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Dominaciónnov 2023

La perversión me sedujo 10

Sobre las 6:45h de la mañana, se levantó de su cama para ir a prepararse para irse a trabajar. Sandra había dormido en el suelo a los pies de su cama, qué según el mensaje de Patricia, iba a ser la cama de Diana, por lo que ella dormiría…

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Sobre las 6:45h de la mañana, se levantó de su cama para ir a prepararse para irse a trabajar. Sandra había dormido en el suelo a los pies de su cama, qué según el mensaje de Patricia, iba a ser la cama de Diana, por lo que ella dormiría en el suelo, a los pies de la cama de Diana, siendo la esclava y perra blanca de ambas Amas Negras.

Cogió sus ropas y mantas y las llevó al cuarto de los trastos, para dejarlas en el suelo, mientras se marchaba a la cocina para hacer el desayuno para sus Amas, y compañeras de piso, y para desayunar, también.

Estuvo sacando la comida para prepararla para cuando viniesen ellas, que sólo tenían que meterla en el microondas para calentarse. Era un guisado de carne de ternera con patatas que había hecho el día anterior.

Se puso una blusa de color blanca, con una chaqueta larga que la llegaba un poco más de las rodillas, con unos zapatos altos de tacón, junto con una falda de color negra. Había entrado el frío de lleno con el cambio del clima, y lógicamente se abrigó para no tener frío.

Luego, debía de estar presentable para el nuevo trabajo que la habían asignado, por lo que no podía ir de cualquier manera. Sandra, no tenía coche, porque sus padres no tenían dinero para comprarla el coche, así que iba a la universidad y al trabajo en transporte público.

A la salida de su rellano, al llamar al ascensor, se cruzó con Teresa, la cual, había estado mirando los zapatos de Sandra al entrar al ascensor.

–¡Perdóname, Sandra! –dijo Teresa.

–¿Eres una esclava sexual, también? –preguntó Teresa.

–Si, soy una esclava sexual como tú, Teresa. –respondió Sandra.

–¿Y eso? ¿Cómo ha sucedido? –preguntó Teresa.

–Bueno han sucedido muchas cosas desde hace varios días, desde que te convertiste en la esclava de Patricia. –dijo Sandra.

–Digamos que me comencé a excitarme viendo todas esas cosas y terminé ayer por confesárselo a Patricia y a Diana. –dijo Sandra.

–Entiendo, a mí, me sucedió algo similar. –dijo Teresa.

–¿Sabes algo de mi Ama? –preguntó Teresa.

–Pues, ha estado muy ocupada con el trabajo del hospital. –respondió Sandra.

–Si, algo de eso supuse que sería. –dijo Teresa.

–¿Cómo te encuentras tú? –preguntó Sandra.

–Estoy bien, aceptando y reconociendo todo lo que ha sucedido. –dijo Teresa.

–De hecho, ahora voy al trabajo, que tengo turno de día, a diferencia de Patricia y de Diana, que tienen horario nocturno.

–Sí, yo también. –dijo Sandra.

–Veo que llevas puesto el collar con las anillas y las pulseras. –dijo Teresa.

–Si, el caso que me excité ayer, y me lo puse para ir al trabajo. –dijo Sandra.

–¿Y te ha sucedido algo? –preguntó Teresa.

–Pues que varias compañeras de mi clase, se han convertido en unas Amas dominantes, por lo que me sometieron, me humillaron y me denigraron. –dijo Sandra, mientras ambas salían por la puerta del edificio.

–¿Sí en serio? –preguntó Teresa.

–Si, mis Amas Nairi, Zoe, Martha y Susan. –dijo Sandra.

–Y luego me encontré con otras que no conocía de nada como mis Amas Naibi, María y otra que no recuerdo su nombre. –dijo Sandra.

–Pues sí que has tenido encuentros de BDSM, excitantes y morbosos. –dijo Teresa.

–Yo, me encontré don dos Amas en el Hospital, y creo que fueron las que se encontró Diana, cuando tenía el turno de la mañana. –dijo Teresa.

–¿Y cómo es tu día a día, Sandra? –preguntó Teresa.

–Pues, esta noche he dormido en el suelo a las patas de mi cama, que según me dijo Patricia, iba a ser la cama de Diana. –dijo Sandra.

–Me ha dicho que como me denigré tanto ante Diana que es su esclava y perra negra, soy ahora esclava de ambas. –dijo Sandra.

–¿Y cómo es eso? –preguntó Teresa, que íbamos las dos al mismo autobús para cogerlo.

–Perdona, pero ¿Tú no tenías un coche, Teresa? –preguntó Sandra, desconcertada.

–Si, pero se me rompió, y cómo no tengo dinero para reparar la avería, lo he dejado aparcado hasta que reúna el dinero para repararlo. –dijo Teresa.

–Pero cuéntame más sobre eso que te ha sucedido. –dijo Teresa.

–¿Por qué eres la esclava de tus compañeras de piso? –preguntó Teresa.

–Pues, que ayer, me envió un mensaje mi amiga Yolanda, poniendo que había tenido una sesión de BDSM con su Ama Zoe. –dijo Sandra.

–No fastidies, ¿Ella, también? –preguntó Teresa.

–Pues no te he contado que todas esas amigas de clase Ama Nairi, Ama Zoe, Ama Martha y Ama Susan, me reconocieron nada más llegar al trabajo. –dijo Sandra.

–Ajá. –dijo Teresa, excitada y emocionada por hablar con alguien de esos temas.

–Pues, me saludó Nairi en la puerta del trabajo con una sonrisa y diciéndome que llevaba un bonito collar al cuello. –dijo Sandra.

–Pero, no la vi que fuesen Amas, así que luego en la cafetería, me envió un mensaje, humillante y denigrante dándome órdenes que me acercara a saludarla. –dijo Sandra, enseñando su móvil con los mensajes correspondientes.

Eso hizo que Teresa se metiera en el papel, y entendiera la situación excitándose y poniéndose cachonda al igual que estaba Sandra por contarlo.

–Me acerqué a la mesa, me puse de rodillas y besé sus pies descalzos, humillándome y denigrándome delante de todo el que pasaba por ahí. Luego me desnudé, y estuve lamiendo sus pies, sus botas y zapatos para terminar lamiendo y chupando sus coños hasta correrse y mearse en mi boca como en mi cara y en mi cabeza. –dijo Sandra.

–¿Delante de todos en la misma cafetería en público? –preguntó Teresa.

–Si, exactamente. –dijo Sandra, excitada y cachonda perdida.

–Es toda una experiencia, la verdad. –dijo Teresa.

–Pero, no terminó la cosa, así como así. –dijo Sandra.

–Me cogió de la cadena y me hizo seguirla de rodillas detrás de ella como una perra hasta que me llevó a mi mesa, viéndome todas mis amigas o algunas más. –dijo Sandra.

–Ostras, sí que es fuerte. –dijo Teresa.

–Y después de todo eso, estaba muy excitada y cachonda perdida, de manera que cuando se marchó a su mesa antes de irse, me dijo que cuando llegara que me podía sentarme en la silla, mientras tanto de rodillas a cuatro patas como una perra en celo. –dijo Sandra.

Toda esa experiencia, hizo que Teresa, comenzará a tener perdidas de fluidos vaginales con sus vibradores follándola tanto analmente como vaginalmente.

–Una de mis amigas Yolanda, me preguntó que pasaba de manera que metió su mano en mis partes para pringarse de mis fluidos vaginales, por lo que me excité y comencé a lamer y a chupar su mano. –dijo Sandra.

–Joder, Sandra. –dijo Teresa.

–¿Y qué pasó al final? –preguntó Teresa.

–Pues que me arrodillé para lamerle y chuparle su coño, porque se había excitado, soltando sus fluidos vaginales, mientras que nuestras compañeras nos miraban incluidas mi Ama Nairi, Ama Zoe, Ama Martha y Ama Susan. –dijo Sandra.

–De esa manera, se fijaron en Yolanda, también. –dijo Sandra.

–¿Cómo que se fijaron? ¿Qué es lo que le sucedió a Yolanda? –preguntó Teresa.

–Pues, terminó corriéndose en mi boca, y yo se lo estuve limpiando con mi lengua hasta que comenzó a mearse sin poder controlarse, así que me lo tragué como una buena puta esclava de mierda que soy. –dijo Sandra.

–De esa manera, luego durante el resto del día tuve otros encuentros con las otras Amas, llamadas Naibi, María y otra que no recuerdo, pero a la salida del trabajo Ama Zoe, sedujo a Yolanda, sometiéndola, humillándola y denigrándola hasta convertirla en una esclava sexual como nosotras. –dijo Sandra.

–Madre mía, Sandra. –dijo Teresa.

–Yo pensaba que todo lo que me había pasado era duro, pero lo tuyo se lleva la palma. –dijo Teresa.

–Luego ella me envío este mensaje, y Patricia lo vio, así que se lo confesé, por lo que me puso el collar, y me hizo sesiones de BDSM hasta que me envió estos mensajes, diciéndome que soy la esclava de ambas. –dijo Sandra.

