Xtories
Dominaciónmay 2024

Mi aire 18

Laura siempre creyó que conocía a Daniel, pero la Casona guarda secretos que ella no estaba preparada para ver. Al llegar, no es solo espectadora: el deseo prohibido y la sumisión de sus amigas se entrelazan con su propia historia, obligándola a confrontar lo que realmente desea bajo la mirada de un Amo que no perdona.

Mariscal5.1K vistas9.7· 12 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

El sábado a media mañana apareció Laura que se había autoinvitado a pasar el fin de semana en la Casona. Le ayudé con la maleta, que pesaba para sólo pasar una noche. Nunca entenderé a las mujeres con eso. Es la ventaja de las esclavas, siempre llevan poco equipaje.

Entramos en casa y allí estaban alineadas Sara y Carmen, con el vestido mostaza y su collar que nunca se quitaban, mirando al suelo.

-Laura, te presento a mis esclavas, Sara y Carmen que ya conociste,- cada una según las nombré hicieron una pequeña genuflexión, -si no te acuerdas de sus nombres, sólo tienes que mirar la chapita de su collar. Llevar la maleta de la señorita a su habitación, yo me iré con ella a pasear y charlar, volveremos a la hora de la comida.-

Salimos los dos a dar un paseo por el bosque.

-Dani, de verdad no quiero ser un estorbo, pero esta situación me intriga mucho.-

-Te insistí en que no vinieras, así que lo de ser un estorbo no cuela. Hay alguna razón por lo que no puedes olvidar todo esto, y creo que es que te pone cachonda.-

-Es posible, no lo niego. Pero sigo sin creer que haya personas que se presten a esto. ¿Es por problemas económicos?.-

-Laura, puedo llegar a comprenderte a que estés hecha un lio. Pero te aseguro que Sara y Carmen están conmigo sin ningún tipo de coacción, ni necesidad, ni nada de nada. Además conozco a más chicas en su situación, y chicos. Les gusta sentirse así, les gusta ser esclavas y les gusta tener un Amo que disponga de ellas. El componente sexual es el principal, pero es mucho más. Las dos me adoran y se pelean por poder tumbarse a mis pies. Se sienten queridas, amadas y deseadas.-

-Ya, pero cuando éramos novios, yo me sentía así, querida, amada y deseada. Por eso aún no logro entenderlo.-

-Podemos seguir así todo el día, pero no lo entenderás. Tú no eres sumisa ni ama y por eso nunca lo comprenderás. Ahora que te has empeñado en venir, lo quieras o no, vas a pasar este día con ellas y verás como lo disfrutan. Nunca tenemos compañía, ellas están acostumbradas a no tener que ser esclavas con personas ajenas, pero tanto si interactúas como si no, lo verás. Si en cualquier momento decides irte no tienes que dar explicaciones pero no montes escenas.-

-¿Las vas a usar como esclavas conmigo?.-

-No, son mis esclavas, las usaré como me apetezca. En principio serás espectadora, pero si encarta igual si las uso contigo ¿Algún problema?.-

-No lo sé, me da miedo y curiosidad al mismo tiempo. Además yo no soy bisexual.-

-Eso con las esclavas, o los esclavos da igual, ellas sólo obedecen. Pero de todas formas es lo que hemos hablado, el sexo es para divertirse lo hagas con quien lo hagas.-

Regresamos a comer a casa. Carmen estaba tranquila, realizando todo lo que le decía sin apartar su mirada del suelo. Sara estaba más nerviosa y me miraba de reojo, aunque sumisa. En un momento la llevé aparte y le dije:

-Laura me va a servir para comprobar como te comportas. No me gustaría ir al cortijo de Javier y dar la nota. Te voy a llevar a la sumisión completa y a la humillación, y quiero que lo disfrutes.-

-Sí Amo.- dijo azorada.

Tras el almuerzo, les dije que de nuevo debían estar desnudas. Carmen no tardó un segundo, Sara fue más reticente pero lo hizo. Laura alucinaba y no se atrevía a mirarlas directamente.

Le puse la correa a Sara y tiré de ella a la sala.

-Laura, ¿vienes?, voy a jugar con mi esclava.- Sara se puso roja como un tomate.

Bajamos los tres a la sala, y al entrar Laura no creía lo que veían sus ojos.

-¡Anda la ostia!, pero esto parece lo de la inquisición. No pensaba que fueras tan sádico.-

-En estas máquinas se pueden hacer muchas cosas, y el sadismo depende de la intensidad con que las uses. Sara, tráeme las pinzas rojas.- De las pinzas para pezones son las más fuertes que tenemos, tanto que el dolor al quitarlas es muy fuerte, mucho más que al ponerlas.

