Xtories
Dominaciónnov 2023

La perversión me sedujo 9

En otro sitio, y en otro lugar, Patricia tocaba la puerta de Yolanda para que ésta la abriese. –Hola, Patricia. –dijo Yolanda. –Hola, Yolanda. –dijo Patricia, entrando a su apartamento con sus cosas del trabajo. –¿Cómo te sientes ahora?…

piesitos5K vistas8.8· 5 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

En otro sitio, y en otro lugar, Patricia tocaba la puerta de Yolanda para que ésta la abriese.

–Hola, Patricia. –dijo Yolanda.

–Hola, Yolanda. –dijo Patricia, entrando a su apartamento con sus cosas del trabajo.

–¿Cómo te sientes ahora? –preguntó Patricia.

–Algo mejor que estás aquí. –respondió Yolanda.

–¿Quieres que te salude como Ama? –preguntó Yolanda, algo confusa y nerviosa por ello.

–No tienes porque si no quieres, Yolanda. –dijo Patricia.

–¿Eres sumisa? –preguntó Patricia.

–No lo era ayer ni esta mañana, hasta que me encontré con mi Ama Zoe. –respondió Yolanda.

–Luego, después, ya no sé lo que soy, porque estoy excitada y cachonda perdida, rememorando todo en mi mente. –dijo Yolanda.

–Quiero decirte que no es tu Ama Zoe, ni es tu dueña, ni tú eres su esclava y mucho menos su perra blanca. –dijo Patricia.

–Primero, porque no llevabas el collar como llevaba Sandra o como llevaba teresa. –dijo Patricia.

–Has descubierto el BDSM, por las malas, como suelen decirlo. –dijo Patricia.

–Has practicado juegos de dominación y sumisión con una amiga de tu facultad, que es Ama dominante, pero que las cosas no se hacen así. –dijo Patricia.

–Lo que te quiero decir es que si tú, te sintieras sumisa, como una esclava sexual, pero no lo supieras conscientemente y una amiga Ama, se lo dices y decides jugar con ella, pues muy bien. –dijo Patricia.

–Pero eso de pillarte por la espalda a traición, no está bien. –dijo Patricia.

–Si quieres hablo con ella para que te deje en paz. –dijo Patricia.

–Lo más importante es saber ¿Cómo te encuentras tú? –preguntó Patricia.

–¿Qué sientes sobre lo que hiciste? ¿Sí te gusto o no? ¿Disfrutaste? ¿Tenías tendencias sumisas antes de eso o ya las tenías y no lo sabías? –preguntó Patricia.

–Me siento confusa, tengo sentimientos y emociones contradictorios. –dijo Yolanda.

–Me siento excitada y cachonda, perdida al rememorarlo en mi mente. –dijo Yolanda.

–Disfrute y me gustó muchísimo, porque mírame. –dijo Yolanda, mostrándole sus bragas.

–Las tengo empapadas y estoy activa sexualmente toda la tarde. –dijo Yolanda.

–Lo piensas mal, Yolanda. –dijo Patricia.

–¿Cómo que lo pienso mal? –¿Qué es lo que hago mal? –preguntó Yolanda, desconcertada.

–Mira, eres una mujer activa, sexualmente como todas lo somos. –dijo Patricia.

–Has descubierto un nuevo tipo de placer y tu vagina está más feliz que una perdiz. –dijo Patricia.

–Has estado corriéndote toda la tarde, y te sentías mal sin razón. –dijo Patricia.

–¿Qué hay de malo en que te guste las humillaciones, las denigraciones y las vejaciones? –preguntó Patricia.

–Nada, no hay nada. –dijo Patricia.

–Las has descubierto de mala manera, pero no tiene que ser así. –dijo Patricia.

–Te voy a mostrar cómo se hace, Yolanda. –dijo Patricia.

Patricia, se acercó a la boca de Yolanda para darla un beso, luego otro, besarla por el cuello, por la oreja, quitándola la blusa para morder con sus dientes sus pezones, pegando un gemido de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Mientras, llevó su mano a su vagina para introducir sus dedos para follarla hasta meterle toda su mano. Yolanda gemía como una puta zorra. Mientras que con la otra mano la masajeaba y pellizcaba sus pezones, haciéndola gemir de locura. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Hasta que pasaron unos veinte minutos, provocándola una serie de orgasmos consecutivos, haciéndola gemir como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Patricia sacó su mano pringada por sus fluidos vaginales para ponérsela en la cara, y limpiándose con su cara, pasando por su boca, hasta que ella misma abrió la boca, sacando la lengua para lamerla hasta que lamía las manos, y chupaba sus dedos, durante varios minutos hasta dejársela limpia, pero ella seguía lamiéndola y chupándola hasta que se la quito de su boca para romperle el sueño.

–Ya la has lamido completamente, zorra. –dijo Patricia.

–Ahora, quiero que me lamas otra cosa. –dijo Patricia, poniéndola su vagina delante de ella.

Yolanda no se lo pensó dos veces, metió su boca en la vagina de Patricia para ponerse a lamerla y a chuparla, con necesidad y pasión hasta que, pasados unos minutos, Patricia iba a correrse, pero se retiró aguantando el placer.

Yolanda, quería acercarse para lamer y chupar más, mientras que ella estaba corriéndose sintiendo un placer que no había sentido antes. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Patricia la cogió del pelo, tirándola hacia arriba, apartándola de su coño, unos centímetros para sacar la lengua intentando lamer su coño.

–¿Quieres que me corra en tu boca? -preguntó Patricia.

–Si, por favor, por favor. –decía Yolanda, excitada y cachonda perdida.

–¿Por favor qué más? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia, por favor mi Ama Patricia, se lo suplico mi Ama Patricia. –respondió Yolanda.

–Pero detrás de esto tienes que pensar lo que eres. –dijo Patricia, dejando que lamiese su coño, mientras se corría en su cara.

Yolanda lamía y chupaba su vagina, tragándose todos sus fluidos vaginales, mientras que otros bajaban por su cara y cuerpo, dejándola pringada con su corrida. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Eso hizo que ella, comenzara a correrse nuevamente, mientras soltaba sus fluidos vaginales por sus piernas, pero al estar de rodillas, abriéndose de piernas como una puta zorra, rozando su coño con el suelo, mientras se lo restregaba sintiendo placer como una perra en celo.

Patricia comenzó a orinarse en su cara, en su cabeza y por todo su cuerpo desnudo, para comenzar a correrse de placer y de lujuria como una puta zorra de mierda –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Hasta que dejó su coño en la boca de ella, para que se tragara todo el resto de su orina para pocos después lamerla para limpiarse su coño como una buena perra que era.

Yolanda, gemía de placer arrodillada con sus piernas abiertas, espatarrada, toda llena de los fluidos de Patricia y de su orina, gimiendo de placer unos minutos más hasta que se le regulaba la respiración, jadeando para coger aire. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Patricia se sentó en la silla, para cruzar sus piernas, subiéndose la falda, dejando su bota cerca de Yolanda. Ésta comenzó a besar la bota para poco después comenzar a limpiársela con la lengua, hasta dejarla totalmente limpia, incluyendo la suela sucia de caminar por el suelo.

–Ahora, sólo queda preguntarte, ¿Qué es lo que te ha gustado? ¿Quién eras? ¿Y qué eres ahora?

–Me ha gustado lamer y chupar la mano, el coño, las botas y todo lo demás, mi Ama Patricia. –dijo Yolanda.

–Soy una chica que se llamaba Yolanda, y ahora soy una esclava y perra blanca, mi Ama Patricia. –dijo Yolanda, haciendo la reverencia para besar sus botas, para lamerlas y chupárselas con placer y sumisión.

–Pues, si eres una esclava y perra blanca, empieza por descalzarme, y comienza a darme un masaje de pies, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia, soy su esclava y perra blanca, para servirla y obedecerla. –respondió la esclava, quitando las botas de su Ama, para comenzar a darle masajes con su lengua, lamiendo y chupando el sudor de sus pies, mientras olía el olor de sus pies, excitándose y poniéndose muy cachonda perdida.

–Muy bien, esclava. –dijo Patricia.

–Así me gusta, que seas, esclava. –dijo Patricia, observando como Yolanda iba aceptando su esclavitud y reconociendo que era una esclava blanca.

–Las esclavas le cuentan todo lo que hacen a sus Amas, así que esclava. –dijo Patricia.

–¿Qué me tienes que contar durante este día? –preguntó su Ama.

–He sido sometida y dominada por una compañera de clase llamada mi Ama Zoe, que me denigró, me humilló y me vejó. –dijo Yolanda.

–¿Te ha gustado y has disfrutado, esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

–Me ha gustado y lo he disfrutado como una puta zorra que soy, mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

–Me alegra, entonces, esclava. –dijo Patricia.

–Sigue lamiéndome y chupándome los pies, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

–Se que te gusta y te excita que te llame esclava y que me llames Ama, esclava. –dijo Patricia.

–Pero, sólo se te permite hablar cuando te lo ordene, esclava. –dijo Patricia.

La esclava iba lamiendo sus pies, y limpiándolos de toda suciedad como una buena perra, además, de chupar los dedos, lamiendo el espacio entre cada dedo, en donde se acumula la suciedad.

Yolanda se sentía muy humillada y denigrada, excitándose y poniéndose cachonda perdida como una puta zorra de mierda.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia.

Patricia, fue escupiéndole dentro de su boca, en su cara y pechos, hasta que su boca estaba llena, para decirle que se los tragara y volviera abrirla, mientras que cogió algo para comer de la casa de su esclava.