–Ya veo, pufff… –dijo Teresa.

No nos habíamos dado cuenta que detrás de nosotras iban unas cuatro chicas que habían estado escuchando toda la conversación. De forma que cuando nos bajamos del autobús, se nos quedaban mirando de abajo arriba.

–Ha sido un placer, hablar contigo. –dijo Teresa.

–Si, para mí, es igual. –dijo Sandra.

–Porque llevábamos tiempo que no sabía nada de ti, desde que nos cruzamos en el portal. –dijo Sandra.

–Entonces, ¿Hay habitaciones libres en vuestro piso? –preguntó Teresa.

–Si, puedes hablar con Patricia de eso. –respondió Sandra.

–¿Estás buscando piso? –preguntó Sandra.

–Si, porque han venido mis compañeras y no les gusta nada el tema del BDSM. –dijo Teresa.

–Me han dado una semana para irme. –dijo Teresa.

–Además, se lo han comentado a la casera, y piensa que soy una puta, una prostituta que vive y trabaja del sexo con el tema de BDSM.

–Ostras, sí que te están, yendo las cosas mal. –dijo Sandra.

–De hecho, esta noche, me dejaron mis cosas en el rellano, y me dijeron que me contentara con que no las habían tirado a la basura. –dijo Teresa.

–Nos vemos a la salida en el portal, donde vivo, y lo hablamos con Patricia. –dijo Sandra.

–Vale, muy bien. –dijo Teresa.

–¡Muchas gracias, Sandra! –dijo Teresa.

–Eres muy maja. –dijo Teresa, yéndose a la puerta del hospital, mientras que yo pasaba de largo para coger el otro autobús delante de la puerta de éste.

La verdad que lo que me había dicho Teresa, era bastante alarmante, ya que sus compañeras no querían que viviera más con ellas, sino que se añadía que se lo habían dicho a la casera, que la había puesto de patitas en la calle con sus cosas en el rellano.

No le había preguntado donde había dejado todas sus cosas, ni donde había dormido esa noche. Pero sin duda, era muy preocupante lo que le había sucedido.

Llegando a la puerta de la empresa donde trabajaba, me cruce con Nairi, que al verme se quedó mirándome, mientras que yo bajaba la mirada y miraba al suelo hasta ponerme delante de ella.

–Buenos días, mi Ama Nairi. –dijo Sandra, inclinando la cabeza para hacer la reverencia, cumpliendo el protocolo del BDSM.

–Buenos días, esclava. –respondió ella, señalando sus botas con su dedo.

En ese segundo, me arrodillé para besar sus botas en señal de respeto, obediencia y sumisión.

–Así, me gusta que me saludes, esclava. –dijo Nairi, entrando por la puerta, mientras chasqueaba con sus dedos.

–¡Sígueme, esclava! –ordenó Nairi, haciendo que me levantara para seguirla un paso o dos detrás de ella, caminando detrás hasta llegar al ascensor, por el cual entró.

Ella, le dio al botón de su planta en la que estaba trabajando, y detrás pulsó mi planta, para comenzar a hablar.

–¡Vienes muy bien vestida, puta zorra! –dijo Nairi, con una expresión y unos gestos como si tuviese celos.

–Nadie, diría que fueses una puta esclava y perra blanca más. –dijo Nairi.

–¡Ponte de rodillas con las manos a la espalda y abre tu asquerosa boca de perra guarra, esclava! –ordenó Nairi, escupiendo en mi boca junto a mi cara hasta que lleno mi boca con su saliva.

–¡Trágatela toda, esclava! –ordenó Nairi.

–Ahora comienza a limpiarme las botas, zorra de mierda. –ordenó Nairi, excitada y muy cachonda por tener esa mini sesión de BDSM a esa hora de la mañana.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió Sandra, recibiendo una bofetada en a cara.

–¡Hablarás cuando te ordene, esclava! –dijo Nairi, riéndose con una risa que humillaba y denigraba al escucharla.

En eso que la puerta se abrió, entrando varios compañeros o personas que salían de esa planta, viendo el panorama.

–Hola, Nairi. –dijo Pedro.

–Hola, Pedro. –dijo ella.

–¡Vemos que ya has empezado con otra esclava! –dijo Julia.

–Si, estas putas zorras son como las cucarachas, se reproducen por todas partes. –dijo Nairi.

–¡Tú, inútil, limpia la suela, esclava! –ordenó Nairi, levantando la pierna para que yo pasaba la lengua por la suela hasta dejárselas totalmente limpias.

–Cada día, me impresionas con lo sádica que eres. –dijo Victoria.

–¡Gracias, por el cumplido si lo es, Victoria! –dijo Nairi, que había llegado a su parada para salir por la puerta, dejándome de rodillas con la cara llena de escupitinajos, que con la mano me limpiaba para llevármelos a la boca para lamerlos hasta que tuve la cara limpia de nuevo.

–No lo entenderé nunca. –dijo Melany.

–Todas estas estúpidas que les gusta ser humilladas y denigradas por otros, es que no lo entiendo. –dijo Melany.

En ese momento, salían todas menos una para bajarse en otra planta, mientras que yo me levantaba para limpiarme las rodillas, y ponerme en pie.

–Por lo que veo, llevas un mal día. –dijo una muchacha de mí misma edad.

–Y eso que no ha empezado aún. –dijo ella.

–Si, lo sé. –dijo Sandra.

–Llevo dos días que no son normales. –dijo Sandra.

–Por lo que veo, llevas un collar, unas pulseras, y las marcas de las anillas en los pezones, te voy a preguntar una cosa. –dijo ella.

–¿Eres una esclava sexual? –preguntó esa chica.

–Si, soy una esclava sexual. –dijo Sandra, con un poco de vergüenza.

–Tú no te acordarás de mí, pero estuvimos en una clase en la facultad. –dijo ella.

–Soy Ainoa, estuve en el grupo de la clase de redacción histórica sobre noticias informativas digitales. –dijo ella.

–¡No te había reconocido, Ainoa! –dijo Sandra.

–Creo que llevabas el pelo más corto y como ahora lo llevas más largo, no te había reconocido. –dijo Sandra.

–¡Es un placer, Ainoa! –dijo Sandra.

–Yo me llamo Sandra. –dijo ella.

–Si, lo sé. –dijo Ainoa.

–Te vi ayer en el plató cuando estabas poniendo los informes de las noticias en las pantallas. –dijo Ainoa.

Yo me di cuenta que llevaba una pulsera tanto en la muñeca derecha como en su pierna derecha, por lo que entendí que era una Ama dominante como Nairi y todas las demás.

–De hecho, te iba a buscar a tu mesa de trabajo. –dijo Ainoa.

–¡Vamos, para dejarte unos informes! –dijo Ainoa, mientras que ella iba delante y yo detrás a un paso con la cabeza mirando al suelo o a sus botas.

Nada más llegar a la mesa, que era un habitáculo pequeñito, junto con otros más, así que dejé mis cosas y entonces le pregunté sobre que eran esos informes.

–Mira, la empresa sabe que hay empleados que practican el BDSM, y sobre eso no se mete en absoluto. –dijo Ainoa.

–Pero se han fijado en ti, para darte un puesto de trabajo diferente. –dijo Ainoa.

–Lo que hagas fuera de las horas de trabajo es asunto tuyo, pero en la empresa debes de comportarte. –dijo Ainoa.

–¡Entiendo, la pido perdón y disculpas por lo que ha visto en el ascensor! –dijo Sandra.

–He visto, lo que te ha ordenado Nairi, pero quiero que entiendas que, aunque te guste la D/s femenina, que te humillen, te denigren y te traten vejatoriamente, no deberías hacerlo en público nunca más. –dijo Ainoa.

–O por lo menos que no se note tanto. –dijo Ainoa.

–Pero, ¿Cómo puedo hacerlo? –preguntó Sandra.

–Mira, he leído el manual de BDSM, de hecho, mira, –dijo Ainoa, mostrando su pierna una pulsera en el tobillo derecho.

–Le pido, perdón mi Ama Ainoa. –dijo Sandra, poniéndose de rodillas, para hacer la reverencia y besar sus botas.

–No voy a rechazar este ofrecimiento, esclava. –dijo Ainoa, sentándose sobre mi mesa, poniéndome las botas delante de mí, que rápidamente entendí lo que quería.

Me puse a besar y a lamer sus botas, limpiando todo el barro que tenían, lamiendo la suela de las botas hasta que las dejé totalmente limpias, pero continuaba lamiéndolas hasta sacarle brillo con mi saliva.

–¡Ya está bien, esclava! –dijo Ainoa.

–¡Si, mi Ama Ainoa! –dijo Sandra, sumisamente!

–Mira, cuando te cruces con una Ama/o, le haces una reverencia con la cabeza y le saludas educadamente como has hecho conmigo o con Nairi. –dijo Ainoa.

–Pero que te pongas de rodillas y lamas las botas, recibas la saliva en tu boca o te mean dentro de ella o por todo tu cuerpo como cuando te lo hicieron ayer en la cafetería, es porque tu accedes a ello. –dijo Ainoa.

