Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 8
La policía lo felicitó, pero la recompensa no era dinero, sino acceso a un mundo prohibido. En la mansión de sus benefactores, la línea entre el agradecimiento y el vicio se desdibuja bajo la lluvia, hasta que el silencio de la muerte corta el ritmo de la fiesta.
En el capitulo anterior:
El otro gorila al ver a su clon ahí tumbado, vino corriendo hacia mí, pistola en mano y lanzando tiros. Tres o cuatro tiros disparó, o más. No acertó a nada ¡vaya puntería! y ya se iba a lanzar sobre mi cuello, cuando yo, ya preparado saqué la pata de cabra del asiento y le endiñé un ostión en la cabeza que se la abrí como una calabaza quebrada. Este se fue a ver a satanás, y el otro estaba en camino al infierno también.
Fui corriendo a pedir ayuda, una muchacha llamó a la policía, yo fui a la furgoneta y abrí la puerta, tal y como yo había visto, ahí había una chica atada y amordazada. La tenían sentada en el suelo de la furgoneta y amarrada en la parte posterior de los asientos traseros. Le quité el trapo que le tapaba la boca, le dije que estuviera tranquila que ahora vendría la policía. La pobre muchacha me sonrió y me dijo.- “merçi beaucoup"
Antonio el camionero y su suegra, en ruta 8
La policía y una ambulancia llegaron enseguida. Vino Ingrid, que desde su tienda lo vio todo, le pedí el favor de avisar a Carmen cuando terminara de follar, de que le dijera que me encontraba en esta situación
- Dile; que dos tíos me han disparado y los he matado a palos, bueno, uno con la puerta del camión y el otro con la pata de cabra, seguro que ahora la policía me interrogará y todo este tinglado ¿Vale?
- Sí, no te preocupes Antonio, esperaré a que termine de follar y se lo digo. ¡Dios mío! Menos mal que no te ha pasado nada, lo he visto todo y ya he llamado a la policía, por eso han venido tan rápido.
- Esos dos querían matarme porque he visto que tenían a una mujer atada en la furgoneta.
- ¡Dios mío! quizás es Anabel, la hija de un empresario que han secuestrado y piden un rescate astronómico, o si no la mataran.
- No sé, a ver que dice la policía, mira, ya me están buscando, vienen a por mí, dile esto a Carmen.
- Suerte Antonio, estamos esperándote, eres un héroe.
Después de contestar a todas las preguntas y más preguntas que me hicieron varios personajes de la ley, me felicitaron por haber rescatado a Anabel, la hija de un empresario, el señor Markus, que llevaba días secuestrada e iban a matarla. Me acerqué hacia donde estaba la muchacha, ella al verme me abrazó y me decía cosas agradables de sonido, en francés, el tono de voz traduce todos los idiomas, por eso sé, que me decía palabras tiernas de agradecimiento. La apreté fuerte en el abrazo, me conmovió y solté una lágrima de la emoción.
Los periodistas no paraban de echarme fotos. Una policía puso orden entre ellos y se montó como una rueda de prensa debajo del porche de la entrada a la zona de tiendas, ahí al menos no llovía. Mientras me preguntaban, yo iba contando siempre lo mismo y de cómo reduje a los dos secuestradores. De golpe, otra escandalera, habían llegado a la zona, los padres de la muchacha secuestrada. Todos los periodistas y la multitud hacia ellos. A la muchacha la tenían dentro de la ambulancia haciéndole pruebas del estado de su salud.
Un hombre con buena barriga y un gran mostacho, canoso y casi blanco, me abrazó fuerte, y en correcto español me dio las gracias por haber rescatado a su hija. Una mujer también se sumó al abrazo y no paraba de darme besos. Yo quería moverme un poco, tanto agobio en el abrazo me cabreaba. Dejé de cabrearme cuando me fijé bien en ella y mi polla empezó a ponerse morcillona. La pija madurita, madre de la muchacha, estaba un rato buena. Su pechera la tenía aplastada a la mía y su entrepierna también. Mi rabo pegó un respingo y se clavó entre sus carnes. Ella no me soltaba del abrazo y se recreó rozándome el pito. Si no hubiera habido tanta gente me la monto ahí mismo y de pie. Me dijo que se llamaba Marie y era la madre de Anabel. En un perfecto español también me dijo que me recompensaría haber liberado a su hija. Otra chica me pidió el teléfono y donde estaba alojado. Le di la matricula del camión y se lo señalé, le dije también dónde estaba la habitación que tenía alquilada.
Marie, no me soltaba y ya era descarado la manera en la que me rozaba el rabo, yo ya lo tenía a punto de reventarme los pantalones, y juro que me la hubiera follado ahí mismo si no aparece Carmen, Ingrid, los colegas camioneros y una comitiva de gente en la que también se encontraba Pilar que habían visto la noticia por la tele del bar de ahí mismo. Marie me dió furtivamente un beso en los labios y un agarrón de polla. Después se fue con su marido, que estaba hablando con la policía. Los demás no paraban de felicitarme, decidimos toda la comitiva ir al bar a celebrarlo.
Carmen, nerviosa ocupó el abrazo dejado por Marie y me encontró el rabo tieso.
