Xtories
Dominaciónmay 2024

Mi aire 19

El salón se convierte en un campo de batalla donde la voluntad se mide con el sudor y el placer. Cada prueba es una trampa, cada victoria una condena, y la noche promete castigos que ni el cuerpo ni la mente están preparados para soportar.

Mariscal4.3K vistas9.3· 12 votos
Este relato queda fuera de tus preferencias actuales. Lo mostramos porque llegaste por un enlace directo.

Ya estábamos de regreso en la casa y llamé a Javier para hacer planes en su cortijo.

Thor vino igual que siempre del adiestramiento. Nos dijeron que en realidad lo que habían hecho era predisponerlo para su amaestramiento. Nos tocó ir al centro los cuatro, nosotros tres y el perro, todos los días por la tarde un par de horas para enseñarle ya definitivamente quienes eran sus dueños y defendernos, así como defender la casa. Esto sería un problema con los jardineros, así que el día que ellos venían, Carmen lo ataba. Era un suplicio, se pasaba todo el rato que estaban los jardineros trabajando sin parar de ladrar.

Una mañana que ya no podía más, le dije a Carmen que se lo llevara a pasear. Nuestra urbanización tiene un muro de seguridad que la rodea con cámaras, y por fuera no hay construcciones. Es un descampado con matorrales y algunos árboles. Muchos vecinos llevan allí a sus perros a pasear. Así que Carmen, los días que venían los jardineros se llevaba a Thor a pasear, la mayoría de las veces Sara la acompañaba.

En la segunda semana de septiembre, Carmen se fue con sus hijos. Nos quedamos solos Sara y yo, y la casa parecía sola. Es curioso por que Carmen era silenciosa y muy reservada, no era la torbellino de Sara siempre pidiendo sexo. Pero su ausencia se notaba.

Lo que me hacía mucha gracia era ver a la hora de la comida cuando llevaba Sara el comedero de Thor, y como el perro, privado de su sexo diario intentaba montarla. Al final el pobre se quedaba frustrado viendo como Sara no le dejaba, pero ella acababa con las piernas llenas de semen de perro que se restregaba sin parar. A pesar de la visita de los hijos de Carmen, continuamos los tres la visita al centro de adiestramiento, que duraría hasta final del mes.

Al día siguiente de irse Carmen, llamé a Sara a media mañana. Vino con una sonrisa de oreja a oreja presintiendo sexo mientras se quitaba el delantal que llevaba.

-Verás esclava, he pensado en hacer un juego.- A Sara le cambió la cara, pensando en el juego del palo de la sierra.

-Quería hacerlo con Carmen para que compitierais, pero he pensado que podemos hacer uno primero nosotros para probar y mejorarlo.-

-Mi Amo, sus juegos no me gustan mucho, siempre perdemos nosotras y el Amo nunca, eso no es justo.- Decía Sara.

-Bueno, este es diferente, son ocho pruebas. El que gana tiene un punto, al final vemos la diferencia entre los dos, por ejemplo si yo he ganado cinco y tú tres, la diferencia a mi favor es de dos. Los puntos que yo gane serán los días que tendrás que aliviar al pobre Thor.-

-¡Amo!, ve como no es justo, eso no me gusta.- Dijo Sara dando un pisotón en el suelo.

-Por el contrario los puntos si tu ganas serán los días que haremos lo que tú mandes, es más estoy dispuesto a tomar la pastillita azul si ves que la voy a necesitar.-

Sara se relamió y ya golosa se veía en una espiral de sexo conmigo.

Allí en el salón saque una extraña bandeja, estaba sujeta a un cinturón por una de sus partes. La otra tenía unas cadenitas.

-Te pondré esta bandeja, va sujeta por el cinturón, pero para evitar que vuelque lleva estas cadenitas que van fijadas a los pezones, tendrás que estar derecha para evitar que se tumbe, porque te pondré un vaso de agua hasta el borde y si se derrama agua pierdes, yo no podré tocarte, si aguantas media hora ganas.-

-El Amo es muy rarito, pero sabe que ganaré ¿no?.- Me dijo sonriendo y segura.

Le puse la bandeja, la fijé a sus pezones, le até las manos a la espalda y puse el vaso lleno de agua.

