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Dominaciónmay 2024

Mi aire 20

El cuchillo de un loco dejó a dos mujeres en el borde de la muerte y a Daniel con la conciencia rota. Ahora, entre curas, hospital y el silencio de la casa, la tentación de recuperar el control choca con la fragilidad de sus esclavas. ¿Podrá ser su Amo si no puede protegerlas del mundo?

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Salieron las chicas al día siguiente muy ufanas con sus anillos a pasear a Thor por el alrededor de la urbanización. Yo me quedé como siempre trabajando en mi despacho. Al poco rato tocaron en el timbre con intensidad, una y otra vez. Alarmado fui corriendo a abrir la puerta.

Era uno de los dos guardas de seguridad que tiene la urbanización, uno está siempre en la garita y el otro va dando paseos por dentro y revisando el muro exterior.

-Señor, a su mujer y su amiga las han atacado, están camino del hospital las dos.-

En un segundo me puse una camiseta y me fui en el coche al hospital.

En urgencias me dijeron que Sara tenía una incisión en el estómago que afortunadamente no había tocado órganos. Pero Carmen estaba muy grave, el cuchillo le había perforado un pulmón y aún no sabían si habría dañado el corazón. Estaban ambas en quirófano.

Mi mundo se derrumbaba, me senté abatido pensando en que hacer, en no sentirme un inútil, pero no se me ocurría nada que no fuese esperar y preguntar a cada enfermera que salía.

Al poco rato se presentó a mi un policía. Le pedí explicaciones de que es lo que había ocurrido.

El ataque fue ya cerca de la garita, cuando ellas regresaban, el guarda de la garita fue quien llamó a urgencias y lo vio todo, había una grabación de las cámaras del muro. Según el guarda, un hombre salió de entre los matorrales, asestando la primera puñalada a Sara, Carmen se interpuso y recibió la segunda puñalada. Gracias al perro que apareció de repente y se lanzó sobre el atacante no fueron más las puñaladas.

Thor, olvidé el perro. Le pregunté al policía, el perro había muerto. Me contó que se lanzó sobre el cuello del atacante, este le estuvo dando puñaladas pero Thor no lo soltó. Al final murieron los dos. Me enseñó una foto del atacante, pero no me sonaba de nada. Me hizo mil preguntas, si teníamos enemigos, si tomábamos drogas, con otras palabras pero es lo que preguntó. Donde estaba yo en el momento de la agresión, en que trabajábamos, y que relación nos unía. Lo miré serio y ante su estupefacción le dije que éramos un trío de amantes.

Me informaron que Sara no estaba grave, aunque tendría que guardar cama en casa unos días, y le darían el alta en dos o tres días según evolucionara. Dijeron que podría verla al final de la tarde. En cuanto a Carmen aún estaba en quirófano.

Viendo que no hacía nada allí y siguiendo la recomendación de los médicos, me marché a casa a ducharme y vestirme. Estando en casa me pasó un fogonazo de lucidez y corriendo fui al ordenador a mirar el dossier de Juan el cabrón. Estaba casi seguro, la foto que me enseñó el policía era la de Salman. El hijo de puta del marido nos hacía daño incluso muerto.

De regreso al hospital después de comer me pasé por el veterinario donde estaba Thor para pagar los costes de su incineración. Al fiel animal le habían dado veinte puñaladas, aún así no soltó del cuello a Salman hasta que lo asfixió. Me llevé su collar como recuerdo.

En el hospital me dejaron visitar a Sara. Estaba dormida y con calmantes. La veía tan frágil que me eché a llorar acariciando su cara.

Cuando Carmen salió de quirófano me dijeron que por suerte el corazón no estaba dañado pero el pulmón tenía una herida grave. Probablemente habría que intervenirla al día siguiente. No me dejaron verla.

Tuve que rogar mucho al personal para pedir prestado el móvil de Carmen que estaba entre sus objetos personales. Me dejaron usarlo para llamar a su hija y explicarle lo sucedido, con un policía delante que en cuanto terminé lo volvió a meter en la bolsa de plástico de pruebas.

Le hablé a la policía de Salman, lo reconocí por la demanda de divorcio les dije, y por la propia policía después del accidente del exmarido de Sara. Les hablé del centro de adiestramiento de Thor, ya que por ahora se consideraba un asesinato que lo llevarían un grupo de agentes. Mientras que lo de las chicas lo llevaban otros agentes diferentes por intento de homicidio. La administración a veces está loca.

Sin poder hacer nada más allí, me marché a casa a dormir sin conseguirlo.

A la mañana siguiente me permitieron visitar a Sara. Cuando me vio nos pusimos a llorar juntos.

-Amo, ¿como está Carmen?.- Me acababan de decir al llegar que le harían otra intervención pero pequeña en esa mañana. Como suelen decir, con pronóstico reservado.

-Está grave pequeña, pero seguro que sale de esta, ahora está en quirófano otra vez, pero me han dicho que se pondrá bien.-

-Amo, fue ella.- Me dijo abrazada a mi.

-¿Fue ella que?¿A que te refieres?.-

-Ella se puso delante cuando nos atacó el loco. Ella me ha salvado la vida.-

En esto entró un policía a tomarle declaración. Estaban paseando con Thor suelto y vieron al tipo que les dio mala espina, así que decidieron volver. Cuando estaban cerca de la caseta de seguridad de la entrada a la urbanización fue cuando se abalanzó para atacarles. No dijo nada, sólo fue hacia ellas con un cuchillo. Sara no lo reconoció cuando le enseñaron una foto. Cuando la policía se fue me preguntó por Thor. Nos pasamos el resto del rato que me permitieron estar agarrados de la mano sin decir más.

Carmen salió de quirófano en poco rato satisfactoriamente, y fui a hablar con el cirujano que estaba contento, nos dijo que una semanita de hospital y a casa. En esas estábamos cuando apareció la hija, que yo no conocía y habló con el cirujano.