- Es que siempre, siempre, tienes el pito tieso, ja, ja, ja…
- Y usted siempre el coño abierto Carmen. ¿Cómo ha ido con el gallego?
- Ah, toma, ciento cincuenta euros
- ¿Y eso?
- Pues que cogen una hora pero quieren más, y hemos estado media hora más.
- Bien, es usted una caña Carmen ¿Ha ido todo bien?
- Estupendamente, ya te contarán, ja, ja, ja…
Llegamos al bar y todo el mundo venía a felicitarme, la dueña del establecimiento abrió dos botellas de cava y empezó a servir copas gratis a la gente. Entró también un grupito de gente detrás del padre de Anabel, el del mostacho gris, que le dijo a la dueña que abriera champagne para todo el mundo, que él pagaba. Como aún llovía a mares, el bar se llenó, todo el mundo había entrado, periodistas, policía, alguno de la ambulancia, chafarderos, a beber champagne gratis para celebrar el rescate de Anabel y felicitar al héroe que la rescató.
El héroe era yo, no es que me gustara demasiado tanto halago, pero he de reconocer que me subió el ego, y a todo el mundo le gustan los abrazos besos y arrimones, más si eran dados por mujeres eufóricas por la hazaña. Había una policía que estaba bien buena y tenía su morbo, así con el uniforme, y con su pelo negro mojado. Unos labios bien perfilados y tetamen debía de tener, ya que el uniforme apretado le resaltaba la delantera. Se acercó a mí sonriendo y con una copa de champagne en la mano ¡Joder que buena estaba la jodida! Me miraba pícaramente y me hizo una seña con las cejas indicándome la polla ¡Joder! ¡La madre que me parió! con tanto ajetreo tenía la bragueta toda abierta y cómo iba sin calzoncillos se divisaba el tronco de mi cipote, que lo tenía más duro que una tranca.
- Si no cierra la jaula se le escapará el pajarito
- Seguro encontraría un nido muy cerca, lo siento, con todo este jaleo ni me había percatado.
- Creo que es mucho pájaro para el nido
- En todos los nidos el pájaro hace cobija, siempre adecua el espacio a su volumen.
- Vaya pájaro más listo
- Y buen trabajador, además, mima tan bien el nido, que hace feliz hasta al árbol donde se encuentra.
- ¿Y dónde está el árbol?
- Aquí al lado, si quiere verlo, se lo puedo enseñar
- No sé si es muy buen momento para hacer una visita botánica
- Para una visita botánica quizás no, pero para botar un rapidito sí.
- ¡Uyyy! Esto de los rapiditos no suelen dejar al árbol bien regado.
- Podemos apostar, si en diez minutos el árbol llora, mis deseos prevalecen, si en diez minutos el árbol no ha llorado, prevalecen los suyos.
- Vaya, al pájaro le gusta el riesgo
- Es una ave de presa,
- ¿Está muy lejos?
- Aquí mismo venga, disimulamos que voy a enseñarle un detalle en la cabina del camión.
- Vale, vamos a regar el árbol
- Vamos, que si no el pajarraco se escapa y la lía parda aquí mismo.
- Ja, ja, ja….
¡Joder que morbo! Me iba a follar a una policía, que además aparentaba estar la mar de buena. Le abrí la puerta del camión y ya le metí mano a su culo para ayudarla a subir, aún ella buscaba como sentarse, que ya la tuve estirada sobre el colchón manchado y quitándole los pantalones y las bragas. Hizo un ademan para desabrocharse la camisa y la chaqueta de su uniforme, que ya la agarré de los brazos, y se la saqueé como una camiseta por la cabeza, sujetador, camiseta y chaqueta, dejándole las domingas y el coño ya al aire.
Me buscó enseguida la polla, ella sentada sobre el colchón y yo de rodillas. Cuando me desabrochó el pantalón, se ofreció mi rabo delante de sus morros, en un momento lo tenía dentro de la boca y en un momento se la follé hasta que las arcadas dijeron basta, recuperándose tosiendo y bien lubricada, la agarré por los tobillos y le abrí las piernas en “V” apunté el capullo a la entrada de su coño, y en dos estocadas se la clavé hasta el fondo. Nunca había pegado a un policía, era algo que rondaba en mi cabeza, tenía la oportunidad de darle una ostia a uno ¡Joder! Porque no era de tráfico, que si no, ahora tendría mi tranca partiéndole el culo.
Empecé a martillear a ritmo de pistón mecánico aquel coño policial. Ella le debía de gustar, porque sus gemidos y jadeos así me lo decían, además su coño cada vez se parecía más a una charca. En un momento dado le di dos bofetadas, una en cada mejilla, no sabía que reacción tendría la representante de la ley, pero un.- Siiiii…, largo me envalentono para darle dos bofetadas más, ahora a sus tetas, y todos seguido pasé a succionárselas. Le pegué un morreo de dios padre, nuestras salivas bailaban bajo el son de la música de los jadeos y gemidos, y la siempre presente lluvia.
La agarré por la cadera y me la senté sobre mi polla, empecé a darle nalgadas, pero fuertes, cada ostia que le pegaba al culo, el coño se le apretaba, se corrió como la fuente de la Fuensanta de Villa del rio.