Sara se colocó delante de mi esperando, con las manos en la nuca. Le froté los pezones para ponerlos duros, y tiré de ellos para colocarles las pinzas. Sara ni gimió. Laura instintivamente se puso sus manos en sus pechos.

Decidí atarla en la cruz en X, era mi preferida pero en este caso es porque así Sara vería toda la sala, le daría la cara a Laura. Cogí la fusta y comencé a darle por todo el cuerpo, sobre todo las tetas. Sara aguantaba como hace casi siempre, algún pequeño quejido.

-Joder Dani, eso le debe doler mucho, llevas ya un buen rato.- dijo Laura.

-Vale, cambio.- Cogí la pala, y le daba sobre todo en los muslos y en su vulva. Los quejidos aumentaron en volumen, pero no llegó a gritar.

-Tío, que eso es demasiado, le vas a hacer daño.- Decía Laura sin saber que hacer.

-Esta guarra aguanta mucho más. Es más ven.- Le dije a Laura, la cogí de una mano y antes de que se lo pensara, se la hice pasar por el coño de Sara que estaba mojado.

-Ves lo cachonda que está la muy zorra.- Miré a Sara que se sentía humillada y avergonzada.

-Que asco Dani, donde me limpio, eres un guarro.- Laura se miraba la mano llena de flujos de Sara.

-Al fondo hay un lavabo.- Descolgué a Sara. -Mira ahora Laura, esto le encanta a esta puta.-

Puse a Sara en la leona, con un dildo grueso que le hice encajar sin miramientos. Su humillación se le notaba de roja que estaba. Creo que no le hizo gracia que comentara con otra persona que la leona le gustaba. Empezaba a comprender a Sara, con personas anónimas ella era una esclava y se sentía como tal, avergonzada pero obedecía. Pero cuando las personas son conocidas o cercanas, como pasa con Laura que era mi ex, la humillación era mucho para ella.

Cogí el látigo y comencé a darle en el culo. A cada latigazo, Sara se ensartaba más y más en el dildo hasta que llegó un momento que sin poder aguantarse se corrió ostensiblemente quedando más avergonzada aún si cabe.

-Ostia tío, se ha corrido mientras le azotabas.- Dijo Laura sin creerse lo que había visto.

-Te lo he dicho, es muy puta y esto le encanta. ¿Y tú como estás, vas entendiendo algo?.-

-Pues sigo sin entender del todo pero me ha puesto cachonda.- Me dijo mirándome con lascivia.

-¿Te apetece un polvete?.- Le dije mientras me acercaba a ella y la abrazaba.

Me besó, y sin prisa la fui desnudando, le saqué los pechos y se los chupé. Ella se desabrochó los pantalones y se los bajaba mientras miraba de lado a Sara aún atada a la leona. La aupé a la mesa, le levanté las piernas hasta apoyarlas en mis hombros con sus pantalones por los tobillos, y la penetré. Ella gemía sin parar mientras yo entraba y salía. Le agarré las tetas, más grandes que las de Sara o Carmen, aunque sus pezones eran más chicos que los de ellas. Al cabo de un rato se corrió, yo paré con la polla aún dura y sin haberme corrido. En una situación normal hubiera seguido hasta hacerlo, y probablemente Laura hubiera tenido otro orgasmo. Pero no era una situación normal. Me volví a Sara que estaba atada a la leona.

-Perra, tienes un par de minutos para chuparme y que me corra, sino me enfadaré mucho.- Me fui hasta ella y se la metí en la boca. Sara chupaba todo lo que podía, me miraba desde abajo con una inmensa pesadumbre, sabiendo que no lo lograría conociéndome a mi.

Mientras Laura se volvió a vestir, -Dani, la vas a ahogar.- dijo.

Pasaron los dos minutos y no logró Sara hacerme correr, me aguanté bien. Así que la desaté de la leona, la llevé de malos modos a la mesa, la tumbé boca arriba, con las piernas y brazos sujetos en alto, dejando totalmente expuesto el coño y el culo. Laura alucinaba pero no decía nada.

Cogí la pala y le daba palmetazos en el mismo coño. Sara bufaba con cada uno de ellos pero no gritaba. Cuando llevaba unos pocos, Laura se me abrazó por detrás: -Dani, déjala ya que me está dando grima tanto azote.-

-Esta perra aguanta mucho más, ¿verdad esclava?.-

-Sí Amo,- balbuceó Sara.

-Oye, yo sigo cachonda, ¿no podemos follar en un sitio menos tétrico?.- Me dijo Laura aguantando con su mano mi mano que tenía la pala.

