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La perversión me sedujo 8

–Oye, Sandra, tú amiga Yolanda es ahora una esclava y perra blanca, de una tal Ama Zoe. –dijo Patricia, impresionada por leer el principio del mensaje. –¡Perdona! ¿Qué has dicho? –preguntó Sandra, con cara de sorpresa. –Sí, lo que oyes,…

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–Oye, Sandra, tú amiga Yolanda es ahora una esclava y perra blanca, de una tal Ama Zoe. –dijo Patricia, impresionada por leer el principio del mensaje.

–¡Perdona! ¿Qué has dicho? –preguntó Sandra, con cara de sorpresa.

–Sí, lo que oyes, mira el mensaje tuyo, que te ha enviado. –dijo Patricia.

Sandra comenzó a leer el mensaje, hasta quedarse blanca, sin decir nada.

–¿Conoces a esa Ama Zoe? –preguntó Patricia.

–Creo que tienes algunas cosas que contarme, Sandra. –dijo Patricia.

–Bueno, cuéntame lo que ha sucedido esta mañana. –dijo Patricia, sentándose en el sillón.

Sandra se sentó en el sofá, una vez que dejó su bolso, para sentarse.

–No sé lo que le habrá ocurrido a Yolanda, pero sé que Ama Zoe, era una compañera y amiga de la facultad, que la vimos al llegar a la puerta del trabajo y que luego coincidimos en la cafetería. –dijo Sandra.

–Lo que le ha sucedido, no lo sé, porque después de verla en la cafetería, no la volví a ver hasta la salida del trabajo, que me crucé con ella a la salida, pero dijo que tenía que ir al baño, y cuando estuve esperando en la puerta, y miré ya no había nadie. –dijo Sandra.

–¿Qué es lo que te ha sucedido a ti, Sandra? –preguntó Patricia, mirando a los ojos a Sandra hasta que esta desvió su mirada al suelo.

–¡Ya me has mostrado, lo que te ha sucedido! –dijo Patricia.

–¡Ve contándomelo todo, por si te puedo ayudar o no! –dijo Patricia.

–Somos amigas de la infancia, no te voy a regañar ni a enfadarme ni hacerte nada. Antes de ser Ama dominante, soy tu amiga, Sandra. –dijo Patricia.

–¡Vale, te lo diré! –dijo Sandra.

–Sólo quiero pedirte perdón y disculparme por si te he defraudado, Patricia. –dijo Sandra.

–Por si esperabas algo más de mí, y por si lo que te voy a contar no me quieres hablar más o si me echas del piso. –dijo Sandra.

–¡Tranquila, y ve contándomelo paso por paso! –dijo Patricia.

Patricia se acercó a la cocina cogió dos vasos para calentar una manzanilla con tila, para tranquilizarla.

–Toma, bebe y tranquilízate. –dijo Patricia, cogiendo el vaso Sandra para beber un sorbito de él.

–¡Está bien! –dijo Sandra, tranquilizándose un poco.

–Llegamos a la entrada de trabajo y todo fue muy bien, nos saludamos todas y fue estupendo. –dijo Sandra.

–Luego cada una de nosotras nos fuimos a nuestros puestos de trabajo, donde nos habían asignado. –dijo Sandra.

–Fue cuando llegó la hora de la comida en la cafetería, recibí estos mensajes, mostrándoselos a Patricia, poniéndose la cara roja como un tomate.

Patricia, leyó los mensajes, siguiendo escuchando lo que le estaba contando Sandra.

Entonces, resulta que estaban en la mesa compañeras nuestras sentadas, Nairi, Zoe, Martha, Susan y Violeta.

–Vale, por ahora ya se el contexto. –dijo Patricia.

–Cuéntame lo que hiciste tú, Sandra. –dijo Patricia.

Sandra estaba como con miedo, avergonzada y bastante nerviosa, y Patricia, notó que habían ocurrido cosas serias que parecía que afectaban a Sandra. No es que estuviese preocupada por ella, pero sabía que su aptitud no era normal, porque ella no hubiera hecho eso.

–Fui a su mesa, y me puse de rodillas y les pedí perdón y disculpas por no haberlas saludado. Bese los pies de Ama Nairi, para luego besar las botas y los zapatos de todas las demás, salvo de Violeta, que es esclava y perra de Nairi. –dijo Sandra.

–Por lo que veo, te has puesto el collar al final. –afirmó Patricia.

–Sí. –respondió Sandra, abriéndose la camiseta, para mostrar el collar con la cadena y las anillas conectadas con una cadenita a cada pezón, que se erguían erectos y firmes.

Se notaba que Sandra estaba excitada y cachonda perdida, por tener metida los vibradores en su ano como en su vagina.

–Bueno, ¿Y qué más cosas sucedieron? –preguntó Patricia, impactada por lo que estaba descubriendo, que no se esperaba que estuviese todo tan avanzado como parecía.

–Se mearon en mi cara, mi cabeza, y cuerpo para terminar de mearse en mi boca, cada una de ellas hasta que después me ordenaron que dijese a cada una de ella.

“–Me llamo Sandra, soy su esclava y perra blanca mi Ama Nairi, mi Ama Zoe, mi Ama Martha, mi Ama Susan.”

–Después, me ordenaron que abriese la boca para que todas fuesen escupiéndome dentro de mi boca, en mi cara y cuerpo. –dijo Sandra, con cara vergonzosa al confesárselo a su amiga.

Patricia, parecía bastante preocupada porque ella no era quién para pedirle explicaciones a Sandra, pero no sabía si podía aconsejarla y ayudarla sobre todo eso.

–Pues, estaba desnuda hasta que se levantó Nairi, para tirar de la cadena, haciéndome caminar detrás de ella como si fuese su perra hasta que me llevó a la mesa donde había estado sentada, para decirme que me quedara de rodillas, mirándola a sus botas, mientras se iba alejándose, y que cuando se sentara, le hiciese una reverencia con la cabeza. –dijo Sandra.

–Entonces, podía levantarme para sentarme, y poder vestirme con mi ropa, que me la tiró al suelo a mí lado. –dijo Sandra.

–¿Te excitó todo lo que te hicieron, Sandra? –preguntó Patricia, con interés por conocer los sentimientos de su compañera.

–Si, la verdad que estuve todo el rato, excitada, corriéndome y cachonda perdida. –respondió Sandra.

–¡Mira, Sandra! –dijo Patricia.

–Te pusiste el collar con la cadena, las anillas perforando tus pezones y hasta las anillas en los labios vaginales, y además los vibradores y las pulseras con los anillos. –dijo Patricia.

–¿Qué es lo que esperabas que sucediese? –preguntó Patricia.

–¡Tú ibas, pidiendo guerra, chica! –dijo Patricia.

–No sé qué te esperabas que sucediese, la verdad. –dijo Patricia.

–¿Y qué más sucedió? ¿Por qué no me creo que terminase así con tu amiga Yolanda en ese estado? –preguntó Patricia.

–Me llamaron para ocupar otro puesto de trabajo en la planta quinta, porque uno de los presentadores se fue a otra cadena por un mejor salario, así que otra presentadora ascendió y me asignaron poner las frases en los paneles de lectura. –dijo Sandra.

–Por uno de los ascensores me encontré a Ama Nairi, que me ordenó besar sus zapatos, lamérselos y limpiarlos con la lengua, incluida la suela junto con el tacón. –dijo Sandra.

–Después se descalzó para besar sus pies, lamérselos y chupárselos, mientras se reía y me humillaba verbalmente. –dijo Sandra.

–Luego, me ordenó abrir mi boca y me estuvo escupiendo dentro de la boca, en mi cara, haciéndomelo tragar, para luego lamerle y chuparle su coño, para tragarme sus fluidos vaginales, y terminar meándose en mi boca, y en mi cara, junto con mis pechos y por todo mi cuerpo. –dijo Sandra.

–Sus frases exactas que me dijo fueron estas. –dijo Sandra.

“–Te irás acostumbrando hasta que lo hagas abiertamente en público como mi esclava, al igual que mi esclava violeta, que todos saben que es mi esclava y mi perra, blanca.”

“–Eres una esclava y perra blanca, y estás protegida al tener el nombre grabado en tu collar, pero nadie dice que no pueda humillarte y denigrarte hasta que te corras de placer, pensando en mí, esclava.”

–¿Le has hecho algo a esa chica llamada Nairi? –preguntó Patricia.

–No, nunca hemos peleado, hemos sido compañeras en varias asignaturas de la facultad, pero siempre nos hemos llevado bien. –dijo Sandra.

–Pues, entonces creo que le gustas, Sandra. –dijo Patricia.

–Eres alta, de piel fina, blanca, con pelo rubio y con ojos azules verdosos. –dijo Patricia.

–Eres un bombón si te conviertes en su esclava, Sandra. –dijo Patricia.

–Ya que sería la envidia de sus amigas Amas, mostrándose ante ellas como su esclava y perra blanca de ojos azules verdosos. –dijo Patricia.

–Además, sabiendo que eres una igual en estudios, notas y carrera, y tenerte sometida y domada como su esclava y perra blanca, le excita más sexualmente. –dijo Patricia.

–Luego, sucedieron más cosas, Patricia. –dijo Sandra.

–¿Más? –preguntó Patricia.

–Ni que te hubieras encontrado con más Amas. –dijo Patricia.

–Pues, la verdad es que eso es lo que me pasó. –dijo Sandra, dejando a Patricia flipando.

–Fui a los vestidores del plató y al entrar vi una chica de mí misma edad, de piel negra, llamada Naibi, me vio mis pulseras tanto en la muñeca como en el tobillo, y junto con el collar, pues tuve que saludarla al verla una pulsera y brazalete en la pierna derecha como en la muñeca derecha. –dijo Sandra.

–De esa manera, supe que era una Ama dominante como Nairi y las demás. –dijo Sandra.

–Y para que no me sucediera lo mismo que con Nairi, me puse de rodillas delante de ella para besar sus botas. –dijo Sandra.

–Si, has hecho bien, manteniendo el protocolo de BDSM. –dijo Patricia.

–¿Y qué es lo que sucedió? –preguntó Patricia.

–Pues, me ordenó desnudarme para luego lamer sus botas, limpiándoselas completamente para después descalzarse y hacerme besar, lamer y chupar sus pies. –respondió Sandra.