- Diez minutos justos
- ¡Mondieu, mondieu! ¡Oh lala! ¡Ahhhh, oh, hiii…!
Descorché el coño de la policía y de ahí salió… ¡Mecagüem en la puta! ¡Otra gran mancha en el colchón! ¡Cagüm dios! Este colchón estará para tirarlo. Le di dos bofetadas más, por la mala leche que llevaba, parece que la hicieron reaccionar, y volvió al mundo. Me di cuenta que cada vez que follaba un coño imitando un pistón mecánico las tías se quedaban inconscientes, como divagando en un mar de orgasmos. Yo no me corrí, me reservaba para la noche.
- ¡Vaya, vaya! Además de héroe ¡qué bien follas cabrón! Mira que es difícil a mí hacerme llegar a un orgasmo, y vas tú y en diez minutos me has hecho enlazar orgasmos como una condenada.
- Porque no tenemos tiempo, que si no este culo lo parto como un rayo eléctrico y te cagas y mueres de gusto
- ¡Ahhhh! No me digas esto, que solo con mencionarlo ya me mojas, pero debemos regresar.
- Sí, además ya era un rapidito.
- La visita del pájaro al nido ha estado muy bien, ja, ja, ja… pero no ha regado.
- Es un buen pájaro, se adapta bien a los nidos que hay, además, ha visto que le sobraba agua, para que meterle más, ja, ja, ja…
Llegamos al bar, mojados, habíamos salido sin la lona, enseguida al vernos volvieron las felicitaciones y abrazos a mí. Los periodistas se agruparon y prepararon sus cámaras, el del bigote y su mujer me llamaron. Ahora entendí, se estaba escenificando la entrega de la recompensa que había prometido el bigotes, si alguien era capaz de dar una pista o rescatar a Anabel, su hija. Como estaba encendida la televisión en el canal de noticias, me veía ahí, me hizo gracia ¡estaba saliendo por la tele!
¡Joder, la recompensa era de cien mil euros! Un miembro del matrimonio a cada lado, me rodearon con sus brazos y mostraron el cheque frente mío. Los fotógrafos de la prensa no cesaban con sus flashes. Me dijeron que sonriera, y yo sonreí ¡para no sonreír con un cheque en la mano de cien mil euros! Después de las fotos, el bigotes me soltó, pero su mujer no. Se mantenía abrazada a mi cintura, Carmen me miró, y me sonrió, con esa sonrisa y esa mirada que son gasolina para mi motor, se acercó a nosotros. Marie seguía con su brazo alrededor de mi cintura.
- Os presento, Carmen, ella es Marie, la madre de Anabel
- Mucho gusto, menos mal que todo ha acabado bien, me alegro que haya recuperado a su hija.
- Gracias, muchas gracias, estoy muy, muy feliz, hoy Antonio será para siempre mi héroe.
- El mío también ¡Es que tengo un novio!
- ¿Sois novios?
- Sí, aunque él se empeña en no reconocerlo, ja, ja, ja…
- Y ¿Cómo se entiende eso?
- Carmen, pare ya, es largo de explicar Marie, cosas de familia.
- Es usted muy guapa Carmen.
- Usted también lo es Marie, y además se la ve muy elegante y con mucho gusto.
Llegó Ingrid a la escena, la presenté a Marie, que no me soltaba la cintura ni presentándole a la gente. Se pusieron a hablar en francés, Carmen y yo nos miramos y nos guiñamos un ojo. Le di las gracias a Marie y ahora si me solté de ella, porque también vino la policía, que resultó se llamaba Antoine, pero en realidad era Antonia, hija de padres también emigrados, por eso hablaba español. Con Marie se puso a hablar en francés.
Durante un momento me dio la sensación que hablaban de mí, bueno, seguro hablaban de mí. Vino otra vez el “bigotes” contento con copa de cava en mano a brindar de nuevo conmigo, cogió a Carmen por la cintura y empezó a bailar con ella. Marie se acercó de nuevo a mí con Ingrid, que se encontraba allí, porque había cerrado la tienda para asistir al evento celebrativo. Yo me había guardado bien el cheque en la cartera para no perderlo con tanta fiesta y tanto desmadre.
Marie empezó a bailar conmigo, yo al ser torpe en el baile, obligué a mi partenaire arrimarse bien a mí. De hecho creo que es lo que buscaba, arrimarse, y mi polla fue a su bola, se puso erecta y dura y se volvió a clavar en sus carnes. Como casi todo el mundo estaba eufórico por la emoción y el champagne, me atreví a sobarla bien. Mi mano pasó a su culo y lo estuve palpando. La tía estaba un rato largo de buena, olía bien y era guapa. Las carnes del culo estaban bien duras al igual que mi pito. Ella se reía, y todos los manoseos los hacíamos discretamente, furtivos y rápidos. Con su mano en uno de los torpes pasos de baile me apretó la polla descaradamente. ¡Joder! Estaba por subirla sobe mi tranca allí mismo, pero me contuve, y además tenía demasiado cerca a la policía, que reclamaba un cambio de pareja y bailar conmigo.