Sara me miraba sonriendo de pie en medio del salón, aunque los pezones le dolían lo aguantaba sin problema. Lo que no vio venir es que de repente me acerqué a ella, me agaché y empecé a soplar sobre su clítoris.

-No, no, no, Amo, eso es trampa, no puede tocarme, eso no vale.- Decía ya nerviosa.

-No te estoy tocando, sólo miro ese enorme y precioso clítoris, que creo que está caliente, estoy tratando de enfriarlo.- Le decía sin dejar de soplar a un clítoris que por momentos crecía.

-Amo, es trampa, deje mi pepita en paz. Ella está bien. No, Amo, no por favor.-

No paré, y en el fondo creí que sería rápido, pero me dejé los pulmones sabiendo que no podría resistirse. Ella jadeaba cada vez más, sin poderse mover. Y aguantó, mucho más de lo esperado, pero a los veintiséis minutos, cuando ya me creía perdedor, no pudo soportarlo y se giró un poco. Lo suficiente para que ese movimiento fuera a sus tetas y de ahí a la bandeja derramando parte del vaso.

-¡He ganado!, punto para mi.- Dije levantando un dedo. -Un punto para el Amo, cero para la esclava.-

-Amo, eso es trampa, no estaba preparada para aguantar, el Amo es muy cruel.-

-Es verdad, reconozco que he sido cruel, ¿que te parece si la siguiente prueba la hacemos follando?.-

-¿Pero follando de verdad?.- Sara me miró suspicaz.

-Pues claro, vamos al dormitorio y ponte los cascabeles.- Subimos los dos, Sara emocionada pero escamada.

La puse a cuatro patas en la cama, con sus cascabeles.

-Esta prueba es muy sencilla, tienes que mantener esa postura, la cabeza no puede estar más baja que el culo mientras te follo.-

-¡Ja!, mi Amo ya ha perdido.- Me dijo chula.

-No he terminado, la prueba en realidad consiste en que hasta que me corra, los cascabeles no pueden sonar.-

-¡Amo!, eso es imposible, aunque yo no me mueva, la cama si lo hace.-

-Por eso te dejo que los agarres con las manos. Si los cascabeles suenan o la cabeza baja de su posición pierdes.-

Lo pensó un momento, levantó sus manos de la cama y se agarró los pezones.

-Mi Amo, ya estoy dispuesta, pero el juego no termina hasta que se corra y con dos oportunidades.-

-Vale, dos oportunidades.- Se la metí despacio pero una vez dentro empecé a bombear con saña.

A los cinco minutos soltó las manos y se agarró a la cama para calmar el orgasmo que le vino, sonando los cascabeles.

-Primero oportunidad puta, vuelve a sujetarlos que yo aún no me he corrido.- Se sujetó de nuevo los cascabeles.

-Amo, la prueba es hasta que se corra, ¿verdad?.- Me dijo ya muy acalorada.

-Sí, así es guarrilla.-

Entonces me sorprendió, no me lo esperaba, soltó los cascabeles y se agarró a la cama. Haciendo además ella movimientos con su pelvis para que se la metiera más dentro.

-Guarra, esa es la segunda oportunidad que tenías, ya no te quedan más. Sujeta los cascabeles.-

-Mi Amo tiene dos manos, si quiere que los sujete él.-

Me quedé a cuadros, le daba igual la prueba, lo que quería es follar, lo demás le daba igual.

-Has perdido la prueba zorra, tengo ya dos puntos.-

-Aún no mi Amo, la prueba no termina hasta que se corra. Pero si tan seguro está de haberla ganado, ya puede jugar con mis pezones.- Volvió su cabeza con una cara lasciva.

-Pero que guarra eres mi esclava.- Y la estuve follando con el sonido de los cascabeles hasta que quince minutos después me corrí, no sin antes darle a ella dos orgasmos, el último acompasado conmigo.

Nos quedamos tumbados en la cama casi media hora, no exactamente por cansancio. Nos acariciábamos y nos dábamos besos. Hasta que comenzó a pajearme disimuladamente.

-¿Mi perra quiere más sexo?.-

-Mi Amo, su esclava siempre quiere más sexo.- Y me besó apasionadamente.