–Luego comenzó a escupirme en la boca hasta que mi boca estuvo llena de su saliva. –dijo Sandra.

–Me ordenó tragármela para luego comenzar a mearse dentro de mi boca, en la cara, por encima de la cabeza, por los pechos. –dijo Sandra.

–Luego, terminó, dándome muchas bofetadas en las mejillas con una mano me daba en un lado y luego con la misma me daba en el otro. –dijo Sandra.

–Con las dos manos hasta que no pude resistirlo, y me corrí, teniendo un orgasmo, mientras ella se reía de mí. dijo Sandra.

–Y como tenía que ir a trabajar al plató, me vistió con la ropa que ella eligió, llevando el collar, las pulseras y las anillas. –dijo Sandra.

–Y luego cuando terminé, al volver había estado, caminando descalza y tenía los pies sucios completamente, y repitió las mismas ordenes, pero sacó un látigo y comenzó a darme en la espalda. –dijo Sandra, mostrándola la espalda con las marcas de los latigazos, que iban desapareciendo.

–¿Qué frases te ordenaron decirle? –preguntó Patricia.

–Contarlos, y darle las gracias, pero terminando la frase mi Ama. –dijo Sandra.

–Luego, se fue y vino Nairi, terminando de darme latigazos hasta que me dieron 75 latigazos. –dijo Sandra.

–Si que has tenido marcha esta mañana, por ponerte el collar y todas esas cosas, Sandra. –dijo Patricia.

–Además, me ordenó lamerla sus pies sucios, lamer sus zapatos, escupirme en la boca y mearse nuevamente en mi boca y por todo mi cuerpo. –dijo Sandra.

–Luego, se marchó, diciéndome muchos insultos, denigrantes que me hicieron correrme, pero también me corrí con los latigazos. –dijo Sandra.

–Luego entró una asistenta llamada María, que era Ama o no lo era, pero se repitió lo mismo, lamer sus botas, lamer sus pies, mearse en mi boca y por todo mi cuerpo. –dijo Sandra.

–Pero esta Ama María, me llevó a las duchas como una perra, y me dio el jabón para que me enjabonara para luego con una manguera con agua fría, lavarme como si fuera un perro. –dijo Sandra.

–Detrás de eso, estuvo adiestrándome y enseñándome como si fuera una perra suya, ladrando, trayendo la pelota, tumbándome, agachándome, dándole la pata, dándome la vuelta por el suelo hasta que llegó la hora de irse, y se marchó. –dijo Sandra.

–Lo cierto es que todo eso que te ha sucedido es lo normal, pero no de manera tan intensa como te ha sucedido a ti, Sandra. –dijo Patricia.

–Al llevar el collar puesto, y al ponerte las pulseras, te mostraste como si fueses una esclava sexual, hace que tengas que obedecer las órdenes de todas las Amas/os con que te cruces, Sandra. –dijo Patricia.

–¡Entiendo, no sabía que se llegará tan lejos! –dijo Sandra.

Patricia, se levantó, acercándose a Sandra para cogerla del collar, tirándola de él, dejándose hacer lo que ella quisiera para leer los grabados que tenía en el collar grabados.

–¡Veamos, lo que hay puesto! –dijo Patricia.

“–esclava Sandra propiedad de……..”

–Según el manual de BDSM, si llevas tú nombre grabado en tu collar, pero sin el nombre de una Ama escrito, dándote a entender que eres de su propiedad, resulta que te muestras como una esclava sexual novata. –dijo Patricia.

–Por lo que te pueden someter, adiestrar y domarte con todo tipo de humillaciones, denigraciones y vejaciones. –dijo Patricia.

–Tienes que hacerte la pregunta, ¿Te gusta todo lo que te han hecho tus Amas Nairi, Naibi, Zoe, Susan, María? ¿Soy una esclava y perra blanca? ¿Ha sido sólo un accidente o un error? ¿Quiero serlo o quiero dejar de hacer lo de esta mañana? ¿Quiero más porque me gusta y lo necesito? –dijo Patricia.

–De todas formas, si graban un nombre de una Ama en tu collar, serías su esclava y serías de su propiedad, pero luego cuando te cruces con otra Ama/o, sólo te permitirán saludarles con la cabeza, pero no te harán nada más. –dijo Patricia.

–Y ahora que estás experimentando todas esas fantasías y juegos eróticos como una sumisa que te están aflorando, te vendría bien seguir así, porque cualquiera te puede someter y disfrutarlo, pero con cuidado de no terminar permitiendo que te graben su nombre en tu collar y termines siendo de su propiedad. –dijo Patricia.

–¿Me convierto en una esclava sexual, con una fecha limitada o es para siempre? –preguntó Sandra.

–No, mujer no, que esto no es la Edad media, pero quizás en algunos países, pongan un límite de tiempo entre 2 a 5 años, a vivir como una esclava. –dijo Patricia.

–Pero hay gente que le gusta el lema de, “La letra con sangre entra.” así que te puedes esperar de todo, como 24/7, con un contrato de esclava, aunque el collar con el nombre simboliza eso.

–Como has dicho antes sobre vuestra amiga Violeta parece que Nairi la convirtió en su esclava durante todo un curso entero, así que tiene mucha experiencia en el BDSM. –dijo Patricia.

–¿Y con Yolanda qué habrá sucedido para acabar siendo una esclava sexual de esa Ama Zoe? –preguntó Patricia.

–Yo, pensé que a esa chica no le gustaban estas cosas, pero después de contarme lo que hiciste debajo de la mesa, y que luego esas Amas os estuvieron observando. –dijo Patricia.

–Pienso que planearon para ir a por ella. –dijo Patricia.

–¿Sí, tú crees? –preguntó Sandra.

–Sí, lo presiento. –dijo Patricia.

–¿Por qué no la llamas para que te cuente lo que le ha pasado? –preguntó Patricia.

–Sí, creo que es importante, conocer que le ha pasado. –dijo Sandra.

–Pon el manos libres, para que pueda escucharla directamente. –dijo Patricia.

–Vale. –dijo Sandra.

Sandra cogió el móvil para llamar a Yolanda, para preguntarle que tal estaba y preguntarla por la frase que le había enviado.

–Hola, Yolanda. –dijo Sandra.

–¿Qué tal te encuentras? –preguntó Sandra.

–Hola, Sandra. –respondió Yolanda.

–Estoy bien, ahora. –dijo Yolanda.

–Escucho gente de fondo, ¿No estás en casa? –preguntó Sandra.

–No, estoy comprando y ahora iré para casa. –dijo Yolanda.

–En cuanto llegue a casa, te doy un toque. –dijo Yolanda, colgando.

–Parece cómo, si estuviese bien. –dijo Sandra.

–Si, eso parece. –dijo Patricia.

Patricia se puso cómoda en el sillón, ya que estaba con una blusa y sus braguitas, descalza, cruzando sus piernas, dejando su pie colgando, mientras iba moviendo sus dedos con placer para estirarlos con su movimiento.

–Deberías de quitarte la ropa, y ponerte cómoda por casa, que después del día que has pasado y de lo que me has contado, tienes que estar muy cansada, Sandra. –dijo Patricia.

–Si quieres te cuento mi día, cómo me fue. –dijo Patricia.

–Si, vale. –dijo Sandra.

–Así te cuento la parte del trabajo que no sea de sexual. –dijo Sandra, saliendo de la habitación con una blusa y con unas braguitas, descalza como siempre.

–¿Conoces a mi amiga y antigua compañera de piso, Diana? –preguntó Patricia.

–Si, una vez me la presentaste y el otro día estuvimos hablando un poco de BDSM. –dijo Sandra.

–Se viene a vivir conmigo. –dijo Patricia, dejando sorprendida a Sandra.

–De hecho, vendrá esta noche cuando solucione todo en su anterior piso. –dijo Patricia.

Yo no supe que responder, salvo que me pillo de improviso y me sorprendió, para decir lo único que podía responder. –dijo Sandra.

–Me alegro, un montón, y seguro que tendréis muchas cosas de las que hablar, para poneros al día. –dijo Sandra.

En ese momento, tocaban a la puerta del piso, levantándose Patricia para abrir la puerta.

–Hola, Diana, bienvenida. –dijo Patricia.

–¿Seguro, que no molesto? –preguntó Diana, mirando a su alrededor.

–No, claro que no. –dijo Patricia.

–Mira mi habitación es esa de ahí. –dijo Patricia.

Ella fue dejando sus cosas para instalarse en la habitación, dejando su ropa, su portátil y colocándolo todo.

–¡Cuéntame cómo te ha ido el resto del día, quitando el tema del sexo! ordenó Patricia.

–Porque te veo muy cansada y agotada. –dijo Patricia.

–Ni que te hubieran puesto a cargar cajas. –dijo Patricia.

–¿Te han cargado con mucho trabajo, Sandra? –preguntó Patricia.

–He terminado molida y muy agotada. –dijo Sandra.

–Si, me habían puesto en el peor despacho de la planta, al final de todos los despachos junto al almacén y el cuarto de la escoba. –dijo Sandra.

–¿El cuarto de la escoba? –preguntó Patricia.

–Si, ese de la limpieza, y al lado el almacén de los folios, y bolis. –dijo Sandra.

–Estuve pasando toda la mañana leyendo artículos de mucha información, de todo tipo y de diferentes noticias, investigaciones de todo tipo incluido de sexo y de BDSM. –dijo Sandra.

–¡No me digas! –dijo Patricia.

–Sin contar que un tío que parece que era presentador ha dejado su trabajo. –dijo Sandra.

–Se ha ido a otra cadena porque le han dado un puesto más alto, con más dinero y mayor estatus. –dijo Sandra.

–Bueno, eso no es muy normal, hoy en día, pero habrá aparecido una ocasión para otra persona para que ocupe su puesto. –dijo Patricia.

–Si, eso es verdad. –dijo Sandra.

–Sea como sea, me cruce con un hombre que no sabía que era mi jefe, así que me llamó al despacho, para ofrecerme otro puesto. –dijo Sandra.

–¿Eso es muy bueno? –preguntó Patricia, contenta de escucharlo.

–Si, la verdad que sí. –respondió Sandra.