Después nos presentamos, ella se llamaba también Carmen, y era muy parecida a su madre. Me recordó los tiempos del instituto. Le conté lo que me dijo la policía.

Entonces me preguntó qué quien era Sara.

-Bueno, Sara vive conmigo.- Me pilló por sorpresa, no sabía que responder.

-¿Es familia tuya?.-

-No, somos amigos… los tres.- No supe que responder.

-Ah ya.- Fue lo único que dijo, y se quedó sentada en la sala de espera. Yo me fui a ver a Sara que tenía permitida visita antes de comer.

-Amo, ¿puede hacer que me quede en la misma habitación que Carmen?.- fue lo primero que me dijo.

-No creo cariño, ella estará un par de días en la unidad de vigilancia intensiva antes de bajarla a planta, y para entonces te habrán dado el alta. Además, ya está su hija aquí, y me ha dicho que el hermano viene esta tarde. Nosotros no somos familia.-

-¡Como puede decir eso Amo! Somos su familia.- Me dijo muy enfadada.

-Sara, no he dicho eso, te digo lo que son las normas del hospital.-

-Necesitaré ropa Amo, ¿me la puedes traer de casa?.- Me dijo.

-Pues claro, cuando termine la hora de visita, me marcho a comer y esta tarde te traigo ropa para cuando nos vayamos.-

-Yo no me voy a casa sin Carmen, tráeme ropa para una semana.- Lo dijo convencida y no quise llevarle la contraria. Ni castigarla por no decirme Amo, ahora eso no importaba.

Cuando marché a comer, llamé a Javier y le expliqué lo ocurrido, más que nada por si eso nos pudiera traer complicaciones con el cabrón exmarido de Sara.

Al llegar por la tarde, la habitación de Sara estaba vacía. Pregunté a las enfermeras, me dijeron que había salido a pasear por el hospital, que estaba muy recuperada.

Fui a ver a Carmen, los dos hijos estaban en la sala de espera y charlé un poco con ellos. Escuchamos unas voces algo alteradas para ser un hospital, y salió un celador llevando del brazo a Sara.

-Señora, es la segunda vez que se lo digo, no puede entrar en esta zona.-

Sara me vio y vino a abrazarse a mi. Llevaba aún su bata de hospital, con el culo al aire que parecía no importarle.

-Am… Daniel,- dijo al ver cerca a los hijos de Carmen, -está llena de tubos y vendas.- Me decía sollozando. Me la llevé a su habitación donde lloró desconsoladamente.

A la mañana siguiente le dieron el alta y derecha se fue a la sala de espera con los hijos de Carmen, con quien estuvo charlando. Quise llevarla a casa, aún no estaba del todo recuperada, pero se negó.

Pasamos el día en la sala de espera, al anochecer el médico nos dio la buena noticia que estaba muy mejorada y que a la mañana siguiente la bajarían a planta. Solo dejó que pasaran a verla los hijos.

No hubo forma de llevarme a Sara a dormir a casa. Se quedó allí sola, ya que los hijos de Carmen sí se fueron a dormir. Cuando llegué a casa, me arrepentí y regresé al hospital a pasar la noche con ella.

No encontré a Sara en la sala de espera, supuse que otra vez que se habría colado en la habitación de Carmen. Y se confirmó cuando a media noche otro celador la echó.

Por la mañana bajaron a Carmen a planta y pudimos visitarla, estaba aún con fuertes calmantes e intubada. No podía hablar, pero nos sonrió a todos. Sara le agarró una mano y de ahí no se movió los tres siguientes días que estuvo Carmen intubada. Sus hijos hacían turnos, pero Sara estaba allí siempre.

Al tercer día le quitaron el tubo de ventilación, pero entre la garganta irritada y los calmantes no decía apenas nada.

El cuarto día el médico nos dijo que estaba muy contento con la evolución, si seguía así en unos tres días le darían el alta, pero que tendría que tener reposo absoluto casi un mes. Hablé con los hijos, les dije que se quedaría en mi casa. Al hijo no le gustó mucho pero tenía pocas alternativas, de hecho esa misma tarde tuvo que regresar a Irlanda donde trabajaba y vivía. En casa preparé los dormitorios de ellas poniendo una cama normal, no las haría dormir en la cama de perro, al menos no por ahora.

Al día siguiente, Sara me hizo ir a por más ropa para ella. Del lado de la cama de Carmen no se movía salvo para ir a la cafetería a comer y al baño, y siempre con la mano cogida. Ese día le había contado a Carmen lo de Thor, estuvieron llorando varias horas.

Al llegar, Carmen, la hija, me llevó aparte a hablar.

-¿No sois trío verdad?.- Me preguntó.

-No se a que te refieres.- Le dije haciéndome el ingenuo.

-Tú eres el famoso Daniel del que mi madre nos habla desde siempre, el del instituto ¿no?.-

-Sí creo que soy yo, nos conocemos desde entonces.-

-¿Te estás aprovechando de ella?.-

-De nuevo no se a que te refieres.-

-Me dieron sus objetos personales, he visto el anillo, pone que es propiedad tuya. Además cuando duerme decía lo que yo creía que era “amor” y lo repetía, pero cuando he visto el anillo me he dado cuenta que lo que dice en sueños es “amo”.- Me quedé callado, no sabía como responderle, esa conversación debía tenerla con su madre, que ella decidiera que debe saber su hija y que no.

-Sara es también ama de mi madre ¿no?, ¿la tenéis esclavizada entre los dos?.-

-Carmen, esta charla no puedo tenerla contigo, debe ser tu madre quien te diga lo que estás preguntando. Sólo puedo decirte que tanto Sara como yo amamos a tu madre, no se si eso te sirve pero es la verdad.- La dejé y entré en la habitación. Las dos al verme entrar se le iluminaron las caras. Eso significaba que estaban ambas mejor, y yo por extensión también.

El sexto día de hospital nos avisaron que al día siguiente le darían el alta, pero reposo absoluto de un mes. A Sara le recomendaron ese reposo durante diez días que no hizo ni caso para quedarse con Carmen en el hospital.