Lo consiguió, me provocó una nueva erección y me eché sobre ella penetrándola. Le quité los cascabeles y le mordía sus duros pezones. Ella me abrazó con brazos y piernas. Estuvimos al final follando el resto de la mañana hasta la hora de comer que bajamos fatigados los dos.

-Que sepas que el marcador está dos puntos para mi, cero para la esclava.-

-Pero el Amo se ha corrido esta mañana tres veces, su esclava lo ha hecho siete, en ese marcador voy ganado.- Me dijo con cara de diablilla.

-Pues descansa, que las pruebas de esta tarde no son intensas pero sí difíciles.-

-El Amo siempre ganará, es cruel y ni piensa en su pobre esclava.- Me decía viciosa.

Después de la comida, la llevé al salón, frente a un mueble que tiene muchas fotos de ellas. A mi no me gusta poner fotos por la casa, pero ellas tenían fotos de sus padres o de los hijos de Carmen.

Le metí el huevo en el coño, le até las manos a la espalda y el plumero por el mango en el culo.

-Esta prueba es muy fácil, tienes que limpiar el polvo de todas las fotos durante quince minutos nada más, sin tirar ninguna. El tiempo empieza ¡ya!.-

Comenzó a agitar el culo pasando el plumero por las fotos, me miraba asustada por cuando encendería el huevo. Limpió las de abajo y se subió a una pequeña banqueta para otras más altas, es entonces cuando encendí el huevo al máximo.

-Amoooo, otraaaa de sus trampas.- Pero aunque la excitación fue alta, consiguió pasar los quince minutos moviendo el culo sin tirar una sola fotografía. Al llegar el tiempo apagué el huevo.

-¡He ganado! ¡Soy la mejor!.- Saltaba haciendo el signo de la victoria con los dedos en su espalda y sacándome la lengua.

-Es cierto, has ganado, dos puntos para el Amo y uno para la esclava. Pero me da que estás algo cachonda ¿no?.-

-Un poco Amo, ¿un polvete?.- Me miraba traviesa.

-Mejor después, vamos a hacer otra prueba y después a lo mejor te dejo que te corras.-

-¡Uf! Amo malo.-

-Esta prueba también es muy fácil. Te pondré el plumero entre los cachetes del culo y tendrás que sujetarlo. Nos iremos a la sala y pierdes si se cae antes de llegar.-

-Otra trampa, seguro que pondrá otra vez el huevo.-

-Llevas razón, no sería justo, vamos a hacer una cosa, en vez de ponerlo al máximo, lo pongo a media potencia.- Le dije malicioso.

-Tengo el culito duro, ganaré seguro.- Me dijo con mohín chulesco.

-Para que veas que soy bueno, el culito duro lo tienes gracias al juego del palo, eso me lo debes.- Me sacó la lengua.

Le puse el plumero con el mango hacia arriba entre los cachetes, pero las plumas las doblé hacia arriba, de forma que le rozaban en el coño al andar. Sara fue andando rápido hacia la sala, todo lo rápido que podía sin dejar caer el plumero haciendo un movimiento pizpireto de lo más gracioso.

-¡Ey! Esclava eso es trampa, no puedes ir tan rápido.- Le dije riéndome.

-El amo hace sus trampas y la esclava también.- Dijo mientras se reía bajando las escaleras.

Llegó a la sala sin tirar el plumero, aunque las plumas que le rozaban el coño estaban empapadas solo en ese corto tiempo.

-¡La esclava ha vuelto a ganar! Hay empate.- Decía riendo Sara.

-Bien, empate, pero imagino que querrás bajar la calentura, ¿no?.-

Se abrazó a mi, y me besó apasionadamente, -¿En que piensa mi Amo para hacerlo?.-

-Pues en la siguiente prueba.- Eso le sonó a que no habría polla y se entristeció.

La até por las muñecas y estas a una argolla baja de la pared, de forma que quedaba sentada apoyando su espalda en la pared pero con sus brazos algo en alto sobre su cabeza. Después até cada una de sus piernas a otra argolla, sin tirar demasiado, quedando las piernas abiertas. Le inserté el vibrador más grueso que teníamos y lo puse al máximo.

-La prueba consiste en que llegues a tres orgasmos, pero si antes de llegar el vibrador se sale pierdes.- Ella estaba muy mojada y dudaba que con ese grosor pudiera sujetarlo.