–No me digas que le has hecho una mamada, para ascender. –dijo Patricia.

–No, no hice eso, aunque con lo cachonda que estaba, podría habérsela hecho. –dijo Sandra.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia.

–¡Quién te escuchase de pronunciar esas palabras, Sandra! –dijo Patricia.

–Es un hombre muy recto, pero agradable. –dijo Sandra.

–Creo que le caí en gracia, ya veremos si no hice algo para joderme la trayectoria profesional.

–¿De qué estáis hablando? –preguntó Diana, que vino con una camiseta y con unas braguitas, sin rastro de nada más, puesto.

Al principio, me sorprendí, ya que se había quitado el collar, las anillas y las pulseras, junto con los vibradores, pero yo también lo había quitado todo para no incomodar a Patricia y mucho menos a Diana, así que continue contándole mi día.

–Me ofreció un puesto que estaba relacionado con el de esa persona que se había ido a otra empresa. –dijo Sandra.

Diana se había sentado para escuchar la conversación, sin hablar nada para enterarse del contenido de ella.

–¿Y por qué? ¿Cuál es el secreto? –preguntó Patricia.

–Se ve que les gusté físicamente. –dijo Sandra.

–¿Y qué haces ahora? –preguntó Patricia.

–Pongo las noticias en los tablones que hablan los presentadores terciarios y secundarios alguno. –dijo Sandra.

–Pues, está muy bien, para empezar –dijo Patricia.

–Al menos no chupas tinta, ni comes papeles en un cuartucho de esos de mierda. –dijo Patricia.

–¿Y a ti qué tal te ha ido? –preguntó Sandra.

–Pues, un día cansado como el tuyo, Sandra. –dijo Patricia.

–Pero, estoy aprendiendo mucho la verdad. –dijo Patricia.

–Muchos pacientes, que pasan por quirófano, observando como atienden a los pacientes, para aprender, y ayudándolos como mejor puedo. –dijo Patricia.

–Me alegro, te va bien. –dijo Sandra.

–Al final de la semana, vienen Nagore y Vanesa de su año de erasmus, así que las habitaciones restantes estarán ocupadas de nuevo.

–Pues la habitación en la que estás ahora, es la de Nagore, así que como se ha adelantado y va venir, porque al final ha decidido volver para seguir sus estudios aquí, sólo queda la habitación más pequeña al fondo para que te cambies. –dijo Patricia.

–Sí, lo sé, es una putada, pero nadie pensó que todo saldría de esta manera. –dijo Patricia.

–Bueno, no sucede nada. –dijo Sandra.

–No te preocupes, que no hay problema. Tampoco ocupo tanto espacio. –dijo Sandra, viéndose desplazada.

–Todo está solucionado, entonces.

–¿Estás bien, sobre lo de anoche? –preguntó Patricia.

–Aunque con lo que te ha pasado esta mañana durante el trabajo se queda como muy light. –dijo Patricia.

Esa pregunta, me pilló por sorpresa, así que no supe que responder salvo la respuesta más neutral.

–Si, estoy bien, no te preocupes por eso. –dijo Sandra.

–¿Estás incómoda o algo? –preguntó Patricia.

–No, la verdad que estoy bien. –respondió Sandra.

–Parece como si estuviese aceptándolo. –dijo Sandra.

Después de hablar todo eso, no me quedaban ganas de hablar más, y menos delante de Diana qué, aunque tuviera confianza con ella.

Ellas dos, se quedaron llevando las cosas al cuarto, mientras que yo, lo primero que hice fue meter las cosas de esclava en la caja de pack, para colocarlo en mi estantería de mi nueva habitación. Era la mitad de la otra habitación, pero era muy cuca, y tenía como un ambiente familiar al poner una lamparita en la esquina.

Mi habitación era como un cuadrado pequeño, mi cama estaba en un lado, y al fondo la ventana, mientras que enfrente de ella, estaba mi pequeña estantería con mi armario. Tanto Patricia como Diana, estuvieron liadas con su cuarto, por lo que no me atreví a pedirles algo de ayuda.

Además, me desnudé para verme las marcas en el espejo, tanto de los latigazos como de las perforaciones de mis pezones y labios vaginales. Pensé, que no debía de llevar problemas a casa o causar problemas a mis compañeras de piso, o eso era lo que me habían dicho de pequeña.

No sé, pero me comencé a excitar, al tocar mis pezones para ver los orificios de mis tetillas. A penas se notaban, eran como un piercing que, si no se usaban, se iría cerrando poco a poco, por lo que, si seguía siendo una esclava y perra blanca, debía de no descuidarme, demasiado sin ponérmelas.

Pero después de nuestra conversación confesándoselo todo, me empecé a sentirme mejor, y con la llegada de Diana, y dentro de unos días con la llegada de Nagore y de Vanesa, la casa iba a estar muy llena de gente como cargarles más problemas a ellas.

Patricia, había notado que Sandra, había cambiado un poco en su personalidad, ya que ahora era como más servicial, más sumisa y obediente. No discutía con ella, como antes, y aceptaba sin rechistar las cosas que le decía, dándose cuenta que se estaba convirtiéndose en una esclava y perra blanca, necesitada tanto de humillaciones como de denigraciones para satisfacer sus necesidades sexuales.

Se asomó a la puerta, viendo cómo se estaba masturbando Sandra, metiéndose los dedos en su vagina, mientras gemía de placer como una puta esclava. Estuvo durante unos minutos hasta que se corrió Sandra, gimiendo de placer como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía como una zorra de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía como una zorra de placer.

Patricia entró en la habitación y cuando Sandra se percató de su presencia, ella estaba con su coño restregándoselo por su boca, que al momento se encontraba lamiéndoselo como una puta zorra.

–¿No deberías de estar en otra posición? –preguntó Patricia, cogiéndola de su pelo, mientras ella se sentaba con las piernas abiertas y Sandra seguía lamiendo su coño, haciéndola arrodillarse ante ella, delante de su cama.

Patricia estaba sentada en la cama con las piernas abiertas y Sandra estaba de rodillas con las manos en la espalda, mientras Patricia tiraba de su pelo a modo de collar.

–¡Lámeme el coño, puta zorra blanca! –ordenó Patricia, viéndola lo salida que estaba.

–No sé, porque te has quitado el collar, las pulseras y las anillas, ya que si lo que querías era ser una esclava, creo que ya lo eres. –dijo Patricia.

–Por otra parte, creo que vas a descubrir lo que es vivir con una Ama dominante, siendo una esclava y perra blanca como lo eres tú, sandra. –dijo Patricia, haciéndola que lamiera y chupara todos los fluidos hasta que comenzó a correrse de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Sandra estuvo lamiendo su coño hasta que se lo dejó totalmente limpio. Ella pensó que había terminado, pero en ese momento, comenzó a mearse en su boca, mientras la hacía retroceder tirándola de su pelo, para mearla en su cara, por toda su cabeza y por todo su cuerpo.

No necesitó ordenarle nada a Sandra, ella sola seguía lamiéndole su coño, dejándoselo totalmente limpio. Detrás le puso sus pies descalzos en su cara, restregándoselos por la cara, su nariz, por su boca hasta que sacó la lengua de forma inconsciente y Patricia, se limpiaba sus plantas de sus pies con su lengua.

–Quiero que me mires a la cara, para que sepas a quién le estás lamiendo y chupando sus pies, esclava. –dijo Patricia.

–Mírame a los ojos y fíjate en mis pies para lamerlos mejor, esclava. –dijo Patricia, haciéndola que se diera cuenta que era una esclava y perra blanca más como otra cualquiera.

La esclava terminó de limpiarle sus pies del sudor y de la suciedad de caminar descalza por la casa, haciendo que Sandra, saboreara muy bien su sabor de sus pies y se acostumbrara a ellos.

Estuvo limpiándose sus pies, metiéndole sus dedos de sus pies en la boca, mientras jugaba con ella, disfrutando la humillación y la denigración. Patricia observaba como su amiga, disfrutaba de todo lo que le estaba haciendo de manera denigrante.

–¿Te gusta lo que te estoy haciendo, esclava? –preguntó Patricia, con una sonrisa.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, excitada y cachonda por lamer y chupar sus pies.

–¡Me alegra que lo estés disfrutando, esclava! –dijo Patricia.

–Bueno, me tengo que levantar, termina de colocar tus cosas en la habitación, mientras que yo voy a ver si Diana ha terminado de colocar todo. –dijo Patricia.

–Te puedo dar a veces pequeñas humillaciones y denigraciones para que lo experimentes más, esclava. –dijo Patricia.

–Te excitas por todo lo que te ordenó hacer. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Sandra, sin dejar de mirar sus pies, mientras seguía lamiendo y chupando sus pies.

–¡Veo que te gusta que te trate así, Sandra! –dijo Patricia.

–E incluso estoy segura que te excita mucho que te insulte y te denigre verbalmente, esclava. –dijo Patricia.

–Puedes llevar libremente lo que quieras, una camiseta, un pijama o como si quieres llevar el collar puesto y las pulseras abiertamente por la casa. –dijo Patricia.

–Sobre lo de hablar y responder, hablarás cuando te de permiso, Sandra. –dijo Patricia.

–Y me obedecerás en la casa, haciendo todas las labores, cocinar, lavar la comida, lavar la ropa mía y la de diana, limpiar el baño. –dijo Patricia.

Patricia se levantó para salir por la puerta, dejándola de rodillas con las piernas abiertas y con sus manos a la espalda, pensando que esa era la verdadera cara de su amiga Sandra, una esclava y sumisa más como todas las demás que había visto o se había cruzado alguna vez.

Estaba claro que su amiga, era una esclava y perra blanca más como todas a las que había visto tanto en el Club Nocturno como en el hospital o como Teresa o Diana.

–¿Debía de tratarla como una esclava y perra blanca más? ¿O debería seguir siendo su amiga y respetarla aconsejándola? –se preguntó Patricia.

Ya tenía a una esclava y perra negra llamada Diana, que estaba comenzando a adiestrarla, junto con otra esclava y perra blanca llamada Teresa.

–¿Podría convertirse Sandra en una esclava y perra blanca más como Violeta de esa Ama Nairi? –pensaba Patricia, con detenimiento. Por otra parte, ¿Había hecho bien en traer a Diana? ¿Y aceptarla como su esclava y sierva negra?

