Antonio el Camionero y su Suegra, en Ruta. 9
La carretera es larga y la fama, un arma de doble filo. Para Antonio y Carmen, cada kilómetro es una oportunidad para vender su cuerpo y robar a sus enemigos, mientras el mundo los aplaude como héroes. Pero en la cabina del camión, la verdadera historia se escribe en sudor, dinero y secretos sucios.
En el Capítulo anterior:
"Carmen lloraba, León también, Marie no, estaba como absorta mirando a su yá, difunto marido, Carmen la abrazó, Ingrid, Antoine y Dominique se unieron al abrazo. Murió como buen come coños, con la lengua fuera. Me dio pena, era buen hombre, me dio cien mil euros y me invitó a cenar, y al cava, y me abrió las puertas de su casa para que me follara a su bella esposa, y encima me pagó para ello. ¡Un buen hombre! ¡Quien lo tenía que decir!"
Antonio el camionero y su suegra, en ruta 9
Eso arruinó la orgia que habíamos empezado. Hasta mi pito se vino abajo. Abracé a Marie, mientras Antoine se ocupaba de hacer las llamadas oportunas para el caso. Nos vestimos. Carmen aun lloraba y León también. Ingrid y Dominique se mantenían abrazadas como buenas hermanas mirando la escena, al muerto, vaya.
Tardaron, demasiado, pero al final llegó la ambulancia, policía y una juez con su secretaria. Estuvieron por ahí haciendo fotos y mediciones y la juez nos fue interrogando uno a uno. Cuando me tocó a mí el turno, le contesté lo que Antoine nos dijo que debíamos contestar. Que se hallaba el hombre fornicando y que se desplomó. Antoine había decidido que dijéramos que le había dado el patatús follando a Carmen, no a León, para no entrar en no sé qué temas, y yo así lo dije también. La juez tenía cara de pocos amigos, observó el percal y el lugar, las meadas del suelo y todos los aparatos raros que en la habitación había. Hizo recoger muestras del meado para ver qué coño era aquello y muestras de las bebidas.
En un cuarto aparte nos hizo pasar uno a uno para el interrogatorio. Se llevó a la secretaria, que sabía español y le hizo de intérprete para que tradujera lo que íbamos respondiendo.
- ¿Qué estaba haciendo usted cuando falleció el señor León?
- Bueno, no sé si contárselo a usted
- Debe contestarme, si no tendré que poner en el informe que no quiere contestar y se le reclamará en el juzgado para que declare, o se le puede considerar culpable.
- ¡Oiga! Que yo no tengo nada que ver que el bigotes haya estirado la pata.
- No tendrá nada que ver, pero se encontraba en la escena del cadáver.
- Bueno, no se ponga así, ya se lo diré, pero que no me acusen ahora de chivato. Yo me encontraba como todos, follando.
- ¿Con quién follaba usted en el momento en el que falleció el señor Markus?
- Con Ingrid y con Marie, les iba intercambiando polla, coño, culo, coño, culo…
- Vale, no hace falta nos cuente detalles.
- ¿Vio al señor Markus cuando le vino el infarto?
- No.- Aquí mentí
- ¿Estaban reunidos en la casa de mutuo acuerdo y por voluntad propia?
- Claro, nos había invitado para follar.
- ¿Vio usted si el señor Markus había bebido mucho?
- ¡Joder! Era como una esponja, ya en el bar, después en el restaurante y aquí.
- ¿Es la primera vez que viene a casa del señor Markus?
- Sí
- Bien gracias.
- A usted para servirla.
La juez tenía su morbo, y la secretaria también, a pesar de la mala leche que llevaba, seguramente por ser despertada aquellas horas de la noche para asistir al evento, estaba bien buena. Estas tías de clase alta, es lo que yo digo, tienen algo especial, además de oler bien, tienen siempre la pelambrera bien arreglada y el coño limpio. Además la juez era guapa, bien mirada tenía su morbo la tía. Morbo y mala leche, ya que al quedarme un poco atontado mirándola, me increpó y me dijo que me fuera de ahí. Yo resignado me fui. La secretaria me sonrió.
Aquello duró una eternidad, entre preguntas a una, a la otra y tal, se empezó a hacerse de día. Marie fue recibiendo familiares que fueron avisados del infortunio del pobre bigotes, nos despedimos de ella, nos dijo que aquella era nuestra casa, que esperaba una visita nuestra pronto. Había dejado de llover ¡vaya! Parece que el difunto se llevó la lluvia para el otro barrio. Ingrid llamó a un taxi y nos fuimos todos hacia “Le Village”
Con todo lo que pasó, no apetecía hacer mucha cosa más que no fuera ahogar las penas con un buen café. El bar aún estaba cerrado ¡Cagüem la puta! Dominique se despidió de nosotros y León la siguió. Ingrid propuso que nos fuéramos ya al camión, así nos podíamos levantar a la hora que quisiéramos, ya que la habitación solo estaba alquilada hasta las nueve. Yo dentro de un rato llamaría a la empresa de logística, para ver si podía continuar viaje o no.
Nos acostamos los tres sobre el colchón que no estaba manchado y nos dormimos comentando lo buen hombre que era el fallecido y la desgracia de la pobre Marie. ¡Con lo bien que comía el coño! ¡Y que cosquillas hacía en el clítoris su bigote! - Apuntó Carmen.
Me acurruqué a mi suegra ¡Qué bien se estaba agarrado y “apollado” a esa mujer! Ingrid se abrazó a mí, me tenía el cogote cálido con su aliento, olía bien. Nos dormimos.