–No estás obligada ni por el protocolo ni por nada a obedecer a nadie, salvo el saludo y como máximo besar sus botas, poniéndote de rodillas. –dijo Ainoa.

–¡Lo he entendido, mi Ama Ainoa! –dijo Sandra.

–Ya lo veremos, porque vas de camino a que tu trayectoria se acabe antes de empezar, cuando le has caído bien a algunos directivos, Sandra. –dijo Ainoa.

–Toma, te dejo este informe para que vayas cambiando las noticias de las pantallas, Sandra. –dijo Ainoa, marchándose.

–Por cierto, he revisado tu trabajo de ayer, y lo has hecho muy bien. –dijo Ainoa.

–He visto en tu collar que no tienes Ama, por lo que eres una esclava novata, y eso explica tu comportamiento de sumisión, por lo que eres una esclava en proceso de aprendizaje. –dijo Ainoa.

–Por cierto, límpiate las partes, que veo que te estás corriendo, esclava –dijo Ainoa, saliendo de su habitáculo de trabajo, que era como una mesa con unas separaciones a los lados.

No pude soportarlo al escucharla decirlo, y me comencé a correrme, sentada en la silla, mientras iba metiendo las noticias en las diferentes pantallas. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer con la boca cerrada, intentando que nadie se diese cuenta de manera disimulada.

Con todas esas situaciones excitantes, más los vibradores metidos tanto en mi vagina como en mi ano, hacía que estuviese en todo momento excitada y cachonda perdida.

Estuve implementando las modificaciones dentro del programa para que se actualizara las noticias que iban a salir por las diferentes pantallas reflectoras. De manera, que cuando terminé de correrme y de limpiarme con toallitas, me levanté para ir al plató, para ir añadiéndolas una a una en cada pantalla.

En el pasillo, me cruce con Yolanda que iba muy bien vestida similar a mí, ya que noté cómo llevaba un collar con una cadena al cuello, con las anillas, marcándosele en la blusa que llevaba y las pulseras tanto en la pierna izquierda como en la muñeca izquierda, mostrándose como una esclava sexual ante todo el que la mirara.

–Hola, Yolanda. –dijo Sandra, con una sonrisa.

–Hola, Sandra. –dijo Yolanda, correspondiéndola con otra sonrisa de complicidad.

–¿Qué tal estás? –preguntó Sandra.

–Muy bien, ahora voy al plató, que me supongo que igual que tú. –respondió Yolanda.

–Pues, sí. –dijo Sandra.

–Voy al plató a modificar y actualizar los paneles, que me tocan. –dijo Sandra.

–¿Sabes que me he encontrado con otra Ama? –preguntó Sandra.

–¿Sí o qué? –preguntó Yolanda.

–¿La conozco? –preguntó Yolanda.

–Si, es Ainoa la que estuvo en clase nuestra en grupo sobre historia informativa digital o algo así. –respondió Sandra.

–Ostras, no lo sabía, pero si muchas veces, me cruzo con ella. –dijo Yolanda.

–Cuando me cruce con ella, la saludaré como corresponde, porque a veces la veo en la cafetería o en la sala del café o de descanso de departamento. –dijo Yolanda.

Las dos entraron al plató, con una entrada impresionante, porque eran dos mujeres muy guapas y muy bellas. Las miradas, fueron hacía ellas, para luego volver a sus quehaceres habituales dentro del plató.

Había muchas cámaras, muchos asistentes y los presentadores junto con los copresentadores, los maquilladores y personal auxiliar junto con la seguridad. Luego, había gente de público que estaban para aplaudir o para hacer lo que se les dijera dentro de cada uno de los pequeños platós que había separados por diferentes particiones dentro como de una gran nave, por así decirlo.

Yolanda se fue para un lado, mientras que Sandra, se fue para el otro lado, para ir poniendo las actualizaciones de las noticias de cada panel reflectante que le había tocado. No era un trabajo difícil, sino que era bastante rutinario y muchos podría decir que era aburrido, ya que leían las noticias que posteriormente iban a salir en directo, comprobando que todo funcionara correctamente.

Entonces, pasó lo que debía de suceder normalmente, para nuestras amigas, que fue un encuentro especial.

–Hola, Yolanda. –dijo Ainoa.

–Hola, mi Ama Ainoa. –respondió Yolanda, haciendo una reverencia con la cabeza.

Eso la pilló por sorpresa completamente, porque no esperaba que Yolanda se hubiera convertido en una esclava sexual, así que brevemente, intercambio unas palabras con ella.

Ella se fijó en la pulsera de la pierna izquierda, en su pulsera de su mano izquierda y en el collar, y desde luego notó las anillas perforando sus pezones a través de la blusa, marcándoselas.

–No sabía, que eras esclava sexual, Yolanda. –dijo Ainoa.

–Si, lo siento mucho, desde ayer, me he convertido en una esclava sexual. –dijo Yolanda, con la cara colorada y avergonzada.

–Mira, vamos a poner las informaciones de los paneles y como vamos siguiendo el mismo camino, me vas contando lo qué ha sucedido. –dijo Ainoa.

–Vale, mi Ama Ainoa. –respondió Yolanda.

–Veo que te excitas llamarme Ama, así que te voy a llamar esclava y a tratarte como una esclava más, Yolanda. –dijo Ainoa.

–Empieza a contarme lo que te ha sucedido, esclava. –ordenó Ainoa.

–Si, mi Ama Ainoa, como usted ordene. –respondió Yolanda.

–Tengo una amiga en común que es de nuestra clase que es una esclava sexual que se llama Sandra. El caso que ayer en la cafetería sucedió que se encontró con Ama Nairi, Ama Zoe, Ama Martha y Ama Susan junto con su esclava Violeta. –dijo Yolanda, mientras cambiaba la información de un panel y Ainoa hacía lo suyo con el que le tocaba.

–La humillaron, la sometieron y denigraron públicamente, así que se fijaron en mí. –dijo Yolanda.

–Sí, pude ver algo, pero no todo, esclava. –dijo Ainoa.

–¿Qué es lo que te ha sucedido a ti? –preguntó Ainoa.

–Para que estés en esta situación, cuando no te gustaban nada de estas cosas, me has sorprendido la verdad Yolanda. –dijo Ainoa.

–Pues, a la salida, fui al aseo, y me sorprendió por la espalda al darme la vuelta mi Ama Zoe, la cual me metió los dedos en mi vagina, mientras me besaba con la boca, estuvo masturbándome hasta que me corrí. –dijo Yolanda.

–Entonces, me metió la mano en mi boca, y excitada y cachonda perdida, no lo pude evitar, comencé a lamer su mano y a chupar sus dedos, para hacerme arrodillarme y comerle su coño hasta que se corrió en mi boca y se meo dentro de ella, en mi cara y por todo mi cuerpo. –dijo Yolanda.

–Me comenzó a darme bofetadas en la cara con su mano, dándole las gracias y contándolos como me lo había ordenado, para al final, ordenarme que me desnudara y que me arrodillara a cuatro patas como un perro ante ella. –dijo Yolanda.

–Después me puso mi correa de mis pantalones al cuello, salió al aparcamiento tirando de ella para que le siguiera desnuda como su perra. –dijo Yolanda.

–Luego vinieron otras humillaciones, denigraciones y vejaciones como lamerle los pies, chuparle las botas y recibir escupitinajos en la boca y comer del suelo comida masticada por ella y pisada por sus pies y sus botas. –dijo Yolanda.

–¡Entiendo todo! –dijo Ainoa con tristeza.

–La verdad que yo esas cosas, no las había visto nunca y menos en directo y en vivo en primera persona. –dijo Yolanda.

–El caso que me comenzó a excitarme y ponerme cachonda perdida. –dijo Yolanda.

–Así quela obedecía sin poder rechizar u oponerme a su voluntad. –dijo Yolanda.

–Ya veo, entiendo lo que me dices, Yolanda. –dijo Ainoa.

–Y me llevó en mi coche hasta la puerta de mi casa, de rodillas a cuatro patas como su perra. –dijo Yolanda.

–Dándome latigazos y fustazos tanto en mi espalda, en mis pechos como en mi vagina hasta que después de unos 75 latigazos, rompió y doblegó mi voluntad hasta convertirme en lo ves, una puta esclava sexual de mierda más. –dijo Yolanda.

–Necesito que me humillen, me denigren, y me vejen por necesidad sexual, ya que siento placer y gusto, mi Ama Ainoa. –dijo Yolanda, cambiando la siguiente pantalla del panel.

–¡Joder, Yolanda, no quería que te pasase eso, y mucho menos a ti! –dijo Ainoa.

–¿Y cómo lo has superado? –preguntó Ainoa.

–Porque esto que me has contado es como un trauma psicológicamente que necesitas se atendida por un especialista. –dijo Ainoa.

–Si, lo se. –dijo Yolanda.

–Estuve por irme del trabajo, abandonar mi casa y desaparecer o incluso suicidarme. –dijo Yolanda.