No quiso, calentarse la cabeza ya que faltaba poco para la cena, antes de irse a trabajar al hospital, tanto ella como su esclava Diana. Ahora, tenía más responsabilidades que antes, un trabajo, una esclava negra, una esclava blanca novata, y ahora se añade a la lista su amiga de la infancia.

De todas maneras, Sandra se había puesto el collar con la cadena junto con las anillas, las pulseras, los anillos, y los vibradores. Quiso ponérselo todo e ir al trabajo, exponiéndose a los cuatro vientos. –pensó Patricia.

–¡Eh! Me llamo Sandra y soy una esclava y perra blanca novata. –pensó Patricia.

Por la cara que tenía, se notaba que estaba agotada y cansada pero no sólo físicamente sino sexualmente. Quedamos en aceptarnos y no meternos en la vida sexual de la otra como compañeras, así que Patricia, eso mismo hizo. Supuso que el morbo de ir con el collar con la cadena puestas, con las anillas en los pezones, las pulseras y los vibradores puestos, la excitaban como sumisa.

Sandra estaba arrodillada con las piernas abiertas y con sus manos detrás de la espalda, mientras miraba al suelo, pensando en lo que había hecho y dicho, analizando cómo debía de dirigirse a su amiga Patricia, desde ahora en adelante en la casa.

Sandra seguía cachonda perdida y muy excitada tras esa humillación y denigración que la dejó más salida perdida, aunque pensaba en todo lo que había hecho en la noche, aceptando los regalitos de Patricia, en los cuales había lamido con su lengua las tapas del váter, el suelo que había dejado manchadas con su pis.

Sandra se levantó para ir a hablar con Patricia, encontrándosela en el salón, viendo la televisión, mientras que Diana estaba colocando sus cosas en la habitación.

–¿Podemos hablar Patricia? –preguntó Sandra, con la cara roja.

–Si, claro. –dijo Patricia, mirándola a los ojos, mientras que Sandra desviaba la mirada a sus pies.

–¿Cómo va a ser nuestra relación desde ahora? –preguntó Sandra.

–¿Debo acatar el protocolo de BDSM en la casa? ¿Cómo debo dirigirme a ti? ¿Te llamo Ama Patricia? ¿O mantenemos la misma relación de amistad, aunque tu seas Ama y yo esclava? –preguntó Sandra, un poco avergonzada e intimidada.

–Mira, somos amigas desde la infancia, así que haz lo que más te guste hacer y lo que más te excite. –respondió Patricia.

–¿Qué te gusta ser una esclava y perra blanca? –preguntó Patricia.

–¡Muy bien! –dijo Patricia.

–¿Te excita que te llame esclava y que me llames Ama? –preguntó Patricia.

–Lo acepto todo, Sandra. –respondió Patricia.

–Si quieres ir desnuda por la casa y llevar el collar puesto con las anillas y las pulseras, adelante. –dijo Patricia.

–Hemos acordado en no interferir, pero te trataré como quieras o desees que lo haga. –dijo Patricia.

–Pero como soy Ama dominante, si te veo muy excitada y salida, te voy tratar como lo que eres, Sandra. –dijo Patricia.

–Vale, muchas gracias, mi Ama Patricia. –dijo Sandra, poniéndose de rodillas para hacer la reverencia y besar sus pies en señal de respeto, obediencia y sumisión.

–Ahora vive con nosotras Diana, y dentro de unos días vienen Nagore y Vanesa, por lo que estarás más expuesta a todo esto como Diana. –dijo Patricia.

–Te digo qué a Diana, le da igual, hará lo que le ordene como mi esclava negra. –dijo Patricia.

–Todo lo que hagas o cómo te comportes, lo sabrán, así que podemos llevarlo en secreto en casa, y que te comportes como una compañera normal o que seas una esclava y perra blanca y que ellas lo descubran. –dijo Patricia.

–Esta noche te tengo que contar algo, que quizás afecte a todas en la casa. –dijo Patricia.

–De momento, tu sumisión mantenla en suspense hasta que se desarrolle todo lo demás. –dijo Patricia.

–¡Vale, haré eso que me dices! –dijo Sandra.

–Además, no voy a tener ganas de llamarte esclava o tratarte a todas horas como una esclava, porque tengo vida propia, así que aprovecha los momentos de humillación y denigración que surjan para disfrutarlos. –dijo Patricia.

–Aprovecha cualquier humillación que te haga y acéptala como cuando anoche lamiste mi orina del suelo y lamiste el váter como una puta zorra. –dijo Patricia.

–Si, me gustó mucho esa humillación, y la disfruté, aunque al principio me daba un poco de asco. –dijo Sandra.

–Obedeceré lo que me órdenes y haré lo que me digas, Patricia. –dijo Sandra, besando sus pies para hacer una reverencia, pidiendo permiso para retirarse e irse a su habitación.

Yo estaba tirada en la cama, pensando en todo lo que me había pasado ese día. Decidiendo lo que iba a hacer en el segundo día, ya que parecía que todo iba muy rápido.

No sabía nada de Yolanda, por lo que pensé que tenía que hablar con ella para saber todo sobre lo que había escrito por el móvil. Patricia detrás de esa conversación con Sandra, se fue a la habitación con Diana.

Diana estaba de rodillas, besando y lamiendo sus pies con dedicación, limpiaba de sudor y de suciedad las plantas de los pies de su Ama, después de haber caminado descalza desde el salón a la habitación, y detrás de haber hecho pis en el baño.

–No quiero que limpiéis el suelo de la casa en exceso, porque quiero ir descalza por él, para que me los lamas y limpies todos los días como una buena esclava y perra negra que eres, diana. –dijo Patricia.

–Así, será como usted me ordene, mi Ama Patricia, su esclava la obedece como su sierva y lacaya. –respondió la esclava negra, siguiendo lamiendo sus pies con pasión.

–Así me gusta, esclava. –dijo Patricia, esbozando una sonrisa en su boca.

–Me encanta que volvamos a vivir juntas, lo que no me esperaba era que te convirtieras en mi esclava y perra negra, Diana. –dijo Patricia.

–Si, lo sé, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

–Lo estoy disfrutando, mientras pensemos las dos de la misma manera. –dijo la esclava negra.

–¿Va a ser difícil convivir con más gente? –preguntó la esclava negra.

–Seguramente, pero muy morboso y excitante con momentos tan especiales como este, esclava. –respondió Patricia.

–De todas maneras, si nos pillan, lo disfrutarías más aún, esclava. –dijo Patricia.

–Porque estando sirviéndome con testigos desconocidas para ti, eso te pondrá más excitada y cachonda perdida, esclava. –dijo Patricia.

–Además, Sandra es una esclava y perra blanca, también como tú. –dijo Patricia.

–Se muere de ganas de ser sometida, domada y adiestrada como otra esclava más del montón. –dijo Patricia.

–Algo es notado cuando he hablado con ella. –dijo la esclava negra.

–Va a ser la chacha del piso, lavará la ropa, hará la comida, limpiará el baño. –dijo Patricia.

–¿Será una esclava y perra blanca? –preguntó Diana.

–Ya lo es, Diana. –respondió Patricia.

–Entonces ¿Está al mismo nivel que yo? –preguntó Diana.

–No, está por debajo de ti, aunque eres una esclava negra, ella al ser una esclava blanca está por debajo de nosotras, aunque seas una esclava negra. –dijo Patricia.

–Además, he notado que se excita siendo humillada y denigrada por una mujer negra, así que le gusta mucho los pies de las mujeres negras y ser sometida por ellas. –dijo Patricia.

–Se ve que se puso el collar y las pulseras, junto con todo lo demás y se fue al trabajo, así que volvió convertida en una esclava más. –dijo Patricia.

–¿Echas de menos llevar tu collar y las anillas, puta zorra? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. respondió la esclava negra.

–Aunque sólo lo he llevado una mañana, cuando estuve en el trabajo con él. –dijo diana.

–Me siento como desnuda sin él, es la sensación más excitante y morbosa al llevarlo puesto. –dijo la esclava.

–¿Por qué dices eso, esclava? –preguntó Patricia.

–Porque llevas algo en secreto que nadie lo sabe, o que sólo unos pocos lo saben al verte. –respondió la esclava.

–Eres una esclava y perra negra en secreto y llevar el collar con las pulseras y las anillas, con los vibradores, te excitas completamente, dejándote llevar por el placer de ser sometida. –dijo la esclava.

–Bueno, cuéntame lo que ha sucedido en el trabajo, esclava. –ordenó Patricia.

–¿Alguien, te ha descubierto que llevabas collar, las pulseras y las anillas, esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

–¡Cuéntame lo que ha sucedido, esclava! –ordenó Patricia.

–Pues, estaba en los vestuarios y una compañera me vio con todo puesto, mi Ama Patricia. –dijo la esclava negra.

–Entonces, me preguntó la razón, y le dije, que era una esclava y perra negra. –dijo la esclava negra.

–Me preguntó sobre la razón de eso, y le dije que eran juegos y fantasías eróticas de BDSM, explicándoselo todo. –dijo la esclava.

–La verdad, que sintió mucha curiosidad por eso, y se comenzó a excitarse, así que me puse de rodillas y le comí su vagina hasta hacerla que se corriese de placer, tragándome todos sus fluidos vaginales, hasta que terminó de orinarse en mi boca, tragándome toda su orina. –dijo la esclava.

–Le pedí que me meara por la cabeza y por todo el cuerpo, así que lo hizo y eso me excitó tanto que me corrí de gusto entre gemidos de placer. –dijo la esclava.

–¿Supiste adivinar si era sumisa o no, esclava? –preguntó Patricia.

–No lo sé con certeza, pero proseguí lamiéndole los pies, mientras ella se excitaba y se ponía cachonda nuevamente, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

–En ningún momento, dijo nada sólo gemía de placer y de gusto hasta correrse nuevamente como una puta zorra. –dijo la esclava.

–¿Algo más que me tengas que contar, esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

–Me encontré con dos Amas dominantes del turno de día, así que, al verme el collar, con las marcas de las anillas en mi uniforme, aunque me tapaba con la bata, a veces la abría por el calor, las saludé con el máximo respeto, obediencia y sumisión. –dijo la esclava negra.