Estábamos los cuatro, Carmen, Sara y yo, y su hija Carmen, cuanto esta preguntó de sopetón:

-¿Alguien me explica la relación que tenéis entre los tres?. Mama, he visto el anillo y entre sueños no paras de decir “amo”.- Nos miró a los tres.

Sara agachó la cabeza y Carmen me miró a mi.

-Carmen, no tienes que contar conmigo para esto, dile a tu hija lo que quieras o lo que creas que debe saber. Por mi parte acepto lo que le digas.- Le dije, mirando a la hija que se enfadó pero me sostuvo la mirada.

-Cariño, los tres somos un trío amoroso, de esos que ahora se habla tanto. Los tres nos queremos y por eso vivimos juntos.- Le dijo.

-Y una mierda mama, ¿y el anillo? Lo he buscado por internet, es un anillo de esclava con esas filigranas que imitan una cadena.- dijo la hija algo enfadada.

Carmen me miró y le hice un gesto de asentimiento. Pensé que sería más cómoda la vida de Carmen si su hija lo sabía, que lo aceptara es otra cosa, pero ya tendríamos tiempo para eso.

-Hija, no te enfades, Daniel es nuestro Amo, de Sara y mio. Y antes que digas nada estoy muy feliz de serlo, yo lo busqué. Y después de vosotros dos es lo mejor que me ha pasado en la vida.-

-¿Como que lo mejor? ¿Y papá?.- La hija se estaba disgustando cada vez más.

-A tu padre lo quise mucho, siempre le fui fiel y le guardo mucho cariño, pero la realidad es que con quien siempre quise estar es con Daniel, y ahora con Sara, cuesta creerlo pero es así.-

La hija salió enfadada de la habitación. Yo la seguí y la paré en el pasillo.

-Escucha Carmen, entiendo tu enfado, pero tu madre está ahora viviendo su vida. Se casó y os tuvo a vosotros, pasó esos años cuidándoos y ahora que vosotros sois independientes, le toca a ella vivir como le apetezca y sea dichosa.-

-¿Dichosa siendo esclava?.-

-Dichosa siendo lo que a ella le apetezca. Yo no la he obligado ni chantajeado ni coaccionado. Ella es libre de dejar la relación cuando quiera, de marcharse, nadie ni nada la sujeta. Si quieres a tu madre déjala que ella misma te explique como se siente y acepta sus decisiones, no es una adolescente boba enamorada. Es madura y sabe lo que hace, y sobre todo lo que quiere.-

Se calmó un poco pero se fue por el pasillo. Yo entré en la habitación.

-Amo,- me dijo Carmen, -¿está muy enfadada?.-

-Se le pasará no te preocupes, y dejar las dos de decirme Amo que se va a enterar todo el hospital.-

-Sí Amo.- dijeron las dos al unísono y al darse cuenta nos echamos a reír los tres.

-Ya están los dos dormitorios preparados con camas para cuando vayamos mañana a casa.-

-Am… Daniel, yo tengo mi cama, no necesito otra, además dormiré con Carmen hasta que esté repuesta.- Me dijo muy segura Sara.

-Tu dormirás en una cama y tendrás reposo absoluto los diez días que han dicho los médicos. Eso no tiene vuelta de hoja, te pongas como te pongas. Y Carmen el mes que recomiendan.- Dije serio.

-Pero Am… Dani, yo pensa...- decía titubeante Sara ante mi expresión severa.

-Tu no piensas, se hace como yo digo, ya está bien de tonterías. Puedo poner tu cama en el dormitorio de Carmen durante tu reposo para que estéis juntas, pero después cada una en la cama que yo diga.- Les dije con voz grave.

Sara se rindió rápido pero cambió su cara para aparecer de nuevo su ingenio.

-¿Y esa cama que digas será la suya alguna vez?.- Carmen y yo no tuvimos más remedio que reírnos.

-En esta situación de nuevo pensando en sexo, Sara eres increíble.- Dije sonriendo.

-Y que quiere el Am… Daniel, si llevamos más de una semana sin probar su cosita, bueno yo sin su cosita, Carmen sin la pilila.- La carcajada de los tres debió oírse en todo el hospital.

El día del alta de Carmen, su hija regresó a la capital a sus estudios sin hacer ningún comentario más. Nosotros llegamos a casa donde se encontraron que yo había instalado de forma provisional una tele en la habitación donde pretendía que estuvieran las dos en reposo durante al menos un par de semanas Sara, y un mes Carmen.

Los primeros días les llevaba en una bandeja las comidas, les prohibí el uso del enema durante ese mes, y las ayudaba a asearse en mi bañera, con delicadeza, aunque a Sara más de una vez tuve que apartar sus manos de mi polla con el consiguiente enfado.

-Pero Amo, si yo ya estoy bien, sólo una pequeña cicatriz en mi barriguita. Y su cosita se la ve triste y arrugadita.-

-Estarás sin sexo hasta la revisión del médico y si este lo permite. Y no hagas pucheros que no voy a cambiar de idea.-

-¿Y una mamadita? Eso no es esfuerzo y así le descargo al pobre de mi Amo.-

-No, ni una mamadita. Y no sigas que si me calientas tendré que buscar desahogo fuera.-

-No, no mi Amo, me espero pero que sepa el Amo que es un tirano.-

Ellas no lo sabían ni quise comentarlo pero me sentía terriblemente culpable. Aún recordaba la incertidumbre cuando llegué al hospital y no saber que era de ellas, o el tremendo pesar mientras Carmen estaba en quirófano. Una terrible impotencia que me hacía sentir sin tener derecho a ser el amo que prometió darles seguridad. Después de todo lo que hice para conseguir a Sara, nunca me había sentido un farsante, ahora sí. Sentía que ellas se merecían más, y que yo no podría dárselo nunca.

Las revisiones médicas de ambas eran satisfactorias, la de Sara que definitivamente dejaron de darle cita fue para ella una fiesta. Pero aún así me negué al sexo, la excusa era esperar a Carmen. La realidad es que mi cabeza daba vueltas aún a mi farsa como amo, les había fallado y eso rondaba mi cabeza a todas horas.