-Amooo, es trampaaa otraaa vez.- Me dijo ya muy excitada.

Me senté justo frente a ella poniendo una sonrisa de malo. Le llegó el primer orgasmo y se tensó para no temblar mucho. Pero no le sirvió de nada, el vibrador fue deslizándose poco a poco con su humedad hasta salirse por completo. Si decir nada, lo cogí y se lo volví a meter.

-Venga zorra, dame dos orgasmos más.- Al tiempo que le movía el vibrador dentro del coño, con la otra mano me puse a pellizcar el clítoris.

Le llegó otro orgasmo, y fue morderle un poco los pezones, para que encadenara el tercero.

La dejé descansar sacando el vibrador y desatándola.

-El Amo gana, tres a dos. Quedan tres juegos que además no te van a gustar, así que cuando descanses me avisas para continuar.-

-Amo, unos segundos que ya estoy, pero ese ha sido trampa, sin cerrar las piernas es imposible.-

Al poco la levanté, y le puse el gancho que entra en el culo y lo até a una cuerda que pasé por una viga y en su extremo un cubo con capacidad de unos cinco litros. Tracé una línea en el suelo y la puse en ella de pie. Puse en el cubo dos litros de agua.

-Este es el juego, cada pocos minutos añadiré un vaso al cubo hasta llenarlo entero, si te mueves de la línea antes de llenarlo pierdes. Si lo lleno y aguantas cinco minutos sin moverte ganas.-

-Amo, me va a romper el culo, eso es mucho peso.-

-No tienes que aguantarlo, te mueves y te libras.-

-Sí, que se lo ha creído el cruel del Amo. Este lo gano, pero no podrá follarme por ahí durante unos días.- Me dijo inclinando la cabeza a un lado vivaracha.

Comencé a echar vasos de agua en el cubo despacio. Sara tenía la cara desencajada al poco rato y trataba de quedarse quieta pero finalmente el cubo tiró de su culo y dio un paso atrás.

-¡Que pena! La esclava pierde otra vez. Cuatro a dos. Y quedan las dos pruebas más difíciles.-

Mientras le quitaba el gancho, Sara me repetía: -Amo malo.-

-Los dos que quedan son las peores y además no te gustarán.-

-Mi Amo, los peores para mi o para el Amo, porque en todos hace el Amo trampas.-

-En este si que te vas a enfadar. Te pondrás en la ducha, de rodillas, sin poder levantarte ni salir del suelo de la ducha. Te daré un vaso de agua, y tienes que llenarlo de mi orina. Si cuando termine no está lleno, pierdes.-

-¿Pero como?, lo lleno mientras orina, eso es fácil. ¿Se va a orinar sobre mi?.- Preguntó suspicaz.

-Pues claro, me mearé por donde quiera, apuntaré donde quiera y tú tienes que llevar el vaso para llenarlo. No vale cogerlo de lo que te chorree.-

-Y de nuevo vemos como el Amo hace trampas a la pobre esclava indefensa.-

Sin dejarle seguir empecé a mearme por toda ella, que intentaba llegar al chorro con el vaso pero sin conseguirlo. Al terminar de orinar, no tenía y ni un tercio del vaso lleno.

-Punto para el Amo, cinco a dos, se te pone la cosa difícil perrita.-

-El amo hace trampa, no paró de mover su cosita, así es imposible llenar un vaso, y me ha dejado toda pringada de sus meados.- Sara siempre sentía aversión cuando la meaba los lunes al “marcarla”.

-Pues no hace falta que te laves para la última prueba. En seguida vuelvo, no te muevas.-

Subí al baño de arriba y bajé la jeringuilla de un litro para los enemas. Cuando Sara la vio se le cambió la cara.

-No, Amo, no, me rindo la doy por perdida.- Me decía implorando.

-No puedes, además es muy divertida. Te pondré una jeringuilla de agua y después una bola de ping pong. Te pones a cuatro patas y aprietas, si la bola llega a más de tres metros ganas. Tienes tres oportunidades, cada vez que lances la bola, otra jeringuilla.-

-Amoooo, esta prueba no me gusta, es muy sucia.- Me decía compungida.