–Me puse de rodillas delante de ellas, para presentarme, besando sus zapatos, mostrando respecto, obediencia y sumisión. –dijo la esclava.

–Muy bien, así me gusta que lo hagas, esclava. –dijo Patricia.

–Muchas gracias, mi Ama Patricia. –dijo la esclava, besando sus pies.

–¿Qué más te hicieron, esclava? –preguntó Patricia.

–Me ordenaron lamer sus zapatos para posteriormente lamer y chupar sus pies, después me escupieron en la boca, pechos y cara, ordenándome que me desnudara, para finalizar dándome guantazos en mi culo y en mi cara. –respondió la esclava.

–Para concluir en mearme en la boca y por todo mi cuerpo, dejándome así un rato en la habitación hasta que me ordenaron vestirme y me permitieron irme. –dijo la esclava negra.

–Así que para ser tú primera vez, lo has disfrutado mucho, esclava. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

–Como una buena puta zorra que soy, mi Ama Patricia. –dijo la esclava negra, siguiendo lamiendo sus pies y chupando sus dedos, metiendo su lengua entre los dedos para lamer la suciedad de entre los dedos.

–Es curioso como hace unos meses, odiabas que pusiera los pies en la mesa y ahora te mueres por besarlos y lamerlos, limpiándome toda la suciedad y sudor de mis pies, esclava. –dijo Patricia.

–¿A qué si, esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

–Ahora disfruto con que me deje lamérselos y chupárselos, mi Ama Patricia. –dijo la esclava negra de diana.

–Y cuanto más sucios, más huelan más me gusta lamerlos y chuparlos para limpiárselos, mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia de risa, al haber escuchado su respuesta.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia, escupiéndola dentro de su boca, un escupitinajo detrás de otro hasta que le llenó su boca de saliva, ordenándola que la cerrase para tragársela toda.

Sandra estaba en su habitación meditando las palabras que le había dicho su amiga Patricia, que era una Ama dominante, por lo que seguía colocando sus cosas, su ropa. Durante todos esos minutos, la orina de Patricia que había quedado impregnada por toda su piel, se había secado.

Desprendía un olor de zorra guarra que no se había lavado, así que pensó en ir a ducharse, pero recordó lo que había hecho Patricia el otro día, que era bañarse, dejando el agua sucia.

Inconscientemente, esperaba que esa situación se volviera a suceder, así que espero a que eso pasase, y cómo no quería manchar las sábanas de la cama, tiró una manta sucia al suelo para tumbarse en ella, mientras meditaba en todo lo que había hecho esa noche anterior y durante el día.

Mientras Sandra estaba acostada, pensando en todas las escenas que se había visto obligada a hacer, obedeciendo las órdenes de su Ama Nairi, y de su Ama Naibi. Su Ama Nairi era una compañera de su facultad con la que estuvo en algunas asignaturas en grupo de trabajo, no era mala chica, pero no tenía ni idea que era Ama dominante, y mucho menos que Violeta era su esclava y perra blanca.

Luego estaba su Ama Naibi, que era asistente de vestuario en la empresa, era una chica negra de su misma edad, y posiblemente cumpliendo con sus prácticas de trabajo. Se pasó mucho tiempo, limpiándola sus pies sucios de andar descalza con su lengua, pero estaban negros, negros de suciedad.

Luego la humillación y denigración en el ascensor con su Ama Nairi, que la dejó toda excitada y cachonda perdida, ese tipo de humillación, no se lo esperaba y mucho menos en un ascensor.

Con la sesión de los más de los 75 latigazos, que le dieron en los vestuarios femeninos, dejaron muy marcada psicológicamente, porque al principio le dolía muchísimo, pero según avanzaban dándole latigazos, ese dolor se convirtió en placer hasta sentir placer y gusto, corriéndose como una puta zorra.

Además, fue su antigua amiga y compañera de clase su Ama Nairi, quién presenció ese momento de satisfacción haciéndola que se corriera ella, también.

“–Soy una puta esclava y perra blanca de mierda más.” –dijo Sandra en voz alta, tomando conciencia de sus palabras.

Además, notaba que estaba excitada y cachonda, echando de menos tener puesto su collar con su cadena, junto con sus anillas y pulseras, y desde luego sus vibradores para sentir esa humillación de correrse como una perra en celo.

–Tenía que habérselo contado a Patricia –dijo Sandra.

–Pero, no he podido atreverme. –dijo Sandra.

–Seguramente, Diana sentiría lo mismo, ya que se había puesto el collar y las anillas, durante su trabajo desde el día anterior. –dijo Sandra.

–¿Hubiera servido de algo? –se preguntó ella.

–No lo sé, pero por lo menos me hubiera lo que debo de hacer. –dijo Sandra.

–Sea como fuese ya daba igual todo. –pensó Sandra.

–Habían quedado en no interferir en la vida de una con la otra, y de respetarse mutuamente sea lo que sea lo que sucediera. –pensó Sandra.

Me levanté para ir a beber un vaso de agua y para pensar en que iba a cenar para la noche, ya que detrás tendría que acostarme para levantarme a las 6:40h para irme a trabajar.

Cuando pasé a la cocina, sentí como gemían de placer tanto Patricia como Diana, así que supuse que andaban liadas. Ella, me contó que había estado con mujeres como con hombres, así que quizás tenían algo o tendría que ver con lo que me confesó Diana, sobre su aceptación de ser una esclava y perra negra.

Por teléfono, me contó que iba a ir al trabajo con el collar con la cadena, con los vibradores, pulseras y anillos, y con las anillas en los pezones. ¿Le habrá sucedido algo similar que a mí? –se preguntó ella.

Pasé por delante, observándolas a las dos, Diana estaba de rodillas lamiéndole los pies y chupándole los dedos, mientras que Patricia hablaba con ella usando palabras como “Muy bien, esclava, así me gusta esclava, sigue así, esclava.”

Patricia, me vio que estaba en el umbral, así que hice una reverencia con la cabeza y me marché para la cocina, dándose cuenta que por la hora que era iba hacerme algo de cenar. Ella, siguió con su esclava mientras ella la lamía y chupaba sus pies como una perra en celo.

Ya está, se encontraron y le confesó que se sentía sumisa y que quería ser una esclava, así que ella la aceptó, por eso ha venido a vivir con ella. Está claro, si hay dos habitaciones restantes uno para Nagore y otro para Vanesa, sólo queda donde me he trasladado yo, por lo que tienen que dormir juntas. –pensó Sandra.

Todo el asunto ha ido muy deprisa, por lo que no me ha dado tiempo a reaccionar ni a pensar racionalmente. –pensó Sandra.

Pero de eso se trata, eres una esclava de mierda, tú no piensas, sólo obedeces como una puta zorra de mierda. –pensó Sandra, excitándose y poniéndose cachonda perdida al pensarlo.

Me puse hacer la comida de la cena, pensando en lo que me había dicho Patricia, y todo lo que había pasado ese día.

Tanto Patricia como Diana, estaban en su sesión de BDSM, cuando olieron la comida. Ambas, les despertó el hambre, así que decidieron hablar, para que les hiciese la cena.

–¿Estás haciendo la cena, Sandra? –gritó Patricia.

–Si, Patricia. –respondió Sandra.

–¡Haznos la cena, Sandra! –ordenó Patricia.

–Si, Patricia. –respondió Sandra.

–Como ordenes, Patricia. –respondió Sandra, sumisamente.

Sandra, preparó un moje de tomate con trocitos carne de macro para las meriendas de las dos, metiéndolas en un táper, mientras que para la cena había freído unas hamburguesas de ternera, echándolas una hoja de lechuga, una raja de tomate, una de cebolla, una loncha de queso, que con el calor se derretía para ponerlas en un plato para cada una, llevándolas al salón.

–Mientras las llevaba al salón pasé por delante de su puerta para ver que estaba Diana, comiéndole su coño con su lengua y chupándoselo, mientras ambas gemían de placer, corriéndose a la vez. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían de placer.

Yo me excité y me puse cachonda perdida, viendo esa escena, mientras mi vagina comenzaba a soltar fluidos para ser follada como una puta zorra que era. Pero eso, es normal cuando una mujer se excita, así que intente conservar la entereza sin perturbarme demasiado.

Dejé, la comida en la mesa, y me puse en el otro extremo para encender la televisión, buscando algo de mi gusto, mientras hacía zapping, pasando los canales uno detrás de otro. Tanto Patricia como Diana salieron una detrás de la otra de la habitación para sentarse a cenar.

–¡Esto está de muerte, Sandra! –dijo Patricia.

–Si, es verdad. –dijo Diana.

–Me alegra que os guste a las dos. –dijo Sandra.

–Estaban compradas del otro día y no quería que la fecha de caducidad se pasara, así que había que hacerla. –dijo Sandra.

–¡Mira, Sandra! –dijo Patricia.

–Por si nos has escuchado o algo, quiero decirte una cosa. –dijo Patricia.

–Diana es mi esclava y mi perra negra. –dijo Patricia, pillándome desprevenida, mientras me comía un mordisco de mi hamburguesa, que casi, me atragantó comiéndolo.

Yo me puse a toser hasta que bebi un poco agua para recuperarme.

–¿Estás bien? –preguntó Patricia.

–Si, estoy bien, un poco colorada. –respondió Sandra.

–No sabía que te sonrojaras tan fácilmente, Sandra. –dijo Patricia.

–¿Te has excitado al oírlo? –preguntó Patricia.

–Sabes que sí. –respondió Sandra.

–No me lo esperaba, la verdad. –dijo Sandra.

–Pensaba que estabais jugando sexualmente de manera puntual. –dijo Sandra.

–Pero tuvimos una conversación en la que hablamos de no interferir y de aceptar la una a la otra, lo que somos o como nos sintamos. –dijo Patricia.

–Si, es cierto. –dijo Sandra.

–¿Y cuando vengan Nagore y Vanesa? –preguntó Sandra.

–¿Qué les vas a decir? –preguntó Sandra.

–Lo mismo que te he dicho a ti. –dijo Patricia.

–Qué es mi esclava y que la trataré como yo quiera en casa, al igual que tú, que eres otra puta esclava y perra blanca. –dijo Patricia, mirando a Sandra.

