Mi esposa y la Pandemia. Capítulo 10
Con el divorcio sellado y la pandemia terminando, su vida debería ser más simple. Pero cuando tres mujeres de su entorno revelan estar embarazadas de él, la realidad supera cualquier ficción. Ahora debe decidir si huye o se queda a criar a toda su 'tribu'.
Capítulo 10 Termina la Pandemia, pero todo cambió.
Después de haber “llamado la atención” a Elcira me dediqué a mi asuntos, pues debía de coordinar todo el tema de la producción y el ordenamiento de la finanzas para tapar el Hoyo causado por Elcira. A eso de la hora del lunch, le pedí a Gaby que me trajera unos emparedados pues quería aprovechar el tiempo y de paso también ver todo lo necesario para el viaje de Maite.
Mientras hacía mis deberes, escuche en la radio de que la OMS veía con optimismo que la pandemia del COVID-19 estaba siendo controlada por las varias vacunas que surgían de los diversos laboratorios mundiales. ¡Uhmm! Una buena noticia.
En eso me llama mi abogado diciendo que el divorcio de Maite estaba prácticamente sellado y que pronto sería mi “exmujer”, pero la verdad es que aún no sabía si la quería lejos de mí, la verdad es que aún la amo y la quiero a mi lado.
Lo extraño es que ella no había reaccionado mayormente y por las videoconferencias que teníamos a diario, los niños seguían tan contentos como siempre, es más su plan de venir a casa conmigo seguía sin cambios
Por otra parte, la próxima llegada de Maite, no solo tenía un efecto en mí corazón y pensamientos, si no que también en la logística, ya que su llegada implica readaptarme a su presencia, pues mi casa solo tiene dos camas actualmente, una para mí, otra para Anto y si bien Maite probablemente quiera dormir con alguno de los dos, Sofía necesitaría una cama. Finalmente compré un juego de dormitorio más para cubrir la demanda, ya que Maite venía con su hermana Sofía.
Por la tarde, después de atender algunos asuntos menores, decidí irme temprano a casa, por lo que les indiqué a Elcira y Anto que se alistaran para irnos a casa. Curiosamente, me pidieron un poco más de tiempo para terminar sus deberes, por lo que muy a mi pesar les di otra media hora, lo único que quería era ir a casa, ponerme mi tenida deportiva y botar todas la “vibras negativas”, pues ya no podía soportar todas las presiones laborales y familiares sin tener un escape y el correr hasta el agotamiento era una muy buena para mí.
Al irnos, Elcira me preguntó dónde debía sentarse, momento en que después de meditar un segundo les dije a las dos que a contar de este minuto, Elcira iría adelante conmigo por las mañanas y Anto por las tardes. Asombrosamente las dos sin poner caritas o estar en desacuerdo, se montaron en mi camioneta sin chistar.
El viaje fue ameno y como nunca, entre los tres se produjo un diálogo relajado, que nos llevó a la sorprendente oferta de Elcira, la que cocinaría la cena para los tres y en ese minuto nos pusimos de acuerdo en el horario. Asimismo, les comenté mi necesidad de botar el estrés por lo que iría a correr por el barrio y la rambla cercana, a lo que Elcira replicó
Elcira: ¿Y lo que me hiciste en la oficina no te relajó?
Yo: No, pues te estaba castigando, eso no me relaja:
Anto: ¿Pasó algo?
Elcira: No mucho, solo me folló por portarme mal, jajaja
Yo: Pensé que lo guardarías en secreto
Elcira: Con Gaby afuera de tu oficina, dudo que sea un secreto
Yo: Ella es muy discreta con mis asuntos.
Elcira: Ella es tu alcahuete…
Yo: Elcira, no sigas con esto, si no te tendré que castigar nuevamente
Elcira: No te creo capaz, ya tuviste sexo, no creo que te dé para otra, jajaja
Yo: No discutiré contigo ahora, después de la cena hablaremos.
Elcira: ¡Uy que susto!, dijo irónica y desafiante
Anto: No sabes en lo que te metes Elcira.
No quise seguir con el tema, pues ya llegábamos a casa y quería cumplir con mis deseos de botar la mala vibra, así que las dejé en la entrada y fui a cambiarme.
Una vez listo, me dirigí a la puerta y me encontré con Anto en una tenida deportiva que nunca le había visto, es decir, nunca la había visto en tenida deportiva. Su atractiva tenida consistía en una malla tipo lycra, un sujetador que se notaba que contenía sus rotundas tetas, ambas prendas apretadas, apenas disimuladas por unos pantaloncillos deportivos holgados y una camiseta del tipo musculosa a juego, la verdad es que estaba divina.
Yo: ¿También vas?, dije sorprendido
Anto: Sí creo que lo necesito, desde que llegué he engordado un par de kilos, jajaja
Yo: ¡Uhmm no se te nota! (ella se puso roja)… ¿Pero podrás con mi ritmo?
Anto: Claro que sí, siempre he sido buena deportista, y troto casi a diario.
Partimos suavemente bajando la suave colina donde está la casa para luego ir bordeando el camino costero, la verdad es que estaba embobado mirándola. La cadencia de su trote era hipnótica, y sin pensarlo me retrasaba por mirarla casi con total descaro… Estábamos en eso, cuando al poco rato se nos unió uno de los vecinos extranjeros… unos alemanes con los cuales apenas había cruzado algunas palabras, ya que yo solo sé hablar algunas frases en alemán y ellos nada de castellano y muy poco inglés.
Por más que apuré el paso para dejarlo atrás, mi esfuerzo no tuvo el efecto deseado, ya que el tipo ni se inmutó… Es más, mi fútil intento de escape, resintió a Anto, por lo que tuve que bajar el ritmo para acomodarme a ella. ¡Adiós mi relajo deportivo!
Para peor, él se hizo el lindo con mi secretaria, es decir Antonia, la cual para mi sorpresa hablaba un fluido alemán, del cual yo solo entendía la mitad o menos. No solo me molestó su intrusión, si no que no sé por qué tuve un ataque de celos, poco sería decir que me molestó en demasía su compañía, pero me lo tragué todo en pos de mantener la buena vecindad y no evidenciar mis recientes descubiertos sentimientos por Anto… ¿qué me pasa?... la verdad es que cada risita de Anto por las tonterías que decía mi ahora contrincante, me enfurecían.
Afortunadamente, el vecino molesto, decidió finalizar su trote y dirigirse a su casa, dejando muy claro que pretendía seguir en contacto con nosotros, a lo cual asentí, pese a no querer tenerlo cerca de Anto nunca más en mi vida… ¿serán celos?
Después de un finalmente relajado trote, regresamos a casa y mientras Elcira cocinaba la cena, nos duchamos juntos con Anto. No se lo pedí ni obligué, a ella sola se le ocurrió, so pretexto de que por estar en época de sequía, el esfuerzo lo ameritaba.
Me desnudé en mi cuarto y entré al cuarto de baño, Anto entró conmigo, estaba aún tenida deportiva, pese a lo sudada, se veía tan arrebatadora como el momento en que iniciamos el trote y con la sonrisa que casi no conocía, me dijo:
Anto: Aprovecha el tiempo a solas conmigo, jejeje.
Yo: Mmm muy buena idea… Por lo menos una de mis chicas quiere estar conmigo, jejeje, dije atribuyéndome su propiedad
Anto: Yo creo que Maite también estaría encantada de estar aquí, incluso la bruja de Elcira, jejeje.
Yo: Sí, es una pena que Maite esté embarazada de otro y que Elcira sea tan engreída, de otra forma, podrían estar aquí.
Anto: Mejor para mí, jejeje
Le saqué la musculosa y antes de poder abrir la ducha tenía al rubio bombón sexy colgado del cuello besándome, aún no podía entender el cambio que había sufrido esta “lesbiana declarada” y en especial lo entregada que estaba para tener “las veces” que debía… pensando en eso… Mmm, ¿cuántas veces quedaban?, dejé de pensar y la tomé por el su culo grande y duro, para atraerla y pegarla a mi hombría que se hinchaba a cada segundo.