–Pero gracias a Sandra, hablé con Patricia que es doctora de un hospital, y se lo dije todo lo que me había pasado. –dijo Yolanda.

–¡Me parece estupendo y muy bien, esclava! –dijo Ainoa.

–¡Muchas gracias, mi Ama Ainoa! –dijo Yolanda.

–Ella supo entender lo que me había, porque era Ama dominante, y me estuvo explicándomelo hasta que comencé a pensar que no era culpa mía, lo que me había pasado. –dijo Yolanda.

–Y como fui a la presentación de la firma del libro de BDSM en el Club Nocturno. –dijo Yolanda.

–Me regalaron un pack gratuito que resultó ser de esclava, así que comencé a excitarme si me atrevería ponérmelo, y una vez que me lo puse, la verdad que estoy excitada y cachonda perdida al decírselo todo, mi Ama Ainoa.

–Somos amigas desde la facultad y no te preocupes, que si necesitas que te humille y te denigre lo haré, pero no públicamente como en el plató, sino más discretamente, esclava. –dijo Ainoa.

–Si, mi Ama Ainoa, como usted desee. –dijo Yolanda, haciendo una reverencia con la cabeza.

–¡Muy bien, esclava! –dijo Ainoa, continuando cambiando sus paneles, ya que ahora se tenían que separar de pasillo, y no compartían el mismo camino.

–Hasta luego, mi Ama Ainoa. –dijo Yolanda, yéndose por su camino para cambiar los diferentes paneles que le tocaban.

–Hasta luego, esclava. –respondió Ainoa.

Las diferentes secciones continuaban dando sus noticias de todo tipo, unas eran deportivas, otras de cosméticos, otras de cocina, y a cine, pero la más importante era la de las noticias.

Primeramente, las noticias de la mañana eran las más importantes, porque eran las que más gente veía nada más despertarse antes de irse a trabajar. Luego le seguían las noticias del medio día, que tenían mucha más audiencia, porque solían verse cuando uno come, y por último eran las noticias de la noche.

Durante el camino se encontraron Sandra con Ainoa.

–Hola, mi Ama Ainoa. –saludó la esclava, haciendo una reverencia con su cabeza.

–Hola, esclava. –dijo Ainoa, siguiendo haciendo su trabajo, mientras que Sandra continuaba haciendo el suyo.

El caso es que algunos programas estaban comenzando a emitirse junto con las noticias de la mañana que iban a comenzar. No se sabe si fue el destino o que es lo que sucedió, pero el presentador principal que había sustituido a la persona que se había marchado, no se encontraba, estaba ilocalizable debido a un accidente, en el cual se encontraba implicado, por lo que no podía llegar a tiempo a la cadena.

Cuando llamó por teléfono para decirlo a la dirección de la cadena, la gente comenzó a ponerse nerviosa, alarmándose un poco, ya que hacía unos días que se marchó a otra cadena. El director estaba hablando con el productor sobre lo que podían hacer, ya que quedaban unos minutos para que comenzara el telediario de la mañana.

Curiosamente, Sandra pasaba por delante de ellos, para poner las noticias del panel del telediario justamente del presentador que no había podido venir. Entonces el productor se fijó en aquella chica que estaba poniendo las frases en el panel reflectante.

–Oye, ¿Qué te parece si lo presenta ella? –preguntó el productor, mirando al director del programa.

–¿Quién dices? –preguntó el director.

–Esa chica, que está poniendo las frases a los paneles de las pantallas de diálogos. –dijo el productor.

–Deja que la mire un poco con detenimiento. –dijo el director, pensando, mientras la miraba.

–Además, se ha leído las noticias, ya que ella ha puesto las noticias en los diferentes paneles reflectante, por lo que las conoce, y le será más fácil de leerlas en directo. –dijo el productor.

–Faltan unos minutos, así que no tenemos nada que perder. –dijo el director.

–¡Oye, tú chica! –dijo el director.

–¡Ven aquí, un momento! –dijo el director.

Sandra se acercó a ellos para preguntarles lo que querían.

Al principio cuando se acercaba se asustó un poco por no saber si había hecho algo malo o no, o era algo que ella desconocía.

–¿Sí? ¿Qué es lo que quería director? –preguntó Sandra.

–¡Mira, además va muy bien vestida y todo! –dijo el productor.

–Si, creo que nos servirá. –dijo el director.

–¿Cuál era su nombre? –preguntó el director.

–Lo lleva en la etiqueta en la chaqueta, Juan. –dijo el productor.

–¡Oye, Sergio, ven! –dijo el director.

–¡Dígame! –preguntó Fernando.

–Coge a Sandra y llévala a la mesa. –dijo el productor.

–Vale, muy bien. –dijo Fernando, cogiendo de la mano a Sandra para tirar de ella, sentándola en la silla de la mesa donde la enfocaban todas las cámaras, y de repente se acercaron unas chicas que la peinaron y la maquillaron, dejándola increíblemente bellísima.

–¿Qué es lo que está sucediendo? –preguntó Sandra, algo nerviosa por todo lo que estaba ocurriendo.

–Mira, el presentador se ha quedado atascado en un accidente de tráfico, por lo que no puede venir, y tú has estado poniendo las noticias en los paneles reflectantes de las pantallas informativas, así que eres nuestra única alternativa. –dijo el director.

–Te has leído las noticias y te las sabes, ya que las has corregido para que se pusieran en los paneles para leerlas. –dijo el productor.

–¡No te pongas nerviosa, que estás muy guapa y lo harás muy bien! –dijo el auxiliar que estaba colocándole las noticias en papel, para que las leyera. Aunque tenía una pantalla reflectante que ella misma las había puesto.

–Léelas de manera natural, mirando a las pantallas, y tranquila que estamos aquí, para ayudarte en lo que podamos, Sandra.

–Nada más, empezar las noticias, dices tu nombre y saludas con la cabeza de forma educada. –dijo el auxiliar de cámara.

–¡Uno, dos, tres, estamos en directo! –dijo el auxiliar.

–¡Preparados listos, ya! –dijo Begoña, poniendo la melodía del telediario.

Con ustedes presenta las noticias de hoy Sandra Pérez Rodríguez.

–Hola, buenas noches a todos ustedes. –dijo Sandra, comenzando a dar las noticias, según las veía en las pantallas, leyéndolas en el panel que ella misma había puesto.

Durante unos cuarenta minutos estuvo dando las noticias para pasar a las noticias deportivas y luego a las del tiempo, dejándola descansar para relajarse ya que había estado en tensión, durante todo ese tiempo.

–¿Ya me puedo ir, director? –preguntó Sandra.

–¿A dónde vas? –preguntó el director.

–Tengo que seguir poniendo los paneles reflectantes las noticias que no puse pone, pero ahora van a comenzar, así que me voy corriendo para ponerlas. –dijo Sandra.

–¡Si, claro! –dijo el director.

–Aquí, ya has terminado. –dijo el director.

Sandra se marchó para ir cambiando los paneles que le quedaban para volver caminando, muy relajada, mientras pasaba por delante de ellos dos. Ambos, estaban hablando entre ellos cuando vino Begoña con Naiara, diciendo que las audiencias habían triplicado sus valores con respecto a los días anteriores.

–¡Mirad las estadísticas del telediario! –dijo Naiara.

–¡Esa chica es una mina! –dijo Naiara.

–Supera ya alcanzando el 90% de la audiencia, nunca habíamos llegado a ese nivel, dentro de unos minutos nos dirán el porcentaje exacto. –dijo Naiara.

–No podemos dejarla irse, si se da cuenta otra cadena, la contratan y nos la quitan. –dijo Begoña.

–¡Veamos, déjame las estadísticas! –dijo el director.

–¡Ostia, puta! –dijo éste.

–¿Qué es lo que sucede? –preguntó el productor.

En ese momento, llamaron por teléfono al productor para que subiera a la décima planta para presentarse en el despacho del director de la cadena.

–Ahora, tengo que irme al despacho del director. –dijo el productor.

–Luego, os cuento. –dijo éste.

El hombre fue a la planta decima para tocar a la puerta que la abrió la secretaria para decirle que le estaban esperando. Dentro estaba no sólo el director de la cadena sino más directivos e inversores que iban a invertir en la cadena por el aumento de las cifras en la audiencia.

–¡Siéntese, y mire las estadísticas! –dijo la secretaria.

–Han subido más que el triple y siguen aumentando los niveles de audiencia. –dijo el directivo.

–¿Habéis cambiado algo en la manera de presentar el programa? –preguntó uno de los directivos.

Uno de ellos, llamó a producción para que viniese un auxiliar del productor con la copia del visionado de la cinta. En pocos minutos, subió el auxiliar del productor con una copia de la cinta algo preocupado por si había metido la pata o algo.

Entró llamando a la puerta para que la secretaria, lo dejara entrar para entrar al despacho donde estaban todos sentados en la mesa, esperándolo.

–¡Ponga la cinta, y veamos! –dijo uno de los directivos.