-Vale, espera que la dejo entretenida.- Le puse a Sara un vibrador en posición media y se lo metí en el rojo coño. Y sin mirarla, sin decirle nada, cogí de la cintura a Laura y nos fuimos al dormitorio. Justo antes de salir de la sala, para que Sara lo pudiese escuchar, grité: -¡Carmen a mi dormitorio!.-

Subimos los tres, Laura un poco incómoda con Carmen a quien le dije que la desnudara mientras yo la besaba, y así Laura se fue relajando y se dejó hacer.

-Carmen, de rodillas a los pies de la cama hasta que te necesite.- No pretendía incomodar demasiado a una Laura que no terminaba de comprender todo aquello.

Nos tumbamos en la cama y por la excitación de los dos la penetré estando ella boca arriba y yo sobre ella, corriéndonos al poco tiempo. Me eché a un lado:

-Carmen, mi preciada leche está en el coño de la señorita, debes limpiarlo bien.- Lo dije entrecortádamente por el cansancio. Carmen se subió a la cama buscando la entrepierna de Laura, pero esta la cerró.

-No, eso no, nunca lo he hecho con una tía.- Dijo Laura. Le acaricié la cara.

-Cariño, no pienses que es una tía, es una esclava, no tiene género. Tú cierra los ojos y deja que te limpie como es su función.- Me miró asustada, cerró los ojos y abrió tímidamente las piernas.

Carmen se acercó a su coño y empezó a lamer por todos lados los labios y cuando estuvieron limpios pasó a lamer el clítoris. Laura se tensó un poco al sentirlo, entonces con la pierna le di un pequeño golpe a Carmen.

-No le comas el coño esclava, solo quiero que la limpies.-

Dejó de lamer el clítoris y pasó a meter la lengua dentro, buscando restos de mi leche. Cuando yo consideré que estaba ya limpio le dije: -Ahora limpia la polla de tu dueño.- Carmen se vino gateando por la cama y se metió la polla en la boca para lamerla y limpiarla.

Acerqué mi boca a la oreja de Laura, dando mordisquitos en su lóbulo.

-¿Quieres que siga la esclava contigo?- le susurré.

Laura que estaba otra vez cachonda de la limpieza, susurro un vago: -siiii-.

-Carmen, deja mi polla, chupa el coño de la señorita hasta que se corra.-

Carmen volvió sumisa a lamer y succionar el clítoris de Laura. Ella seguía con los ojos cerrados y se iba arqueando en la cama mientras gemía. Finalmente le vino el orgasmo, agarró las sábanas con las manos apretando y soltó un grito fuerte: -Siiiiiiii.- Paré a Carmen que se quedó arrodillada al final de la cama esperando. Yo le daba besitos en las tetas a Laura, pero no para excitarla, eran besos cariñosos. Tras unos quince o veinte minutos, ya estábamos más relajados.

-Carmen, baja a la sala, apaga el vibrador de Sara y le das de beber, pero la dejas como está. Luego subes y ve preparando la cena.- Carmen se levantó rápido y se fue a hacer lo mandado.

-¿Estás satisfecha o quieres más sexo?.- le pregunté a Laura.

-Quiero más, pero déjame que descanse. ¿Que tal después de cenar?.- Me dijo entre cansada y lujuriosa.

-¿Que tal tu primera experiencia con una mujer?.-

-Ha sido alucinante, nunca pensé que me lo haría con una lesbiana.-

-No Laura, Carmen no es lesbiana, es esclava, hacen lo que se les ordena. Y esto es parte de lo que debes asimilar para entendernos, no hay hetero u homo, hay amos y esclavas, ese es nuestro mundo. Las esclavas no tienen preferencias sexuales, bueno, es posible que las tengan pero no deben exteriorizarlas, solo deben hacer lo que el Amo les pide.-

-Pues lo que sea, ha sido alucinante. Pero ella no ha tenido sexo ¿no?.-

-De nuevo lo mismo, hacen lo que se les ordena. Y te digo una cosa, la mayoría de los amos obligan a sus sumisas a pedirle permiso para correrse, y casi siempre se lo niegan, es parte de la sumisión, dicen que de esa forma las tienen siempre cachondas. Pero yo sin embargo, no se los prohíbo, salvo a veces cuando estás follando para que intentemos llegar juntos.-

-Vaya, que magnánimo, Daniel el Amo Magnánimo.- Me dijo irónica.

-No, sigues sin acercarte a comprenderlo. Vamos a cenar, que tengo un hambre terrible.-

Nos sentamos los tres a cenar. Yo estaba esperando a que Laura preguntara por Sara, sabía que lo haría y a los pocos minutos de estar comiendo lo hizo.