Le amasé las lindas tetas, las que me fascinan, y tenían despierto mi libido desde que iniciamos el trote… Anto me ayudó a sacarse el resto de su tenida y a liberarse de los pantaloncillos de trote, para luego apoderarse de mi verga y zampársela de un solo bocado, ¡Increíblemente! pudo llegar hasta el tope y tocar mis cojones con su barbilla… ¡que chica más ardiente! Era otra desde que tuvimos sexo por primera vez… Así sin más, Anto había comenzado una mamada de antología.
Anto: ¿Tienes mucha lechita o estás cansado por el trote?
Yo: ¡Tengo mucha! pero más que cansado essstoyy… estoy muy caliente…. si sigues así me correré…
Anto: Mmm ¿ccommo dichesss?, me preguntó con media verga en la boca, ¿¡aún no sé cómo puede hablar así sin cortarme algo!?... jajaja
Para evitar correrme muy rápido, como posiblemente pasaría si seguíamos con la misma prédica, la levanté e invité a ingresar a la ducha, ella probó el agua y se metió girando de inmediato para besarme y apoyar un pie en el borde alto de la bañera, acto que me claramente me indicaba que quería ser penetrada. Me agaché un poco apuntando mi verga y la fui metiendo con una facilidad inesperada, se notaba que estaba tan caliente como yo… tan llena de flujo, que mi tarea se facilitaba enormemente… Tanto que yo sentía su humedad… humedad que no era el agua que corría por nuestros cuerpos.
Anto: Mmm como me llenas mi amorcito… eres maravilloso, su declaración me golpeó en lo más profundo de mi corazón, por primera vez me llamó “amorcito”.
Yo: Tú también, dije sin mucha creatividad… bueno ¿quién la tiene en esos momentos?
Elcira: Perdón chicos, la cena está casi lista, pero sigan… puedo atrasar un poco o recalentarla más tarde, jajaja
Anto: Mira lo que dice, pensé que se cortaría un poco, jejeje… Elcira, danos treinta minutos, jajaja.
Elcira: Okey, pero no más, jajaja, dijo abandonando el baño.
Indudablemente mi subgerente tenía muy asumido que Anto era una más de mi mini harem, y no se espantaba o se cortaba porque yo tuviera ensartada a mi secretaria ante su vista, como tampoco el hecho que ella estuviera totalmente entregada a mí.
Seguimos con Anto teniendo sexo, gozando como unos locos perdidos, ¡recorrí cada centímetro de la delicada piel de preciosa rubita!, la cual se dedicaba a gozar todo lo que podía, como si la eventual llegada de Maite le impidiera continuar con su futuro placer.
Pese al poco tiempo que teníamos disponible, ¡le hice de todo!, partiendo por comerle las tremenda y apetecibles tetas que me volvían loco; en especial los grandes pezones, y sus embriagadoras areolas, sin saltarme su portento de culo, como también esas caderas que me llamaban a darle duro ¡Creo que nunca nadie había gastado tanta agua en una ducha en esta casa! Puedo ratificar, que hasta el coñito de Anto salió arrugado del “hidro-placer” que nos habíamos dado.
Finalmente, agotados decidimos salir de la ducha, y mientras nos vestíamos de un grito le avisé a Elcira que ya estábamos por ir a la cocina para cenar con ella.
Al llegar a la cocina, Elcira nos miró de forma diferente a la habitual, podría decir que nos miraba con una mirada libidinosa casi picaresca y sin más, comenzó a servirnos los platos. Su cocina era muy sabrosa, tanto que pedí repetición. Durante esta cena, conversamos de todo y nada, hasta que, casi terminando mi segunda ración, una desenfadada Elcira me preguntó:
Elcira: ¿Me follarás hoy?
Yo: ¿Quieres?, dije para luego mirar a Anto
Anto: Si ella quiere, por mí no hay problema, ya quedé bien en la ducha.
Yo: Bueno, sí, porque no.
Elcira: ¡Uff que bueno!... después de mirarlos, quedé muy caliente
Casi sin ponernos realmente de acuerdo, luego de ordenar la cocina y lavar los platos, Anto se fue a mi cuarto y yo seguí a Elcira a su alojamiento en la casa anexa a la casa principal, apenas entramos ella se giró y me dijo:
Elcira: Quiero que me folles como lo haces con Anto.
Yo: O sea nada especial, jejeje
Elcira: A mí me pareció muy especial…
Yo: La verdad Elcira que te follaré como a mí me plazca, zorrita engreída, ya no estás en posición de pedir ningún trato especial, jejeje
Elcira: Bueno, pero quiero quedar tan satisfecha como ella.
Yo: Así será, pero primero cómeme la verga…
Elcira: Aquí o en mi dormitorio
Yo: Aquí puede ser
Me senté en el sofá de su pequeña sala de estar, me bajé mis pantalones y mi bóxer… ella tomó mi verga dura como palo y comenzó a chuparla, su mamada era casi perfecta, comencé a meter mis manos bajo su blusa para amasar sus lindas tetitas que eran coronadas con unas areolas rosadas grandes y unos pezones como garbanzos. Como estaba algo incómodo, le aflojé el sujetador para tener algo de más libertad… ella se irguió un poco e hizo que me sacara los zapatos, pantalones y bóxer totalmente, en efecto, ella me ayudó con mis zapatos y abrió mi camisa lo suficiente, para que mi verga estuviese completamente libre, chupó un poco más hasta que volví a estar plenamente duro y luego se sentó a horcajadas sobre mí, besándome con inusitada pasión, acto seguido, corrió su tanguita a un lado y se empaló de un solo golpe. Elcira gemía sonoramente, sin límites como lo hacía en la oficina, entre gemidos, me decía:
Elcira: Mmm, qué delicia jefecito, no sabes cuánto deseaba sentirlo nuevamente en mí.
Yo: Yo también zorrita, ahora sabes que no es necesario que te folle solo por mal comportamiento, jejeje.
Elcira: No sabes cuánto envidio a Anto y a Gaby que te tienen a su alcance.
Yo: Pero a ellas no les castigó el culo, ocultando la verdad descaradamente, pues a Anto si la he castigado y mucho y en cuanto a Gaby, nunca he pasado de “primera base” como dicen los aficionados al baseball.
Elcira: O sea soy única en eso… ¡Mejor para mí!, tengo el privilegio de ser castigada y toda esta verga para mi sola.
Yo: Estás loca, ¿lo sabías?
Elcira: Sí, tú me tienes loca... mmmm, tu loca.
Yo: Cierto mi loca y me encanta darte en el culo, tanto como llenarte, jejeje.
Nos corrimos casi juntos, era la primera vez que tenía sexo tierno por no decir cariñoso con Elcira y lo había disfrutado, además del morbo que me procucía que la loca de Elcira era la protegida del Directorio. Tal situación, me calentaba sobre todo el pensar lo malo que sería para mi carrera de que nos sorprendieran… Con esos pensamientos empecé a darle duro a Elcira, la que rebotaba con mayor intensidad a cada momento, lo hizo que nuestro orgasmo fuese intenso. Una vez derrengados por el éxtasis, continuamos con caricias hasta que ella me dijo:
Elcira: ¿Tal vez podríamos hacer esto todos los días?
Yo: Le preguntaré a Anto, dije pensando ¿cuál será su reacción a esta solicitud? y que me pasaría con Maite, Elcira sería la primera chica fuera del círculo de Maite, ya que Gaby no cuenta, pues no he pasado de “primera base”, volví a pensar.
Elcira: ¿Le tienes que preguntar?
Yo: La verdad es que no, pero lo que invierta en ti, es menos para ella, además está mi esposa Maite
Elcira: Por qué has dicho estás en proceso de divorcio…
Yo: Sí, pero no significa que no folle con ella
Elcira: ¡Joder! y me dices loca a mí, y ¿tú qué eres?
Yo: Tu jefe.