Patricia iba comiendo y masticando, para escupir comida al suelo, que inmediatamente su esclava iba a cuatro patas para comérsela. Una y otra vez hasta que cogió practica en ello, así que cambio de táctica, escupiéndosela dentro de su boca con saliva y escupitinajos.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Patricia.

–Así, me gusta que seas fiel, obediente y servicial, esclava. –dijo Patricia.

Me voy a tener que irme a trabajar, pero vas a traerme tu pack de regalo, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Patricia, yéndose a por la caja de esclava para llevársela a su Ama y dueña Patricia.

–¡Veamos, ábrete de piernas, esclava! –ordenó Patricia.

La esclava se abrió de piernas, para que su Ama, fuera poniendo los anillos en sus dedos de sus pies, la pulsera en su tobillo izquierdo. Detrás fue poniéndole las anillas en sus labios vaginales, mientras pegaba un gemido de dolor. A continuación, comenzó a ponerle los vibradores vagina y anal, poniéndose en marcha para comenzar a gemir como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra.

Entonces, le puso las anillas en cada pezón, gimiendo de dolor y de placer como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la puta zorra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta zorra. Para terminar, poniéndole, su collar enganchándole su cadena a él.

Patricia se levantó, tirando de su cuello, por medio de la cadena, haciéndola caminar detrás de ella, como si fuera una perra.

–Vamos, siéntate, esclava. –ordenó Patricia.

–¡Agáchate, esclava! –ordenó Patricia.

–¡Levanta la pata, esclava! –ordenó Patricia.

–¡Túmbate, esclava! –ordenó Patricia.

–¡Revuélcate en el suelo, esclava! –ordenó Patricia.

Patricia, cogió una pelota y se la tiraba al otro lado del salón, llegando al pasillo, para decirle.

–¡Tráele la pelota a tu Ama y dueña, esclava! –ordenó Patricia.

La esclava se la traía y ella se la tiraba, una y otra vez, entregándosela en la palma de su mano hasta que se cansó, para levantarse para mirar su collar, y grabarle su nombre.

“–esclava Yolanda propiedad de……..”

–Te he grabado en el collar, esclava Yolanda propiedad de……. –dijo Patricia.

–Con eso, podrás ser humillada, denigrada y vejada por cualquier Ama que te cruces, pero estarás protegida de que no puedan esclavizarte y que seas de su propiedad. –dijo Patricia.

–¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –respondió la esclava.

–Si te añadiera propiedad de mi Ama Patricia, por ejemplo, ninguna Ama/o con la que te cruzaras, ninguna te haría nada. –dijo Patricia.

–Sólo, se te permite saludarla con la cabeza con una reverencia y nada más. –dijo Patricia.

–No lo sabía mi Ama Patricia. –dijo Patricia.

–¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –dijo la esclava.

–Bueno espero que te haya ayudado, esclava. –dijo Patricia, cogiendo sus cosas para irse para que la esclava se acercara para besar sus pies y lamerlos hasta que con una patata la apartó.

–¡Aparta, esclava que estorbas! –dijo Patricia.

–¡Ladra a tu Ama y dueña, esclava! –ordenó Patricia.

–¡Guau, guau, guau! –ladró la esclava como una perra adiestrada y domada.

–Mañana, irás con todo puesto, y serás una buena puta esclava, obediente y fiel, obedeciendo a todas las Amas con las que te encuentres para que te sometan, te adiestren y te domen, esclava. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

–Espera que tengo ganas de mear, abre la boca, esclava. –ordenó Patricia.

Patricia puso la vagina en su boca para comenzar en mearla dentro de su boca, mientras ella tragaba y bebía con cada trago de su orina, saboreándolo con su olor e intensidad hasta que comenzó a mearla por encima de su cabeza, cuerpo y por el suelo un rastro de orina, dejándola por toda la habitación, como si fuera un camino que la llevara a un lugar, manchándolo todo con su orina.

–¡Límpialo con la lengua y cuando termines si tienes hambre, tiras la comida al suelo, la pisoteas con tus pies descalzos y sucios y te la comerás del suelo como una perra en celo que eres, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava.

La esclava comenzó a lamerlo todo, mientras Patricia se iba, cerrando la puerta, dejándola lamiendo el suelo hasta que después de unos 15 minutos lamió y limpio el suelo con su lengua, dejándolo limpio completamente.

Después de estar limpiando el suelo de su piso, Yolanda estaba cachonda y excitada por todo lo que había experimentado. Ciertamente, su mente aceptaba ahora hacer todas esas prácticas humillantes, denigrantes y vejatorias.

Pensaba en cómo Patricia, la había sometido y domado, poniéndole su collar con su cadena junto con los demás complementos. Durante esos momentos, le entró hambre, así que se fue a la comida para prepararse algo de comer, y como le había ordenado que lo pisoteara con sus pies, se levantó para andar por el piso, manchándose de suciedad sus pies, para que a la hora de tirar la comida y pisarla estuviera lo más humillante y denigrante posible.

En ese momento, llamó Sandra para saber cómo estaba.

–¿Qué tal estás Yolanda? –preguntó Sandra.

–Estoy bien, mi Ama Patricia me ha ayudado mucho. –dijo Yolanda.

–¿Sí? Cuánto me alegra que te haya ayudado. –dijo Sandra.

–¿Y cómo te sientes? –preguntó ella.

–Me siento bien y genial, porque hablando con ella, he aceptado y reconocido mis sentimientos y emociones. –dijo Yolanda.

–Me gusta la sumisión, y me excita ser una sumisa, y cómo me dijo que lo descubrí de muy mala manera, pero la verdad me excitaba y me pongo cachonda rememorando toda las humillación, vejación y denigración que me han hecho. –dijo Yolanda.

–¡Genial, entonces! –dijo ella.

–Además, me ha puesto el collar de esclava con la cadena y las anillas y todo lo demás. –dijo Yolanda.

–Estoy muy contenta que te hayas recuperado y qué desde la llamada, estés más calmada y más feliz. –dijo Sandra.

–Si, me ha grabado mi nombre en el collar, pero dejando el espacio de propiedad de……. porque de esa manera, soy una esclava y perra blanca, novata. –dijo Yolanda.

–Por la que puedo ser adiestrada, sometida, humillada y denigrada por cualquier Ama que me reconozca al verme, diciéndome lo que debo de hacer. –dijo Yolanda.

–¿Piensas llevarlo todo puesto al trabajo? –preguntó Sandra.

–Sí, soy una esclava y perra blanca, Sandra. –respondió Yolanda.

–Además, una vez que una Ama, te pone el collar, sólo puedes quitártelo si te lo ordena, y ponértelo si te lo ordena. –dijo Yolanda.

–¿Estabas cenando? –preguntó Sandra.

–Sí, hice una ensalada con algunos trozos de carne y patatas. –dijo Yolanda.

–¡Tiene buena pinta! –dijo Sandra.

Yolanda, puso el móvil en el suelo para que la viera, pisando con sus pies sucios la comida, tirada en el suelo.

Mientras, se ponía a comer lamiendo el suelo delante de Sandra.

–Veo que te lo estás pasando en grande, Yolanda. –dijo ella.

–Sí, son ordenes de Patricia, como con todo lo demás. –dijo Yolanda.

–¿Tú, te pondrás el collar y la cadena con todo lo demás mañana? –preguntó Yolanda.

–Si, lo tengo puesto, y así iré porque me lo ha puesto mi Ama Patricia como a ti, Yolanda. –dijo Sandra.

–Luego, vino Diana, que es su compañera de piso, y se ha venido a vivir aquí con ella. –dijo Sandra.

–No tenía ni idea de eso. –dijo Yolanda.

–Cuando me enviaste el mensaje, lo vio accidentalmente, así que me preguntó sobre ti, y sobre mí. –dijo Sandra.

–No tuve más remedio que contárselo, así me estuvo aconsejando, ayudándome, pero me ordenó que no me pusiera el collar ni las anillas ni nada sin su permiso. –dijo Sandra.

–Entiendo, pues debes de obedecerla, como tu Ama que es, ya que vive contigo en su piso. –dijo Yolanda.

–Hay otra cosa que no te he contado. –dijo Sandra.

–Diana se ha convertido en su esclava sexual, tiene su marca grabada en su espalda y su nombre grabado en su collar. –dijo Yolanda.

–No fastidies, pues mira que diana, no puede experimentar el BDSM, con nadie más que con su Ama y dueña hasta que decidan romper el acuerdo de esclavitud, a menos que le de permiso. –dijo Yolanda.

–No como nosotras, que podemos ir al trabajo y dejarnos someter por Nairi, Naibi, Zoe, Susan, María y Martha. –dijo Yolanda, excitada y emocionada, mientras comía su comida del suelo y lamía el suelo como una perra en celo.

–Además, tengo que decirte que soy la esclava de ellas en casa. –dijo Sandra.

–¿Cómo que eres su esclava? –preguntó Yolanda.

–Si, me excita mucho ser esclava de una mujer negra. –dijo Sandra.

–Y cómo Patricia, lo percibió al verme excitada, me ordenó lamerle y chuparle los pies a Diana, que es su esclava, pero al estar vestida como una Ama ante de irse, me deje someter por ella, llamándola Ama Diana, lamiendo sus pies, zapatos que estaban muy sucios, comerle su coño con sus fluidos, escupitinajos en mi boca y se meo en mi cara, boca y por todo mi cuerpo. –dijo Sandra.

–Y me gusto serlo, Yolanda. –dijo Sandra.

–Bueno, si te gusta adelante, vivirás con dos Amas en el piso a las que tendrás que obedecer y respetar con esclava suya que eres. –dijo Yolanda.

–Bueno, te dejo que mañana tenemos trabajo. –dijo Yolanda, cortando la videollamada.

–Vale, nos vemos mañana. –respondió Sandra, pensando en lo rápido que había avanzado todo.