-Y la otra esclava, ¿no cena?¿Aún está atada?.-

-Sí, sigue atada creo,- dije como quien no le preocupara nada, -pero ha estado toda la tarde con el vibrador, estará cansada.-

-Joder Dani, tendrá que comer la pobre ¿no?.-

-Ya pero es que entre que no se sostendrá sentada por el cansancio y que suelta cantidad de flujo pondrá la silla perdida, ¡ah!, ya se lo que podemos hacer. Carmen baja y desata a Sara que venga a cenar, tráela de la correa.-

Serví un plato y cuando subieron, Sara es verdad que estaba cansada, a saber cuantos orgasmos tuvo. Puse el plato en el suelo.

-Toma esclava, tu cena, come algo que igual te necesito esta noche.-

-¡Pero que haces!,- me dijo Laura muy incómoda, -la pones a comer en el suelo mientras nosotros lo hacemos en la mesa, es humillante.-

-Es para que lo haga casi tumbada y no me ensucié con sus flujos la silla. Pero tienes razón, Carmen, cena con ella.- Carmen sin inmutarse cogió su plato y se fue junto a Sara.

-Tío eres un cabrón,- dijo Laura enfadada, -¿como puedes hacerle esto? y vosotras, ¿es que no tenéis dignidad?.-

-Laura tranquila, has venido a ver como funciona esta relación, y esto no lo he hecho nunca, pero hoy me ha apetecido para enseñártelo. Ellas obedecen, es lo que desean. Mira Carmen, ni ha dudado. Sara, está muy avergonzada pero no dice ni mu, ahí está comiendo porque su Amo se lo ha ordenado. La dignidad no cuenta, frente a su Amo, no hay ni dignidad, ni vergüenza, ni pudor o decencia. Cumplen las órdenes de su Amo porque ellas lo han decidido así, por muy humillantes que sean en el fondo desean complacerme y lo hacen.-

-Pues yo estoy muy incómoda así. ¿Les puedo mandar que se sienten a la mesa?.-

-Puedes pero no te harán caso, el Amo soy yo no tú. Y bien cachonda que estabas abajo en la sala mientras azotaba a una y arriba en la cama mientras te comía el coño la otra.-

-No sé, prefiero no ver esto.- Se cambió de sitio en la mesa de forma que no las veía.

Al terminar la cena, mandé a Carmen que limpiara todo y cambiara mis sábanas. Mientras Sara la dejé descansar en un sofá del salón, pero ella no quiso subirse, se puso a los pies. Sus camas de perro para el salón no las habíamos traído.

-Mira, también es muy cómodo para el señor las esclavas, así le hacen todas las tareas de la casa, ¿eso no es machismo?.- Me dijo Laura, mientras nos servíamos unas copas.

-No, he querido contratar a alguien para hacer las tareas domésticas y se han negado. Pero no es machismo, ellas pueden trabajar cuando quieran o volver a estudiar, Carmen es ingeniera y a Sara le falta un año de biológicas. Son ellas las que no quieren, de hecho a Sara le gusta limpiar, eso yo no lo entiendo, pero es verdad, le gusta además todas las tareas, limpieza, plancha, cocina, es muy rarita.-

Sara me lanzó una mirada con el ceño fruncido al oírme, mientras yo le saqué la lengua sonriendo.

En el salón estuvimos un par de horas dándole vueltas a lo mismo, pero Laura, aún viendo lo que tenía delante no era capaz de asimilar este tipo de relación.

-Bueno, es muy tarde, ¿toda esta charla no te habrá quitado las ganas de sexo?.- Me dijo pilluela Laura.

-Ni de coña, ¿a quien prefieres que nos llevemos esta vez?, ¿o nos llevamos a las dos?.- Le pregunté a Laura. La humillación a que estaba sometiendo a las dos era cada vez más acentuada. Algo me decía que acabaría por costarme caro, sobre todo por Sara. Realmente me costaba mucho humillarla así con otra persona delante. Es lo que tiene estar enamorado de tu propia esclava.

-Prefiero que no venga ninguna.- Lo dijo pero con la boquita pequeña.

-De acuerdo, venga Sara vente con nosotros.-

-Te he dicho que ninguna.-

-Ya, pero no es justo que antes estuviera Carmen, y ahora dejemos a Sara de lado, deberías ser más piadosa con las esclavas, eres cruel.- Le dije con socarronería.

-Y tú un cabrón.- Me respondió.

Subimos al dormitorio donde follamos como por la tarde, sin grandes aspavientos ni posturas eróticas, esas me ponía más con Sara o Carmen. Y al igual que le hice a Carmen, le mandé a Sara limpiar. No veía la cara que tenía, pero seguro que entre enfado y vergüenza.

Cuando ya hizo correrse a Laura, le dije que podría quedarse a dormir o irse a su cama. Yo me volví y ya no recuerdo más.

A la mañana siguiente me desperté con Sara abrazada a mis piernas, y su boca al lado de mi polla. Imaginé que habría intentando dormir con ella dentro. Al levantarme, dio un salto y me dijo:

-¿Mi Amo quiere que lo lleve a orinar?.- Noté como miraba de reojo a Laura por si esta lo había oído, pero seguía dormida.