Como vino el bigotes y me arrebató a su mujer, me puse a bailar con Antoine. Después de haberle pegado un mete saca de diez minutos exactos hacía bien poco tiempo, parecía que la tía quería más. Eso ya era un descaro, menos mal que llovía y no había mucha luz en el bar, la manera que restregaba sus carnes la policía en mi polla, eran ya motivo para follarla ahí mismo, pero hubo otro cambio de pareja de baile, aquí todo el mundo estaba colgado ya por el champagne y el Ricard. Se me abrazó una desconocida hasta ahora. Conoció primero a mi pito que a mi mirada, tal y como estaba entre Marie y Antoine, se le clavó ahora en sus chichas. Lo más normal hubiera sido recibir una ostia, pero no ¡Madre mía como está el parque femenino! Aquel cacho de mujer, porque mira que era un cacho de hembra, solo con su mirada ya me cautivó, y me puse burro. Le endiñé con pantalón y falda de por medio el rabo entre piernas.
Cerró los ojos y se dejaba llevar por mis compases, que no eran otros que apretar, adelante, arriba y más arriba. Llegó un momento que la señora no tocaba de pies en el suelo. Entonces y al verme descubierto por varias personas que nos miraban, se me ocurrió inventar un paso de baile, girando rápido y dando vueltas, que todos aplaudieron y su coño también. ¡Joder! Había salido bien de la situación. Pero mi pito no se desclavaba de sus chichas.
- ¿Cómo te llamas?
- Je m’appelle Juana, et vous?
- Yo no suelo pelármela Juana. Yo me llamo Antonio
- Quelle grosse et magnifique bite tu te sens
- No sé qué carajo me dice, pero ahora mismo le pegaría un polvo que la dejaría bailando toda la noche.
- Je ne comprends pas ce que tu dis, mais j’aimerais baiser avec toi
Menos mal que pasaba con una copa de cava en la mano Ingrid y le dije que tradujera. Ingrid le preguntó a la señora y me dijo que le dijo que llovía mucho. Le dije que le preguntara si quería echar un polvo conmigo ahora en el camión. Le dijo que no sería muy bien visto que la mujer del alcalde se subiera a un camión a follar. Le dije que le dijera pues, que mi pito no entendía de autoridades y que si no se separaba de el, me la follaría ahí mismo, que estaba demasiado buena. Le dijo que en media hora me esperaría en el parquin y aparcaría el coche al lado del camión. Le dije que le dijera que vale, que en media hora tiro para allá. Le dijo que de acuerdo que ahí le esperaría para hacer un rapidito.
Al final se separó, ya nos costó, a ella y a mí. El pito había cogido posición y estaba bien acurrucado, pero encontró con Ingrid, que ocupó su sitio, otro buen cobijo. Carmen se acercó a nosotros.
- El del bigote me da quinientos euros si voy a la habitación a follar con él.
- ¡Joder! Ahora que he quedado con Juana dentro de media hora en el camión, Marie quedará libre, y mientras tú follas con el marido me la podría quilar.
- Vaya ¿Cómo lo hacemos?
- Quinientos euros, son quinientos euros, además el bigotes no creo que te lleve mucho trabajo ¿Por qué no le dice dentro de una hora? Dígale que a usted le iría mejor, a ver que dice.
- ¡Antonio, espero que esta noche me folles a mí y a mi hermana también ¿Podrás?
- Tranquila que esta arma tiene muchas balas. Mira ya regresa Carmen a ver que le ha dicho.
- Pues me ha dicho que sí, que dentro de una hora dará por terminada la fiesta y que mandará a su mujer a ver a Anabel al hospital y aprovechará dentro de una hora y media, para follar conmigo.
- Vale, perfecto, me da tiempo para follarme a la mujer del alcalde y después ya rebaño con Marie.
- Bien, vaya día llevamos tanto tú como yo, ja, ja, ja…
- Suegra es usted una caña ¿Quiere que le diga la verdad que pienso de usted? Pues pienso que es una tía de puta madre y que ha molado un montón traerla de viaje.
- ¡Cariño! ¡Mi héroe! ¡Que pedazo de novio que tengo!
- Es que, suegra, está usted un hartón de buena, mire como me tiene el pito.
- Ja, ja, ja… tú siempre tienes el pito así, ja, ja, ja…
Ya el día se había comido la tarde, y con tanto champagne la gente iba bolinga. La policía no dejaba de acosarme, pasó la media hora y le tuve que decir que tenía que irme un momento al camión, que ahora volvía, me dijo que me acompañaría, le dije que no, que la que me esperaba seguro no le gustaría hacer un bollo. Se me quedó un poco transpuesta, pero lo entendió, solo me dijo que después ella me esperaría, le dije que tenía que coger el tercer turno, que después de esta había otra. Me preguntó si yo era normal, le respondí que sí. Se rio, me dio un beso furtivo y se fue riéndose de mi a llenar la copa de cava. Entre una cosa y otra, ya había pasado la media hora, miré alrededor mío y la alcaldesa no estaba. Me escabullí disimuladamente del evento y me fui hacia el camión. Carmen me hizo un guiño y me sonrió. Yo le devolví la cortesía.