La verdad que los bocinazos de los camiones, el ruido de los coches y algún niño llorando, vete a saber porque berrean de esa manera, no me dejaron dormir mucho tiempo. A ellas no les inmutaba por lo visto el ruido, porque dormían como dos marmotas.
Me salí de ellas, despacio, sin despertarlas, instintivamente se abrazaron las dos y se quedaron enlazadas, las abrigué y me vestí. No llovía. Llamé a la empresa de Logística. Me dijeron que iban despejando las carreteras, parecía que ya había el tráfico más fluido, aunque en zonas debía extremarse la precaución. Me avisaron de algunas rutas alternativas que podía coger por si encontraba algún corte, aunque me aconsejaban paciencia. Por la que yo iba, creían que pronto ya estaría del todo transitable. Bien, sería cuestión de desayunar bien y emprender la ruta. Me fui al bar a tomar un café.
Había bullicio de clientes, mucho camionero como yo, que había emprendido la ruta. Estuve comentando con varios conocidos, pero ninguno venía de Alemania, casi todos iban para allá. Me dijeron que se trabajaba en las carreteras para hacerlas transitables, que ya el temporal había pasado. Me bebí dos cafés, fuertes, me sentaron bien. Me dirigí a los servicios a cagar, estaban limpios.
Fui a despertar a Ingrid y mi suegra, aunque no llevaban mucho tiempo durmiendo debían ir desperezándose ya había que emprender la ruta. Pensé hacerla del tirón, descansando solo los horarios estipulados y no entorpecer la marcha. Dormiría cerca del destino y por la mañana descargaría el camión. Este viaje ya era surrealista, con todo lo que me estaba pasando, parecía una película de Álvaro de la Iglesia.
Estaban ellas dos abrazadas, soñando con los angelitos seguramente por la cara de felicidad que tenían, me daba pena despertarlas, pero la obligación, mi padre decía que va antes que la devoción, y mi abuelo también lo decía.
Las besé a ambas en la frente, en las mejillas, y claro, como estaban desnudas, me extendí con los besos haciendo camino hacia sus pechos ¡Que buen tetamen tenían las dos! El puto pito ya se me estaba poniendo tieso, me controlé y cuando abrieron los ojos y empezaron a besarse entre ellas, decidí despertarlas, no fuera ser que se liaran y de aquí no salíamos y no marchamos. Les dije que lamentándolo mucho debíamos emprender ruta, que se vistieran que iríamos a desayunar. Ambas se quejaban bostezando, un par de nalgadas a cada una y se pusieron en órbita. Le dije a Carmen, que las esperaba en el bar, que cerrara bien el camión.
Había un quiosco ahí y tenían periódicos con una foto mía ¡Joder! Aparecía en la prensa; El Héroe de Miribel, Un héroe rescata a Anabel la joven secuestrada… y muchas portadas así. Compré uno que me regalo la quiosquera con la condición que le firmara otro. Cuando entré en la cafetería una periodista me esperaba, según me dijo ¿Cómo sabía que iría allí? Me dijo que intuición de buena periodista. Bien. Me preguntó si podía hacerme unas preguntas, le dije que si se daba prisa si, que pronto me tendría que marchar. Me invitó a un café y me regaló una sonrisa.
Me estaba volviendo majara, ya veía solo tetas y coños en las tías, yo que siempre había pasado bastante de estas cosas del sexo, ahora parecía un depredador sexual ¡Si Pepita me viera! Pero la verdad que la periodista tenía su interés. La culpa de todo es de mi suegra, ella ha sido la que ha despertado ese animal sexual que hasta a mí, me ha extrañado que yo tuviera. Eso también porque me he pasado la vida rulando y currando. Y por lo visto se ve que tengo buen rabo y a las tías les gusta.
- Me gustaría preguntarte si sentiste miedo cuando se acercaron los secuestradores ¿Le entró pánico?
- Tranquilo no estaba, suerte que tenían mala puntería, el segundo, no sé los disparos que llegó a hacer, pero no dio ni a cerca, llovía mucho.
- Sí, pero usted ¿Cómo estaba? ¿Le entró pánico?
- Yo estaba mojado, con la lluvia estaba completamente empapado. No sé si le entró pánico al no darme con los tiros, pero lo que sí puedo decirle, es que cuando se lanzó sobre mí, creo que quería morderme, darme un bocado, porque tenía un palmo de boca abierta y me enseñaba todos los dientes, ahí es donde le di el primer palo con la pata cabra. Dos otias mas entre oreja y oreja, y su cabeza quebró como una calabaza, entonces seguro que ya no tenía pánico.
- Me refería a usted ¿Y usted, no tenía pánico?
- Lo que yo tenía era mala leche y estaba haciendo tiempo, mire le contaré un secreto, estaba esperando que mi novia terminara de follar, pero eso no lo ponga en los periódicos ¡eh!
- Pero, pánico ¿Le entró en algún momento ante la situación que se encontró, PANICO?
- Mire aquí llega mi novia Carmen y Ingrid.
- ¿Le entró pánico?
- A mi novia no, no creo que le entrara pánico, está acostumbrada a follar y que yo la espere, ya verá pregúntele a ella.
En eso cuando la periodista vio a Carmen, se puso a llorar, nunca imaginé que mi suegra causara esta impresión ante una periodista, que además estaba buena. Sorprendida Carmen la abrazó y acurrucó en sus pechos. La periodista me miró y volvió a llorar.