Dejé que una sonriente Sara me agarrara la fláccida polla y me guiara al baño, se arrodilló al lado del retrete y sin soltarla la apunto mientras yo meaba. Cuando terminé, me la succionó sin asco alguno, parece que iba asumiendo esa parte. Bajamos donde ya Carmen había preparado el desayuno. Después del día anterior donde humillé todo lo que pude a ambas, sobre todo a Sara, aún no me creía la sonrisa que llevaba. Sabía que obedecería pero conocía las caras de Sara, y la esperaba enfurruñada hasta que Laura se fuese. Pero ahí estaba risueña como siempre, haciendo bromas sobre mi cosita, ya que había bajado desnudo.

-Buenos días,- dijo una soñolienta Laura,-¿que pasa es que todos sois nudistas?.-

-Perdona, es la costumbre, subo y me pongo algo.-

-No déjalo, si es agradable a la vista.- dijo sin apreciar la mirada asesina de Sara.

-¿Hay planes para la mañana?.- Dijo Laura esperando seguramente más sexo.

-Pues ya que lo dices sí, daremos los cuatro un paseito por el bosque.-

Después de la ducha, salimos los cuatro y Laura se sorprendió al verlas con unos leggins.

-¿No se supone que tienen que ir desnudas?.-

-Mujer, son esclavas pero eso no debe salir de aquí. No quiero que las vean los senderistas.-

-¿Que senderistas?,- dijo Laura, -si esto está en el culo del mundo. Todas las veces que vine contigo no vi a ningún senderista, creo que una vez se pasó por aquí un forestal a saludar, pero el pueblo más cercano está ¿a cuanto en coche? Una media hora calculo.-

-Bueno, si quieres que vayan desnudas no hay problemas.-

-No, no, no me refería a eso, anda vamos.-

A la salida de la casa cogí los dos palos del juego y la vara. Carmen abrió los ojos pero calló. Sara no pudo callar.

-Noooo, Amooooo, por favor, no por favor eso nooo.-

Laura se sorprendió del sollozo de Sara y me vio con los palos en la mano.

-¿Es que ahora las vas a azotar con los palos en medio del bosque?.-

-No, es más divertido, verás lo que nos reiremos. Vamos.-

-Ya veremos, pero me parece que no me va a agradar.-

Estuvimos un buen rato paseando, yo iba con Laura charlando, Carmen y Sara nos seguían sin decir una palabra y en tensión pensando en lo que les esperaba.

Cuando regresábamos, llegamos al sitio donde hacía unos días empezamos el juego del palo, y yo seguí charlando con Laura. Las dos esclavas respiraron pensando que lo había olvidado. Pero al poco rato me paré.

-Verás Laura, vamos a hacer un juego que les encanta a mis esclavas.-

-No Amo, no nos encanta.- Dijo azorada Sara, sabiendo lo que les venía encima.

-Pero hoy lo vamos a hacer más divertido. La otra vez les permití quitarse los leggins, hoy lo harán con ellos por los tobillos.- Dije con malicia.

-¿Pero hacer el qué?- Preguntó Laura.

-Pues es muy sencillo, tienen que dejar en el suelo un surco desde aquí hasta la casa con los palos.-

-Ya veo,- dijo Laura, -Dando pasitos con los leggins en los tobillos, eres un cabrón.-

-No, lo mejor es que los palos no los pueden tocar con las manos, los tienen que llevar en el culo y si se les sale, pararse y volvérselo a meter.-

-¡Pero que dices!, estás loco, les debe doler un montón.-

-No, no duele, sólo cuando se les cae que les doy con la vara. Además es un ejercicio muy bueno para tonificar el esfínter.-

-Estás loco, no creo que esto sea gracioso.-

-Lo vamos a hacer más interesante. Vamos a apostar, tu elijes a una y yo la otra. Si gana la esclava que tú hayas elegido puedes decidir lo que hacen antes de marcharte, pero si gana la mía tú tendrás que comer como yo diga. ¿Aceptas?.-

-No, de eso nada, me parece denigrante. Además no pienso comer en el suelo.-

-No mujer, tú no eres esclava, no haré eso. De todas formas si no quieres apostar, entonces las bajo a las dos a la sala y las castigo.-

-¿Pero porqué?, que tiene que ver si yo intervengo en tu sucio juego o no, no es justo.-

-Pues entonces elije.-

Laura las miró, ya tenían los leggins bajados y los palos en la mano esperando que les diera la orden de salir. Las dos estaban muy coloradas por la vergüenza y Sara musitaba algún insulto seguro que a su Amo. Se fijó en los culos de las dos. El de Sara era grande, sobresalía y con carnes, adorables carnes, era blandito y muy blanco. Mientras que el de Carmen más liso, con la piel más morena. Eso debió darle la impresión de que tuviese más músculo, que por otro lado no es necesario para este juego, el esfínter sí, pero los cachetes no son capaces de aguantar el palo por si solos. Así que resignada escogió a Carmen.