–¿Verdad, esclava? –preguntó a Diana, mirándola.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, sumisamente.

Para desviar su mirada a los ojos de Sandra, bajando la mirada esta, sintiéndose obligada a hacerlo, una vez que había descubierto que era una sumisa, se mostrada delante de ella como lo que era.

Patricia, tiró la hamburguesa de Diana al suelo mientras la pisaba con los pies, dejándola manchada con su suciedad y su sudor.

–¡Come, esclava! –ordenó Patricia, mientras que Diana se ponía de rodillas desnudándose para comer a los pies de su Ama Patricia, la hamburguesa.

–¿Te gusta, esclava? –preguntó Patricia, mirando a Sandra, haciéndose que se pusiera colorada de vergüenza.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió diana.

Mientras, Patricia comía la hamburguesa de diana, para masticarla y escupírsela al suelo para que su esclava la comiera de él, lamiendo el suelo como un perro.

–¿Te he contado que han rotado los turnos? –preguntó Patricia.

–No, la verdad que no has comentado nada de eso. –dijo Sandra, excitada y lubricando sus fluidos vaginales, empapando sus bragas, mientras se le iba la mirada al suelo, mirando como lamia los pies de Patricia y se comía la hamburguesa como un perro.

Patricia, sonreía de placer al verme en esa situación y comprobar que me estaba corriendo en silencio sin decir nada. Ya de por sí, era una humillación física y una denigración, correrse en público delante de ellas, que algún gemido solté sin querer.

–Pues sí, ha habido una baja, y la han cambiado al turno de noche, así que vamos las dos juntas a trabajar. –dijo Patricia.

–¿Verdad, esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia, es totalmente verdad. –dijo la esclava, para seguir comiendo a los pies de su Ama y dueña.

–No tenía ni idea, pero supongo que es bueno porque os vais juntas al trabajo. –dijo Sandra, mientras seguía comiendo su hamburguesa de ternera.

–Si, es verdad en eso llevas razón. –dijo Patricia, que cuando terminó de comerse la cena y de limpiarle los pies, chupándoselos, le escupió en la boca para que ella se tragara el escupitinajo.

–¡Vete a por tu collar junto con tu cadena junto con todo lo demás, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra.

La esclava se fue de rodillas a cuatro patas hasta que desapareció por el pasillo. Entonces, Patricia comenzó una conversación con Sandra.

–Por cierto, no quiero que te pondrás el collar con la cadena, ni las anillas, ni las pulseras a menos que te de permiso para ponértelo o te lo ponga yo. –dijo Patricia, quedándome sin decir nada guardando silencio.

–¿Y eso? –preguntó al final Sandra.

–Me gusta que guardes silencio, a menos que te ordene que hables. –dijo Patricia.

–Pero voy a responderte a tu pregunta, Sandra. –respondió Patricia.

–Las chicas que sienten la tendencia de ser sumisas o esclavas, fantasean con la idea de ser sometidas, humilladas y denigradas. –dijo Patricia.

–Tú, te has sentido sumisa, pero te has puesto tanto el collar como las anillas, junto a todo lo demás que se ponen las esclavas sexuales. –dijo Patricia.

–Pero, tú te lo has puesto por iniciativa propia sin que ninguna Ama, te lo haya ordenado, con lo que el placer y la satisfacción de sentirte esclava no te llenará. –dijo Patricia.

–Sigue comiendo tu comida, a menos que quieras que te la escupa, la tire al suelo y te la pisotee como a diana, para que te la comas como una perra. –dijo Patricia.

Sandra continuó comiendo, obedeciendo a su amiga, sin protestar ni decir nada.

–Así, me gusta que guardes silencio sin discutir ni rechistar mis órdenes. –dijo Patricia.

–Y si te llegas a poner el collar con la cadena y todas las cosas, la Ama con la que te encuentres, le dirás. –dijo Patricia.

“–Me llamo Sandra y soy esclava y perra blanca propiedad de mi Ama Negra Patricia.”

–Y puede usarme a su antojo como deseen por orden de mi Ama Negra Patricia. –dijo Patricia.”

–A ver, repítelo que te oiga para ver si te ha quedado claro. –dijo Patricia, mientras que diana iba a volver en breve.

–Me llamo Sandra y soy esclava y perra blanca propiedad de mi Ama Negra Patricia y pueden usarme a su antojo como deseen por orden de mi Ama Negra Patricia. –dijo Sandra, con la cara colorada, y nerviosa.

–Así me, gusta que obedezcas lo que te mande. –dijo Patricia.

–Camina de rodillas hasta aquí, y besa mis pies, antes de que venga mi esclava diana. –ordenó Patricia, que estaba excitada y cachonda de ver la sumisión de Sandra.

Sandra se puso a cuatro patas de rodillas para acercarse a sus pies, haciendo su reverencia con respeto, obediencia y sumisión para besar sus pies.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Sandra, quedándose de rodillas besando sus pies, mientras que Patricia la miraba con una sonrisa y riéndose.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Patricia.

–Tienes las bragas empapadas de tus fluidos vaginales, todo el rato desde que estoy contigo, te has puesto cachonda perdida, Sandra. –dijo Patricia.

Patricia, cogió el plato de la hamburguesa de Sandra para comenzar a comérsela para luego escupir la comida masticada al suelo delante de ella, mientras pisaba los trozos de la comida masticada, haciendo que Sandra comenzara a comerse los trozos masticados pisados por sus pies.

–¡Ya puedes comer rápido antes de que venga mi esclava diana! –ordenó Patricia, viendo como Sandra comía la comida masticada que le estaba escupiendo rápidamente al suelo, y lamiendo sus pies.

Sandra comía y masticada la comida, pisada por los pies de Patricia para detrás lamer el suelo, guardando silencio.

Pero, mientras viene diana, ya que tiene que traer sus cosas, con la boca y tiene que meterla con la boca en la bolsa, vas a disfrutar, Sandra. –dijo Patricia.

Patricia levantó su pie para ponerlo encima de la mesa, cerca de donde estaba Sandra. Comenzó a mover sus dedos restregándolos por la mesa

–¡Ya sabes lo que tienes que hacer, esclava! –dijo Patricia, qué al segundo, estaba lamiendo con la lengua, limpiando las plantas de sus pies, para luego meter la lengua entre los dedos para limpiar su espacio interior, chupando cada uno de sus dedos de los dos pies, dejándoselos limpios.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia, para detrás de que le limpiara sus pies con su lengua, comenzara a escupirle dentro de su boca, una detrás de otra hasta que se le llenó la boca con su saliva, la cual se quedó esperando su orden sin hacer nada.

–¡Trágatelo todo, esclava! –ordenó Patricia, observando como Sandra la obedecía, cerrando la boca para volver a abrirla de nuevo.

Bebió un poco de coca cola, porque estaba un poco sedienta, mientras comía unas patatas fritas de la mesa, para seguir escupiéndola dentro de su boca hasta llenarla rápidamente.

–¡Trágatela, cuando venga diana, esclava! –ordenó Patricia, que esperó a que llegara ésta para que ella cerrara su boca, tragándoselo todo.

Patricia, pensó que sería una buena humillación delante de diana, al ver que venía, hacerlo en ese momento, para hacer que se sintiera más humillada.

Diana se había ido desnuda a cuatro patas para traer una bolsa con la boca, cuyo interior estaban su collar con su cadena, las anillas, los vibradores, las pulseras y los anillos de esclava.

Fue aparecer diana, trayendo la bolsa, que al llegar a ponerse delante de Patricia para dejar la bolsa y besar sus pies en señal de respeto, obediencia y sumisión.

Patricia, miró a Sandra, y ésta se la tragó cerrando su boca, que seguía de rodillas abriéndose de piernas con las manos detrás de la espalda y con su mirada a los pies de Patricia.

Pero como diana estaba delante de ella, sólo podía ver las plantas de los pies sucias de diana, que por cierto eran muy bellos, haciendo que se mojara las bragas y babeara por la boca.

Patricia se dio cuenta que Sandra, mirando hasta hace unos minutos al suelo y a sus pies, ahora miraba las plantas sucias de diana, y que estaba muy excitada y cachonda perdida.

Dedujo que Sandra era fetichista de pies femeninos, y qué al vivir con ella, estaba excitada y cachonda perdida por lamérselos, así que estuvo pensándolo con detenimiento, mientras que comenzaba a ponerle los anillos en los dedos de los pies, luego la tobillera en la pierna izquierda, el brazalete en el brazo izquierdo y la pulsera en la muñeca izquierda.

A fuerza de ordenarla lamer sus pies como los de las otras Amas como Nairi, Naibi, Martha, Zoe, Susan, y María. La habían convertido en una adorada de pies femeninos. La pregunta sería, ¿Le gusta ser esclava de una Ama Negra o asiática, o de otra raza? –se preguntó Patricia.

Hasta la fecha, no había hablando sobre los gustos de Sandra, ya que hasta este día no se había fijado tanto en ella, pero después de verla lamer sus pies con tanta pasión y placer, la hacía pensar que había algo más.

Entonces, la esclava se puso abriéndose de piernas, con las manos detrás de la espalda, mientras su Ama, le ponía las anillas en los pezones con sus cadenas y las anillas en los labios vaginales, terminando por ponerle el collar al cuello, y enganchando la cadena.

–¡Ábrete de piernas, esclava! –ordenó Patricia, observando como diana, se abría de piernas como cuando un hombre va a meterle la polla, es una postura intima, morbosa y excitante para todas las mujeres, pero ante público es humillante y denigrante, así que le metió las pollas en su coño y en su ano, que se pusieron en marcha, comenzando a gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer.

–Veo que los has echado de menos, esclava. –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia, estaba excitada de volver a ponérmelo desde esta mañana. –dijo la esclava negra.

–¡Ponte en posición, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra, pero Patricia, le dio un par de guantazos en sus mejillas.

–¡Hablas cuando te lo ordene, esclava! –dijo Patricia.

diana se puso de rodillas, abriéndose de piernas con las manos detrás de la cabeza con la mirada a los pies de su Ama Patricia.