La cinta comenzó reproduciendo las noticias hasta que llegó el momento clave en la que vieron una cara desconocida presentando las noticias.

–¿Dónde está Alfredo? –preguntó el director.

–Tuvo un accidente en la M40, y se quedó atascado, por lo que no pudo venir a tiempo a presentar las noticias. –dijo el productor.

–¿Y quién es esta chica? –preguntó el director.

–Es una becaria que se le asignó la revisión de las noticias, y era la responsable de poner las noticias en los paneles reflectante, por lo que pensé que era la única que había leído y revisado las noticias, podía ayudarnos a presentar el programa de hoy. –dijo el productor.

–¡Lo siento mucho si me he equivocado en tomar la decisión! –dijo el productor.

–La culpa, también es mía, que lo autorice. –dijo el director del programa.

–No, nos ha dejado impresionados, porque desde que ha presentado esa chica el programa, la audiencia ha aumentado, nos han llamado más inversores e incluso en las redes sociales, están preguntándose, ¿Quién es esa chica? –dijo el directivo, que estaba a la derecha del director general o ceo de la cadena.

–Bueno hablemos de esa chica, ¿Quién es? –preguntó el director general.

–Se llama Sandra Pérez Rodríguez, y es una becaria que ha comenzado a trabajar hace un día y medio en la empresa. –dijo el director, que había pedido la información al jefe de Sandra.

–¡Entiendo! –dijo éste.

–Sabéis qué las otras cadenas ya saben las estadísticas, así que tenemos que actuar rápido para que firme un contrato, o nos la quitan. –dijo el directivo.

–Desde hoy es la presentadora del telediario de la mañana, así que mandadla llamar que quiero verla para hacerme una idea de cómo es, aunque al verla en el telediario, me ha transmitido buenas sensaciones. –dijo el director general.

–Si es una becaria, debe de vivir en la casa de sus padres o compartiendo piso con otros compañeros –dijo el directivo.

–No podemos dejar que nuestra presentadora estrella, viva de mala manera en lugar peor que otros presentadores con reputación. –dijo otro directivo.

–Denla un apartamento para que pueda vivir la chica, y que sea un poco grande por si tiene novio o novia o si vive con sus padres, que lo pague la empresa. –dijo el director adjunto.

–Sobre el sueldo, cobrará lo mismo que un presentador veterano, porque si ha superado ese nivel de audiencia, ha hecho que la cadena crezca en inversiones y sea más valiosa. –dijo el director general.

–Estamos todos muy contentos con la nueva adquisición, así que nos vamos para continuar con nuestro trabajo. –dijeron los directivos y directores.

Sandra estaba con Yolanda y con Ainoa, hablando, sentadas en una mesa de la sala de descanso, cuando vino una chica preguntando por ella.

–¿Qué es lo que ha sucedido? –preguntó Ainoa.

–Pues, que he tenido que presentar las noticias, porque el presentador había quedado atascado en un accidente en la M40, y no podía llegar. –dijo Sandra.

–Pues, no sé si ha sido buena idea o no. –dijo Yolanda.

–¿Por qué lo dices? –preguntó Sandra.

–Porque si la audiencia ha descendido, le echaran la culpa al director del programa junto al productor. –dijo Ainoa.

–¿Y qué le puede suceder a Sandra? –preguntó Yolanda.

–Seguramente, la cambiarán de puesto de trabajo. –dijo Ainoa.

Cuando, se acercó una chica para preguntarles.

–¡Busco a Sandra! –preguntó Sofia.

–Soy yo. –preguntó Sandra.

–Ven conmigo que el ceo quiere verte en su despacho. –dijo ella, cogiéndola de su mano para hacerla levantar y arrastrarla rápidamente.

–Buena suerte, Sandra. –dijo Yolanda.

–¡Te estaremos esperando aquí, Sandra! –dijo Ainoa.

Sandra con Sofia, subieron a la planta decima donde la hizo entrar al despacho para que la secretaria la mirara de abajo arriba para hacerla pasar.

–Ya está aquí, señor. –dijo la secretaria.

–¡Hazla pasar, Carmen! –dijo el ceo.

Sandra era una chica muy guapa, vestida como iba, impresionaba a la gente al verla. Las mujeres seguramente, la tendrían celos y los hombres se quedarían embobados con su belleza, así que cuando pasó, dejando impresionado al ceo general de la cadena, la secretaría la miró de manera despectiva.

–Hola, buenos días, señor director. –dijo Sandra.

–Me acaban de decir que me ha llamado y que quería hablar conmigo. –dijo Sandra, muy educada y muy formal.

–Si, lo cierto es que tengo una buena noticia para ti. –dijo el ceo.

–Voy a ofrecerte un nuevo puesto de trabajo. –dijo el ceo.

–De hecho, tengo el contrato aquí, ya redactado y preparado para que lo firmes de inmediato. –dijo el ceo.

–Pero ¿De qué se trata todo esto? –preguntó Sandra.

–Han aumentado las audiencias de la cadena al presentar tú el programa de las noticias. –dijo el ceo.

–Por lo que te ofrezco el puesto de presentadora principal en el turno de la mañana. –dijo el ceo.

–Claramente, te ofrecemos este salario, un apartamento, pagado por la empresa, ya que estás empezando en la empresa, y un coche para que lo uses para venir al trabajo. –dijo el ceo.

–Piensa que esta oportunidad, no se le ofrece a todo el mundo, nada más llegar a una empresa al entrar como becaria. –dijo el ceo.

–Entiendo. –dijo Sandra, leyendo el contrato y dándose cuenta de la oportunidad de trabajo.

–¿Cuánto tiempo me da para pensarlo y darle una respuesta, señor director general? –preguntó Sandra.

–Claro, por supuesto. –dijo el ceo, que tenía la misma edad que Sandra, pero que seguramente sería el hijo del dueño de la cadena que le había dado ese puesto.

–Pues cómo máximo tienes cinco horas, porque mañana hay que tener un presentador si al final rechazas la oferta de trabajo, nombraremos a otro. –dijo el ceo.

–¿Estás casada? ¿Eres lesbiana? ¿Tienes hijos? –preguntó el ceo.

–No sucede nada, hoy en día la sociedad es muy abierta de mente. –dijo el ceo.

–No, no para nada. –dijo Sandra.

–¿No entiendo porque se lo piensa tanto? Es una oferta increíble para una chica becaria. –dijo el ceo.

Mientras esperaba la decisión de Sandra, el ceo admiraba ese cuerpo de Dios la había otorgado a esa criatura tan bella de la que se quedó loco nada más verla entrar por la puerta.

–Vale, firmo el contrato, pero necesito protección porque al salir directamente en la televisión, seré la cara pública de la cadena en el horario de las noticias informativas de la mañana. –dijo Sandra.

–Y podría encontrarme algún loco que me pueda acosar o hacerme algo. –dijo Sandra.

–Estoy de acuerdo, porque estamos viviendo unos tiempos que a las mujeres suelen acosarlas o molestarlas de alguna manera. –dijo el ceo.

–¿Qué es ese colgante que lleva en el cuello? –preguntó el ceo.

–Es un collar de plata, de un gran diseño que me ha regalado una amiga. –respondió Sandra, saliendo del paso con naturalidad.

–Es muy bonito, queda a juego con las pulseras. –dijo el ceo.

–De hecho, lo he visto mucho en las reuniones y fiestas de la empresa, que muchas mujeres les gusta ese tipo de joyas y bisutería. –dijo el ceo.

–Si, es cierto, señor director general. –dijo Sandra, entregándole el contrato firmado.

–¡Vale! –dijo Sandra.

–Toma tu dirección y las llaves del coche, que lo tienes en el aparcamiento número 7. –dijo el ceo.

El ceo, llamó a su secretaria que entro, echando una mirada de celos a Sandra, que el propio ceo se percató de la envidia que le daba Sandra.

–¿Ya me puedo ir, señor director general? –preguntó Sandra.

–¡Si, claro! –dijo el ceo.

–¡Muchas gracias, señor director general! –dijo Sandra, haciéndole una reverencia con la cabeza como hacían en los países asiáticos.

Sandra se marchó, cerrando la puerta para coger el ascensor, e irse al lugar de descanso donde estaban esperándola sus amigas.

–¿En dónde se ha creído esta que estamos? –preguntó la secretaria.

–Es un saludo de respeto, obediencia y sumisión ante su jefe. –dijo el ceo.

–Lo suelen usar en las empresas en Asia, como en corea del sur, o japón, y en otros países asiáticos como es china, Taiwán y en otras –dijo el ceo, quitándole hierro al asunto.

–Deberías de ser así de educada como ella, porque si un día tengo que recibir a un directivo de otro país asiático, se quedaría impresionado viendo ese saludo. –dijo el ceo.

–Si, señor director general, como usted ordene. –respondió la secretaria, copiando la manera de saludar de Sandra con su reverencia.

La secretaria guardó silencio para marcharse cerrando la puerta.

El ceo, no supo si lo hizo con segundas intenciones o si era porque quería agradarle, pero que más daba.