¡Joder con la puta lluvia!! Me resguardé bajo la lona y me fui al camión. Entré dentro de la cabina y esperé. La alcaldesa no venía, me dedique a arreglar un poco aquello, la verdad que olía a mil demonios. Menos mal que un día me compre un ambientador de pino que disimuló un poco el olor a coño, polla, culo, cointreau y de todo. Continuaba sin venir. Ya empecé a cabrearme, mi padre decía que nunca me fiara de nadie que sea impuntual, y mi abuelo, también lo decía.
Aparecieron dos luces y se abrió la ventanilla de un coche de lujo, yo bajé la mía también, era ella.
- Je ne peux pas rester, mon mari est là à m’attendre, c’est dommage, je vais faire pour te retrouver, au revoir bébé.
- Que no sé qué coño dices
Debía decirme que se iba, porqué se fue. Se sorprendieron Carmen e Ingrid de que volviera tan pronto, y en el bar ya había un poco de desmadre, la propietaria llevaba un pedo del copón y los periodistas que quedaban también. Marie al verme volvió a cogerme por la cintura, quería volver a bailar y bailó otra vez con mi estaca clavada en sus carnes. Con acento, pero con un perfecto español empezó a hablarme.
- Creo que a esto “refiriéndose a mi polla” le tendríamos que dar un desahogo.
- Claro, pero entre su marido, y todo el ganado que hay por aquí es difícil.
- No, es fácil, mi marido dentro de una hora va a ir a follar con tu novia por quinientos euros que le ha ofrecido, se ve que ella le ha dicho que es puta.
- Así es.
- No sabía que tu novia era puta.
- En realidad es mi suegra, pero es largo de contar.
- ¿Tu suegra?
- Sí, mi mujer me abandonó y ella se enteró que estaba trabajando en un club de La Junquera, me pidió acompañarme para ir a verla, pero por el camino la cosa se lio. Como no anda muy bien económicamente, pues decidió a ver si sacaba algo de pasta por el camino puteando, y le va bien.
- Vaya, muy romántica la historia.
- Sí. ¿A ti no te importa que tu marido putee?
- Somos liberales, vamos muy a menudo a la costa brava, tenemos una villa ahí, y ahí hacemos intercambio de parejas y swinger.
- Vaya, sí que son modernos. Conocimos a una pareja en Valencia, que eran suizos, que ellos también hacían estas cosas ¡Maldito día!
- Ja, ja, ja, yo te daré quinientos euros también si follas conmigo, tengo ganas de probar esta polla que hace rato estoy notando.
- Venga pues vamos que la tengo que ya me va a reventar los pantalones.
- Espera, hemos estado hablando y hemos pensado ir los cuatro, mi marido, tu novia o suegra, no sé cómo llamarla, ja, ja, ja, tú y yo, a follar.
- ¡Joder! Da morbo, pero yo no soy maricón ¡Eh!, que el bigotes no se le ocurra darme por el culo que la liamos.
- Ja, ja, ja… tranquilo, todo saldrá bien, ya lo verás. Aunque yo creo que mejor primero podríamos cenar y después irnos todos a la habitación u os venís a casa y ahí tenemos todas las comodidades.
- ¡Joder! La noche está muy complicada, hemos quedado con Ingrid, su hermana y el novio de esta también para follar.
- ¡Caramba Antonio! No paráis ¡eh!
- ¡Qué le vamos a hacer! Si yo no busco nada, pero con tanta tía buena rodeándome ¿Qué puedo hacerle?
- Ja, ja, ja, me gusta que seas así, tengo ganas de una buena polla y que me follen de verdad, ahora llevo días sin sexo apenas, mi marido y ya lo verás, practica casi solo sexo oral.
- Pues que coma coños, que yo los rellenaré, ja, ja, ja…
- Podrías decirles a estas chicas y este chico que vengan también.
- Mire haremos una cosa, déjeme que hable con Carmen y Ingrid, que es la que le toca follar luego, la pobre hasta la habitación ha alquilado para eso, además ya la ha visto usted, está también un hartón de buena. Y por supuesto que mil euros entre los dos no se pueden desperdiciar, a más, para que engañarla, está usted espectacular, huele bien y mi pito ya se encabrita.
- Ja, ja, ja, mira vamos a hacer una cosa, hoy ha sido un día muy especial. Anabel ahora la tienen en el hospital dormida recuperándose, por lo que tenemos toda la noche para nosotros si queremos. Os voy a dar seis mil euros y nos vamos toda la tropa a mi casa. Verás, tenemos un sitio muy bonito para las prácticas sexuales.
- ¡Joder! ¡Esto da morbo de verdad! pero prepárese usted bien, porque a la que la agarre, con las ganas que le tengo no la suelto hasta fundirla.
- Ja, ja, ja… va ves a hablar con tu novia ¡A no! tu suegra, ja, ja, ja… ¡Me encantas!