Sandra no quitó ojo de todo el momento especial de la manera como le ponía el collar, las anillas, las pulseras, los anillos y los vibradores, mientras se humillaba ante ella, excitándose perdidamente como una puta zorra.

–¿Te gustan los pies de diana, Sandra? –preguntó Patricia, mientras la miraba atentamente.

–Si, me gustan, son muy bonitos, y sexis, mi Ama Patricia. –respondió ella, que estaba abriéndose de piernas con las manos detrás de la cabeza, y corriéndose de placer al decirlo delante de diana.

–No sé a qué esperas, esclava. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –dijo Sandra, poniéndose detrás para comenzar a lamerle los pies a diana y a chupárselos, dejándoselos limpios durante un rato. Eso puso a diana, muy cachonda perdida, excitada corriéndose al sentir el placer de lamerle y chuparle sus pies por parte de otra persona.

Patricia, para normalizar la situación comenzó a hablar sobre el día que había pasado diana en el hospital.

–¿Sabes lo que me ha contado mi esclava, sandra? –preguntó Patricia.

Sandra puso atención a lo que le estaba hablando Patricia, sabiendo ella, que estaba lubricando, manchándose las bragas de sus fluidos vaginales, pero sin dejar de lamer y chupar los pies de diana.

–Antes de decirme lo que sentía sexualmente, su tendencia sumisa, durante varios días, estuvo sintiéndose excitada y poniéndose cachonda perdida, hasta que me dijo que sentía una sumisa, una esclava de mierda más y una puta zorra, y que quería experimentarlo como tal. –dijo Patricia.

Sandra, no sabía nada, estando excitada y cachonda perdida, limpiando los pies de diana con su lengua. Patricia, sabía que hablar de esto, ponía a Sandra, locamente cachonda perdida de placer y de gusto, porque pensaba que era una esclava reprimida de mierda.

–Antes de contármelo, se puso el collar con la cadena junto con las anillas y todo lo demás. Me ha contado que se encontró con varias Amas dominantes, dentro del hospital, las cuales la reconocieron por llevar el collar y las pulseras en la pierna izquierda. –dijo Patricia.

–Estuvo saludándolas, y siendo humillada y denigrada por ellas. –dijo Patricia.

–Si, además, estuvo lamiendo sus pies, botas y la mearon en la boca y cuerpo. –dijo Patricia.

–¿Y eso no le molesta si es tu esclava? –preguntó Sandra, dándose un respiro para seguir lamiendo sus pies.

–No, para nada. –dijo Patricia.

–Depende de la Ama dominante, unas lo permiten por cumplir el protocolo, mientras que otras lo rechazan y no lo permiten, sandra. –respondió Patricia.

–Además, no sé si has leído el manual del pack de esclava que te regalaron, pero en la última nota, pone qué si el collar lleva el nombre puesto de la esclava grabado, la Ama/o que se la encuentre no puede quedársela. –dijo Patricia.

–Puede usarla brevemente por el protocolo, pero es intocable. –dijo Patricia.

–Pero sí, además, lleva la marca grabada en su collar del nombre de su Ama, no la pueden tocar, sólo saludarla cuando ella hace la reverencia y besar sus pies, poniéndose de rodillas, pero no pueden pasar de ahí. –dijo Patricia.

–Ya has terminado de limpiarle los pies a diana, y has disfrutado mucho lamiéndoselos, así que párate, esclava. –ordenó Patricia, que estaba viendo como disfrutaba Sandra con los pies de su esclava.

–No tenía ni la menor idea de eso. –dijo Sandra.

–¡Acércate y míralo por ti misma! –ordenó Patricia.

–Antes te lo he dicho, pero ahora lo vas a ver con tus ojos. –dijo Patricia.

Yo me levanté obedeciéndola sin rechistar, y excitadamente cachonda, para ver su grabado de su collar en el que ponía “esclava diana, propiedad de su Ama Patricia.” Y miré en su espalda para ver la marca P, grabada en su cintura, dejando claro que nadie la tocaría más, sería su esclava hasta que ambas quisieran por mutuo acuerdo.

–Es bueno conocer esas cosas. –dijo Sandra.

–Pues, viene en la caja, si curioseas al menos, léelas. –dijo Patricia.

–Y si tiene su nombre como he visto “esclava diana propiedad de Ama con un espacio en blanco” ¿Qué es lo que puede pasarle? –preguntó Sandra, con curiosidad para asegurarse bien, aunque ya lo había dicho antes.

–Significa que es una esclava novata que está en aprendizaje, y que aún no tiene Ama, por lo que, si se la encuentran otras Amas, pueden adiestrarla y someterla para enseñarla a ser una buena esclava. –dijo Patricia.

–Eso le pasó a diana esta mañana en su trabajo que se encontró con dos Amas y una chica que puede ser Ama o sumisa, aunque por lo que me ha contado ella, sería una sumisa, porque le estuvo lamiendo sus pies, chupando su vagina y sólo se corría como una puta zorra más, guardando silencio. –dijo Patricia.

–Entiendo, gracias por decírmelo. –dijo Sandra.

–Bueno, ve a traerme un postre, Sandra. –ordenó Patricia, con una sonrisa.

–Ya de paso tráete otro para ti, y otro para diana. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia, como ordene. –respondió Sandra, levantándose de la mesa para ir a por los postres, mientras que Patricia se fijaba en los fluidos vaginales que caían por los muslos desnudos de Sandra, dándose cuenta de lo excitada que estaba y lo cachonda perdida que se encontraba.

–Me ha encantado que hicieras esas hamburguesas para la cena, su sabor era muy deliciosa, y creo que tú has disfrutado muchísimo, comiéndotela del suelo masticada, esclava. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava negra, mientras llegaba Sandra con los tres postres para dejárselos en la mesa donde estaba Patricia con las cucharas.

–Aquí, están. –dijo Sandra, volviendo a su lugar para ponerse de rodillas doblando sus piernas como sentándose con las manos detrás de la espalda, sin decir nada.

Patricia, cogió uno de los postres para abrirlo y comenzar a comérselo hasta que terminó, deleitándose de placer por lo delicioso que estaba.

Mientras que Patricia terminaba de tomarse el postre para ponerse a comer el otro de diana y escupírselo en el suelo y en la boca para que ella se lo comiera con mucho placer. Después, abrió el postre de Sandra, y se acercó a ella para acercarse a su boca, mientras que Sandra abría la boca. Patricia escupió el postre masticado para que ella se lo fuera comiendo.

Otra parte del postre la escupió en el suelo para que Sandra se la comiera, lamiendo el suelo, mientras que diana estaba comiendo y lamiendo el postre del suelo.

En ese momento, sonó el teléfono de Sandra, que se levantó para cogerlo y preguntar quién era, pidiendo permiso a Patricia.

–¿Quién es? ¡Dígame! –preguntó Sandra.

–Soy yo, Yolanda. –dijo ésta.

–Ya he llegado a casa, he cenando y quería decirte lo que me ha ocurrido cuando desaparecí esta mañana.

Patricia se puso al lado de Sandra, escuchando su historia.

–Resulta que estaba en el baño, y al darme la vuelta estaba Zoe, me besó en la boca, mientras me metía los dedos en mi vagina, follándomela. –dijo Yolanda.

–Eso hizo qué lubricada mis fluidos vaginales como una zorra, mientras que me besaba, y al separarse me mordió el labio, entonces hizo que me corriera en su mano, y como una puta me corrí. –dijo Yolanda.

–Me puso la mano y sus dedos en mi cara, restregándomelos para meterlos en mi boca, pero estaba tan excitada que comencé a lamérselos y a lamer su mano, limpiando mis fluidos vaginales. –dijo Yolanda.

–Me ordenó que me arrodillara y me empezó a darme guantazos hasta que mis mejillas estuvieron rojas, ordenándome lamer su coño, hasta correrse en mi boca que me ordenó tragármelos todos y limpiarle su vagina con la lengua. –dijo Yolanda.

–Eso, me provoco otro orgasmo y me corrí como una zorra, pero comenzó a mearse por toda mi cara, mi cabeza y cuerpo, manchándome la ropa y terminar meándose en mi boca.

–Me puso la correa de mi falda al cuello y tiró de mi como una perra, haciéndome salir desnuda por el aparcamiento de rodillas a cuatro patas, mientras me daba azotes en mi culo, poniéndomelo rojo. –dijo Yolanda.

–Luego al llegar a su coche, me rompió mis medias que llevaba un panti, y me ató los pezones por detrás, mientras que me metió las bragas en mi boca empapada por mis fluidos, y comenzó a orinar de nuevo con ellas dentro, por lo que me ordenó que tragara toda la orina y que luego chupara las bragas hasta que se secaran. –dijo Yolanda.

–Me ordenó limpiarle sus botas y pies con mi lengua y me dejó en la puerta de mi casa, que le llevó como a su perra, viéndome algún vecino, humillándome y denigrándome. –dijo Yolanda.

–¿Y cómo te sientes después de obedecer a tu Ama Zoe? –preguntó Sandra.

–Estoy excitada y cachonda perdida, rememorándolo todo en mi cabeza. –dijo Yolanda.

–¿Mi Ama Zoe? –preguntó Yolanda a Sandra.

–Estoy confusa, por todos estos sentimientos y emociones nuevos, que tengo. –dijo Yolanda

–¿Lo estás meditando, pensando para aceptarlo o no? –preguntó Sandra.

–Sí, llevo toda la tarde, pensándolo y estoy excitada, y cachonda perdida, pensando en las escenas en las que me humilla, me denigra y me trata cruelmente. –dijo Yolanda.

–¡Además, abrí el pack de esclava del Club Nocturno! –dijo Yolanda.

–Desde que fui, cuando me enviaron esa invitación, lo había guardado encima del armario de mi habitación. –dijo Yolanda.

–¿Sólo lo has mirado? –preguntó Sandra.

–Si, visto y leído. –respondió Yolanda.

–¿Cómo estás tú? –preguntó Yolanda.

–Pues, se lo he confesado a Patricia, aunque fue a regañadientes. –dijo Sandra.

–Me está aconsejando muy bien. –dijo Sandra.

–¿Crees que puedo hablar con ella? –preguntó Yolanda.

Patricia, estaba escuchando la conversación para hacerle señas a Sandra, para que le pasara el teléfono, dándole ésta el móvil para ponerse para hablar con ella.