Recibió un mensaje de Patricia, diciendo que había solucionado lo de Yolanda, y que todo estaba bien. A parte de preguntarla si diana, había salido de casa, por lo que Sandra, le respondió afirmativamente.

–Con las prisas, ¿No me tenías que preguntar algo, Sandra? –preguntó Patricia.

–La verdad que sí, ¿Voy con el collar, las anillas y las pulseras al trabajo mi Ama Patricia? –preguntó Sandra.

–Para eso te los he puesto antes de irme a casa de Yolanda, así que obedece, esclava. –dijo Patricia.

–Hemos dejado la bañera con nuestra agua sucia, después de bañarnos tanto yo como Diana, así que báñate con ella, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Sandra.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía de risa Patricia.

–Así que obedéceme, esclava. –dijo Patricia, para colgar la videollamada, pero Sandra, lanzó una última pregunta.

–¿Qué pasa si me encuentro hoy con mis Amas? ¿Mi Ama Nairi, mi Ama Naibi, mi Ama Zoe, mi Ama Susan, mi Ama Martha, mi Ama María? –preguntó Sandra, algo preocupada.

–Me ordenaron qué si me las encontraba, debía de arrodillarme y besar sus pies, haciendo una reverencia para saludarla. –dijo Sandra.

–Las obedeces y acatas sus órdenes como una esclava y perra blanca que eres. –respondió Patricia.

–Les dices que tu Ama Patricia que vive contigo, te lo ha ordenado. –dijo Patricia.

–No permito que te humilles ante nadie sin mi permiso, por muy salida que estés, por muy cachonda perdida que estés. –dijo Patricia.

–Te pusiste un collar con una cadena de esclava, unas anillas perforando tus pezones, y tus labios vaginales, junto con unas pulseras y anillos. –dijo Patricia.

–Sin, ser una esclava sexual, sólo porque estabas excitada y cachonda perdida y quería experimentarlo, sin contar que te metiste los vibradores para gemir de placer y correrte todo el día sin control alguno. –dijo Patricia.

–Quiero mostrarte y enseñarte que el BDSM es un juego con unas fantasías eróticas muy sanas, y que, aunque pueda parecer muy pervertidas, no lo son. –dijo Patricia.

–Todos esos complementos lo llevan las esclavas sexuales que adoptar ese rol, pero cuando se lo ponen sus Amas, entonces aceptan serlo, no voluntariamente como has hecho tú, a tú aire y a la bartola. –dijo Patricia.

–Tengo que decirte otra cosa me lamido los pies y limpiado con la lengua los zapatos de Diana, me he dejado someter, humillar y denigrar por ella, llamándome esclava y llamándola mi Ama Diana. –dijo Sandra.

–¿Qué has hecho qué? –preguntó Patricia, asombrada por lo que le estaba contando Sandra.

–Le he lamido y chupado su coño y se me ha meado por todo el cuerpo y he bebido su orina. –dijo Sandra.

–¿Tú sabes que Diana es mi esclava? –preguntó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –dijo Sandra.

–Pero al lamer sus pies deliciosos y sucios, me excité muchísimo. –dijo Sandra.

–Creo que soy fetichista de los pies femeninos, y los pies de las mujeres negras me excitan y me vuelven loca, mi Ama Patricia. –dijo Sandra.

–Al verla vestida con zapatos y ropa, parecía toda una Ama Negra, y al mirarla los zapatos, me excité, dándose cuenta ella que me ofreció limpiárselos de suciedad, por lo que accedí a limpiárselos con mi legua de esclava asquerosa. –dijo Sandra.

–No te había visto denigrarte así tan desesperada como estás. –dijo Patricia.

–Pues viendo tu sumisión completa ante nosotras al ser mujeres negras, vas a ser nuestra esclava y perra blanca, Sandra. –dijo Patricia.

–Diana va a dormir en tu habitación, y tú vas a dormir a los pies de su cama, como su esclava y perra blanca, Sandra. –dijo Patricia.

–Además, te quiero ver de rodillas desnuda con el collar con la cadena, las pulseras, los vibradores y las anillas puestas como esclava y perra blanca que eres. –dijo Patricia.

–Cuando llegue a mi casa, quiero que estés en la puerta para saludarnos a las dos, esclava. –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Sandra.

–Yo por mi parte, voy hablar con Diana para romper el acuerdo que tengo con ella, y voy a traer a Teresa como mi esclava a la casa, que la tengo abandonada. –dijo Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Sandra.

–Será como usted me ordene, mi Ama Patricia. –dijo Sandra.

–Así que ya sabes, medítalo bien durante todo el día, y a la noche hablamos. –dijo Patricia, colgándola que se tenía que entrar a trabajar.

Sandra se puso muy excitada y cachonda perdida de haber escuchado todo lo que le había dicho Patricia, así que estaba decidida a obedecerla, a todo lo que le había dicho. Se fue a la bañera para meterse dentro del agua sucia que habían dejado tanto Patricia como Diana para bañarse.

Sandra se metió en el agua sucia que había dejado su Ama Diana, detrás de bañarse con el agua sucia de su Ama Patricia, por lo que se bañó para limpiarse completamente todo su cuerpo.

Sandra salió de la bañera, para secarse con la toalla, para detrás, arreglarse las uñas de los pies como de sus manos. Comenzó con echarse una crema, para hidratarse los pies, para luego cortarse las uñas y limarlas, dejándolas limpias junto con las uñas de las manos.

Una vez que estaba lista, se fue a limpiar las habitaciones de sus compañeras, el salón y el baño junto con la cocina. Cogió sus cosas y las dejó en una esquina de la habitación para quitar las sábanas y la manta de la cama y dejarla en el suelo.

Por otra parte, hizo la cama para preparársela a su Ama Diana, dejándola todo lista para dormir cuando viniese. Fue a cargar el móvil, viendo que nada más cogerlo, llegó un mensaje de su Ama Diana.

–He hablado con Patricia, y hemos roto el acuerdo de esclavitud. –dijo Diana.

–Me ha contado que eres nuestra esclava y perra blanca, Sandra. –dijo Diana.

–Así que traslada mis cosas a la habitación, hazme la cama y haz la cama de tu Ama Patricia, también, esclava. –dijo Diana.

–Si, mi Ama Diana. –respondió la esclava blanca.

–Cumpliré y obedeceré todos sus deseos mi Ama Diana. –dijo Sandra, excitada y cachonda perdida.

–Su esclava Sandra, Besos en sus pies mis Amas Patricia y Diana. –dijo Sandra a las dos.

Mientras que, de ambas, llegaron dos mensajes humillantes con una burla y una risa denigrante.

–Muy bien, esclava. –dijeron las dos.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reían tanto Ama Patricia como Ama Diana.

–Nos vemos mañana, esclava de mierda. –dijeron ellas.

La noche fue tranquila, metiéndose en las mantas a las patas de la cama desnuda para quedarse pensando en todo lo que había sucedido hasta que se durmió completamente.

En cambio, en el hospital, llego Diana a los vestuarios para cambiarse de ropa, desvistiéndose para ponerse las prendas de doctora con la bata, pero varias de las compañeras, la vieron con un collar al cuello de la que colgaba una cadena, junto con unas pulseras en el tobillo izquierdo, sin contar que la vieron las anillas en sus pezones.

–Oye, diana. Tengo una pregunta. –dijo Estefanía.

–¿Por qué llevas eso? – preguntó ella.

–¿Es quizás, algo de tu cultura étnica al ser negra? –preguntó Nagore.

Diana se volvió desnuda frente a ellas, para mostrárselo a las dos compañeras.

–La verdad que me gustan los juegos y las fantasías eróticas del BDSM. –respondió ella.

–No sé, si lo sabéis lo que es. –dijo Diana.

–Ahora que lo dices, tenemos algún conocimiento sobre eso, pero lo desconocemos. –dijeron ambas.

–Pues dentro de esas siglas hay dos roles, uno es el dominante y otro es el sumiso. –dijo diana.

–Yo soy una sumisa, y por eso llevo puesto estos complementos en mi cuerpo, es decir un collar de esclava con su cadena, unas pulseras y brazalete en la parte izquierda y unas anillas, pero luego llevó dos vibradores gigantescos en mi vagina y mi ano, que están dándome placer a todas horas. –dijo diana.

–Entonces, ¿Eres una esclava sexual de alguien? –preguntaron ellas.

–Si, exactamente. –respondió Diana, excitada y cachonda por mostrarse ante ellas, tal y como era ahora.

–¿Y desde cuando eres una esclava? –preguntó Nagore, interesada en el tema.

–Desde ayer en el que mi Ama me aceptó como su esclava sexual, marcándome su marca en mi cintura, dándose la vuelta como grabándola en mi collar de esclava. –dijo diana, dejándolas locas perdidas.

Ellas se fijaron en la letra P, pero luego vieron el nombre de Ama Patricia.

–Así que tu Ama y tu dueña, se llama Patricia. –dijo Nagore.

–Si, así es, es mi Ama y mi dueña. –respondió Diana.

–Y hablando de ser una esclava, ¿Qué quiere decir? –preguntó Estefanía.

–Pues, que lo hemos acordado como juego erótico y sexual, soy su esclava sexual en todos los efectos, y ella es mi Ama y mi dueña en todos los efectos. –respondió diana.

–No entiendo eso. –dijo Nagore, con incertidumbre.

–Pues, que la saludo educadamente con una reverencia con la cabeza, mira así. –dijo Diana.

–Y me arrodillo ante ella, para besar sus pies, sus botas en señal de respeto, obediencia y sumisión. –dijo Diana.