- Mire Carmen, vamos a dejar a esta señorita que se desahogue de la emoción que usted le ha causado
- Pobrecita, a saber que le has dicho o hecho
- Suegra no empecemos, yo me he limitado a contestarle la peguntas que me ha hecho, la emoción le ha venido cuando la ha visto a usted.
- Pobrecita, mira que mona es.
- Carmen, Ingrid ¿Queréis desayunar o no? Que tenemos que irnos.
- Yo tostadas con embutidos
- Yo también
- Usted señorita ¿Quiere desayunar con nosotros? La invito y deje de lloriquear, parecerá que le hemos hecho algo malo y eso da mala impresión.
- Tostadas también, gracias ¿Le entró a usted pánico cuando vio a esos dos secuestradores acercarse con la pistola a su camión?
- Ya se lo dije, no vayamos ahora siempre con la misma pregunta. Disculpe, pero podría preguntarme alguna otra cosa.
- Miedo, pánico, hueeeeee… solo quiero saber si le entró a usted pánico.
- Es usted tozuda ¡eh! venga desayune, que nosotros debemos irnos.
Desayunamos, Ingrid, nos comentó que hoy diría a la jefa que dejaba el trabajo en la tienda y a su compañera de piso que dejaba de vivir allí. Nos dijo que al regreso pasáramos a recogerla que se vendría con nosotros de ruta para ser una puta mía como lo era Carmen. Quedamos así y después de desayunar se fue.
Cuando terminamos de desayunar, nos dirigimos al camión. La periodista nos seguía, abrazada a Carmen, seguía lloriqueando sobre sus pechos. Iba diciendo cosas en francés que no entendíamos ni Carmen ni yo.
- Carmen, yo creo que la muchacha se ha enganchado a su pecho, déjele mamar un poco mientras caliento el motor del camión y gradúo bien el frigo, pero rapidito ¿Vale?
- Pobrecita, a saber lo que le habrás hecho tú antes de que llegáramos Ingrid y yo.
- Carmen, no empecemos ¡eh!
Carmen, la hizo subir al camión y se tumbaron en la cama con el colchón que no estaba manchado. Cesaron los lloriqueos y vi cómo Carmen le empezó a dar teta y la muchacha empezó a mamárselas. Dejó de lloriquear, como los bebes cuando les das teta dejan de llorar, la periodista también.
Había dos camiones aparcados a mi lado que iban a emprender la ruta casi en el mismo sentido que la emprendería yo, aunque con destinos diferentes. Estuvimos comentando si era o no precipitado salir, pero los tres coincidimos que valía la pena intentarlo. Uno se dio cuenta de que yo era el héroe del que todo el mundo hablaba, y al preguntarme les dije que sí. El otro me dijo si era yo el que viajaba con mi suegra, la que “está tan buena” la que se había follado “el gallego” le dije que sí. Me preguntó si le daba tiempo a probarla. Le dije que si ella quería, que solo media hora, que quería emprender ruta. Hablamos de precio, nos pusimos de acuerdo que sería en su cabina y tal, y me fui a decírselo a Carmen.
Al entrar en la cabina del camión, me encuentro a mi suegra dándole el pecho como si fuera una bebe a la periodista.
- Carmen tiene media hora de curro si quiere en la cabina del camión de un compañero.
- Vale ¿Y qué hago con esta monada? Mira si se parece a un bebe, pobrecita, lo que le habrás hecho
- ¡Mecagüem en todo! que no le he hecho nada ¡Joder!
- Vale, vale, tómala, déjala un rato recostada, ahora en media hora regreso, dime quien es.
- El del camión azul ¡Ah! No ha pagado suplemento, ya sabe si quiere por ahí, se lo cobra.
- Vale cariño. Ahora vuelvo.
Costó desenganchar de las tetas de mi suegra a la periodista. La mantuve agarrada hasta que Carmen se bajó del camión. La periodista se puso a sollozar otra vez. Me saqué el rabo y se lo di a mamar, el chupete funcionó, dejó de sollozar y empezó a hacerme una mamada como dios manda. No lo hacía mal, empecé a desnudarla.
Ya desnuda y yo desnudo nos pusimos en posición de sesenta y nueve. Ella encima, no soltaba el rabo para nada y yo empecé a comerle el coño. Olía bien y no sabía nada mal, pelo recortadito y un buen ojete, lo vi muy abierto, por lo que deduje que a esta le gustaba que se la endiñaran por ahí. Ahí había un bote de “body milk” de ese que usa Carmen para su piel, me unté la mano y empecé a masajearle el agujerito. Un dedo, dos dedos, tres dedos, me mordió la polla ¡la madre que la parió! Le hubiera estampado en la cabeza una ostia, pero pensé que si se la daba podría cerrar más la boca y cortarme el pito, me aguanté.
Me salí de debajo de ella que continuaba en posición de perrita. Por detrás y todo aquello bien lubricado, le apunté el capullo en el ojete y se la metí de golpe, a la vez que le solté una bofetada, por la mordida anterior. Mis huevos chocando con su coño se empaparon enseguida, esta mujer se estaba corriendo. Sus sollozos ahora no eran de pena, eran de placer. Ella misma y con las manos por debajo de su vientre me agarró los huevos y fue metiéndoselos dentro del coño. En un momento me hizo daño en un testículo, por mal cogido, le endiñé otra bofetada.