Fui en busca de Carmen e Ingrid, les explique a ambas el trato que me propuso Marie, pero no les dije lo de la pasta, aun así, sin pasta por medio, Ingrid se emocionó, y como yo a Carmen le había guiñado un ojo ella entendió y también se alegró. Ingrid estaba emocionada y empinada, se le notaban los efectos del cava. Dijo que vale, que podríamos ir a cenar todos al restaurante donde trabaja su hermana y de ahí partir. Le pregunté si su hermana se había decidido bien ya, si venia o no, a mí me dijo que sí.
- ¿Y el novio de Dominique va a venir también?
- Creo que sí, mi hermana lo somete mucho a su voluntad, no osará decirle que no, porque sabe que si a ella le apetece irá igual.
- Vale se lo diré a Marie. Carmen ¿Usted también está de acuerdo?
- Claro cariño, lo que tú digas se hace ¡Mi héroe! Ja, ja, ja… ¡Cuánto te quiero!
- ¡Ah! Marie me ha dicho que su marido practica mayormente sexo oral, que come coños, vaya.
- ¡Caray! Y con el picha corta del novio de mi hermana ¿Podrás con todas?
- Ja, ja, ja, eso ya te digo otra vez yo que sí Ingrid, este nos va a dar caña a todas, ja, ja, ja…
- Me podía haber ahorrado el alquiler de la habitación, ja, ja, ja…
- Tranquila, que hoy te ganarás quinientos euros, será tu primer trabajo como puta mía, a ver cómo te portas ¡eh! ja, ja, ja…
- ¡Vaya! ¿Quinientos euros?
- Así es
- Bienvenida Ingrid, vas a follar y te van a pagar, ya verás, la primera vez ¡hace una ilusión! A mí me emocionó
- ¡Será puta Carmen!
- Sí, claro, es lo que hago ahora, de puta, con mi novio al lado, si no, no haría de puta.
- Bueno dejémonos de “puterios” y ostias. Pues ahora voy y se lo digo a Marie, aprovecharé ahora que esta con el bigotes, y a ver que dicen de ir a cenar al bar donde trabaja Dominique primero.
Marie al verme acercar, me sonrió. ¡Qué mujer tan guapa, elegante y fina! Estas pijas maduras con dinero tienen un encanto especial, solo tienes que olerlas y encabritan el pito. Además van con el coño arregladito, como la suiza de Valencia, mismo tipo de tía, que ¡joder! Tal y como me encontré el potorro de la pobre Pilar, es sufrir un calvario.
El bigotes al verme sonrió también, al llegar, el tío me puso el brazo sobre los hombros, me aguanté, pero me jode que me abracen así. Me dijo que habían estado hablando con Marie y le parecía perfecta mi idea ¡Madre mía! como si hubiera sido mía la idea, pero como no soy tonto, entendí que fue Marie quien se lo dijo, y por algo sería. Le dije lo de ir a cenar al bar donde trabaja una de las participantes del revoltijo, y después irnos juntos al purgatorio. Ambos rieron, además el bigotes dijo que invitaba él a la cena.
El tío que iba bolonga por las mezclas de ricard y champagne, no me soltaba, y andando, con su brazo rodeándome por el hombro, nos fuimos hacia donde estaban Carmen e Ingrid. Menos mal que cuando vio a Carmen cambió de hombro y su brazo se fue al de mi suegra. Nos dirigimos hacia el restaurante de Dominique.
Yo pase un brazo por la cintura de Marie, y el otro por la cintura de Ingrid. A ambas les iba magreando el culo. Mientras íbamos andando, iba palpando sus cachas ¡Que suerte a veces tiene uno! Me dicen hace un mes que me sentiría protagonista de una follada a dos tías tan buenas como estas, y no me lo creo. Una madurita de alto standing y a una preciosidad de mi misma edad, aproximadamente, aun no sabía los años que tenía Ingrid, pero ambas, dos cacho tías del copón.
La fortuna a veces le llega a uno, encima me habían dado cien mil euros de recompensa, ahora me darían seis mil por follar, y de postre invitaban a la cena; además el coño de Carmen llevaba todo el día recaudando, como se dice, a mal tiempo buena cara ¡Joder! Ya era hora tener suerte en la vida.
Llegamos al restaurante y no sé cómo se lo montó Ingrid, que no me había dado ni cuenta que tenía mi dedo punzándole el ojete por debajo de la falda. Iba sin bragas, así es como me gustan a mí las tías. ¡Cómo le llegaba a gustar a esa mujer que le dieran marcha por el culo! Le metí todo el dedo dentro de golpe. A ella le gustó.
Nos reímos y entramos al bar, Ingrid se fue a hablar con Dominique, una camarera muy jovencita sonriente, nos preparó la mesa para todo el personal. Me olí el dedo que le metí dentro del culo a Ingrid y no hacia mal olor, tenía el culo limpio, pero de todas maneras, fui al lavabo a lavarme las manos antes de comer. Tenía hambre, al parecer ellos sed, porque cuando salí de los servicios tenían una botella de ricard y dos de champagne en la mesa que ya estaban trincando. Continuaba la risa y la fiesta.
Se presentó Antoine, la policía, se añadió a la fiesta. Se sentó, me miró, me guiñó un ojo y en la distancia de su sitio, levantó la copa en señal de brindis. Cuando trajeron el primer plato tuvieron que volver a traer bebida, bebían como cosacos, si es que los cosacos beben así. Yo me mantenía, no quería emborracharme, aunque ya llevaba medio pedo, últimamente, borrachera que he pillado, por el culo me han dado.