Las traté como mejor supe, les subía la comida, las bañaba y me quedaba en su habitación para ver la tele o leer con ellas. Les hacía las curas y estaba pendiente de su medicación.

La policía vino un par de veces más. El caso de homicidio por parte de Thor se sobrellevó por defensa. También nos comunicaron la investigación de Salman. Parece que el caso de Juan el cabrón, cuando falleció por “accidente”, destapó los abusos de pederastia que salpicaron a Salman y fue despedido de su trabajo. Incluso fue imputado, pero antes del juicio se escapó de Tailandia. Las investigaciones se cerraron sospechando que él vino a España a vengarse de todos “sus males”. El caso quedó cerrado.

Sara estaba que se subía por las paredes, quería sexo, necesitaba sexo así que decidí tomar el toro por los cuernos. Ella según los médicos, ya podía sin excederse hacer vida normal, mientras Carmen aún le recomendaban reposo.

Entré en la habitación, apagué la tele y me senté frente a ellas.

-Lo que ha pasado me está haciendo pensar mucho y no me gusta a lo que estoy llegando pero necesito que lo sepáis. No me voy a andar con sutilezas, amo a Sara a rabiar, y Carmen ha entrado también en mi corazón. Pero la relación que tenemos me hace dudar que vaya por buen camino, como Amo os debo seguridad y no os la he dado. Lo que pasó en la sierra con Sara, y ahora esto ha sido demasiado. Mi fallo como Amo me hace sentirme muy mal e incapaz ahora mismo de seguir por este camino.-

Sara saltó de la cama, Carmen lo intentó pero por los vendajes y el dolor no pudo.

-¿Que está diciendo el Amo?.- Dijo Sara abrazándome.

-Estoy diciendo que mi compromiso como amo no ha funcionado.-

-Mi Amo no lo piensa bien, no puede dejarnos, somos buenas y hacemos todo por complacerle.- Sara lloraba abrazada a mi. Carmen desde la cama también estaba llorando.

-No me gustan los llantos, ya lo sabéis, por favor parar que así no podremos hablar. Además no he hablado de dejaros, no podría salvo que me lo pidieseis.-

Se calmaron un poco las dos.

-Si no nos deja y no quiere ser nuestro Amo, ¿que relación está proponiendo?.- Dijo Carmen agarrándose un poco los vendajes donde le dolían aún los puntos.

-No estoy proponiendo nada, por eso he querido hablaros. Lo único es que me veo incapaz de ofreceros esa seguridad que se supone debo daros.-

-No Amo, yo siempre contigo, no pienso separarme nunca.- Decía Sara.

-Amo, el secuestro de Sara y el ataque que sufrimos no se podía prever,- decía Carmen, -era imposible protegernos de eso. A pesar de eso, lo ha solucionado para que no vuelva a pasar, y eso es darnos protección, yo no veo problema alguno.-

-El ataque de Salman debí preverlo y no lo hice.- Dije intentando volver a Sara a su cama, pero se agarraba a mi con todas sus fuerzas y desistí.

-Lo hizo Amo, usted envió a Thor a entrenar para protegernos y con su vida lo logró. Entiendo que con todo lo pasado le cueste asimilarlo pero la verdad es que nos protegió y le debemos la vida.- Dijo Carmen con una premisa que entró como una flecha en mi cabeza y me trastocó.

-Si el Amo insinúa que no nos dejará, y que no quiere ser ya amo, solo nos queda ser pareja o trío si me aceptáis. ¿Se refiere a eso Amo?.- Dijo muy serena Carmen.

Estaba intentando asimilar lo dicho por ella antes, quería que se asentara en mi cabeza.

-No, eso no puede ser Amo, yo soy su esclava y no quiero cambios.- Dijo Sara aún sollozando. -Le amo y lo sabe, pero mi amor se basa en que es mi dueño, no puede cambiar las cosas sólo porque está triste. Entre los tres lo superaremos.-

-Amo, Sara tiene razón, sabe que estoy en esta situación por el amor que le proceso,- decía Carmen, -pero como pareja me quedo fuera y como trío no funcionaríamos seguro. Al menos yo creo que al final saldría perdiendo, mientras que como su esclava no pierdo nada y salgo ganando todo. Han sido unas semanas muy malas para todos, pero como dice Sara lo superaremos.-

-Está bien, no tenía nada pensado, sólo quería haceros partícipes de mis pensamientos. Vamos a dormir, mañana será otro día.-

-Amo, ¿compraremos otro perro?.- Preguntó Carmen.

-No, por ahora no. Además eso no es algo que ocupe ahora mi cabeza.-

Y nos quedamos los tres pensativos esa noche.

Sara entró al ataque después de esa conversación, como mejor sabía, con las provocaciones. Ella ya hacía vida normal, aunque le había prohibido el sexo hasta que Carmen estuviese en condiciones, no se la razón pero quería que la primera vez después de esto fuésemos los tres juntos.

A media mañana cruzó la puerta de mi despacho con el disfraz de criada, lo hizo varias veces y como no le hacía caso, se asomó por la puerta:

-¿Mi Amo?, ¿necesita que le limpie algo? El suelo, la mesa o ¿su cosita?.-

-La esclava sabe que vestirse en casa conlleva un castigo, ¿verdad?.-

-Mi Amo, es como mejor se limpia, así no me ensucio que tengo todo muy limpito.- Me dijo inclinándose y ofreciéndome el culo que se veía casi entero con esa falda tan corta.

Me levanté, la agarré del brazo sin mucha dureza y la llevé a la sala. Al entrar Sara estaba sonriendo. Entonces cogí un vibrador, se lo dí y le dije:

-Tienes permiso para usarlo, pero después otra vez desnuda, y recuerda que tienes un castigo.-

Me di la vuelta y me marché de nuevo al despacho.