-Venga, venga, no hagas pucheros, pon el culete en posición que va la primera jeringuilla.-

Sin darle tiempo a pensarlo más, le apreté la boca de la jeringuilla y empecé a apretar.

-Amoooo, más despaciooooo.-

Una vez terminé le metí la bola.

-Cuando quieras aprieta a ver donde cae.-

-Amo, por favor, me rindo.- Le dí un cachete en el culo.

-Si no lo haces me enfadaré, lanza.-

Apretó y la bola cayo casi a sus pies con toda el agua y algún pedo.

-No te preocupes, a lo mejor poniendo otra jeringuilla toma más impulso.- Le dije mientras ya le estaba poniendo otra vez la primera.

-No me gusta Amo, voy a ensuciar todo el suelo, por favor, lo dejamos aquí.-

-No, además voy a cambiar las normas, la segunda oportunidad dos jeringuillas, la tercera tres jeringuillas, eso es darte ventaja.- Le ponía ya la segunda.

-Amo, no me entrará toda, estoy ya llena.-

-Mejor, así la lanzarás más lejos. Venga, aprieta y lanza.-

Esta vez lanzó lejos, y pasó de los tres metros, y junto a la pelota, salieron los dos litros de agua haciendo mucho ruido. Sara ni siquiera miró donde cayó, se tapó la cara con las manos al hacer los ruidos.

-Amo, que me da mucha vergüenza, por favor no más.-

-Pero si has ganado esclava, punto tuyo.-

-¿He ganado?, ¿ya no hay más jeringuilla?.-

-No, hemos terminado, el Amo cinco, la esclava tres, la diferencia para el Amo es de dos puntos. Así que tendrás que aliviar a Thor dos días. Uno será mañana y el otro dentro de cuatro días.-

-El Amo me ha hecho trampa seguro, estos juegos no me gustan. ¿Puede ya la triste esclava ducharse?.-

-Puedes ducharte, y si cenamos rápido, nos vamos a la cama, que tengo ganas de sexo.-

La sonrisa de oreja a oreja le apareció de repente al oír los planes. Que fácil es contentarla, y que agradecido hacerlo.

Al día siguiente, a la hora de la comida, Sara se puso la camisa que usa Carmen cuando va a tener sexo con Thor y así evitar que le arañe la espalda con las patas. Yo me quedé mirando desde la cocina. En cuanto dejó el cuenco, Thor vino corriendo para como otras veces intentar montarla. Pero esta vez olió la camiseta y y ya la pija salió y se le endureció. Ni siquiera estuvo nervioso como otras veces, sabía que el sexo ya lo tenía asegurado.

Sara se puso a cuatro patas sin dejar de mirarme y cuando notó a Thor encima de ella, le guió la pija y este la metió de un empellón. Antes de que Sara se acostumbrara a esa invasión, el perro ya estaba frenético entrando y saliendo. En poco tiempo, la bola entró y se quedaron abotonados.

Yo salí al jardín y acaricié la cara de una Sara desmadejada.

-¿Está bien mi perrita?.-

-Sí Amo, duele un poco pero la pija de Thor no es tan grande como la de mi Amo.-

-¿Te ha excitado?.-

-No mucho Amo.-

-Pues a mi si me ha excitado mucho, cuando la saque, te das un poco con la manguera y entras, que quiero encularte.- Le dije mientras le alborotaba el pelo.

No se el porqué de esa excitación, creo que era verla degradarse hasta ese punto. Ver como un animal puede follarla sin que se oponga. Aunque ya había pensado que al ir al cortijo de Javier, pondría a Carmen con los perros, creo que a Sara también se lo haría. Saber que no le gusta y humillarla así me ponía, además allí sería delante de otras personas.

Esos pensamientos me calentaron aún más y cuando entró Sara la enculé con ganas tratando de emular los movimientos del perro.

Lo mismo ocurrió días después cuando Sara con cara de pocos amigos salió de nuevo a ofrecerse a Thor. El perro en solo esos dos días ya aprendió que la camiseta significaba sexo. Pero si salía sin ella, no habría nada que hacer.

Unos días después regresó Carmen. Nada más entrar en la casa ya estaba en el vestíbulo desnudándose, cuando Sara salió de la cocina y la pilló ya desnuda entrando en el salón. Se abrazó a ella y le dio un apasionado beso en la boca. En principio pensé que era por no tener que ocuparse de Thor lo que agradecía su vuelta. Pero no, ese beso era sincero.