–Me gusta que me humille, que me denigre y me veje, tratándome como una perra en celo, lamiendo sus pies o limpiando sus botas o zapatos. –dijo Diana.

–Ostia, ¿Qué fuerte no? –preguntó Estefanía.

–Nunca hemos vivido esa experiencia en la vida real, salvo ver algo sobre el BDSM por televisión o alguna película. –dijo Nagore.

–¿Puedes hacernos una demostración, Yolanda? –preguntó Nagore.

–No puedo hacer nada en real, porque estoy marcada en mi piel, y debo obedecerla y sin su permiso no puedo hacer nada. –dijo Diana.

–Pero puedo haceros una muestra como ejemplo. –dijo Diana.

–Vale, nosotras encantadas.

–Sea como sea, Patricia, vino a los vestuarios femeninos para ver cómo estaba su esclava Diana.

Cuando entró en el vestuario, buscando a diana, se encontró a diana, medio vestida, con dos compañeras que la miraron de repente.

–Hola. –dijo Patricia.

–Hola, Patricia. –dijeron ellas.

–¿Qué estáis haciendo chicas? –preguntó Patricia.

–Pues, que nos estábamos cambiando y vimos a diana, cambiándose y al verla con todas esas cosas puestas, nos preguntamos, ¿Por qué lo llevaba? ¿Y la finalidad de ir con un collar en el cuello, unas anillas, perforando sus pezones, y todo lo demás? –preguntaron ellas.

–Nos ha dicho que es una esclava y perra negra, y qué su Ama y dueña es una chica llamada Patricia. –dijo Nagore.

–¿No serás, tú? –preguntó Estefanía.

–Si, soy su Ama y su dueña. –respondió Patricia, qué en ese momento, Diana se puso de rodillas para ir a cuatro patas hacia donde ella estaba, arrastrando su cadena por el suelo para hacerle una reverencia y besar sus botas.

–Hola, buenas noches mi Ama Patricia. –dijo la esclava negra.

Aunque, habían hablado por teléfono hacía unos momentos, rompiendo el acuerdo. El caso era que Diana, era sumisa y Ama a la misma vez, por lo que podía jugar con ella, pero sin tenerla pillada como su esclava fija, sino como una esclava puntual más.

La verdad que lo que había hecho con Sandra, no le gustó nada, pero por otro lado había sido Sandra la que se había dejado seducir por ella, al ser negra como ella. Hasta ese día no sabía que su amiga de la infancia le excitaba ser una esclava de una mujer negra.

–¡Lame mis botas, esclava! –ordenó Patricia, mientras que diana, lamía sus botas, levantando ella las piernas, para que pudiera lamer las suelas, dejándoselas totalmente limpias.

–Muy bien, esclava. –dijo Patricia.

–He venido a ver que tal estabas y te encuentro semidesnuda con unas compañeras. –dijo Patricia.

–No te ofendas, pero sólo hemos preguntado por curiosidad, no iba hacer nada. –dijeron ellas.

–¿Tenéis curiosidad y morbo? –preguntó Patricia, mirando a sus ojos y dándose cuenta el fuego intenso de la curiosidad que tenían reflejadas en ellos.

–¡Vamos, perra! –dijo Patricia, tirando de su cadena para hacerla caminar detrás de ella, por todo el vestuario femenino, que en cualquier momento podría entrar alguien y pillarlas.

Dio la casualidad que entraron dos compañeras que las conocían como era Silvia e Inés.

–¿Qué cojones está pasando? –preguntó Inés.

–¡Ostia, puta, pero que,..! –dijo Silvia.

Las dos, salvo esas palabras se quedaron en silencio, observándolo todo.

–¡Ladra, esclava! –ordenó Patricia, ante sus asistentes.

–¡Guau, guau, guau! –ladraba la perra.

–¡Dame la pata, túmbate, siéntate, revuélcate! –ordenaba a su esclava, dejándolas a todas locas.

Patricia cogió una media y la lanzó para que su esclava se la trajera con la boca, como una perra, así una y otra vez, sucesivamente hasta que lo hacía como un autómata, mientras chorreaba sus partes por sus muslos como una perra en celo.

–Fue cuando se sentó para ponerle las botas o los cuecos que llevan las doctoras y las enfermeras, para ponerse a lamérselas y a chuparlas hasta dejárselas limpias, para a continuación descalzarse mostrando sus pies, con unas uñas de color rojo y con una preciosa pedicura.

–¡Comienza a limpiar mis pies con tu sucia lengua, esclava! –ordenó Patricia, mientras su esclava lamía las plantas de sus pies hasta que le quitó el olor y el sudor a sus pies.

La esclava, comenzaba a meter la lengua entre los dedos, para limpiar y lamer la suciedad del espacio que había entre sus dedos, para finalizar lamiendo y chupando sus dedos.

–¡Deja la lengua fuera, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, sumisamente y excitada.

Patricia pasaba la planta de sus pies, limpiándoselas con su lengua como si fuese un objeto o una toalla. Una y otra vez, pasando sus plantas, limpiándoselas hasta llegar a los dedos, los cuales se los metía y la esclava lamía y los chupaba como podía hasta que después de un rato, se cansó.

La esclava sabía lo que iba hacer, por lo que abrió su boca para recibir escupitinajos, uno detrás de otro hasta que se llenó su boca, tragándoselos todos. En ese momento, iba a llegar el punto clave, en donde se bajó los pantalones, junto con las bragas para poner su vagina en su boca.

Las que estaban mirando, excitadas y cachondas perdidas por ve todo eso, pensaban que iba a lamerle su coño, pero ésta comenzó a orinar en su boca, tragándosela toda para mearla por su cara y por todo su cuerpo completamente.

La esclava, no pudo soportarlo más, ya que estaba lubricando sus fluidos vaginales por sus piernas, hasta que comenzó a correrse de placer, gimiendo como una puta zorra. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

Cogió la correa de su cinturón para comenzar a darle correazos en la espalda y en el culo, mientras ella gemía de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Uno, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Dos, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Tres, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Cuatro, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Cinco, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

Así estuvo hasta darle unos 25 correazos, haciendo que tuviese una serie orgasmos consecutivos, que la dejó corriéndose de rodillas, espatarrada como una puta zorra.

–Eres una puta zorra guarra y una cerda asquerosa. –dijo Patricia, yéndose del vestuario.

–Lo sé, mi Ama Patricia. –dijo la esclava negra

–¡Limpia todo este destrozo que has provocado y dúchate rápido para entrar al trabajo que ya queda menos para la hora, esclava! –ordenó Patricia, antes de irse.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, poniéndose a lamer sus fluidos, su orina y la de su Ama, que había caído al suelo. diana lamía el suelo para dejarlo limpio para meterse en una ducha rápida para salir para ponerse la ropa de doctora, dejándolas a todas flipando, porque unas eran enfermeras y otras doctoras.

–Me alegro que os haya gustado verme lo que realmente soy, una esclava y perra negra. –dijo Diana.

–Para cualquier duda, ya sabéis mi nombre y donde estoy. –dijo Diana, marchándose con una sonrisa, pero completamente humillada, denigrada y vejada delante de sus compañeras de trabajo.

Había algo que había pasado desapercibido, y era que cuando Patricia salía por la puerta, cuando pasó por delante de las compañeras les dijo.

–¡Espero que os haya gustado, putitas! –dijo Patricia.

–Os he visto que habéis manchado los pantalones con vuestros fluidos vaginales de lo excitadas y cachondas que os habéis puesto. –dijo Patricia.

–¡Ya sabéis donde estoy, y conocéis los tiempos de descanso, putas zorras guarras, mironas! –dijo Patricia.

Se quedaron todas bloqueadas, pero se cambiaron los pantalones porque se había corrido con sus fluidos al verlo todo. Ninguna fue la excepción, así que todas salieron sin comentar nada para reintegrarse en sus puestos de trabajo.

Era curioso ver, cómo ellas veían por casualidad a diana o a Patricia, quedándose flipadas por ver cómo se comportaban como si no hubiera pasado nada.

Ninguna de ellas, daba la impresión de ser una Ama o una esclava, daban órdenes y las obedecían como si fuera normal, pero ellas, lo habían visto con sus propios ojos. Algunas de ellas, si no decir todas, seguían mojándose las bragas, con sus fluidos vaginales, pero no tanto como para que se trasparentara los pantalones.

El caso era que, en unos de los cruces, dio la casualidad que Nagore era la doctora de un paciente, que lo acompañaba a donde estaba Patricia, ya que era una de las doctoras auxiliares en prácticas.

–Mira te traigo a Juan, que le han diagnosticado inflamación del colón, por lo que le han hecho una radiografía, dándosela para que ella, la cogiera, mientras miraba a Juan, diciéndole,

–Estás en buenas manos. –dijo Nagore

–¡Veamos, el informe! –dijo Patricia, cogiendo lo que había dado Nagore, que cuando miró Patricia a Nagore, y Nagore volvió la cara para despedirse, dejando a Juan, que comenzó a hablar. Ésta, cuando sus ojos se encontraron con los de Patricia, desviaron la mirada hacia abajo, cerrándose la puerta.

Esto le chocó a Patricia, que se quedó, pensando en quién era aquella chica de su misma edad, mientras Juan se sentaba para preguntarle si era muy grave lo que tenía, volviéndose a centrar en el paciente y dejando de pensar en aquella chica.

En seguida vino una enfermera que acompañó al paciente, una vez que Patricia le dijo todos los detalles sobre su operación.

–Ostia, si es una de las chicas que me vio humillar y denigrar a mi esclava. –dijo Patricia, pensando que aquella chica ocultaba algo más, aunque ella no lo supiera aún.

–Tengo que confirmarlo, un poco más. –dijo Patricia.