Trajeron el segundo plato y más bebida, ya era demasiado repetitivo que cada dos bocados levantaran la copa para brindar por mi acto de heroicidad y la recuperación de Anabel. Yo iba poniendo sonrisas, pero además de poner sonrisas, estaba poniendo caliente a Marie, ella estaba sentada a mi lado, al otro lado tenía sentada a Ingrid. Le estaba manoseando la entrepierna a Marie cuando apareció el novio de Dominique, León, el picha corta, la verdad es que me caía bien el menda, cuando me pilló follando con su novia, se comportó, y eso me gustó.
Se sentó León al lado de Carmen y se le vio contento al chico. Ingrid me dijo que Dominique ya había hablado con él, y que se apuntaba a la fiesta. Llegamos al final de la cena y el bigotes se levantó a pagar. Marie me dijo que Ingrid, Carmen, Dominique y yo iríamos con ella en su coche. Cuando le comentó al marido la distribución, el bigotes dijo que no, que ni hablar, que Carmen se iba con él. Marie le dijo que vale. Creo que lo hizo a propósito para alejarme de Carmen. La policía dijo que ella iría con su coche más tarde, que ya sabía la dirección.
Todos felices y contentos, nos fuimos a la villa de los señores a follar. La casa era impresionante, entramos por unos jardines inundados con vigilancia personal y todo. Al bajar en el parquin acudió una señorita vestida con los atuendos de las criadas de las películas a recibir a Marie con paraguas, emocionada por el rescate de Anabel. Marie le dio indicaciones en francés y se fue. Luego volvió y me entregó un sobre, con los seis mil euros. El bigotes estaba eufórico además de pedo a parir, se sujetaba con León, que parecía le había cogido apego. Carmen lo sostenía por el otro brazo.
Entramos dentro de aquella espectacular casa y nos fuimos a un gran salón, al lado de una cristalera en la que se percibía lo que debía ser una piscina y lo que debía ser un jardín, no un lago. Estaba todo inundado por la lluvia y el agua no dejaba ver los límites de plantas y caminos, y ¡Joder! no paraba de llover.
Marie corrió las cortinas y encendió una iluminación espectacular, romántica, pero un poco como la casa del terror, ya que quedo iluminada, pero con penumbras, y donde había más iluminación era a una pared con argollas y cadenas, una litera rara, un potro de gimnasia raro, y vaya, muchas cosas raras que se intuía para que servían, pero no como.
La música, era música rara también, no entiendo mucho de géneros pero era suave y si acaso era para bailar muy lento. No tardó Marie en desnudarse y desnudarme, Dominique le ayudó, mientras Ingrid observaba la escena y se empezaba a tocar su vulva mirándonos.
¡Vaya! Marie y Dominique se morreaban y daban lengua con mi polla de por medio. Y se magreaban las tetas y se tocaban el coño. Ya les había salido su parte bollera. Mi suegra tenía trabajo con León y Markus, los tenía a ambos, uno comiéndole el coño, y el otro chupándole las tetas. El muchacho tenía tan poco arte mamando aquellas ubres, que parecía un bebe tonto. El bigotes no lo debía hacer mal, lo de comerle el coño a mi suegra, ya que le vi cara de placer, pero ¡Vaya! Ya empezaba el mariconeo, el bigotes le estaba tocando los testículos al muchacho con la mano. Enseguida León se puso sobre Carmen, ofreciéndole así también los huevos y su ojete sobre el monte de venus de mi suegra. Y así lo hizo el bigotes, iba comiendo coño, huevos y culo, y el maricón pegaba unos lametazos que me hizo apartar la mirada.
Marie y Dominique continuaban con su morreo entre rabo, lengua, rabo, lengua... Se acercó Ingrid a darme un morreo a mí, la rodee por la cintura, le levanté una pierna, la otra, la subí hasta la altura de mi polla y fui sentándola encima, despacio, muy lentamente y al ritmo que me marcaban las lenguas de las otras dos en mis bajos. Cuando le tuve media polla metida, la empecé hacer botar y de una estocada se la clavé hasta los huevos. Empecé a follar a ritmo de pistón mecánico.
Mis huevos eran comidos por las dos bocas que paseaban su lengua por mis bajos y por mi ojete. Esto me encantaba. El pistón mecánico, mi polla, hizo que Ingrid se vaciara sobre aquellas bocas que recibieron con vicio el riego vaginal. La siguiente a subirse a mi rabo fue Marie ¡Joder que ganas le tenía!
Estuve martilleando bien el coño de la francesa y mordiéndole el cuello y las tetas hasta que se corrió con aullidos. En este momento se abrió la puerta del salón y entró Antoine. Ya no vestía de policía, llevaba una gabardina negra, que cuando se la sacó se quedó en pelotas. Se acercó a nosotros y pilló a Ingrid que aún se estaba recomponiendo de su orgasmo en el suelo, y abierta de piernas. Se lio a comerle el coño.