No pasó ni un minuto y apareció de nuevo, ya desnuda, y se tumbó boca arriba delante de la puerta.

Le dejé sin hacerle caso, pero como a los quince minutos ella ni se movía le pregunté:

-¿Que haces ahí tirada?.-

-Si mi Amo no quiere usarme para darle placer, por lo menos que me use como alfombra.-

No pude contenerme la risa.

-Sara cariño, estoy deseándolo, pero quiero que después de lo pasado lo hagamos los tres juntos, no quiero dejar a Carmen fuera de esto.- Sara se sentó pero no se dio por vencida.

-¿Y una mamada? Venga Amo, eso no es casi sexo.-

-Ni eso, queda una semana, ¿no puedes aguantar?.- El que no podía era yo.

-No…, además lo ha dicho el médico, no es que lo quiera yo, ha sido el médico.-

-El médico no ha dicho nada de eso.- Dije intrigado para ver por donde salía.

-Sí Amo, el médico dijo que hiciera vida normal, y eso es sexo, mucho sexo. Tengo el chumino arrugado de falta de uso, al final tendremos que ir al médico por eso.- Puso la cara de traviesa con sus hoyuelos, su arma perfecta. Y le funcionó. A la porra con intentar esperar para follar los tres juntos.

Me fui al pasillo, la volteé poniéndola a cuatro patas y se la metí. Estaba algo asustado por hacerle daño, así que jugué con sus tetas pero sin apretar lo que me apetecía. Los dos con lo que llevábamos de sequía nos corrimos rápido. En cuanto la saqué, no quiso soltarla y se puso a limpiarla con fruición. Pero una vez limpia continuo chupándola para hacerla despertar de nuevo. No necesitó mucho y en cuanto estuvo bien dura, sentado como yo estaba se puso encima de mi y se la metió.

Me abrazaba y pegada a mi oreja me susurraba: -Tú eres mi Amo, tú eres mi Amo...- Una y otra vez hasta que nos corrimos.

Descansamos unos minutos abrazados, hasta que la levanté para seguir trabajando.

-Esclava, tienes dos castigos, y los dos por vestirte.- Le dije mientras entraba en el despacho.

-Mi Amo, solo me he vestido una vez de criada.- Dijo Sara que en el fondo deseaba esos dos castigos.

-Una vez de criada, y la otra de alfombra.- Le dije riéndome. -Pero te los daré cuando Carmen esté en condiciones.-

Quizás mis pensamientos sobre la inutilidad de ser Amo los hubiera arreglado una charla con Javier, o incluso un psicólogo. Pero en menos de media hora lo solucionó Sara.

Después del polvo y sin decirle nada, Sara guardó sin avisarme la cama que estaba en la habitación que compartía con Carmen y se puso de nuevo su cama de perro en su habitación. Me enfadé con ella por no avisarme y cargar el peso del colchón y del somier ella sola. Le entró por un oído y le salió por el otro. Lo que ya dije antes, donde hay Amo, mandan las esclavas.

Esa noche me preguntó después de cenar si me la llevaría a la cama. Le dije que no y se levantó, se marchó y al rato volvió con unas esposas.

-¿Y eso esclava?.- Le pregunté intrigado.

-Mi Amo no tiene más remedio que esposarme para dormir. Su esclava está muy necesitada y ya le dan igual los castigos, así que si no me esposa estaré en su cama en cuando lo sienta acostarse.- Lo dijo muy serena, mirando la tele, como quien habla del tiempo.

-¿La esclava ha pensado que si la esposo, mañana estaré presente cuando vaya a limpiarse?.-

-No me gusta nada mi Amo, pero insisto, estoy muy necesitada y acabaré en su cama.-

A la mañana siguiente pasó lo acostumbrado, al soltarla me fui con ella al baño y apoyado en la puerta me reía de como Sara se ponía su enema muy avergonzada. Sin embargo, después del desayuno la premié con una buena enculada, que no quería que se le cerrase su agujero por falta de uso.

Carmen estaba prácticamente bien, pero según el médico aún prefería que pasara un par de días más en cama. Y como un par de veces se levantó para ayudar a Sara en la casa, o para buscar que le cayera algo de sexo, no tuve más remedio que esposarla a la cama. Eso sí, como por las tardes aún no llevaba a Sara a la sala, nos subíamos los dos a su habitación a ver la tele y yo la abrazaba en su cama.

El día antes de la revisión de Carmen, estando en su habitación me quedé dormido abrazándola después de almorzar. Me desperté con una extraña sensación, me estaba pajeando. Además en la tele había una película porno y Sara me acariciaba las piernas.

-¿Pero que es esto chicas?.-

-¿No le gusta la película Amo?.- Dijo retozona Sara acariciando y besando mis piernas.

-Pues no lo se, me he perdido el principio del argumento. ¿Carmen no dije que nada de sexo?.-

-Amo, yo no tengo sexo, sólo acaricio su pilila.- Nos reímos.

-No, creo que pilila suena muy cursi, ¿verdad Amo?, habrá que buscar otro nombre.- Decía Sara riendo.

-Sara, ¿recuerdas la séptima norma?.- Le pregunté ya bufando por la paja que Carmen me hacía.

-Sí Amo, no desperdiciar nunca la leche del Amo.- Dijo golosa.

-Cuando notes que me voy a correr, te la metes en la boca.-

-Amo, la paja la hago yo, ¿no debería tragarla yo?.- Dijo implorante Carmen.

-No quiero que te muevas ni yo quiero cambiar la postura, lo dejo a Sara.- Y soltando aire me corrí con una Sara lamiendo todo lo que no pudo tragar.

-Carmen, no tengas prisa, mañana tienes revisión, si dan el visto bueno serás mía todo el día.-

-Amo, eso no es justo,- dijo Sara entre lengüetazo y lengüetazo, -yo no he tenido un día entero.-

-Es cierto, pero tu herida tampoco fue tan grave, además a partir de pasado mañana, Carmen no vendrá a la sala por ahora, pero tu tendrás faena todas las tardes como antes.-

-¡Yupi!.- Dijo mientras seguía chupando.