Seguimos Follando con Elcira, en un momento de juegos, comencé a pasarle mi verga por los cachetes del culo. Este delicioso estímulo, me dio la idea de desvirgarla por el orto… lo que al proponerle ella declaró que nada había entrado por su retaguardia… ella inicialmente se resistió, pero finalmente la convencí, claro que me tomé mi tiempo para que se relajara y mi incursión no fuera la primera y última… Eso sí, usé crema humectante de Elcira…
Con mucho empeño por parte de los dos, la penetración finalmente fue exitosa. Se la metí suavemente sin detenerme, ella gemía, pero la calentura que yo le provocaba al dominarala como macho Alfa, también la animó que yo la “dedeara”. Todo hacía que el placer prevaleciera por sobre el dolor, y la culeé y “dedeandola” un buen rato hasta que se corrió, ella gruñó, gritó y maldijo a toda mi familia, pero la hice correrse como la furcia que era.
Cuando ya no salía nada más de mí, le saqué mi verga de su precioso y espectacular culito, me limpié un poco con unas toallitas húmedas y le dije que la chupara hasta dejarme limpio. Ella no solo fue obediente, lo hizo hasta que volvía endurecerse y correrme en su boca, tragándose toda mi leche. En mi ya amplia experiencia sexual, había probado varios culitos, muchas bocas, pero nada se podía comparar a lo vivido con Elcira… era una loca, pero muy dedicada a su jefe… A ninguna otra de las chicas, le gustaba tanto obedecer.
Agotado por todo lo hecho en el día, me fui a acostar a mi cama, donde una relajada Anto me esperaba dormida… no se enteró cuando me acosté a su lado y me dormí.
A la mañana siguiente, me desperté temprano y vi que Anto seguía dormida, por lo que no quise molestarla, sobre todo pensando en mi “desgastada verga” y me fui a la ducha, estaba en eso cuando Anto entró rápidamente al cuarto de baño, levantando la tapa del retrete y haciendo arcadas. Afortunadamente, botando solo bilis. Me sorprendió su malestar, y luego de cerrar la ducha y secarme un poco, la asistí, para que su dorado cabello no se ensuciara con lo que fuese que vomitara.
Yo: ¿Estás bien Anto?
Anto: Sí, se me está pasando… creo que Elcira me envenenó.
Yo: No lo creo, comimos lo mismo, tal vez fue mucho aliño o comiste algo en el trabajo que te hizo mal.
Anto: No sé, pero no lo creo.
Yo: ¿Puedes ir a trabajar?
Anto: Creo que sí, me ducho y desayunamos, ya me siento mejor
Al desayuno, Anto intentó integrarse a nosotros, pero todavía seguía con náuseas, por lo que le dije que se quedara en casa hasta sentirse mejor… Por su parte, Elcira en su defensa, decía que lo cocinado por ella no tenía muchos aliños y que tanto ella como yo, estábamos bien. Finalmente, Anto se quedó en cama y le di unas gotas de antiespasmódico, diciéndole que fuera a trabajar solo si se sentía bien.
Nos fuimos con Elcira, y Anto solo apareció a eso de las dos de la tarde, con otra cara con respecto a la mañana, viéndose muy bien, afortunadamente todo había pasado, lo que me alegró mucho. Por su parte Elcira se sintió aliviada de que ella no fue la culpable de un crimen y ya no se sentía responsable de la indisposición de la bella Anto.
Después de las cuatro, me fijé que no había mucho que hacer, por lo que mi ya libidinosa mente me hizo llamar a Anto, so pretexto de que debía dictar una carta por lo que, le ordené que le traspasara su teléfonos a Gaby, con instrucciones de no ser molestado y apenas entró, no sé qué me pasó, pero perdí la compostura y literalmente me abalancé a por ella.
Mi bella secretaria, no me hizo el quite y me recibió con un apasionado beso y abrazo, dejando caer su cuaderno de notas al piso, el cual realmente no necesitaba, pues yo no tenía intenciones de dictarle nada. La arrastré sobre mi escritorio, el que yo exprofeso había despejado y la senté sobre él.
Literalmente la “destripé” como pude, y ella sonreía mientras me desabrochaba el cinturón, para liberarme del pantalón y bóxer. Luego de besarla con apasionado deseo, la acomodé abriendo sus piernas para luego ponerlas en mis hombros, y corriendo sus bragas, comencé a presionar mi verga contra su coñito cerrado… hasta que por la presión se abrió, dejando entrar a mi hinchado glande. Anto suspiró y gimió en mi oído, dándome besos en el cuello con dulzura y deseo, esa fue la señal para que, sin más, le metiera de un solo viaje mi verga hasta la empuñadura, y luego iniciara un frenético mete saca.
Mientras la afirmaba de sus caderas, ella se liberó parcialmente de su blusa y sujetador. El vaivén de sus tetas me embrujó, y así a cada minuto me calentaban más y más… Maldición Antonia es pérfidamente bella y de alguna manera me tenía bajo su embrujo, me parecía que me subyugaba al igual que lo hacía Maite… ¿Cómo estas dos furcias tenían tal poder?... Es cierto, me tenían embrujado ¿lo sabían ambas?… Casi sin pensarlo, Anto me permitió liberar completamente sus tetas, e inclinándome sobre ella, las comencé a comer y chupar a placer… ¡Mi entero placer!
Anto me dejaba hacer de todo con ella, solo suspiraba, acariciando mi espalda y cabeza, mientras sentía su vagina llena de mi verga, yo estaba tan caliente con mi escultural y bella secretaria, que la amasé y acaricié por todos lados, que mejor manera para ambos de relajarnos luego de una agotadora jornada… solo era placer, pues ya no nos cuestionábamos lo de los cuernos y creo que habíamos perdido la cuenta de la cantidad de veces.
No sé cuántos intensos minutos pasamos en esta frenética follada, hasta cuando le anuncié mi próximo orgasmo, ella me pidió unos segundos más, pues también estaba por correrse, comencé a bombear con mayor intensidad en su coñito, mientras le estrujaba sus deliciosa tetas y la miraba a su bello rostro congestionado por la pasión, cuando ya no podía aguantar más, de pronto los dos explotamos en una cascada de placenteros flujos.
Anto: Ay corazón, que rico me follaste, pero te advierto que esta será la última vez que lo hacemos en la oficina.
Yo: Pero…
Anto: Es que Gaby nos puede sorprender, o incluso cualquier otro, dijo Anto intentando mostrar más que un atisbo de autoridad.
Yo: Perdón Anto, pero creo que te gusta que te la meta, refuté sin arrepentimiento.
Anto: ¡Mmm, sí! pero nos pueden descubrir y no sería bueno, además, es hora de irnos a casa, dijo componiendo sus ropas y bajándose del escritorio.
Yo: Tienes razón, además debemos llevar a Elcira, coincidí.
Cada uno se compuso para volver a casa, cuando de pronto se asoma Elcira con cara de zorra que quiere entrar al gallinero y nos dice con lujuriosa voz:
Elcira: ¿Claudio ya terminaste con Anto?, ¿Ya te sientes mejor?
Yo: Sí Elcira, ya nos podemos ir.
Anto: Mucho mejor, jejeje, respondió sin cortarse ni un poco
Elcira: Así lo veo, tanto que me tenté
Yo: ¿De qué?
Elcira: De una buena follada, que otra cosa
Yo: Bueno, pero cuando lleguemos a casa
Elcira: Sí claro, pero ahora quiero que me des una rapidita y nos vamos.
Yo: Pero recién le di a Anto, no lo sé, estoy algo cansado.
Elcira: Pero mira mi oferta, dijo mostrándome una de las mejores tetas que conozco
Yo: ¿Anto estás apurada?
Anto: No
Yo: Bueno, en ese caso haré mi mejor esfuerzo, pero sin quejarme después por la noche, dije no pudiendo asegurar otra oportunidad más tarde.
Elcira dejó caer su falda, cerró la puerta con llave, se liberó de su tanga, me tomó de la mano conduciéndome nuevamente al escritorio, mientras se desnudaba aproveché y miré sus hermoso culo de gimnasio, respingón y duro, no pude resistir la tentación de tomar sus glúteos con mis manos y amasarlo… ella me sonrió, sin cortarse ni un poco, mientras una relajada Anto se sentaba en el sillón cercano para presenciar lo que iba a acontecer.