El ceo se dio cuenta de la manera educada que se había comportado Sandra a pesar de que no se lo esperaba, siendo una chica tan joven de su misma edad, pero la manera de decirlo y su actitud, pensó que ese tipo de educación hacía falta en la empresa.

Tener más gente comprometida como ella, haría que la empresa creciera más, porque aportan a la empresa mucho más que los demás, pensaba el ceo.

Sandra cogió el ascensor para bajar a la planta del plató para ir al lugar de descanso en el que estaban esperándola sus amigas.

–Hola, Sandra. –dijeron las dos.

–¿Qué es lo que te han dicho? –preguntó Yolanda.

–Me han ofrecido el puesto de presentadora principal. –dijo Sandra.

–¡Ostras, madre mía! –dijo Ainoa.

–¿Y qué has respondido? –preguntó Yolanda.

–He aceptado y he firmado el contrato, porque como me ha dicho el ceo, es una oferta que no se puede rechazar. –dijo Sandra.

–Y qué, además, sólo aparece una vez en la vida. –dijo Ainoa.

–¿Y qué vas hacer con el tema del BDSM? –preguntó Ainoa.

–Ahora, te vigilaran más y te miraran con lupa, ya no podrás hacer nada en público, porque eso hundiría las acciones de la empresa. –dijo Ainoa.

–Si, es verdad. –dijo Sandra.

–Por eso, he pensado qué en público, solamente hacer la reverencia y saludar así con la frase.

–Hola, buenos días, mi Ama Ainoa. –dijo Sandra, haciendo la reverencia.

–Entiendo. –dijo Ainoa.

–¿Cómo lo ves? ¿Es suficiente? –preguntó Sandra.

–¿Qué es lo máximo que puedo hacer en público sin perjudicar a la cadena y a mi trabajo? –preguntó Sandra.

–Saludar, así como me has saludado con la reverencia de la cabeza, y eso de ponerse de rodillas para besar nuestros zapatos, es lo máximo que deberías de hacer, pero en zonas no públicas. –respondió Ainoa.

–En público con los directores, no debes de llamar mi Ama a nadie, ni permitir que te llamen esclava, y mucho menos arrodillarte. –dijo Ainoa.

–Si lo haces delante de alguien de peso de la empresa, podrían surgir los cuchicheos y los chismes de empresa, porque piensa que muchos envidiarán tu nuevo puesto como presentadora. –dijo Ainoa.

–Entiendo. –dijo Sandra.

–Si, es un tema muy delicado. –dijo Yolanda.

–De esa manera, se acabaron las humillaciones y denigraciones como la que tuviste ayer en la cafetería públicamente. –dijo Ainoa.

–No podrás permitir que te hagan humillaciones, denigraciones y vejaciones en la empresa y cuidado con hacerlo en otros sitios. –dijo Ainoa.

–Pues, sí. –dijo Yolanda.

–Volveré a ser una reprimida sexual. –dijo Sandra.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Ainoa, pensando que llevaba toda la carrera, siendo una reprimida más como todas ellas.

–Además, me han proporcionado protección porque al ser la cara pública de la cadena, habrá gente que pueda hacerme daño. –dijo Sandra.

–¿Qué es lo que te ha sucedido? –preguntó Ainoa, con interés por saberlo y quiénes habían sido.

Sandra comenzó a contárselo todo desde el principio, dándose cuenta Ainoa, que no había entrado en ese mundo voluntariamente, sino que había estado condicionada por la amiga con la que vivía y con las demás. Se sorprendió al conocer los nombres de las otras Amas de la empresa con las que se había cruzado.

–En ese momento, llegó un guardia de seguridad, que se acercó a la mesa donde estaban ellas.

–Hola, soy Sergio. –dijo él.

–Soy de seguridad para protegerla, usted es la señorita Sandra, como me indica en este papel. –dijo él.

–Sus cosas se han trasladado a otro despacho de otra planta. –dijo el guardaespaldas.

–No se preocupe, que estaré vigilándola, sin que se note mi presencia para que, si sucede algo, intervenga para ayudarla. –dijo él.

–¡Vale, muchas gracias! –dijo Sandra, impresionada.

–Además, todos los presentadores y altos directivos, tienen protección desde que a uno le agredieron por dar un tipo de noticia que no gusto a una persona. –dijo el guardaespaldas.

–Bueno, es hora de volver al trabajo, chicas. –dijo Ainoa, que se levantó para irse, mientras que Sandra y Yolanda, se iban con ella.

Las tres, iban por el pasillo para coger el ascensor cuando se cruzaron con Nairi que iba con Zoe y con Violeta.

–Hola, Nairi, Zoe y Violeta. –dijo Ainoa.

–Hola, Ainoa. –dijeron ellas.

En cambio, Yolanda y Sandra, hicieron una reverencia con la cabeza para saludarlas.

–Hola, mi Ama Nairi, mi Ama Zoe. –dijeron ambas.

–Hola, esclavas. –dijeron Nairi como Zoe, marchándose justamente en la planta que les tocaba.

–Parece que al estar yo delante no os han humillado, ni denigrado más. –dijo Ainoa.

Ambas antes que llegaran a la planta, se arrodillaron para besar sus botas.

–Si, mi Ama Ainoa. –dijeron las dos.

–Lleva toda la razón, mi Ama Ainoa. –dijeron ellas.

–¡Muchas gracias, mi Ama Ainoa! –dijeron las dos esclavas sexuales.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Ainoa, por la situación, pero sabía que esa risa había excitado a sus dos amigas con las que se cruzaba en el trabajo, por su cercanía se iban haciendo más amigas como cuando en la facultad.

–Así me gusta, esclavas. –dijo Ainoa, marchándose junto con Yolanda detrás de ella y de Sandra que se separó en un cruce para seguir la ruta de su nuevo despacho.

Llegó a un ascensor especial, el cuál al darle al botón, se abrió, dejándola pasar para meter una llave que le había dado dentro del sobre con los papeles que le indicaban el despacho correcto.

El ascensor la llevó a la planta novena, una menos de la del ceo de la cadena, y mirando el despacho era el número 25, en donde vio al guardaespaldas, esperándola en la puerta.

–Hola, de nuevo. –dijo él.

–Hola. –dijo Sandra, pasando al despacho que la dejó muy impresionada, no era muy grande, era muy coqueto y chulo, y tenía unas buenas vistas.

Sandra, se sentó en la silla, para ponerse a trabajar con las noticias que iban llegando para revisarlas para el día de mañana. Las horas pasaban muy rápidamente hasta que llegó la hora de la salida, y terminando justamente en el último minuto, para levantarse para coger su abrigo y salir por la puerta.

Ella, se dio cuenta que Sergio la seguía, haciendo que se sintiera segura. Ella no lo sabía, pero era una orden expresa del ceo general, que quería que no la pasara nada.

Cuando bajaron por el ascensor especial y salieron el pasillo general, el guardaespaldas se alejó un poco para no sé percibido. De esta forma, Sandra se cruzó con Gema, Susana, Leticia y todas las demás, que había oído que había una nueva presentadora del telediario de la mañana, pero al verla a ella, todas se quedaron impresionadas.

–Hola, Sandra. –dijeron todas.

–Ya nos hemos enterado de que eres la nueva presentadora principal de la cadena en el horario de la mañana. –dijeron ellas.

–¡Menuda suerte que has tenido! –dijo Gema.

–Esperamos que no la cagues, Sandra. –dijo Susana.

–Si, la verdad que ha sido suerte. –dijo Leticia.

–Por cierto, nos hemos enterado de lo que le ha sucedido a Yolanda. –dijo Nagore.

–Si, menudas zorras que están hechas esas. –dijo Susana,

–Son unas brujas. –dijo Gema.

–Pues, sí. –dijo Sandra.

–Lo cierto que se aprovecharon y atacaron por sorpresa. –dijo Yolanda.

–Todas iban por el mismo pasillo hasta que se conectó contra sala de la que se conectaban con otros pasillos, donde se encontraron con Nairi, Naibi, María, Martha, Susan, Zoe y Violeta.

En ese momento, Yolanda junto con Sandra hicieron una reverencia para saludarlas.

–Hola, mi Ama Nairi, mi Ama Naibi, mi Ama Zoe, mi Ama Susan, mi Ama María. –dijeron las esclavas.

–Hola, esclavas. –dijeron ellas, siguiendo su camino sin decir nada más.

–Hola Violeta. –dijeron ellas.

–Hola Chicas. –dijo Violeta, que se apartó de ellas que se iban con celeridad.

–¿Qué es lo que ha sucedido? –preguntó Susana.

–¿No has leído las nuevas normas? –dijo Leticia.

–Ya no pueden abusar de nadie como antes. –dijo Ainoa, que se unió a ellas.

–Ha llegado a oídos de los directivos de la cadena, lo que ha sucedido ayer en la cafetería con lo de Sandra, así que se han puesto más firmes con todo eso. –dijo Leticia.

–Si, parece que han dado queja por esos actos tan obscenos en público. –dijo Gema.

–Hola Ainoa. –dijeron las dos, haciendo la reverencia.