El problema de los castigos a Sara es que realmente no lo eran tanto. La pequeña masoquista los disfrutaba, aunque eran más duros que los azotes que diariamente le daba en la sala. A pesar de ello ella los disfrutaba y un castigo no debe ser para disfrute de la esclava sino para enmendar su mala acción. Así que recurrí a quien de esto sabe más, llamé a Javier, él me recomendó un látigo largo, de una cola, al lanzarlo rodea a la esclava dando en dos partes al mismo tiempo y produciendo mucho más dolor. Pero ese látigo es difícil de usar. Quedamos en vernos una vez Carmen estuviera mejor en el cortijo, y allí me enseñaría.

Bajé con Sara a la sala y le dí el castigo, que en realidad eran dos, por vestirse en casa. Pero como con los azotes no escarmentaba, ni yo quería que lo hiciese, le impuse después la otra parte del castigo.

-Durante tres días no podrás tener sexo.- Le dije sabiendo que Carmen ya estaba mejor y podría desahogarme con ella.

-Mi Amo, ese castigo es muy duro, por favorrr, ahora que estábamos empezando otra vez.- Me dijo implorando.

-No he terminado esclava, el único sexo que te dejaré será con verduras, las que quieras, pero antes de hacerlo tendrás que avisar a Carmen para que lo vea y hacerlo delante de mi. Si estoy en el despacho, lo harás en el pasillo frente a mi puerta. Y para que veas que soy muy bueno, podrás hacerlo todas las veces que quieras, salvo por la noche, que seguro eres capaz de despertarme de madrugada para meterte una zanahoria.-

-Sí claro, Amo bueno que me deja follar con verduras.- Me dijo con mirada de odio disimulado.

A Carmen los médicos le dieron visto bueno para hacer vida normal sin excesos, sobre todo aquellos anaeróbicos durante al menos otro mes. Eso descartó el sexo, al menos para ella, a mi podría mamármela. Pero la que no paraba era Sara. Fue al mercado, y tras sopesar diferentes verduras optó por el tradicional pepino. Compró para un regimiento. Los tres días fueron intensos.

Yo había pretendido con ese castigo humillarla, me equivoqué, en casa con nosotros tres no le humillaba nada. Así que varias veces al día llamaba a Carmen y delante de mi se metía esos pepinos hasta llegar al orgasmo con la insolencia de mirarme a la cara viciosa. Yo aprovechaba y mandaba a Carmen a que me hiciera una mamada. En el segundo día de los pepinos, pillé a Carmen tocándose.

-¿Que haces esclava?, no debes tener sexo, ni yo te lo he permitido.- Le dije mientras ella me mamaba la polla y los huevos ajena al espectáculo de Sara y su pepino.

-Lo siento Amo, no puedo más, déjeme un poco sólo, estoy muy caliente.- Imploraba mirándome desde abajo.

-Los médicos no lo aconsejan, saca la mano de ahí guarra.- Le ordené.

-Amoooo, por favorrr, me castiga después, pero un pocoooooo.- Me sorprendió. De las dos Carmen era la más sumisa, Javier se había encargado de eso. Estaba seguro que ella sabía que había faltado a la primera norma de los castigos al pedirme uno, pero es que además ella odia los azotes, luego debía estar muy desesperada para haberlo hecho.

-Quita tus manos y cuando yo acabe hablamos.- Le dije ya muy cerca de correrme por las atenciones de su boca y mano.

Carmen muy a disgusto dejó de tocarse y continuó mamándomela hasta que me corrí. Y al segundo lo hizo Sara con el pepino. Creo que Sara desde que yo mandaba a Carmen a mamarla mientras ella estaba con el pepino, hacía esfuerzos por correrse cuando veía que lo hacía yo.

Me senté en el sofá y puse a Carmen sentada encima de mis piernas. La abracé y ella a mi, mientras Sara se tumbaba frente a nosotros.

-Sabes que has cometido una falta, ¿verdad esclava?.-

-Lo se Amo, lo siento, pero nadie se preocupa por mi, todos tenéis sexo y yo no. Ahora seguro que le estoy mojando las piernas Amo, necesito un poco, aunque sea un poquito.- Decía Carmen lamentándose, y es cierto que notaba humedad en mis piernas. A pesar de que la que se moja mucho es Sara no Carmen.

-Bueno, apuntamos el castigo para cuando estés mejor. Y como soy un Amo bueno te ayudaré.- Le metí la mano entre las piernas que rápidamente abrió, y comencé a tocarle los labios, y el clítoris con los dedos.

Estaba la pobre muy necesitada pues a los pocos minutos se corrió mientras me susurraba: -Gracias Amo.-

Una vez pasado el castigo de Sara, entre los dos continuamos una rutina de sexo como siempre. Pero para no dejar de lado a Carmen, le elegí para que por norma fuera ella la que me llevara a mear cuando tenía ganas. La veía contenta de cumplir esa orden. Me bajaba el pantalón y agarraba con suavidad la polla, me llevaba al baño más cercano, allí se arrodillaba y apuntaba. Al terminar la limpiaba con la boca mirándome orgullosa. En más de una vez no le importó en absoluto meterla en la boca con los chorros finales, tragando parte de mi orina.

Los lunes seguíamos ya la costumbre de marcarlas y ponerle yo el enema. Sara lo odiaba pero Carmen no demostraba ningún asco al recibir mi orina, al contrario, como me dijo una vez: -Todo lo que es de mi Amo me gusta.-

Cada dos o tres días la masturbaba para calmar a la pobre que vivía rodeada de sexo sin poder catar nada.

Faltaba poco para que supuestamente a Carmen los médicos dejaran hacerle vida totalmente normal, y eso significaba sexo, pero ella se sentía ya recuperaba. Estaba siempre muy excitada, creo que más que Sara. Así que decidí darle una sorpresa.