La noche era muy larga y tarde o temprano te puedes encontrar con alguien que ni de imaginas. El caso fue que se volvieron a cruzarse Nagore con Patricia, mediante el cual no hubo manera de huir de la confrontación.

–Hola, de nuevo. –dijo Patricia.

–Hola, traigo un informe de otro paciente, dándole la carpeta para que la examinara. –dijo Nagore.

–Vale, muy bien. –dijo Patricia, leyendo el informe.

–¿Vas a decirme algo más o esperas algo? –preguntó Patricia.

–No, sólo esperaba a que me dijeras si todo estaba correcto en el informe que te he pasado antes de irme. –dijo Patricia.

–Pues, todo está correcto, Nagore. –dijo Patricia.

–Ya te puedes ir, Nagore. –dijo Patricia como con intención de mandato.

–Vale, muy bien. –dijo Nagore.

Patricia caminó pasando por delante y de lado de Nagore, para decirla, sutilmente.

–¿Te has excitado y puesto, cachonda perdida como una perra, viendo lo de antes? –preguntó Patricia, al oído para que nadie más del pasillo lo oyera, ni las enfermeras que pasaban por los lados.

Nagore, se ruborizó poniéndose colorada mostrándose en sus mejillas.

–¡Menuda, puta zorra estás hecha, Nagore! –dijo Patricia, con una sonrisa.

Pero Nagore, no dijo nada, se quedó blanca paralizada como si no se lo esperase.

–Veo que te has corrido en las bragas, y debe de ser mucha cantidad de fluidos vaginales, porque se te nota una mancha en la entrepierna de los pantalones. –dijo Patricia.

–Eres muy cochina, y muy cerda, Nagore. –dijo Patricia.

–Me gusta que seas una puta zorra y que te corras en los pantalones me lo demuestra, Nagore. –dijo Patricia.

–No te cambies los pantalones, quiero verte como te corres y como los manchas, puta zorra. –dijo Patricia, yéndose por el pasillo, dejando en shock a Nagore, que no sabía dónde meterse, pero fue decir esas frases y manchó más los pantalones, cerrándose la bata para que no se le notase.

–Hola, Nagore. –dijo Estefanía, que se encontró con ella.

–Hola. –respondió Nagore, algo afectada por todo, que rápidamente lo notó ella.

–¿Te has corrido al recordar lo de antes? –preguntó Nagore.

–Si, llevo toda la noche cruzándome con Patricia y con Diana, y me viene las imágenes una y otra vez, hasta correrme otra vez. –dijo Estefanía.

–Nos está afectando. –dijo Nagore.

–Si, yo ya me he corrido en los pantalones, pero me acabo de cruzar con Patricia, y me ha dicho unas cosas que me han dejado excitada perdida.

–¿Qué es lo que te ha dicho? –preguntó Estefanía.

Y Nagore se lo fue contando todo lo que había ocurrido en sus encuentros con Patricia, excitándola escuchar cada frase que había dicho, tanto que estando caliente mancho sus pantalones como Nagore, poniéndose colorada.

El destino quiso que Patricia pasara por uno de los pasillos laterales, viéndolas hablar.

–Así que esa es la otra que estaba con ella, con los ojos en blanco y excitada perdida. –pensó Patricia., yéndose al lugar donde iba.

–Creo que voy a darles a estas zorras un poco de placer en sus vidas, aburridas y monótonas. –dijo Patricia, caminando por los pasillos en dirección de su despacho.

El destino quiso como como volvió a cruzarse con Nagore, la cual llevaba la bata de doctora cerrada, pero al pasar por delante de Patricia, se abrió, dejándose ver su entrepierna, su mancha de sus fluidos vaginales que eran más abundantes que antes.

–A este paso, vas a convertirte en la zorra más cachonda del hospital, Nagore. –dijo Patricia.

Patricia echó un escupitinajo, delante de ella al suelo, para irse caminando por el pasillo para salir a unas escaleras para acceder a otra ala, del hospital.

Nagore estaba excitada y cachonda perdida desde que había presenciado esa sesión de Patricia con diana, pero había pasado las horas y toda su excitación iba en aumento.

Nagore, se arrodillo para lamer el escupitinajo, pensando que había algo asqueroso y repugnante, prohibido que le proporcionaba un cierto placer de excitación, teniendo la sensación de hacer algo que no debería de hacer.

A la volvía Patricia por el pasillo, se fijó por curiosidad, lo que había pasado donde escupió su saliva, dándose cuenta que estaba seco, como alguien hubiera pasado un trapo para limpiarlo o alguien hubiera lamido el suelo para que se secara, no dejando que se secara el escupitinajo, dejando una marca redonda en el suelo, sonriendo de placer.

Patricia, tenía a Nagore donde quería, excitada y cachonda perdida, soltando sus fluidos por sus pantalones, sin cambiárselos, por un comentario de una indirecta que le dijo había unas horas por los pasillos.

Ahora, se trataba de cruzarse con Estefanía, y descubrir si es una sumisa como Nagore, o si todo fue excitación y morbo del momento sexual. Realmente, no se hizo espera, ya que se cruzó con ella, por el pasillo en dirección a su despacho.

–¡Oye, perdona, Patricia! –llamó Estefanía, justamente cuando se cerraba la puerta de su despacho.

Como le dio tiempo, al llegar a la puerta, Estefanía, tocó para pasar.

–¿Se puede? –preguntó Estefanía.

–Sí, adelante. –respondió Patricia.

–¿Qué es lo que querías? –preguntó Patricia, mirándola de abajo arriba, fijándose en las manchas de su entrepierna, y sonriendo interiormente.

–Traigo este informe de un paciente que está en la sala de espera, para que lo pasen a la consulta. –dijo Estefanía.

–Parece que tienen que operarle, y me han dicho que te dé el aviso, que el cirujano jefe está llamando a varias doctoras en prácticas para que lo asistan. –dijo Estefanía.

–Vale, muy bien. –dijo Patricia, sentándose en la mesa, mientras cruzaba sus piernas, mostrando sus botas y las suelas, moviéndolas para excitarla.

Patricia, confiaba que rememorara los recuerdos de las escenas con diana, al inicio de la jornada. Y dio en el clavo, porque Estefanía, antes de irse, se fijó en sus botas produciéndola una excitación, que se notó como su mancha en sus pantalones se agrando, viéndoselo bien Patricia.

–Me encanta cuando las putas zorras, se corren de excitación al verme. –dijo Patricia, yéndose pasando por delante de ella.

–¡Sigue corriéndote y no te limpies, que quiero verte como aumenta tu excitación por los pasillos como una puta zorra que eres! –dijo Patricia, dejándola con la boca abierta sin decir nada, mientras Patricia estaba marchándose.

–Por cierto, te he dejado un regalo debajo de mi asiento, lo quiero limpio cuando vuelva. –dijo Patricia, saliendo del despacho.

Estefanía, se quedó unos minutos cogiendo aire, después de su encuentro con Patricia, pensando.

–¿Así es una Ama dominante? –dijo Estefanía.

–No sí, desde que la vi en los vestuarios, teniendo esa sesión de BDSM, como dijo diana, me excité como todas, pero hasta ahora no había tenido un encuentro con ella, directamente, haciéndome palpitaciones y haciendo que me corra. –dijo Estefanía, que se acercó a mirar debajo del asiento de Patricia.

Era un charco de orina con unas gotas junto con escupitinajos cerca del armario.

Estaba muy excitada y cachonda, y su cuerpo reaccionó a sus palabras, poniéndose de rodillas para acercar su boca a los escupitinajos y limpiarlos con la su lengua, dejándolo todo muy limpio.

Detrás se metió debajo del hueco de su asiento y al principio le parecía asqueroso y guarro, pero estando excitada, no puso resistirse para lamer con la lengua el charco de la orina que había dejado Patricia.

Estefanía, se acostumbró al sabor, la intensidad de la orina y su color, provocándola más excitación, manchando mucho sus pantalones, pensando soy una puta zorra como dice Patricia.

Una vez que lo había limpiado, repasó nuevamente el suelo para no dejar rastro de su orina, dejándolo todo impoluto, para levantarse y salir por la puerta sin ninguna dignidad, y habiéndose denigrado ella misma con las palabras de Patricia, dándose cuenta del poder de sus palabras sobre ella.

Estefanía, se había corrido claramente el pantalón, cerrándose la bata para disimularlo todo. Pensó en irse a los vestuarios y cambiarse de pantalones, pero recordó sus palabras, quedándose, así como una puta zorra, sucia y guarra como una cerda asquerosa, que le provocó una excitación.

Mientras que, en otra zona de oncología, cuando se cruzaban Patricia con diana, ésta hacia una reverencia con la cabeza al pasar ella, por delante. Pero como estaban en zonas diferentes del hospital, no coincidieron en la noche más veces, salvo esa ocasión.

En otra zona, se cruzaron Nagore con Patricia, y al llegar a pasar por su lado, diciéndole esto a ella.

–He limpiado el suelo. –dijo Nagore.

–Me he dado cuenta, Nagore. –dijo Patricia, con una sonrisa.

–Si te gusta, sígueme a un paso o dos detrás de mí, con la mirada mirando al suelo. –ordenó Patricia, observando como Nagore, se paró para dársela vuelta y a dos pasos seguirla.

–Quiero mostrar a otras Amas/os que eres una esclava sexual como diana. –dijo Patricia.

–Pero, además, quiero humillarte delante de todos, ¿Sigues excitada y cachonda perdida, puta zorra?

–Si, sigo muy excitada y cachonda perdida. –respondió Nagore, con sus mejillas coloradas.

–Muy bien, eres una puta zorra al igual que mi esclava Diana. –dijo Patricia.