–Hola, esclavas. –dijo Ainoa, con una sonrisa.

–Espero que estéis mejor ahora que antes, esclavas. –dijo Ainoa.

–Si, la verdad que sí. –dijeron ellas, saliendo todas fuera del edificio.

–¿No sabíamos que eras Amas dominante, Ainoa? –preguntó Leticia.

–Si, llevó un tiempo que me gusta la BDSM, y me excita dominar y someter a chicas o a chicos, humillándolos y denigrándolos. –dijo Ainoa.

–Pues, no lo sabíamos desde la facultad, no se notaba nada. –dijo Gema.

–Mirad mis pulseras en mi brazo derecho como en mi pierna derecha, son señales que una es Ama dominante. –dijo Ainoa.

–Claro, es que todas esas cosas en la facultad, no lo sabíamos. –dijo Sofia, que había permanecido callada, observándolas.

Leticia se quedó mirándolas cuando pasaron y cuando se acercó Ainoa, también la miró de arriba abajo. Ainoa se percató al sentirse observada como si alguien la mirara. Se dio cuenta que era una mirada de curiosidad como tratando de entenderlo o de comprenderlo.

Ella, no le dio más importancia, sino que le divertía, dejándola que se rompiese la cabecita de empollona que solía tener para todo. Había sido compañera de clase y la conocía como era, pero si resultaba que era sumisa, se iba a partir el culo de la risa, humillándola y denigrándola, porque sólo escucharla decir mi Ama tal o cual, era algo que le daba satisfacción y placer.

Leticia había sido una compañera de grupo, pero también había compartido piso con ella, y era una sabionda, que sabía de todo y trataba de entenderlo todo con la razón, pero sólo pensar cómo es el tema de la BDSM, que no lo entendiera y resultara que fuese una sumisa y terminara comportándose como una esclava, la mataría pensándolo, y rompiéndose la cabeza intentando descubrirlo.

Todas se estaban despidiéndose para terminar hablando Ainoa unas palabras tanto a Yolanda como a Sandra, estando las demás escuchándola.

–Recordad, qué en público, no hagáis nada. –dijo Ainoa.

–Sólo haced la reverencia con la cabeza y saludar, pero eso de arrodillarse para besar nuestras botas o zapatos o lamer nuestros pies, no lo hagáis en público. –dijo Ainoa.

–Y mucho menos detrás de las nuevas normas, por lo rumores esos de escenas obscenas que se han visto tanto ayer como hoy y demás. –dijo Ainoa.

–La pena sería que os echen de la empresa. –dijo Ainoa, mientras jugaba con sus pies, descalzándoselos, sentir picor y tratándose de rascarse un pie con el otro, para volver a ponerse los zapatos de tacón.

Ainoa, se percató que Leticia, no dejó de mirarla sus pies ni un minuto hasta que se volvió a ponerse los zapatos, dejándola sin espectáculo ninguno.

–¿Has disfrutado Leticia? –preguntó Ainoa, dejándola sin nada que poder responder.

–Yo no,…–iba a decir Leticia, excitada y colorada como un tomate.

–Te voy a dar placer, Leticia. –dijo Ainoa, descalzándose para continuar con todas caminando, mientras que Leticia la seguía detrás, mirando sus pies, manchándose al caminar por el suelo del pasillo hasta que salieron al aparcamiento.

Muchas tenían coche, las cuales se fueron despidiendo una de las otras, para marcharse en sus coches, quedándose Sandra, caminando por el aparcamiento para llegar a la parada del autobús.

–Sígueme, Leticia. –dijo Ainoa.

–Si quieres tener un momento de disfrute y de diversión erótica, que por lo que veo lo necesitas. –dijo Ainoa.

–Si, pero ¿Qué vas hacer, Ainoa? –preguntó Leticia ajustándose sus gafas.

–No voy hacer nada, eres tú la que debes de pensar. –dijo Ainoa.

–Mira mis pies, y sígueme hasta el coche, Leticia. –dijo Ainoa.

–Disfruta del momento, no pienses. –dijo Ainoa.

–Siempre estás racionalizándolo todo con la razón, y hay cosas que no puede ser racionalizadas. –dijo Ainoa.

–Ves aquel banco que está al lado de mi coche. –dijo Ainoa.

–Voy a sentarme con los pies sucios, y yo no te voy a decir nada, Leticia. –dijo Ainoa.

–Lo vas a decir tú, lo que vas hacer si sigues adelante hasta tu coche o en cambio haces lo que quieres hacer, que es limpiarme los pies. –dijo Ainoa.

–Porque he caminado descalza, manchándomelos para darte placer, y que te excites, soltando fluidos vaginales como una perra en celo, Leticia. –dijo Ainoa.

Ainoa, llegó al banco para sentarse y dejar los pies en el suelo, cogiendo el móvil para ponerse a leer mensajes o chatear por WhatsApp. Sin embargo, Leticia se puso de rodillas e hizo una reverencia como había visto hacer y se puso a besar sus pies.

–Pon las manos a la espalda, Leticia. –dijo Ainoa.

–Y ábrete de piernas ante mí, quiero ver cómo te corres como una perra en celo.

Entonces, Ainoa puso los pies en su cara, mientras se los restregaba, haciendo que oliera su sudor, y suciedad, manchándola la cara.

–¡Saca la lengua y déjala fuera! –ordenó Ainoa, mientras ella restregaba sus plantas sucias con su lengua, limpiándose con ella, hasta que le dejó las plantas limpias, para proceder a meterle los dedos de sus pies, que Leticia, chupaba con deseo y placer.

Leticia, a la misma vez que era seducida eróticamente por los pies de Ainoa, se estaba corriendo, manchando sus bragas, comentando a tener un orgasmo por semejante humillación y denigración, que comenzó a gemir de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Ahora, dejaré mis pies quietos, para que seas tú la que los lamas, Leticia. –ordenó Ainoa.

Leticia, comenzó a lamerle los pies, una y otra vez, lamiendo la planta, metiendo la lengua entre los dedos, limpiando la suciedad hasta que después de unos minutos, se lo dejó limpios, pero ella continuaba lamiéndoselos hasta que Ainoa terminó de hablar por teléfono, diciendo que una esclava la estaba limpiándole los pies con su lengua, humillándola, mientras ella se corría ante esa humillación y denigración.

–Aparta, Leticia. –ordenó Ainoa, poniendo un pie en su boca, apartándola hacía atrás, deteniendo la lamida de sus pies, manteniéndole su pie en su cara, durante unos minutos.

–¡Quiero que te corras para mí, Leticia! –ordenó Ainoa.

Leticia no puso resistirse al terminar la frase, se comenzó a correrse de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Ahora me toca gozar a mí, Leticia. –dijo Ainoa, poniendo su coño en su boca restregándoselo, de forma que Leticia comenzó a lamérselo y a chupárselo como mejor podía ya que era su primera vez que le hacía sexo vaginal a una chica.

De esto se dio cuenta Ainoa, que le iba diciendo, mueve la lengua en círculos, métetela más, y sácala.

–Límpiame con la lengua, que lo tengo sucio, zorra. –ordenó Ainoa, excitada y poniéndose cachonda perdida.

Después de unos minutos, comenzó a excitarse de tal manera que comenzó a tener una serie de orgasmos seguidos que hizo que gimiera de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía de placer. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía de placer.

–Trágatelo todo y chúpamelo, puta zorra. –dijo Ainoa, corriéndose de placer como una diosa hasta que terminó de correrse y espero a que se lo limpiara para proseguir con su plan.

Entonces, comenzó a orinar en la boca de Leticia, para que esta comenzara a tragárselo y a beberse su orina, hasta que se apartó para mearla en la cara, en su cabeza y por toda su espalda, duchándola bien con su pis.

–Ya has disfrutado mucho, esclava. –dijo Ainoa, poniéndose su calzado.

Ainoa puso las bocas en su cara, diciéndole que continuara limpiándoselas.

–¡Lame mis botas, esclava! –ordenó Ainoa, que veía como Leticia la obedecía lamiendo y limpiado sus botas hasta que limpia la suela de las botas, teniendo otro orgasmo y corriéndose de placer, manchándose las bragas y la falda.

Detrás se levantó para ponerse a caminar para irse hacía su coche, dejando a Leticia, paralizada por lo que le había dicho y por lo que había hecho, así que unos minutos después se subió a su coche para irse a su casa, con su cara manchada de suciedad, el maquillaje corrido, con las bragas mojadas, manchando sus medias y zapatos.

–Soy una puta esclava zorra como ellas. –pensó Leticia, pero sonriendo con una cara de estúpida por haber tenido el mejor orgasmo de su vida, siendo humillada y denigrada por su amiga Ainoa.

Ainoa está a punto de meterse en el coche cuando vio a Sandra acercarse a una zona oscura cerca del coche que le habían prestado, aunque no pensaba usarlo esa noche, sino otro día.