La vestí de gatita, le puse unos patucos y rodilleras. Los cascabeles en los pezones. Un precioso plug de cola de gato, el collar que usábamos para cuando las ponía de perras que suelta descargas muy leves, y una capucha imitando cara de gata, con las orejas picudas, pero cerrado por los ojos. No podría ver nada. La llevé al salón.

-Verás gatita, hoy en todo el día no podrás ver nada, pero como gatita que eres, al igual que cuando fuiste perrita, tampoco podrás hablar. Ya sabes como funciona, para el sí un miau, para el no dos miaus. Pero te voy a regalar una cosa, si logras atraparnos a alguno de los dos, podrás jugar. Es decir, si atrapas a Sara tendrá que comerte el coñito hasta que te corras. Para atraparme a mi es más difícil, tienes que conseguir coger la polla con la boca, y ojo a los dientes. Si lo consigues mientras me la mamas te tocaré hasta que nos corramos juntos. ¿Lo has entendido gatita?.-

-Miau.- dijo ya moviéndose en mi dirección.

Atenta a cualquier sonido, Carmen se puso en el centro del salón. A Sara le encantó el juego, y le daba pequeños cachetes en el culo y se separaba, a Carmen no le daba tiempo a pillarla. Pero la inteligente de Carmen no era a Sara a quien buscaba, le siguió el juego un rato hasta que le pareció escucharme, yo no me movía apenas pero si me reía de los ataques de Sara. Estando Carmen arrodillada, de repente con una velocidad gatuna se impulsó y saltó agarrándome las piernas y haciéndome caer, yo intenté zafarme pero rápidamente tiró de mis pantalones y antes de que pudiera levantarme ya se había metido mi polla en la boca, y para que no me escapara me agarró con sus manos fuerte en el culo.

-Vaya, la gatita está ya repuesta, abre tus piernas que lo prometido es deuda, chupa y yo te toco, pero nos corremos a la vez.- Le dije divertido. Me gustó este juego, podríamos hacerlo más a menudo. Sara se sentó cerca para mirar y la llamé a mi lado.

Carmen me chupaba ayudándose con una mano y con la otra me acariciaba las piernas y el pecho. Yo tocaba el clítoris y los labios de Carmen con una mano y con la otra la espalda de Sara que atraje hacía mi y la besaba. Sara me acariciaba la cabeza y la espalda. Una imagen espléndida de los tres.

Al terminar, besé en los labios a Carmen y me marché al despacho a trabajar. Pero ellas dos seguían con el juego. Sara haciendo los quehaceres de la casa y Carmen intentando pillarla por la casa, la pobre no podía cazarla, los cascabeles siempre la delataban. Además alguna que otra vez se dio pequeños golpes cuando andaba por la casa al no calibrar bien las medidas de las puertas o los muebles. Pero desde mi despacho oía reírse a Sara cada dos por tres. Me costó concentrarme en el trabajo, así que tras un par de horas lo dejé y fui al ver el espectáculo.

Sara estaba en la cocina preparando la comida y hacía ruidos aposta para atraer a una Carmen que con movimientos insinuantes y tratando de no mover los cascabeles la seguía. Estuve un rato deleitándome con el juego. Me pareció muy divertido ver como Sara daba vueltas por la cocina con Carmen detrás pero sin lanzarse, esperando el momento. Y al rato el momento llegó, Sara me vio entonces en la puerta mirando y me sonrió, escasos segundos que Carmen intuyó y se lanzó al ataque. Sara la vio venir y retrocedió riendo, pero estaba acorralada por la esquina y la risa la delataba, Carmen la agarró de una pierna, y sin que nadie le hubiera dicho nada, comenzó a lamerla.

-Que gatita más mala, me ha pillado, ¿quieres que cumpla mi castigo?.- Decía una Sara glotona por empezar a comer el coñito de Carmen.

-Miau.-

Pero Carmen no se contentó con dejar que Sara comiera sola. Sus lametones fueron subiendo por la pierna hasta llegar a la entrepierna de Sara donde se adueñó de su desmedido clítoris.

-No gatita, el juego no es así, que el Amo nos castigará.- Decía Sara apartando suavemente la cara de Carmen de su entrepierna y mirándome con súplica en sus ojos. Asentí para darle permiso.

-El Amo bueno nos deja, sigue gatita.- Dijo Sara acercando de nuevo la cara de Carmen que encontró rápida el clítoris y succionó.

Entre jadeos, Sara volvió a apartarla, -Para gatita que me corro antes que tú.-

Carmen no quería, empujó las manos de Sara con la cabeza hasta encontrar de nuevo donde chupar y succionar. Consiguió llevar a Sara a dos orgasmos cuando ella conseguía el suyo.

-Bueno,- intervine, -paramos el juego un rato hasta después de comer, pero cuando continuemos la gatita no podrá comerse a Sara, si no me la veo a la viciosa espatarrada haciendo ruido.- Nos reímos, bueno Sara y yo nos reímos, Carmen sólo dijo un: -Miau.-

Mientras Sara y yo comíamos, le pusimos un cuenco en el suelo a Carmen con su comida que muy puesta en el papel movía cadenciosamente el culo agitando su cola. La imagen me calentó mucho, pero aún no quería sexo fuerte con ella, así que a media comida que no pude aguantarme ya, enculé a Sara. Carmen intuyó por los ruidos lo que pasaba y se acercó restregándose por nuestras piernas.

Terminamos de comer, yo me fui al salón y me eché en el sofá, estábamos a principios de noviembre pero aún hacía un poco de calor y la siesta se agradecía.

Desperté con un suave ronroneo, me incorporé y tenía a Carmen con mi polla en la boca. Sara estaba sentada en su cama mirando con una sonrisa malévola.

-El Amo dijo que el juego paraba hasta después de comer. Y ya es después de comer, la gatita lista lleva esperando que se despierte media hora, y parece que tiene cogido a su ratoncito por la colita.- Dijo Sara riéndose.