–¿Eres una puta zorra caliente por ser sometida y dominada como una puta esclava y perra blanca?

–Si, lo soy. –respondió Nagore.

–Quiero oírtelo decir, Nagore con tus propias palabras. –ordenó Patricia. excitándola más aún.

–Soy una puta zorra caliente y guarra deseando de ser sometida y dominada como una puta esclava y perra blanca. –respondió Nagore, totalmente humillada y denigrada, mientras la seguía como una perra en celo.

–¿Quién soy yo? –preguntó Patricia.

–Una Ama dominante. –respondió Nagore.

–Si es verdad y si tú eres una puta esclava y perra blanca de mierda, ¿Cómo debes hablarme y dirigirte a mí, esclava? –preguntó Patricia.

–Lo siento, mi Ama Patricia. –respondió Nagore, entregada a ella.

–Así me gusta, que reconozcas como tu Ama, y lo que eres a partir de ahora, una esclava. –dijo Patricia.

Patricia, llegó a su despacho, para que Nagore, cerrase la puerta, qué en seguida, puso de rodillas, haciéndola una reverencia para besar sus botas sucias de caminar por el hospital.

Nagore, no lo resistió y se puso a lamerle las botas, con pasión y necesidad, mientras manchaba cada vez más sus pantalones. Nagore, lamía hasta la suela de ella, dejándosela limpias totalmente.

–¡Ábrete de piernas, y pon las manos detrás de la cabeza, esclava! –ordenó Patricia, viendo como Nagore la obedecía sin resistencia y totalmente excitada y cachonda perdida, entregándose a ella por completo.

Patricia se bajó los pantalones y sus bragas para ponerle su vagina en su boca para mearla dentro de ella, mientras Nagore se tragaba toda la orina, saboreándola su olor, sabor e intensidad.

Antes de acabar, Patricia le dijo.

–¡Si quieres que te mee por todo tu cuerpo, desnúdate, esclava!

–Si, mi Ama Patricia. –respondió la esclava, desnudándose para que Patricia comenzara a mearse por su cabeza, cara, pechos y espalda, duchándola completamente.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –respondió Nagore, que recibió un par de bofetadas en su cara, mientras que Patricia le comentaba una cosa más.

–Las esclavas no hablan si no se les ordena, así que calladita estás más guapa, esclava. –dijo Patricia, mientras la abofeteaba.

–¡Ve, contando y dándome las gracias, esclava! –ordenó Patricia.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Uno, dos, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Tres, cuatro, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Cinco, seis, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Siete, ocho, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Nueve, diez, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

Patricia mientras le daba las bofetadas con su mano abierta, dándole en una mejilla para dársela en la otra, la esclava comenzó a correrse, gimiendo como una puta zorra, teniendo una serie de orgasmos sucesivos. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer la esclava.

–Espero que hayas aprendido la lección, esclava. –dijo Patricia, mientras sonreía, mirando a su esclava y perra blanca, mirar a sus botas.

–Como veo que te gustan mis botas, las vas a limpiar hasta que reluzcan completamente, esclava. –dijo Patricia, cogiendo la correa del pantalón de Nagore para atarse al cuello, tirando de ella para que caminara detrás como su perra hasta que se sentó en su silla, dejándola metida debajo de su mesa. Mientras lamía sus botas, limpiándola las suelas como una perra.

–¡Sal y pone de rodillas, abriéndote de piernas con las manos detrás de la espalda, esclava! –ordenó Patricia. observando como la obedecía sin rechistar, sabiendo que la había domado y sometido.

–¡Abre tu boca y deja la lengua fuera, esclava! –ordenó Patricia.

La esclava obedeció sus órdenes, guardando el silencio.

Patricia restregaba sus plantas de sus pies por su cara, manteniéndolas para que se acostumbrara a su olor y se excitara cada vez que los oliera, para comenzar a pasarlos por su lengua, mientras ella la dejaba fuera, y Patricia se limpiaba sus pies con su lengua como si fuese una toalla.

En ese momento, entrando dos enfermeras a traer unos ensayos clínicos sobre varios pacientes que, al encontrarse con Nagore, una doctora en prácticas que reconocieron al momento con ella.

–¿Y esto qué es? –preguntó Clarisa.

–Es una esclava y perra blanca, lamiéndome y chupándome los pies.

–Esto sí que es bueno, no lo había visto nunca. –dijo Sofia.

–¡Joder, menuda cerda asquerosa que está hecha! –dijo Clarisa.

–¿Y qué más cosa limpia con su lengua? –preguntó Sofía, con morbo.

–Lame pies, botas, pis, escupitinajos. –respondió Patricia que viendo que había terminado de lamer sus pies.

–Deja la boca abierta, esclava. –ordenó Patricia, que comenzó escupiendo dentro de su boca hasta que pasados unos minutos la llenó para decirle que se lo tragaba.

–¿Puedo hacer algo por vosotras? –preguntó Patricia, comenzando a escupirla dentro de su boca, cara y pechos, denigrándola y humillándola delante de esas enfermeras que se excitaron con lo que estaban viendo.

–Si, claro, traemos estos informes para que los leas. –dijo Sofia.

–Vale, ya podéis iros, a menos que os guste esto y os termine sometiendo como ella hasta convertiros en unas putas zorras.

Las chicas se marcharon con una gran excitación de sus vaginas, palpitando y soltando sus fluidos ante toda esa situación, pensando lo que acaban de ver, que no se lo podían creer.

–Bueno, ya te puedes ir, esclava. –ordenó Patricia.

–Vístete y vuelve al trabajo que aún quedan varias horas para terminar el turno. –dijo Patricia.

Nagore se iba a vestir, cuando Patricia, le dijo que si era ahora una esclava. Las esclavas no llevan ropa interior, van todas desnudas con las anillas perforadas en sus pezones, con las anillas en sus labios vaginales, con sus pulseras, sus vibradores vaginal y anal, junto con el collar de esclava con la cadena enganchada en él.

–¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –respondió la esclava, no poniéndose las bragas manchadas y el sujetador, obedeciendo su comentario.

Cuando estaba vestida se arrodilló para besar sus pies en señal de respeto, obediencia y sumisión.

–¡Así, me gusta, esclava! –dijo Patricia.

Nagore, se fue con su bata puesta para continuar haciendo su trabajo, mientras que Patricia, continuó que leyendo los informes para salir del despacho.

Cada una de ellas, estaba en sus puestos de trabajo, unas más excitadas que otras, y algunas sentían cosas nuevas sobre su sexualidad que ni se habían planteado nunca o al menos no lo habían considerado.

El caso, que el destino quiso que se cruzara con Estefanía que al verla bajo su mirada a sus botas.

–Me alegra que bajes la mirada como una esclava, pero hazme la reverencia, puta zorra. –ordenó Patricia.

Estefanía, hizo la reverencia, pero se arrodillo en el pasillo para besar sus botas, dejando impresionada a Patricia.

–Debes de estar muy necesitada sexualmente para mostrarte en público como una esclava y perra blanca, cuando no lo he hecho ni con mi esclava Diana, pero afirmo que has lamido mi orina y has lamido mis escupitinajos, esclava.

–Si, mi Ama Patricia, lamí y chupe lo que me dejo en el suelo como su esclava y perra blanca que soy. –respondió la esclava, excitada y cachonda.

–Veo ya tu entrega, pero levántate que vas a montar un escándalo al seguir en esa posición. –ordenó Patricia.

–¿Tienes algo que hacer ahora, esclava? –preguntó Patricia.

–No, mi Ama Patricia, –respondió la esclava.

A Patricia, le supo mal la muestra de su entrega sin ser recompensada, así que le dijo que se levantara y que la siguiera dos pasos detrás de ella con la cabeza mirando a sus botas.

Lo mismo que le había ordenado a Nagore, hizo con ella, que Patricia la llevó a las escaleras que estaban más apartadas, para sentarse en los peldaños de la escalera, poniendo sus botas cerca de ella, que rápidamente se arrodilló para comenzar a besarlas haciendo la reverencia y continuando lamiéndolas y chupándolas durante varios minutos hasta que se las dejó limpias.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Patricia, descalzándose para que le lamiera los pies, aunque ya estaban limpios, pero olorosos al ponerse nuevamente sus botas.

La humillación fue que se puso abriéndose de piernas con las manos detrás de la espalda, para ponerle sus plantas en su cara, para restregárselos por ella.

Estuvo así varios minutos humillándola y denigrándola ante la aparición de cualquiera persona que pasara por ahí. Eso hizo que el morbo y la excitación, consiguiera que se corriera como una puta zorra.

Como esta se había atrevido a arrodillarse púbicamente en el pasillo, cogió la correa de su pantalón para decirle.

–¡Desnúdate, esclava! –ordenó Patricia, que al ver que cogía la correa, sabía lo que le iba hacer.

–Ve contándolos y dándome las gracias, esclava. –dijo Patricia.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Uno, dos, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la puesta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia!

–¡Zas! –¡Zas! –¡Tres, cuatro, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la puesta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia!

–¡Zas! –¡Zas! –¡Cinco, seis, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de dolor la puesta esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la puta esclava de placer. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia!

Patricia continuó dándole latigazos en su espalda y en su culo hasta alcanzar un número de 25 latigazos, haciendo que se corriera de placer, teniendo una serie de orgasmos consecutivos que la dejaron tirada de rodillas, espatarrada como una puta zorra guarra y asquerosa que era.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Patricia.

–Si, mi Ama Patricia. –dijo la esclava.

Patricia acercó su vagina a su boca para comenzar a mearla dentro de su boca, mientras ella iba tragándoselo saboreándolo y apreciando su sabor e intensidad.

–¡Desnúdate, esclava! –ordenó Patricia.