–Hola, Yolanda. –dijo Patricia.

–Hola, Patricia. –dijo Yolanda.

–¿Puedes ayudarme, por favor? –preguntó Yolanda.

–Si, claro. –respondió Patricia.

–He estado escuchando la conversación ya que estaba sentada al lado de Sandra, así que estoy al corriente con detalle sobre lo que te ha sucedido. –dijo Patricia.

–Si, me ha dicho Sandra, que la estás aconsejando y ayudando. –dijo Yolanda.

–Te cuento, tú estuviste en la cafetería cuando Sandra, se presentó ante Nairi, Zoe, Martha, Susan y violeta. –dijo Patricia.

–También, viste con tus ojos, lo que es ser una esclava sexual. –dijo Patricia.

–Te excitaste cuando lo de la cafetería, pero luego más tarde en el baño, Zoe te sedujo sexualmente, pero no lo rechazaste ni dijiste nada en absoluto. –dijo Patricia.

–¡Déjame en paz, que no quiero hacer esto! –dijo Patricia.

–Lo que quiero decirte es que te gustó, y no pudiste decir que no, a algo que te excita y te pone cachonda. –dijo Patricia.

–Entiendo, lo que dices. –dijo Yolanda.

–Mira, yo soy Ama dominante, porque me excita y me pone cachonda perdida ver humillaciones, vejaciones y denigraciones. –dijo Patricia.

–Sentirlas, vivirlas en mis propias carnes, pero desde el otro lado, porque disfruto haciéndolo, como me supongo que disfruta Nairi, Zoe, Martha, Susan y violeta.

–¿Y qué puedo hacer? ¿Me voy de la empresa? ¿Huyo de mi casa? ¿Desaparezco, yéndome a vivir a otra provincia? –preguntaba Yolanda, nerviosa, alterada y casi, llorando por todo.

–No, mujer no. –dijo Patricia.

–¡Cálmate, y hablemos de todo! –respondió Patricia, viendo que Yolanda, estaba bastante desequilibrada, y que podía hacer una tontería.

–¡Voy para tu casa, Yolanda! –dijo Patricia.

Patricia, se fue a la habitación para vestirse, meter la comida, pero antes se fue a la habitación de Sandra, para llamarla para que ésta fuese. Sandra entró por la puerta para ver que Patricia tenía el collar y sus cosas en sus manos, qué al verlas, Sandra se desnudó, quitándose la camiseta y las bragas para ponerse abierta de piernas delante ella.

Patricia fue poniéndole las anillas, el collar con la cadena, las pulseras hasta los vibradores, dejándola lubricando sus fluidos al momento de ponérselo todo.

–¡Ponte las bragas y la camiseta o el pijama, Sandra! –ordenó Patricia, yéndose de la habitación para ir a salón para decirle a diana que se fuera al trabajo que ella tenía que ir a hablar con Yolanda, una amiga que no se encontraba bien.

–¿Qué es lo que ha pasado? –preguntó diana.

–Te pido perdón por haberte lamido y chupado tus pies sin pedirte permiso, Diana. –dijo Sandra.

–Esta vez, porque te lo ha ordenado Patricia, pero la próxima vez, me lo pides como corresponde, Sandra. –dijo Diana, viendo tan sumisa y obediente a Sandra, dándose cuenta que le gustaba ser esclava de una mujer de raza negra o de otra nacionalidad.

–Si, Diana. –dijo Sandra.

–Lo que tú me ordenes, yo obedezco. –dijo Sandra.

–Ya me ha dicho Patricia que vas a ser la esclava del piso, así que vas hacer todo, limpiar la casa, lavar la ropa, cocinar y comprar la comida. –dijo Diana.

–Si, es verdad. –dijo Sandra, sumisamente.

–Lo que no sabía era que te gustaba lamer y chupar los pies de una mujer negra tanto de Patricia como los míos. –dijo Diana.

–Qué sepas que me he corrido de placer mientras me lamías y me chupabas los pies. –dijo Diana.

–Además, me gusta tener a una esclava y perra blanca como tú, Sandra. –dijo Diana.

–Yo también, me he excitado y me he corrido de placer. –dijo Sandra, poniéndose colorada y roja de vergüenza.

–Dime que es lo que ha sucedido, y por qué Patricia, se ha tenido que ir a casa de Yolanda. –preguntó Diana, que le seducía tener a Sandra como una esclava y perra blanca.

–¡Vale! –dijo Sandra.

–Te cuerdas que cuando me dijiste que ibas a ponerte el collar, las anillas y las pulseras, ¿Ibas a llevarlas puestas en el trabajo? –preguntó Sandra.

–Sí, y lo hice, me puse muy excitada y cachonda. –dijo Diana.

–Pues, yo hice lo mismo al escucharte, y me excité muchísimo, pero me reconocieron cuatro Amas, que me humillaron, denigraron y me vejaron. –dijo Sandra.

–Otras, pues cómo me sucedió a mí. –dijo diana.

–Pero resulta qué en la cafetería, donde me sometieron, una de las Amas llamada Ama Zoe, que es compañera nuestra de la facultad, resulta que es Ama dominante, y se fijó en Yolanda. –dijo Sandra.

–Puff,…Si que es puñetera la vida.

–Pues, resulta que la esperó a la salida del trabajo, y cuando entró en el baño la sedujo de manera erótica, metiéndole los dedos en su vagina, y follándola, mientras la besaba, luego le hizo lamer y chupar sus dedos junto con su mano, para luego hacerla arrodillarse y comerle su coño, pegándolas guantazos. –dijo Sandra.

–Si, que le dio caña para su primera vez, y no llevaba collar ni sabía nada del tema. –dijo diana, un poco molesta por ello.

–¿Y tú cómo lo llevas? –preguntó diana.

–Estoy excitada y cachonda perdida, rememorando todo lo que me hicieron mis Amas Nairi, Ama Naibi, Ama María. –dijo Sandra.

–La verdad que te dieron mucha marcha está mañana, y que estoy segura que estás como yo, al igual porque me encontré también con tres Amas, así que he estado corriéndome todo el día sin parar de placer. –dijo Diana.

Diana se fue a vestirse para irse a trabajar al Hospital, poniéndose los zapatos con la falda y una blusa junto con una chaqueta larga pasando de las rodillas para protegerse del frío.

La verdad que Diana estaba impresionante con esa ropa nadie diría que fuese una esclava y perra negra propiedad de su Ama Patricia. Se puso delante de Sandra, como mostrando sus zapatos, y dando una vuelta para que ella, la viera.

Tenía sus zapatos sucios, del otro día, así que vio la oportunidad de probar a Sandra como le había dicho su Ama Patricia.

–He notado que te has fijado en mis zapatos, que por cierto los tengo sucios, Sandra. –dijo Diana, sentándose en el sillón, poniendo sus zapatos delante de ella.

–¡Tienes permiso para limpiarme los zapatos, esclava! –dijo Diana.

Sandra miró a los ojos y luego a sus zapatos, e hizo la reverencia para comenzar a lamer sus zapatos con su lengua, mientras observaba como limpiaba sus zapatos a la orden que le había dado a Sandra.

–¡Pon las manos detrás de la espalda, esclava! –ordenó Diana, sintiéndose poderosa.

–Si, mi Ama Diana. –respondió la esclava blanca, dándole una bofetada en la cara.

–Hablarás cuando se te ordene, esclava. –dijo Diana.

–De momento, saca tu lengua de cerda y limpia, esclava. –ordenó Diana.

Diana pasaba la suela de sus zapatos por la lengua de la esclava, limpiando sus zapatos para meterle el tacón, haciéndoselo chupar hasta que le dejó los zapatos limpísimos como los chorros del oro.

Diana no perdió la oportunidad y se descalzó para ponerle los pies en su cara, restregándoselos hasta que ella, misma sacaba la lengua para que Diana se limpiara las plantas de sus pies, y que comenzara a meterle los dedos de sus pies negros.

Sandra estaba excitadísima y cachonda perdida con los vibradores funcionando con sus anillas, que se tensaban, poniendo sus pezones erectos y duros, gimiendo como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer.

Estuvo durante un buen rato, lamiendo y chupando sus pies negros hasta dejárselos totalmente limpios, pero Diana estaba disfrutando de ese placer, excitándose y poniéndose cachonda perdida.

Diana apartó sus pies de la boca de Sandra para con uno de ellos, echarla hacía atrás.

–¡Para, esclava! –ordenó Diana.

–Deja de lamer, ya tanto mis pies, que has sacado todo el sudor y sabor de ellos, dejándomelos limpios totalmente. –dijo Diana.

–¡Abre la boca, y no la cierres, esclava! –ordenó Diana, excitadísima, para ponerle su coño en su boca.

–¡Lame mi coño, esclava! –ordenó Diana que se había sacado los vibradores para tener sexo vaginal con Sandra.

Sandra lamía y chupaba su coño, tragándose sus fluidos vaginales, mientras Diana comenzaba a gemir de placer, teniendo una serie de orgasmos consecutivos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

Mientras que Sandra al tener los vibradores y ser sometida por Diana, excitada y cachonda perdida, estaba corriéndose como Diana, gimiendo de placer, mientras lamía y chupaba el coño de ella. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer.

Una vez que se corrieron de placer, Diana comenzó a mearse por la cara, cabeza y cuerpo de Sandra, hasta que se la puso en la boca para que se tragara su orina que excitada perdida y ansiosa por beberla, tragaba con placer saboreando su sabor, textura e intensidad, lamiéndole el coño detrás para dejárselo limpio.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Diana, levantándose para tirar de la cadena de la esclava, haciéndola caminar detrás de ella como una perra en celo. Estuvo dando vueltas por toda la casa, haciéndola caminar como una perra por toda la casa, para que se acostumbrara.

–Me tengo que ir, esclava. –dijo Diana.

–Espero que te haya gustado todo, y que lo hayas disfrutado, esclava. –dijo Diana.

Diana se puso delante de la esclava, para que esta hiciese una reverencia para besar sus zapatos y lamerlos en señal de respeto, obediencia y sumisión. Después de eso, se marchó, dejando a Sandra de rodillas con las piernas abiertas y las manos detrás de la cabeza.

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