Ella entendió y fue más suave y precavida. Una vez con todo el paquete metido y repartido por ambos agujeros empecé a follar bien aquel redondo y madurito culo. La periodista rondaría los cuarenta años, y por lo que noté, en su culo muchas pollas le habían pasado a lo largo de su vida. Yo iba metiendo toallas debajo de su coño, porque no quería que se manchara ahora este otro colchón.
¡Y yo dándole por el culo! Ahora, si se la saco, lo va a poner todo pringado, ¡mecagüem en dios! ¡Seré gilipollas! Mi padre decía que solo el hombre tropieza dos veces en la misma piedra.
Le dije que le sacaría la polla fuera del camión, que siguiera mis movimientos, para que no se saliera el pito dentro de la cabina, que podíamos liar una de buena. Me dijo que de ahí poca cosa saldría, y le dije que poca ya es demasiada, y que “fuera al loro” o le tendría que endiñar otra bofetada. Sonrió, era guapa y tierna, le di un beso y le dije que todo iría bien, que saldríamos los dos pegados y no pasaría nada. Me busco la lengua con la suya y me dio un beso húmedo.
Más humedad había fuera, ahora llovía, no mucho pero lo suficiente como para pasar un poco desapercibidos. Salté con ella ensartada, desde la cabina y en el salto mi polla más se hundió en su recto. Pegó un grito, y la situación me provocó tanto morbo, que empecé a follármela en plan bestia, moviendo mi rabo al estilo pistón mecánico hasta que la pobre desfalleció, ahora lloraba. Al igual que cuando me follé a Ingrid bajo la lluvia y en el mismo sitio, me concentré con el sonido del agua y me mee dentro de su culo. Esto la hizo reaccionar, ahora gemía como una rata pisada.
Cuando le saqué el rabo del culo, de ahí salió de todo, pero al igual que con Ingrid, con la lluvia se lavó todo. Mientras con un brazo la sostenía, le lavé bien los bajos y con una toalla que tenía preparada en el asiento, la envolví y la subí al camión. Cerré la puerta y me fui corriendo hacia la otra puerta para meterme por la parte del conductor. En estas venia Carmen, bajo un paraguas con el colega camionero que se la terminaba de trincar. Al verme ahí desnudo frente al camión se sorprendieron ambos.
- ¿Qué haces desnudo bajo la lluvia?
- Refrescarme Carmen, ¡Mecagëm en dios! Que es largo de contar, venga suba que aquí está esta periodista a ver si se recupera.
El otro camionero cuando abrió la puerta y vio a la periodista ahí en pelotas y mojada también, se quedó de piedra.
- ¡Joder colega! ¿Esa quién es?
- Una periodista que me ha hecho una entrevista
- Si ya veo la entrevista que te ha hecho, ja, ja, ja… cabrón podrías compartir.
- Pagando san Pedro canta, o sea que ya sabes si tienes más pistón y cartera, la misma tarifa que con mi suegra.
- ¡Joder macho! Con tu suegra ya me he pulido doscientos cincuenta euros, tienes las tarifas muy altas.
- Si pero eso es buen material, encuentra tu a un cacho tía buena como mi suegra, y mira esa, nunca ha ejercido de puta, sería su primera vez y esto tiene un precio.
- ¡Sí parece que está drogada!
- Que drogada ni que leches, lo que está es en el limbo después de la enculada que le he pegado ¡Esto si es un culo colega! Ahí dentro, la polla parece que esté dentro de un guante ¡Que culo!
- ¡Joder macho! ¿Me la dejas por ciento cincuenta enculada incluida?
- Bueno, vale, porque somos colegas de profesión. ¿Aquí o en tu cabina?
- Me la llevaré a mi cabina
- Vale, si se te pone tonta le das una bofetada, eso la pone al sitio ¿ok?
- Vale ¿Le va la marcha?
- Mucho, ya lo verás.
- Toma la pasta.
Se llevó a la periodista en hombros a follársela dentro de su camión. Ella aún no estaba en la realidad de lo que ocurría, me imaginé la cara del colega cuando descubriera que no era puta, aunque quizás a bofetadas se lo haría entender.
Era rara esta periodista, me hizo tres preguntas preguntándome siempre lo mismo. Cuando vio a Carmen se puso a lloriquear en sus pechos, terminó por mamárselos, me comió la polla, le metí una enculada y ahora medio en broma al principio y dejándome llevar por la mecánica, la vendí como puta a un colega camionero como yo, ja, ja, ja… es para descojonarse.
Con el camión caliente de motor y con mi suegra abordo, vestida, feliz y contenta, empezamos a rodar. Haría una tirada larga, hasta pasado Basilea si el tiempo lo permitía. La parada en “Le Village” no había estado mal, surrealista total, pero rentable en lo económico y además, ahora yo era un héroe, ja, ja, ja…
Joder continuaba lloviendo, suerte que apenas había tránsito. ¡La madre que parió al mercedes! Pasó un mercedes que me corto tan cerca el adelantamiento que tuve que pegar un frenazo para no llevármelo por delante ¡Joder! Menos mal que Carmen llevaba puesto el cinturón, si no la veo clavada al parabrisas. ¡Puta lluvia! ¡Joder! Mira que dijeron que amainaría, estos putos hombres del tiempo no aciertan ni una.