–Te voy a mear por todo tu cuerpo para marcarte, esclava. –dijo Patricia, meándola por encima de la cabeza, su cara, por espalda y pechos hasta ponerle su coño en su boca para que se tragará su orina completamente.

Detrás de orinarla encima, le puso el coño en su boca para que se lo limpiara con la lengua, dejándoselo totalmente limpio, para después la esclava besara sus pies para irse dejándola ahí, de rodillas a cuatro patas como una perra.

Quedaba poco tiempo para que terminara el turno, y Patricia junto con todas sus compañeras, estaban agotadas, por lo que se fueron a los vestuarios, una vez que iban rotando los turnos.

No era como decir que a las 6:00h se iban todos de sopetón, sin esperar al que viniera a relevarle. No era así, sino que cuando venía el cambio de turno y venía la persona indicada, la otra se marchaba, uno a uno hasta que se producía el cambio general.

Esa noche tanto Nagore como Estefanía, se encontraron en los vestuarios femeninos para quitarse su ropa, mientras se encontraron con Diana, que estaba duchándose las duchas, para entrar ellas a ducharse.

Sus miradas iban dirigidas a su bello cuerpo ébano con las pulseras, los anillos en los dedos de los pies, en las anillas tanto de sus pezones como de su vagina para quedarse fija su mirada en su collar con su cadena hasta que diana, las miró.

–Hola, Nagore y Estefanía. –dijo Diana.

–Hola, Diana. –respondieron ellas.

–Perdona que te miremos, pero es que tienes un cuerpo muy bello y con todo eso puesto, nos excita verte y nos llama la atención. –dijeron ellas.

–Si, lo entiendo. –contestó Diana, siguiéndose masajeando su cuerpo con jabón, soltando a veces algunos gemidos de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava negra. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava negra.

–Estoy deseando llegar a casa para que mi Ama me someta y me domine, humillándome y denigrándome, porque llevo toda la noche salida perdida.

–Quizás, nosotras tengamos la culpa, diana. –dijo Nagore.

–¿Por qué motivo dices eso? –preguntó Diana.

–Porque me encontré varias veces con tu Ama, y comenzó a humillarme y a denigrarme hasta que me sedujo y me sometió. –respondió Nagore.

–¡Entiendo! –dijo Diana.

–Si, me ha sucedido lo mismo. –dijo Estefanía.

–No me lo esperaba, pero comenzó con juegos absurdos, y de niños, pero que poco a poco me excitaban, así que termine de rodillas besando sus pies. –dijo Estefanía.

–Habéis tenido pequeños contactos de BDSM, no soy una experta porque ayer era una chica libre y ahora soy una esclava y perra negra, y ahora también soy Ama dominante. –dijo Diana.

–¿Y eso, por qué? –preguntaron ellas.

–Pues me he excitado esta tarde con una compañera que se ha convertido en una esclava y perra blanca, dominándola y sometiéndola, por lo que ahora me gustan ambas cosas. –dijo Diana.

–Noto que estáis excitadas, porque vuestros fluidos resbalan por vuestras piernas. –dijo Diana, que estaba excitada al verlas.

Diana era cierto que no era lesbiana, pero desde que había tenido una Ama, había roto ese muro mental, y aceptó tener sexo con chicas.

–¿Por qué no te quitas el collar y todo lo demás para ducharte? –preguntaron ellas.

–Por comodidad, al final te acostumbras a llevarlo, y ya no te lo quieres quitar. –dijo Diana.

–¡Entiendo! –dijo Nagore.

–¿Y qué sois ahora? –preguntó diana.

–Somos unas esclavas y perras blancas como tú, Diana. –dijeron ambas, excitadas y cachondas perdidas.

–Me alegra, saberlo entonces. –dijo Diana, continuando duchándose, mientras ellas hacían lo mismo.

Diana cortó se acercó a ellas para decirles que se pusieran de rodillas y que le besaran sus pies.

–¡Quiero veros de rodillas, esclavas! –ordenó Diana, cogieron una correa de la taquilla.

Las dos se pusieron de rodillas ante ella, para hacer la reverencia y besar sus pies.

–Si, mi Ama Diana. –dijeron las dos, excitadas y cachondas perdidas.

Diana se sentó en un asiento, dejando como las dos lamían sus pies, mientras que el resto de las compañeras pasaban mirando lo que sucedía, pero continuaban duchándose para irse a sus casas.

–¡Muy bien, esclavas! –dijo Diana.

Se puso de pie para poner su coño en la boca de Nagore, para mearse en su boca, para luego ponerla en la boca de Estefanía para mearla dentro de su boca, y finalizar con mearlas a las dos por todo su cuerpo, mientras el resto de sus compañeras las miraban y se excitaban.

Diana cogió las dos correas de ellas, mientras se vestía para acercarse de nuevo a ellas, y ponérselas en sus cuellos para comenzar a caminar, haciéndolas caminar detrás de ella, como unas perras en celo, desde un lado del vestuario de las mujeres hasta el otro.

–¿Cuáles son vuestras taquillas, esclavas? –preguntó Diana, que empezaba a cogerle el gusto a la situación.

–La 19 y la 21, mi Ama Diana. –respondió Nagore y Estefanía, totalmente excitadas y cachondas perdidas.

Diana cogió una bolsa para meter sus ropas con sus zapatos para tirarlas de la correa, haciéndolas caminar desnudas detrás de ella. Parecía que era una Diosa de Ébano, caminado con dos esclavas y perra blancas.

Diana era muy puta, porque no les ordenó mirar al suelo, así que ellas miraban al suelo por vergüenza, pero levantaban la mirada para ver los zapatos de su Ama Negra. Tanto Nagore como Estefanía, estaban corriéndose del placer de ser humilladas y denigradas públicamente.

Salió por la puerta del personal para ir al aparcamiento, mientras que otras compañeras las habían visto, sintiéndose totalmente humilladas, pero excitadas y cachondas perdidas, completamente.

–¡Vamos, esclavas! –dijo Diana.

–¡Entrad al maletero, esclavas! –ordenó Diana, que abrió el maletero de su coche para que se metieran las dos esclavas, cerrando detrás el maletero.

En ese momento, se acercaba Patricia, que viéndola vestida así, se quedó impresionada, pensando que no le extrañaba que Sandra se pusiera de rodillas ante ella como su esclava. Sin duda alguna, parecía una Ama dominante impresionante de lo bella que era.

–Hola, ya te veo cómo vas, Diana. –dijo Patricia.

–Hola, ¿Qué tal? –preguntó Diana.

–No te veo con pinta de ser una esclava, Diana, así que lo que me contó Sandra, era verdad. –dijo Patricia.

–¡Qué tus gustos han cambiado, bastante! –dijo Patricia.

–Lo cierto que empiezo a sentir desde el otro lado, aunque a veces me siendo esclava pero ahora mismo me siento una Ama. –dijo Diana.

–Si, me han contado que has llevado desde los vestuarios femeninos hasta el aparcamiento a dos enfermeras que iban desnudas a cuatro patas con una correa al cuello. –dijo Patricia.

–¿Debo suponer que las han hecho entrar al maletero de tu coche? –preguntó Patricia.

–Si, es cierto, y ahora mismo iba a ir al Club Nocturno para ponerles un collar a cada una de ellas.

–¿Quieres venir? –preguntó Diana.

–La verdad que me pilla de camino, así que vamos. –dijo Patricia.

–Además, me tienes que explicar cómo has cambiado tan rápidamente de gustos. –dijo Patricia.

Ambas se subieron al coche, mientras que las dos comenzaron hablar sobre la pregunta que le había hecho Patricia a Diana.

–Mira, cuando Sandra me lamió los pies, chupándomelos comencé a cambiar. Algo en mí, cambio, porque dejé de ser sumisa, y me sentí poderosa como si disfrutara del acto, pero desde el otro lado, excitándome y poniéndome cachonda perdida hasta correrme de placer. –dijo Diana.

–No me mal intérpretes, que me siento Ama y sumisa a la misma vez. –dijo Diana.

–Entonces, eres Switch, a veces te sientes sumisa y en otras ocasiones te sientes Ama. –dijo Patricia.

–Conmigo, te has sentido atraída por mí, convirtiéndote en mi esclava, pero para Sandra, y las que llevas en el maletero te sientes Ama. –dijo Patricia.

–Si, eso es exactamente lo que me sucede. –dijo Diana.

–¿Entonces, cuando me sienta una esclava, puedes someterme y dominarme? –preguntó Diana.

–Si, no hay problema, Diana. –respondió Patricia.

–Tienes que ponerte unas pulseras en la parte derecha del cuerpo, tanto en la muñeca como en el tobillo. –dijo Patricia.

–De hecho, como vamos al Club Nocturno, puedes comprarte un pack de Switch, que es Ama y esclava. –dijo Patricia.

–Sabía que me ibas ayudar si venías. –dijo Diana, contenta.

Sea como fuese, ambas llegaron al Club Nocturno, por lo que antes de bajarse del coche, Diana se quitó el collar, las anillas, las pulseras y los vibradores para meterlos en una bolsita dentro de su bolso.

Entonces, salieron las dos, para abrir el maletero del coche y sacar a las dos esclavas que estaban desconcertadas y con miedo al abrirse el capo del coche.

–Tranquilas, esclavas. –dijo Patricia.

–Os hemos traído al Club Nocturno para que os pongáis unos collares de esclavas. –dijo Diana.

Entraron las dos con una esclava detrás de ellas, una cada una para repartirse a las dos. Rápidamente, una esclava que se llamaba Nefora salió para atenderlas.

–¿En qué puedo servirlas? –preguntó la esclava, diciendo su nombre y haciendo una reverencia al ir desnuda con collar y anillas puestas.