Elcira se sentó encima de mi escritorio y yo le hundí mi cabeza en la raja del coño y comencé a disfrutar de su labios superiores, labios inferiores y clítoris, todo lo que podía alcanzar con mis labios y lengua, mientras mi verga volvía a cobrar vida… Al mismo tiempo, le amasaba los cachetes del culo… Mientras mi lengua invadía su intimidad Elcira suspiraba, y decía cosas sucias, indignas de una señorita de colegio privado como era ella. ¡Le hice una comida de clítoris apoteósica!, tanto, que se corrió en mi boca, lo sé, pues sentía como sus flujos vaginales corrían por mi garganta. Alcanzando así su primer orgasmo, víctima de mis caricias y su calentura.
¡Mientras se corría!, me incorporé un poco, amasándole las tetas, apretándolas a mi gusto, sintiendo sus enormes pezones inflamarse duros, cosa que desató unos gritos sin mesura, tanto que Anto se irguió de su asiento y pronta a evitar el escándalo, le tapó la boca, pero era tarde, pues Gaby asomó la cabeza, pues ella tiene llave de las oficinas de gerencia.
Al ver el espectáculo, mi juvenil secretaria me miró aún incrédula, quedándose un instante paralizada… luego cerró la puerta por fuera… No sé si eso, o todos los otros estímulos que me rodeaban, hizo que mi verga resucitara completamente y pese a lo cansado que me sentía, me volví a Elcira, y continué besando sus tetas… tomé mi verga apuntando a su coño, puse sus piernas en mis hombros para luego proceder a metérsela hasta la campanilla de un solo golpe… comenzando un frenético mete saca que la llevé nuevamente a las nubes, yo obnubilado por mi encendida libido, solo pensaba en ella, ¡que delicia de mujer!!!, con mis últimas fuerzas, pronto llegamos a corrernos como burros, derramando lo poco de leche que me quedaba en la apetitosa vagina de mi subgerente.
Elcira: Gracias Jefecito, ahora podemos irnos, jejeje.
Yo: Vamos, dije bostezando por el repentino ataque de sueño que me vino.
Anto: ¿Qué pasará con Gaby?
Yo: Hablaré con ella, vayan a la camioneta y me esperan, Antonia tú conduces, estoy agotado.
Elcira: Noto que, si no te pillo ahora, después en casa me dejarías colgada, jajaja
Yo: Puede ser, jajaja
Así procedimos a vestirnos para salir de mi oficina, donde en la puerta, una avergonzada Gaby nos miraba cuando salimos. La chica estaba tan avergonzada como lo estaba Anto, la que se puso roja cuando se cruzaron sus miradas… En tanto una desfachatada Elcira puso su dedo índice en su boca, como señalando silencio… Maldita zorra engreída, ya la castigaría.
Yo: Gaby, te quiero pedir…
Gaby: Que guarde el secreto, no se preocupe jefecito, lo cuidaré, pero a esa furcia, le debe partir el culo a palmadas, ¿lo promete?
Yo: Sí Gaby y le partiré el culo también.
Gaby: No me cabe dudas… ¿Le puedo preguntar algo?
Yo: Sí claro…
Gaby: ¿Yo le gusto?
Yo: Claro que me gustas, pero eres aún joven para que hagamos lo que hago con ellas y finalmente tú aún no te decides a hacer nada
Gaby. Ya lo haré, y cuando lo haga, quiero que me dé todo
Yo: Sí, Gaby, será con todo y serás mía.
Gaby; ¿Como a las otras?
Yo: Sí corazón, si eso es lo que quieres, no te apures, soy paciente, jejeje
Gaby: No me apuraré jefecito
Regresamos a casa y por primera vez me vine en el asiento trasero de la camioneta, debo decir que no era tan cómodo como creía, en especial con mi casi metro noventa, pero no me molestó en demasía pues el trayecto era relativamente corto.
Declaré que pretendía salir a trotar y apenas llegué me fui a cambiar, lo “extraordinario” es que cuando ya estaba en el umbral de mi puerta, vi como Anto estaba lista para hacer lo mismo. No alcancé a preguntarle algo cuando por el sendero que une el frontis con la casa de huéspedes aparece Elcira con su tenida deportiva… debo confesar que las dos se veían preciosas, cada una en su tipo, Anto como valkiria voluptuosa y Elcira como voleibolista sexy.
Yo: ¿Me quieren acompañar?
Anto: Yo sí
Elcira: Yo también
Yo: ¿En serio?
Elcira: es la única forma de mantener el físico, ¿o no Anto?
Anto: Sí claro
Trotamos a buen ritmo, ambas chicas estaban en buenas condiciones, así que pude botar mi estrés, como creo que ellas también, claro que debo confesar que cada un tiempo me retrasaba para mirarles el culo, jajaja.
El trote pese a lo corto de esta oportunidad, fue perfecto y me distrajo, por lo que cuando llegamos a casa, cada uno se duchó en su cuarto de baño. ¡Sí! estábamos cansados por lo que nadie pensó en cocinar, así que pedimos unos emparedados por delivery, asimismo, vimos una película en la tv y luego nos fuimos a dormir por separado. ¡Sí! Como lo ven y les aseguro que dormí como un bebé.
Al día siguiente me levanté como de costumbre y me puse a preparar el desayuno, estaba en eso cuando apareció primero Elcira y luego una pálida Anto, la que confesó que estaba media indispuesta del estómago, así que solo tomó té con un pan tostado y tan rápido como llegó, se fue de la cocina, pues el aroma a tocino la estaba matando. Ante su calamitoso estado le recomendé que pidiera hora a un gastroenterólogo, pues si bien el cuadro que presentó el día de hoy era mejor que el de ayer, era su segundo día con malestar.
Anto estuvo todo el resto de la semana con náuseas y malestar, por lo que después de mucho insistirle, pidió hora a un médico para el viernes, así y todo, la muy terca venía a trabajar y en la medida de que se sentía bien, se turnaba con Elcira para satisfacer mis necesidades, las cuales iban desde un simple dictado, o llamado telefónico, hasta ustedes saben, jejeje
En esos días además de ajustar nuestra producción y gestionar los detalles logísticos me dediqué a coordinar el viaje de Maite acompañada de Sofía, las que vendrían el fin de semana siguiente, pues ya estaba por completar las 32 semanas y después de ese plazo, la aerolínea no la dejaría volar.
A mi trabajo, mi ejercicio y las video conferencias con los niños, los complementaba con sexo, usualmente demandado por Anto y Elcira; con la primera de una extraña forma se iba convirtiendo en algo muy cercano a hacer el amor y con la segunda siempre eran encuentros eróticos, donde y debía comportarme como el “Macho Alfa Dominante”, definitivamente a la loca engreída de mi subgerente, le gustaba ser dominada y a veces humillada, no quedando contenta si lo hacía con delicadeza o ternura
Lo único extraordinario que pasó en esos días, fue que uno de ellos Gaby entró a mi oficina y sin más me dio un morreo de padre y señor mío. Cuando se separó de mí por un instante, estiró su mano, sacando mi verga de su encierro, la que estaba más que agradecida por la libertad que de pronto gozaba… luego se inclinó sobre mí para besarme mientras mi verga chocaba con su blusa a la altura del estómago, de hecho, casi la meto a su ombligo por el hueco que se formaba entre los botones… Gaby estaba que deliraba, nuestras respiraciones se agitaban cada vez más y más, puse una de mis manos en su monte de Venus por sobre sus bragas bajo su falda… Finalmente ella tomó mi verga y comenzó a moverla con timidez, nos sentamos de lado en el sofá de mi oficina, cara a cara sin dejar de besarnos, con mi otra mano comencé a masajear sus tetas que aún estaban cubiertas por su blusa y sujetador, ahora ella gemía por todas mi caricias y me dice con voz entrecortada y caliente
Gaby: Estoy madurando y eres mi primer hombre en llegar tan lejos, trátame bien.
Yo: ¿En serio?
Gaby: Sí soy virgen, mi familia es bastante apegada a las tradiciones, y que tú seas casado ya es todo un desafío, jajaja…. En todo caso no soy muy celosa.
Yo: Yo tampoco…. Mmm, que bueno esta esto.
Gaby: Sí muy bueno, replicó, cuando ya mi mano exploraba su coñito sin que hubiese prenda alguna de por medio.