Les di la orden de salida, y allí iban, andando como patos con el palo en el culo arañando el suelo.

Al principio Laura nos seguía muy seria, pero esa situación tan cómica le pudo, y empezó a reírse y a animar a su esclava.

Sara pronto cogió ventaja, le iba pillando el truco, cuando notaba que el palo se iba saliendo, paraba, se lo ensartaba empujando hacia abajo y continuaba. De esa manera no se le salió salvo una vez, mientras que a Carmen se le salía muchas veces, perdiendo mucho tiempo.

Sara llegó primera, esta vez con una extraña delante no quiso hacer aspavientos de su victoria. Se sacó el palo y se subió los leggins mientras me miraba con un falso odio.

Laura llegó a recriminarle a la pobre Carmen lo patosa que era. En el momento se arrepintió y le pidió perdón.

Entramos a comer, y mientras me decía Laura lo sádico que era con esos juegos, ya las esclavas estaban desnudas preparando la mesa.

Nos sentamos, y fue la propia Laura la que me preguntó:

-Bueno, reconozco que he perdido, ¿como quieres que coma? En el suelo me niego.-

-Quiero que comas con el coño al aire y las piernas abiertas.-

Me miró extrañada, miró a las esclavas, pero al final el supuesto pudor ya lo había perdido frente a ellas, así que se quitó el pantalón, el tanga y se abrió de piernas.

-¿Ya está?, eres un guarro.-

-No, aún no he terminado. Sara cómele el chocho hasta que tenga un orgasmo.-

Ambas se sorprendieron, Sara agachó la cabeza y se dispuso a ponerse bajo la mesa entre las piernas de Laura.

-No pensarás que coma mientras me están tocando ¿no? Eso es ya de muy degenerados.-

-Has perdido y encima te vas a llevar dos orgasmos, porque cuando acabe Sara irá Carmen. Y aún así protestas. Es el pago por perder, sino al terminar la comida me las llevo a la sala como decidimos.-

-Cabrón.- Me dijo, pero se acomodó cuando Sara empezó a lamerle.

Según Sara le comía el chocho y se iba calentando, le iba costando más trabajo comer, el tenedor se le cayó cuando le llegó el orgasmo.

-Carmen, tu turno.- Dije.

-Espera cabrón que al menos me relaje un poco y termine de comer.-

-Lo siento, son las normas.-

Carmen ya estaba comiendo su coño empapado del anterior orgasmo.

-Hijo puta, así no se puede comer.- Ya había abandonado todo intento de comer, estaba agarrada al borde de la mesa con la cabeza echada hacia atrás y gozando. Sus bocanadas por la nariz eran cada vez más intensas hasta que le llegó el segundo orgasmo.

Se echó sobre la mesa mirándome esperando a recuperarse.

-La verdad, es que sí encuentro algunas cosas positivas en esto de tener esclavas.-

Después de comer, mientras las esclavas estaban dentro de la Casona, y ya despidiéndola en el coche le dije:

-Laura, esto ha sido un favor que te he hecho para disipar algunas dudas, pero no creas que se volverá a repetir. Soy muy celoso con mis esclavas y no me gusta compartirlas.-

-La verdad es que no sé si querría repetir, pero sí que me gustaría que quedásemos los dos.-

-Para comer, café o cenar ni lo dudes, pero para nada más.-

-¿No volveré a tener sexo con el Amo Magnánimo de Daniel?.- Me dijo algo lujuriosa.

-Nunca digas nunca jamás. Pero no lo creo, no quiero ni enturbiar mi relación con ellas, ni que te equivoques conmigo. Si volvemos a hacerlo sería un grave error por nuestra amistad, y lo sabes.-

-Una pena, follas genial.- Dijo sonriendo con tristeza.

Se marchó y entré en casa, me puse una copa y me senté en el sofá. Creo que mi culo aún no había tocado el sofá, cuando las dos se me abrazaron cada una a una pierna. Y como siempre fue Sara la que habló:

-Mi Amo, ¿lo hemos hecho bien, está orgulloso de sus esclavas?.-

Dejé la copa en la mesa y les acaricié el pelo a las dos que me miraban expectantes y sonriendo, Sara con sus hoyuelos que me derretían.

-Sí, estoy muy orgulloso de vosotras y todo lo habéis hecho muy bien. Han sido veinticuatro horas muy intensas y tenemos todos que pensar.-

-Si mi Amo no hubiera... follado tanto con Laura, igual no hubiese sido tan intenso.-

Le tiré del pelo: -¡Auch!.