Pasando el coche que le había prestado la empresa en una zona oscura con unos matorrales, ya que el aparcamiento estaba rodeado de una especie de parque con zonas verdes, aparecieron Nairi, Zoe, Martha, Susan, Naibi sentadas en un banco con Violeta desnuda, arrodillada a sus pies, lamiéndoselos y chupándoselos.

–Eres una puta zorra de mierda, esclava. –dijo Nairi.

–¡Ven y ponte de rodillas, esclava! –ordenó Naibi, chascando los dedos para que Sandra se diese cuenta y se acercara a ellas.

–Si, mi Ama Naibi, mi Ama Nairi. –respondió Sandra, poniéndose de rodillas, desnudándose para no mancharse la ropa.

Sandra hizo la reverencia para comenzar a besar sus pies, una detrás de otra hasta besar sus pies en señal de respeto, obediencia y sumisión.

–¡Comienza a lamerlos y a chuparlos, esclava! –ordenó Nairi.

–Si, mi Ama Nairi. –respondió Sandra, recibiendo una serie de bofetadas en la cara que se convirtieron en 25 guantazos.

–Eso es para que hables sin permiso, esclava. –dijo Nairi, riéndose de placer. –¡Ja, ja, ja, ja! –reía Nairi.

Sandra lamía y chupaba sus pies con pasión y placer, para terminar y pasar a la siguiente hasta que lamió y chupo los pies de todas ellas.

–¡Abre la boca, puta esclava de mierda! –ordenó Zoe, comenzando a escupirla en su cara y en su boca, mientras que las amigas seguían su ejemplo hasta que le llenaron la boca de salida.

–¡Cierra tu boca y trágatelo, esclava! –ordenó Susan.

Sandra cerró la boca para tragarse los escupitinajos de todas ellas.

–¡Límpiate la cara, esclava! –ordenó Naibi.

Usando sus manos para limpiarse los escupitinajos de su cara para llevárselos a su boca para lamer la salida de los escupitinajos.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reían ellas de verla denigrarse y humillarte ante ellas.

–¡Abre la boca, esclava! –ordenó Martha, para poner su coño en su boca e ir meándola dentro de ella.

Detrás estuvo limpiándole su coño para dejárselo totalmente limpio, para ponerse la siguiente para meare dentro de su boca y por todo su cuerpo, marcándola como un animal.

–Me ha dicho un pajarito que tienes Ama, y que vives con ella compartiendo piso, por eso llevas el nombre en el collar, por lo que no podemos hacerte nada más desde ahora, y mucho menos en público, pero vamos hacer que nos recuerdes a base de latigazos, esclava. –dijo Nairi.

Ella se había colocado detrás de ella, junto con las demás, mientras que Violeta estaba a su lado, para comenzar a darles latigazos uno detrás de otro.

–¡Ven contándolos y danos las gracias, esclava! –ordenaron ellas.

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Uno, dos, tres, cuatro, cinco! –decía la esclava de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer. –¡Muchas gracias mis Amas Nairi, Naibi, Zoe, Martha, Susan, María!

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Seis, siete, ocho, nueve, diez! –decía la esclava de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer. –¡Muchas gracias mis Amas Nairi, Naibi, Zoe, Martha, Susan, María!

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Once, doce, trece, catorce, quince! –decía la esclava de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer. –¡Muchas gracias mis Amas Nairi, Naibi, Zoe, Martha, Susan, María!

–¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Zas! –¡Dieciséis, diecisiete, dieciocho, diecinueve, veinte! –decía la esclava de dolor. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer. –¡Muchas gracias mis Amas Nairi, Naibi, Zoe, Martha, Susan, María!

En total, le dieron unos 25 latigazos cada una, mientras la esclava gemía de placer y de dolor, corriéndose de placer, teniendo varios orgasmos seguidos que la dejaron loca de placer gimiendo como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer. –¡Muchas gracias mis Amas Nairi, Naibi, Zoe, Martha, Susan, María!

La humillación y denigración, no terminaron ahí, porque nada más terminar de correrse, cogieron la cadena tirando de ella para hacerla ponerse de rodillas con las piernas abiertas y las manos detrás de la cabeza, tensando las cadenas de sus pezones, haciendo que gimiera nuevamente de placer. –¡Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer.

Una detrás de otra, fueron poniendo su ano en su boca para comenzar a cagarse dentro de su boca. Era algo asqueroso, repugnante, pero después de la segunda mierda que tragaba y que tenía que masticar, comenzó a saborearlas y a sentir placer por comerlas, así que iba lamiendo su ano para limpiárselo completamente, una detrás de otra, dejándola totalmente humillada y denigrada.

–Mira la puta, después de la primera, ya lo disfruta. –dijo Nairi.

–Qué guarra y que zorra, eres Sandra. –dijo Naibi.

–Eres una comer mierdas, esclava. –dijo Zoe.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reía Martha, María y Susan.

Hasta que ordenaron a Violeta, cagarse en su boca, haciendo que Sandra le limpiara su culo y se meara en su boca hasta tragársela toda, orinándola por todo su cuerpo.

Todas unas detrás de otras, fueron meándose en su boca para dejar un poco para mearla por su cara, cabeza y por todo su cuerpo.

Una vez que terminaron, ordenaron a Violeta que le pusiese los pies delante de la cara de Sandra, para que ella comenzara a lamérselos y a chupárselos hasta dejárselos limpios.

–¡Ya te puedes ir, esclava! –dijo Nairi, tirándole un par de billetes al suelo delante de ella y encima de ella.

–Ahora, sabrás lo que es ser una esclava y perra blanca de mierda más, y cada vez que no veas, recuerdes lo de esta noche y que cada vez que veas a mi esclava Violeta, te des cuenta que te comiste su mierda, bebiste su pis y le lamiste sus pies como su esclava, puta zorra. –dijo Nairi.

–¡Toma, puta zorra! –dijo Naibi, tirándola otro par de billetes de cinco euros.

–Eres una puta zorra de mierda, que folla por placer, esclava. –dijo Zoe, tirándole otro par de billetes al suelo.

–¡Recógelo, esclava! –dijo Zoe.

–Las putas zorras como tú, cobran por sexo. –dijo Susan, tirándola otro par de billetes a la cara.

–Te gusta, el dinero, esclava. –dijo Martha, tirándola otro par de billetes a la cara.

–Eso es lo que vales, esclava. –dijo Nairi.

–Cuestas unos 5 euros por cada una de nosotras, esclava. –dijo Naibi, restregándose los pies en su cara, haciendo que Sandra, lamiera sus sucios pies negros.

–¡Ja, ja, ja, ja! –reían todas ellas en su cara, mientras la volvían a escupir en su boca y en su cara, cuerpo.

–Cada vez que nos veas por los pasillos, nos recordarás, esclava. –dijo Naibi.

–Creo que hasta te correrás, pensando en esta noche, cuando se repetirá, esclava. –dijo Nairi.

–Pero, no volverá a suceder a menos que nos lo supliques, esclava y perra blanca que eres. –dijo Naibi.

Todas se fueron levantándose para marcharse con Violeta detrás de ellas, de rodillas a cuatro patas como la esclava y perra blanca que era.

Sandra se quedó un momento en silencio, terminando de correrse de placer y de gusto, teniendo otra serie de orgasmos consecutivos que la hicieron gemir de placer y de gusto. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer. –¡Muchas gracias mis Amas Nairi, Naibi, Zoe, Martha, Susan, María!

Cuando terminó se puse a limpiarse con las manos los escupitinajos de su cuerpo y a lamerse como si fuese un animal hasta que darse limpia.

En ese momento, hizo su aparición Ainoa, que se quedó mirándola como había terminado Sandra, oliendo a pis, a corridas de zorra, a mierda con el maquillaje corrido y con billetes en el suelo.

–No tienes que explicarme nada, lo he visto todo. –dijo Ainoa.

Sandra estaba teniendo sus últimos orgasmos en presencia de Ainoa que la vió gemir de placer y corriéndose como una perra en celo. –¡Aaah, Aaah, Aaah, Aaah, Aaah! –gemía la esclava de dolor. –¡Mmm, Mmm, Mmm, Mmm, Mmm! –gemía la esclava de placer.

Cuando terminó, no dijo nada, salvo recoger los billetes del suelo para levantarse y coger la ropa.

–¡Espera, toma esta bolsa, y métela dentro! –dijo Ainoa.

–¡Sígueme, que te voy a llevar a casa, Sandra! –dijo Ainoa, que observó como Sandra la seguía con la cabeza mirando al suelo, sin decir nada.

Ainoa, sacó una manta que puso en el asiento para que no manchara el sillón del asiento del coche, para que ambas entraran y se marcharan.

–¿Cómo te encuentras, Sandra? –preguntó Ainoa.

–Valgo 5 euros, soy una prostituta, una puta zorra de mierda. –respondió Sandra, con la mirada perdida como ida, dándose cuenta Ainoa que estaba como en shock por esa denigración y humillación total, a la que habían sometido de manera tan cruel y extrema.

Ainoa, no quiso decirla nada, salvo observar las lágrimas que caían por sus mejillas, comenzando a llorar en silencio sin decir nada.

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