- ¡Que suegra! Porque no se tumba en la cama y duerme, así descansa un poco también el coño, ja, ja, ja…
- Mira quien habla, me parece que el que necesita más descanso es tu pito ¡Vaya éxito estas teniendo cariño! Me gusta, ja, ja, ja…
- Es que la verdad suegra, que entre usted y yo hacemos buen equipo, ja, ja, ja…
- Y encima los cien mil euros de recompensa, ja, ja, ja…
A los pocos kilómetros nos encontramos con una retención, desviaban el tránsito por otra carretera, un accidente provocó un corte. ¡Joder! Lo que faltaba, ahora rulando por una carretera secundaria y lloviendo, más al loro debía de ir. La carretera era estrecha y con muchas curvas. De golpe sale de la nada frente al camión un tío con un maletín haciendo gestos raros. La frenada que pegué, casi hace hacer la tijera al tráiler, aun así, aquel hombre del maletín quedó estampado frente el camión.
- ¡Madre mía Carmen! Hemos atropellado a un hombre
- ¿Y de dónde ha salido? Ha sido él el que se ha metido delante.
- No sé, de la cuneta, bajemos a ver.
Puse los cuatro intermitentes y nos bajamos del camión. En efecto pegado al motor se encontraba el hombre al que atropellé. El maletín en el suelo, miré a la cuneta y vi el mercedes que me había adelantado anteriormente, boca abajo en un barranco. Con la lluvia la cara se le despegó del motor y ¡sorpresa! Era uno de los moros que me humilló en el puticlub de mi ex, en La Junquera. Casualidades de la vida. Yo que quería vengarme, al final acometí la venganza atropellándolo sin querer. Este ya estaba de viaje a ver a alá.
- Suegra este es el moro que estaba con su hija en La Junquera.
- ¡Vaya, pues sí! ¿No estará mi hija dentro del coche? ¡Ay Antonio!
- Joder, no sé, pero cualquiera baja ahí, habrá que esperar a las autoridades.
- ¡Mi niña! La pobre, quizá este muerta o herida o no puede salir.
- Mire viene un coche, le diremos avise a las autoridades.
Hice parar a un vehículo y le comenté lo que pasó, el conductor dijo que avisaría a la policía que viniera. El maletín andaba por la carretera, me entró no sé qué curiosidad de mirar que había. Cuando lo abrí me quedé de piedra. Estaba repleto de billetes de quinientos, de doscientos, de cien y cincuenta euros. A saber la cantidad que había, pero mucha pasta seguro. No se lo comenté a Carmen, cogí el maletín y lo metí dentro de la cabina, debajo el asiento, escondido, no fuera que les diera por revisar a la policía.
Mi suegra continuaba llorando cuando llegó la policía, un camión de bomberos y una ambulancia. Enseguida acordonaron la carretera. A Carmen le dije que no comentara nada de que conocía al moro, que era mejor para no entrar en sospechas raras. Dos policías empezaron a preguntarme como había ido el accidente. Les dije que yo no lo había visto, que me apareció de sopetón este hombre en medio de la carretera, y aunque frené, no pude esquivarlo. La policía entendió la situación, vieron la señal del frenazo y lamentaron que me encontrara así. Un policía al revisar mi documentación vio que era el héroe de Miribel y me felicitó efusivamente, los demás se añadieron a las felicitaciones.
Los bomberos bajaron por el barranco para ver si había alguien más dentro del coche siniestrado. Cuando subió el bombero, informó que había otro sujeto muerto dentro, el conductor, con la cabeza fuera del parabrisas. Seguramente el otro moro. Recogieron nuestros datos, nuestro testimonio y nos dijo la policía que podíamos continuar y nos desearon suerte.
Habíamos perdido ahí con todo el rollo toda la mañana. Me empezó a entrar hambre. Vimos un pueblo pequeño al lado de la carretera y decidí pararnos a comer algo. Vi una gasolinera con un restaurante con camiones en el parquin.
- Suegra, nos pararemos a comer aquí. Donde hay camioneros se come bien.
- Vale cariño, como tú digas. Estoy pensando cómo se encontrará mi hija, ahora la llamaré y le daré la noticia.
- Vale, yo aprovecharé para llamar también a Pepita para ver cómo van las cosas por casa y si el otro camión aún sigue ahí.
- Llamaré también a mi casa para ver cómo andan las cosas.
- Dígale a su hija que meta ya a su marido en la residencia, ahora ya tiene pasta para ir pagando.
- Sí, se lo diré, tienes razón, así ella quedará más libre, que la pobre debe estar esclavizada en casa.
Entramos en el restaurante he hicimos las gestiones que habíamos hablado. Pepita estaba emocionada al oírme, me comentó que me vio en la tele y que habían ido periodistas a su casa, para que les avisara de mi regreso para entrevistarme. Me dijo que me había hecho famoso, y que era un héroe en Francia y en España, que las noticias, solo decían el valor que tuve en enfrentarme a los secuestradores, que entre balas logré reducirlos, y los maté en defensa propia para salvar a la muchacha. ¡Vaya! era famoso, ja, ja, ja… a mí me tronchó de risa, pero he de reconocer que me subió de golpe el ego.
Mi suegra vino a la mesa con noticias. A su hija la había dejado el novio y estaba sumida en una depresión. Su marido ya estaba ingresado en la residencia porque Rocío ya le había ingresado dinero, más el que ella ya le había mandado desde La Junquera había suficiente para tres meses. Se puso a llorar.
- Carmen, no llore, verá como todo saldrá bien, mejor que esté el hombre ingresado, así lo cuidan y al menos deja vivir.