Marie se había corrido, pero no descabalgaba de mi rabo. Le metí otra “pistonada” rápida y profunda de cinco minutos a toda ostia. Se volvió a correr como una condenada. La llevé hacia una cama grande que había allí, y cuando la tumbé le di dos bofetadas. Ella reaccionó
- Magnifique, oh mon dieu, comment tu baises! J’adore ta bite! plus, plus, plus
- No sé qué coño dices, pero estas un hartón de buena ¡Joder! Plas, plas, plas, plas.
Cuatro cachetes en las tetas le pusieron los ojos en órbita. Se acercó Dominique y se espatarró sobre la boca de la francesa. La agarré del pelo, y le lleve la cara y boca al monte de venus de Marie. Yo sacaba el rabo del coño y lo metía en su boca, de su boca a su coño, así hasta que la señora de la casa se volvió a correr.
Observé como estaba el panorama. Ingrid y Antoine estaban haciendo un sesenta y nueve. Carmen estaba sentada sobre la boca del bigotes y León se la estaba metiendo por el culo. El bigotes seguro no veía nada porque los huevos del muchacho reposaban sobre el cuenco de sus ojos.
Le cogí las patas a Marie y se las flexioné para que me expusiera bien el ojete ante mi rabo. Al sacarle la polla del coño Dominique en su postura de sesenta y nueve, le ensalivó el culo y me lubricó más la polla, le di dos bofetadas a sus tetas. Apunte el capullo al culo de la señora y de una estocada le metí el rabo entero. No pudo aullar, ni gritar porque Dominique le tenía la boca tapada con su coño ¡Vaya manera de succionarle el clítoris tenia mientras yo se la metía por el culo! Me ayudó a sujetarle las piernas bien flexionadas, y con las manos libres me atreví a darle una zurra a las nalgas, se las dejé coloradas, aunque con la poca luz que había en la sala, no se distinguiera el color de su culo.
¡Joder! Cuando me di cuenta la policía tenía una especie de cinturón con polla alrededor de su cintura y estaba enculando a Ingrid. Por otro lado Markus y León estaban mariconeando y haciendo un sesenta y nueve, mientras Carmen le daba cachetes al culo del bigotes que era el que estaba encima.
Yo le iba dando como un pistón al culo de Marie, tenía que hacer esfuerzos en no correrme. Ella empezó a mearse, de su coño apareció un chorro hacia mi ombligo, atragantó antes a Dominique, que su boca andaba por ahí y se puso a toser. Le di una bofetada para que se le fuera la tos, me miró y me sonrió. Su mirada era de vicio desenfrenado, reclamó mi polla para ella. Se vino encima del coño de Marie, pero ahora sentada sobre sus piernas, y así impedía que Marie pudiera moverse, y que su culo se abriera más, totalmente flexionada. Agarró mi polla aun dentro del culo de Marie y la sacó a lo bruto. Aquel ojete pareció desgarrarse y Marie aulló.
Mientras me follaba a Dominique en esta posición, mis huevos de tanto restregarse por la vulva y el culo de la señora de la casa, la sumieron en un orgasmo en corriente continua. Volvió a hacerse pipi. Eso pasa por beber tanto champagne ¡JODER! Se meó en mis huevos y el coño de Dominique, el rollo del meado le debía hacer entrar ganas a ella y al sacarle la polla del coño, no pudo aguantar y se meo también. ¡Putas meonas!
Vino Antoine con su rabo de cuero atado a un cinturón y se lo endiñó al culo de Marie que continuaba flexionada y con el ojete expuesto. Agarré a Ingrid y a su hermana y no sé qué me entró, como un morbo especial y muy animal para mearme sobre ellas ¡Vaya guarrada! el caso es que hice un pringue por la zona, que nos obligó a cambiar de sitio por tanta mojadura.
Me entró sed y se me ocurrió pegarle un trago largo a un vaso que creía era agua, y se me encendió toda la cañería ¡La madre que me parió! Era esa asquerosidad de ricard con un poco de agua, claro con tan poca luz. Ahora mi aliento apestaba a ese anís y mis entrañas gruñían. Me cabree, y fuerte.
Vi al bigotes que estaba enculando a León ¡vaya par de maricones! cuando de golpe se desplomó y se quedó tendido en el suelo. No creí que había muerto si no hubiera escuchado el grito de Carmen y la histeria del enculado León pegándole ostias al pecho.
Cuando la muerte hace acto de presencia no hacen falta palabras para percibirla, nos quedamos todos mudos, ese fue el sonido que la anunció, el silencio. Marie que estaba saliendo del rabo de cuero de Antoine se fue corriendo hacia donde yacía su marido.
Carmen lloraba, León también, Marie no, estaba como absorta mirando ya a su difunto marido, Carmen la abrazó, Ingrid, Antoine y Dominique se unieron al abrazo. Murió como buen come coños, con la lengua fuera. Me dio pena, era buen hombre, me dio cien mil euros y me invitó a cenar, y al cava, y me abrió las puertas de su casa para que me follara a su bella esposa, y encima me pagó para ello. ¡Un buen hombre! ¡Quien lo tenía que decir!
CONTINUARÁ.
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