Yo: Para que no te duela mucho tienes que estar muy lubricada.
Gaby: ¡Lubrícame!
Comencé a jugar con su clítoris humedeciendo mis dedos con su propia saliva, ella cooperaba con su lujuria viva, sin hacer asco a ninguna de mis propuestas, tanto que se me ocurrió que hiciéramos un sesenta y nueve, al principio me puse sobre ella en el sofá, enterrando mi cara entre sus piernas, pero ella en ese minuto me detuvo y se escabulló…
Gaby:!Para, por favor para! aún no estoy lista….
Yo: Pero corazón…
Gaby: No estoy lista, snif snif, dijo lloriqueando….
Yo; está bien, paro, calma corazón, calma, no te haré nada
Gaby: Gracias dijo parándose y mientras se componía se disculpaba, al igual que yo
Finalmente, Gaby salió de mi oficina llorando y fue donde Anto la que la consoló… Unos minutos después una furiosa Anto entró a mi despacho, retándome por hacer llorar a Gaby, diciendo entre otras cosas que me debería dar vergüenza, sobre todo porque tenía una esposa y dos amantes que morían por mí, y que no debía de engatusar a una chica que aún estaba en la adolescencia. Lo peor de todo es que después de su explosión de furia, Anto se puso a llorar y la tuve que consolar… mi mundo estaba loco.
Ese día, cuando regresamos a casa, aún abrumado por el altercado, salí a trotar solo. Además, Anto estaba con náuseas y Elcira captando el “ambiente”, prefirió cocinar y dedicarse a su yoga. Eso fue como una bendición, pues realmente me pude relajar, sobre todo considerando que Maite llegaría en dos días y eso sería otro drama en mi vida… Mi trote fue relajado, pese a que me encontré con mi vecino alemán, el que obviamente me preguntó por Anto, afortunadamente él venía y yo iba, jajaja.
En la cena, Elcira se compadeció de Anto y le cocinó pollo a la plancha con arroz blanco, casi una comida de hospital, pero consideró que el malestar de Anto llevaba varios días… afortunadamente para mí, debo tener un ancestro oriental, pues me encanta el arroz, jajaja… Realmente estaba contento, había votado el estrés, las cosas en general marchaban bien,y de una extraña forma, el hecho de que Maite viniera me tenía contento, pese a que el divorcio seguía su curso.
Durante la cena me fijaba en Anto, ahora lucía mejor, y si bien me preocupaba su estado de salud, me tranquilizaba que ya tenía un hora al médico el viernes a las cuatro de la tarde, así que yo esperaba que encontrara la causa de su ya prolongado malestar y le diera solución.
Elcira y Anto se “portaron bien”, o sea estaban muy tranquilas y no me demandaron nada en particular y después de terminar de lavar la vajilla de la cena, nos sentamos a ver una película en la Tv… luego nos fuimos a dormir. A esas alturas de nuestra convivencia con Anto, yo ya tenía perdida la cuenta de las veces que debíamos tener sexo con ella, y yo ya no la presionaba o pedía atender sus obligaciones, por lo que ya no dormía conmigo desde hacía tres días… pero cuando ya estaba por apagar la luz aparición con una pijama parecida a la mía (así de fea) y con una sonrisa, abrió la cama y se acostó a mi lado, diciendo:
Anto: Me sentía sola y tenía frío
Yo: Sabes que siempre serás bienvenida, jejeje. Lo dije sinceramente ¡increíble!
Anto: Lo sé, dijo pegándose a mí, pero sin intenciones sexuales
Nos dormimos temprano y nuestro despertar si bien fue cariñoso, sus náuseas y declaración de que yo olía a diablos, impidió que fuéramos íntimos, aún cuando le juré que mi pijama estaba limpio y que me había duchado el día anterior después de mi trote de la tarde y puesto desodorante después, así que no podía ser yo, pero no pudo aguantarme y se fue a la ducha.
El resto del día, hasta su ida al médico, al cual le pedí a Gaby que la acompañara, se sintió con náuseas y no se me acercaba, por lo que sólo pude “castigar a Elcira por portarse mal”. Al respecto ya no me caben dudas que a mi Subgerente le gusta que le pegue palmadas en el culo y que la folle fuerte en mi oficina.
Llegué a casa con Elcira, yo me fui por mi camino y ella por el suyo en dirección de la casa de huéspedes. Era eso de las seis pm y entré como siempre, solo para descubrir a Anto llorando en la sala, su aspecto era tal que me preocupé, parecía que el médico le había dado una muy mala noticia, la palabra cáncer se cruzó en mis pensamientos, por lo que dejando mi maletín y casaca en la entrada, fui a sentarme a su lado y preguntar qué le pasaba y ver si la podía ayudar o a lo menos consolar.
Yo: Hola Anto, ¿Qué te pasa?, ¿Te duele algo?, ¿Qué dijo el médico?
Anto: Hola Claudio, buaaa, si me pasa, buaaa, es que…. es que…
Yo: ¿¡Dime me preocupas!?
Anto: ¡Estoy embarazada!, buaaa…
Yo: ¿¡Estás qué!?, dije dudando de lo que había escuchado
Anto: Estoy embarazada, buaaa….
Yo: ¿¡Pero las pastillas anticonceptivas!?
Anto: Juro que las tomé desde el día después de nuestra primera vez…snif
Yo: ¿La olvidaste alguna vez?
Anto: Sí, solo un fin de semana, pero después las tomé sin olvidarlas, buaaa
Yo: ¡Oh ya veo!, pero tranquila.
Anto: ¿Es malo?, snif, snif…
Yo: La verdad es que no, pues estás embarazada y eso no es malo, lo dije sinceramente, casi sin pensar; pues para mí, un bebé es un regalo de Dios… en el caso de Maite, la bebé no es la mala (¡Sí es niñita!, ¿no les había contado?), lo malo fue el hecho del engaño.
Anto: Pero estoy embarazada de ti, ¿qué dirá Maite?
Yo: ¿Qué podría decir?, ella está embarazada de tu hija y tú de mí bebé y en ningún momento ella fue engañada y ahora debes cuidarte… ¿cómo están las náuseas?
Anto: Mejor, me recetó unas píldoras, y me recomendó una dieta y con sus consejos ya me siento mejor…
Yo: Entonces ¿cuántos meses tienes?
Anto: Se cuenta en semanas y creo que unas seis a siete máximo…
Yo: Bueno, aún estamos lejos del prenatal, tengo tiempo para buscar una nueva secretaria, jejeje
Anto: Pero ¿qué voy a hacer?
Yo: Primero ¿quieres ser madre?
Anto: Nunca lo pensé, de hecho, decidimos con Maite que ella fuera la madre por efecto de ya lo era y que mi hermano disponía de la otra parte necesaria.
Yo: Tienes que pensarlo, te apoyaré cualquiera sea tu decisión
Anto: Yo soy católica… no… además es tuyo también, ¿qué piensas tú?
Yo: Yo sin ser muy católico, o católico mi manera, no deseo de matar a nadie y menos a mi hijo, es más, el que seas tú la madre me hace feliz
Anto: ¿En serio te hace feliz? Incluso siendo la causante de tu divorcio
Yo: Sí claro, pero a estas alturas del partido y después de compartir todo, creo que te quiero mucho, tanto como a Maite.
Anto: ¿Tanto como a Maite?, buaaa, buaaa.
Yo: ¡Sí!, mi corazón es gigante y a las dos las quiero mucho, a cual más, no lo sé
Anto: ¿Me amas o solo me quieres?
Yo: No sé exactamente cuál es cual, pero si quieres a tu bebé, yo estaré para ti, dije con natural sinceridad
Anto: Buaaaa, buaaa…
Yo: Vamos no llores, que tenemos que cuidar al bebé
La revelación de Anto me había sorprendido, pero no molestado, es más, pensé que era justicia divina, las dos furcias estaban embarazadas y de cierta manera había empatado el marcador… ¿Muy idiota mi pensamiento? ¡Tal vez sí!... ¿Realmente quería a Anto?... ¡Sí!, de alguna forma, la bella rubia se había ganado mi corazón… ¿La amaba?, aún no lo sabía.