- No es eso, esos dos moros, han pegado y robado a Rocío, está desesperada, se le han llevado toda la pasta que había ahorrado durante este tiempo, se ve que un millón de euros, que seguro iban a Suiza a blanquearlo.
- ¡Joder con los amigos de su hija! Ve suegra, si una puta no tiene quien la proteja, pasan estas cosas. Y de moros no hay que fiarse, lo decía mi abuelo que fue legionario.
- Menos mal que yo te tengo a ti ¡Mi héroe!
- ¿Un millón le ha dicho?
- Sí, se ve que lo tenía en una caja fuerte guardado, que entraron los dos, le dieron una paliza que se ha pasado dos días en el hospital y la robaron.
- Putos moros de mierda, pero ahora ya están con alá.
- Ya se lo he dicho, se ha maldecido porque ahora el dinero lo tendrá la policía seguro, y como ella no lo ha denunciado porque es dinero negro, ya ves.
- Vaya, bueno, vamos a comer Carmen, que estas “cassoulets” de buey a la mostaza de Dijon tienen muy buena pinta.
Una camarera me miraba mucho y me sonreía demasiado cada vez que venía a servirnos. De golpe vi que todo el restaurante se puso en pie y nos rodearon la mesa aplaudiéndome. Las felicitaciones eran múltiples y vino la propietaria del restaurante en persona a felicitarme por la hazaña, decían, del rescate de Anabel. Mi suegra más tarde me dijo que me había quedado rojo como un tomate, pero es que no era para menos. Cafés, visita a los servicios y cuando fui a pagar la propietaria me dijo que estábamos invitados, pero que le firmara los periódicos que tenía allí en los que yo aparecía. Así lo hice.
- Ve suegra, eso de ser famoso va bien, hasta le invitan a uno a comer, ja, ja, ja…
- ¡Mi héroe! ¡Cuánto te quiero!
Íbamos ya para subirnos al camión cuando un colega de ruta se acercó a nosotros.
- Perdona Antonio
- Dime colega
- Me he encontrado a un gallego que me ha dicho que te conoce, que viajas con tu suegra, que hace de puta y que está un hartón de buena. Me ha dicho que folla de puta madre ¿Es ella?
- Bueno, sí, es ella ¿Qué quieres?
- Yo pagaría, me ha dicho que cobrabas doscientos euros la hora y cincuenta de suplemento por el culo ¿Es así?
- Sí ¿Dónde quieres follar?
- En mi camión, tengo buena cama.
- Un momento, lo hablamos y te digo
- Vale
Fui a mi suegra y le dije lo del trato. Ella siempre dispuesta y de acuerdo conmigo. El tío me dio los doscientos cincuenta euros y se llevó a Carmen a su camión. Yo para hacer tiempo, volví a entrar en el bar. Me pedí un café y una copa de cointreau. Esa vez pagué, antes de que nadie me invitara.
La propietaria al verme de nuevo vino hacia mí. Hablaba español, tenía un apartamento en la Costa Brava, me dijo, y que iba muy a menudo, que precisamente estos días su marido estaba allí. Tan si como no, quiso enseñarme fotos del apartamento de la Costa Brava y me hizo pasar a una habitación interior. Me preguntó quién era la señora que iba conmigo, le dije que mi suegra, se quedó un poco parada pero cambió el tema y volvió a decirme que su marido ahora estaba en la Costa Brava.
Se pegaba mucho a mi cada vez que me enseñaba una foto, tanto, que sus pechos ya reposaban en mi antebrazo. Me miró, la miré, me agarró el rabo, yo le agarré el culo y le di una palmada. Ella se envalentonó y empezó a besarme el cuello hasta encontrarse con mi boca.
Me agarró el paquete y me sacó la polla, sin decir nada empezó a mamar. No era una mujer esplendida, más bien era un vejestorio maquillado. Ya cuando me dio los besos me quedé con la cara llena del pringue del maquillaje. Al descubrir sus pechos, aquello ya pintaba mejor, la tía tenía unos pezones más largos que la carretera de Albacete y las tetas bien grandecitas y bien puestas, esto ya m gustó un poco más. No la mamaba mal la mujer. Dejé que continuara mamando hasta que se cansó, le levanté la falda, la puse de espaldas a mí, la espatarré, y ahí de pie mi polla buscó la entrada de su coño.
Con la polla ya metida dentro, empecé a meterle rabo a ritmo de pistón mecánico. Eso de follar así, que lo había aprendido en el camino, no fallaba, las dejaba sumisas y sin conciencia en cuanto se corrían, y a más, enlazaba orgasmos. Su coño se convirtió en un manantial.
Le saqué el rabo del chumino y busqué su ojete, ella iba diciendo que no, que por ahí no, le tuve que dar dos collejas y cuatro nalgadas para que se estuviera quieta. Le tapé la boca para que no gritara, cuando noté que aquello era tan estrecho, que seguro gritaría y aullaría. Me mordió la mano cuando le metí, en la tercera estocada, todo el rabo dentro. Se quedó un rato paralizada y yo me mantuve quieto hasta que mi rabo se acomodó bien dentro de su recto. Entonces empecé una enculada también a estilo pistón mecánico.
No llegó a desmayarse, pero casi. Era como un trapo en mis brazos y si no la sujetaba se caía. Se meó, y no poco ¡una señora meada! que me hizo recordar las dos últimas meadas que metí en el coño de la periodista y a Ingrid. Cuando terminó de vaciar su vejiga, entonces vacié la mía ¡Vaya lavativa le metí! También hice una señora meada dentro de los intestinos de la dama. La mujer lloraba y me decía frases inteligibles.