–Venimos a comprar unos packs de esclavas y un pack de Switch. –dijo Diana.

–Muy bien, síganme y las llevaré a la sección correspondiente con sus esclavas.

Las dos fueron a la sección correspondiente, porque era una tienda muy grande, por lo que al llegar había como bancos para sentarse los clientes. De manera, qué con las tarjetas de las dos esclavas, compraron todo.

En ese mismo lugar, tanto Patricia como Diana, fueron poniéndoles los collares en los cuellos, las anillas en los pezones, pegando unos gemidos de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían las dos esclavas. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían las dos esclavas. Hasta que estuvieron las dos con todo puesto, grabando sus nombres en los collares, dejando libre el hueco del nombre de la Ama a la que pertenecen.

Las dos salieron con ellas, igual que como entraron, de rodillas y a cuatro patas como esclava y perras que eran. Una vez delante del coche, en el aparcamiento, sentadas en un banco, ambas les ordenaron lamer y limpiar sus zapatos y botas.

–¡Muy bien, esclavas! –dijeron ambas, mientras lamían hasta la suela de sus botas y de sus zapatos.

Después de eso, ambas estaban bebiendo un refresco y comiendo una bolsa de patatas, mientras se descalzaron para que las esclavas lamieran sus pies negros.

–¡Poneros con las piernas abiertas y las manos detrás de la espalda, esclavas! –ordenaron ambas.

–Si, mis Amas Patricia y Diana. –respondieron las esclavas, lamiendo sus pies y chupándoselos, mientras ellas restregaban las plantas de sus pies por sus caras, haciendo que lamieran las plantas de sus pies, los dedos con su lengua.

Estaban en el aparcamiento, a la vista de cualquiera que pasase delante de ellas, y eso era una humillación y una denigración pública, que las estaba poniendo muy nerviosas, pero a la vez, estaban excitadas y cachondas perdidas, corriéndose de placer, y soltando sus fluidos vaginales. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían las dos esclavas. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemían las dos esclavas.

–¡Abrid la boca, esclavas! –ordenaron las dos, para poner sus coños en sus bocas y comenzar a mearlas dentro de ellas, mientras ellas iban tragándosela toda la orina hasta que se retiraron un poco para orinar en sus caras, cabeza, pechos y cuerpo para marcarlas como esclavas y perras que eran.

Entonces, Diana se acercó al coche, para coger la bolsa con la ropa, dándoselas a las dos para que se vistieran. En unos minutos, ambas estaban de pie vestidas.

–¿Dónde os dejamos, esclavas? –preguntaron las dos.

–En la calle Fernández Herrería 8, mi Ama Patricia, mi Ama Diana. –respondieron ellas, montándose esta vez detrás de ellas, dentro del coche.

–Tenéis que leer, el manual de pack de esclava, y aprender todas las normas y los protocolos. –dijo Diana.

–Si, mi Ama Diana. –dijeron las esclavas.

–Os hemos dejado los móviles, por si tenéis alguna duda o problema, esclavas. –dijo Patricia.

Ambas se bajaron del coche para entrar a sus casas, mientras que las dos se marcharon a su casa, sabiendo que Sandra ya debía de estar en el trabajo. Ambas llegaron a su casa para, dejar sus cosas, mientras se ponían cómodas quitándose las ropas, y sentándose en el salón.

–Parece que Sandra ha trasladado tu ropa a su habitación, dejando sus cosas en el suelo con su ropa. –dijo Patricia.

–Si, voy a mirar donde ha puesto sus cosas, Sandra. –dijo Diana, yéndose a su habitación, mirando el suelo.

–Parece que ha dejado sus cosas en el cuarto de los trastos, y su manta con las sábanas las ha dejado dentro de ese cuarto. –dijo Diana.

–Está bastante bien, pensado. –dijo Patricia.

–Además, ha limpiado nuestras habitaciones y ha dejado todo limpio. –dijo Patricia

Diana fue a por los cafés y las tostadas que había dejado Sandra para las dos, dejándolas en la mesa, mientras que Diana se desnudaba completamente para ponerse las cosas de su pack de Switch.

Patricia se quedó mirándola sin decir nada, ya que un pack de esos no lo había visto nunca.

–¿Patricia puedes ponérmelo? –preguntó Diana.

–Claro, pero pídemelo como corresponde. –respondió Patricia.

Diana se puso de rodillas abriéndose de piernas para poner sus manos detrás de la cabeza.

–¿Por favor, puede ponérmelo mi Ama Patricia? –preguntó Diana, humillándose ante ella.

–Muy bien, así es como me gusta verte, esclava. –dijo Patricia, comenzando a ponerle el collar las anillas, las pulseras en ambas piernas y en ambos brazos. Luego, cogió los vibradores para metérselos dentro, poniéndolos en marcha, comenzando a excitarse y a gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemían la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava.

Patricia, se levantó para coger un látigo, tirando de la cadena, haciéndola caminar detrás de ella como una perra en celo.

–¡Vamos, sígueme, esclava! –ordenaba Patricia hasta que la dejó cansada de andar de un lado al otro, dejándola de rodillas con las manos detrás de la cabeza. Sin esperar ni avisar comenzó a darle con el látigo de su pack, marcándola bien en su piel.

–¡Zas! –¡Uno, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Dos, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Tres, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Cuatro, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Cinco, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

Estuvo dándole latigazos hasta alcanzar el número de 75 latigazos, haciendo que se corriera de dolor y de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava.

Era un látigo de un material especial, porque dejaba unas marcas rojas, pero no hacía sangre. De forma que la dejó descansar un rato para comenzar a darle latigazos, pero esta vez le hizo estas preguntas.

–¿Quién era? ¿Qué eres ahora? ¿Y a quién perteneces?

–¡Zas! –¡Uno, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Era una chica llamada Diana, ahora soy su esclava y perra negra, propiedad de mi Ama Patricia, muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Dos, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Era una chica llamada Diana, ahora soy su esclava y perra negra, propiedad de mi Ama Patricia, muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Tres, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Era una chica llamada Diana, ahora soy su esclava y perra negra, propiedad de mi Ama Patricia, muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Cuatro, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Era una chica llamada Diana, ahora soy su esclava y perra negra, propiedad de mi Ama Patricia, muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

–¡Zas! –¡Cinco, mi Ama Patricia! –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Era una chica llamada Diana, ahora soy su esclava y perra negra, propiedad de mi Ama Patricia, muchas gracias, mi Ama Patricia! –decía la esclava.

Estuvo así, hasta que le dio otros 75 latigazos, provocando que se corriera de placer y de dolor, teniendo varios orgasmos seguidos, haciendo que se corriera como una loca de placer y de gusto, dejándola encharcada en el suelo, jadeando como una perra en celo.

Patricia, chasco los dedos, haciendo que su esclava se levantara para ponerse delante de ella, haciéndola una reverencia para besar sus botas, que no se las había quitado.

–Muy bien, esclava. –dijo Patricia.

–Lamelas, y deja las botas de tu Ama, muy limpias, esclava. –ordenó Patricia, mientras la esclava limpiaba las botas para poco después, descalzarla y ponerle sus pies en su cara, haciendo que su olor impregnara a Diana, grabándoselo en su cerebro.

Patricia, estaba domando y sometiendo a Diana completamente para que su lado de esclava predominara sobre el de Ama. Además, se puso una película, mientras comía y su esclava estaba con sus pies en su cara, lamiéndoselos y chupándoselos, para a ratos, escupirle comida en el suelo para que ella, se lo comiera y lamiera el suelo.

Después escupía en su boca, y le hizo que lamiera y chupara su coño hasta que se corrió de placer, haciéndola que se tragara todos sus fluidos vaginales hasta terminar meándose dentro de su boca y por toda su cara y cuerpo.

Eso hizo que la esclava se corriera nuevamente, experimentando un placer extremo con sus vibradores, metidos dentro de su culo como de su ano. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava.

Después de eso, estuvo apoyando sus pies sobre ella, sirviéndola de escabel a cuatro patas mientras veía alguna cosa en la televisión para poco tiempo detrás, marcharse a la cocina para poner unos cuencos en el suelo.

Uno de comida para Sandra con su nombre grabado, con otro para el agua, y al lado otros dos con el nombre de Diana.

–Cuando esté en casa, irás siempre desnuda y a cuatro patas como la esclava y perra que eres, Diana. –dijo Patricia.

–Además, voy a borrarse la marca de su cuerpo con un borrador especial que he comprado en el Club Nocturno, y en unos días, no tendrás ninguna marca en tu piel. –dijo Patricia.

–Sobre tu collar que llevas puesto, voy a grabar el nombre de Anisa, que va a ser tu nombre de esclava, pero dejaré en blanco el nombre de tu Ama. –dijo Patricia.

–Quiero que toda Ama con la que te encuentres, te someta, te humille y de denigre para que aprendas a ser una buena esclava y perra negra. –dijo Patricia.

–¡Vamos, sígueme, esclava! –ordenó Patricia, tirando de la cadena haciéndola que la siguiera detrás de ella como una perra.

–¡Quieta ahí, esclava! –ordenó Patricia, que fue a la habitación a coger las sábanas y las mantas para llevarlas al suelo de su habitación a las patas de su cama.

–¡Aquí, es donde vas a dormir, esclava! –dijo Patricia.

Patricia, cogió el quemador para ponérselo a su esclava, borrando su nombre para dejarla un poco dolorida por la quemadura que según pasaban las horas, se iba quitando.

Detrás de eso, se acostó para quedarse dormida, mientras que Diana, se dormía en el suelo a los pies de la cama de Patricia, excitada y cachonda por semejante sesión de BDSM.

Continúa en