Como Anto ahora se sentía bien, desde el punto de vista físico, la invité a cenar y bailar, lamentablemente Elcira se nos unió, pese a mi oposición. Como no tenía mucho conocimiento de lugares de cena y baile, le pregunté a Gaby, la cual como de costumbre sabía de muchos lugares y me recomendó dos de ellos.
Luego de hacer la reserva para cenar, salimos y pese a ser un lugar bastante elegante, su comida se adaptaba a muy bien a la dieta de Anto y por fin disfrutó, en especial los cangrejos que pidió y repitió.
Terminada la cena, fuimos a bailar al local recomendado que quedaba a menos de dos cuadras del restaurante, por lo que fuimos caminando, dejando el coche estacionado a medio camino. El lugar estaba bastante lleno, pero pudimos encontrar una mesita no muy cerca de la pista. Apenas nos instalamos, una contenta Anto me sacó a bailar, pero pronto se nos unió Elcira, la que no cejaba de inmiscuirse… Al tercer baile, de pronto se nos unió Gaby, la verdad es que su aparición fue sorpresiva y no me la esperaba.
Pronto algunos chicos que estaba buscando pareja intentaron bailar con las chicas, pero fueron rechazados no muy sutilmente por Elcira, la que, al ver el asedio de los chicos concurrentes, se enfrentó a Gaby y ante la vista de todos los concurrentes besó a una sorprendida Gaby y se puso a bailar con ella. Su acción de alguna forma me permitió dedicarme a Anto, la que muy feliz se dedicó a mí.
Como la cenicienta terminamos antes de la media noche, pasamos a dejar a Gaby y luego a Elcira a la casa de huéspedes, para finalmente entrar a nuestra casa. Apenas entramos Anto se detuvo y me besó con pasión y agregó algo que me sorprendió:
Anto: Te amo….
Yo: También, no fue muy romántico, pero de alguna forma expresaba mi afecto por ella.
Anto se acostó en mi cuarto, y pese a que no hicimos nada más que dormir, me pareció que nuestra relación se profundizaba a cada momento, la verdad es que ya no me interesan las veces ni tomar venganza de ella. ¿Qué pasará cuando llegue Maite el fin de semana?
Las horas que vinieron hasta la llegada de Maite estuvieron dominadas por los malestares matutinos de Anto, los que ya tenían una explicación y eso me calmaba un poco, la petición de ser castigada en el culo de Elcira y mis trotes intentando bajar mi nivel de estrés, el cual ya era mayúsculo.
La mañana en que debíamos de ir a por Maite, Anto además de un poco de nauseas, fue un mar de lágrimas, cuestionándose todo, tanto, que yo casi no podía hablarle, pues rompía en llanto de inmediato, la verdad es que me tenía entre angustiado y hastiado, pues ya no sabía cómo contenerla y eso me hacía sufrir. Gracias a Dios, en el trayecto al aeropuerto su humor mejoró lo suficiente para dejar de llorar.
Llegamos al momento de que el avión que traía a Maite y Sofía tocaba tierra, por lo que solo esperamos unos treinta minutos hasta que una muy embarazada Maite asomó por la puerta de salida, mientras Sofía la seguía con un carrito porta maletas. El cúmulo de sensaciones nos abrumaron a los cuatro y nos acercamos presurosos a abrazarnos.
Maite fue directo a mí, mientras Anto y Sofía quedaron a la expectativa de sus turnos, luego Maite abrazó a Anto y las dos comenzaron a llorar incontrolablemente, pero no pude consolarlas, pues una emocionada Sofía me estrechaba con fuerza… No sé cuantos minutos de abrazos fueron en este esperado reencuentro, pero fueron varios. El enojo y pena con Maite se desvaneció por arte de magia.
Camino a casa, las tres chicas se fueron parloteando de lo lindo, parecían una bandada de loros, a aquellos que no los han escuchado, les digo que son muy bulliciosos, ¡por fin los llantos iban disminuyendo! Y quedaban en el olvido según yo. En la medida que nos alejábamos del aeropuerto todo se normalizaba y pronto las tres reemplazaron las lágrimas por las risas y alegrías.
Llegando a casa, dejamos las maletas en la entrada y comenzamos con Antonia a mostrarle la casa a las recién llegadas, la que además de encontrarla bella, se dieron cuenta lo grande que era, pues en su origen era para el gerente que nunca llegó y que tenía una familia muy numerosa.
En esa vuelta les señalé las habitaciones destinadas a Anto y a mí, sin indicar a cuáles iban a ser para Maite y “la invitada” Sofía, las cuales ni siquiera preguntaron por ello. Nos dirigimos a la sala, donde una feliz Maite asumió el papel de dueña de toda situación y dejó a Anto y Sofía conversando en la sala, diciéndome que necesitaba conversar conmigo en privado. Intenté decir que repartiéramos los cuartos y guardáramos las maletas, pero dijo que necesitaba hablar conmigo primero. Y yo como siempre, cedí a sus demandas y fuimos a mi oficina a hablar.
Maite: ¿Por qué sigues con el divorcio?
Yo: Mira tu barriga y tú misma date una respuesta
Maite: Pero ya negociamos el perdón y de que tú podías tener a Anto y Sofía, a cambio de él. Y por eso definimos la cantidad de veces que las follarías y ellas han cumplido, faltando poco para terminar, dijo con voz acongojada.
Yo: Por eso estás aquí y te quedarás conmigo, y estás perdonada, pero no significa que seas mi esposa.
Maite: No entiendo cuál es la diferencia, casada o no estaré contigo, entonces ¿para qué divorciarnos?, dijo con algo de molestia
Yo: Tal vez para ti no haya diferencia, pero para mí si la hay.
Maite: ¿Entonces si no me opongo al divorcio, aún me querrás aquí y no me echaras a la calle?, preguntó con voz nerviosa, demostrando la tormenta de sentimientos que la embargaban.
Yo: Después de mucho pensarlo, sopesando las necesidades de nuestros hijos y de los sacrificios de las chicas y tu madre, decidí que podemos seguir adelante, pero si vuelves a hacer algo como lo que hiciste, te juro que no te perdonaré en mi vida y te dejaré para siempre… ¿entendido?
Maite: Sí, lo entendí, dijo con una leve sonrisa de triunfo, la verdad es que me da lo mismo ser casada o divorciada, mientras esté contigo.
Yo: Que bueno que lo entiendas, dije con algo de sorna.
Maite: ¿Me amas? preguntó con algo de melancolía
Yo: Sí, y te amaré por siempre, pero eso no significa que no esté enojado contigo.
Maite: ¿Pero estoy perdonada?
Yo: Sí y te amo
Maite: Yo también te amo y dado que ambos nos amamos, ¡fóllame!
Yo: Pero estás muy embarazada…
Maite: Me siento bien y hasta las 36 semanas se puede… además si mal no recuerdo a ti te encantan las tetas gordas de mis embarazos, jejeje
Acto seguido Maite se liberó de su vestido maternal dejando ver su cuerpo contenido solo por la ropa interior ¡Guau!, se veía genial… si bien era ropa de embarazada, su ropa interior igual era lencería fina. ¡Mmmm! Maite no perdía nunca la oportunidad de lucir bien.
Ella de inmediato comenzó a bailar una danza donde su tetas y caderas me hacían volar la imaginación y sublimar mi libido… La muy embarazada Maite estaba de comérsela, en especial esas tetas, que como ella dijo, me vuelven loco, tanto que sin más se las tomé aún con ella bailando
Maite: Uy, Estaba en lo cierto, realmente te gustan mis tetas…
Yo: ¡Siempre!, respondí con honestidad
Maite: Están más grandes que antes.
Yo: ¿En serio? ¿Es posible?
Maite: Sí, jejeje
Ya mi impaciente calentura no dio más y casi a tirones le intenté sacar el sujetador, ella entre risas por mi acalorada reacción me ayudó, dejando al descubierto unas tetas tan espectaculares como las de una chica llamada Kelly Burgess, o quizás de Gabbie Carter, por lo que después de una exclamación de mi sorpresa, ante el sublime cambio en ellas, me dirigí a comerlas, dándole lamidas, chupadas, besos y todo tipo de caricias, tenía razón sus tetas de embarazada me encantan
Yo: ¡Guau, que buenas están!