Cuando le saqué el rabo, me aparté enseguida de ahí, y no me equivoque en hacerlo, ya que de su culo salió un chorro lleno de pipi, caca y vete a saber qué. Dejó el suelo hecho una mierda. Como no se sostenía en pie y no era para dejarla sobre aquella pocilga, me la lleve a un cuarto de baño que había en la habitación. La senté en el lavamanos y le lavé el culo, el coño y las salpicaduras de miera de las patas.
Me miró con una mirada dulce y sonriente, parecía Alicia en el país de las maravillas, como un angelito. Como yo no me había corrido, mi pito al verla tan angelical se puso burro otra vez. Cuando ella lo vio todo tieso, suspiró.
- Mon dieu! Vous n’êtes pas de cette planète. Tu m’as fracassé le cul, mais je n’ai jamais eu d’orgasme comme ça auparavant. Mon dieu! Quel plaisir!
- Je no sé pas lo que me dices, pero te voy a volver a endiñarla.
Terminé de decirle esto, y tal y como la tenía sentada en el lavamanos le abrí las piernas y se la metí de una estocada hasta el fondo. Me abrazó y emitió el mismo sonido agudo y prolongado de rata pisada. Le pasé una toalla húmeda que había ahí por la cara, para eliminar maquillaje, y esa asquerosidad pegajosa con la que iba pringada.
Después le pegué un morreo y dos bofetadas, cambió el sonido de los gemidos y ya no eran tan agudos, ahora lloraba, jadeaba y berreaba, no tardó en correrse, pero cuando empecé a darle otra vez con el sistema de meter y sacar el rabo estilo pistón automático, berreó de verdad. Le hice la respiración boca a boca para devolverla a la vida. La vieja estaba en otro mundo, y yo después de llenarle el coño, más a gusto que un cochino en un charco.
Fui bajándola despacio, aun con el rabo metido. Se quedó de puntillas y pegada frente a mí, me abrazó la cintura, me miró, sonrió feliz y besó mis pezones. Yo como aún estaba empalmado dentro de ella, empecé a hacerla botar despacio
- Mon dieu! Ce n’est pas possible! Encore une fois, oh mon dieu, vous êtes fantastique
- ¡Joder! No se pas lo que tu di, pero me mola un montón follarte así de pie y con las piernas cerradas. Eso es, venga, apriétame la polla con el coño, haz contracciones con el músculo de tu vagina.
- Est-ce que je m’y prends bien? ¿Lo hago bien?
- Vas aprendiendo, así de bien es como lo hacen las zorras.
- Sí, soy una zorra
- Aprieta el coño ¡cojones! estrújame la polla, venga zorra
- Oh oui, quel plaisir! Baise-moi, baise-moi. Fóllame por amor de dios. Nunca me habían follado como tú lo haces hoy ¡Que placer dios mío!
- Siempre podrás decir que te ha follado el héroe de Miribel, ja, ja, ja…
- ¡Oh síiii! Eres mi héroe, fóllame, así, me corro otra vez ¡dios mío! Ahhh…
Le llené el coño otra vez. La puta vieja me había puesto caliente. Le agarré del pelo y la hice bajar a chuparme los restos que había dejado su coño en mi rabo. Cuando terminó, se levantó y volvió a besarme. Me dijo que nunca olvidaría este polvo que le acababa de meter, que siempre había soñado que alguien se la follaba así, que como recompensa podía llenar el depósito de gasoil gratis en su gasolinera, y que no rehusara la invitación. También me dijo que pasara otra vez por aquí, que estaría esperándome siempre.
Cuando salí fuera, Carmen ya me estaba esperando, ya había terminado su polvo. Estaba contenta, me dio ciento cincuenta euros más, por media hora más que había estado con el hombre.
- Joder suegra, lo que yo digo, con usted, con un rato no tienen suficiente, siempre quieren más y más, los engancha, ja, ja, ja…
- Ja, ja, ja… sí ¡Me encanta! ¡Me quieren tanto!
- Es que tendrá que reconocer suegra, que es lo que yo digo, es que está usted un hartón de buena. Vamos a llenar el tanque de gasoil, que aquí sale gratis
- ¿Gratis?
- Le he pegado un polvo y una metida de rabo en el culo a la propietaria del restaurante donde hemos comido. Me ha dicho que la gasolinera es suya, y que me invitaba a llenar el depósito.
- Ja, ja, ja… ¿Ves cómo hacemos buen equipo? Ja, ja, ja…
- Sí CARMEN, VAMOS…
Cuando terminé de llenar el depósito, se acercó la propietaria a despedirse de mí. Carmen miraba.
- Una pregunta Antonio, a ella ¿Te la follas?
- Pues de vez en cuando sí, está un hartón de buena.
- ¡Qué envidia me da! Antonio, me llamo Sofie, ven a verme algún día, me harás la mujer más feliz del mundo, y ya sabes, siempre el depósito lleno, ja, ja, ja, gracias y tened un buen viaje.
- Gracias Sofie, no la olvidaré.
Nos dimos dos besos y me subí al camión.
- Carmen, ahora sí debemos llegar a Stuttgart, llegaremos de noche, iremos a cenar, mañana por la mañana descargamos y rumbo para casa.