-La eslava es muy ocurrente. Pero tiene razón, la gatita tiene su premio.- Me senté en el suelo y llevé mi mano al coño de Carmen que en ningún momento me soltó la polla. Cuando sintió que la tocaba empezó ella a chupar. Cuando nos corrimos a la vez, me resultó muy atrayente ver como me lamía la polla ya fláccida sin usar sus manos para limpiarla, y si no la aparto me la hubiese puesto dura otra vez.

-Gatita, te dejamos sola un rato, bajo a la sala con Sara para jugar un momento, cuando volvamos a subir te lo haré saber con el collar, entonces el juego continúa.- Me levanté, le puse la correa a Sara y la llevé a la sala muy ilusionada.

Estuve con ella azotándola casi hora y media, le veía repuesta del todo y sufriendo con placer la fusta, el látigo, la pala, y cualquier cosa que se me ocurriese usar para flagelarla.

Al salir de la sala pulsé el mando que descargaba un leve calambre en el collar de Carmen para indicarle que el juego continuaba. Sara subía de la sala detrás de mi visiblemente cansada, y yo la miraba volviendo la cabeza atento al menor síntoma de problemas por su aún visible cicatriz en la barriga, donde no había azotado. Y Carmen con una velocidad tremenda pese a estar sin visión, se lanzó a mis piernas. Había estado esperando escondida a la salida de las escaleras. Con las manos intentaba bajarme los pantalones, no es difícil, los que llevo en casa son tipo chándal. Mientras yo intentaba no caerme por las escaleras con una mano agarrándome al pasamanos y con la otra tirando de mis pantalones arriba. Carmen no lograba bajármelos del todo, su cara estaba ya en la entrepierna buscando pero sólo notaba aún la tela del pantalón. Entonces, por detrás Sara agarró los pantalones y tiró de un golpe hasta bajarlos a los tobillos y Carmen encontró la polla y se la metió en la boca. Nos paramos, me volví a mirar a Sara y esta ladeó la cabeza como disimulando y mirando a otro lado.

-Mi Amo, no se enfade, quise ayudar a la pobre gatita.- Dijo mimosa y sacando los hoyuelos.

-Está bien, has ganado Carmen, vamos al salón que estaremos más cómodos.-

Carmen no me soltó, yo iba andando pero ella no soltaba la polla.

-Carmen, has ganado, suelta, vamos al salón y seguimos, venga suelta.- No lo hizo, de sus labios salieron uno escuetos: -Miau, miau.-

Así que de forma algo grotesca tuve que ir andando con Carmen agarrada con la boca a mi polla hasta el salón, donde le di su premio.

Al terminar, le quité ya el antifaz para dar por terminado el juego y al hacerlo me lamió la mano con una mirada complacida. La mandé a la ducha.

Esperando la cena mientras veía el televisor, entraron las dos, Carmen ya desnuda y con su collar de esclava.

-Mi Amo,- dijo Sara muy seria con cara de viciosa, -hemos hablado, a las dos nos ha gustado mucho este juego. Ahora que no hace calor para hacer el juego de perrita, dentro de casa este es el ideal, además es más divertido que el de perra. Así que hemos decidido que lo haremos más a menudo y a veces las dos seremos gatitas.-

-Así que mis esclavas se rebelan para imponerle al Amo lo que debe hacer.- Decía yo sonriente.

-Lo siento Amo.- Dijo rápidamente Carmen bajando la cabeza sin darse cuenta de la gracia que me hacía la situación.

-No es eso mi Amo,- dijo Sara, -es solo una idea para que el Amo se divierta más.- Decía mirándome con esa gracia propia de ella.

-Pero has dicho que habéis decidido, ¿no es así?.- Pregunté pícaro.

-Quizás mi Amo lo entendió mal,- Sara puso cara de arrepentimiento fingido, -en realidad quise decir que si al Amo que es muy bueno, le apetece, sus esclavas le obedecerían como sumisas que son.- Me miraba de lado usando los hoyuelos.

-Lo pensaré, pero por esta insolencia he decidido que esta noche Carmen ya no dormirá en la cama que tiene, la veo muy repuesta, volverá a su cama de perro que es donde debe estar. Pero… hoy y solo hoy seré indulgente, y ambas vendréis a mi cama, ¿os parece?.-

Carmen levantó la cabeza con una sonrisa agradecida, mientras que Sara directamente me abrazó.

-Mi Amo bueno.- Decía mientras una vez más en la casa se hacía lo que el Amo manda por encima de los deseos de las esclavas.

Nos acostamos los tres teniendo cuidado Sara y yo de Carmen, pero quise follármela y a los cinco minutos se corrió y como siempre se desmayó del placer. Los dos nos asustamos un poco pero al ver que estaba bien continuamos sin ella hasta bien entrada la noche.

Me desperté con Sara a mi lado durmiendo como un tronco y Carmen abrazada a mi.

-Mi Señor, siento que aún no pueda controlar mi orgasmo cuando me folla, pero siempre podrá hacerlo por el culo, no quiero desmayarme más y dejar de darle placer.- Me susurraba en la oreja con pequeños besos.

-Ni se te ocurra Carmen, me halaga mucho cuando te desmayas, saber que te doy tanto placer me hace sentir bien. Sólo que ahora no quiero que te hagas daño.-

-Amo gracias, gracias por hacer que me sienta tan amada por ti. Gracias por el placer que me das y gracias por existir.- Me dijo muy acaramelada.

-Gracias por desear ser mi esclava, y ahora antes de despertar a Sara vamos a desayunar que estoy hambriento.- Nos estábamos levantando y me dijo muy seria:

-Amo, ya se el nombre, lo dijo ayer Sara y me gusta.-

-¿El nombre? ¿A que te refieres?.-

-Es verdad que badajo y pilila no me gustaban, pero ¿que tal colita?.- Me reí de la ocurrencia.

-¿Quiere el Amo que le lleve a orinar de la colita?.-

-Sí, venga llévame que estoy que reviento.- Me agarró suavemente la polla y nos fuimos al baño.

Mientras orinaba con la polla agarrada por ella me dijo: -Esta es mi colita.- Y me miró complacida.

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