Maite: Sí, está todo más grande, jejeje… ¿te gustan?
Yo. Están espectaculares, dije desprendiéndome de ellas solo unos segundos…
Maite: ¿Parezco vaca lechera?
Yo: Mi vaca lechera y me encanta
Maite: Jajaja. Estoy comenzando a creerlo….
Comencé a acariciar el cambiado cuerpo de embarazada de Maite, el que mostraba una pronunciada barriga, que aún no bajaba para estar de término, indicando que el parto aún estaba lejos.
No era que su cuerpo erótico fuera un fetiche para mí, pero mi Maite seguía siendo la más bella de todas, y junto a sus tremendas tetas, ahora también tenía unas caderas y culo más grande. Me liberé de mi ropa y saqué mi verga comenzando a pasársela por el coño, haciendo que Maite se uniera a mi fervor, suspirando agitadamente, como también, en especial cuando le bajé sus bragas, para sentir mejor el roce de mi glande.
Se sentó en el sofá de mi oficina casera y con presteza me arrodillé entre sus piernas pasando a mi amiguito con indisimulada calentura, pese a que su enorme barriga, me sentía encantado de poseerla, para mí seguía siendo la más bella de las bellas.
En uno de movimientos, al estar todo tan húmedo, y yo caliente, sin tener un real control de mis impulsos, se la hundí hasta el fondo del coño… Maite lanzó un fuerte gemido, pero después tomó mi cara para besarme con furiosa pasión. Nuestro descontrol era total… estábamos como un volcán en plena erupción… Maite estaba como poseída por el demonio de la excitación, mientras estaba ensartada hasta el mango.
Maite: ¡Ahhh!… ¡me…. me la metiste fuerte! dijo mientras gemía, excitadísima.
Yo: Sí, no lo pude evitar…
Maite: No importa, dame fuerte
Los dos seguimos acariciándonos desenfrenadamente y berreamos como unos animales, entonces inicié un mete y saca bastante profundo y rudo. Fue un momento de placer sublime, y se desató toda la lujuria que teníamos acumulada.
Mientras le daba duro a Javi en una posición parecida a un misionero, me bajó la tentación de follarla mientras le comía las tetas, esas nuevas tetas que estaban cerca de la perfección, unas tremendas tetas que la naturaleza adaptaba para que su hambrienta bebé que se alimentará de ellas. Para cumplir mi deseo la senté de lado, para evitar su panza y dedicarme a comerlas mientras la embestía.
Una ardiente Maite acariciaba mi cabeza y la apretaba contra sus tetas… y sin darnos casi cuenta Maite se corrió como burra, quedando en el sofá derrengada… no la dejé tranquila por mucho tiempo, ya que la puse en cuatro con la panza colgando situándome detrás de ella y la volví a ensartar mientras le tomaba las tetas, mi maniobra fue tan fogosa que mis piernas chocaron contra sus piernas y culo.... nuevamente se la había clavado hasta el mango.
Maite: ¡Ahhh!… ¡me…. me la metiste fuerte! dijo nuevamente
Yo: No puedo evitarlo, tienes un coño mágico
Maite: Mmm sí genio de la verga, fóllame duro
Seguí dándole, ahora ninguno decía nada, solo gemíamos… Si bien en mis pensamientos y sueños de venganza, no me había follado a Maite por lo herido que estaba… ahora me parecía posible seguir con ella hasta la eternidad… junto con todas las furcias que ella manipulaba. incluida su madre… el solo pensar en ello me imaginaba que sería ¡un tremendo gusto! Dejé una de mis manos en las tetas y con la otra tomé sus caderas, y comencé a acelerar el ritmo… la empecé a follar febrilmente, moviéndome para atrás y adelante sin descanso.
Maite: Ahhhh......... ahhh Claudito… me estás partiendo el coño…
Maite no podía parar de gemir y hablar como gata en celo, aparentemente las hembras preñadas actúan así, pese que mi única experiencia con mujeres preñadas era ella.
Yo: ¡Sí! Así serás parte de mi harem, sé que lo quieres putita mía…
Maite: ¡Sí!, sí quiero, mmm que rico…
Me parecía que Maite estaba disfrutando como nunca, pero, por otro lado, estaba preñada y no podía ser demasiado rudo, aun cuando fuera una puta lesbiana embarazada por otro… Pero ya no dudaba de que le gustaba mi verga por sobre las chicas… mi verga la había vuelto adictiva a los hombres o sea a mí… y si bien ella en su mente era lesbiana y le gustaba Anto, no podía dejarme… ¡ahora solo deseaba ser parte de mi harem!... ¿harem?... ¿tengo un harem?... ¿propio?... ¡Sí!
Maite: Tu verga me está abriendo el coño, está… ¡Ahhh!! de locura, pardillo de mierda pero estoy embarazada… ¡uhhhh!
Yo: Sí, Maite, estás embarazada… zorrita mía, te dejaré impregnada de mi verga…
Maite: Sí, soy una puta lesbiana, pero adoro tu verga, la quiero para siempre…
Seguí dándole duro, yo ya no le decía nada, sólo resoplaba, mientras ella suspiraba y gemía… internamente tal como lo había hecho con Anto y Elcira, estaba tratando de concentrarme en follarla bien, tan bien, que solo pudiera ser feliz con mí verga. Ya no me costaba follar a ese nivel, lo había aprendido con ella y lo practicaba con Anto y las otras, yo ya era un profesional.
Le sacaba la verga hasta la mitad, luego empujaba con fuerza hacia delante y se la enterraba toda hasta el mango, mi pubis aplastaba el delicioso culo de Maite, y ella deliraba de pasión cada vez que se la metía toda.
Maite estaba tan pronta a correrse como yo, ¡sí lo estaba!… lo sabía por sus característicos gemidos ya familiares para mí, gemidos que parecían ronroneos, su respiración estaba muy agitada, tal vez tanto como la mía. Asimismo, mientras le mordía el lóbulo de la oreja pude notar que estaba con los ojos entrecerrados, mordiéndose el labio inferior, metiéndose mano a la teta que tenía libre mientras la otra torturaba su clítoris buscando el sublime orgasmo, el cual no tardó en llegar para los dos.
Maite: ¡Ahhh… ahhh… me corroooo… me matassss… ahhh!
Yo: También me voy a correr corazón… eres… eres mía…
Maite: ¡Ahh sí!, soy tuya, no lo olvides… dale, me corro, apriétame las tetas, mmmsiii, soy tuya…
Nos corrimos como siempre nos corríamos los dos, nuestra comprensión física en el amor era suprema, después de eso, una vez superada la calentura inicial, nos dedicamos a conversar sobre su permanencia a mi lado, superando el tema del divorcio, que era un “castigo para ella”, pero a ella le daba lo mismo estar casada o no, pues quería estar a mi lado de aquí a la eternidad, ante lo cual le pregunté:
Yo: ¿Qué pasa con Anto?
Maite: Vivirá con nosotros
Yo: Sí vivirá con nosotros, dije encajando mis pensamientos en este agitado rompecabezas.
Mientras nos vestíamos, Maite empezó a decirme que ya había pensado como dormiríamos este fin de semana, ya que había visto que solo habían tres cuarto habilitados totalmente, ante lo cual, como el tonto que soy, pregunté.
Yo: ¿Cómo?
Maite: Bueno, yo con Anto, ya que no la he visto en mucho tiempo y tenemos que hablar de su hija, tú en tu cuarto y Sofía en el de invitados
Yo: Acepto que tú y Anto juntas en su cuarto, pero yo estaré con Sofía, pues aún falta un par de veces con ella
Maite: Creo que solo te falta una, pero bien, puedes acostarte con ella, dijo como dándome permiso, cosa que dejé pasar
Por la tarde, con todas las chicas ya instaladas, y en conocimiento de la distribución de los cuartos, estaba tan alegre que comencé a preparar una barbacoa, cosa que me apetecía y a la cual se dejó caer Elcira. En un principio su aparición no fue muy bien recibida por Maite y Sofía, primero porque no sabían de su existencia, por su atractiva figura y al hecho de que vivía a solo metros de mí y eso sin considerar que al momento no sabían que ya la follaba a mi entero y regalado gusto. Afortunadamente después de la cena, ella se dio cuenta que de momento sobraba en esta “reunión familiar” y con muy buen criterio se fue a su casa.