- En marcha cariño, vamos hacia Stuttgart, nos comeremos a los alemanes, ja, ja, ja…
- Ahí seguro hay un buen Frankfurt de esos para usted ja, ja, ja…
- Y una hamburguesa para ti, ja, ja, ja…
Durante el camino decidí explicarle a mi suegra, lo de la pasta del maletín.
- Suegra, he de contarle algo ¿Guardará usted el secreto?
- ¡Ay! no me intrigues tanto, claro que guardaré el secreto.
- ¿Se acuerda que el moro al que atropellamos llevaba un maletín?
- No, no me acuerdo, no vi nada, solo cuando ya lo habías atropellado y me bajé.
- Pues el moro llevaba un maletín, antes que llegara la policía, lo miré, dentro hay un montón de pasta. Lo tenemos debajo de mi asiento.
- El dinero que le robaron a Rocío, seguro.
- Creo que sí, tampoco sabemos si era ese o no, o si además había de otros sitios o no. En cualquier caso es dinero nuestro.
- ¿Nuestro?
- ¡Claro joder! lo compartiré con usted, es de los dos, al igual que usted comparte los beneficios de su coño conmigo ¿No somos equipo?
- ¡Cuánto te quiero! ¡Eres mi héroe!
- De todas formas hoy ya no putea más, esta noche la quiero para mí.
- Di que sí y dormiremos en nuestro camión
- Claro Carmen, nuestro hogar
Seguimos ruta. No tuvimos ningún problema para cruzar la frontera con Alemania. Los aduaneros además me reconocieron, sabían de la noticia del rescate, y todos me felicitaban.
Llegamos a Stutgart. Me dirigí a las inmediaciones donde debía de descargar. Entregué la documentación de la carga y me emplazaron a descargar a las siete de la mañana. Buena hora, perfecta para mí. Nos daba tiempo a ir a dar una vuelta e ir a cenar, después a dormir y a las ocho si todo iba bien ya estaríamos rumbo a casa.
Pedí un taxi y nos fuimos a Carl Brauhaus una famosa cervecería de la zona donde puedes comer salsichas de esas alemanas y muchos platos típicos de la zona. Además tienen buena cerveza. Estuvimos comiendo y bebiendo además de reírnos un montón de las anécdotas que nos habían ocurrido en el trayecto. Después de cenar y un poco entonados por la cerveza nos dirigimos de nuevo al camión a dormir.
En la cabina del camión, los dos desnudos ya, y en la cama, le enseñé el maletín a Carmen.
- ¡Madre mía! ¿cuánto dinero habrá aquí?
- No lo sé, pero cuando lleguemos a casa lo contaremos. Habrá que ir al loro que en la aduana no nos lo requisen.
- Madre mía con esto nos podríamos ir de vacaciones al caribe, ja, ja, ja…
- ¿Al caribe? Por qué no, no he ido nunca de vacaciones ¿Y usted suegra?
- Yo tampoco ¿Te imaginas, tu y yo en una de esas playas que a veces salen por la tele?
- No estaría mal hacerse un viajecito, podríamos ir a México.
- ¡Oh sí cariño! ¡Qué ilusión! Cancún, una amiga mía fue y me dijo que era fantástico.
- Mire haremos una cosa si le parece bien. Cuando lleguemos a casa, nos vamos a una agencia de viajes y contratamos un viaje a Cancún.
- ¡Bien! ¡Qué ilusión!
Después de planificar el viaje nos acostamos, abracé a mi suegra en cuchara y nos quedamos los dos fritos. Necesitábamos ambos dormir y lo hicimos hasta las siete de la mañana.
CONTINUARÁ.
Si les ha gustado el relato hagan un comentario, es gratis y se agradece mucho, y una valoración. Gracias
Continúa en
- Relato #215960— title-regex: contiguous parts (8 -> 9)
Relatos similares
- Hetero: Infidelidad
Segunda vez que mi peor enemigome coje por el culo
El taxi pasa de largo, pero la camioneta vieja de Ivan se detiene. Ella sabe que no debería subir, pero el uniforme que lleva y la promesa de…
Comparte:Bdsm suaveExhibicionismo accidentalVoyeurismo oculto
- Hetero: Infidelidad
Es cierto, mi vida, te corneo con todos... (13)
Sabe que él es tímido, que es impotente y que no puede hacerle nada. Pero esa es precisamente su ventaja.
Comparte:Bdsm suaveExhibicionismo accidentalVoyeurismo oculto
- Hetero: General
La urbanización del deseo (Capítulo 25)
El masaje era solo el pretexto. Mónica no venía por contracturas, sino por él. Y cuando la camilla se convierte en cama, la vecina tímida desaparece…
Comparte:Bdsm suaveVoyeurismo ocultoPoder y control
- Hetero: Infidelidad
Trio Turistico
La soledad de la montaña y el calor de agosto encienden chispas entre dos desconocidos. Cuando la noche cae y las barreras sociales se disuelven en…
Comparte:Voyeurismo ocultoBdsm suaveExhibicionismo accidental
- Trios
Mi harem aumenta en el pueblo (Parte 9)
Lucia tiene novio, pero sus ojos delatan un deseo prohibido. Javi no necesita insistir mucho para que ella cruce la línea, y cuando la fiesta…
Comparte:Bdsm suaveExhibicionismo accidentalPoder y control
- Hetero: General
Leire, azafata de vuelo
Con solo 95-62-92 y una sonrisa profesional, Leire es el objeto de deseo de miles de pasajeros.
Comparte:Bdsm suaveVoyeurismo ocultoTransgresion moral