-Tenemos que pensar lo que ha pasado. Por mi parte os diré que he disfrutado mucho humillándoos, no todas las veces pero si en la mayoría, y eso me da que pensar pues no quiero una relación con vosotras así.-

-Amo, -saltó Carmen, -yo estoy para hacer lo que desee de mi, no me he sentido mal cuando me ha usado o humillado. Son órdenes de mi Amo y las hago feliz de cumplir con mi deber.-

-Yo tampoco Amo,- apostilló Sara, -reconozco que no todo lo que me ha hecho me ha gustado mucho, pero si veo feliz y contento a mi Amo lo demás ya no tiene importancia ¿no?.-

-No lo sé, tengo que pensar y vosotras deberías también.-

-Amo,- dijo Carmen, -en el cortijo del Amo Javier las humillaciones son peores, yo he estado varias veces allí y las soporté sin problemas sabiendo que es lo que deseaba mi Amo.-

-Bueno, quizás yo tenga que poner un poco de mi parte,- dijo Sara, -pero no dude en que lo haré y después me encontrará como ahora, abrazada a mi Amo contenta.-

Poco antes de volvernos al final de agosto las reuní en el salón. Las puse de pie y llamé a Sara a tumbarse sobre mis piernas. Las dos estaban inquietas sin saber que pasaba.

Le di dos azotes y le pregunté:

-¿Cual es la cuarta norma esclava?.-

-Mi Amo, la esclava no puede tener sexo sin su autorización, ni siquiera masturbarse. Y no hemos faltado a esa norma Amo.- Dijo Sara como explicándose.

-Lo se, no te preocupes, esto no es un castigo. Esa norma cambia a partir de ahora. Las esclavas no pueden tener sexo sin mi autorización, salvo entre ellas o con Thor. Por supuesto está prohibido el masturbarse sin permiso. Sara, tu mandas sobre Carmen, se juiciosa y no la tengas todo el día comiéndote el chocho que lo veo venir.- Plas, plas dos azotes.

-Sí Amo.-

-¿Cual es la norma sexta esclava?.- Plas, plas.

-Mi Amo, no mirarle a la cara salvo cuando se chupa y en determinados momentos del sexo.-

-No es exactamente así, lo de determinados momentos no se ceñía sólo al sexo, pero da igual. Esa norma también cambia. La prohibición de mirar a la cara se amplía a la de de cualquier persona que sepa de vuestra condición. Pero sin embargo cuando estemos los tres solos esta norma no tiene validez.- Plas, Plas dos azotes más.

-Sí Amo.-

-Hoy vamos a añadir una norma nueva para las dos, novena norma, siempre que salgáis de casa tendréis que llevar el huevo y un anillo que os daré al acabar, no lo perdáis que son hechos a medida.- Plas, plas.

-Sí amo.- dijo Sara volviendo la cabeza expectante.

-Ponte de pie donde está Carmen, y tú,- dirigiéndome a Carmen, -en mis piernas boca abajo.-

Una vez se puso Carmen en mis piernas repetí lo mismo del cambio de esas dos normas, mas la nueva.

Una vez acabé: -El anillo os lo daré antes de cenar. Ahora como premio por lo bien que os estáis portando, os dejo a elegir, o damos un paseo por el bosque o bajamos a la sala.-

-¡A la sala mi Amo!.- Dijo rápido Sara.

-Y tú Carmen, ¿que dices?.-

-¿Habrá juego del palo en el paseo Amo?.-

-No creo, aunque puede que se me ocurra otro juego, eso no lo se.-

A Carmen la sala no le gusta mucho, ella no es de azotes, pero últimamente había ideado algunos para ella, como pasar por la cuerda anudada, el gancho en el culo o simplemente ponerla en el potro con los vibradores.

-No me arriesgo Amo, elijo la sala.- Me dijo resignada.

-Bien, pues a la sala.- Les dije.

-¡Yupi a la sala!.- gritó Sara mientras bajaba dando saltitos.

Al entrar até a Sara en la mesa con dosel, me acerqué a Carmen y le dije:

-Carmen, la sala no es sólo para castigos, esa es la parte en que menos se utiliza, la sala es para disfrutar todos. Tienes que asumirlo, y bastante paciente soy contigo que no te utilizo como Sara dándote azotes. Pero ve pensando en que te gusta para decírmelo, no te quiero aquí a disgusto.-

-Amo, puede usarme como quiera, yo no debo elegir, es mi Amo quien decide lo que a él le apetece.- Me dijo.

-En nuestra casa no es exactamente así, y ya llevas con nosotros más de medio año para darte cuenta. Mientras piensas métete en la jaula.-

Una vez en la jaula, le metí un vibrador encendido en el coño.