-¿Que tal esclava, como han sido estos días?.- Le dije mientras ella se acercó a mi, la agarré y la besé en la boca, también un beso sincero.

-Muy bien Amo, contenta de volver. Mis hijos sospechan que tengo una aventura.-

-¿Y eso?, le pregunté.

-Bueno, mi hijo no, ese es más despistado. Pero mi hija empezó a decirme que me veía más contenta, y que por otro lado la casa estaba más desatendida. Se dio cuenta que a veces olvidaba donde se guardan las cosas. Incluso un día, Amo, salí del baño de mi habitación desnuda.-

-Pues se lo dices,- respondió Sara, -le dices que sales con un apuesto Amo que tiene una cosita muy juguetona.- Se puso a mi lado a tocarme la polla por fuera del pantalón muy traviesa.

-Puedes decir que sales con una persona no hay problema,- le dije sin hacer caso a las insinuaciones de Sara, -incluso si quieres voy un día contigo y me presentas.-

-¿De verdad Amo? Sería muy feliz si mis hijos le conociesen.-

Tenía abrazado a Carmen por un lado y a Sara por el otro que no se conformó con tocarme por fuera del pantalón y metió la mano para agarrar mi polla que estaba ya casi dura del todo.

-Claro, ya os dije que nuestra situación no interferiría en vuestras relaciones sociales ni familiares. Sara deja ya de tocarme que me estás calentando.- Sacó su sonrisa con sus hoyuelos.

-¿Mi Amo tiene su cosita dura? Ahora que estamos las dos podemos solucionarlo. ¿Carmen no quieres tocar la cosita del Amo?.- La viciosa de Sara agarró una mano de Carmen y la metió en mis pantalones. -¿Lo ves?, ya está dura y calentita, ¿a que te gusta también tocarla después de una semana?.- Le preguntó a una Carmen cada vez más excitada.

-Sí, me gusta mucho tocar la cosita del Amo.- Respondió Carmen mirándome a los ojos.

-No, no, no,- dijo Sara sacando sus manos y las de Carmen del pantalón, -la cosita del Amo es mía.- Nos dejó sorprendidos y lo notó.

-Me refería al nombre Amo, cosita es mi palabra, ella debe buscarse otra ¿no?.- Volviendo a acariciarme por todo el cuerpo y mirando fijamente a Carmen.

-Lleva razón Carmen, no debes quitarle sus pertenencias a la esclava, busca otro nombre para que puedas usarlo tú.- Le dije entrando en el juego.

Carmen nos miró seria.

-No se, ¿badajo?.- Nos reímos.

-¡Hala!, ya salió la ingeniera, que bruta eres, busca otro más cariñoso.- Le dijo Sara.

-No se me ocurre ahora ninguno,- Decía sonriendo, -en realidad nunca ha sido mía, es del Amo y de Sara.-

-No Carmen, en esta relación somos tres, y lo compartimos todo.- Le dije.

-Tienes que aprender a pedirle prestada la cosita al Amo, siempre estás en segundo plano porque no tomas iniciativas, pero yo te enseñaré, y lo primero es buscarle un nombre.- Decía maliciosa Sara sin querer mirarme pero sin soltar mi polla.

-Bueno, no se, ¿pilila?.- Nos volvimos a reír los tres.

-No es un buen nombre, pero lo dejaremos por ahora, que el Amo creo que quiere que nos vayamos los tres a la cama a celebrar tu vuelta.- Dijo Sara que sin esperar respuesta y tirando levemente de mi polla empezó a dirigirse al dormitorio con Carmen detrás.

-¿Estás segura de que el Amo es lo que quiere esclava?.- Le dije a Sara.

-Sí, mi Amo la tiene muy dura y eso hay que solucionarlo. Pero no se preocupe que para eso tiene a sus esclavas, siempre dispuestas a hacer lo que le complazca.- Me decía mientras seguía tirando de mi polla y mirando de reojo me guiñaba un ojo.

-Bueno, si es deseo del Amo que le vamos a hacer.- Les dije resignado y riendo.

Continúa en