Después de ordenar la cocina y la parrilla, entré a la sala donde las tres chicas estaban aún conversando y con mi aparición dándose las buenas noches… las tres ya estaban en pijama, ¡cosa rara!, pero más raro fue el hecho de que en ese momento noté que Sofía mostraba una incipiente barriga, por lo que me quedé mirándola sorprendido. No sé cual sería mi cara, para que ella rápidamente me dijera:
Sofía: Estoy de catorce semanas
Yo: ¿Es mío?
Sofía: Sí, ¿de quién más?
Yo: Pero tú eres médico
Sofía: Pero no estaba tomando la píldora cuando lo estuvimos haciendo el tema de las veces y siempre te he amado
Maite: Vamos Claudio, mi hermana no necesita de ti, y quiere ser madre, ¿cuál es el problema?
Yo: Solo que todas quieran ser madre y no me pregunten, ese es el problema
En ese momento las tres se pusieron a llorar nuevamente, luego de que había estado en calme por un par de horas, nuevamente estaba en medio de un diluvio de emociones por mi estupidez, ¡fui un tonto! nadie debe decir eso delante de tres embarazadas.
Yo: Por favor, no lloren más, las quiero a las tres y no me importa que estén embarazadas
Maite: Buaaa, no te importamos….
Yo: Sí, sí me importan, por favor no lloren, es lindo que estén embarazadas…
Sofía: ¿Anto por qué lloras también? snif, snif
Anto: Es que yo también, buaaa
Maite: ¿Tú también qué?, Snif, snif
Anto: Estoy embarazada, buaaa
Maite: Pero y ¿las pastillas? snif, snif
Anto: Como no tenía costumbre de tomarlas, las olvidé un fin de semana, buaaaa
Sofía: ¿Es que no tomabas de antes?
Anto: No he tenido sexo con ningún hombre desde que fui abusada y en esa época no las necesitaba, buaaa, buaaa
Sofía: Perdón, sniff, sniff
Maite: Buaaa, también, buaaa
Yo: ¡Calma chicas!, dije con enojo, ya que me tenían más que nervioso sus llantos….
Maite: Pero estamos embarazadas, buaaa, buaaa…
Yo: ¡Sí! las tres están embarazadas y a las tres las cuidaré, si así lo quieren, incluso a la bebe de ustedes dos, dije señalando a Maite y Anto, por lo que tranquilas y por favor no lloren más.
Ya más tranquilas, las consolé y sin saber cómo, comencé a darles mi visión de la situación, rindiéndome ante mi incapacidad de tratarlas con dureza y mi ya evidente debilidad por Maite y el también evidente afecto que tenía por Sofía y Anto… ellas aún con los ojos rojos después de tanto llanto, finalmente comprendieron y aceptaron la situación conmigo y se comprometieron a vivir en comunidad sin pelearse… Había nacido una nueva etapa de mi vida con mi esposa, justo cuando en la tv anunciaban que la OMS, declaraba que el tristemente famoso COVID-19, ya no era una pandemia y que el mundo volvía a su cauce normal sin tener que continuar con el confinamiento y que ya la cantidad de contagios descendía en todas partes, pues las vacunas y la inmunidad de “rebaño”, era lo suficiente para declarar tal estatus.
Epílogo
Han pasado ya casi cuatro años desde que Maite me declaró su aburrimiento de su vida sexual conmigo y de que quería explorar nuevos horizontes, y un poco más de tres años del azote de la pandemia y de que mi adorada ex-esposa se declarara lesbiana. Sí finalmente nos divorciamos hace poco menos de tres años.
Qué les puedo decir, sigo de gerente de la fábrica, la cual ahora está en una fase de ampliación, también a mi cargo. Sí, aún vivo en la “mansión destinada al gerente”.
En ella vivo con mis tres mujeres, Maite, Antonia y Sofía, con las cuales y según su propia definición, tenemos una tribu con nuestros hijos… los tres que tuve inicialmente con Maite, los que por si no recuerdan son niñitos, luego está Andrea la niñita de Maite y Anto, la cual me llama papá y me adora, también la bebé de Anto conmigo, otra niñita rubia como el sol llamada Isabel, que parece gemela con Andrea, y finalmente los dos que tuve con Sofía, la mayor de ellos, una niña llamada Olivia en honor a mi suegra y un niñito que es el menor de todos mis hijos, llamado Benjamín, que es recién nacido.
Sí, como habrán notado los quiero a todos, incluso a Andrea. Sí, me divorcié de Maite, pero ella sigue viviendo conmigo y la que “domina en casa”. Sí ella me tiene bajo su embrujo y en general se hace lo que ella quiere, además de que es la única que está en casa en forma permanente, claro que por decisión propia.
En cuanto a Antonia, sigue siendo mi secretaria y continuamos completando “las veces” para mantener en empate las cosas que hace con Maite, creo firmemente que las dos locas de patio realmente no son lesbianas, pero se quieren y su conducta lésbica, es porque fueron chicas torturadas, ya sea por otros que las envidiaban o por las querían malsano o muy poco.
En cuanto a Sofía, ejerce su doctorado en pediatría en un hospital cercano, y en su consulta en casa. Sí ella me ama incondicionalmente, cosa que a Maite no le agrada mucho, pero se resignó y si bien nuestra hija fue una sorpresa para mí, nuestro segundo hijo fue programado por los dos. Claro que con él, se cerró la fábrica de niños por mi parte y espero que por parte de las tres, jejeje
Por otro lado, mi suegra Olivia, nos visita continuamente, a veces trae a mi suegro, otras viene sola, pues adora a sus nietos… No. no hemos vuelto a tener sexo, pese a que ella sigue siendo bella y de que de alguna manera a sus 54 años, se mantiene bella como ninguna.
A las chicas de mi antigua morada con Maite en la capital, solo he visto y follado algunas veces a Jolene… Siempre con condón y bajo estrecha supervisión de Maite, pues de una extraña forma, es “su mejor amiga”. Su marido británico, es un tipo relajado y deja que su mujer esté a sus anchas mientras él está de viaje por negocios, me parece mucho que su arreglo les acomoda a los dos y así son felices.
De Gaby, sé muchas cosas, pues sigue en contacto conmigo y soy amigo de sus padres. Ella se fue a trabajar a la sede central de la empresa, como secretaria de Elcira, en la capital y la sede central de la empresa, conoció a su actual esposo y está esperando un bebé. No, nunca tuve sexo con ella, pese a los amagos de sexo que tuvimos en más de una ocasión. ¡Gracias a Dios!, pues hubiese sido un error para ella y tal vez para mí… De alguna manera envidio a su marido… ustedes entienden, jajaja
Mi otra Olivia, me refiero a mi ex-secretaria en la sede central, con ella no he vuelto a follar, pese a verla más de alguna vez en mi visita a la sede central. A ella le ha ido muy bien, pues conservó mi puesto que asumió en interinato, la verdad es que era muy capaz y aprendió del mejor, jajaja, o sea yo
Finalmente, Elcira, ¿qué les puedo decir de ella?, ya no es tan engreída, solo lo suficiente, jajaja y ha progresado mucho, tanto por su profesionalismo, inteligencia, como por su parentesco con el directorio. Actualmente, es la gerente encargada a nivel nacional de la producción de la empresa, o sea es mi jefa, y sigue siendo una loca que cada vez que viene a auditar mi fábrica quiere que la castigue y no cesa de acosarme hasta que le dejo el culo rojo de palmadas y follarla
No creo que se case muy pronto y por lo que sé, sus novios de los que ha tenido unos tres que yo sepa, los trata mal hasta que se aburren, pues ninguno ha descubierto su real personalidad y se dejan avasallar.
Que les puedo decir, la vida cambió con la pandemia, asumir su efecto en nuestras vidas no ha sido fácil, pero hay que aceptar la realidad como es…
Continúa en
- Relato #214625— title-regex: contiguous parts (9 -> 10)
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