-No se te ocurra usar las manos y que no se te salga o entonces te azotaré.-

Comencé a fustigar a Sara sólo en el coño, sin mucha fuerza, para durar más sin hacerle daño. Cuando la vulva ya estaba hinchada y roja, cogí el látigo y lo usé por todo su cuerpo. Como a los quince minutos, de nuevo cogí la fusta, le metí mi polla por el coño y le daba azotes en sus tetas. En nada le llegó el orgasmo. Se la saqué sin haberme corrido yo. La desaté y la colgué del techo por sus muñecas. Con el látigo estuve dándole por todos sitios, al tener las piernas sueltas, intentaba volverse con cada azote. Después de un rato, le levanté las piernas y volví a follarla. Estuve follándola hasta que nos corrimos juntos. La dejé colgada y fui a donde estaba Carmen.

-Carmen, ¿cuantos orgasmos llevas?.- Estaba muy sofocada.

-Ninguno Amo, estoy casi.- El vibrador se lo había puesto en velocidad media. No me gustaba que no hubiera conseguido ninguno en todo en este tiempo. Entiendo que lo suyo no es la sala, pero aquí pasamos Sara y yo casi todas las tarde, y quería que Carmen también estuviera disfrutando.

Lo apague, se lo saqué y de la jaula la pasé a la leona. Ella nunca la había usado, sólo le daba azotes en los castigos que eran muy pocos y la ponía o en la mesa o en la cruz en X.

Algo asustada se acopló el dildo y la até.

-Te estaré azotando hasta que consigas un orgasmo, así que céntrate en el placer y olvida el dolor o estaremos todo el día y acabarás con el culo destrozado.-

Fueron unos siete fustazos sólo los que le di hasta que la leona hizo el resto y se corrió. La dejé allí atada y volví a azotar a Sara, pero esta vez con el látigo rojo que es más doloroso.

Después de unos pocos, yo estaba ya deseando meterla otra vez. Solté a Carmen y la traje, levanté las piernas de Sara y se la metí.

-Carmen, ponte debajo de Sara y chúpale el culo.-

Estuve follando a Sara hasta otro orgasmo suyo, entonces la saqué y pasé al culo, bien lubricadito por los lametones de Carmen.

-Ahora esclava chupa su coño.- Le dije a Carmen. -Y tú zorra aguanta el orgasmo hasta que notes mi leche.- Le dije a Sara.

-Nooo Amoooo, estoy ya otraaa a vez.-

-Espera guarra o me enfadaré, yo estoy casi también.-

-Amoooo, dile a Carmen queeee seeee quiteeee, noooo puedooooo.-

-Carmen se queda y tú aguantas me queda poco.-

Carmen se había centrado en el abultado clítoris de Sara, pero cuando la vio tan excitada se apenó y dejo esa parte para pasar a los labios.

Nos corrimos juntos, y descansamos unos minutos mientras le acariciaba los pezones con cariño.

La desaté, me beso la mano. Una costumbre que tenía, por obligación deben hacerlo en los castigos pero no en los “juegos”, sin embargo Sara lo hacía siempre que podía.

-Gracias Amo.- Me dijo Sara al desatarla y besarme la mano. También alzó la cara de Carmen y la besó en la boca, -Gracias esclava-. No se muy bien si fue por que le comiera el chocho o porque dejará en paz su clítoris en un momento crítico.

Nos abrazamos los tres y les dije: -Me gusta esta familia.-

Les di un azote en el culo a las dos y subimos a cenar. Pero Sara ya estaba nerviosa viendo que poníamos la mesa y que el anillo no llegaba.

-Mi Amo, ¿no estará olvidando algo?.- Quise hacerla rabiar.

-Pues no se, ¿se me ha pasado algún azote?.-

-No mi Amo, aunque si cree eso podemos bajar a la sala otra vez.- Lo dijo con cara de viciosa.

-Pues no lo se que he podido olvidar, ¿tenéis algún castigo pendiente?.-

-No Amo, no sea malo, el anillo Amo.-

-¡Ah! El anillo, es verdad, están sobre esa repisa.- Les dije señalando dos pequeñas cajitas que habían pasado por alto.

Los anillos era unas simples alianzas en acero con un finísimo grabado de cadenas que apenas se notaba, y dentro llevaban grabados sus nombres y “propiedad de Daniel”.

-Gracias Amo, es muy bonito.- Dijo Carmen con una amplia y sincera sonrisa.

-¡Hala! Amo, es como si estuviéramos casados, me encanta, es precioso. ¿Puedo llevarla siempre?.-

-Sí, claro que puedes llevarla siempre, pero es obligatorio si sales de casa.-

Nos abrazamos los tres, y a Carmen le vi soltar una lagrimita.

Continúa en