, anoche.

–Tenemos que hablar, Sandra. –dijo Patricia.

–Si, tengo que contarte cosas. –dijo Sandra.

–Bueno, primero yo, y luego me vas contando lo que me ibas a decir. –dijo Patricia.

En ese momento, sonó el pitido del móvil de Sandra, notificándola que tenía unos mensajes de texto. Pero el móvil lo había dejado en la mesa de la entrada justamente donde estaba Patricia, así que lo cogió para dárselo a Sandra, pero al cogerlo pudo leer el principio de la frase que suele salir en los móviles.

“–Estoy bien, pero tengo unas cosas que contarte.” “Apareció mi Ama Zoe, y me sedujo, sometiéndome, humillándome y denigrándome, tratándome,…

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